Blogs y misión científica

Existen malas noticias para los que sólo quieren vivir su vida: si no nos relacionamos con las redes, las redes si se relacionan con nosotros. Mientras queramos seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, [mientras que queramos trabajar con blogs], tenemos que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la galaxia Internet.

El texto entre corchetes es personal e intransferible, adaptado a una frase excelente del libro de Manuel Castells, La Galaxia Internet

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Leí ayer un artículo muy sencillo pero de amplio calado respecto de la ética de la comunicación científica que me animó a seguir reflexionando sobre la importancia de las diferentes formas de comunicar la ciencia, de divulgarla, de hacerla legible, entendible y asimilable para el común de los normales. Lo escribía en el espacio Tribuna de El País, Mónica Bradford, directora ejecutiva de la revista Science, premio Príncipe de Asturias de Comunicación en 2007. Es una nueva versión del empowerment (empoderamiento), entendido como la transmisión de poder decisorio a la ciudadanía, para retroalimentar la sociedad y que ésta se beneficie de los progresos de la ciencia desde primera hora y no cuando las multinacionales del sector decidan hacerlo público. Decía la autora del artículo que “La comunicación de la ciencia es esencial en un mundo cada vez más complejo (…) La libertad de comunicar abiertamente la ciencia es un derecho que nunca debemos dar por hecho, particularmente en países que están haciendo un gran esfuerzo para atraer más jóvenes a las carreras científicas. Una comunicación científica abierta es doblemente importante cuando las metas de la investigación chocan con valores políticos o religiosos. En EE UU, la información científica relevante para la política de cambio climático y el estudio de la evolución ha tenido que competir con las agendas política y religiosa por la atención del público. Sin buenos comunicadores para ayudar a informar sobre lo que nos dicen los datos científicos, la sociedad sería más vulnerable a tomar decisiones malinformadas” (1).

Estos días lo estamos viviendo directamente con las consecuencias del cambio climático. Es materialmente incalculable le medición de las consecuencias de una ignorancia consentida. Pero en la realidad científica que ahora nos ocupa deseo hacer una manifestación pública de la importancia de este medio, los cuadernos de bitácora (blog), que considero como medio excelente para anunciar, divulgar y hacer accesibles los contenidos científicos de áreas diversas y, sobre todo, las que impliquen un gran calado social por afectación personal y colectiva. Ha sido una constante de este blog desde que nació en diciembre de 2005, especializado en la inteligencia digital sobre la base de un cerebro accesible para todas y todos. Todavía no se ha llegado a vislumbrar el alcance de este medio pero ya hay cifras muy alentadoras de la función social en el ámbito científico porque el saber distribuido a través de la inteligencia conectiva puede alcanzar cotas estimables de equidad en el acceso a los grandes progresos de la ciencia, a la información distribuida, donde será imprescindible saber elegir aquella que gane a pulso la credibilidad social: “La blogosfera continúa creciendo rápidamente. Según el informe publicado por la empresa Technorati, existen más de 70 millones de weblogs en el mundo. Otros hechos significativos que evidencian este fenómeno son los 120.000 nuevos blogs que se crean al día, y que la blogosfera se duplica cada seis meses” (2).

Como alternativa de fundamentos expresados en este post, recojo también un gráfico del Informe publicado por Orange en 2007, que nos puede llevar a una reflexión sobre la “competencia” científica cuando se utilizan una de las puertas de entrada a los blogs: “Con el objeto de determinar cuál es el uso concreto que los internautas españoles hacen de los buscadores se ha considerado oportuno analizar el ranking de términos más utilizados en las búsquedas en Google durante el período que transcurre entre marzo y noviembre de 2006. La principal conclusión que se obtiene de este análisis es que los usuarios de Internet en España emplean los buscadores para buscar información relacionada con el ocio y la diversión. Más concretamente, los términos relacionados con el deporte gozan de gran popularidad”.

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Gráfico recuperado de eEspaña 2007. Informe anual sobre el desarrollo de la sociedad de la información en España. Fundación Orange: Madrid, p.179.

Considero de sumo interés el Informe y lo recomiendo. Hay una llamada de atención a la denominada Web Social, que recojo por su extraordinaria importancia: “Así, en esta edición, vuelve a destacar, con carácter continuista en términos de su consideración como sustrato de una Red de nueva generación, la Web Social. En esta ocasión, a los blogs, wikis, folcsonomías y la siguiente oleada de (servicios de gestión on-line de) redes sociales, hay que añadirle nuevos fenómenos globales de comunicación en la Red, así como evoluciones en los formatos y las formas de interacción que responden, en ciertos casos, a la lógica de la convergencia. Esta primera parte presenta algunas magnitudes del contexto global y particular de España, para luego incidir en dos tendencias claras. Por un lado, la consolidación del universo blog, donde se incluyen no sólo estos modernos cuadernos de bitácora como fenómeno, sino también los wikis –que parecen haberse quedado asociados con las iniciativas enciclopédicas abanderadas por Wikipedia– como paradigma de participación y contenido generado en colaboración por un usuario supuestamente más participativo; para terminar destacando dos vertientes sociales de la utilización de tales instrumentos infotecnológicos, como son la participación ciudadana y la integración en el debate social de los avances tecnocientíficos” (3).

En mi intervención del año pasado (16/XI/2006), en las Jornadas de Blogs, Ciencia y Universidad, celebradas en Sevilla, manifesté públicamente mi posición al respecto: “Es la nueva visión de la democratización del saber, que obliga a adoptar nuevas formas de aprendizaje. Internet es una escuela de alta disponibilidad, no cierra nunca, y aquí no es posible reeditar la famosa frase de Larra. “vuelva usted mañana”, que tanto caracteriza la formación e información trasnochada. Es verdad también que podemos digitalizar el desorden y el caos, en una nueva visión de caos digital, más propio de las tesis de los tecnófobos (…) El conocimiento y su gestión adecuada (?) es tan complejo en sí, tan inabarcable, hablando con humildad existencial, que tratarlo con fórmulas tradicionales es una tarea imposible. El mismo Onfray lo resume de forma espléndida: “Si siguiera trabajando dentro del Ministerio de Educación debería respetar un programa, unos autores, unos conceptos, preparar a los alumnos para superar unos exámenes de acuerdo con unas determinadas fórmulas… todo eso está bien pero hay mucha gente que satisface esa demanda, que se adapta al molde. En el Ministerio te dejan enseñar la filosofía como quieres, pero sólo oficialmente porque hay que hablar de Platón, de Aristóteles, de todos los grandes autores, antiguos y modernos… no queda tiempo para adentrarse en otros terrenos”. Si a esto agregamos la realidad de la Universidad digital/global que es en sí mismo Internet, a la que puedes asistir con pantuflas también, desde tu casa, podemos atisbar que el gran reto del siglo actual es trabajar al servicio de la inteligencia compartida, del cerebro, gran desconocido desde el punto de vista científico”.

También abordé las siguientes cuestiones:

– El siglo XX fue un siglo dedicado al corazón. El actual debería ser el “siglo del cerebro”. Es decir, estamos en pañales respecto del conocimiento humano, de su estructura, de su razón ser, de su enfermedad. Solo nos ha preocupado la locura, pero estar locos por saber ha sido cosa de unos pocos privilegiados. Solo atisbamos que nos desborda en la actualidad.

