¿Personas o programas?

ELECCIONES ANDALUCIA
El ideal democrático es la fe, continuamente puesta a prueba, en que los hombres y mujeres corrientes puedan elegir adecuadamente a aquellos que van a gobernar en su nombre, y en que aquellos que elijan puedan gobernar con justicia y compasión.

Michael Ignatieff, Fuego y cenizas

Se acerca el día de las elecciones al Parlamento de Andalucía. En la situación actual, surgen muchas preguntas a la hora de preparar ese momento transcendental de depositar en la urna -que no echar- la papeleta verde con la lista de personas que representan al partido elegido. La mayoría son grandes desconocidas, salvándose solo las que identificamos a través de los medios de comunicación.

El dilema está servido. Es una dialéctica muy importante a dirimir porque el marco electoral actual de listas cerradas no permite elecciones directas mediante procesos de primarias u otros más representativos. Sólo se permite la confianza en los aparatos de los partidos y en su militancia de acuerdo con sus correspondientes estatutos.

El contexto político actual cuestiona mucho a las personas que ejercen la política y ostentan cargos orgánicos y representativos. El problema radica en que no se debe generalizar porque parto de la base de que todos los partidos políticos no son iguales, ni sus militantes y representantes tampoco. A la hora de decidir prefiero decantarme por el programa más acorde con mi ideología y, sobre todo, mis creencias, porque no son inocentes. Ahora está casi mal visto hablar de derechas o izquierdas e incluso algún dirigente muestra actitudes vergonzantes al respecto, pero en este país está muy clara esta división marcada por la historia. Otra cosa es que se generalice de forma extrema y se piense que uno u otro no pueden hacer nunca nada destacable. Craso error. Lo que sucede es que aquí sí entran en liza los programas, porque nunca son iguales. En ellos se muestran las ideologías y las opciones a favor de la igualdad y la solidaridad o los que priman de forma manifiesta a los que más tienen. También, suele ser un buen índice de opción política las posiciones en los programas respecto de educación, salud y bienestar social, así como en la recaudación de impuestos para blindar los pilares de la democracia garantista de derechos y deberes ciudadanos. Porque los programas políticos no son inocentes.

En esta tarea estoy. Vuelvo a publicar los programas de los siete partidos con opciones de obtener representación política en el Parlamento andaluz(por orden alfabético):

Ciudadanos
Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía
Partido Andalucista
Partido Popular
Partido Socialista
Podemos
Unión Progreso y Democracia

Voy a identificar la relación más acorde del programa que elija con mis principios, porque no tengo otros obviando la famosa recomendación de Groucho Marx (Éstos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros…). Persigo sobre todo que le guste a mi alma de secreto y la de todos. Los políticos que representen finalmente mi opción programática y de creencias, procuraré seguirlos de cerca para participar activamente en la consecución de sus objetivos. Si no los cumplen, entendidos como resultados pretendidos, ejerceré la denuncia pública por canales democráticos, porque pertenezco al Club de las Personas Dignas, que cada día necesita más miembros activos para denunciar, mediante la política participativa, los silencios cómplices que tanto daño hacen a la democracia.

Sevilla, 13/III/2015

Atocha, una verdad incómoda que todavía está allí

11M
Monumento dedicado a las víctimas del 11 de marzo de 2004. Madrid.

Hoy se cumple el 11º aniversario de la tragedia de Atocha. Reproduzco a continuación el post que escribí en 2007, recordando que la verdad de lo ocurrido sigue estando todavía allí y aquí, al dictarse la sentencia de aquél terrible atentado.

Dedicado hoy, una vez más, a los familiares de las víctimas y a las personas que confían siempre en la búsqueda de la verdad y la paz, en cualquier ámbito de la vida, siendo conscientes de que el yihadismo está todavía aquí.

Sevilla, 11/III/2015

Atocha, una verdad incómoda

Cuando me he despertado esta mañana, la verdad estaba todavía allí (y aquí: en una sentencia ejemplar, en un juicio modélico, en la muerte sin sentido, real, en quienes lucharon por devolver vida a quienes se les escapaba en segundos de terror, en las personas y organizaciones que quisieron saber siempre la verdad machadiana, es decir, aquella que se busca en común, guardándose cada una, cada uno, la propia; en el Estado de Derecho, en aquellas personas afectadas por el atentado, que todavía no comprenden nada del absurdo de las creencias en algunos responsables del más allá que –paradojas del destino- hacen la vida imposible a los del más acá; en los silencios de los dioses a favor de la inteligencia humana, y en la democracia que se construye con las pequeñas acciones y cosas del día a día).

Cuando me he despertado esta mañana, la verdad estaba todavía allí (y aquí: he decidido cuidarla porque he crecido en las contradicciones de un país lleno de oportunidades en los últimos treinta años, que está más cerca de las culturas desconcertadas que de la educación para la ciudadanía).

Cierto.

Cuando me he despertado esta mañana, una verdad incómoda estaba todavía allí.

Sevilla, 4/XI/2007

Vota diferente

Sobre una idea forjada en un anuncio inolvidable de Apple publicado en 1997, ante unas elecciones transcendentales en Andalucía, el próximo 22 de marzo.

Pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos les ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, Andalucía, son los que logran hacerlo. Piensa… y vota de forma diferente.

