Teatro de barrio

He decidido publicar en este cuaderno de inteligencia compartida, digital, un libro que edité con esmero en 1987, hace veinte años, con un nombre muy sugerente, Teatro de barrio, que explico en su breve introducción. Creo que es una oportunidad de hacer justicia a la intrahistoria, también breve, de una aventura ideológica que murió por dos razones fundamentales: la soledad de la libertad que navega en mares procelosos de mercado y porque la independencia –en clave marxiana- no tiene precio, ¡pero cuesta tanto…! Es un homenaje a las personas que con gran generosidad fueron compañeras y compañeros de un viaje hacia alguna parte, aunque algunas y algunos perdieran en ese momento la aguja de marear. Estoy preparando la edición digital (esta vez sin problemas de ISBN y Depósito legal, porque ya están…) y en unos días estará a disposición de toda aquella persona que le ilusione creer que otra realidad es posible. Doy fe de ello, en mi particular Feria del Libro.

Sevilla, 14/V/2007

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Antes del estreno…

«Teatro de barrio» es el resultado de una reflexión vinculada a la existencia del periódico «La Noticia de Huelva». A lo largo de cuatro meses del año 1984, aparecieron diecinueve artículos bajo el título genérico de «La flauta mágica», en homenaje al giro copernicano que Mozart imprimió a la existencia culta de la época, en un esfuerzo encomiable por vibrar con el pueblo auténtico, en la espera/esperanza de ver cantado y representado el amor sencillo de cada día.

No hubiera sido posible escribir en clave mozartiana sin la vivencia, también diaria, de aquel periódico querido. Esta publicación quiere ser un homenaje a cuantas personas se esforzaron en el cada día de su aparición, porque en toda representación teatral o publicación diaria lo importante es el esfuerzo conjuntado, «sinfónico», de los que hacen posible la lectura de la partitura, en este caso, en clave de esperanza y creencia en el hombre, la sociedad y la naturaleza.

Huelva, 30 de abril de 1987

Top mente

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Recuperado de http://www.cronicasdelanzarote.es/imprimir.php3?id_article=160

Me han vuelto a sobrecoger las imágenes de los cayucos, pateras y lanchas neumáticas llegando en oleadas a diversos puertos de las Islas Canarias, con un pasaje humano hacia la esperanza. Es la historia interminable y hoy sólo son una mera noticia editada en los informativos correspondientes. Está integrada en la vida ordinaria y ya no son revulsivos de la conciencia social de cada una, de cada uno y, por extensión, de la conciencia social. Son personajes anónimos. Ayer, paseaba entre sus sábanas inconsútiles, por la milla de oro de Sevilla, donde nos vendían los diferentes top del consumo: perfumes de “marca”, collares, cinturones con hebillas de “marca”, relojes, discos, películas, todo de “marca”, etcétera, etcétera… De “marca”.

Y pensé en la posible definición que les podría aportar desde la llamada sociedad del “malestar”: deberíamos sindicar a los top manta en el top mente, donde podríamos hacer una clasificación de lo que se anhela desde la inteligencia social de estos navegantes solitarios, para darnos cuenta del gran fiasco del primer mundo en un diálogo imposible:

1. Lo que importa es la marca, el producto, no la esencia del mismo. Me lo quedo.
2. Lo que vale es llevarse por precio ínfimo el conocimiento de los demás. Me lo quedo.
3. Ten cuidado con tus alrededores: la policía siempre está acechando. Como mucho, te observo. No me lo quedo.
4. Para abrirse paso hay que pertenecer a unas bandas mafiosas donde yo soy un mero eslabón de la cadena, quizá el más débil. Lo sé, pero como comprador de sueños no puedo hacer nada. No me lo quedo.
5. Todo consiste en decir: bueno, bonito y barato. Son palabras que el primer mundo entiende bien. Me las quedo…

Así, cuando esta noche los vuelva a ver junto a los palacios del consumo sé que tendré siempre una deuda con ellos. No trabajar suficientemente en recuperar segundos de credibilidad hacia la inteligencia humana que permita crear ideologías más fuertes en la solidaridad humana y en la construcción de otro mundo posible: top mente. Ya lo sé: soy un idealista y no tengo remedio. Y es posible que ante una presencia policial, todos los sufridores anónimos del top manta me demuestren de forma cruel que otro mundo es difícilmente creíble y que todo es cuestión de saber vender el honor y la dignidad a cualquier precio para alcanzar el primer puesto en el top mente de la desidia social.

Sevilla, 12/V/2007

Cadencia

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Si algo le honra a Cadencia es que hace sentir, es que transmite, es que contagia, tanto en la alegría como en la nostalgia.

Estas palabras las he recogido como un regalo anónimo de su presentación, en la Noosfera (la malla pensante que se acerca diariamente a Internet), que ayer lo encontré por primera vez hecho realidad y vida, porque sintetizan bien el hilo conductor de un grupo musical de raíces flamencas, Cadencia, al que pude contemplar anoche, en el sentido más pleno de la palabra, poniendo la atención tanto en lo material como en lo espiritual.

