La esperanza todavía estaba allí

El día 23 de marzo de este año, a las nueve de la noche, escribí unas líneas sobre el alto el fuego de ETA y lo entregué a la red de inteligencias digitales, sabiendo que entraba en vigor tres horas después. Terminaba mi pequeña contribución digital al principio de la esperanza con un símil en relación con el cuento más breve y más famoso de Augusto Monterroso: cuando despertamos, después de entrar en vigor el alto el fuego de ETA, la esperanza todavía estaba allí… Hoy, cuando he conocido la realidad del nuevo atentado de ETA, a las nueve de la mañana, no tuve duda alguna sobre su autoría y de que el final del cuento, colorin, colorado, para muchos se ha acabado…

Personalmente, no comparto estos finales de amargura. Sigo creyendo que la esperanza merece ser trabajada sin descanso, en alta disponibilidad para construirla segundo a segundo. Desde esta situación comunicativa, conectiva, deseo contribuir con palabras de concordia, de paz y de esperanza renovada, afirmando con mi conducta que la paz es posible, que otro mundo puede ser una realidad, pero que hay que empezar por los movimientos celulares, otra vez. Cuando en épocas pretéritas luchábamos por cambiar el país, contra la dictadura, teníamos que trabajar en el silencio a gritos de la lucha boca a boca y puerta a puerta. Conozco bien este tipo de trabajo y no hablo de memoria.

En relación con el final de ETA, creemos siempre que todo radica en un territorio, lejano a veces, “en los vascos”, despreciando el hecho de que la violencia solo se puede erradicar cuando crecemos todos en códigos de paz. Si no, nos engañamos todos, porque hoy es ETA pero mañana puede ser otra forma de terrorismo, el machista, por ejemplo, o el de los mensajes de programas llamados de realidad, donde se permite que un protagonista “gran hermano” proclame a los cuatro vientos que los homosexuales son enfermos y que los gitanos, los negros y los moros son seres inferiores y que a las mujeres ó se les paga el sexo de una vez ó se les prorratea el precio. Todo rodeado de risas, gestos, recriminaciones, máquinas de no se sabe qué verdad, anuncios por doquier, donde a una dirección de cadena televisiva parece que no le importa nada este terrorismo televisivo, que deja tantas víctimas en el camino, en el silencio cómplice, porque al final, ganar dinero es lo único que funciona. Por eso creo que debemos luchar en el cuerpo a cuerpo de la paz, la que muchos entendemos y queremos. Porque el estallido de una furgoneta bomba es para muchos una mera noticia, para otros, los que viajan hoy en Madrid y tienen que estar en la Terminal T-4 de Barajas, un fastidio, para la oposición un consabido “ya lo veníamos diciendo: a ETA ni agua”. Y a los que nos llaman “idealistas redomados”, les pediría, por favor, que nos permitan seguir creyendo en personas que aún equivocándose pretenden devolvernos a todos segundos de paz. Hablar de días o de nuevos tiempos, francamente, es mucho.

Nos conformamos con menos. Porque sabemos lo que cuesta crecer en paz y armonía en el día a día.  Y porque a pesar de lo ocurrido hoy en Barajas, bien vale seguir luchando por la paz duradera, en la de las pequeñas vidas, en la de las pequeñas cosas.

Sevilla, 30/XII/2006

Ciudadano Jesús

Hace veintidós años escribí este artículo en un periódico de Huelva, La Noticia, muy querido por mí, y siempre lo he recordado en cada navidad posterior. Hoy lo entrego a la comunidad digital de Internet, como símbolo de respeto a una tradición pero que sigue vigente para mí sólo por la quintaesencia, no los fárragos, de la personalidad cercana de Jesús, como ciudadano en el mundo, en una parte crucial de su interesante pasado.