– El médico, por ejemplo, se sorprende porque el enfermo ha cambiado de rol: cuando se presenta en la consulta puede que lleve las últimas investigaciones sobre el diagnóstico que le comunicó la semana pasada. Los maestros están desbordados porque cuando encargan un trabajo a sus alumnos, rápidamente recurren a Internet, a las enciclopedias digitales, a las galerías de imágenes y les presentan unos trabajos excelentes, ellos dicen que “copiados”, sin que se estimule la inteligencia clásica (que se lo digan a Onfray). Los trabajadores son acusados de “hurto” del tiempo laboral porque envían correos no deseados para la “empresa”, para la “Administración”, chatean, entran en los buscadores, en sus bancos, en sus intereses… durante la jornada laboral. Los hijos más despabilados dejan cautivos y desarmados a los padres de segunda y tercera generación con las capacidades que desarrollan mediante Internet: chats, foros, videoconferencias, mensajería, etc. Y dicen.: “¡si es que yo no sé lo que hace mi hijo con el ordenador, si no sé manejar el Internet ése!”.

– Es decir, estamos ante el mayor espectáculo del mundo y algunos, sin entradas…

Así nació mi intervención mediante este medio, convencido de que los blogs tienen una misión científica cuando así se conciben: Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar). Después de casi dos años sigo plenamente convencido de este compromiso social. Han sido muchas islas desconocidas las que he descubierto, científicamente hablando, también para los demás.

Mi enhorabuena para Science y Nature. Mi agradecimiento y reconocimiento porque también me acompañan habitualmente en esta singladura, en una apasionante misión científica.

Sevilla, 28/X/2007

(1) Bradford, M. (2007, 26 de octubre). Celebremos las historias de la ciencia, El País, p.40.
(2) Fundación Orange (2007). eEspaña 2007. Informe anual sobre el desarrollo de la sociedad de la información en España. Madrid: Fundación Orange.
(3) Fundación Orange (2007).Ibídem, p.207. Se cita el término “folcsonomía” que se define como: “calco del inglés folksonomy es un neologismo que da nombre a la categorización colaborativa por medio de etiquetas simples en un espacio de nombre llano, sin jerarquías ni relaciones de parentesco predeterminadas. Se trata de una práctica que se produce en entornos de software social cuyos mejores exponentes son los sitios compartidos como del.icio.us (enlaces favoritos), Flickr (fotos), Tagzania (lugares), flof (http://flof.com.ar/bin/home/)(lugares) o 43 Things (deseos)”.

Inteligencia africana: una deuda histórica mundial

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Fotograma de la película española “El negro que tenía el alma blanca”, 1927 (dir. Benito Perojo), muda. Fuente: Gubern, Román: Benito Perojo. Pionerismo y supervivencia. Madrid: Filmoteca Española, 1994. Pág. 127.

He leído con atención científica la controversia que ha surgido en torno a las manifestaciones recientes de James Watson, codescubridor de la estructura del ADN y premio Nobel, en The Sunday Times: “Todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que su inteligencia [de los africanos] es igual que la nuestra, cuando todas las pruebas indican que realmente no es así”. Y sabemos que ante el clamor mundial, se ha disculpado, en esta ocasión, en The Independent diciendo: “No es un debate acerca de la superioridad o inferioridad, sino acerca de la búsqueda y comprensión de las diferencias, de por qué algunos son grandes músicos y otros grandes ingenieros”.

Estas palabras se han pronunciado en los prolegómenos de la presentación de su último libro de memorias en el Reino Unido, “Evitar aburrir a la gente: lecciones de una vida de ciencia”, donde se manifiesta en torno a la relación inteligencia-raza y hace un guiño a la célebre conferencia del ex presidente de la Universidad de Harvard, “Larry” Summers, en la que sugería que la escasa presencia femenina en las carreras de ciencias se debía a diferencias innatas entre ambos sexos, algo que Watson califica como “una teoría impopular pero no infundada”. Este hecho lo recogía también, personalmente, en un post que a tal efecto escribí en este cuaderno el 28 de enero de 2007, Cerebro y género: materia blanca contra materia gris, con una interpretación que puede ser de gran interés recuperar en esta ocasión: “Es una verdad histórica, pero no científica que los hombres tienen más materia blanca que las mujeres, porque “ellas” tienen más materia gris. Y eso “los hombres” no lo pueden aguantar: cómovaasereso, todo seguido, como dando más fuerza al grito de desesperación biológica, sobre algo aprendido desde la tierna infancia para gran desconsuelo de la realidad humana de todos los días. Pero, ¿qué se quiere decir con manifestaciones grotescas de la materia gris, algo más conocida, o sobre la supremacía de la materia blanca? Y Lawrence “Larry” Summers, el Presidente de la Universidad de Harvard, vino el 14 de enero de 2005 a reforzar estas ideas, echando leña al fuego, cuando aportó reflexiones científicas en relación con el progreso más lento de las mujeres en las ciencias y las matemáticas, en la conferencia titulada “Remarks at NBER Conference on Diversifying the Science & Engineering Workforce” (1), porque “podría deberse a diferencias innatas entre los sexos”. Vemos que el horno cerebral, en definitiva, no está para bollos.

Y en el mismo post, relacionado en ese momento con la problemática de género, señalaba la importancia también de los contextos sociales que de forma muy pormenorizada trato en mi libro sobre “Inteligencia digital”, en una dialéctica tan radical como establecer comparaciones fuera de contexto del paradigma “nacer blanco ó nacer negro, esa es la cuestión”: “Es muy difícil, en el contexto enunciado, echar culpas a las diferentes sustancias presentes en el cerebro humano, para identificar comportamientos que están cargados muchas veces de meras ideologías. Es verdad que nacemos con determinación sexual y con componentes que están asociados a una configuración corporal derivada de sustancias químicas que llegan a conformar una forma de ser en el mundo. Pero la necesidad de mantener en buen estado el cableado del cerebro es fruto de la conjunción indisoluble e interactiva de la sustancia gris y blanca en cada ser humano, con posibilidades ingentes de que la vida proporcione o no las posibilidades ocultas del carné genético. Y de ello sabemos todavía más bien poco. Ahí radica la belleza de la investigación: porque sabemos que está todo en la sede de la corteza cerebral, aunque todavía no lo hayamos descubierto. Y eso que todavía no hemos explicado la función de una tercera sustancia de funciones atractivas: la sustancia negra. Para algunos, “la que faltaba”, porque sabemos que como parte de la sustancia gris, con aspecto de media luna, contiene melanina, que le proporciona el color oscuro, siendo responsable de neuronas donde juega un papel fundamental un neurotransmisor, la dopamina, cuyo déficit o hiperactividad nos hace enfermar siendo jóvenes ó mayores, a través de la esquizofrenia ó el Parkinson”.

Y ante los interrogantes y justificaciones de Watson para recoger los platos rotos de sus desafortunadas manifestaciones en la prensa británica, sobre el debate que desea plantear acerca de “la búsqueda y comprensión de las diferencias, de por qué algunos son grandes músicos y otros grandes ingenieros”, la respuesta no está en el viento: las posibilidades de las inteligencias múltiples son una realidad científica en el cerebro humano, respetando los contextos en los que se crea, desarrolla, vive, sufre y ama un ser humano. He estudiado a fondo la teoría de Howard Gardner, conozco bien sus éxitos y sus limitaciones, pero es muy convincente desde la investigación humana en el laboratorio de la vida, el más complejo. Así lo escribí en mi Tesis Doctoral (no publicada): “Howard Gardner, el precursor de las inteligencias múltiples que nos abre hoy las puertas a un nuevo planteamiento de inteligencia digital, de gran impacto social, hizo una manifestación en su presentación de la teoría científica de las inteligencias múltiples en los siguientes términos: “Es de la máxima importancia que reconozcamos y alimentemos toda la variedad de inteligencias humanas y todas las combinaciones de inteligencias. Somos tan diferentes entre nosotros, en gran parte, porque todos tenemos diferentes combinaciones de inteligencias. Si llegamos a reconocer esto, pienso que, como mínimo, tendremos una oportunidad mejor de enfrentarnos adecuadamente a los muchos problemas que se nos presentan en el mundo. Si podemos movilizar toda la gama de habilidades humanas, no sólo las personas se sentirán más competentes y mejor consigo mismas, sino que incluso es posible que también se sientan más comprometidas y más capaces de colaborar con el resto de la comunidad mundial en la consecución del bien general. Tal vez, si podemos movilizar todas las inteligencias humanas y aliarlas a un sentido ético, podamos ayudar a incrementar la posibilidad de supervivencia en este planeta, e incluso contribuir a nuestro bienestar”.

