Intelectuales Digitales

ALAIN MINC

Estoy leyendo artículos y libros, en los últimos meses, en los que hay un denominador común que traduce una honda preocupación social: ¿Dónde están los intelectuales en este difícil momento histórico de crisis mundial económica y, sobre todo, de valores? Y siempre se recurre a la figura de Diógenes de Sínope, aquél vanidoso que gritó a los cuatro vientos “¡busco un hombre!” y que sufrió mucho cuando Aristipos de Cirene, el cirenaico, que se bañaba un día con él, se puso su túnica llena de agujeros, negándose el “buscador de hombres” a ponerse la de su amigo, porque era de púrpura y cuando lo viera cualquier persona pensaría mal de él. Como alguna vez he comentado a personas queridas, la anécdota es una ironía de la vida. Al menos, nos sirve para damos cuenta de que la empresa de «buscar una persona» exige en principio, autenticidad de vida personal «para que no se nos note la farsa a través de los agujeros de los hechos», porque todas las personas, sin excepción alguna, llevamos rasgos intelectuales en el cerebro.

Ya escribí en 2006 un post Encontrar una persona que se iniciaba con esta famosa expresión de búsqueda. ¿Quién se atrevería hoy a gritar por las calles y plazas: «¡Busco un intelectual!»?: “Nos tomarían por locos…, pero cuando las personas hablamos en serio, afloran los secretos y las locuras individuales y colectivas. Todo encuentro humano -filo cortante de la existencia- afrontado con honradez y coraje de vivir, puede gritar al mundo que cualquier persona puede y debe buscar a otra persona. No hay «yo» sin «tú». Hablar así en y de la habitación interior de cada uno, supone una sintonía de principios, proyectos y necesidades. Quizá también de intercomunicación de «crisis» personales, al ponerse en tela de juicio el sentido existencial del ser humano. Es una forma de abandonar el camerino ambulante y la representación subsiguiente en el gran teatro del mundo, para dedicarse a pensar, forjar ideales, luchar y transformar. No se trata, por otra parte, de buscar «gente, mundo o pueblo», sino una persona concreta, quizá cercana, quizá andaluza, quizá hermana, que quiera compartir la construcción diaria de una casa humana, con numerosas «habitaciones interiores». Podríamos entender «casa humana» como el país, la provincia, la ciudad, la fábrica y la familia que sentimos todos los días”.

También he escrito en este cuaderno sobre el compromiso intelectual: “Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar ¡Eureka! a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo”.

¿Se buscan personas intelectuales? Probablemente siga siendo una tarea multisecular, porque desde Diógenes hasta nuestros días han pasado ya muchos siglos y la pregunta es todavía más correosa hoy: ¿dónde están los intelectuales que tanta falta nos hacen? Porque dinero no hay, pero cerebros y su proyección mediante la inteligencia humana es un bien millonario en números, tantos como personas poblamos el planeta tierra hoy, en el momento en que escribo este post: 6,996,843,831 personas, a las 14:04 UTC. Parece que la respuesta de cómo ser un perfecto intelectual hoy no está en el viento, tal y como leía ayer en un artículo muy revelador al efecto, que llevaba por título “El arte de la persuasión”: “La pasión por la conversación, la inteligencia y la reflexión. Tres cualidades que definen al intelectual, un pensador que trata de influir sobre el corazón del poder o la realidad exterior, alguien capaz de ejercer el derecho de injerencia, cambiar la historia o encarnar un momento en la vida de un país. La definición en sí misma parece una reliquia del pasado. Como si la especie hubiera sido devorada por ese universo hambriento de Internet. Alain Minc (París, 1949), autor de Una historia política de los intelectuales (Duomo Perímetro), compara a la raza de los pensadores con “la diversidad de los quesos, la variedad de los paisajes o la pasión por las revoluciones, una especialidad muy francesa”.

