En estos momentos de turbación democrática, sigo queriendo a la Constitución como para leerla cada día

Noray en el puerto de Punta Calero (Lanzarote), con la sombra imaginaria de La isla desconocida / JA COBEÑA

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Sevilla, 6 de Diciembre de 2024, Día de la Constitución en España

Un año más, pero como si fuese el ayer de la Transición en este país, me aferro a la Constitución como si fuera el noray para barcos, cuando se amarran a él para asegurar su permanencia en el puerto con todas las garantías, sobre todo para protegerlos de oleajes procelosos como los de la vida misma o en estos momentos tan cruciales para este país. Es un símbolo que me emociona siempre y los observo en mis incursiones en puertos seguros imaginarios cada vez que recalo en ellos con mi «Isla Desconocida» que, un día ya lejano, me regaló José Saramago en un cuento inolvidable.

Hoy, cuando se cumple el 46 aniversario de nuestra Constitución, vuelvo a utilizar las palabras que me quedan en mi persona de secreto y en la de todos, escritas el año pasado, también el anterior y… siempre, desde 1978, recordando este día tan especial para la convivencia en este país. La Constitución se aprobó por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.

La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en mi rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto por los evidentes desajustes territoriales en este país. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la Constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y “quesentir” (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad tan controvertida de Cataluña, por ejemplo, reaccionamos en su momento tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en su artículo más conflictivo, el 151, olvidando la potestad democrática del Estado cuando hay que indultar o amnistiar actos políticos complejos, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos democráticos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de progreso y libertad. La historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Es verdad, quiero a la Constitución como para seguir leyéndola cada día, cada nochecomo mi libro favorito, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. No la olvido en uno de los marcapáginas que utilizo en el libro de mi vida. El país en general, Cataluña, País Vasco y los brotes del nacionalismo en general, a lo que deben aspirar siempre es a ser asociaciones de personas libres articulada por la Constitución, una Asociación escrita y hecha en vista exclusiva del interés general

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La pintura que figura este año en el décimo de Navidad, es una obra incautada y protegida durante la guerra civil

Sevilla, 5/XII/2024

La Natividad, obra pictórica de Francisco de Osona (Valencia, 1465 – Valencia, 1514 y de Rodrigo de Osona (Valencia, 1440 – Valencia, 1518), que figura este año en el décimo de la lotería de Navidad, es una obra incautada y protegida durante la guerra civil, considerada en la actualidad como “huérfana”, según se detalla en la ficha técnica del Museo Nacional del Prado, actual entidad depositaria de la misma.

La obra escogida este año es un óleo sobre tabla, realizada en 1490 (Ca.), no expuesta en el Museo, en el que “la Virgen María y San José oran de rodillas junto a Jesús recién nacido, acompañados por tres ángeles que arropan al Niño. Tres pastores se asoman desde el exterior por las ruinas del portal y, al fondo, quedan representados el buey y la mula. Tanto el paisaje idílico, como las arquitecturas típicas de las ciudades del norte de Europa, la composición, los colores gris azulados utilizados y el hieratismo de las figuras con ropas de pliegues acartonados, remiten al estilo hispanoflamenco en el que inicia su formación Rodrigo y que asimila su hijo Francisco. Esta obra es compañera de La Adoración de los Magos (P2835), también conservada en las colecciones del Museo del Prado. Probablemente proceden del retablo mayor de la iglesia de Santa María de Alicante”.

La Natividad (detalle), Francisco de Osona (Valencia, 1465 – Valencia, 1514) y de Rodrigo de Osona (Valencia, 1440 – Valencia, 1518)

Para identificar su procedencia, el Museo señala lo siguiente: “Gonzalo Rodríguez, calle Serrano 100, 1º derecha, Madrid, 1937; Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, 1937; Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, 1941”. Intervinieron en la misma dos instituciones, la primera de la parte republicana y la segunda de la parte vencedora de la guerra, franquista, sin que hasta la fecha se haya podido devolver a su legítimo dueño o herederos. Así figura en la actualidad, depositado en el Museo del Prado desde 1937, con el número 19643 y desde 1941, con el número de inventario 1718 y con identificación fotográfica número 10889, que figura también en tiza en la trasera del cuadro. Hoy día figura en la Base de datos del Museo con la identificación, P02834. Es curioso verificar el documento de entrega al Museo del Prado de este cuadro, entre otros, el 13 de octubre de 1941, por parte de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional, organismo franquista por excelencia, en el que figura en el texto oficial de entrega en calidad de depósito, una frase final tachada nada inocente: «Depósito, Museo del Prado, de los objetos que a continuación se relacionan, los cuales juro por Dios y por su honor reconocer como de su absoluta propiedad«.

En este contexto, es relevante señalar que gracias a un estudio iniciado en 2022 por el Museo, esta obra figura entre las 70 que se encuentran en sus fondos procedentes de incautaciones durante la guerra civil (1936-1939), a las que se podrían sumar, tras una investigación interna, 7 medallas y 89 dibujos cuya procedencia en origen es desconocida. El resultado de este estudio se mostró en una exposición del Museo llevada a cabo en el mes de marzo del año pasado, Obras incautadas. Un proceso abierto, cuya sinopsis oficial recomiendo leer atentamente: «Desde hace tiempo el Museo del Prado viene revisando las obras de su colección procedentes de depósitos de la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, encargada de recopilar y almacenar obras de arte de particulares e instituciones religiosas para su salvaguarda durante la Guerra Civil, o por el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, que se ocupó de la devolución de estos objetos en la posguerra. Muchos bienes culturales depositados no pudieron retornar a sus dueños porque estos no lograron acreditar la propiedad, habían fallecido, se encontraban exiliados, habían sido represaliados o simplemente eran desconocidos por no haber quedado registrados sus nombres en las actas de incautación. Por dichos motivos, parte de estos fondos huérfanos, principalmente pinturas, permanecieron en el Museo del Prado, en el de Arte Moderno o en otras instituciones museísticas. […] Los datos de procedencia, obtenidos tras la consulta de documentos de archivo o de las etiquetas y anotaciones presentes en los reversos de las piezas, han permitido trazar el periplo de estos objetos artísticos, información que el Museo del Prado pone a disposición de investigadores y ciudadanía a través de su página web».

