Educación para la ciudadanía, para ESO (VI): obligatoriamente obligados a resolver conflictos a través de la inteligencia

El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros

Siempre me ha preocupado la necesidad, no azar, del conflicto. En todas las realidades posibles, hasta en lo que más quiero, sabemos que hay que compartir la existencia de los desencuentros, porque estamos obligatoriamente obligados a entendernos, porque la vida es un asunto muy vinculado con un largo y duro viaje, eso sí, a alguna parte feliz, lleno de contrapuntos. Cuando finalicé en 2006 la lectura de un pequeño gran libro, ¿Dónde está mi equipo?, escribí sobre las 64 páginas del mismo y allí recogí esta reflexión de la obligación, que la traigo a colación por su hondo significado en esta “hoja de ruta” sobre la educación para la ciudadanía: “Esta última idea no es mía. La aprendí, como siempre, de un poeta andaluz, en este caso de Rafael Ballesteros, malagueño, de un poema suyo precioso: “Ni yo tampoco entiendo”, al que puso música un conjunto vocal “Aguaviva” (Pepe Nieto), que también suena a premonición:

De este mundo los dos sabemos poco.
Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Quizá, obligatoriamente obligados a viajarlo (perdón por el neologismo), porque la vida es una invitación a subirnos a trenes (reflexión muy popular), aviones y barcos, que casi siempre tiene fecha de caducidad”.

Y en el viaje actual, acompañado del libro que comento desde el post anterior, me encuentro con la Unidad 2, siguiendo la estructura de esta serie, denominada: “La resolución inteligente de los conflictos”. He pensado inmediatamente en mi hijo Marcos, en su adolescencia, cuando despertaba a los conflictos de su propia existencia por mucho que nosotros, como padres, quisiéramos educarle en el principio de realidad. Y comprendo mejor que nunca la necesidad de esta asignatura donde pueden las adolescentes y los adolescentes actuales, abordar a través de las 18 páginas de esta Unidad, aspectos sustanciales para conocer, comprender y adoptar nuevas formas de tratamiento de los conflictos. Aunque a los padres, a partir de ahora, se nos complique más la convivencia familiar, porque seguro que en todo tipo de encuentros diarios, en más de una comida, saldrán los temas “espinosos” propiciados por la asignatura de marras y que probablemente, en aquella etapa anterior, era mejor evadirlos en busca del momento oportuno (que, a veces, nunca llegaba…).

Y se recurre desde el comienzo de la Unidad a la inteligencia, con una reflexión del espanto de la sinrazón: la guerra real, como consecuencia de los conflictos armados. Pero también aborda los conflictos en general y uno que puede resultar molesto quizá a los detractores de la asignatura, para que se hable en clase de él: los conflictos interiores, como el que puede arrastrar una adolescente, por ejemplo, porque vive en el conflicto permanente que enfrenta a sus padres. Es importante que estos ejemplos se puedan verbalizar y no nos debería asustar este abordaje porque probablemente pueda aprender en clase a ser feliz incluso en este medio hostil, comprendiendo que tiene el mejor recurso para enfrentarse a él: su inteligencia, porque ésta va a permitirle resolver bien su conflicto. Así se recoge en el texto, en su página 31: “La inteligencia es la capacidad de resolver problemas nuevos. Buscar la mejor solución a estos conflictos es tarea de la inteligencia”. También diría que los problemas más antiguos de la humanidad, cuando nuestros antepasados decidieron salir a la búsqueda de nuevas experiencias y se dieron cuenta que habían comenzado a experimentar conflictos de territorios y de posesión. Construyendo felicidad cuando se buscan soluciones justas, atendiendo las razones de todos.

