Educación para la ciudadanía, para ESO (VIII): la aventura del iceberg social

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Iceberg off of Newfoundland (imagen recuperada de http://defiant.corban.edu/gtipton/net-fun/iceberg.html, el 28 de septiembre de 2007)

Escribo este post con cierto dolor porque en una interpretación de contrarios de un poema de Miguel Hernández, la Iglesia oficial española, católica, apostólica y romana, sigue como “el rayo que no cesa” en su empeño de sembrar sobre todo amargura y desasosiego en relación con la impartición de la asignatura “Educación para la Ciudadanía”. Las palabras del portavoz de los obispos españoles, Juan Antonio Martínez Camino, no dejan lugar a dudas, según he leído hoy en la edición de Andalucía de El País: “presumió ayer de que las posiciones de su Iglesia “son siempre previsibles”. Justificaba así la airada reacción episcopal contra la implantación por el Gobierno socialista de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Martínez Camino reiteró ayer que “la gravedad de la situación no permite posturas pasivas ni acomodaticias”, en probable alusión a la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE), que ha pactado con Educación la adaptación a su ideario de los contenidos polémicos de la nueva asignatura. El portavoz episcopal zanjó la cuestión afirmando que esa asignatura es contraria al ideario católico aún incluso “si sus contenidos fueran excelentes”. “Un centro católico debe saberlo”, remachó. Su tesis es que el Estado, las Cortes y el Gobierno, por democráticos que sean, no pueden inmiscuirse en “la educación de las conciencias”. Preguntado por las medidas adoptadas hasta ahora -objeción de conciencia, recursos judiciales-, y por una posible convocatoria de manifestación, fue tajante: “Cuando está en cuestión un derecho tan fundamental, como el de la libertad de conciencia y de enseñanza, todos debemos mostrarnos unidos en su defensa con todos los medios legítimos” (1).

Por eso navego en mares procelosos, con la ilusión hoy de ayudar a comprender mejor que el bien es difusivo de sí mismo, de que la ciudadanía es también difusiva de sí misma y que como lo enseñaba la escolástica más estricta (aquí no caben subterfugios), siempre se pueden abordar los asuntos trascendentes como “cuestiones en discusión”, al menos para enriquecernos como ciudadanas y ciudadanos que sabemos ceder el paso a la persona que lo necesita.

Explícito el aviso para navegantes de Educación para la ciudadanía y los derechos humanos, de la editorial andaluza Algaida, que contextualiza sus contenidos con referencias y guiños permanentes a esta Comunidad desde el primer capítulo, como lo viene haciendo desde hace veintidós años, al abordar los espacios sociales donde se desarrollan las relaciones interpersonales con el trasfondo del amor de la lumbre para ser ciudadanas y ciudadanos excelentes en un entorno tan característico en esta tierra: “El espacio comunitario es aquél donde tienen lugar las relaciones de vecindad y de identidad de grupo, étnica, religiosa, cultural, etc. Gracias al espacio comunitario podemos decir que somos jiennenses, granadinos, gaditanos, malagueños, almerienses, onubenses, cordobeses o sevillanos”. Es una de las peculiaridades de esta edición, la identidad andaluza de la educación de la ciudadanía y por la que aposté en esta serie de artículos (post) que inicié el pasado 24 de junio. Además, es importante identificar al coordinador del mismo, David Sánchez Rubio, profesor titular de Filosofía del Derecho por la Universidad de Sevilla, especialista en derechos humanos, democracia, teoría crítica del derecho y pensamiento latinoamericano de la liberación. También, autor y coeditor de diversos libros como Filosofía, derecho y liberación en América Latina (1999), Globalizaçao e direitos humanos (2004), Esferas de democracia (2004) y Nuevos colonialismos del capital. Propiedad intelectual, biodiversidad y derechos de los pueblos (2004), sin dejar atrás a Rocío Medina Martín, coautora del libro e investigadora en la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla.

En este contexto he leído con atención las 168 páginas del libro y desde la primera he apreciado aspectos diferenciales de los dos textos que he comentado en los post que anteceden a éste: se adopta una estructura más académica en las exposiciones de los contenidos, distribuidos en once Unidades didácticas, los contenidos son bastantes más densos y el marco de los derechos humanos es un hilo conductor presente en todos los contenidos tratados. Me parece correcto el planteamiento aún cuando deduzco que el esfuerzo de comprensión de los textos por parte de los profesores y alumnas y alumnos exigirá una atención y creatividad más estructurada que la que se contempla en los dos textos de referencia anteriores.

Pero llevan razón los autores cuando desde la primera página asemejan la educación para la ciudadanía y los derechos humanos a un iceberg: “Con este texto de Educación para la ciudadanía y los derechos humanos queremos mostrar de forma sencilla, amena y entretenida que, como ocurre con la parte sumergida de un iceberg, existe todo un mundo de matices y cuestiones sociales más o menos ocultos que no deben ser ajenos, extraños y desconocidos. La ciudadanía y los derechos humanos ponen al descubierto todos estos asuntos y evidencian que están muy cerca de nosotros y que tienen lugar todos los días en nuestra vida cotidiana”.

