Educación para la ciudadanía, para ESO (VII): otra felicidad es posible

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Fotografía de Nicolás Guillén recuperada de http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Guillen/index.shtml, el 22 de septiembre de 2007.

Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla…

Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte…

Nicolás Guillén (1902-1989), La Muralla

Vamos a entrar en el análisis final del libro de Educación para la Ciudadanía (Editorial SM), cuyo autor es José Antonio Marina. Digo “vamos” porque me siento acompañado de forma virtual por personas que están convencidas de la bondad de esta asignatura sin preconcepciones mediatizadas por sectores retrógrados y reaccionarios de la sociedad española. He leído con mucha atención los contenidos de la Unidad 3: “La lucha por la felicidad” y las que le siguen hasta la 9, última oportunidad didáctica, valga la expresión, para que la democracia quede consolidada como una de las formas más acertadas para hacer posible la convivencia humana.

El título de la Unidad refleja la ardua tarea que hay que acometer de nuevo en las 18 páginas que integran un contenido muy atractivo de palabras e imágenes, desde mi punto de vista impecables, para desarrollar tres grandes conquistas de la inteligencia -entre otras- que hace posible una forma de convivencia indiscutible para todas las personas de bien, con objeto de hacer viable un claro objeto de deseo humano: la abolición de la esclavitud, la lucha por la democracia, y la no discriminación por razón de género. Y la búsqueda de la felicidad como denominador común de todas las conquistas sociales detalladas en la Unidad, porque otra felicidad es posible.

Comienza el desarrollo de los primeros contenidos con el tratamiento directo y sin ambages de la lucha contra la esclavitud, representada por los once millones de africanos que llegaron a las costas americanas para malvivir, malmorir y malser, si se nos permiten estos duros neologismos. Todo para que las matrículas de los inmensos coches americanos del Estado de Massachusetts puedan llevar hoy día en sus matrículas la siguiente leyenda, como claro exponente de la historia de América: “El espíritu de América”, sin que veamos alusión alguna a estos millones de esclavas y esclavos que dejaron su piel en territorio donde la inteligencia mal aplicada hizo estragos en su sociedad. Y sobre el papel, sabiendo y reconociendo que el esfuerzo ha sido inmenso, la esclavitud sigue vigente aunque no queramos reconocerlo. Quizá más cerca de lo que a veces pensamos: las nuevas formas de esclavitud: inmigración dirigida por mafias, prostitución basada en la inmigración, niñas y niños que trabajan para multinacionales de la riqueza americana y europea, mercancías elaboradas en horarios interminables en China para vestir al primer mundo, mujeres que solo “viven” para servir a sus maridos, niñas y niños en India, donde conviven los chips más avanzados con durísimas jornadas de trabajo en el campo a cargo de criaturas de corta edad que no conocen los caballos de cartón que yo disfruté porque los reales, de carne y hueso, están siempre cerca de sus vidas. Lo sé porque estoy cerca de una Fundación que lucha por conseguir su libertad hoy por medio de la educación de la inteligencia en todas sus manifestaciones posibles.

