Cateura recicla para la dignidad

El mundo nos envía basura, nosotros le devolvemos música

Favio Chávez, Director de la Orquesta de Cateura (Paraguay)

Ha sido una experiencia extraordinaria. Hoy he asistido al concierto de la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura, dirigida por Favio Chávez, formada por niños, niñas, adolescentes y jóvenes de escasos recursos que viven en la comunidad del Bañado Sur ubicada alrededor del vertedero Cateura en Asunción (Paraguay). Su seña de identidad es la interpretación de obras musicales con instrumentos reciclados elaborados a partir de basura rescatada del vertedero: “Los instrumentos de la Orquesta imitan violines, violas, cellos, contrabajos, guitarras, flautas, saxofones, trompetas e instrumentos de percusión. Entre su repertorio ejecutan música clásica, música folklórica, música paraguaya, música latinoamericana, música de los Beatles, de Frank Sinatra, música de películas, metal sinfónico entre otros. La Orquesta tiene por objetivo desarrollar un proceso de formación dirigida a niños y jóvenes que viven en condiciones precarias y en estado de vulnerabilidad, a través de la música como elemento motivador y de promoción para los niños y jóvenes de modo que estos vivan experiencias que les ayuden a aprender, a permanecer en la escuela, desarrollar su creatividad y a tener acceso a oportunidades para mejorar su futuro”.

El programa ha mostrado en todo su esplendor el aserto que inspiró la música barroca por excelencia, al convertirse en compañera de los momentos alegres y medicina o consuelo en los tiempos difíciles, porque un vertedero se transforma en una oportunidad para niñas y niños paraguayos que solo conocían hasta hace nada la pobreza y la miseria humana de Cateura. También ha sido hoy compañera en momentos de dignidad extrema del concierto, extraordinario en su fondo y forma en la ejecución del programa y cuando han compartido diversas interpretaciones con miembros de la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said, con un gesto final digno de encomio, cuando dos hermanos y miembros de la citada orquesta han regalado sus instrumentos iniciáticos, una flauta y una trompeta, a sus compañeros de Cateura.

VIOLIN CATEURA

Lo manifesté al iniciar este año una serie en este blog, Cuaderno en clave, dedicada a la música interior del alma y su proyección en los dos instrumentos que estoy aprendiendo a tocar en la actualidad: “Admiro el simbolismo de la música. Cada día descubro un mundo nuevo al aproximarme al teclado del piano o al arco y mástil del violín, para conocer mejor su alma. Es una experiencia única que me regala la vida y en la que estoy inmerso por los sentimientos y emociones que me ofrece. He descubierto la riqueza sonora del clave, el instrumento tan querido por Bach y Mozart en sus años de éxito sonoro, asimilando a diario algo que ha perdurado a través de los siglos: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor. En esta clave escribiré día a día, cuando sienta la necesidad de transmitirlo”.

Esta noche he reciclado la conciencia de ser y estar en el mundo, aunque vivo en el vertedero mundial de las mercancías. Lo agradezco a estas niñas y niños de Cateura que me han traído el mejor regalo de una navidad con alma, lejos del mercado que la convierte sistemáticamente en una multinacional de consumo y de mercancías que intenta olvidar por unos días y con esta experiencia concreta, lo que se cantaba en un villancico de mi niñez en esta época del año, sin darnos cuenta de lo que decíamos a los cuatro vientos de una Cateura simbólica, imaginaria y multisecular: “en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá”. Aunque en este vertedero de Asunción, en Paraguay, hoy existe algo más que caridad: dignidad a través de la música del alma.

Sevilla, 30/XII/2015

La canción de Ainhoa

A quién le puedo preguntar
Qué vine a hacer en este mundo?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas (XXXI)

En este país hace falta publicar noticias positivas sobre mujeres, a los cuatro vientos. Es lo que ha hecho Ainhoa Arteta a través del disco que ha publicado recientemente con 11 canciones de espíritu y sobrenombre de mujer, Mayi, diosa de la mitología vasca. Figura en primer lugar una canción preciosa, La canción de Annie (John Denver), como homenaje a un amigo personal que murió hace dos años y que creyó en su voz cuando solo tenía dieciocho años, entregándole su dinero ahorrado para que pudiera aprender técnica de voz en Italia, sin contraprestación alguna. Un hombre bueno que la acompaña siempre en su persona de secreto.