Ayer asistí a un espectáculo de sensaciones. A una persona tan amante del cerebro y de sus estructuras, este tipo de experiencias solo hace reforzar la importancia de los sentimientos y de las emociones en estado puro. Fue con motivo de los actos programados por FNAC, en los días esplendorosos de su inauguración en Sevilla. Su composición escénica, y la música y las palabras que lanza al aire Dolores cuando canta, baila, cuando abre sus manos y sus dedos juegan con dibujos imaginables para todas y todos los asistentes, generan un sentimiento de participación activa haciendo muy grande el escenario, su forma de hacer música, dando el protagonismo a todas las personas que como ayer, llenábamos el pequeño espacio destinado a tal fin por FNAC.

De vez en cuando contemplé también las fotografías que estaban a mi alcance de una exposición sobre “La vida alrededor”, que actualmente se puede visitar en el mismo espacio en el que Cadencia nos mostraba sus hermosas canciones y sus composiciones acompañadas de las flautas mágicas de Pepo (Papageno), el de Tomares, la maestría y profesionalidad consumada de Gori: guitarra, Sofía, aunando culturas afroarábigas, tocándolas ya con los dedos: djembé, darbuka, tumbadora, conga y cajón, Enrique: perseverante en la dedicación y estudio del bajo, y Dolores, con una voz a veces sensible y a veces desgarrada por cada palabra transmitida, con una sonrisa demostrativa de su calidad afectiva, con bailes elegantes y manos diestras en castañuelas, conga y las caricias al sartal de conchas. Los protagonistas de aquellas fotos, sumidos en la pobreza y en la enfermedad del SIDA, creo que vibraron también con la cadencia de este grupo, porque pueden integrar la nostalgia de las caras fotografiadas.

Soy un niño nacido junta a la Alameda. Exactamente, en Jesús del Gran Poder, detrás de la Casa de las Sirenas, en la esquina con Becas, y por un momento imaginé el sonido de aquellas películas que el Cine Ideal me llevaba hasta la habitación. Porque crecer entre ideales, alamedas de arte y ensueño, sirenas que me podían visitar en los sueños tempranos de la posguerra, en una Sevilla decadente que buscaba en la Alameda libertades para vivir mejor, sin economía de mercado, hace que la canción que transmitió Dolores con fuerza magistral sobre la Alameda de mi niñez, sea una muestra de que Cadencia puede llegar hasta donde se lo propongan, porque saben lo que quieren y lo que sienten. La Real Academia Española puede limpiar, fijar y dar esplendor a la cadencia, en sus diez formas de descifrar su mensaje, porque es su misión, pero creo que ellos optan por vivir y transmitir la octava: manera de terminar una frase musical, reposo marcado de la voz o del instrumento. Maneras de terminar un concierto.

La anécdota final me pareció trascendental: no se podía comprar su disco, no había llegado a tiempo, a pesar de FNAC… Casi me alegré, porque aunque sea por una vez, se rompían las leyes de mercado, de las mercancías, y solo nos podíamos llevar sus canciones y su música (¿top mente?) en el pensamiento y en el sentimiento, sin más coste que lo que habíamos sentido y por el afecto personal, surgido allí, sin intermediarios, hacia Dolores, Pepo, Gori, Sofía y Enrique, para que siguiendo los consejos de Rafael Alberti, se escuchen sus cadencias, eso sí, más fuerte que el viento…

Sevilla, 6/V/2007

El cerebelo: árbol de la vida

Sigo dando vueltas a la cabeza para conocer bien su estructura global. Además, estoy intentado ofrecer a la noosfera la divulgación de las estructuras propias y asociadas del cerebro, y de sus implicaciones inteligentes en clave de género. Llegamos así a otro gran protagonista de nuestra vida diaria y gran desconocido, el cerebelo (cerebellum), el cerebro pequeño, órgano responsable desde la perspectiva científica tradicional, de la coordinación motora, la postura y el equilibrio, que tiene forma de nuez, ubicada en la base del cerebro, con un peso medio de 140 gramos, siendo en realidad una lámina grande fruncida, de unos 17 cm de anchura por 120 cm de largo, cruzándose los pliegues en toda su estructura en forma de “láminas”.

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Figura 1: Cerebelo (imagen recuperada el 7 de agosto de 2006 de http://es.brainexplorer.org/brain_atlas/Brainatlas_index.shtml).