En relación con el apartado dedicado a la lucha por la democracia, sé que han corrido ríos de tinta sobre el tratamiento de esta realidad, y su punto de partida me parece excelente: “una sociedad necesita organizarse para vivir bien”. Y de esta forma nace el conflicto en esencia porque todas y todos no podemos ejercer una consecuencia de la organización social: algunas personas tienen que ejercer determinadas funciones para garantizar las reglas del juego, por hablar en términos generales y no extrapolarlo a ejemplos concretos que uno puede imaginar inmediatamente en su proyección social concreta. Es decir, nace el poder y sus formas de llevarlo a feliz ó infeliz término. Se aborda la realidad de las tiranías en la historia y su antípoda: la democracia, desde sus orígenes hasta la consecución de la democracia en el mundo moderno. Y al igual que en libro que analicé anteriormente de la Editorial Santillana, se recurre a un ejemplo muy didáctico: la persona y el personaje Martin Luther King, como fiel reflejo de que otra felicidad era posible para la población negra en Estados Unidos y que las conquistas de las libertades se podían alcanzar también a través de la resistencia pasiva, es decir, no recurriendo a métodos violentos. Y para aquellos que dicen que esta asignatura es una nueva “F.E.N” (de infeliz memoria), “Formación del Espíritu Nacional”, solo quiero poner el ejemplo de la aplicación que hace el autor a la democracia en la actualidad, donde en siete líneas, trata de esta maravillosa realidad (cuando merecería un tratamiento superior desde mi punto de vista), y referido a España, solo se dedican cuatro líneas muy cortas, utilizando las 43 palabras que mejor trato deberían recibir por las alumnas y alumnos que tengan que comentarlas y analizarlas con la profundidad que -nunca mejor dicho- su profesora ó profesor les permita entender. Las reproduzco como homenaje al respeto que el autor profesa al análisis aplicado de unos contenidos tan trascendentales en la vida de las personas y su relación con el contexto de España: “En España, después de una larga dictadura, la democracia se reinstauró en 1975. También nosotros debemos respeto y admiración a todos los que la hicieron posible. Para que su esfuerzo no sea vano, debemos defenderla, y la mejor forma de hacerlo es participando”. Impecable, para reproducirlas en letras de oro en muchos cuadernos virtuales de democracias reales.

En tercer lugar se trata de exponer un logro más reciente, de gran actualidad: la lucha por la igualdad de la mujer. Hace un breve recorrido por la historia de la lucha por el reconocimiento de la igualdad de derechos y de dignidad de las mujeres, centrado en la realidad española donde la Constitución abrió las puertas para que las mujeres entraran en el Estado con el reconocimiento de su condición de personas en igualdad con la situación reconocida de antiguo a los hombres españoles. No está tan lejos esta herencia antidemocrática que algunos hemos vivido con el dolor y la frustración de una dependencia del Estado, de la dictadura que ha marcado tanto a generaciones anteriores y que no se encuentran solo en las bibliotecas al uso, sino que perduran en muchos casos en las de la inteligencia, la memoria y, muchas veces, en el corazón, lugar que de forma equivocada también, se atribuía la sede de los sentimientos y emociones, hasta que se ha sabido que es la inteligencia quién las puede asumir plenamente en sus funciones más vitales.

Se aborda el estudio del mapa de analfabetismo femenino en el mundo, es decir, la mayor pobreza y discriminación activa, la feminización de la pobreza, la explotación sexual, la violencia de género, el derecho al voto y las diferencias económicas y sociales. Quizá, por cierta deformación profesional y humana, estoy cerca de la participación activa en esta situación de discriminación, contribuyendo desde este cuaderno con artículos que resalten el género femenino en su auténtica sede de autoestima y reconocimiento de capacidades (remito al buscador de este blog), que ubico en el cerebro de la mujer y el enorme potencial que encierra, que se desconoce y que hay que descubrir a la sociedad que respeta la igualdad en la diferencia física, psíquica y social.

Y aparecen con carta de naturaleza los derechos humanos, porque protegen los valores. El autor es muy cuidadoso con la presentación de la cuarta parte de la parte contratante en lenguaje “marxiano”: los valores y sus clases, es decir, el valor económico, el útil, el estético y el valor moral ó ético. Y me he sentido muy cerca de su análisis cuando he recuperado la canción que aprendí junto al grupo Quilapayún en los años difíciles de este país: “Para hacer esta muralla…” ¡Cuantas manos han construido este país! ¡Cuánta materia para educar en ciudadanía a disposición de maestros, profesores y padres! ¡Cuantas manos de ciudadanas y ciudadanos, educadas y educados, siguen faltando para seguir construyendo este país! ¡Cuánto mirto y yerbabuena, cuantas rosas y claveles, cuantas palomas y laureles, cuantos ruiseñores en la flor, quedan por recuperar para mantener abierta la muralla! Porque de sables de coroneles, de alacranes y ciempiés, de venenos y puñales, y de dientes de serpientes, ya se encargan otros de estar al acecho para brindarles las mínimas oportunidades que, a veces, las murallas débiles -aún en democracia- les permiten alcanzar.