Hoy, veinticuatro de diciembre de 1984, es un día más para gran parte de la humanidad. La quintaesencia del recuerdo del renacimiento de Jesús de Nazareth está en el olvido de un progreso cultural cuestionado por días. Hoy se inician vacaciones, fiestas, se intercambiarán regalos y se consumirá en cotas insospechadas el turrón más caro de España (así aparece en los anuncios)… Hoy, veinticuatro de diciembre de 1984 seguirá clamando en nuestros oídos la realidad tangible del sinsentido de la pobreza o miseria. Este mes de diciembre que transcurre en medio de situaciones dolorosas para la humanidad es en sí mismo una pura reflexión. Etiopía, Chad, San Juanico, Bhopal, Afganistán, son una pregunta dura a la simbología cultural de la Navidad, de cualquier día del año que pasa, del año que viene.

A pesar de todo, estamos en las fiestas navideñas. Un todo cada vez más aceptado y asumido en la tranquilidad de la mesa de camilla y del colchón multielastic. Un todo de intranquilidad manifiesta, no latente, de una humanidad que se encuentra en una situación de desconcierto y sinsentido preocupante. Las mejores fotos del año suelen ser de miseria, de hambre, fotos que ganan grandes premios por traernos ante los ojos al niño más triste del globo o a la madre más desconsolada que se pueda encontrar, horrorizada ante los cadáveres de los hijos maltratados por la guerra.

Y en medio de todo el marco incomparable de la sociedad de consumo, utilizando su propia fraseología de las fiestas de diciembre, se trabaja la necesidad de la paz, concordia, buena voluntad, amor, sabiendo utilizar la paga extraordinaria y el toque del perfume que subyuga al amanecer del día veinticinco, después de una juerga nocturna donde todo está permitido, todo autorizado «porque estamos en Navidad». Y todo este montaje «dorado» se debe a que unos cronistas del siglo quinto antes de Cristo, comenzaron a tomar apuntes de un hecho sociológico interesante en sí mismo: el empadronamiento y, en un momento dado de la historia, el ordenado por el emperador romano César Augusto. José y María de Nazareth, ciudadanos responsables, buenos demócratas en su sentido primigenio, acuden a empadronarse a Belén, en hebreo «casa del pan», y allí, fuera del drama que siempre nos han pintado del rechazo a la familia «sagrada», al no encontrar sitio en la posada porque estaba hasta los topes, debido al empadronamiento masivo, se le cumplen los días a María, «estaba cumplida», y nace Jesús, niño-ciudadano, en el acto de empadronamiento de sus padres. María estaba loca de contenta por las cosas «maravillosas» que los pastores decían del «niño».

Había también por allí una profetisa anciana de nombre Ana, que conocía muy bien a la gente del Templo, y hablaba a todo el mundo de las cosas del niño. Y Jesús comenzó su vida normal, creciendo en todos los sentidos. El cronista de la época ha sido muy escueto en sus manifestaciones, pero constituyen en sí mismas un dato muy importante para la humanidad: es necesaria la revolución en las épocas de estancamiento social, de aburguesamiento en todos los sentidos.

La clave de Jesús estaba en su presencia como revulsivo ante los conformismos manifiestos. Toda su vida está llena de intervenciones puntuales en determinadas problemáticas personales y sociales de sus paisanos o ciudadanos próximos. Viene a llamar las cosas por su nombre, que además en hebreo o arameo, tiene una importancia vital. A Jesús de Nazareth se le ha situado tan alto que para muchos no hay posibilidad de entenderlo en su justo sentido. Quizás el cronista Marcos ha sido el más sencillo de todos los profesionales de la época para traemos a la lectura actual una figura de Jesús rica en contenidos humanos. Su enseñanza con autoridad es entendida en contraposición a los profesionales de la fe de su época, es decir, se le notaba que lo que decía era importante para el mismo Jesús, en vocabulario actual, «se lo creía»… a diferencia de los «jefes espirituales» de siempre, que ya no convencían a nadie por su falta de testimonio y compromiso con los sencillos, pobres, marginados y enfermos psíquicos o sociales que les rodeaban a diario.

Para un intérprete progresista de la fe, lo lógico era sufrir los reveses del poder vigente. Su muerte estaba anunciada de antemano. Nadie se debía escandalizar. Molestaba y. no interesaba. Y sabía que al final se iba a quedar solo. Así fue. Así se hizo. Muchos les delataban.