Se encuentra detrás y debajo de los hemisferios cerebrales. Consta de dos partes como el cerebro, unidas por una masa central llamada vermis. La materia blanca de su interior lo comunica con otras partes del sistema nervioso, irradiando aquella en una forma especial que recuerda las ramas de un árbol. De aquí el nombre que recibe de árbol de la vida. Consta además de una corteza cerebelar y núcleos profundos (recomiendo el acceso a la página web siguiente http://www.iqb.es/neurologia/a004.htm#cerebelo, donde se puede profundizar de forma excelente en la anatomía de este órgano). Es un procesador silencioso de información proveniente de otras áreas del cerebro, de la médula espinal y de los receptores sensoriales con el fin de indicar el tiempo exacto para realizar movimientos coordinados y suaves del sistema muscular esquelético.

Junto a los elementos descriptivos de su estructura, lo que deseo destacar en este post es su funcionalidad y aquellas características que sobresalen en las causas científicas e irrefutables que nos permiten vivir de él en el acontecer diario de cada persona. Fundamentalmente en el área del conocimiento y su aportación a lo actos inteligentes llevados a cabo por personas. Una publicación científica llevada a cabo en 2004 (1) resaltaba que “aunque el cerebelo ha sido relacionado siempre con el control y la coordinación del movimiento, en las últimas dos décadas se ha acumulado un número importante de datos que sugieren su participación en los procesos cognitivos superiores. Estas evidencias proceden de estudios anatómicos, estudios de neuroimagen funcional y estudios sobre los efectos de las lesiones cerebelosas. En este trabajo revisamos los datos más relevantes sobre la función cognitiva del cerebelo”.

Es cierto que a partir de las investigaciones actuales a tal efecto, la evidencia de la participación del cerebelo en el funcionamiento de las actividades cognitivas humanas es concluyente, que su papel va más allá de la regulación del tono muscular o modulación del acto motor, de mantener una determinada postura y el equilibrio (con la información que procesa proveniente del laberinto) y de la coordinación, ajuste y corrección del juego antagonistas/agonistas del referido acto motor, aunque se reconoce que es un campo todavía por explorar y desarrollar adecuadamente: “Desde los estudios de neuroimagen se ha mostrado la activación del cerebelo en funciones tales como la generación de palabras, comprensión y procesamiento semántico, la articulación encubierta, la memoria verbal inmediata, el reconocimiento verbal y no verbal, la planificación cognitiva, imaginación motora, rotación mental, adquisición y discriminación sensorial, y atención. En el estudio de pacientes con lesiones focales se han obtenido evidencias de alteraciones en la velocidad de procesamiento, la realización de operaciones espaciales complejas y de carácter organizativo, la generación de palabras ante consignas, la planificación y flexibilidad, el razonamiento abstracto, la memoria operativa, la temporalización perceptiva y motora. Se han observado además cambios de personalidad, agramatismo [incapacidad de formar palabras idiomáticamente correctas], déficits lectores, disprosodia [dificultad para pronunciar correctamente las palabras con atenuación de la melodía del discurso (monotonía)], y dificultades para realizar cambios voluntarios rápidos y precisos en el foco atencional”.

La curiosa experiencia de la anticipación a la reacción a las auto-cosquillas refleja muy bien que el cerebelo controla el equilibrio, la homeostasis de nuestras sensaciones y emociones: los estudios llevados a cabo por Sarah-Jayne Blakemore investigadora del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres, han demostrado que el cerebelo puede predecir las sensaciones cuando las causan tus propios movimientos, pero no cuando alguna otra persona las provoca: cuando tratas de hacerte cosquillas a ti mismo, el cerebelo predice la sensación, y esta predicción se emplea para cancelar la respuesta de otras áreas cerebrales a las cosquillas. En el procesamiento de las sensaciones causadas por las cosquillas intervienen dos regiones cerebrales. El córtex somatosensorial procesa el toque y el córtex cingulado anterior procesa las sensaciones de placer. Descubrimos que ambas regiones permanecían menos activas durante las auto-cosquillas que durante las cosquillas realizadas por una tercera persona, lo cual ayuda a explicar por qué no se siente ese placentero hormigueo cuando es uno mismo quien lo provoca (2).

Por último, es necesario destacar que determinadas funciones ejecutivas y emocionales también se regulan por el cerebelo. El rol a desempeñar por la conexión sistema límbico/cerebelo es de gran importancia en determinadas manifestaciones humanas. Y una de las inteligencias múltiples analizadas por Howard Gardner, la musical, responde a este patrón científico porque la coordinación motora, con las aferencias de y hacia el sistema límbico y la corteza cerebral hacen muy comprensible la diferenciación del potencial musical que llevaba al niño Mozart a interpretar seis creaciones maravillosas cuando solo tenía cinco años (sobre todas el Minueto para piano en fa mayor (K. 1d): seis manifestaciones de un maestro del clavecín, que suman tan solo tres minutos y cincuenta y cuatro segundos, como introducción a una clase magistral de inteligencia aplicada en su tiempo y en su espacio, controlada por un procesador excelente: el cerebelo.