Son pequeñas historias que ennoblecen el alma humana y el de la mujer, como en este caso concreto. Ainhoa es un ejemplo de superación continua que nos enseña cómo nos podemos levantar cuando caemos, con la ayuda de personas que existen a nuestro alrededor. A ella le pasó hace unos años, cuando en el mercado de la ópera perdió la voz en su alma de secreto, por las múltiples Traviatas, entre otras óperas, que tuvo que cantar por el imperativo categórico del mercado. Así de triste.

Estas situaciones conmueven los cimientos de la vida, su suelo firme, su ética. Lo aprendí hace muchos años en un libro muy recomendable de lectura de cabecera, el Eclesiastés, cuando se hace un homenaje al tiempo de vivir y de morir, sobre todo ante las tres grandes preguntas de la vida:

– ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿Qué saca cualquier persona de todo su fatigoso afán bajo el sol?

– ¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de los animales desciende hacia abajo, a la tierra?

– ¿Quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después del tiempo de vivir?

O, simplemente, cuando como Ainhoa tienes que preguntarte cosas sobre el dilema del tiempo de cantar o del tiempo de silencio impuesto por la crueldad de la sociedad de mercado donde la voz se puede convertir también en mercancía.

Les dejo con John Denver y con Ainhoa Arteta, porque en la canción de Annie podemos entender bien que cuando un hombre y una mujer no se comprenden, puede surgir el diálogo a través de la palabra hecha música, con expresiones tan bellas como las que contiene esta canción, tal y como la compuso Denver en 1974 y la siente todavía hoy Arteta: Ven y déjame amarte / deja que te ofrezca mi vida. / Déjame ahogarme en tu sonrisa, / déjame morir en tus brazos. / Déjame reposar a tu lado, / déjame estar siempre contigo. / Ven, déjame amarte, / ven y ámame otra vez.

Es posible que comprendamos mejor que nunca el mensaje del Eclesiastés en tiempo de crisis y de preguntas sin respuesta, porque siempre es mejor hacerlas a otra persona, que fundamentalmente sea amiga o a maestros y maestras de la vida. La historia del ser humano ha demostrado que lo mejor es caminar juntos para avanzar en progreso personal y social cuando no entendemos nada de lo que está ocurriendo, cuando no encontramos respuestas a nuestras múltiples preguntas, porque si caemos o nos frustramos diariamente, siempre tendremos alguien al lado que nos levante cuando compartamos nuestro desconcierto en el terreno de las grandes preguntas. ¿Saben por qué? Porque la amistad es como la cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. El amor, igual. Es lo único que quizá pueda dar respuesta a los 74 capítulos de preguntas inquietantes que un día ya lejano hizo Pablo Neruda en un precioso libro póstumo sobre ellas.

Sevilla, 26/XII/2015

 

 

¡Es el diálogo (y el interés general)!

RESULTADO ELECCIONES-EL PAIS

Estamos viviendo días apasionantes en nuestro país, sobre todo con la percepción de que la democracia ha sido la gran triunfadora en las pasadas elecciones generales, que llegó a España con la Constitución de 1978 para quedarse definitivamente, aunque no para instalarse en ella sino adaptarse a lo que sea más conveniente para el interés general y así se decida por parte de todos. Pero ha llegado la hora del diálogo, porque el resultado de las citadas elecciones ha generado un mosaico o caleidoscopio de partidos y siglas que deben ponerse de acuerdo para gobernar decentemente y respondiendo a las diversas ideologías implícitas y explícitas de cada programa de partido al haberse acabado las mayorías absolutas y estar abocados a un Congreso de consenso.