Mi visión de la inteligencia digital, como “capacidad de las personas para resolver problemas utilizando los sistemas y tecnologías de la información y comunicación cuando están al servicio de la ciudadanía”, viene a corroborar esta visión de las inteligencias múltiples del profesor Gardner, que he recogido expresamente en mi libro anteriormente citado: “La teoría de las inteligencias múltiples nace en el contexto de la crisis conceptual, teórica y práctica del uniformismo inteligente y de su correspondiente evaluación. Para Gardner, la inteligencia es un conjunto de habilidades, talentos o capacidades mentales, que se organiza a la luz de los orígenes biológicos de cada capacidad para resolver problemas, en un determinado entorno cultural, con una operación nuclear identificable (sensibilidad para entonar bien, por ejemplo) y que se debe codificar en un sistema simbólico (el lenguaje, la pintura y las matemáticas, entre otros). A través de las investigaciones llevadas a cabo, Gardner propone la taxonomía de ocho inteligencias diferentes (últimamente afirma que ya se debería hablar de ocho inteligencias y media, al incluir la supranatural como la capacidad de los seres humanos de hacer preguntas fundamentales acerca de la existencia. La razón por la cual yo considero que ésta es una media inteligencia es porque aún no tenemos evidencia desde el punto de vista neurológico de su existencia (Gardner, 1996), no aisladas entre sí, trabajando en concierto: musical, cinético-corporal, lógico-matemática, lingüística, espacial, naturalista, la interpersonal e intrapersonal, siendo estas dos últimas las que propongo de un marcado interés para el análisis de las habilidades sociales en el mundo actual: la inteligencia interpersonal es la capacidad para entender a las otras personas: lo que les motiva, cómo trabajan, cómo trabajar con ellos de forma cooperativa… La inteligencia intrapersonal, el séptimo tipo de inteligencia, es una capacidad correlativa, pero orientada hacia dentro. Es la capacidad de formarse un modelo ajustado, verídico, de uno mismo y de ser capaz de usar este modelo para desenvolverse eficazmente en la vida. La inteligencia interpersonal permite comprender y trabajar con los demás, mientras que la inteligencia intrapersonal permite comprenderse y trabajar con uno mismo. No es ajena a esta investigación la problemática derivada de la continua búsqueda de la mejor definición de inteligencia, cuestión que no se puede simplificar y que supone pronunciarse sobre unas formas de entender la investigación y que pueda servir de contexto a este libro. En algo si se está de acuerdo en la comunidad científica ante un término tan complejo: la inteligencia es la capacidad de captar relaciones complejas y de resolver problemas en un contexto útil… Las demás cuestiones relacionadas con ella –sus bases neuronales y de cálculo, su origen, su cuantificación- siguen estando abiertas, son discutibles y en algunos casos tienen ramificaciones incluso políticas (Yam, 1999)” (2)

Hechas estas reflexiones y poniendo a cada persona en su sitio (diversas asociaciones científicas y de derechos humanos ya lo han hecho), quiero manifestar que no me gusta criminalizar las situaciones de debilidad de los seres humanos, como la manifestada por Watson en esta entrevista, a pesar de sus provocaciones históricas, detestables y muy controvertidas. Su inteligencia, compartida con Crick y Wilkins, al recibir el Premio Nóbel en 1962, por sus aportaciones trascendentales sobre el ADN, como larga molécula formada por dos hélices enrolladas sobre sí mismas, en la que moléculas de azúcar y fosfato forman las hélices, y pares de bases nitrogenadas enfrentadas y unidas por dos puentes de hidrógeno mantienen unida la estructura, ha permitido conocer a fondo, también, las bases moleculares de la inteligencia. Y es justo reconocer que su descubrimiento aportó una de las grandes tesis para nuestra investigación compartida con otros científicos: la biología se puede explicar de un modo químico estándar, situando a la biología molecular como el centro en la explicación de los sistemas vivos, es decir, hay que concluir definitivamente en que casi todos los aspectos de la vida están gestionados a nivel molecular: “El ADN es una molécula mucho menos sofisticada que una proteína evolucionada y por esta razón revela sus secretos más fácilmente. No podíamos saberlo por adelantado: sólo fue cuestión de suerte tropezar con una estructura tan bella“. (Qué loco propósito. Francis Crick, 1988).

La inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial: “hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado. Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (3).

Sevilla, 22/X/2007

(1) Nota: las siglas NBER corresponden a The National Bureau of Economic Research, con sede en Cambridge, Massachusetts MA.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 115s.
(3) Cobeña Fernández, J.A. (2007), ibídem, p. 15-28.

La educación del ciudadano: el álbum cívico

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Fui el miércoles pasado a la Oficina de Correos con la ilusión de un niño grande que recoge un regalo inesperado. Así fue. Abrí el paquete apresuradamente y me encontré con un libro sorprendente: La educación del ciudadano, publicado en Barcelona, en 1918, por la S.A.I.G. Seix Barral Herms. Editores (1). Lo he leído en pocas sesiones por una curiosidad, sana, para descubrir las contradicciones de la vida, en unos momentos tensos derivados de la entrada en vigor en España de una aplicación de la Ley y disposiciones vigentes que propugnan la impartición de una asignatura, controvertida, dedicada a la educación para la ciudadanía. Desde este foro digital he intentado, ignoro el éxito, divulgar los contenidos concretos de tres versiones de la asignatura, a través de diez post, que se pueden leer enlazando la serie dedicada a una materia excelente, necesaria, deseada, deseante, urgente, imprescindible, creativa y detentadora del principio escolástico que tanto defiendo: el bien es siempre difusivo de sí mismo (bonum diffusivum sui).

Con objeto de no contaminar los contenidos de esta joya de 1918, donde ya existía en su contexto histórico, antecedente y consecuente, una necesidad de que las adolescentes y los adolescentes de aquella época, los llamados “jóvenes”, debían conocer la sociedad, de lo que se debe siempre a la comunidad y de cómo, prácticamente, se debe contribuir a la vida social, he preferido trasladar exactamente las palabras del Prefacio escrito por el autor del libro, Juan Palau Vera, en Barcelona, año1918, con una Nota final fantástica como idea a propagar en todos los hogares del país: Todos los datos, grabados, postales y dibujos que pueda recoger el alumno, pueden conservarse ordenados en un álbum que podría llamarse álbum civico.

PREFACIO DEL AUTOR

Este libro tiene por objeto servir de base a una completa educación del ciudadano en el amplio sentido que debe darse a la palabra educación. La finalidad rebasa, pues, los limites de la pura instrucción cívica que se concreta a dar nociones escuetas de derecho civil, y a indicar los deberes del ciudadano en sus relaciones con los organismos oficiales.