El cuadro escogido este año para ser reproducido en el décimo de lotería de Navidad, está considerado como «huérfano», pero con su intrahistoria dentro, porque no se devolvió a su legítimo dueño. Para conocer con detalle la procedencia y línea de tiempo desde la incautación hasta el momento actual, es importante leer el informe Las obras incautadas durante la guerra civil y la posguerra en los fondos del Museo del Prado, elaborado por Arturo Colorado Castellary, Catedrático y Profesor Emérito UCM, con la participación en el equipo de investigación de Alberto García Alberti e Ignacio González Panicello, donde en la página 34 se describen todos los pormenores de la incautación, reflejándose algo muy importante sobre la situación real del cuadro, dado que esta obra “fue entregada por el Sdpan [Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional] el 13/10/1941. El acta de entrega especifica título, foto y referencia del Libro 3 de la JTA [Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico] (1964), que confirma esta procedencia. No existe acta de devolución del Sdpan a nombre de Gonzalo Rodríguez”. La última frase, destacada por mí en negrita, certifica que la obra permanece «huérfana», es decir, no se ha devuelto todavía a su legítimo propietario. Una hipótesis que habría que estudiar a fondo sería la localización del segundo apellido de la persona propietaria del cuadro, porque en ese año era muy conocido un psiquiatra que vivía en Madrid, Gonzalo Rodríguez Lafora, de ideología republicana, que motivó su exilio, siendo probable que entregara a la Junta de Incautación y Protección, los dos cuadros de Francisco y Rodrigo de Osona, uno de ellos «La Natividad», ante las vicisitudes de la guerra civil, siendo difícil su devolución por su deriva republicana, motivo que en muchos casos se esgrimió por la dictadura franquista para no proceder a las devoluciones legítimas, quedando incautados en depósitos del país y ocultos para siempre. Repito, que sería una interesante hipótesis de trabajo.

Creo que al buen entendedor con pocas palabras basta para comprender la intrahistoria, no inocente por supuesto, del cuadro reproducido en el décimo de lotería de Navidad de este año. Acostumbrado en mi vida a ver siempre, si es posible, vasos medio llenos y no medio vacíos, así como a no confundir nunca, como todo necio, valor y precio, me quedo hoy con una reflexión sobre este hecho más allá del precio a pagar por cada décimo o participaciones del mismo, dado que hoy podemos disfrutar de la obra pintada en el siglo XV por un padre y un hijo, valencianos por más señas, Francisco de Osona y Rodrigo de Osona, con el valor de poder disfrutar de esta obra de pintores naturales de una región muy dañada por la DANA de octubre pasado, entregada hoy a millones de personas para que la orfandad de la obra se supla con la ilusión de millones de compradores de lotería de navidad, al contemplarla a través de 193 millones de décimos, en busca de sueños de suerte y felicidad a raudales. También, en el fondo, viviendo este hecho con una cierta sorpresa al descubrir mediante estas palabras de su intrahistoria, que nos quedan, la procedencia del cuadro, un homenaje a la transparencia de la memoria democrática sobre lo ocurrido en la guerra civil, que hoy, simbolizada en La Natividad, como obra pictórica incautada o protegida y no devuelta a su legítimo dueño, nos recuerda momentos trágicos de este país, tan dual, tan cainita, sobre algo que nunca debió ocurrir desde la perspectiva democrática. Para que no se olvide, ni siquiera en el momento de contemplar La Natividad, en los 193 millones de décimos de la lotería de Navidad editados este año. De forma simbólica, se podrá hacer, como «dueños» legítimos del cuadro, por su valor, no sólo por su precio, por la intrahistoria que lleva dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Un nuevo encuentro, en Sevilla, con Artemisia Gentileschi

Sevilla, 3/XII/2024

En un mercadillo solidario de libros de segunda mano, volví a encontrarme la semana pasada con la pintora barroca Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), a través de un libro canónico de ficción sobre su vida y obra, Artemisia (Versal, 1992), escrito por Anna Banti y con un Prólogo y una traducción cuidada de Carmen Romero, filóloga y en aquel año diputada por Cádiz y esposa del presidente del Gobierno Felipe González.

Quien está cerca de la lectura de este cuaderno digital, sabe que no es la primera vez que escribo sobre esta excelente pintora, a la que he dedicado palabras especiales en torno a una obra, María Magdalena, como la melancolía, que forma parte del fondo pictórico del Museo de la Catedral de Sevilla.

Cogí el libro inmediatamente de la mesa de exposición y deposité la cantidad fijada para fines solidarios. Me detuve un momento para hojearlo y una vez más, al igual que me ha pasado en situaciones similares descritas en estas páginas, descubrí que ya había tenido un destinatario anterior a través de una dedicatoria autógrafa de la prologuista y traductora Carmen Romero. Cuando me ocurre esto, siento que no me pertenece el libro comprado, pero en esta ocasión he considerado que es un regalo de la economía circular en beneficio de los demás y, en el caso de la autora del libro y su traductora, una forma de mantener viva la dignidad de la Gentileschi, una mujer extraordinaria que sigue siendo un ejemplo a seguir a través de los siglos.