Sevilla, 5/V/2007

(1) Nieto Barco, A., Wollman Engeby, T. y Barroso Ribal, J. (2004). Cerebelo y procesos cognitivos. Anales de psicología, vol. 20, nº 2 (diciembre), 205-221.
(2) Blakemore, S.J. y Sirigu, A. (2003). Action prediction in the cerebellum and in the parietal lobe. Exp Brain Res (2003) 153:239–245.

El cerebro: artista invitado (guest star)

En los últimos días seguimos asistiendo al estreno de grandes novedades en la investigación del cerebro. Estoy entusiasmado con las posibilidades que se abren a diario para seguir profundizando en la investigación de la corteza cerebral, como sede demostrada de la inteligencia humana. El pasado 13 de abril saltaba a la prensa mundial (Science) una noticia para seguir asumiendo con bastante humildad nuestros orígenes inteligentes: el genoma del macaco rhesus es igual al humano en un 97,5%. La secuenciación del primate ayudará a conocer al ‘Homo sapiens’ (1). En seis años se han ganado veinticinco millones de años en la historia de la evolución de los primates, los antropopitecos (hombres-mono) hacia el ser humano. Por primera vez se sabe que ante esta revolución genómica será más fácil saber “cosas” sobre nuestros antepasados y calibrar bien el porqué de tantos interrogantes evolutivos, de los recursos cognitivos que compartimos con chimpancés y macacos (exactamente por este orden genómico) a pesar de los esfuerzos que se hicieron para que en 2001 se descifrara por primera vez el genoma humano y en 2005 el del chimpancé.

Lo verdaderamente apasionante es saber que “el interés por el genoma del macaco no reside únicamente en compararlo con los demás primates. Los científicos esperan que permita mejorar la investigación en muchas áreas de la medicina, como las neurociencias, la endocrinología y el área cardiovascular. El macaco se considera el mejor modelo animal para estudiar el sida y otras infecciones humanas e investigar nuevas vacunas, y su genoma permite hacer chips de ADN específicos para éste. Históricamente, su papel en hallar el factor Rh y en el desarrollo de la vacuna de la polio fue fundamental” (2). Por eso merecen todo nuestro respeto estos logros científicos, porque nos permiten saber que nuestros orígenes nos abren posibilidades extraordinarias para “intervenir” en sus cerebros y, de esta forma, poder conocer el porqué de la inteligencia humana, sana y enferma.

Hoy, la noticia se centra una vez más en nuestros antepasados conocidos como “primates”: Casi humanos y a veces más inteligentes. Más de 300 primatólogos y otros científicos evalúan las capacidades cognitivas del chimpancé. Y el artículo publicado en origen en el The New York Times, por John Noble Wilford (3), con motivo de la celebración reciente de un simposio sobre La mente del chimpancé, en el Lincoln Park Zoo de Chicago, donde se ha llegado a la conclusión de que los chimpancés tienen una “reserva cognitiva” o inteligencia subyacente que supera incluso a la humana. Se ha demostrado a través de experiencias allí expuestas, entre las que destacó de forma asombrosa la de Tetsuro Matsuzawa, un primatólogo de Kioto (Japón), que “describió a un chimpancé joven que veía cómo aparecían sucesivamente números, del uno al nueve, parpadeantes en la pantalla en posiciones aleatorias. Los números desaparecían en menos de un segundo. Donde habían aparecido los números quedaban unos cuadrados blancos. El chimpancé pulsaba los cuadrados de manera despreocupada pero rápidamente, haciendo reaparecer los números en orden ascendente: uno, dos, tres, etcétera. El ensayo se repitió varias veces con los números y los cuadrados en distintos lugares. El chimpancé, que recibió un entrenamiento durante meses acompañado de la promesa de recompensas en forma de alimento, casi nunca falló y recordó dónde habían aparecido los números. El vídeo incluye escenas de un ser humano que no supera la prueba, y rara vez recuerda más de uno o dos números, si es que recuerda alguno. “Los humanos no pueden hacerlo”, asegura Matsuzawa. “Los chimpancés son superiores al hombre en esta tarea”. Matsuzawa indica que las primeras especies humanas “perdieron la memoria inmediata y, a cambio, aprendieron simbolización, las habilidades del lenguaje. Yo lo llamo la teoría de la compensación. Si quieres una capacidad, por ejemplo, una memoria inmediata mejor, debes perder otra”.