Toda la obra tiende a ilustrar al joven de lo que es la sociedad, de lo que debe a la comunidad y del modo práctico cómo puede y debe cada ciudadano contribuir a la vida social; tiende, en una palabra, a darle la impresión de que todo lo que es lo debe a la sociedad y le enseña que su deber primordial consiste en vivir para la comunidad de que forma parte.

Pero el libro por si mismo seria un instrumento de poca eficacia sin la labor del Maestro o del padre, los cuales en esta formación de la moral cívica tienen ancho campo donde practicar las más nobles funciones de su ministerio.

Los niños, dicen las Pedagogías, han de desarrollarse integralmente, es decir, física, moral e intelectualmente. En la práctica, los esfuerzos por conseguir este desarrollo en esos tres sentidos, son esfuerzos dispersos; para el desarrollo físico se practica la gimnasia y se organizan juegos; para el desarrollo moral se predican bellas cosas y se leen historietas; para el desarrollo intelectual se enseñan las distintas materias del programa. Aunque sea sobradamente conocida se olvida, no obstante, el mantener ante los ojos la finalidad de esos esfuerzos. ¿Para qué desarrollar el cuerpo, el carácter moral y la inteligencia? La contestación no puede ser más que ésta: para formar buenos ciudadanos, es decir, miembros sanos y útiles de la Comunidad.

Si todo en la escuela se mantiene fiel a esta finalidad, los detalles de la vida escolar y de los estudios adquieren mayor valor y sentido y aumentan la capacidad social del alumno. No obstante, hace falta algo que hable al niño o joven más directamente de la vida social, que trate ésta y los deberes y derechos que con ella se relacionan, de un modo metódico y completo. A esta necesidad obedecen los manuales de educación cívica como el presente.

Antes de terminar me permito insistir en la conveniencia de que se hagan los ejercicios prácticos que van intercalados en el texto, muchos de ellos exigen un trabajo de ligera información que han de hacer los alumnos mismos para acostumbrarse a buscar datos, cosa utilísima en todas las actividades. Una manera práctica de facilitar una información completa puede consistir en elegir parejas de alumnos inteligentes y encargar a cada pareja el trabajo de hacer determinadas informaciones. Luego en clase cada grupo aporta el fruto de su trabajo para la ilustración de todos. Estos ejercicios adquieren así un carácter moral, puesto que representan una cooperación al trabajo común de la clase con vistas a un resultado colectivo.

Impecable, en su contexto. Aleccionador, hoy, para los timoratos del Reino. Como pasaba al final de las películas de mi época, anuncio que próximamente, en este salón, publicaré el Índice del libro. No tiene desperdicio. Adelanto unas líneas del mismo, a modo de tráiler, como en aquellas épocas… ¡Acomódense bien en sus butacas, porque la palabra admiración ha sido sustituida por perplejidaaaddd!.

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Fragmento (facsímil) del Índice del Libro La educación del ciudadano, 1918

Sevilla, 20/X/2007

(1) Palau Vera, J. (1918). La educación del ciudadano. Barcelona: S.A.I.G. Seix&Barral Herms. Editores (edición facsímil publicada por RBA Coleccionables, 2007).

Inteligencia digital (II): memoria, recuerdos y cliques

“Pues bien, oí decir que vivió en Egipto en los alrededores de Náucratis uno de los antiguos dioses del país, aquél a quien le está consagrado el pájaro que llaman Ibis. Su nombre era Theuth y fue el primero en descubrir no sólo el número y el cálculo, sino la geometría y la astronomía, el juego de damas y los dados, y también las letras. […] Pero una vez que hubo llegado a la escritura, dijo Theuth:”este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y aumentará su memoria .Pues se ha inventado como un remedio de la sabiduría y la memoria”. Y aquél [Thamus] replicó: “Oh, Theuth, excelso inventor de artes, unos son capaces de dar el ser a los inventos del arte, y otros de discernir en qué medida son ventajosos o perjudiciales para quienes van a hacer uso de ellos. Y ahora tú, como padre que eres de las letras, dijiste por cariño hacia ellas el efecto contrario al que producen. Pues este invento dará origen en las almas de quienes lo aprendan al olvido, por descuido de la memoria, ya que los hombres, por culpa de su confianza en la escritura, serán traídos al recuerdo desde fuera, por unos caracteres ajenos a ellos, no desde dentro, por su propio esfuerzo. Así que, no es un remedio para la memoria, sino para suscitar el recuerdo lo que es tu invento. Apariencia de sabiduría y no sabiduría verdadera procuras a tus discípulos.”
(PLATÓN. Fedro. Traducción de Luis Gil)

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Thot. Dios egipcio representado como un hombre con cabeza de Ibis. Imagen obtenida de Faulkner, Libro de los muertos, pl. 3 (recuperada de http://www.ancient-egypt.org/index.html, el 13 de octubre de 2007).

He leído muchas veces el texto anterior de Platón, un diálogo extraordinario entre Thot y Thamos, que simboliza la irrupción de la palabra escrita en nuestras civilizaciones humanas. Se dice que la escritura hará más sabias a las personas y aumentará su memoria. Y establece la diferencia entre recuerdo y memoria, argumentando que el recuerdo es algo que se produce por un estímulo exterior, la escritura, la palabra, mientras que la memoria es el resultado de una elaboración interior de cada persona. Siempre me ha provocado una reflexión de silencios ante la explosión de las palabras, de los signos externos, de las construcciones digitales, ceros y unos. Y estando en esta di-versión [sic] pascaliana, leí con atención estas palabras externas: “Las estrellas del pop olvidan las letras de las canciones, las reinas de la belleza echan a perder las entrevistas durante los concursos; todo el mundo experimenta averías momentáneas en el cerebro y lapsus de memoria. Pero, ¿por qué culpar a las víctimas? Son solamente el producto de una cultura que no favorece el desarrollo de la capacidad memorística”.

Así comenzaba un artículo reciente en El País, que me causó bastante impacto, En la era digital, la memorización se está extinguiendo (1), no por ser un asunto desconocido, sino porque es una contradicción más que se debe abordar científicamente por el dualismo que plantea con los avances que más adelante voy a exponer y donde la cultura y el ambiente, en definitiva, pueden marcar patrones de conducta para la memoria y para su gran exponente excitador, pre y post sináptico, de las acciones humanas: el recuerdo. Y prosigue el autor: “Se ha vuelto fácil olvidar cómo enseñar a los jóvenes a recordar. El ideal victoriano del conocimiento enciclopédico ha desaparecido. Con la actual explosión de información, nadie podría saberlo todo. Además, nadie se siente motivado para saber siquiera un poco, y desde luego no por la vía de memorizarlo. Conforme aumenta el espacio de almacenamiento en los chips del ordenador, el almacenamiento humano de datos mengua. Con los teléfonos móviles, ya nadie se sabe los números de teléfono. Los mecanismos de búsqueda en Internet se multiplican, y las cosas que antes confiábamos a nuestro cerebro, las tenemos ahora en las puntas de los dedos siempre que seamos capaces de recordar las contraseñas”.

