El hipotálamo o la ciruela pequeña

Me remuevo en la silla cada vez que leo, escucho o veo las noticias de mujeres maltratadas y asesinadas. Hace tiempo comencé a trabajar en la construcción de inteligencia creadora que fortalezca el conocimiento de la mujer y de su estructura cerebral para ayudar a comprender mejor las igualdades y diferencias de género, con la ilusión de que el conocimiento del cerebro de las otras, de los otros, de lo que verdaderamente nos une a lo largo de millones de años, la inteligencia, sea una fuerza motriz para remover conciencias de género, enmarcadas en el respeto del conocimiento mutuo. Poco a poco avanzo en la anatomía del cerebro, a través del lenguaje, de la divulgación científica de las estructuras cerebrales que nos pueden hacer más libres porque comenzamos a saber y justificar por qué somos y nos comportamos de forma igual o diferente, sabiendo que el “secreto está en la masa” gris y blanca del cerebro (doscientos mil millones de posibilidades diferentes de ser y estar) cuando se asientan en determinadas estructuras.

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Figura 1: el hipotálamo: imagen recuperada el 24 de abril de 2007, de http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/esp_imagepages/19239.htm

Así llegamos hoy, en este largo camino digital, hasta el hipotálamo, situándonos –valga la metáfora- bajo la cama nupcial, la habitación reservada, que así llamábamos al tálamo. Esta estructura cerebral, en su clave etimológica pura, participa en la regulación del sistema neurovegetativo y endocrino. Es otra “tarjeta” neuronal que cuando se estropea (no funciona bien) acarrea muchísimos problemas a las personas. Y lo peor es que no existen todavía recambios de piezas originales, solo tratamientos -“reparaciones”- paliativos. El hipotálamo, del tamaño de una ciruela pequeña (seguimos en la cocina de la inteligencia…), compuesto por diversos núcleos interrelacionados entre sí, es responsable de una central química más alojada en el cerebro, en su zona central. Controla el equilibrio del agua en el cuerpo, provoca la sensación de hambre o de inapetencia, regula la temperatura corporal (sobre todo la emocional), regula el sueño, también las hormonas, casi todas las “reacciones” emocionales asociadas a conductas de hiperexcitación ó de depresión, la expresión de la libido, y lleva a feliz término el largo viaje que necesita el olfato. Una joya, en definitiva. Y nosotras y nosotros, sin saberlo.

Ante esta maravilla, esta joya de la corona cerebral, solo puedo expresar algo que nos recuerda la compra compulsiva: ¡Me los quedo! Nos los vamos a quedar, porque son dos. Además sin operaciones de mercado. Mis hipotálamos me están permitiendo hoy, mientras escribo estas líneas, controlar la eliminación de orina, me mantienen a una relativa distancia de la “sensación” de hambre o hartazgo, estoy en situación confortable desde el termómetro corporal, mantengo un estado de vigilia muy razonable, estoy experimentando sensaciones de control ante el recuerdo de lo vivido lejano, cuando hace media hora intentaba localizar páginas de mi intrahistoria en Madrid. También me llega el olor de los pétalos que ayer preparó María José en el recipiente azul de la flor del desierto. Y su calor humano.

Más cosas. Se sabe que cuando se descompensa esta maravillosa y sofisticada central se está garantizando el dolor de cabeza, la llamada cefalea en racimo, y todo lo que explicaba anteriormente como concierto armónico en mi cerebro se puede venir abajo y descomponer el estado de ánimo corporal y mental. Las uvas del dolor. Al ser una estructura muy importante del sistema límbico, del llamado “sistema nervioso emocional”, está sujeta a no perder nunca la función de alerta como termostato afectivo, regulando los sentimientos y las emociones permanentemente. Y se conecta con otra estructura interesantísima: la glándula pituitaria ó hipófisis, una glándula de la zona baja del cerebro, muy liviana (0,5 gramos), que libera muchas hormonas, una de ellas muy vinculada a la mujer: la prolactina, que tan importante papel juega en la gestación y alumbramiento. Y también hormonas esenciales en la diferenciación sexual que arranca en la gestación y que alcanza su cénit en la pubertad, donde el hipotálamo pone a cada persona en su “sitio” programado en el carné genético: la TSH, vinculada al Tiroides, la ACTH (estimulación de la corteza suprarrenal), la STH (vinculada al crecimiento), la LH, responsable de la secreción de testosterona y la ovulación, la FSH, coordinadora de la maduración del folículo ovárico y de la formación de espermatozoides, la antidiurética, reguladora de la orina y la oxitocina, que retratan la fisiología femenina en relación al útero y las mamas. Una auténtica sopa de letras pero de la que dependemos en una dieta diaria y que no podemos dar de baja en el menú de la vida humana de cada quién, de cada cual, de cada una, de cada uno.

Me los quedo. Sobre todo porque estas pequeñas estructuras, con el tamaño de unas ciruelas, suponen mucho en mi vida como se pueden imaginar. Aunque tenga que recordar a veces aquel chiste lacónico de Forges, en el que dibujaba a un presunto funcionario que a las 11 de la mañana vuelve a su casa y manifiesta a su mujer (esquema algo rancio de familia, por cierto) algo así, más ó menos: “me he venido del trabajo porque hoy, francamente, me encuentro bien, no sé, es una cosa que me sube y me baja… (señalando el estómago)”. Y la mujer, callaba, asombrada, ante la contradicción de cuatro hipotálamos que quizá no se entienden ni a sí mismo.

Sevilla, 24/IV/2007

4 comentarios en “El hipotálamo o la ciruela pequeña

  1. Belkis Trillo dijo:

    Excelente nadie habia descrito tan bien todo los padecimientos sobre esta glandula y le que se padece si esta afectada a mi me salio un tumor entre el hipotalamo y la hipofisis y quedo completamente destruirda por las radiaciones para eliminar el tumor.

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  2. flor maria davila pinos dijo:

    Gracias, me gustó muchísimo tu forma de explicar sobre mis maravillosos hipotálamos. Parece que los hipotálamos tienen vida propia..Creo que si conectamos los hipotálamos con el espíritu humano todo va a estar bien.

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