Se podía convertir en un desaparecido cualquiera. Y al fin, este hombre molesto para la sociedad vigente, es eliminado por el procedimiento de la época. La misma autoridad que empadrona, es la autoridad que mata, apoyada por la institución religiosa, por la muchedumbre aborregada, que compara a Jesús con Barrabás. Esa es su miseria.

Esta Navidad podía ser algo diferente. No sería bueno entrar en maniqueísmos desfasados, pero sí sería conveniente no malinterpretar el contenido revolucionario del mensaje del ciudadano Jesús. Con normalidad, con alegría, con coherencia, pero sabiendo de antemano que trabajar en su ideología y actitud de creencia lleva indefectiblemente a encontrarse de lleno con la actitud oceánica de la sociedad actual, donde el oleaje de consumo, violencia y desprecio humano suele ser el acicate para todo aquel que prescinde de la realidad del compañero. Porque nuestro sistema democrático vigente debe mucho al ciudadano Jesús, sobre todo a su actitud ante la necesidad de cambiar una sociedad tranquilizada con el bienestar codificado por las multinacionales de la alegría navideña.

Sevilla, 24/XII/2006

Cerebro y género: 66 palabras

Otra vez: “Una mujer muere apuñalada en Ronda presuntamente a manos de su ex marido. Con este crimen, son ya 66 las mujeres muertas a manos de sus parejas en 2006”.

De nuevo, siento la necesidad de seguir trabajando científicamente para identificar la realidad cerebral de la mujer y divulgar su identidad neuronal, su inmenso valor anatómico, en un esfuerzo denodado por transmitir el conocimiento integral del cerebro de mujer para enriquecer contenidos didácticos en Escuelas, Institutos, Universidades y Centros de trabajo sobre la maravilla de su corteza cerebral. Para que las valoren y no las maten.

Sevilla, 22/XII/2006

Género y vida

Cerebro y género

Llevo dando vueltas en mi corteza cerebral a la idea de escribir un post sobre el cerebro de la mujer. He estudiado a fondo esta realidad incuestionable y ayer se disparó la necesidad de entregar este conocimiento conectivo a la Noosfera digital al leer un artículo de Maruja Torres que me dejó muy intranquilo. Llevaba por título Almas, cerebros y ferretería y reflexionaba con su proverbial ironía sobre un “pequeño calendario de cartera –puede así acompañarte a todas partes– para el año 2007 que está siendo repartido graciosamente a sus clientes por la importante firma Bonaire Ferretería, con delegaciones en Denia, Benissa, Calpe y Benitachell (firma que dispone de una página web bastante minuciosa, muchas entradas en Google y hasta un jefe de Recursos Humanos), en cuyo revés figura el dibujo de un cerebro con sus correspondientes compartimientos e indicaciones… El Calendario Bonaire 2007 está específicamente dedicado a “El cerebro de la mujer”, y si quiere usted ponerse en contacto conmigo le facilitaré una fotocopia, pues sin duda abismará sus conocimientos”. La verdad es que reproduce los estereotipos machistas de viejo y nuevo cuño que no deberíamos permitírnoslo una parte de la  sociedad que lucha a diario por no dejar ni un segundo de respiro a las conductas trasnochadas e impresentables hacia la mujer por el mero hecho de serlo. Y además, atacando a la sede de su inteligencia, el cerebro, donde según este calendario nos cuenta Maruja Torres lo siguiente: “Por ejemplo, ¿sabía usted que una parte nada desdeñable de nuestra masita encefálica –femenina, insisto– la dedicamos a pensar en Zapatos? ¿Que la zona central la ocupa el apartado Generador de Dolores de Cabeza? ¿Conoce nuestros sectores Compras Compulsivas, Sensores para detectar Oro y para obsesionarnos con Aniversarios y Cumpleaños? ¿Ignoraba que tenemos el Centro limpieza de Inodoros tan reducido, pobrecillas, como el de Conducción de Vehículos y como la Glándula de iniciativa en el Sexo? Por fortuna nuestro cerebrín –siempre según el gabinete del doctor Bonaire– dedica gran espacio al Centro del Rumor y el Cotilleo, a Habla, Habla, Habla; muestra bastante buen olfato para Todo lo que Brilla y goza de un buen reducto de Memoria para Telenovelas. Del tamaño de la glándula Ya te lo dije tampoco nos podemos quejar”.