En este marco comparable, he recordado algo que se decía de forma machacona en la campaña presidencial de Clinton, de 1992, para que se instalara en los cerebros de la ciudadanía americana y, por extensión, mundial: “es la economía, estúpido” (the economy, stupid), esa es la solución. Nada más. Y a estas alturas de la última película de la traída y llevada crisis, que tuvo un comienzo de infeliz recuerdo en 2008, a la americana, estamos todavía en el filo cortante de la navaja, de la existencia, sin saber a estas alturas si hay camino hacia alguna parte, desconcertados a nivel mundial, europeo y español. Por este motivo, no quiero callarme en estos tiempos difíciles, de tanta desazón, como los lugareños de las últimas escenas de una película extraordinaria, La lengua de las mariposas, presa del terror de la indecencia, con silencio cómplice, ante la cordada de personas dignas, que piensan de forma diferente, que creen por encima de todo en el diálogo y en el interés público, general, en lenguaje constitucional que tanto nos une.

Creo que sobre todo, la solución pasa por respetar el interés general de la ciudadanía, del pueblo, de la gente. Y con la sombra de aquella enigmática frase de Lenin, ¿qué hacer?, en la que crecí en tiempos de una España difícil, creo que cada líder político llamado a poder presidir este país, como símbolo de la auténtica democracia, debe iniciar y mantener diálogos permanentes para llegar a consensos que permita iniciar la legislatura con acuerdos viables y representativos de una España diferente, que ya no es de dos sino de muchos. De esta forma, cada persona, sola o acompañada, siguiendo el ejemplo de sus políticos de cabecera o sensatos hasta límites insospechados, podrá trabajar por otro mundo mejor, porque es posible, dialogando sin límite alguno, sin esperar que el telediario, las noticias a través de diferentes medios, o las opiniones de barra de café, vengan a solucionar los problemas acuciantes que atraviesan España, Andalucía, las familias andaluzas, por hablar de lo más próximo en el espacio y tiempo postelectoral. Pero ¿qué hacer?

Lo escribí ya en 2012, casi antes de ayer, al comienzo de la crisis que estamos arrastrando hasta hoy: “Lo primero, tomar conciencia de que no existen recetas maravillosas, ni bálsamos de Fierabrás, para luchar contra los molinos de viento que azotan la economía doméstica, para empezar, pero no de la misma forma a todos, es decir, hay que tomar conciencia de que universalizar la bondad o la maldad, la riqueza o la pobreza, no es el camino a andar. Nunca, nunca, porque la realidad es personal e intransferible, siendo la responsabilidad personal primero y la colectiva después, en todos los casos, la que nos permitirá salir del fango económico y financiero en el que estamos instalados. Hay que recuperar de forma urgente, casi crítica, la lucha por los valores fundamentales de las personas, cada uno en su sitio, ya seamos ciudadanos de a pie o administradores públicos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, con ejemplos muy sencillos, de las pequeñas cosas de cada día: honradez en el cumplimiento de los deberes personales, familiares y laborales, hasta en sus últimas consecuencias, los deberes derivados del cumplimiento del trabajo bien hecho, no chapucero, tan habitual ya; los deberes fiscales, plantando cara ante el escaqueo fiscal, colectivo, como por ejemplo el fraude del IVA, en una pregunta instalada en la sociedad civil y admitida como normal: ¿factura con IVA o sin IVA?; plantar cara a los alardes de cómo engañar a la Hacienda Pública, porque la sangría del empleo sumergido hunde de forma comparativa a las personas dignas, que trabajan muy bien todos los días, pero que asisten a un continuo espectáculo de café para todos y de servicios sociales, sanitarios y educativos que no se financian de aire sino que necesitan de la participación económica ciudadana, cuando algunas personas no los merecen, porque no participan para nada en la construcción social de una familia, trabajo, barrio o comunidad mejor, a través de los impuestos, sino que asiste desde su sillón particular al diseño de un mundo imposible, sencillamente porque no existe. Eso sí, porque solucionarlo es la responsabilidad de otros, siempre”.

