Las buenas ideas: innovación y creatividad

STEVEN JOHNSON
Steven Johnson

He finalizado la lectura de un libro de verano, Las buenas ideas, de un autor al que sigo atentamente en los últimos años, Steven Johnson, después de haber conocido su obra extraordinaria sobre la sociedad emergente y sobre la que ya escribí un post en 2006. Estoy muy preocupado, como miembro del Club de las Personas Dignas, en la construcción de una sociedad próxima basada en la regeneración ética de los valores característicos de las personas, comenzando con el conocimiento básico de la inteligencia, como superestructura humana determinante y alojada en el cerebro, que se desarrolla a través de estructuras cerebrales de las que todavía sabemos más bien poco.

El libro es extraordinario para quien quiera conocer cómo se generan las buenas ideas y cómo todos estamos implicados en la innovación y en la creatividad, demostrando que es un motor imprescindible para que las personas comprendamos bien cómo nos podemos mover en el terreno de las ideas que nos permiten hoy ser más felices y aprender sobre todo de la naturaleza sabia, poniendo cada cosa en su sitio. Las referencias permanentes del autor a los arrecifes y atolones coralinos, son una muestra que no voy a desvelar ahora, pero que le invito a conocerla porque disfrutarán al menos tanto como yo lo he hecho.

Steven Johnson propone siete pautas para conocer bien el misterio de la innovación y de la co-creación: lo posible adyacente, las redes líquidas, la corazonada lenta, la Serendipia o el hallazgo feliz, el error, la exaptación [sic] y las plataformas. Cada una de ellas se exponen con una lucidez que te embauca en su lectura. Posteriormente, concluye el autor con una reflexión bajo el título “El cuarto cuadrante” que les sorprenderá, con una calidad sublime, al abordar la necesaria libertad de las ideas y de su permeabilidad social, con motivo de una discusión sobre patentes, es decir, las ideas con barreras. Cuenta Steven Johnson un episodio ocurrido en Boston, sobre una presunta violación de una patente de un molino mecanizado. Ocurría en verano de 1813. El demandante se dirigió a Thomas Jefferson, ya en situación de retiro político, como inspector de patentes, respondiendo el 13 de agosto con una contundencia técnica, jurídica y filosófica que no tiene desperdicio. Pero lo que me ha llamado poderosamente la atención, son las palabras de Jefferson sobre la libertad de las ideas, el conocimiento libre, que reproduzco literalmente a continuación:

“La propiedad estable es un don de la ley social, que se concede ya muy avanzado el progreso de la sociedad. Sería por tanto curioso el que una idea, la fermentación de un cerebro individual, se quisiera reclamar, por derecho propio, como propiedad exclusiva y estable. Si algo es, por naturaleza, menos susceptible que las demás cosas a la propiedad exclusiva, es la acción del poder pensante que llamamos idea, que el individuo puede poseer en exclusiva mientras se la guarde para sí, pero que, en el momento que la divulga, fuerza a ser posesión de todos, e impide que su receptor se deshaga de ella. Su carácter peculiar reside asimismo en que nadie la posee menos, porque todos la poseen en su totalidad. Aquél que recibe de mí una idea, recibe una instrucción que en nada merma la mía; de igual modo que quien se ilumina gracias a mi idea, toma esa luz sin oscurecerme a mí. Parece peculiar y benevolentemente diseñado por la naturaleza el que las ideas se expandan en libertad, de uno a otro, por todo el globo, para la instrucción moral y mutua del hombre y para mejorar su condición, y de ahí que la naturaleza las haya creado, como el fuego, expandibles sin límites por el espacio, sin que en ningún momento pierdan densidad; y, como en el aire que respiramos, nos movemos y mantenemos nuestro ser físico, incapaces de quedarse confinadas o de someterse a una apropiación exclusiva. Las invenciones, por naturaleza, no puedes ser sujetos de propiedad”.

Finaliza el libro con la exposición de 189 innovaciones principales, en una cronología que comienza en 1400 y finaliza en 2000, es decir, a lo largo de siete siglos. Cualquiera de ellas producen admiración, en el sentido más primigenio dado por Aristóteles en un griego impecable, cualidad que solo es atribuible a los seres humanos: el hombre, hoy diríamos “el ser humano”, solo él, es capaz de admirarse de todos las cosas. Creo que es una razón de estado para generar ecosistemas de innovación.

He tomado muchas notas, siguiendo su recomendación, en mi cuaderno de citas, para su aplicación práctica en la Administración Pública que tiene que implantar una determinada Política Digital, sobre la privacidad y la vertiente pública, abierta, dado que se puede nutrir muy bien de esta ideas expuestas por Steven Johnson: “[…] la vertiente que más me interesa es la pública, porque los gobiernos y demás instituciones no mercantiles han sufrido mucho por culpa de esa lacra para la innovación que son las burocracias verticales. Hoy, esas instituciones tienen la oportunidad de alterar radicalmente la forma en que promueven y cultivan las buenas ideas. Cuanto de más se considere a sí mismo un gobierno como una plataforma abierta, y no como un organismo burocrático centralizado, mejor para todos: para los ciudadanos, para los activistas y para los emprendedores”.

Sevilla, 16/VIII/2012

2 comentarios en “Las buenas ideas: innovación y creatividad

  1. fargas dijo:

    Coincido contigo en la valoración del libro y del autor, y en la conveniencia de trasladar algunas de sus idéas a un entorno tan anquilosado organizativamente como la administración pública. Alabo tu empeño, por eso, me permito recomendarte una lectura complementaria que aborda la mucho más prosaica cuestión del estatuto legal de las ideas y el como perpetuar su libertad de origen:
    Lawrence Lessig, Code, version 2.0,
    http://codev2.cc/download+remix/Lessig-Codev2.pdf

    Suerte, mucha suerte.

    Me gusta

  2. Jiri Abbrus dijo:

    También coincido en su admiración y en la grata y estimulante lectura que me ha producido el libro “Las buenas ideas” de Steven Johnson . Hay multitud de derivaciones que, gracias a lo que él denomina “lo posible adyacente” me han conducido a terrenos insospechados, y a muchas cosas que espero ir desarrollando. Voy recomendado su lectura, y quizás, por el paradójico efecto de “sus plataformas” y de las conexiones que se producen en “los cafés”, obtenga otros positivos resultados, como los de seguir abriendo ventanas a novedades. Felicidades por su blog.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s