En una entrevista en 2020, con motivo de la celebración de una exposición dedicada a Artemisia en la National Gallery, en Londres, Carmen Romero explicó su admiración por Anna Banti que la llevó a traducir el libro citado, que me ha permitido un nuevo encuentro con la pintora: “Leí también algunos de sus relatos, Le donne muoiono y el último que escribió, Un grido lacerante. La Banti es una personalidad compleja porque comenzó siendo ensayista de arte y acabó en la literatura. Cuando su marido, Roberto Longhi, publicó el ensayo Gentileschi, padre e figlia en 1916 ella supo que tenía que darle una vida a Artemisia. Que el ensayo no lo había dicho todo. Y estuvo entre esos dos campos, el del arte y la literatura, pero fue una figura muy destacada en la vida intelectual de la Florencia de esos años. Y después Artemisia la hizo muy conocida y apreciada en Italia”.

Igualmente, afirmó que traducir este libro no fue por respeto a una novela histórica o un tratado artístico, sino por algo mucho más importante: “Es casi un manifiesto en defensa de Artemisia. Y creí que no podía simplemente disfrutarlo, que tenía que darlo a conocer. Me parecía que una obra que tanta relación guardaba con esa celebración de la mujer que supera todas las barreras escondía un gran tema. Y además era el barroco español, porque era el claroscuro en la pintura, que para los italianos es la herencia española y no lo era porque tiene toda la ascendencia florentina. Al final de su vida ella había vivido en Nápoles, que entonces era española, y allí murió. No podía estar desaparecida. Y la Banti había escrito un buen relato”.

Agradezco este regalo de la vida. En mi relación de lecturas pendientes estaba hasta la semana pasada este libro de Anna Banti, ensalzando la vida y obra de Artemisia Gentileschi. Es verdad que no olvido a esta artista extraordinaria y esta incorporación a mi biblioteca, a mi clínica del alma, me permite reencontrarme con ella para agradecerle su magna obra, sobre todo volver a contemplar su María Magdalena, como la melancolía, tan próxima en mi ciudad, porque con sus trazos he comprendido perfectamente qué significa la melancolía en el ocaso mundial de la democracia, que tanto afecta mi alma de secreto, en tiempos tan difíciles, modernos y convulsos, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Es lo que siento aquí, en Sevilla, cuando contemplo “su” María Magdalena, porque suenan muy bien las palabras de Neruda en ese momento mágico: Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. / Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La vida no es como en las películas, es algo mucho más difícil

Salvatore (Marco Leonardi) y Elena (Agnese Nano), en Cinema Paradiso

Sevilla, 1/XII/2024

Tres años después, he entrado de nuevo en mi filmoteca particular, eligiendo para esta ocasión “Cinema Paradiso”, que siempre me conturba y conmueve, recordando hoy que cuando era muy niño me asomaba al balcón de mi casa en Sevilla y escuchaba voces y música del cercano Cine Ideal, mi Cinema Paradiso particular, imaginándome escenas imaginarias de un niño imaginario.

Por este motivo, vuelvo a publicar hoy las reflexiones que hice en 2021 sobre la quintaesencia de esta maravillosa película, entregándolas a la malla pensante de la humanidad, a la que Teilhard de Chardin llamaba la “Noosfera”. Lo hago como acto responsable para seguir defendiendo la existencia de la vida, porque es bella, así como el compromiso vital que como ciudadanos políticos, en su sentido primigenio, se nos pide a cada uno, cada una para hacerla más amable cada día, convencido de que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil, aunque a veces, como en “Cinema Paradiso”, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

La vida no es como en las películas, es mucho más difícil

Sevilla, 6/IX/2021

He visto de nuevo Cinema Paradiso, con un sentimiento de necesidad sobre la búsqueda de la terca realidad del amor en la vida de cada uno, viviendo muchas veces como personas ciegas al color de la vida, entendiendo que “la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil”, tal y como lo aprendí de Alfredo, un protagonista inolvidable de esta película grabada en mi filmoteca de secreto. Esa fue la razón del corazón para verla de nuevo, aunque la de la razón era también muy clara: escuchar atentamente los diálogos de la película, sus frases inolvidables que me permitieran entender bien su hilo conductor. Recordaba de visionados anteriores unas palabras de Alfredo, el proyeccionista que hablaba muchas veces a solas con Greta Garbo y Tyrone Power, “como un bobo”, en su querida cabina del Paradiso, dirigidas con profundo amor a Salvatore (Totó), su entrañable amigo: «Cada uno de nosotros debe seguir su estrella. Márchate. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo. No encuentras a quien querías encontrar. Debes ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible. Ahora estás más ciego que yo (…) Márchate. Regresa a Roma. Eres joven, el mundo es tuyo. Yo ya soy viejo. No quiero oírte más ni quiero oír hablar de ti».

Su vida se vería alterada por el romance de juventud con Elena, la hija del banquero de Giancaldo (Sicilia). Salvatore seguía dando vueltas al enigma que un día, paseando su amistad con Alfredo, le planteó desde su ceguera:

– Te contaré una historia. Sólo para ti, Totó. Sentémonos un momento. Hubo una vez un rey que dio una fiesta. Las más hermosas princesas asistieron. Un soldado de la guardia real vio pasar a la hija de rey. Era la más bella de todas, e inmediatamente el soldado se enamoró. Pero, ¿qué era un simple soldado al lado de la hija de un rey? Un día el soldado se las arregló para verla y le dijo que ya no podía vivir sin estar a su lado. La princesa quedó tan impactada por la profundidad de sus sentimientos que le dijo: “Si puedes esperar por cien días y cien noches bajo mi balcón yo seré tuya”. Dicho esto, el soldado salió y esperó un día, dos… luego diez, veinte. Cada noche la princesa lo buscaba y allí estaba él, sin moverse. Siempre allí, lloviera o relampagueara. Los pájaros se le cagaban encima, las abejas se lo comían vivo, pero él no se movía. Después de 90 noches, estaba tremendamente delgado, pálido. Al pobre le resbalaban las lágrimas de los ojos. Ya no podía contenerlas. No le quedaban ni fuerzas para dormir. Mientras, la princesa seguía observándole. Y, al llegar la noche noventa y nueve… el soldado se incorporó, cogió su silla, ¡y se largó de allí!…

– Totó: ¡No me digas! ¿Al final?