Pero el problema radica en que hay una realidad virulenta llamada Internet, que destroza todos los patrones al uso, tal y como lo trata este autor, declarando a Voltaire como el primer intelectual de la época, aunque personalmente tengo una debilidad extrema por Mozart, que no me importaría en señalarle como el auténtico intelectual de referencia del siglo XVIII: con el Rey o contra él, por no decir lo mismo respecto de lo Papas. Y cada uno hoy que lo aplique como mejor pueda, a tenor de su desarrollo intelectual, a tenor de lo expuesto en su libro por Minc. Y si es a través de la inteligencia digital, mejor, por supuesto, como lo vengo exponiendo a lo largo de seis años en este blog.

La presente y futura persona “intelectual” ya no es lo que era, que diría Groucho Marx y, ¿por qué no?, Minc: “Ya no existe la figura del intelectual magistral a la antigua usanza. Sartre es el último de ellos. Bourdieu intentó reinventar el papel, pero no ha conseguido más que ser un pálido imitador. Bernard-Henri Lévy se cree un Malraux contemporáneo y él llega a mezclar la reflexión y la acción con el caso de Libia como punto culminante. Pero su magisterio no puede compararse con el de Sartre y Malraux; no por un fallo suyo sino porque la sociedad ha cambiado. ¡Todas las autoridades están debilitadas: la política, la religiosa y también la intelectual!”. Gracias a Internet.

En la entrevista mantenida con el autor, según se refleja en el artículo, mediante correo electrónico para mayor “inri”, se recoge esta respuesta:”La irrupción de Internet lo cambia todo. Su tesis es que ya no existe monopolio de la información, “no más jerarquías, no más circuitos privilegiados. En el reino del buzz [mecanismo de red social] todo el mundo se mete en los asuntos de los demás”, porque “—Ya no existe la vanguardia de la sociedad. Internet crea un gran baño democrático que anula todas las jerarquías, incluyendo a los intelectuales. El sistema de poder intelectual —libros, críticas, debates mediáticos— está atacado por la Red. Nada está dado de antemano. Dicho esto, este inmenso espacio tiene un mayor inconveniente: desvalora al experto y al erudito. En la Red, todo vale: la opinión emotiva tanto como el razonamiento deductivo. ¿Cómo se recrearán nuevas legitimidades? Nadie lo sabe”. Y avanza la entrevista en unos términos clarificadores: “El futuro, vaticina Minc, será de los e-intelectuales. Esa nueva especie emergerá de este inmenso guirigay, pero es imposible definirlo hoy. “En todo caso, no será el pensador magistral que reflexionará como un clásico internetizado”.

Personalmente, vuelvo a reflexionar con Manuel Castells (La Galaxia Internet) una idea transcendental: los intelectuales podremos encontrarlos a través de Internet, de la red, de la Noosfera, de la malla pensante digital, aunque el principal temor de la gente, es el miedo más antiguo de la humanidad: el miedo a los monstruos tecnológicos o humanos que podamos engendrar, demostrándose hasta la saciedad que vivimos una gran con contradicción: la que existe entre nuestro hiperdesarrollo tecnológico y nuestro infradesarrollo institucional y social, por la ausencia de la fuerza que transmiten las personas intelectuales. ¿Alternativa? Existen malas noticias para los que sólo quieren vivir su vida: si no nos relacionamos con las redes, las redes si se relacionan con nosotros, hacen historia y las escriben. Mientras queramos seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, tenemos que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la galaxia Internet, la nueva galaxia de los intelectuales. Solo queda identificarlos.

Sevilla, 26/II/2012

NOTA: Cuando voy a publicar este post, ya han nacido en el mundo que vivimos 34.793 personas más, siendo las 18:01 UTC, desde la hora (14:04) en que cité el dato recogido en el texto, con posibilidades de llegar a ser intelectuales digitales en un futuro que no conocemos, si la vida les ofrece esta oportunidad.

Un comentario en “Intelectuales Digitales

  1. Steffany dijo:

    Sabéis, es muy verdadero, la capacidad intelectual es un rincón que pocos conocen, cuanto me gustaría encontrar persona que por un momento dejen de pensar en sexo y en drogas cuando hay tantas cosas por descubrir, el intelecto solo es una ventana que refleja el mundo donde debemos de verlo. Muy valiosa información Jose Antonio me gustaria un blog de temas y discociones un forum!! estaremos en contacto.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s