Haití, la tierra de las montañas

imagen humana de Haiti
Imagen recuperada de http://www.unicef.org/spanish/childalert/haiti/people.php, el 17 de enero de 2010

Quiero estar cerca de la tragedia de Haití. He procurado leer todo lo que he podido en estos días sobre la historia hermosa de Haití, su conciencia de clase que le permitió ser la primera nación en abolir la esclavitud, a pesar de que España, con Colón a la cabeza, les llevara a una situación de dolor africano, en beneficio de países conquistadores. El lema de su escudo, la unión hace la fuerza, es esperanzador para su conciencia de pertenencia a una tierra de montañas, que así se traduce la palabra Haití.

Y vuelve a resonar en mi persona de secreto las palabras de la persona que hacía comunidad, el Eclesiastés, con una dureza enorme, sin respuestas: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”. Paradójicamente, a esas cuestiones ya respondió hace siglos la persona que mejor conocía la comunidad, es decir, el más inteligente, el superdotado de entonces, porque respondía a todos los problemas en los pueblos ribereños que hoy se debaten en guerras fratricidas: el Eclesiastés. Cuando todo era silencio sin respuesta ante la adversidad, decía: mejor es caminar juntos que uno solo, porque si te caes siempre habrá alguien que te levante. Muy inteligente. Había resuelto un gran problema para el presente y para el futuro de la inteligencia social de cada uno, sin discriminación alguna” (1).

Aquellas preguntas, aplicadas hoy, son un buen antídoto contra el conformismo personal y social:

– ¿Qué gana el que trabaja con fatiga en Haití, si se demuestra antes ó después que todo es vanidad de vanidades, solo vanidad, algo así como intentar atrapar el viento?
– ¿Qué diferencia hay entre el hombre, las mujeres, las niñas y niños de Haití, y el animal, si ambos vuelven siempre al polvo?
– ¿Quien guiará a los hombres, mujeres, niñas y niños de Haití a contemplar lo que hay después de ellas y ellos?

Y cuando consulto cómo es la tierra de las montañas, solo me queda una respuesta previa del Eclesiastés: “Estas preguntas demandan respuestas que se elaboran en el cerebro a lo largo de la vida, habiendo ocupado las religiones diversas que existen en el mundo, dominadas por dos monoteístas, cristianismo e islamismo (3.400 millones de personas), un papel estelar en el prontuario de soluciones, orientando a millones de seres humanos hacia una creencia específica alojada en el “alma”: la de la existencia de Dios y sus diversas manifestaciones como solución integral e integrada a la lógica ilógica de la existencia humana resumida en las tres preguntas anteriores. Y curiosamente ya estábamos advertidos por Qohélet: la respuesta no la vamos a saber nunca porque “[Dios] también ha puesto el afán en sus corazones, sin que el hombre llegue [nunca] a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin” (Eclesiastés 3, 11)” (2).

Y como, paradójicamente (¡cuánta dureza de corazón!), no vamos a tener muchas respuestas a mano, muchas personas viajan a Haití, cada cual a su manera, para estar cerca de esa realidad. Más o menos, como sigue narrando el autor en el capítulo 4 de ese excepcional libro: más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren el uno levantará a su compañero […] La cuerda de tres hilos no es fácil de romper… Al fin y al cabo, la quintaesencia del lema de Haití.

Sevilla, 17/I/2010

(1) Inteligencia social (http://www.joseantoniocobena.com/?p=4)
(2) Estructuras cerebrales y Dios (http://www.joseantoniocobena.com/?p=466)

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