– Justo al final, Totó. No me preguntes qué significa, no lo sé. Si logras descifrarlo, me lo dices.

El microrrelato El mandarín y la cortesana, de Roland Barthes, que aparece en su obra Fragmentos de un discurso amoroso (2004), es una historia que recuerda las palabras de Alfredo pero en una síntesis perfecta: “Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. «Seré tuya», dijo ella, «cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana». Pero, en la nonagésimo novena noche, el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va”.

Creo que ambas reacciones aparentemente inexplicables las aborda José Saramago muy bien en su Cuento de la isla desconocida: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

He buscado siempre respuestas a los grandes interrogantes de la vida en mi persona de secreto y de todos, en mi atlas de islas desconocidas, que es -nada más y nada menos- que el álbum de las personas que no he conocido bien en la vida aunque hayan estado presuntamente muy cerca. También, las que por una razón u otra ocuparon mi corazón por diversos motivos: “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás”. Puertas que nos muestra Saramago a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda… Una gran mujer aislada hasta que desembarca en la isla de la persona que admira.

Vuelvo a escuchar frases de Alfredo y creo que descubro lo que significa salir de uno mismo para encontrar la vida y el amor que da sentido a cada día: “el progreso siempre llega tarde”, “elijo a mis amigos por su apariencia, a mis enemigos por su inteligencia. Eres demasiado inteligente para ser mi amigo”, “la vida no es como en las películas, es mucho más difícil”, “fuera de aquí, vuelve a Roma. Eres joven y el mundo es tuyo. Estoy viejo. No quiero seguir oyéndote hablar más. No vuelvas, no pienses en nosotros. No mires hacia atrás, no escribas, no cedas a la nostalgia, olvídanos. Pero si lo haces y regresas, no vengas a verme, no te dejaré entrar en mi casa, ¿lo entiendes?; tarde o temprano llega un momento en que estar callado y hablar es lo mismo; es mejor estar callado”. A Elena le da una clave existencial: “después del fuego del amor vienen cenizas, incluso el amor más grande con el tiempo se esfuma”; vuelve a dirigirse a Salvatore: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”.

Y me quedo con una frase final de Alfredo: “Ahora que he perdido la vista veo mejor”. Cerca de él, al oído, le explico cómo he entendido la parábola del soldado y la hija del rey o la del mandarín y la cortesana, y creo que le ha gustado. Yo también fui a Roma hace ya muchos años y volví a mi Giancaldo particular. Se lo comento también a Salvatore, cuando se seca las lágrimas al visionar la película con las escenas censuradas y que Alfredo había montado para él con tanto cariño. Mi película…, sigue guardada en mi caja de sueños con el convencimiento -a mi matusalénica edad- de que haga lo que haga tengo que amarlo por encima de todo, aunque sé que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil: una pertinaz espera.

NOTA: la música que encabeza estas palabras, es la melodía principal de la banda sonora original de la película “Cinema Paradiso”, compuesta por Ennio Morricone.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El diseño democrático de IKEA está presente estos días en el Museo Thyssen-Bornemisza


Berthe Morisot, El espejo psiqué, 1876
Óleo sobre lienzo. 65 x 54 cm
© Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

La visión de IKEA es crear un mejor día a día para la mayoría de las personas

Ingvar Kamprad, fundador de IKEA

Sevilla, 29/XI/2024

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo de Todos según figura en su eslogan, acoge desde el pasado martes y hasta el 6 de enero de 2025, una exposición temporal, IKEA y el arte del hogar. Diseño para un mejor día a día, en la que se “propone un recorrido por las salas del museo que invita al visitante a un apasionante viaje histórico y artístico. A través de una selección de obras maestras de la colección permanente, que culmina en un espacio expositivo en el que la firma sueca nos abre las puertas de su historia, reflexionaremos sobre las transformaciones estilísticas y de función que durante seis siglos han experimentado los hogares, hasta llegar a la democratización del diseño en el siglo XX, concepto del que IKEA es máximo exponente”.

La sinopsis oficial de esta exposición, resalta algo esencial para comprender su alcance: “La búsqueda de versatilidad, funcionalidad, belleza y comodidad en el hogar a lo largo de la historia, nos lleva hasta IKEA como el exponente del triunfo del planteamiento del diseño democrático. Esta idea que nació como un sueño, como una aspiración social, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se convierte en realidad en lacompañía fundada por Ingvar Kamprad mediante las cinco dimensiones esenciales en las que basa su producción: forma, función, calidad, sostenibilidad y precio bajo. Estos cinco pilares son el resultado de algunas de las ideas reflejadas en las obras del recorrido y los podremos analizar en profundidad en la propuesta que IKEA ha preparado para la Sala Rodin”.

Ingvar Kamprad, fundador de IKEA (acrónimo de las iniciales de su fundador Ingvar Kamprad (I.K.) más la primera letra de Elmtaryd y Agunnaryd, la granja y la aldea donde creció)

Para comprender el motivo de esta muestra tan sorprendente, nada mejor que leer con la atención que merece el espacio dedicado al Manifiesto del Diseño Democrático de IKEA, porque nos permite comprender la quintaesencia empresarial de esta aventura dirigida por su fundador, Ingvar Kamprad, reformulada “de una manera más pormenorizada en el libro que se presentó en la Feria del Mueble de Milán del año 1995, junto a la colección que resumía el espíritu del proyecto: la colección IKEA PS”. Creo que es de especial interés recoger en estas palabras el extracto del citado Manifiesto resaltado por el Museo: “Queremos agitar el mundo, hacerlo un lugar mejor. Y decidimos empezar creando un mejor día a día. Uno que fuera más humano, divertido, simple, práctico y bonito. Y queremos que el mayor número de personas puedan experimentar ese mejor día a día. […] Nuestra misión parece casi imposible: combinar formas atractivas con una gran función, una calidad que perdure, una producción cuya cadena de valor sea sostenible y a un precio bajo. […] Creemos firmemente que es posible integrar estas cinco dimensiones y a esto lo llamamos Diseño Democrático IKEA”.