En este marco tan contradictorio desde el punto de vista digital y de su inteligencia asociada, recordé, ¡menos mal!, que en marzo de 2007 escribí un post sobre la sede de las memorias humanas, de los recuerdos y de las cliques, el caballo encorvado, es decir, el hipocampo, que he consultado muchas veces porque estaba planteado como un compromiso científico permanente para la investigación de una de las estructuras más espectaculares en la sede de la inteligencia digital: “ya sabemos que no cabalga solo en el cerebro. Dijimos que integraba tres estructuras. La primera, la fascia dentada, es una circunvolución (elevación redondeada) que recibe aferencias (fibras que traen y llevan) desde la corteza entorrinal (que recibe dopamina y la proyecta hacia el hipocampo). La segunda, el hipocampo propio o cuerno de Ammon, es el hipocampo por definición, la estructura más antigua. Está dividido en tres áreas, formadas por células piramidales donde las dendritas juegan un papel fundamental en la neurotransmisión de naturaleza glutamatérgica. Por último, la tercera, el subiculum, como zona de transición entre el hipocampo y el giro parahipocámpico de la corteza temporal, la corteza de tres capas que rodea al hipocampo. Y la corteza entorrinal, área que se encuentra dividida en seis capas corticales bien definidas. Es responsable del tráfico interno en todas las áreas del hipocampo y de la mayor entrada de fibras en el mismo”.

Como el movimiento se demuestra andando, he rescatado de mis recuerdos una lectura reciente sobre la investigación que ha llevado a cabo Joe Z. Tsien, Profesor y Director del Centro de Neurobiología de Sistemas, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, especialista en Código Neural y Bases Moleculares de los Procesos de la Memoria, sobre el código de la memoria en ratones muy inteligentes, junto a otra publicación base de la anterior (2). En este artículo, el autor plantea una hipótesis de trabajo e investigación muy importante: “La neurociencia lleva decenios esforzándose en desentrañar el proceso de formación de los recuerdos. Ahora, combinando un sistema de experimentos con análisis matemáticos de gran alcance y una capacidad de registrar simultáneamente la actividad de más de 200 neuronas en ratones despiertos, mis colegas y yo hemos descubierto, lo que creemos es el mecanismo básico por el cual el cerebro dibuja la información vital de sus experiencias traduciendo esa información en recuerdo. Además nuestros resultados indican que un flujo lineal de señales a partir de una neurona a otra no es bastante para explicar cómo el cerebro representa opiniones y memorias, por lo que la actividad coordinada de poblaciones grandes de neuronas es necesaria”. Estas agrupaciones neuronales se las denomina coloquialmente “cliques”, interpretando así el término que se utiliza en sociología y antropología para estudiar agrupaciones humanas en base a medidas de cohesión, derivando en un algoritmo mediante el cual se conocen los diferentes grupos a los que pertenece un actor.

Con este punto de partida “es viable estudiar la organización jerárquica que opera en la fijación de recuerdos para convertir series de impulsos eléctricos en percepciones, conocimientos y conductas. Se trataría de un código neural universal, un conjunto de reglas de que se valdría el cerebro para identificar y organizar las experiencias somáticas. Se han traducido en código binario registros de la actividad de agrupaciones neuronales. Tal digitalización de señales cerebrales podría sentar las bases de un libro de claves de la mente: un instrumento de catalogación de pensamientos y experiencias, que se compararían luego entre individuos y quizás entre especies” (3).

De las experiencias llevadas a cabo hasta ahora con ratones “sabios” (Doogie), para conocer a fondo el papel que desempeña en el hipocampo, sede la memoria y de los recuerdos, se deduce que los sucesos traumáticos fijan unos patrones de conducta que siempre se recordarán por el sujeto que los sufra. En el lenguaje coloquial se exterioriza esta sensación memorística de la siguiente manera: “lo que me ha ocurrido no se me va a olvidar jamás”. Y es verdad, porque aquella situación traumática que tanto nos perturbó anímicamente nunca se logra desterrar de nuestros pensamientos, de nuestra memoria. Y ya se sabe una posible razón de por qué ocurre: la experiencia en laboratorio consistió en someter a estos ratones “inteligentes ó superdotados”, valga la expresión, a duras pruebas tasadas en relación con simulaciones de terremotos, ataque inesperado de animales inhabituales ó caídas en picado de ascensores con pérdida de control individual. Se registró la actividad individual de hasta 260 neuronas de la región CA1 del hipocampo, mediante técnicas de análisis múltiple discriminante (AMD) y con una duración temporal en series que permitía recoger datos momento a momento (medio segundo de duración de cada toma). Esto permitió detectar cuatro globos nítidos de actividad que eran constantes en las pruebas: estado de reposo cerebral, estado asociado al terremoto, un tercero asociado al soplido dorsal (ataque de un animal) y el cuarto y último, al desplome del ascensor.

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Figura que representa la organización jerárquica de la memoria mediante codificación neural basada en cliques (cfr. artículo recogido en la nota (2), p. 52).

Además, de detectó también algo extraordinario: “las pautas de actividad asociadas a esas experiencias impactantes se repetían de forma espontánea a intervalos que oscilaban entre segundos y minutos después de acontecido el suceso real. Esos “ecos” exhibían una trayectoria similar (incluida la forma geométrica característica), aunque de amplitud menor que la respuesta original” (4). Los ecos responden probablemente a evocaciones de lo ya experimentado, fenómeno que abre unas expectativas extraordinarias para la evocación de recuerdos alojados en la memoria, en el hipocampo, en determinadas cliques del mismo.

Hasta aquí la exposición breve (no es una metáfora) de una interpretación actual de hasta dónde puede llegar la inteligencia digital en relación con la memoria y los recuerdos. Quedan muchas preguntas por contestar, pero es el mismo autor el que llega a decir: “Algún día, ordenadores y máquinas inteligentes, equipados con sensores refinados y dotados de una estructura lógica semejante a la organización categorial de las unidades codificadoras de recuerdos del hipocampo podrían no limitarse a remedar las facultades humanas y, quién sabe, si superar nuestra capacidad para afrontar situaciones cognitivas complejas”. En esta tarea científica apasionante estamos dedicando esfuerzos muchos investigadores, en áreas muy diversas, en la búsqueda de las claves de la vida humana, con un fin absolutamente lógico: alcanzar la felicidad en el día a día porque lo que sí sabemos ya es que no se justifica para nada que tengamos que vivir, que estemos obligatoriamente obligados a vivir, en un valle de lágrimas, de recuerdos y de memorias históricas insufribles: “Además, el procesamiento en tiempo real de códigos de memoria cerebrales podría, algún día, permitir la descarga directa de recuerdos en un ordenador, para su almacenamiento digital permanente”. De esta forma podríamos llenar nuestras estanterías del olvido con tarjetas de memoria entre las que podría aparecer la siguiente etiqueta: Mis sufrimientos en 2007. The End (por ahora), porque el sufrimiento como el saber, hasta ahora, no sabemos si ocupa lugar en el cerebro ¡Pero tenemos tan poco sitio…!

Sevilla, 15/X/2007

(1) Lyn Bader, J.(2007, 29 de septiembre). En la era digital, la memorización se está extinguiendo. Conforme aumenta el espacio de almacenamiento en los chips disminuye el humano. El País.com.
(2) Lin, L., Osan, R., Tsien, JZ. (2006) Organizing principles of real-time memory encoding: neural clique assemblies and universal neural codes. Trends Neurosci.: 2006 :48-57.
(3) Tsien, J.Z. (2007). El código de la memoria. Investigación y Ciencia, Septiembre 2007, p. 22.
(4) Tsien, J.Z., ibídem, p.25.

Gracias, Profesor Marina

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José Antonio Marina: fotografía (detalle) recuperada de su página web oficial: http://www.joseantoniomarina.net/main.asp?pagina=0, el 13 de octubre de 2007.