Hace un año ya escribí un post sobre la investigación del primatólogo español Josep Call y me reafirmo en su contenido a través de las noticias anteriores: “La verdad es que de nuevo salta a la opinión pública la eterna dialéctica del creacionismo y el evolucionismo. Siempre me ha interesado sobremanera el estudio del ser humano. Soy antropólogo por vocación, aunque también ha sobrevolado sobre mi cabeza la eterna duda –más bien afirmación- del rabino jasidista Bunam de Przysucha: pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo. Estas experiencias del profesor Call me han llenado la vida de nuevo, me han pre-ocupado (el guión no es inocente) con nuevos interrogantes y me ponen sobre la mesa las eternas preguntas sobre la primera maravilla del mundo: el cerebro humano. Los humanoides, que son legión, siguen sorprendiéndonos con reacciones de comprensión inmediatamente anteriores al “salto” del lenguaje. La mano abierta, con la palma hacia arriba, es un gesto de hambre, necesidad de comer algo, en el mundo de los primates. Pero la cognición voluntaria, es decir, la decisión de cómo voy a pedir de comer es una superestructura del conocimiento que solo corresponde a la especie humana. Es más, la construcción mental de qué va a ocurrir con la comida, la decisión de comer solo o acompañado, poner la mesa, rodear de encanto personal con objetos y palabras el acto de comer es lo que nos sigue volviendo locos a los que nos gusta investigar su por qué”.

Y en el encuentro del Lincoln Park Zoo, hemos sabido que cuando a los chimpancés “se les plantearon problemas para obtener alimentos desde el otro lado de una valla, los chimpancés no sólo fueron inteligentes por sí solos y a menudo competitivos con otro ejemplar, sino que también mostraron una disposición a cooperar unos con otros para realizar el trabajo”. Algo grave ha tenido que pasar en estos millones de años transcurridos, para saber hoy que los chimpancés mayores se alejan del grupo, solos, cuando descubren que los más jóvenes se ríen de ellos porque ya no pueden saltar de un árbol a otro. Y más sobrecogedor todavía, en los datos facilitados en 2006 por el profesor Call: “Los chimpancés son muy sociales, pero los humanos se distinguen de otros primates en que son ultrasociales”. Una prueba rotunda de nuestra inteligencia social que algunas y algunos desarrollan como artistas invitadas e invitados al gran teatro del mundo.

Sevilla, 2/V/2007

(1) M.R.E. (2007, 13 de abril). El genoma del macaco rhesus es igual al humano en un 97,5%. La secuenciación del primate ayudará a conocer al ‘Homo sapiens’, El País, p. 49.
(2) M.R.E., ibídem.
(3) Wilford, J.N. (2007, 2 de mayo). Casi humanos y a veces más inteligentes. Más de 300 primatólogos y otros científicos evalúan las capacidades cognitivas del chimpancé. El País, p. 36.

Antonio Gamoneda

Solo quiero agradecerle con estas palabras breves, el hecho quizá irrelevante para el primer mundo de que un discurso en la entrega del premio Cervantes 2006 me haya devuelto ilusión por la recuperación de la identidad del compromiso, una vez más, en épocas en las que hay que establecer prioridades en el día a día. He leído con atención sus palabras, mágicas, de una sencillez extrema, rodeadas de una clave: la autenticidad de lo cotidiano vivido y sentido en la humildad de la palabra verdadera. Lo decía al final de su discurso:

“El «no saber» es natural en la creación que se desprende de la cultura de la pobreza. Es una suerte de pureza en la oscuridad del pensamiento, que podría ser anulada precisamente por el saber metódicamente adquirido. Nosotros, «los de la pobreza», no tuvimos libros, no fuimos a la universidad. Esta diferencia con los creadores cultos a partir de una situación social que pueda considerarse afortunada, no es, ni a favor ni en contra, una diferencia de grado cualitativo. Esta diferencia la procurará el talento.

Pero el individuo y, por tanto, el poeta, se realiza en la colectividad. Por esta indefectible circunstancia, toda poesía, aun siendo «irremediablemente subjetiva» (nos lo dice Sartre), es también siempre, en su significación última, poesía social. Puede o no llevar consigo convicciones ideológicas. Ante los poderes injustos, en los poetas de origen acomodado podrá darse la ideología solidaria; en los que se reconocen en la pobreza, será una manifestación de su vida desafortunada. Dicho más brevemente: hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza.”

Hablar en este blog desde el interior de la inteligencia digital, no es lo mismo que solidarizarse con esa forma de expresarse la persona inteligente. Ahí está la diferencia. Por ello, gracias, don Antonio, con la misma calidad y respeto que siempre profesé a mis maestros de la infancia y de la Universidad de la vida.

Sevilla, 29/IV/2007

Perdonar es comprender

He escuchado hoy esta excelente frase: perdonar es comprender y a veces se comprende tanto que no hay nada que perdonar. Comprendo que sea difícil trasladar esta feliz construcción de los pensamientos y sentimientos a las realidades más próximas en este territorio que habitamos, pero todo el esfuerzo es poco por hacer viable el diálogo basado en la comprensión del otro y de sus argumentos. Somos un país muy poco dado a escuchar, a pesar de que hace años el propio Machado nos alertó de esta debilidad nacional: para dialogar, preguntad primero: después… escuchad.