Me ha sorprendido que de las 16 obras del fondo del Museo elegidas para esta interesante muestra pictórica, se encuentre una muy significativa, El espejo psiqué (1876), de Berthe Morisot, pintora a la que dediqué en 2021, un artículo, Berthe Morisot pintó siempre el mejor blanco de su vida, en el que analicé curiosamente esta obra, centrándome sobre todo en el espejo y en la luminosidad que aporta siempre el color blanco, tan preferido por IKEA. El Museo Thyssen analiza detalles importantes de esta obra, tales como la luz y la ventilación, que crean un ambiente especial en la habitación retratada, “el sillón de muelles de acero que seguramente pintó aquí Morisot, una de las aportaciones del momento, como también el capitoné que acentúa su aspecto mullido. Tapicería y cortinas perfectamente conjuntadas unifican la composición y contribuyen a crear la sensación de bienestar y recogimiento de una estancia, ahora sí, estrictamente privada, con la que la protagonista del cuadro parece de alguna manera mimetizarse”. Y…, el espejo de vestir o espejo psyché, estilo Imperio, que se sabe que pertenecía a Berthe Morisot: “¿acaso es ella misma la que se mira en él? Un encuentro de una mujer consigo misma, en cualquier caso, pintado por una artista, en un gesto que habla de reconocimiento y autoafirmación, así como de esa creciente necesidad de encontrar un espacio propio, en la casa y fuera de ella”.

IKEA aporta en esta exposición su visión revolucionaria de la democratización del diseño, para que las personas alcancemos la felicidad democratización cada día en el espacio en el que vivimos, estamos y somos, cumpliendo los objetivos de su Manifiesto de 1995, agitando el mundo, para hacerlo cada día un lugar mejor, “más humano, divertido, simple, práctico y bonito. Y queremos que el mayor número de personas puedan experimentar ese mejor día a día. […] Nuestra misión parece casi imposible: combinar formas atractivas con una gran función, una calidad que perdure, una producción cuya cadena de valor sea sostenible y a un precio bajo. […] Creemos firmemente que es posible integrar estas cinco dimensiones y a esto lo llamamos Diseño Democrático IKEA”. Ese es su gran éxito mundial, que perdura hoy día en un siglo muy complejo en el que, por ejemplo, la vivienda humana sufre la violencia injusta del mercado y los mercaderes, sin mezcla a veces de bien alguno.

NOTA: las imágenes se han recogido de la página web oficial del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Galeano, siempre: “Quien no debe, no es. Debo, luego existo”

Americanos, vienen a España gordos y sanos
Viva el tronío y viva un pueblo con poderío
Olé Virginia y Michigan
Y viva Texas que no está mal, […] no está mal.

Bienvenido Mr. Marshall (1953)

Sevilla, 28/XI/2024

Eduardo Galeano tenía razón al describir el poder del consumo en el mundo al revés: «En esta civilización, donde las cosas importan cada vez más y las personas cada vez menos, los fines han sido secuestrados por los medios: las cosas te compran, el automóvil te maneja, la computadora te programa, la TV te ve. Globalización, bobalización. Hasta hace algunos años, el hombre que no debía nada a nadie era un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa. Hoy, es un extraterrestre. Quien no debe, no es. Debo, luego existo». 

Mientras millones de personas de este país esperaban el sábado pasado un día particular, sin ningún color especial, para poder alimentarse con dignidad durante varias semanas, sin americanismo alguno, gracias a la solidaridad ciudadana con el Banco de Alimentos, otros millones importan una iniciativa, Black Friday (de nombre tétrico, Viernes Negro), en una respuesta compulsiva para no perder la maratón particular del consumo.

Es curioso constatar cómo el Mercado [sic] crea su propio ecosistema a nivel mundial, para crear necesidad de consumo donde no existe la necesidad realmente. El síndrome de la última versión, en tecnología o en moda lista para llevar, porque nos convencemos que lo último de lo último nos estaba esperando en la estantería correspondiente en Viernes Negro y que lo más barato hay que comprarlo con urgencia para “no ser tontos”, según el eslogan de turno, acaba haciendo estragos en las maltrechas economías de muchas familias.

Sé que estas reflexiones se pueden interpretar como una salida de tono sobre el principio de realidad de lo que está pasando y estamos viendo, pero sigo defendiendo que no es lo mismo valor que precio de lo que realmente necesitamos, como suele confundir todo necio. Además, la dignidad de la vida sencilla está por encima de las mercancías, que a toda costa intentan vendernos los nuevos Míster Marshall que merodean por nuestro país vestidos curiosamente de negro, el color del viernes que intentan justificar como necesario para ser felices. Con su tronío y poderío, porque España… ya sabemos que no es de librerías. Lo que no sé, tampoco, es si hoy día y como decía la canción de ¡Bienvenido Mr. Marshall!, o en una nueva versión, ¡Bienvenido Mr. Trump!, si seguimos recibiendo a los americanos con alegría…, en este Black Friday redivivo, obviamente sin gritar a los cuatro vientos, ¡Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía! Lo que queda claro es que la globalización nos lleva a la bobalización, porque hasta hace algunos años, las personas que no debían nada a nadie eran un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa: “Hoy, son extraterrestres. Quien no debe, no es. Debo, luego existo”.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Eduardo Galeano nos enseñó a descubrir los mapas del alma y del tiempo