Ayer recibí un comentario precioso de José Antonio Marina a un post reciente que llevaba por título Educación para la ciudadanía, para ESO (VII): otra felicidad es posible, con el que finalizaba el análisis comentado en este cuaderno de bitácora, de su libro Educación para la Ciudadanía, publicado en SM, junto a los dos post anteriores: Educación para la ciudadanía, para ESO (VI): obligatoriamente obligados a resolver conflictos a través de la inteligencia y Educación para la ciudadanía, para ESO (V): aprender a ser feliz. Al ser un comentario, considero que con independencia de que figure en su lugar de destino, el citado post, debía traerlo a este espacio del carpe diem, como homenaje a su persona, figura y representación social, acreditada por una dilatada posición de servicio a la sociedad, desgranada en su obra escrita y comentada. Y hablada. Y sentida.

Agradezco al Profesor Marina, un auténtico Maestro, su deferencia, y me siento honrado con su amistad y sus palabras tan cercanas de colaboración y respeto mutuo. Es una forma hoy de entregar a la Noosfera próxima y asociada, a las personas que embarcan casi a diario en esta “Isla Desconocida” (el barco preferido por Saramago), sus palabras, en la seguridad de que se inicia un largo viaje con él hacia alguna parte: la que nos ilusiona buscar desesperadamente y encontrar todos los días, para ser felices. Utilizando la inteligencia personal e intransferible que él, de forma magistral, nos la ha descubierto también, salvando la tautología, como isla desconocida.

Maravillosa paradoja. Estas son sus palabras:

Querido amigo: Quiero agradecerle su comentario. He intentado que el libro de texto fuera animoso y alegre, que reflejara la emoción y la responsabilidad que siento ante el Gran proyecto humano. Muchas veces he pensado que no he aprovechado suficientemente la gran oportunidad de dirigirme a miles de adolescentes. Si se le ocurre algo que pudiera mejorar el libro en ediciones siguientes, le ruego que me lo diga. Usted me trata como un amigo y, desde luego, me honra esa amistad. Un cordial saludo. JAM

Se me ocurre ahora esta entrega de sus palabras a las personas cercanas, en la seguridad de que por mi parte tiene reservada siempre su hoja en blanco en este cuaderno compartido, para que pueda decir, cómo y cuando quiera, y en el marco del simbolismo de Ítalo Calvino, cosas especiales. Las he escrito hoy, se escribieron ayer (en formato libro y comentario), con la misma calidad que nacieron para miles de adolescentes y para la adolescencia que casi todas y casi todos llevamos dentro, y que simbolicé en el post Marcado: “Salieron al exterior de la vida. El poeta argentino, Porchia, lo ha definido muy bien: espero que se reciban estas palabras con la misma calidad que yo las he entregado. Son las cosas “marcadas” por la revolución digital, por supuesto”.

Sevilla, 13/X/2007

Inteligencia digital (I): algoritmos y sistema afectivo

Desde la aparición de la vida visible en la Tierra debieron transcurrir 380 millones de años para que una mariposa aprendiera a volar, otros 180 millones de años para fabricar una rosa sin otro compromiso que el de ser hermosa, y cuatro eras geológicas para que los seres humanos a diferencia del bisabuelo pitecántropo, fueran capaces de cantar mejor que los pájaros y de morirse de amor.

El cataclismo de Damocles. Conferencia de Ixtapa. México, 1986.

Extracto del discurso que Gabriel García Márquez pronunció el 6 de agosto de 1986, en el
aniversario 41º de la bomba de Hiroshima.

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Gabriel García Márquez (fotografía recuperada de http://www.eluniverso.com/2007/03/04/0001/galeria/88A5FCCF6EEC4DDCB9E1F2D0C2075CAF.aspx, el 6 de octubre de 2007)

¡Qué feliz coincidencia! Anoche guardé celosamente en mis dos discos duros preferidos, el físico y el cerebral, un artículo que leí el jueves en el suplemento en castellano del New York Times, que publica los jueves el diario El País, que me llamó poderosamente la atención. Llevaba por título: ¿Amenaza la inteligencia electrónica a la humana? (1) y hablo de sorpresa emocional porque hoy, al entrar en la edición digital del citado periódico he visto que aparece en primer lugar, publicada en la página principal, a las 11,36 como “lo último”. ¿Premonición? Posiblemente, pero me brinda la oportunidad de comenzar una nueva serie de post dedicados a la quintaesencia de este cuaderno: la inteligencia digital, con una aproximación científica pero enmarcada en la realidad de la Noosfera (la alfombra de los cerebros humanos, inteligentes, que soportan el suelo firme de la vida humana) que, al fin y al cabo, es la conclusión del autor del artículo de referencia, George Johnson.

En este artículo, el autor afirma de forma categórica lo siguiente: “Lo que se está extendiendo por Internet no es exactamente inteligencia artificial. A pesar de todas las investigaciones efectuadas sobre ciencia cognitiva e informática, los algoritmos más formidables del cerebro -los usados para reconocer imágenes o sonidos o entender el lenguaje-, eluden la simulación. La alternativa es incorporar personas, con sus habilidades especiales, como componentes de la Red”. La Noosfera es imprescindible para Internet, a pesar de sus algoritmos, fórmulas mágicas que quedan muy lejos de la intelección humana, pero que al final permiten que El Corte Inglés, por ejemplo, nos “conozca” bien en todos nuestros usos y costumbres, utilizando precisamente la inteligencia electrónica para construir el perfil que represento ante esta firma comercial, ante la sociedad, en definitiva.

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Estadística de mi bitácora. Página más vista. Periodo: 28-5/06-10, 11.38 horas.

Pero hay una frontera que todavía es inexpugnable para la electrónica “pensada” por los humanos: la vida afectiva en su más profunda dimensión. Los sentimientos y emociones, debido a su plasticidad en milésimas de segundos, son todavía impredecibles para su reproducción ó simulación total. No digo que, debido a que las neurociencias avanzan que es una barbaridad, no llegue el día de acorralar este tipo de experiencias, pero queda tiempo todavía, fundamentalmente porque no conocemos bien el funcionamiento ordinario y, sobre todo, el extraordinario, del sistema límbico y de otras estructuras esenciales del cerebro, que de forma didáctica he explicado en este cuaderno. El hecho de traer a colación la estadística de acceso a las páginas de este blog es para señalar que el post dedicado al “tálamo” es el que destaca sobre todos los demás, quedando a gran distancia de los que le siguen (datos analizados desde el 28-05 a 06-10). Y me llama mucho la atención porque es una estructura muy compleja y desconocida para la mayor parte de los mortales, aunque la escribí con el deseo de que todas las personas que accedieran a ella se ilusionaran con el autoconocimiento de una estructura trascendental para la vida ordinaria, donde la corteza cerebral juega un papel estelar. Me encantaría que la leyera antes de proseguir con la lectura de este post, incorporándose al grupo de lectoras y lectores sobre los que desconozco su auténtico interés de aproximación. Es lo que multiplicado por cien, mil, millones, analizan las empresas interesadas en conocernos mejor, sin eufemismo alguno, para estar a nuestro servicio, en ese lenguaje ambiguo donde no se sabe donde termina el cliente y sigue la esclava o esclavo (monas y monos desnudos) del mercado que toque, con sus correspondientes mercancías no inocentes.