Pasada la primera dosis de indignación, me he puesto manos a la obra y hoy voy a empezar una serie de publicaciones en este cuaderno para exponer las principales características diferenciadoras del cerebro humano que el estado del arte de las neurociencias nos aportan en nuestros días y que seguro pueden ayudar a contrarrestar con el conocimiento lo que desgraciadamente traduce una forma de estar en el mundo machista e impresentable que siempre ha atacado a la quintaesencia de la mujer a través de almanaques y calendarios, grandes y pequeños, cuestión por cierto digna de estudio.

La primera cuestión a dilucidar es que nos encontramos ante una realidad anatómica que es irrefutable: no existen dos cerebros iguales, ni existen cerebros de hombres y mujeres iguales, es decir, de las mayores maravillas que nos ha transferido la historia del primer ser humano que pensaba y hablaba, hace casi cincuenta mil años, es que cada cerebro es una realidad distinta y programable, digna de ser conocida en su individualidad, generador de derechos y negación incuestionable de ser tratado con la etiqueta de mercancía (peligrosa, por supuesto). Las posibilidades de cada cerebro humano, son multimillonarias en generación de grabaciones de la realidad interna y externa a través de un mecanismo complejísimo y que pertenece tanto al hombre como a la mujer. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron entonces, en ese marco temporal, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin”. Reelin de hombre, reelin de mujer, idéntica posibilidad de ser inteligentes. Cien mil millones de posibilidades de ser personas, en igualdad.

Se han estudiado las regiones del genoma humano, una vez establecidas las comparaciones entre los genomas de humanos, chimpancés y otros vertebrados (animales más o menos próximos en la evolución a nosotros) para identificar elementos que hayan contribuido a cambios evolutivos rápidos, que son los realmente importantes, limitándose la investigación a la zona más relevante, la denominada HAR1. Esta zona forma parte de dos genes. Uno de éstos, el HAR1F, es activo en un tipo de células nerviosas, las neuronas Cajal-Retzius, que aparecen pronto en el desarrollo embrionario (entre la séptima y la decimonovena semana de embarazo) y juegan un papel crítico en la formación de la estructura de la corteza cerebral humana. Estas neuronas son las que liberan la proteína “reelin”, que guía el crecimiento de las neuronas y la formación de conexiones entre ellas. El gen identificado (HAR1F) se expresa [sic] junto con la “reelin”, que es fundamental a la hora de formar la corteza cerebral humana, lo que habla más a favor de su importancia en la evolución. En manifestaciones de David Haussler, director del Centro de Ciencia e Ingeniería Biomolecular de la Universidad de California en Santa Cruz e investigador del Instituto Médico Howard Hughes: “No sabemos qué hace, y no sabemos si interactúa con la “reelin”. Pero la evidencia sugiere que este gen es importante en el desarrollo cerebral, y que es emocionante porque la corteza humana es tres veces mayor que la de nuestros predecesores (…) Algo hizo que nuestro cerebro se desarrollara mucho más y que tuviera muchas más funciones que los cerebros de otros mamíferos.

Además, este salto cualitativo que intentaremos descifrar en sucesivas “entregas digitales”, ensalza a la mujer como la auténtica portadora de la viabilidad del cerebro humano, sabiendo además que alcanza su desarrollo más perfecto en los meses de gestación en el vientre materno y que ya viene “programado” para su existencia particular. Leía recientemente en National Geographic, en un reportaje sobre La Mente, de James Shreeve (1), al abordar las circunstancias que rodeaban una intervención en el cerebro de una paciente (Corina) con un tumor cerebral en el lóbulo frontal izquierdo que: “Por lo que se refiere al crecimiento cerebral, los nueve meses que pasó en el vientre materno fueron una hazaña de desarrollo neuronal de dimensiones épicas. Cuatro meses después de la concepción, el embrión que iba a convertirse en Corina estaba produciendo medio millón de neuronas por minuto, que a lo largo de las semanas siguientes migraron al cerebro, hacia destinos específicos determinados por señales genéticas e interacciones con las neuronas adyacentes. Durante el primero y el segundo trimestre de su gestación, las neuronas comenzaron a tender tentáculos entre sí, estableciendo sinapsis (puntos de contacto) a un ritmo de dos millones por segundo”. Sigue narrando, posteriormente, esta apasionante aventura del cerebro humano: “Tres meses antes de su nacimiento, Corina tenía más células cerebrales de las que volvería a tener en toda su vida: una sobrecargada jungla de conexiones. Muchas más de las que necesita un feto en el ambiente cognitivamente poco estimulante del útero, muchas más incluso de las que necesitaría de adulta”.