Eduardo Galeano (1940-2015)

Sevilla, 27/XI/2024

En este tiempo tan complejo en el que sobrevivimos a diario, navegando en mares procelosos de desafección y desencanto social, es importante descubrir los mapas del alma y del tiempo, porque nos pueden reconfortar en momentos difíciles. Eduardo Galeano nos ayuda en esta tarea tan noble y esperanzadora, con unas palabras preciosas que reproduzco íntegras a continuación, en este cuaderno de derrota, en lenguaje marino, pronunciadas al recibir el Premio Stig Dagerman, en Suecia, el 12 de septiembre de 2010, porque nos permiten descubrir el alma en mapas imaginarios, a modo de islas desconocidas todavía sin descubrir. Sobre todo, porque necesitamos encontrar mapas de paz interior que lleven el alma dentro:

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser solidario y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

En aquél acto leyó también algunos relatos breves de un libro muy querido por él, también por mí, El libro de los abrazos, aunque no he podido identificar cuáles fueron. A modo de búsqueda incesante por mi ardiente impaciencia, he elegido el primero, El Mundo, porque quizá sea una tarea apasionante identificar en los mapas del alma a las personas que son “fueguito” en sus vidas, quizás en las nuestras. Veamos por qué:

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
– El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Hoy, como en ocasiones anteriores, he comprendido por qué Galeano recibió ese premio. Me he acercado de nuevo a él y me ha encendido la luz que necesito ahora para descubrir mejor los mapas de mi tiempo y de mi alma. Le estoy muy agradecido. Esa es la razón de por qué comparto ahora su palabra.

NOTA: la imagen la recuperé en 2021 de Eduardo Galeano, la voz de América Latina – Blog (edufors.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

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¡Paz y Libertad!

Palabras para las 7291 personas mayores fallecidas durante la pandemia en Madrid, sin atención médica, a las que no olvido

Sevilla, 24/XI/2024

Ayer se celebró en Madrid una manifestación organizada por Marea de Residencias, con unos mensajes explicativos en su convocatoria que reproduzco a continuación por el respeto que merecen: ¡7291 murieron en las Residencias sintiendo el horror de no ser auxiliados! ¡Manifiéstate el 23 de noviembre! ¡7291 fueron abandonados, no los abandones tú también! ¡Por justicia, responsabilidades! ¡Por dignidad, derechos humanos!

Personalmente, no las abandono desde este humilde altavoz que busca siempre defender la dignidad humana y la lucha incansable por olvidar el olvido. Por este motivo, he vuelto a leer el resumen ejecutivo del Informe de la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid, publicado el pasado 15 de marzo, al que dediqué un artículo en este cuaderno digital, elaborado por la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid, reteniendo hoy en mi persona de secreto y en la de todos, que decía Ortega y Gasset, las palabras finales, porque exponen de forma contundente el camino que se debe andar para abrir vías que propicien una actuación positiva, de una vez por todas, del Ministerio Público, que permita exigir “justicia, investigación y no repetición: «Para terminar, en lo general, lo aquí expuesto exige una revisión a fondo del modelo residencial y de cuidados de las personas mayores y de las personas con discapacidad e insta a impulsar un cambio cultural y social de fondo sobre la relación que la comunidad debe tener con las personas mayores, una relación que rechace de plano la discriminación edadista instalada invisiblemente entre nosotros. En lo particular —objeto preciso de este informe—, se urge al Gobierno de la Comunidad de Madrid y a las autoridades del ámbito judicial, especialmente al Ministerio Fiscal, a que cumplan escrupulosamente con su deber de transparencia y de protección activa de los derechos fundamentales de las personas, investigando lo sucedido, determinando los responsables si los hubiere y acordando los resarcimientos a que hubiera lugar. Realizando el derecho a la verdad, con todas sus consecuencias«.

Informe de la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid

Como dije en mi artículo anterior, Un informe, imprescindible, para conocer la verdad de lo ocurrido en las residencias de mayores, en Madrid, la muerte de personas mayores por el «abandono» a su suerte, durante la pandemia en todo el país, pero especialmente en Madrid, debería seguir removiendo nuestras conciencias -más allá de las cifras frías- de una vez por todas y exigir responsabilidades políticas de todo tipo. Sentí una emoción especial al ver ayer a los manifestantes de la Marea de Residencias en Madrid, un grupo de personas, familiares fundamentalmente de personas mayores fallecidas durante la primera ola de la pandemia, manifestándose de nuevo para que no se olvide el olvido de los ocurrido durante la citada pandemia.

Como muestra de este recuerdo activo, está el documental «7291″, un documental dirigido por Juanjo Castro que habla sobre los fallecidos en las residencias de ancianos de la región durante la pandemia. Sobrevive en su lucha para que entre los circuitos de distribución cinematográfica en las salas del país, tarea que no está siendo fácil, a pesar de que es una muestra imprescindible para conocer de forma objetiva lo ocurrido en aquellos días. Como informaba ayer elDiario.es, «a mediados de octubre, ‘Marea de residencias’ y ‘7291: Verdad y justicia’, presentaron una nueva denuncia conjunta ante la Fiscalía Superior de Justicia de Madrid por la “discriminación sufrida” durante la pandemia. La denuncia fue presentada por 108 familiares de 115 residentes que vivían en 72 residencias distintas de la región y en ella se aportaba “documentación inédita” como “informes internos del Gobierno en los que se reflejaba la situación en la que estaban los geriátricos”, según explicaron las portavoces de las plataformas. Hasta el momento, la justicia ha cerrado todos los procedimientos iniciados al no acreditarse la comisión de delito alguno en relación a los protocolos de derivación de residentes».