Los valores éticos más importantes se explican también con detalle: los bienes materiales educativos, la libertad, la igualdad, la seguridad y la paz, basados en la justicia y en la solidaridad. Nace así el buen comportamiento. Y el malo, injusto por naturaleza. Así se prepara el terreno para abordar las declaraciones de los derechos humanos, clarísimo objeto del deseo del autor. Y nacen los recordatorios y las actividades, donde se plantea una pregunta con una gran carga de profundidad: ¿por qué no se pueden comprar los valores éticos? Es más, ¿de qué modo podemos apropiarnos de ellos? Me encantaría mirar por una rendija de una clase donde se impartiera esta asignatura, con este texto, y atender a las respuestas que dieran las alumnas y los alumnos ese día. Seguro que aprendería una gran lección para mi vida ordinaria.

Como siempre, en el modelo de este texto, algo tienen que ver los sentimientos como canalizadores de la realización de estos proyectos humanos analizados anteriormente. Y se explica su participación a través de la admiración y de la gratitud, presentes en todas las culturas, pero siendo grandes ausentes en la nuestra, como signo de mala educación ciudadana. También el optimismo y el pesimismo. Y el autor dice algo muy importante sobre el optimismo: “ahora sabemos que este rasgo tan importante de la personalidad es aprendido y se puede cambiar”. ¡Cuanto se puede hacer en este sentido sabiendo que otra felicidad es posible!, porque se pude aprender a ser optimista, que nos podemos entrenar para ver las cosas de otra manera. Hay que aprender a enfrentarse a las dificultades porque siempre van a estar allí. Hay que saber elegir y asumir el dolor de la elección, con la garantía de que se pueden ir sumando puntos en la autoestima. Nace así el pensamiento crítico. La libertad de opinión, que tantas veces va a ser compañera de viaje para lo bueno y lo malo. Nuestra inteligencia, personal e intransferible, lo permite y es una pena no aprovecharla. Pero hay que enseñarlo. No se nace sabiendo, pero si conteniendo estas posibilidades innatas, porque el cerebro es una maravillosa caja de sorpresas gratificantes.

Para acabar, se dedican dos páginas a analizar el derecho a la Educación, como derecho peculiar, impuesto obligatoriamente. Se desarrolla esta exposición justificando esta “obligación” a través de la Convención sobre los Derechos del Niño, en su artículo 28 dedicado al derecho a la educación, la realidad de la igualdad de género en la educación y la justificación detallada de por qué es obligatoria la enseñanza. En definitiva, porque la educación ayuda a tener un futuro mejor y para que todos los ciudadanos accedan a unos conocimientos que les amplíen las oportunidades de progresar en su vida, sabiendo que es posible alcanzar otra felicidad que la que proporciona el mero mercado. Porque es un derecho y no una mercancía.

A partir de aquí la pregunta obligada en esta asignatura, propia de este texto, presente en todas las Unidades didácticas: ¿qué puedo hacer yo? La respuesta no está en el viento: infórmate, reflexiona y actúa, porque esa tarea te corresponde. Es un derecho que te reconoce el Estado y que puedes desarrollarlo a través de esta asignatura. ¡Extraordinario!. Y salí a pasear por el barrio de la ciudadanía, ya muy próximo, muy familiar para visitar otros puntos de interés (Unidades): calle de la dignidad humana Unidad 4), avenida de los deberes humanos, pasaje del respeto, plaza contra la violencia de género, puente de la conciencia cívica (Unidad 5), bulevar de la responsabilidad, calle de la motivación, avenida del consumo responsable. Me he detenido en un edificio ético muy singular, declarado de interés nacional, la Casa Común, un proyecto ético para construir una sociedad justa y allí he descubierto la importancia que tiene el autoconocimiento (Unidad 6), el descubrimiento de la personalidad de cada una, de cada uno, rememorando aquella frase corta y profunda en latín en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos: Gnosce te ipsum, conócete a ti mismo. He buscado desesperadamente la Avenida de la Identidad Personal, entrando y saliendo en las calles que la rodean: identidad sexual, religiosa, nacional y humana. Y me he dirigido inmediatamente a la circunvalación de este barrio tan peculiar: la C-inteligencia (convivencia en la inteligencia). He visto mucha cartelería ética en torno a la inteligencia, bajo un denominador común ó plano para convivir, sabiendo que es el camino ó facultad de comprender, conocer y dirigir bien el comportamiento. Aprendizaje y aplicación de lo aprendido, como un Manual de supervivencia para visitantes del Barrio de la Convivencia. Y al final de esta avenida he encontrado el Arco de la Felicidad.