Con esta introducción al rol de la mujer como creadora de cerebros humanos, se empiezan a despejar dudas sobre su importante función en la generación de calidad humana. Por eso estoy convencido de que si comenzamos a divulgar conocimiento científico sobre la realidad de la mujer como portadora y creadora de conocimiento y de corteza cerebral, es probable que los humos machistas comiencen a aflorar los silencios del desconocimiento e ignorancia supina que muchos hombres tienen sobre la auténtica capacidad del cerebro de la mujer. Extraordinario aprendizaje.

Hasta el mañana próximo, compartiendo el conocimiento cerebral de género.

(1) Shreeve, J. (2005). La Mente. National Geographic, Marzo, 2-27.

Sevilla, 19/XII/2006

Género y vida

Persona del año

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Me han llamado la atención los titulares que aparecen hoy en todos los periódicos del mundo y en los medios de comunicación, en general, por la portada de la revista TIME, en su próxima edición: Tú. Hace alusión a que todos los que estamos convencidos de las bondades de los sistemas y de las tecnologías de la información y comunicación, hemos sido elegidos “personas del año”. La verdad es que es un reconocimiento que se convierte inmediatamente en producto, mucho más con la presión mediática actual de Risto Mejide (el personaje estrella de Operación Triunfo), al que todas las semanas esperan con ardiente impaciencia millones de personas de este país, de teledivertidos y telesufridores (cada uno se divierte y sufre como puede y sabe…), para escuchar frases que muchos sienten y que a otros ofenden, porque dados los actuales convencionalismos sociales prefieren quizá no decirlas ni aceptarlas, en sus formas, en los tiempos que corren. Todo es producto, hasta la forma de ser persona, mucho más desde lo televisivamente correcto. Casi nada, derechos, porque en la sociedad que nos toca vivir y experimentar día a día, si no “consumes los productos” estás fuera de la ley… de mercado, de las gafas y pose de Risto, como símbolo, para entendernos.

Por eso, cuando me han dado la oportunidad en el periódico digital El País.com de opinar sobre la noticia de Time, he escrito a las 14:00:36:

El movimiento celular que genera Internet y el de los cuadernos de bitácora es una nueva oportunidad para alcanzar libertad de expresión y conductas de proactividad para ser más felices. Si además se puede compartir algo, en cualquier momento, será mejor que tener que hacerlo porque el mercado nos dice que es Navidad, por ejemplo. No, es Internet.

Es decir, no me conmueven estos productos, mucho más cuando cada año se eligen personas que no son un ejemplo a seguir. A la historia de Time me remito. No es inocente, porque compartir estas mieles con determinados personajes que también han sido declarados personas más influyentes del año 2006, me hace temblar. Sinceramente, prefiero ir al puente de mando de mi barco “La Isla desconocida II” y navegar por Internet con la ilusión puesta en aprender a compartir con otras y otros navegantes, pensamientos y sentimientos alojados en un lugar muy concreto de nuestros cerebros y de los que todavía nos asombraremos más al saber cómo se construyen a través de la inteligencia digital.