Creo, a la luz del informe citado, que no hay que bajar la guardia en relación con este asunto de tanta transcendencia humana, personal, social y, también, de delimitación de responsabilidades políticas, caiga quien caiga, porque estos hechos no deberían quedar impunes. Es más, no deberían prescribir, ante la pasividad social de un país que está viviendo el ocaso de la democracia. Por esta razón de la razón y del corazón, público hoy esta reflexión, con objeto de que quien la lea contribuya a su difusión máxima, en homenaje a las miles de personas mayores que murieron por la indignidad política de quienes tomaron decisiones que avergüenzan cualquier conciencia en personas dignas. Por extensión, a sus familiares y a los profesionales que les ayudaron, como pudieron, a morir en medio de esta injusticia manifiesta.

Lean el informe, por favor, porque nos permite emitir juicios bien informados, no opiniones. Es lo mínimo que podemos hacer para contribuir al esclarecimiento final y justo de estos hechos. Colabore, por favor, en su difusión, porque en este caso, entre otros muchos, debemos olvidar este olvido. Soy consciente de que si se callan…, las personas que cantan, que componen, que escriben, que sueñan, que son blogueros o blogueras, o personas que ejercen una política digna, los y las artistas, o la ciudadanía anónima, con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano, se calla la vida y… la palabra, que aún nos queda.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Cada día hay más afiliados al Club de los cretinos vivos

Andrés Rábago, El Roto

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

Sevilla, 20/XI/2024

He leído en columnas y artículos de prensa recientes, varias referencias a una palabra que sobrecoge en estos momentos tan convulsos del país. Me refiero al adjetivo “cretino” o “cretina”, referido obviamente a personas y autoridades de este territorio patrio. En este contexto, recuerdo hoy que hace tan sólo tres meses que se cumplió el décimo aniversario del fallecimiento del actor Robin Williams, que nunca olvido en su papel del profesor John Keating, en “El Club de los poetas muertos”. En aquellos días escribí unas palabras a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el “carpe diem” particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario: “Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos”.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana. 

El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a personas o poetas como Luis Cernuda, que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran “personas cretinas vivas” que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad. “Lo cretino, en ti, no excluye lo ruin”, que dijo mi paisano, se puede aplicar perfectamente a los mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte de un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital: la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas. En este contexto también, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivosque no necesita más actualización que la de la referencia expresa a Trump en estos momentos delicados para el bien común o el interés general que proclama nuestra Constitución, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial y futuro presidente de los EE. UU., aunque sigue haciendo de las suyas a diario, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revésincluyendo líderes de nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la “gente de mal”, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado a continuación.

El club de los cretinos vivos

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpidonecio (que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidez, idiotez y falto de talento

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: “Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¿Qué pasa en el cerebro de las personas polarizadas, que mienten más que hablan para hacer daño a los demás?

Clara Pretus

En todas partes he visto / caravanas de tristeza, / soberbios y melancólicos / borrachos de sombra negra, / y pedantones al paño / que miran, callan, y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas. / Mala gente que camina / y va apestando la tierra…

Antonio Machado, He andado muchos caminos, 1903

Sevilla, 19/XI/2024 – 09:00 (UTC+1)

No es la primera vez que me aproximo a través de la ciencia a esta pregunta tan inquietante o lo que es lo mismo, ¿qué pasa por el cerebro de la personas que se convierten en agentes del mal? En los tiempos de maledicencia que estamos viviendo en la actualidad y que hemos podido comprobar de primera mano con  la DANA de Valencia, con mentiras y bulos para todos los gustos, por parte de instituciones y personas que las representan, medios de “incomunicación” y redes sociales muy próximas a las derechas ultramontanas, desinformación en estado puro, maledicencia expresa también a través de agentes anónimos del mal escondidos en esas redes sociales que la mayoría sabe cuáles son y quiénes son sus jefes, o los que sin ningún rubor dan la cara sin escrúpulo alguno, con fondos monetarios detrás de todo tipo que los financian, porque se sienten seguros a tenor de la desenvoltura con la que se mueven a diario, sin mezcla de control democrático alguno que amortigüe su maldad intrínseca, aparece algo de luz cuando leemos entrevistas científicas, como la que recientemente se ha publicado en el diario El País, con la neurocientífica Clara Pretus (Barcelona, 1988), que manifiesta sin ambages que  “hay agentes del mal que están sacando rédito al generar este nerviosismo”, estudiando “cómo las personas caen en el extremismo y cómo el cerebro procesa la desinformación en situaciones polarizadas”.

Me ha interesado entrar al detalle de sus manifestaciones y, sobre todo de sus trabajos antecedentes en este ámbito tan preocupante de la sociedad: “En su trabajo más celebrado, escanearon el cerebro de jóvenes que querían participar en actos violentos yihadistas para entender los mecanismos personales y sociales que activaban esa vocación. En un trabajo más reciente, lo que pusieron bajo la lupa fue la materia gris de votantes de Vox para entender por qué difundían mentiras en temas importantes para ellos, como la inmigración: lo que descubrieron es que al planteárselo se activaban áreas de su cerebro social. “No son las típicas zonas de toma de decisiones, sino las que sirven para inferir qué piensan los demás”, explica Pretus, de la Universitat Autónoma de Barcelona. Es decir, difundían bulos teniendo en mente la aprobación del grupo”.