Sevilla, 3/III/2015

Debemos cambiar el presente

La Fundación Vicente Ferrer ha presentado una campaña, “El poder de cambiar el presente”, a la que me quiero sumar a través de este cuaderno digital, porque considero que el presente en la India es todavía una isla desconocida. El detalle de la campaña se puede conocer a través del portal específico que la Fundación ha creado a tal fin. En síntesis, el resultado pretendido es superar cuatro situaciones especialmente preocupantes para asegurar el desarrollo de la India rural:

– En la India, la discriminación por motivo de castas afecta a 165 millones de personas.
– El 47% del total de niñas se casan, sin su consentimiento, antes de cumplir los 18 años de edad.
– 13 millones de niñas y niños se ven obligados a trabajar para subsistir en medio de la pobreza extrema.
– Casi 62 millones de niños y niñas sufren desnutrición crónica y retraso del crecimiento entre los 0 y 6 años.

En la zona donde trabaja la Fundación, el Estado de Anda Pradesh, no tienen casi nada millones de personas. Aquí, en España, en Andalucía, tenemos todavía la oportunidad de atender las situaciones difíciles de nuestro país, pero nada comparable con la realidad de millones de niñas y niños de la India que viven en la precariedad más absoluta. Debemos estar atentos este fin de semana a la petición puntual del Banco de Alimentos para nuestro país, para nuestra Comunidad Autónoma, claro que sí. Pero en India esperan también nuestra solidaridad, constante no sólo puntual, hecha magia a través del bindi (el círculo rojo pintado en la frente), un símbolo enraizado en la comunidad india para expresar que la vida sigue teniendo interés cuando va hacia adelante…, un símbolo de sabiduría, energía y positivismo, porque no solo podemos sino que debemos cambiar el presente, muchos presentes por cierto, incluso más cerca de lo que creemos.

Agradecería que si has llegado hasta aquí, te comprometas a seguir divulgando esta campaña por el medio que puedas, así como la del Banco de Alimentos de este fin de semana, hoy y mañana, para poder atender un presente de pobreza muy duro en Andalucía. No las olvides, por favor, aunque sea a través de la palabra, un poder extraordinario que debemos controlar para no convertirla en pura mercancía, en mano de los mayores opinadores y tertulianos del Reino, porque la necesitamos para alzar la voz y cambiar también con ella nuestros numerosos presentes.

Sevilla, 28/XI/2014

El Niño Jesús proletario

Dedicado especialmente a las personas que, como me pasa a mí cuando llega la Navidad, nos miramos a nosotros mismos y a nuestro alrededor, y nos preguntamos muchas cosas. Nada más.


Escenarios en Palestina, durante la preparación del rodaje de El evangelio según Mateo (Pier Paolo Pasolini, Il vangelo secondo Matteo, 1964)

Cuando finalizaba el verano, leí unas páginas excelentes de “pequeñas memorias”, escritas por José Saramago (1), que me sirvieron para pensar y soñar en una Navidad verdadera. Ahora, en estos días cercanos a la Navidad real de 2008, las he recordado de nuevo y las incorporo a este cuaderno para que tengan un lugar preferente durante estos días, dedicadas a cuantas personas me acompañan en esta singladura digital:

“En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros”.

El Niño Jesús proletario, el Niño Jesús de Saramago, es una imagen muy próxima a la realidad de la memoria histórica del acontecimiento que ahora, paradójicamente, justifica fiestas por doquier. Hace veinticuatro años, escribí un artículo para un periódico, que titulé “Ciudadano Jesús”, recopilado posteriormente en mi libro “Teatro de barrio”, en el que analizaba las grandes contradicciones de estas fechas y del que entresaco algunas reflexiones que siguen teniendo actualidad absoluta: “todo este montaje «dorado» se debe a que unos cronistas del siglo quinto antes de Cristo, comenzaron a tomar apuntes de un hecho sociológico interesante en sí mismo: el empadronamiento y, en un momento dado de la historia, el ordenado por el emperador romano César Augusto. José y María de Nazareth, ciudadanos responsables, buenos demócratas en su sentido primigenio, acuden a empadronarse a Belén, en hebreo «casa del pan», y allí, fuera del drama que siempre nos han pintado del rechazo a la familia «sagrada», al no encontrar sitio en la posada porque estaba hasta los topes, debido al empadronamiento masivo, se le cumplen los días a María, «estaba cumplida», y nace Jesús, niño-ciudadano, en el acto de empadronamiento de sus padres. María estaba loca de contenta por las cosas «maravillosas» que los pastores decían del «niño». Había también por allí una profetisa anciana de nombre Ana, que conocía muy bien a la gente del Templo, y hablaba a todo el mundo de las cosas del niño. Y Jesús comenzó su vida normal, creciendo en todos los sentidos. El cronista de la época ha sido muy escueto en sus manifestaciones, pero constituyen en sí mismas un dato muy importante para la humanidad: es necesaria la revolución en las épocas de estancamiento social, de aburguesamiento en todos los sentidos”.

Y finalizaba el artículo con unas palabras que sigo suscribiendo de forma íntegra y que después de tantos años podrían ser anunciadas a los cuatro vientos como avisos para navegantes digitales pre-ocupados [sic, con guion] con un Niño Jesús proletario que no está en los cielos…: “Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña”.

Vuelvo a abrir el libro de las pequeñas memorias de Saramago por las páginas 107 y 108, buscando el final de esta microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión de cierre y recuerdo de aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aún dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios…. Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús.

Sevilla, 21/XII/2008

(1) Saramago, J. (2008). Las pequeñas memorias. Madrid: Punto de Lectura, p. 107.