Educación para la ciudadanía, para ESO (II)

El análisis comparado de esta materia lo ha puesto muy fácil hoy el diario El País en el reportaje que bajo el título Educación para la Ciudadanía a la carta, publica a doble página en su sección de Sociedad: “Un total de 218.000 adolescentes de 14 y 15 años estrenan este mes la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Lo harán en siete comunidades autónomas: Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Cataluña, Extremadura y Navarra, ya que la Ley Orgánica de Educación (LOE) permite una entrada gradual —entre este curso y el próximo— a los contenidos de la asignatura más polémica de la historia educativa reciente” (1). Y aborda un análisis somero de los planteamientos generales y más controvertidos en el desarrollo de la disposición que regula sus contenidos básicos.

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La paloma de la paz. Pablo Picasso, 1949

Personalmente, con esta serie comentada solo pretendo marcar unas pautas de conducta crítica e inteligencia conectiva ante un hecho social sorprendente. Es una sencilla colaboración social y digital que nace de la responsabilidad como ciudadano que está muy pre-ocupado (con guión) con la falta de educación (para la ciudadanía) existente en nuestro país y que es un clamor popular, aunque no se quiera reconocer de forma abierta por temor a ser “descubiertos” existencialmente. Y ante oportunidades como la que nos brinda la posibilidad de que se pueda impartir esta asignatura, con contenidos básicos aprobados democráticamente en el estado de derecho que compartimos, no quiero dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre la necesidad de conocer primero de qué estamos hablando. Por eso me dirigí a un Centro comercial, compré tres libros de texto de diferentes editoriales y autores, y sabiendo que ninguno es inocente (no puede ni debe serlo cuando hablamos de la vida en común-unidad), me he impuesto la tarea ética de leerlos primero y entrar de lleno en ellos. Para hablar con propiedad, no de memoria; para apoyar su implantación, a todas luces necesaria y urgente.

He comenzado con el texto de Santillana, atraído por una persona del equipo de edición, Carmen Pellicer, que me ha parecido siempre una persona sensata y muy libre de prejuicios, confesionalmente declarada como teóloga católica y de la que espero conocer con detalle, mediante esta lectura, los contenidos que aborda en “su” libro, puesto a disposición de adolescentes de 14 y 15 años, en determinados Centros que lo han elegido como libro de texto.

Mi primera impresión general es que está elaborado en un marco de respeto integral a la realidad de nuestro país, sin maquillaje alguno estadístico y trasnochado. Como metodología me parece muy bien estructurado, arranca con tres preguntas trascendentales que ya expuse en el post introductorio de esta serie, para pasar inmediatamente al índice estructurado siempre de la misma forma a través de diez Unidades o proyectos, con catorce páginas por Unidad, con una distribución de contenidos por Unidad que se repite a lo largo de todas las páginas del texto: Doble página de presentación, Texto explicativo, Para tu reflexión, Debate, Solidarios, Construir mi visión personal y una Lectura de orientación. Siempre la misma estructura, donde vemos que destaca sobremanera el sometimiento de cada epígrafe a la reflexión personal y colectiva, la necesidad de debatir todos los asuntos que se exponen, incorporar la solidaridad como una seña de identidad de la ciudadanía, necesidad de construir permanentemente una visión personal de lo que sucede en mi alrededor ciudadano y finalizar con un hábito a incorporar a la vida cotidiana: aprender a leer adecuadamente, interpretando lo que se quiere decir desde diversas ópticas y prismas de captación de la realidad en la que nos toca vivir. Excelente, como punto de partida, porque la vida nos va a pedir probablemente un patrón similar en la convivencia y existencia diaria.

Esta es la formalidad de un comienzo. Pero, ¿y los contenidos que se recogen en estos epígrafes? Vamos a ello. Comienzo mi lectura por la Unidad primera: Aprendemos a ser ciudadanos y, probablemente, a hacer un alto en el camino para verificar cómo estoy aprendiendo a ser ciudadana ó ciudadano desde que “tengo uso de razón”, porque a los catorce ó quince años nuestras hijas e hijos ya tienen un recorrido hecho. Y la primera Unidad arranca con una declaración de principios que va a ser el hilo conductor del libro: Educación para la ciudadanía es una asignatura diferente a las demás. Con ella aprenderemos que lo más importante es ser capaces de convivir y compartir nuestros esfuerzos para que el mundo sea mejor.

