Cerebro Valley

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Foto del cerebro, en situación de pensamiento complejo, cortesía de Arturo Toga, neurólogo en la Universidad de California, de Los Ángeles (LONI) y director del Centro para la biología computacional (1)

Envié una carta el pasado nueve de diciembre al suplemento dominical Magazine, con la ilusión de que la pudieran publicar completa, con ocasión de un reportaje excelente sobre Silicon Valley. Conozco y respeto las bases de publicación y que Magazine “se reserva el derecho de resumir o extractar el contenido de los escritos y de publicar los que considere oportuno”. Es cierto, pero me ha sorprendido que en ese ejercicio de derechos se haya publicado hoy, eliminando el contenido final de la carta, precisamente el que cierra el planteamiento general de la misma: explicar las cuatro creencias básicas de los seres humanos y la paradoja de la búsqueda del chip de la felicidad en el cerebro Valley. Creo, sinceramente, que la carta ha perdido su hilo conductor y lo siento. De cualquier forma, publico el original completo que envié, respetando el texto que se ha publicado (en cursiva) e incorporando entre corchetes el texto omitido. Juzga, navegante amiga ó amigo, si es lógica la omisión.

“En la medida que conozcamos a fondo el funcionamiento del cerebro, tenemos garantizado el éxito futuro de Silicon Valley, tal y como lo manifestaba el 9 de diciembre Musa Jahanghir, ingeniero de arquitectura de Intel: “Mi cerebro procesa información y no hace cálculo numérico, así que habrá que conseguir que los procesadores, en lugar de hacer cálculo numérico, funcionaran igual que las neuronas” [(Magazine, 9/XII/2007)].Estoy convencido de que en la corteza cerebral (estructura esencial del “Cerebro Valley”), como metáfora humanista, está el secreto del desarrollo digital de Internet. Me entusiasma pensar que el día en que se sepa más del funcionamiento de todas las estructuras cerebrales conocidas, nos será más fácil deducir por qué sabemos lo que se dice que sabemos, por qué amamos y por qué buscamos apasionadamente cuatro creencias básicas desde hace millones de años.” [: Dios, la naturaleza, la persona humana y la sociedad, en todas las manifestaciones posibles. Aunque Google, Adobe, Microsoft e Intel, por ejemplo, seguirán ayudándonos a buscar el chip y el algoritmo de la felicidad que, sin lugar a dudas, solo se podrá “abrir” con el programa de creencia personal del que disponga cada cerebro humano.]

Sevilla, 23/XII/2007

(1) Publicada en Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital , 72.

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