He pasado debajo de él, leyendo en una pieza de mármol travertino la siguiente inscripción: “Nuestra búsqueda de la felicidad personal debe enmarcarse en el proyecto ético común y ser, por tanto, compatible y cooperadora con la felicidad de los demás”. Alguien se ha acercado y me ha hecho un comentario sobre las drogas (Unidad 6). Rápidamente he recordado dos grandes principios en contra de ellas: alteran la responsabilidad y la libertad. He buscado amigos (Unidad 7), he leído unas páginas atractivas sobre la sexualidad y el proyecto ético común y he abierto el texto de referencia para adentrarme en el núcleo de la sociedad: la familia, entendida como derecho y proyecto libremente elegido atendiendo a las diferentes formas de comprender la unidad familiar. Me he dado cuenta que tengo que mantener muy cuidadas, atendidas y limpias las infraestructuras de este Barrio (Unidad 8). La convivencia en esta localidad es un imperativo para ser feliz allí donde estoy, porque soy ciudadano del mundo y vecino de mi localidad. Tengo que trabajar y valorar el esfuerzo que supone para la emigración y su integración en este barrio. Y atisbo sentimientos contrarios a la convivencia.

Salgo de nuevo hacia una nueva e imaginaria Avenida de la Democracia (Unidad 9 y última), como elemento necesario e indispensable para la construcción de la “Casa Común”. Investigo el origen de las palabras que sustentan este vocablo, gobierno del pueblo y lo relaciono con la política. Y analizo la participación y la representación. Abro la Constitución, donde aprendo como se debe convivir en España. Recuerdo que las adolescentes y los adolescentes que estudien este texto leerán lo siguiente en esta Unidad: “La principal función de la política consiste en organizar la convivencia y conseguir la justicia en la sociedad para orientarla en el bien común”. Y acabo el análisis deteniéndome en el apartado dedicado a los sentimientos creadores, debiéndose fomentar los siguientes proyectos vitales: la necesidad de fijarnos metas, la autoconfianza, la conciencia de la propia dignidad, el deseo de ampliar la propia inteligencia, la actitud activa y el compromiso con un proyecto noble.

A partir de aquí he ido a mi estantería preferida y he cogido un libro de Nicolás Guillén, con la versión de Quilapayún de fondo, para recordarlo mejor en su poema “La Muralla”: Para hacer esta muralla, tráiganme todas las manos… Y cuando he llegado al verso “¡Tun, tun!, ¿quién es?”, he dejado pasar a José Antonio Marina para que me explique bien sus extraordinarias 175 páginas… Y refiriéndome al sentimiento de gratitud, le he agradecido esta experiencia, porque he bebido agua y no se me ha olvidado la fuente.

Sevilla, 23/IX/2007

2 comentarios en “Educación para la ciudadanía, para ESO (VII): otra felicidad es posible

  1. jose antonio marina dijo:

    Querido amigo: Quiero agradecerle su comentario. He intentado que el libro de texto fuera animoso y alegre, que reflejara la emoción y la responsabilidad que siento ante el Gran proyecto humano. Muchas veces he pensado que no he apovechado suficientemente la gran oportunidad de dirigirme a miles de sdolescentes. Si se le ocurre algo que pudiera mejorar el libro en ediciones siguientes, le ruego que me lo diga. Usted me trata como un amigo y, desde luego, me honra esa amistad. Un cordial saludo. JAM

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