Y necesitamos recordar siempre que durante las veinticuatro horas del día este país necesita rescatar segundos de preguntas, comprensión y perdón si el acontecer diario abre heridas de amor y muerte, que para unas y unos puede ser entregar lo más querido y para aquellas y aquellos, alcanzar el sueño mas esperado. Así recuperamos, al mismo tiempo, la dignidad, como cualidad de lo más digno, es decir, aquello que nos hace merecedores de algo tan importante como la comprensión de los demás. Además, sin necesitar el perdón, porque todas y todos aprendemos a comprender nuestras propias limitaciones, llevándonos de la mano al necesario tiempo de silencio nacional preconizado por Azaña: si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar… Y… comprender, para no tener que perdonar tanto.

Sevilla, 28/IV/2007

Entre Marcos y Jose Afonso

25 de abril. San Marcos y las santas revoluciones. Mañana celebramos el recuerdo de por qué decidimos en 1984 llamar Marcos a nuestro hijo. Poner nombres. También recuerdo año a año aquella revolución portuguesa de 1974, diez años antes, donde Jose Zeca Afonso jugó un papel trascendental. Me hice con su canción de forma un poco artesanal, pero Grandola, vila morena me ha acompañado siempre en mis revoluciones interiores, donde estuviera o viviese, que ha sido en muchos puntos cardinales del mundo. Marcos y la revolución de Zeca, el cuadro del niño con el fusil y el clavel, las manos anónimas sujetándolo, que compré a un hijo imaginario en Roma, muy cerca de Rafael Alberti, en la Librería Rinascita, edificio emblemático de su casco antiguo, donde hoy vive gente adinerada por la contradicción del comunismo, en la calle de las bodegas oscuras, que tantas veces paseé en busca de la libertad no vigilada por la conciencia insolidaria.

En cada esquina un amigo, en cada rostro igualdad. Maravillosa letra para componer canciones para después de las guerras particulares. Y Marcos creciendo de la mano de soledades sonoras porque la revolución silenciosa seguía adelante en el primer mundo. Sigue el cuadro en su cuarto de sueños y trabajo, como mensaje subliminal de que hay que estar cerca de quienes aportan a la sociedad amistad e igualdad, con letra y música de José Afonso.

Porque el pueblo es quien más ordena, Marcos, a la sombra de una encina de la que yo no sabía su edad, juré tener por compañera a una persona, Marcos, su voluntad. Tu nombre fue un compromiso para el proyecto que mas ordena nuestras vidas, cuando solo tenías segundos de vida real, porque queríamos que fueras un programa de vida compartida en la cultura de Marcos, aquel cronista del siglo I después de Cristo, que nos contó de forma admirable cosas de Jesús de Nazareth, tan humano que a veces le vencía el cansancio y se dormía apoyado en el cabezal del barco, soñando que otro mundo era posible. De un ser que sigue dando que hablar a las multitudes que siguen creyendo en las revoluciones que permiten a cada persona ser feliz con sus proyectos particulares de vida sin estar mediatizados por el consumo de turno. El pueblo es quien más ordena, Marcos. Te lo recuerdo porque yo lo aprendí de Marcos del siglo I y de Jose Afonso en su pequeño rincón de Grándola.

Sevilla, 24/IV/2007

El hipotálamo o la ciruela pequeña

Me remuevo en la silla cada vez que leo, escucho o veo las noticias de mujeres maltratadas y asesinadas. Hace tiempo comencé a trabajar en la construcción de inteligencia creadora que fortalezca el conocimiento de la mujer y de su estructura cerebral para ayudar a comprender mejor las igualdades y diferencias de género, con la ilusión de que el conocimiento del cerebro de las otras, de los otros, de lo que verdaderamente nos une a lo largo de millones de años, la inteligencia, sea una fuerza motriz para remover conciencias de género, enmarcadas en el respeto del conocimiento mutuo. Poco a poco avanzo en la anatomía del cerebro, a través del lenguaje, de la divulgación científica de las estructuras cerebrales que nos pueden hacer más libres porque comenzamos a saber y justificar por qué somos y nos comportamos de forma igual o diferente, sabiendo que el “secreto está en la masa” gris y blanca del cerebro (doscientos mil millones de posibilidades diferentes de ser y estar) cuando se asientan en determinadas estructuras.

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Figura 1: el hipotálamo: imagen recuperada el 24 de abril de 2007, de http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/esp_imagepages/19239.htm

Así llegamos hoy, en este largo camino digital, hasta el hipotálamo, situándonos –valga la metáfora- bajo la cama nupcial, la habitación reservada, que así llamábamos al tálamo. Esta estructura cerebral, en su clave etimológica pura, participa en la regulación del sistema neurovegetativo y endocrino. Es otra “tarjeta” neuronal que cuando se estropea (no funciona bien) acarrea muchísimos problemas a las personas. Y lo peor es que no existen todavía recambios de piezas originales, solo tratamientos -“reparaciones”- paliativos. El hipotálamo, del tamaño de una ciruela pequeña (seguimos en la cocina de la inteligencia…), compuesto por diversos núcleos interrelacionados entre sí, es responsable de una central química más alojada en el cerebro, en su zona central. Controla el equilibrio del agua en el cuerpo, provoca la sensación de hambre o de inapetencia, regula la temperatura corporal (sobre todo la emocional), regula el sueño, también las hormonas, casi todas las “reacciones” emocionales asociadas a conductas de hiperexcitación ó de depresión, la expresión de la libido, y lleva a feliz término el largo viaje que necesita el olfato. Una joya, en definitiva. Y nosotras y nosotros, sin saberlo.