En aquella exposición quedaba meridianamente claro que el tálamo es “una estructura neuronal del tamaño de una castaña, que constituye la vía de entrada para todos los estímulos sensoriales con excepción del olfato, como muestra de la evolución del cerebro reptiliano al humano, es decir, que la participación de tantos actores en esta representación inteligente de actividad cerebral está todavía por definir de forma completa. Se sabe que tanto la retina, como el tálamo, a través del núcleo geniculado lateral, así como del sistema reticular ascendente, hacen muy atractiva la investigación de lo que vemos y sentimos, en una asociación que ya sabemos donde radica fundamentalmente. Su estudio en laboratorio y con la ayuda de sistemas radiológicos para grabar imágenes del cerebro en movimiento (RNMf) nos ayudarán a conocer la importancia del tálamo como responsable de que las entradas y salidas de información sobre lo vivido visto y sentido, sean tratadas de forma objetiva por nuestra corteza cerebral. Sabemos quizá cómo, pero todavía estamos lejos de saber y justificar el por qué. Quizá podamos entender mejor ahora un poema precioso de Antonio Machado que para mí, al menos, fue siempre una incógnita:

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve
”.

Hacer esta referencia era obligado porque el gran debate no estriba en echar a pelear (valga la expresión) la inteligencia electrónica ó digital con la humana, remedando viejos tiempos de desencuentro con la mal llamada inteligencia artificial. Ya me he pronunciado al respecto en mi libro “Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital”, donde se puede acceder a un conocimiento más exhaustivo para intentar resolver esta dialéctica tan actual e interesante. Precisamente, en el post sobre el tálamo hacía una referencia al investigador Jeff Hawkins, al que sigo de cerca desde hace tres años y ante la sugerente pregunta ¿llegaremos algún día a digitalizar la inteligencia?, volvía personalmente, en el libro citado anteriormente, a cargar las tintas sobre la teoría de la memoria predictiva donde el tálamo es una de las estructuras fundamentales del cerebro humano para “preparar e interpretar “ la información que trata: “Me refería a Hawkins porque su afirmación al respecto es taxativa, al responder a siete preguntas letales desde una perspectiva tradicional de inteligencia-máquina, sintetizada en esta respuesta a la primera de ellas, ¿Pueden ser inteligentes los ordenadores?: “Durante décadas los científicos del campo de la inteligencia artificial han declarado que los ordenadores serán inteligentes cuando cuenten con la potencia necesaria. Yo no lo creo y explicaré por qué. Los cerebros y los ordenadores hacen cosas diferentes”. Ahí está la clave. Y a partir de esa respuesta detalla de forma excelente su teoría de la inteligencia basada en la memoria predictiva, que me parece extraordinaria, sabiendo como él que se aborda solo una forma de aprehender la existencia sin desbordar ó desbordarse por las demás formas de ser inteligente en el mundo. En la medida que se profundice en el conocimiento de la corteza cerebral, sede principal de la inteligencia, sabremos más de la razón de su funcionamiento. Dialéctica investigadora, en suma” (2).

George Johson, finaliza su artículo con un canto a la extraordinaria capacidad del cerebro humano para llevar a cabo funciones donde por ahora la inteligencia electrónica ha tirado la toalla y ha pedido ayuda al cerebro de siempre y al especializado. Además, trabajando gratis para hacer más digital que nunca la inteligencia, a coste cero, desde nuestras casas, facilitando identidades y realidades que las máquinas, hoy por hoy, no son capaces de hacer ú obtener: “¿Cómo se cataloga Wikipedia, la enciclopedia generada por los usuarios que es un mecanismo extenso con piezas humanas reemplazables? Si presentamos o cambiamos un artículo, se pone en funcionamiento un enjambre de cálidos, y a veces acalorados, ejercicios de lectura de pruebas, haciendo correcciones y correcciones a las correcciones. O quizá Wikipedia se parezca más a un organismo, con glóbulos blancos humanos protegiendo su integridad. Sólo un utópico podría haber predicho lo dispuestos que estamos los humanos a trabajar gratis. Somos más baratos que el soporte físico; algo bueno, teniendo en cuenta lo difícil que somos de duplicar”.

Una advertencia desde la ética digital: quizá esté leyendo este post porque ha accedido a él desde Google o Yahoo, entre otros buscadores. Que sepa que ya saben a partir de hoy mas de su persona, de lo interesado que está en los “asuntos” de la inteligencia, además digital, porque un día, hace miles de años, Abu Ja’far Muhammad Ibn Musa Al-Juarizmi (¿recuerda la palabra algoritmo?), matemático, astrónomo y geógrafo musulmán, abrió una posibilidad inteligente de resolver problemas mundanos para conocer todo mejor, a través de su obra Kitab al-Jam’a wal-Tafreeq bil Hisab al-Hindi, traducida al latín en el siglo XII como Algoritmi de numero Indorum, donde el sistema de numeración posicional decimal, nos descubre por primera vez la importancia “digital” del número 0. Mediante algoritmos muy sofisticados nos hemos conocido hoy ó seguimos manteniendo el contacto. Aunque, sinceramente, todavía no se pueda entrar con todas las garantías digitales en nuestra persona instantánea, nuestra persona de secreto, tal como la definía de forma admirable Miguel de Unamuno. Entrar, sí, entrar en tiempo real, on-line, en nuestras emociones (estados afectivos pasajeros) y sentimientos (estados afectivos más estables y duraderos), que son los que verdaderamente nos hacen sentirnos más felices en nuestras vidas personales e intransferibles, aunque nos pasemos la vida invirtiendo tiempo y dinero, curiosamente, en la tecnología digital que, a veces, tanto nos pre-ocupa (con guión). Todo llegará, como también llegó la posibilidad y realidad mágica de morirnos de amor.

Sevilla, 6/X/2007

(1) Johnson, G. (2007, 4 de septiembre). ¿Amenaza la inteligencia electrónica a la humana?, El País, Edición en castellano del New York Times, p. 4.
(2) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 145.

Educación para la ciudadanía, para ESO (y X): …para todas, para todos…

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Llego al final de este camino, hecho al estudiar -una forma diferente de andar al estilo de Machado- tres textos diferentes de Educación para la ciudadanía, como un compromiso con la ciudadanía, como parte muy interesada en recuperar segundos de credibilidad para la traída y llevada asignatura, que ya ha iniciado su andadura -afortunadamente- en miles de Centros educativos de parte del Estado. Y lo hago con la tercera y última “lectura” interesada que he comprometido con las lectoras y lectores entusiastas de este blog, no aséptica, no neutral, como nos pasa en la vida ordinaria, porque no existen asignaturas inocentes, ni profesorado inocente, ni familias inocentes. Ni cuadernos de bitácora inocentes, por añadidura.

Retomo el análisis del libro editado por Algaida, en su página 38, dedicada a la Unidad 3: Comportamientos democráticos y ciudadanía”, como un todo indisoluble, es decir, democracia y ciudadanía son dos elementos obligatoriamente obligados a entenderse, con resultados garantizados de carácter vitalicio si una enfermedad “social” no los mina. Me han presentado a la familia Gutiérrez, un ejemplo vivo de que otra vida personal y social es posible, con comportamientos ejemplares y que provocan una actividad obligada en el terreno de la pregunta: ¿resultan normales o sorprendentes las actitudes democráticas de la vida ordinaria, de familias normales y corrientes, de profesionales honestos, de empleadas y empleados públicos que respetan el tiempo público, el espacio público y el dinero público? Y las alumnas y alumnos comienzan a trabajar en sus clases este tipo de cuestiones de Estado, mientras el profesorado de turno, a través de esta asignatura comienza a explicarles la importancia del significado de las relaciones democráticas, la democracia en sí misma como concepto y como experiencia histórica y actual, sus raíces auténticas.