Con esta introducción tan sugerente, se avanza en el conocimiento de los objetivos del Milenio, que no son meras declaraciones de principios, suscritos por España y que como parte de la ciudadanía mundial estamos también “obligatoriamente obligados” a poner nuestro grano de arena para conseguirlos a través de nuestro entorno personal, familiar, escolar y social. Es muy importante el personaje a analizar en este contexto educativo: Muhammad Yunus, que tendrán que incorporar desde ahora a su memoria cerebral (álbum neuronal) mezclado con los líderes de turno, sabiendo que su iniciativa de los microcréditos podría ser también una forma de actuar de la Caja de Ahorros ó banco mas cercano en la localidad donde habitan. Ejemplo práctico de aplicación de la inteligencia al problema que le rodeaba. O el ejemplo del debatido calentamiento global, donde tanto se discrepa y tan poco se conoce en las experiencias vitales más cercanas, con preguntas no inocentes al respecto: ¿podemos hacer algo para contribuir a su solución?.

Y llega el momento de la búsqueda de la felicidad ante tanto desvarío: las soluciones justas. Y se centra esta tarea en tres preguntas trascendentales: ¿cómo me gustaría que me trataran a mí?, ¿qué consecuencias tiene lo que hago? y ¿qué sucedería si no hiciera esto? Y se narran experiencias donde los protagonistas son las alumnas, los alumnos, con sus microcosmos particulares e intransferibles, pero donde se les lleva al protagonismo del conflicto y de la búsqueda de la solución a través de “sus” inteligencias: los conflictos están mucho más cerca de lo que creemos.

Y Machado sobrevuela estas páginas: para dialogar, preguntad primero: después… escuchad. Y se abren las puertas a las grandes soluciones: la Moral, la Ética y el Derecho. Quizá sea una de las páginas más controvertidas del libro, de la asignatura en sí, porque se trata del núcleo del conflicto actual en relación con la existencia e impartición de la asignatura. Las definiciones de moral, ética y derecho han sido siempre fuente de conflicto, pero personalmente me ha ayudado mucho conocer el contexto histórico en el que nacieron y su perspectiva histórica, quedándome con las interpretaciones que mejor traducen las realidades actuales. La circunscripción de la vida a la moral de cada uno, de una determinada sociedad, entendida como aquello que es “perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia” (DRAE) y de esta forma proclamar las libertades de conciencia al grito “¡sálvese el que pueda, es decir, el que piense desde su moral católica y únicamente como yo!”, es parar el reloj del tiempo a favor de una sola forma de interpretar la vida en común-unidad, con las proyecciones problemáticas -propias y asociadas- de las diferentes creencias en dioses, personas, naturaleza y sociedades. Defiendo por eso mucho más la elevación de la concepción de la Ética como el suelo firme del que nacen todos los actos humanos, incluyendo la moral individual. Estamos viviendo unos momentos estelares de contraética en todos los órdenes, de los que no escapan la acción individual, colectiva y de las organizaciones, cualquiera que sea.

La lectura de los profesionales de la teoría ética en España, anteriores a nuestros días, como López Aranguren, Sánchez Vázquez, Ferrater Mora, entre otros, así como en la actualidad, Savater, Camps y Marina, también entre otros, deja entrever que la referencia a los valores éticos, a su teoría y práctica, no se puede ni debe asimilar a la moral en su sentido estricto. Es por eso por lo que apuesto, entre otras razones, por una nueva visión de la ética que permita desinstitucionalizar el enfoque clásico de su razón de existir en cualquier campo de la vida, confundiéndola con la moral, camino por el que se pretende hoy quitar legitimidad a la asignatura desde posturas antagónicas perfectamente identificadas y que arrastran a muchas personas mal informadas y manipuladas groseramente, y abandonar la visión moral decimonónica anteriormente citada. Por otra parte, el profesor López Aranguren, en su magnífico libro Ética, publicado en 1958, ya daba una visión muy progresista de la ética (por paradójico que parezca), en el análisis etimológico del término, al concluir que en su estado primigenio cultural, la ética se podía traducir como la raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida.