Ante esta maravilla, esta joya de la corona cerebral, solo puedo expresar algo que nos recuerda la compra compulsiva: ¡Me los quedo! Nos los vamos a quedar, porque son dos. Además sin operaciones de mercado. Mis hipotálamos me están permitiendo hoy, mientras escribo estas líneas, controlar la eliminación de orina, me mantienen a una relativa distancia de la “sensación” de hambre o hartazgo, estoy en situación confortable desde el termómetro corporal, mantengo un estado de vigilia muy razonable, estoy experimentando sensaciones de control ante el recuerdo de lo vivido lejano, cuando hace media hora intentaba localizar páginas de mi intrahistoria en Madrid. También me llega el olor de los pétalos que ayer preparó María José en el recipiente azul de la flor del desierto. Y su calor humano.

Más cosas. Se sabe que cuando se descompensa esta maravillosa y sofisticada central se está garantizando el dolor de cabeza, la llamada cefalea en racimo, y todo lo que explicaba anteriormente como concierto armónico en mi cerebro se puede venir abajo y descomponer el estado de ánimo corporal y mental. Las uvas del dolor. Al ser una estructura muy importante del sistema límbico, del llamado “sistema nervioso emocional”, está sujeta a no perder nunca la función de alerta como termostato afectivo, regulando los sentimientos y las emociones permanentemente. Y se conecta con otra estructura interesantísima: la glándula pituitaria ó hipófisis, una glándula de la zona baja del cerebro, muy liviana (0,5 gramos), que libera muchas hormonas, una de ellas muy vinculada a la mujer: la prolactina, que tan importante papel juega en la gestación y alumbramiento. Y también hormonas esenciales en la diferenciación sexual que arranca en la gestación y que alcanza su cénit en la pubertad, donde el hipotálamo pone a cada persona en su “sitio” programado en el carné genético: la TSH, vinculada al Tiroides, la ACTH (estimulación de la corteza suprarrenal), la STH (vinculada al crecimiento), la LH, responsable de la secreción de testosterona y la ovulación, la FSH, coordinadora de la maduración del folículo ovárico y de la formación de espermatozoides, la antidiurética, reguladora de la orina y la oxitocina, que retratan la fisiología femenina en relación al útero y las mamas. Una auténtica sopa de letras pero de la que dependemos en una dieta diaria y que no podemos dar de baja en el menú de la vida humana de cada quién, de cada cual, de cada una, de cada uno.

Me los quedo. Sobre todo porque estas pequeñas estructuras, con el tamaño de unas ciruelas, suponen mucho en mi vida como se pueden imaginar. Aunque tenga que recordar a veces aquel chiste lacónico de Forges, en el que dibujaba a un presunto funcionario que a las 11 de la mañana vuelve a su casa y manifiesta a su mujer (esquema algo rancio de familia, por cierto) algo así, más ó menos: “me he venido del trabajo porque hoy, francamente, me encuentro bien, no sé, es una cosa que me sube y me baja… (señalando el estómago)”. Y la mujer, callaba, asombrada, ante la contradicción de cuatro hipotálamos que quizá no se entienden ni a sí mismo.

Sevilla, 24/IV/2007

Ardiente impaciencia

Sigo trabajando, con ardiente impaciencia (Neruda dixit), en las tareas preparatorias de la publicación digital de mi libro Inteligencia digital. Las cosas del “palacio” cultural van despacio porque obtener el ISBN tarda mes y medio según datos oficiales del Ministerio. Hasta allí no llega la revolución digital. Después vendrá el depósito legal y otras cuitas necesarias para dignificar la publicación con garantías para todas y todos. Pero adelanto algunas características del mismo. Las 371 páginas comprenden 1900 párrafos, 12967 líneas, 111319 palabras y 608644 caracteres. El índice recoge quince capítulos, con epígrafes sugerentes para la comprensión de su hilo conductor, entre los que destaco: cerebro humano y cerebro digital, inteligencia individual, inteligencia conectiva, inteligencia digital y habilidades sociales: la inteligencia social, ¿digitalizar la inteligencia?, inteligencia digital en el siglo XXI: Noosfera, inteligencia digital, gestación y nacimiento, inteligencia digital y escuela, inteligencia digital y sociedad, inteligencia digital y Administración Pública, y ética digital de la Noosfera.