Y comienza con un plan de trabajo: qué vas a hacer y qué vas a aprender. Después continúa con un pequeño barómetro de la ciudadanía con un cuestionario que hay que cumplimentar y a partir de ahí la implicación ya es directa por parte de las alumnos y alumnos, que es la condición en la que se imparte esta asignatura, detalle muy importante y que personalmente no me gusta pasar por alto. Desde el momento en que están en un Centro público, concertado ó privado, siempre asisten a estas clases como alumnas ó alumnos, nada más. Es decir, están allí para recibir clases de acuerdo con unos contenidos que están aprobados reglamentariamente y que, como siempre, va a depender mucho, de forma casi total, de la persona que imparta la asignatura. Una lectura descorazonada, mimética, fría de la frase anterior, declarada como hilo conductor del libro, permitida cuando no azuzada por los profesores de turno, puede que haga más daño que beneficio si no hay una implicación de la profesora ó profesor para ser respetuosos, como primera clase práctica personal e intransferible, con lo que los autores quieren decir allí, al margen de interpretaciones más o menos contaminadas donde no hay que buscarle tres pies al gato. Aquí si veo un problema real y evidente, porque nosotros lo hemos vivido en algunas materias, en la etapa escolar de nuestro hijo. Situación que se hará muy crítica en este tipo de contenidos a impartir. Se impone por tanto hablar de quiénes van a estar al frente de la docencia en esta asignatura, como corresponsables temporales (durante el tiempo de la docencia de unos contenidos maestros) de un aprendizaje existencial, cuestión que apenas se debate.

En el apartado siguiente, se brinda la oportunidad de la reflexión personal o colectiva, en clase, si así se estima oportuno, pero siempre en terreno de preguntas de sumo interés, suscitando la necesidad de búsqueda de información a través de todos los canales que los adolescentes conocen bien y que puedan estructuras opiniones a través de hechos fundamentados y argumentos sólidos. Me ha llamado poderosamente la atención el recuadro dedicado a las competencias cívicas, “expresando nuestras opiniones, juicios y puntos de vista de forma razonada y controlando nuestras emociones”. Continúa este apartado planteando temas controvertidos recogidos en recortes de prensa, para que se analicen personalmente y en grupo. Inmediatamente aborda la problemática que se deriva en la forma de resolver conflictos. Sigue con la necesidad de conocer bien qué es un debate y como se estructura. Inmediatamente, aborda una constante en el programa global de la asignatura: la solidaridad, comenzando obviamente con el reconocimiento didáctico de los derechos humanos y dando entrada a un fenómeno de importancia singular en nuestros días: las ONG.

Se cierra esta Unidad con una lectura de un texto extraordinario de Martin Luther King, que se tiene que trabajar hasta la saciedad para recapitular todo lo aprendido en la Unidad a título personal y en grupo: “Sueño que un día mis cuatro hijos vivirán un día en un país en cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.

Conclusión: me hubiera gustado que Marcos, nuestro hijo, hubiera podido trabajar en el Instituto, con este esquema de contenidos. Sobre todo porque hubiéramos podido compartir sin problema alguno con la calidad humana y docente de su querido profesor Pepe, la definición que se recoge sobre la asignatura en esta Unidad, porque él se lo ha enseñado, a título personal y no apoyado por una legislación que le hubiera podido hacer brillar todavía más su honda preocupación para que Marcos y sus compañeras y compañeros pudieran desarrollarse como “personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad”. Asimismo, porque la asignatura “busca la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable”.

Sevilla, 2/IX/2007

(1) Prades, J. (2007, 2 de septiembre). Educación para la Ciudadanía a la carta. El País, p. 36s.

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