Sevilla, 17/XII/2006

Cumpleaños de una declaración de principios

Pasado mañana cumplo un año como piloto de este cuaderno de bitácora. Han ocurrido muchas cosas en trescientos sesenta y tres días, en torno a la experiencia que inicié el 11 de diciembre de 2005, al asomarme a una pequeña ventana del mundo Internet y compartir las hojas escritas de mi blog escribiendo sobre pantallas en el blanco del a priori en red, con el riesgo comprometido que adquirí un día muy lejano en el tiempo, muy cercano en el alma, por la lectura compartida con Ítalo Calvino. Era una aventura hacia lo desconocido, en la clave de Saramago, aprendida de un pequeño texto fantástico, programático, paradigmático y mágico, El cuento de la isla desconocida, en el que nunca tuve duda alguna sobre el barco que me podía llevar a una isla, mejor, a muchas islas, que forman parte de un archipiélago digital, extenso y comunicado en todas las direcciones posibles. Y he descubierto que esta configuración del mundo solo es posible a través del mar digital de Internet.

Y escribo desde un puerto firme, de salida, donde he recalado hasta doscientas veces, en el ejercicio del compromiso con la esfera de la inteligencia, porque el oleaje que practico es el de la inteligencia digital. En la singladura anual he descubierto mundos con islas desconocidas:

1. La inteligencia digital permite gobernar los barcos que se consiguen pilotar llamando a las puertas de las peticiones soñadas y saliendo después por las puertas de las decisiones, para navegar y descubrir islas desconocidas.
2. La inteligencia está en islas por descubrir pero que ya están. Así lo reafirma la ciencia y este año me ha permitido descubrir islas cerebrales que nos permiten justificar la inteligencia. El sistema límbico alojado en la parte más central del cerebro nos va ofrecer sorpresas muy gratas para la felicidad humana cuando lo interpretamos bien y todo el mundo lo conozca. Es una isla por descubrir, científicamente hablando.
3. La importancia de la isla digital, en cualquiera de sus representaciones para las personas, manifiestan la necesidad de compartir el descubrimiento, porque permiten que seamos más inteligentes, más capaces de resolver problemas cotidianos, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Basta reflexionar sobre los beneficios del teléfono móvil y del mando a distancia.
4. Estoy empeñado en que muchas personas conozcan este barco (Internet) y esta posibilidad de navegar. Me emocionó el fragmento del cuento de Saramago que decía así, en un diálogo crucial entre el rey el hombre que pide el barco, para entender este mensaje: Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, Entonces no te doy el barco, Darás. Al oír esta palabra, pronunciada con tranquila firmeza, los aspirantes a la puerta de las peticiones, en quienes, minuto tras minuto, desde el principio de la conversación iba creciendo la impaciencia, más por librarse de él que por simpatía solidaria, resolvieron intervenir en favor del hombre que quería el barco, comenzando a gritar. Dale el barco, dale el barco. El rey abrió la boca para decirle a la mujer de la limpieza que llamara a la guardia del palacio para que estableciera inmediatamente el orden público e impusiera disciplina, pero, en ese momento, las vecinas que asistían a la escena desde las ventanas se unieron al coro con entusiasmo, gritando como los otros, Dale el barco, dale el barco. Ante tan ineludible manifestación de voluntad popular y preocupado con lo que, mientras tanto, habría perdido en la puerta de los obsequios, el rey levantó la mano derecha imponiendo silencio y dijo, Voy a darte un barco, pero la tripulación tendrás que conseguirla tú, mis marineros me son precisos para las islas conocidas.
5. La experiencia del cuaderno de bitácora se enriquece con la lectura de los post. Y los lectores son la tripulación de esta nave. Y hay que conseguirla, en el terreno de los derechos para vivir, contratarla en el argot de mercado. Y aquí nace la voluntad ética de contar con personas que quieran compartir la aventura en régimen de libertad. Cuando alguien ha leído mi post y ha dejado un comentario sé que le ha interesado conocer la aventura. Más interesante me parece el lector desconocido en la clave que expongo. Tripulantes desinteresados pero comprometidos con una forma de navegar en la vida, pero a los que no conozco en su interés. Casi setenta y cinco mil en un año. Y solo queremos navegar bien y seguros…
6. Me ha ilusionado crear un espacio denominado Género y vida, dedicado a la mujer. Cada vez que me ha dolido el daño que hace la humanidad a la mujer y que así lo he sentido, he navegado contracorriente de la vida y he gritado a los cuatro vientos del mar de Internet que algo tenemos que hacer, por pequeño que sea, para detener esta contrainteligencia humana, vinculada a los hombres que hacen daño a las mujeres, fundamentalmente porque quieren ser libres y dejar de barrer los palacios de hombres-rey. Y vuelve Saramago a escribir en su cuento:  La aldaba de bronce volvió a llamar a la mujer de la limpieza, pero la mujer de la limpieza no está, dio la vuelta y salió con el cubo y la escoba por otra puerta, la de las decisiones, que apenas es usada, pero cuando lo es, lo es. Ahora sí, ahora se comprende el porqué de la cara de circunstancias con que la mujer de la limpieza estuvo mirando, ya que, en ese preciso momento, había tomado la decisión de seguir al hombre así que él se dirigiera al puerto para hacerse cargo del barco. Pensó que ya bastaba de una vida de limpiar y lavar palacios, que había llegado la hora de mudar de oficio, que lavar y limpiar barcos era su vocación verdadera, al menos en el mar el agua no le faltaría. No imagina el hombre que, sin haber comenzado a reclutar la tripulación, ya lleva detrás a la futura responsable de los baldeos y otras limpiezas, también es de este modo como el destino acostumbra a comportarse con nosotros, ya está pisándonos los talones, ya extendió la mano para tocarnos en el hombro, y nosotros todavía vamos murmurando, Se acabó, no hay nada más que ver, todo es igual.
7. El 10 de diciembre de 2005, contraté mi dominio (me dieron el barco…) y diseñé el cuaderno de bitácora, siguiendo las instrucciones del rey: que el barco navegara bien y que fuera seguro. Y aprendí que aunque no era un hombre de Internet, quería serlo, aprender este nuevo lenguaje de los blog, un medio que me respeta y que me ayuda a respetar a los demás, porque el lenguaje creo que lo conozco y puede ser un buen medio para hacerme a la mar digital. Y recordé una frase preciosa del cuento: todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas. Y esta isla me fascinó, por sus inmensas posibilidades por descubrir. Y me hice a la mar y desembarqué en ella. Cada día que pasaba abría con la ilusión del primer día la página de estadística de accesos. Y he descubierto que tengo deuda ética con setenta y cinco mil personas, que acceden a esta navegación, que posiblemente están todavía en las puertas de los regalos ó en las de las peticiones, pero que posiblemente un día han pensado en una actitud muy inteligente, con inteligencia digital, que merecía la pena traspasar el umbral de la puerta de las decisiones para embarcar en esta nueva forma de hacerse al mar de la libertad. Porque el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Porque la mujer de la limpieza quiere ser libre aún en lo desconocido, baldeando barcos de libertad.
8. Y me hice con una carabela digital, elaborada de forma colaborativa por nuevos carpinteros de ribera digital: wordpress. Es muy recomendable, porque sufre arreglos y adaptaciones y se curte con los aires marinos de Internet.
9. Me he dado cuenta que es difícil encontrar tripulación, porque mucha gente piensa que ya no hay islas desconocidas. Y por otra parte asisto al espectáculo diario de cómo se hacen a esta mar millones y millones de personas que se hacen al océano de Internet a sabiendas que el mayor coste es mantener el rumbo, día a día, para no morir en el intento. Ahora somos unos sesenta millones de capitanas y capitanes, a veces grumetes intrépidos, que luchamos por buscar islas desconocidas y explorar su existencia real y efectiva.
10. He aprendido a lo largo del año que salir al mundo Internet, aún cuando sientas la tentación de Groucho, de querer bajarte en un momento dado del mismo, es una experiencia extraordinaria y con mucha carga vital: Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual.   

Y he decidido ampliar el horizonte de miras del cuaderno de bitácora, con nuevas y blancas letras: cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas… Es lo que hicieron los protagonistas del cuento de Saramago al finalizar su microhistoria y, quizá, la tuya y la mía, la vuestra, queridos tripulantes digitales: Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma.

Con mi agradecimiento personal e intransferible.

En Sevilla, a 9 de diciembre de 2006, porque todavía me dedico al acopio de avíos en tierra para poder navegar mejor.