Como la espera puede hacerse tediosa, avanzo hoy la continuación del Prólogo que ya figuraba en el post anterior (¿recuerdan: ¡continuará…!?). Acababa aquella transcripción abordando la comprensión del constructo “inteligencia digital”, con la definición del concepto “inteligencia” en el marco de su primera “aparición” en 1734, con el siguiente detalle:

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Real Academia Española (1990). Diccionario de Autoridades (Ed. facsímil). Madrid: Gredos (Orig. 1726-1739).

“y posteriormente recogidas en todas las versiones tuteladas por la Real Academia Española, hasta llegar a la última edición del Diccionario de la Lengua Española (1), del que nos interesa rescatar también las siete primeras acepciones del vocablo: capacidad de entender o comprender; capacidad de resolver problemas; conocimiento, comprensión, acto de entender; sentido en que se puede tomar una sentencia, un dicho o una expresión; habilidad, destreza y experiencia; trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí y sustancia puramente espiritual, destacando sobremanera la quinta acepción en correlación con la habilidad, destreza y experiencia (también recogida en el Diccionario Académico de Autoridades como tercera acepción, de forma excelente: inteligencia significa también destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, nacida de haberse hecho muy capaz de ella), que se desarrolla más adelante de forma extensa (Capítulo 5) y que supone la visión que fundamenta el objeto de este libro.

La palabra “digital” es la más novedosa en la realidad social actual y en el esquema de la teoría de Negroponte. Según el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, 2001), el adjetivo “digital” (incorporado por primera vez en la edición –Manual- de 1983) también tiene una marcada importancia en el citado constructo, dado que es una cualidad referente a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que la expresan con ellos. Hasta esta edición, figuraba la siguiente definición en el Diccionario de 1992: cualidad mediante la que todas las magnitudes se traducen a números con los que una máquina –computadora electrónica- opera para realizar cálculos (2). En la acepción de Nicholas Negroponte (3), el mundo digital se concibe como el cambio de la materia por energía y del átomo por el BIT (unidad mínima de información digital que puede ser tratada por un ordenador; proviene de la contracción de la expresión binary digit (dígito binario), es decir, ancho de banda ilimitado que permita inundar de bits a las personas, fibra óptica a bajo precio, y una emisión de bits independiente de la velocidad a la que los consumamos. Ser digital proporciona mayor facilidad para acceder a la información que se desea y una información de mayor calidad: la digitalización supone una mayor cantidad de información en un espacio mas reducido, lo que se traduce en trabajo más humano, ocio, educación, etc. en contraposición a la dependencia de la burocracia más denostada por el entorno “atómico” en el que nos desenvolvemos.

Pero el autor que desde hace más de cuarenta años sigue aportando frescura a mis pensamientos y sentimientos digitales es, curiosamente, Pierre Teilhard de Chardin, geólogo, paleontólogo y sacerdote jesuita francés, nacido en 1881 en Francia y que finalizó su vida de forma bastante trágica en 1956, en Estados Unidos. En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos (4), encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia” (…) Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto, religiosa (católica).

Quiero justificar también el subtítulo de este libro: una introducción a la Noosfera digital. Desde 1964 no he cesado en el trabajo subterráneo para descubrir la quintaesencia de la Noosfera que descubrí en la obra completa de Teilhard (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (5), esfera: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos que consolidan la evolución del ser humano: la geosfera y la biosfera. En esta etapa actual de investigación sobre la inteligencia digital, que deseo compartir con la malla pensante de la sociedad actual, he comprendido muchas claves que la difícil historia de España, en el siglo pasado, no permitían vislumbrar.”

No me resisto a decirlo, al finalizar el post de este día: ¡próximamente en este salón, digital por supuesto…!.

Sevilla, 21/IV/2007

(1) Real Academia Española (2001). Diccionario de la Lengua Española (22ª ed.). Madrid: Espasa.
(2) Para analizar la inclusión de los lemas informáticos, electrónicos y digitales en las sucesivas ediciones del Diccionario de la Lengua Española, es importante conocer el trabajo crítico de sinopsis realizado por José Antonio Millán (2004). Los términos informáticos en el Diccionario de la Academia. Recuperado el 31 de agosto de 2006, de http://jamillan.com/infordra1.htm.
(3) Negroponte, N. (1995). El mundo digital. Barcelona: Ediciones B., 25-35.
(4) Wolfe, T. (2001). El periodismo canalla y otros artículos. Barcelona: Ediciones B, 98s.
(5) Es muy interesante resaltar la quinta acepción de “esfera” aceptada por la Real Academia Española (RAE): “5. fig. Ámbito, espacio a que se extiende o alcanza la virtud de un agente, las facultades y cometido de una persona”, RAE (2001), Diccionario de la Lengua Española (22ª ed.). Madrid: Espasa.