Recuerdo una lectura de José Antonio Marina que hice en 1995, en su obra Ética para náufragos, que nos lleva de la mano a cuestionar el aspecto peyorativo, coercitivo y restrictivo de la moral versus la ética: todavía me cuesta trabajo pensar que la ética no es el museo de las prohibiciones sino la máxima expansión de la creatividad humana. Lógico, por otra parte, desde la reflexión del puro deber que preconiza la moral. Y si algo queda claro en este planteamiento, es la necesidad del anti-deber, como inseguridad necesaria de la acción personal ó profesional, en el esquema de la ética de situación, al ser siempre la acción ética un acto creativo: la ética es la más inteligente creación de la inteligencia humana, es dinámica, no estática. Si reconocemos con el autor que existen tres niveles éticos decisivos, es decir, la ética de la supervivencia, la ética de la felicidad y la ética de la dignidad, la conducta de las adolescentes, de los adolescentes también, que estudien este libro, se hará más creativa en sí misma, desde cualquier óptica con que se trate y desde los diferentes roles que se ejecuten atendiendo a su edad.

El mismo Freud, afirmaba en una carta a J.J. Putnam, algo verdaderamente dramático sobre el deber moral clásico como corolario lógico de la moral: Cuando me pregunto por qué me he esforzado siempre en ser honesto, condescendiente e incluso bondadoso con los demás, y por qué no desistí al notar que todo ello sólo me acarreaba perjuicios y contradicciones, pues los otros son brutales e impredecibles, no tengo, a pesar de todo, una respuesta (Marina, 1995).

Es lógico concluir, como lo hace el texto de referencia que estoy comentando en esta serie, que “la Ética y el Derecho son las mejores soluciones para resolver los conflictos humanos”. Cuando se armonizan estas dos estructuras sociales es muy posible la resolución de conflictos. A partir de este marco fundamental de la ética y de los derechos humanos, se recorren las instituciones que ayudan a buscar la justicia, las instituciones políticas, destacando aquellas que están al servicio de los ciudadanos: el sistema de salud, el educativo, la seguridad social, las fuerzas de seguridad y de protección civil, así como las Fuerzas Armadas. También, las Instituciones Internacionales y las organizaciones no gubernamentales.

Como no podía ser menos y obedeciendo a la estructura básica de las Unidades que ya expliqué en el post anterior, se abordan los sentimientos en relación con los conflictos, destacando la furia y la falta de humanidad, cuando hablamos de los malos sentimientos y la empatía, la compasión y la tolerancia al tratar de los buenos sentimientos. Soluciones: la colaboración y la solidaridad, como “las actitudes más valientes y justas para contribuir a la construcción de una sociedad más justa”.

Por último quiero destacar el apartado dedicado a la violencia en la escuela. Se destacan sin dramatismo las realidades constatables del acoso escolar y de la indisciplina, abordando el terreno de las soluciones y destacando el poder del procedimiento de mediación. Y siempre la eterna pregunta que se constituye en hilo conductor del texto: ¿qué puedo hacer yo?, con objeto de que siempre se interioricen los problemas y no creamos que la solución global está fuera de nosotros y de nuestro entorno, es decir, las alumnas y alumnos deben seguir las siguientes pautas: infórmate, reflexiona y actúa.

Nos despedimos con la doble página de la síntesis, de la que se deduce que se nos demanda trabajo personal y en grupo porque las cuestiones a resolver nos exigen “aportaciones individuales” para la solución inteligente de los conflictos. Termino también este post. Tengo claro que estoy obligatoriamente obligado a practicar la convivencia y a resolver conflictos todavía hoy, a entenderme con los que me rodean, en la seguridad de que dispongo del principal activo: la inteligencia creadora que me permite construir el suelo firme, la “solería” sobre la que voy a caminar a lo largo de la vida, construyéndome un hogar físico, psíquico y social”, ético, que me permita ser feliz a pesar de la recurrencia de los conflictos y rodeado ¿por qué no? de mis creencias.

Sevilla, 22/IX/2007

Un comentario en “Educación para la ciudadanía, para ESO (VI): obligatoriamente obligados a resolver conflictos a través de la inteligencia

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