Recomiendo la lectura de esta entrevista, pero adelanto algunas precisiones que me han preocupado bastante, en este caso como profesional de la salud mental, comenzando con la primera reflexión que se expone en la entrevista citada, vinculada expresamente a la DANA pasada: “Cuando estás en peligro, te vale más la pena creer cualquier información que pueda salvarte o que pueda favorecerte”, […] criticando a su vez algo que “se ha utilizado por varios actores políticos para sacar provecho”. Pretus sabe que en situaciones de peligro y ansiedad surgen actores interesados que saben que el uso de palabras de alta carga emocional nos “hackea el sistema nervioso. Debemos tenerlo en cuenta, porque cada vez habrá más emergencias de este tipo, muy propicias para la desinformación y sacar provecho político”, añade. En 2017 abordé ya esta realidad del “jaqueo” de cerebros humanos, cuando escribí que había leído “un artículo inquietante del historiador israelí Yuval Noah Harari, Los cerebros “hackeados” votan, con una entradilla demoledora: “Algunas de las mentes más brillantes del planeta llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para que pinchemos en determinados anuncios o enlaces. Y ese método ya se usa para vendernos políticos e ideologías”. En ese momento recomendé su lectura por activa y por pasiva, utilizando las redes al alcance de mis dispositivos móviles, porque consideré que era de lectura obligada ante la ingenuidad atómica que nos rodea. La verdad es que la lectura del artículo abría unos interrogantes que van dirigidos directamente a la línea de flotación de la humanidad. Creo que estamos avanzando históricamente con bastante falta de altura de conocimiento y libertad, no cuidando una inteligencia propia de los seres humanos a la que vengo llamando desde hace ya muchos años, inteligencia digital, que cubre el ciclo vital completo de todo ser humano, desde que nacemos hasta que morimos, porque nos va a acompañar siempre, llevando desde el equipamiento digital que corresponda a cada persona el manual de instrucciones para conocer el funcionamiento del gran artífice digital de la vida: el cerebro bien informado en mi yo y mis circunstancias.

Clara Pretus aborda también en su entrevista una cuestión fundamental: ¿por qué consumimos desinformación?: “para reafirmar nuestra pertenencia, no solo a nivel abstracto, sino también con nuestro entorno inmediato, la audiencia que tenemos en redes sociales. Estamos motivados a compartir información que sabemos que nuestra audiencia va a recibir bien y nos va a servir para reafirmarnos. Y esto es más importante cuanto más crítica es la información. Por ejemplo, en una emergencia o cuando es muy clave para la identidad de grupo”. Continúa abordando situaciones muy preocupantes en estos momentos y de extrema actualidad, tales como por qué se difunden los bulos de forma deliberada, la aparición de las estrategias de fact-checking (verificación de datos) combatiendo cada bulo, así como la necesidad de que se aprueben a corto plazo leyes contra los bulos.

La entrevista finaliza con una pregunta inquietante, acerca del ejercicio deliberado de desinformación que nos invade “para minar toda la confianza en las fuentes oficiales, ¿lo provocan porque cuando no se cree a nadie, se puede creer cualquier cosa?”. La respuesta de la doctora Pretus no está en el viento, pero plasma un presente muy preocupante: “Claro, todo el mundo está desautorizado, deslegitimado, como fuente de información. Es una muy buena estrategia para hacer un cambio de poder. Si tenemos un statu quo, unas instituciones que han estado décadas, es la mejor manera de dinamitar lo que hay”.

En este contexto expuesto por la doctora Pretus, acudo a la lectura del nuevo libro de Yuval Noah Harari, Nexus, autor al que sigo desde la publicación de Sapiens, una obra magna. La sinopsis oficial ayuda a comprender el hilo conductor de la nueva obra: “En Nexus, Harari contempla a la humanidad desde la amplia perspectiva de la historia para analizar cómo las redes de información han hecho y deshecho nuestro mundo. Durante los últimos 100.000 años, los sapiens hemos acumulado un enorme poder. Pero, a pesar de todos los descubrimientos, inventos y conquistas, ahora nos enfrentamos a una crisis existencial: el mundo está al borde del colapso ecológico, abunda la desinformación y nos precitamos hacia la era de la I.A. Con todo el camino andando, ¿por qué somos una especie autodestructiva? A partir de una fascinante variedad de ejemplos históricos, desde la Edad de Piedra, pasando por la Biblia, la caza de brujas de principios de la Edad Moderna, el estalinismo y el nazismo, hasta el resurgimiento del populismo en nuestros días, Harari nos ofrece un marco revelador para indagar en las complejas relaciones que existen entre información y verdad, burocracia y mitología, y sabiduría y poder. Examina cómo diferentes sociedades y sistemas políticos han utilizado la información para lograr sus objetivos e imponer el orden, para bien y para mal. Y plantea las opciones urgentes a las que nos enfrentamos hoy en día, cuando la inteligencia no humana amenaza nuestra propia existencia”.

Me quedo hoy con la última frase de la citada sinopsis: “La información no es el principio activo de la verdad; tampoco una simple arma. Nexus explora el esperanzador término medio entre estos extremos”. Es lo que busco ahora a bordo de mi patera virtual, en los mares procelosos de la desinformación, de la invasión de agentes del mal, convencido de que entre información y verdad anda el verdadero juego de la vida.

El cerebro contiene un instinto básico que nos lleva a actuar bien o mal con patrones construidos hace millones de años. La estructura cerebral reptiliana que todavía permanece en nuestro cerebro guarda un gran misterio de millones años que debemos descubrir. Es probable que de esta forma sufriéramos menos en el difícil día a día de nuestra existencia y comprendiéramos mejor nuestros propios actos sorprendentes y, lógicamente, los de los demás, aprendiendo día a día qué es la com-pasión (el sufrimiento con o junto a los otros). Básicamente en términos de responsabilidad personal y social, sabiendo que “responsabilidad” es la capacidad de dar respuesta individual o colectiva, con conocimiento y libertad entendidos como sus dos elementos esenciales, a cualquier situación que se nos presenta en el acontecer diario. Bien o mal, y hasta qué grado de compromiso o consecuencia, es harina de otro costal. Quizá, de un conjunto de estructuras cerebrales en funcionamiento permanente, sin descanso, que todavía no conocemos, bajo el mando del cerebro reptiliano todavía presente en las llamadas respuestas éticas.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!