Con este programa de viaje, me he puesto a “navegar” por el texto y he recorrido visualmente, en primer lugar, el programa establecido, con la idea preconcebida de intentar descubrir islas desconocidas, tan familiares en esta aventura del blog, sabiendo que en el manual de instrucciones de esta nave hay peligro inminente de encontrar icebergs sociales “que no deben ser ajenos, extraños y desconocidos” para un aventurero en busca (todavía y con la que está cayendo) de este tipo de educación: las relaciones humanas y la autonomía personal, las relaciones entre hombres y mujeres, la familia y sus tipos, los comportamientos democráticos y su relación con la ciudadanía, los derechos humanos y la declaración Universal de 1948, la diversidad y la discriminación social, la situación de la mujer y los problemas de género, el sistema constitucional y democrático español, la solidaridad, responsabilidad ciudadana y servicios públicos, la circulación vial, protección civil y prevención de desastres, la globalización, la pobreza y la ayuda al desarrollo y, finalmente, los conflictos internacionales y el Derecho Internacional Humanitario. Un programa de viaje fascinante, diferente a los anteriores. Muy diferente en el enfoque de lo leído (viajado, valga el constructo) hasta ahora, pero probablemente con un destino muy digno, respetuoso con la voluntad del legislador, del gobierno decente del pueblo español y con matices andaluces que lo dignificarán en la aplicación práctica de lo que a priori puede parecer como un texto sencillo de teoría del derecho.

Y he comenzado la singladura del riesgo declarado, no inocente, desde la Unidad primera: relaciones humanas y autonomía personal. Los autores nos introducen de lleno en el conflicto social (parte sumergida del iceberg) desde el primer momento: “el conjunto de acciones que en nuestro barrio, en nuestra ciudad y en nuestro país desarrollamos junto a la instituciones y organismos como el Estado para lograr, entre todos, tanto el bien común como una sociedad participativa y solidaria, se denomina ciudadanía”. Y el trabajo de buceo social se inicia con una Actividad, como pieza estructural que estará presente en todas las Unidades, con preguntas sin respuestas preconcebidas para que se puedan trabajar por las alumnas y alumnos enrolados en la asignatura. Ante esta incertidumbre de inicio de la singladura se ofrecen contenidos muy densos para demostrar que los humanos somos seres sociales y relacionales, que hay muchos tipos de relaciones humanas, que existen relaciones en función de la intención: dominación y emancipación. Y se recurre permanentemente a los “Mensajes Educativos”, a modo de cuadros o etiquetas de diferentes colores que iluminan las ideas principales que se quieren destacar del contexto. También se abordan los espacios sociales de las relaciones interpersonales, destacando el espacio de la ciudadanía, definido como “el lugar donde discurren las relaciones entre los ciudadanos y el gobierno del Estado”.

También se valora la importancia de las relaciones interpersonales y las instituciones, destacándose las siguientes: la familia, el colegio, el instituto y el centro educativo, el lugar de trabajo, el mercado y las instituciones religiosas. Se da paso a la autoestima personal y a la autoestima, a las emociones y a los afectos. Por último, a la amistad y al amor. Los contenidos son muy limpios, evitan todo elemento fronterizo y siempre se trabaja con la inclusión de la negrita como recurso para subrayar los aspectos primordiales a recordar.

A partir de esta exposición de contenidos esenciales, la Unidad introduce el trabajo directo de las alumnas y alumnos, como constante de las once que desarrolla el texto. Comenzando por las Actividades que permiten “jugar” con lo estudiado, dinámica de convivencia en clase, recordar los personajes de un cuento, jugar y jugar, abordar la realidad personal e intransferible de los sentimientos, la autoafirmación y la búsqueda del personaje de la Unidad. Se estructuran las Conclusiones y siempre aparecerá la Anécdota Final, para desdramatizar los contenidos expuestos y seguro que trabajados, resaltando hechos de vida que pueden estar más cerca de nosotras y nosotros de lo que muchas veces creemos.

Es un buen trabajo de aproximación a la realidad más difícil de la vida: la convivencia. Pero sobre todo, a la parte oculta en cada persona y en la sociedad. Aquella que crea desasosiego porque un día descubro en clase, en el aula de la vida personal e intransferible, un “conjunto de acciones que en nuestro barrio, en nuestra ciudad y en nuestro país desarrollamos junto a la instituciones y organismos como el Estado para lograr, entre todos, tanto el bien común como una sociedad participativa y solidaria” y que, en principio, eran “todo un mundo de matices y cuestiones sociales más o menos ocultos que no deben ser ajenos, extraños y desconocidos”. A esta experiencia se la llama “ciudadanía”. Sorteada esta parte del iceberg, que he pasado hoy rozándolo, descubro que cerca de éste existen otros. Y lo que más preocupa es la parte que esconden. Aunque me quedan en este caso diez capítulos de esta “carta para marear” que se llama “Educación para la ciudadanía y los derechos humanos”, que me van a permitir aprender que otra “mar de la tranquilidad y felicidad” es posible. Seguro.

Sevilla, 28/IX/2007

(1) G.B., J. (2007, 28 de septiembre). Los obispos reprenden a los colegios católicos por la asignatura de Ciudadanía. El País, p. 46.

2 comentarios en “Educación para la ciudadanía, para ESO (VIII): la aventura del iceberg social

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