También se preparan las clases en torno a los grandes principios de participación y representación, por este orden, consolidando la experiencia de este último: “También suele ser el modelo que se sigue en todo tipo de asociación o colectivo, como ocurre en un sindicato o en un centro educativo”. Consejo Escolar, Claustro de profesores, órganos de coordinación docente, equipo directivo. ¡La comunidad escolar, en definitiva, que tan bien suena! ¡Que sus ojos lo vean, que su inteligencia lo asimile y así permita sentirlo!, reflexiono en voz baja como deseo deseante, en clave juanramoniana, acordándome de cuando estábamos cerca del movimiento asociativo reglado en el Instituto de nuestro hijo y veíamos la escasa participación y, por extensión, la débil representación de las madres y padres teóricamente pre-ocupadas y pre-ocupados (con guión incluido) con la educación de sus hijas e hijos. ¿O más bien des-ocupadas y des-ocupados?, también con guión, por supuesto. Al menos, ahora, las alumnas y alumnos de esta asignatura van a aprender que la democracia no es una responsabilidad exclusiva de los políticos, sino un camino que se hace siempre al andar y para el que es necesario educarse también en las instituciones de enseñanza reglada. Y van a poder plantear en casa, en el barrio, en la basca de turno, que la presencia activa en la sociedad pasa indefectiblemente por “participar en los problemas comunes, aprender para saber deliberar con los demás los asuntos que nos conciernen y afectan, tomar las decisiones apropiadas y llevarlas a cabo o exigir y reclamar que se realicen” (página 44 del texto).

Pero no vivimos en el mundo de nunca jamás, por mucho síndrome de Peter Pan que se nos adjudique. Los problemas existen y la democracia los acusa con demasiada celeridad porque exige trabajo diario y hay que conservarla bien todos los días, con trabajos de mantenimiento proactivo y reactivo, porque a diferencia de las mercancías es un derecho y un deber, tangibles, de uso diario pero que no se tira para comprar otra en la tienda de la esquina. En la clave de Groucho Marx, no se concibe poder decir todos los días; “esta es mi forma de vivir en democracia. Si no le gusta, tengo otras… formas de hacerlo (quizá, de comprarla…). Las personas que han dirigido la edición abordan los límites y deficiencias de la democracia: el riesgo de la tiranía de la mayoría, la atención a los intereses de los representantes políticos dejando de lado la atención a las demandas de quienes los eligen, la capacidad de determinados medios de comunicación de manipular y dirigir la opinión e las personas, la cultura consumista que se nos inculca. Me parece muy interesante un pequeño excursus que se hace al respecto en el que se trata la democracia como un modo de vida y un proceso inacabado que “hay que extenderlo por todos lo sitios donde se desarrollan las relaciones humanas”. Lo apoyan con una referencia a las Unidades 10 y 11, las dos últimas, en las que se trata de forma extensa la globalización, la pobreza y la ayuda al desarrollo, y los conflictos internacionales y el Derecho Internacional Humanitario.

Desde la Unidad 4 a la 9, se hace un recorrido impregnado del hilo conductor de este texto: el conocimiento profundo de los derechos humanos, como elemento diferenciador del enfoque de este libro y, por tanto, de la asignatura en sí, que personalmente aplaudo en el fondo aunque en la forma detecte algo que ya señalaba en el primer post, su marcado carácter académico y donde el reto está de forma clara para el profesorado que imparte esta asignatura con el apoyo didáctico de este texto, para hacer llegar los mensajes educativos, nunca mejor dicho, a las alumnas y alumnos que serán el público objetivo de estos contenidos. También se opta por acometer análisis de realidades muy actuales: el respeto a las diferencias, la xenofobia y la discriminación de inmigrantes en España, donde probablemente tendrán actores de esta realidad tangible y tan próxima en muchos entornos urbanos y rurales, y la interculturalidad. Asimismo, se dedica una Unidad monográfica a la situación de la mujer y los problemas de género, al sistema constitucional y democrático español y, por su guiño a Andalucía, la referencia obligada al Estatuto de Autonomía de Andalucía, incluida la aceptación de su nueva redacción mediante el referéndum de 18 de febrero de 2007. Introduce un contenido relacionado con la ayuda a terceros, el consumo responsable y la publicidad y medios de comunicación. Demuestran una gran sensibilidad con problemas cruciales que afectan a la juventud española en torno a la seguridad vial y la responsabilidad ciudadana: los accidentes de tráfico existen, mueren muchos jóvenes en las carreteras y se ha convertido en un problema estrella. Se enlaza esta realidad con el nuevo fenómeno de atención social: la protección civil y la prevención ordenada de los desastres.

Y por primera vez, al finalizar la Unidad 9, se dice: “Esto no es una anécdota”. Se tratan las estadísticas de los accidentes de circulación, de lo que puede ocurrir si no se utiliza el cinturón de seguridad. Hoy leía en el diario El País lo siguiente en un editorial: “Pero se da la circunstancia de que en dos terribles siniestros ocurridos el sábado en la localidad lucense de Sarria y en la onubense de Valverde del Camino murieron cuatro jóvenes de entre 15 y 17 años. Ninguno llevaba el cinturón de seguridad puesto, y el conductor del vehículo estrellado en Sarria presentaba una tasa de alcohol en sangre muy superior a la permitida. Las muertes del pasado sábado dibujan el perfil cada vez más claro de accidentes que se producen los fines de semana, en los que se ven involucrados jóvenes que practican el botellón y se desplazan en trayectos relativamente cortos entre zonas de copas. Los ingredientes letales son la euforia del fin de semana, inexperiencia al volante, alcohol y exceso de velocidad. Por razones que la Dirección General de Tráfico debería analizar, entre estos grupos de jóvenes no han calado los mensajes contundentes de que el cinturón de seguridad es obligatorio porque salva vidas y que el consumo de bebidas alcohólicas dispara la probabilidad de sufrir un accidente mortal. La capacidad persuasiva y concienciadora de las campañas institucionales parece que ha tocado techo. Es momento de reclamar actuaciones específicas para combatir el dantesco goteo de muertes durante los fines de semana”.

Me ha dejado muy intranquilo esta lectura última, sembrada de muertes inútiles. He cerrado el libro y he salido reforzado en mi convencimiento de la necesidad de esta asignatura, de todos los contenidos que contempla, de esta Unidad dedicada a la seguridad vial, la que metafóricamente intenta proteger la forma de caminar de forma ciudadana en nuestras vidas.

Escribí hace muchos años, en febrero de 1981 concretamente, unos días después del golpe de Estado, un poema que comenzaba así:

Las palomas de Riotinto, son palomas de libertad

Con este símbolo, la paloma picassiana de la paz, finaliza, la Unidad 11 y el libro en su página 168. También, estas reflexiones, sabiendo hoy día que a las palomas se las persigue porque hacen “daño” a los edificios públicos. Espero que no se haga también ahora esta persecución lebrijana a los símbolos de la libertad, de la democracia, de la convivencia, de las nuevas formas de aprehenderlas, justificando la acción como mero “ajustamiento”, porque pueden hacer daño como símbolo a la inteligencia humana, porque no acabamos de comprender que lo que necesitan siempre es volar, eso sí de forma educada y que se las aprecie mucho… por la ciudadanía civilizada a la que no gusta asustarlas y hacerlas desaparecer del mapa.

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La paloma de la paz. Pablo Picasso, 1949

Gracias por haber llegado hasta aquí conmigo. Recuerda: la amistad, la compañía, la ciudadanía responsable, la inteligencia compartida por medios digitales, son como la cuerda de tres hilos, porque difícilmente se pueden romper.

Pásalo(s), si crees que merecen la pena. ¡Perdón!, si merecen la felicidad propia y asociada…, porque te recuerdo también que a través de esta “asignatura” podemos aprender, todas y todos, a ser felices.

Sevilla, 2/X/2007