Y ante un programa de gobierno de consenso, tal y como lo han ordenado las urnas, surge una pregunta obvia: ¿tengo yo que hacer algo en esta situación o sigo confiando en que esta situación la resuelvan solo los políticos, los de arriba?, ¿no tendré yo alguna parte de esa responsabilidad en lo que está pasando por acción u omisión? ¿Qué hacer? Para empezar, exigir este diálogo, pero de forma celular, activa y ejemplar, con generosidad absoluta y amplitud de miras hacia los que tienen la mayor pobreza que existe: no ser dueños de su inteligencia para pedir, denunciar y obtener lo que es legítimo para ser personas, para exigir ese diálogo de nuestros mayores políticos a los que hemos confiado nuestro voto. Porque si hay dignidad personal y colectiva, pública y privada, habrá trabajo, control de la corrupción, programas políticos sensatos y que den respuesta a las problemáticas sociales actuales, dado que las ideologías y las economías no son inocentes y los Gobiernos tampoco. Hay que tener claro también y defenderlo a los cuatro vientos que no todos somos o son iguales en el Gobierno en la calle más próxima y que no se debe confundir valor y precio, como hace todo necio. Lo que hay que hacer con urgencia es desenmascarar a las personas indignas, cualquiera que sea el lugar que ocupen en la sociedad, arriba o abajo, en la derecha, en el centro o en la izquierda de cada persona.

¿Qué hacer? Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas: es la única solución, aunque haya que cambiar cuestiones vitales en el desarrollo actual de la misma, porque si nos podemos salvar todos, siempre será mejor que uno solo, o unos pocos, sobre todo aquellos que mueven los hilos de la marioneta mundial de la economía de mercado, a través del rating, de las primas de riesgo, de los bancos malos de remate, etcétera, etcétera. Solidaridad frente a codicia. Interés público, general, para salvar la situación del empleo, de la educación, salud y servicios sociales para todos los que lo necesiten, no solo para los que puedan acceder a ellos con privilegios o porque puedan pagarlos.

En definitiva, frente a los mercados implacables, simbolizado en aquellas palabras de la campaña de Clinton y sus adláteres actuales, hay que gritar muy fuerte: “Es el diálogo, el interés público”. Sin más. Y sin insultar como lo hicieron ellos, como lo hacen todavía en el momento actual, creyendo que la malla mundial de personas que habitan el planeta Tierra o, por extensión, España, es tonta. O estúpida, como creían en 1992 y creen muchos todavía hoy.

Sevilla, 24/XII/2015

NOTA: la imagen se ha tomado de El País, el 21 de diciembre de 2015: http://resultados.elpais.com/elecciones/generales.html

La felicidad de los demás

Vicente Ferrer sigue siendo un ejemplo a seguir y respetar todos los días. Hemos recibido hoy en casa esta felicitación que quiero compartirla en plena singladura social mediante este blog, donde el eco de lo que se llama Navidad permite pensar que otro mundo es posible cuando decidimos buscar la felicidad de los demás. La de los que viven, son y están en India, en Anantapur, por supuesto, pero también la de los que tenemos muy cerca y esperan en silencio que se la entreguemos hoy, ahora, sin esperar a que les toque en su lotería de sueños. La felicidad de todos, pero sobre todo la de los que menos tienen, que también están mucho más cerca de lo que pensamos.

Una cosa importante: ésta, en concreto, todavía no se vende en Amazon …

Sevilla, 22/XII/2015

Un Congreso llamado Consenso

CONSENSO

Afortunadamente, nos queda la palabra, tal y como lo aprendí de Blas de Otero. Desde las cero horas del 21 de diciembre de 2015, el famoso día después, consenso va a ser la palabra de la nueva Legislatura, la gran protagonista. Se acabaron las mayorías vergonzantes, el bipartidismo, la alternancia, el tú más, el rodillo, el ninguneo político a la oposición, el decreto-ley como norma categórica del mal gobierno para arrasar todo lo que se considere políticamente correcto. Consenso por aquí, allá y acullá. El Congreso será conocido desde ese día como el Consenso de los Diputados.

¿Qué significa consenso? Según la Real Academia Española, el “acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos”. Si analizamos bien el lema, podemos observar que su definición está acompañada de dos palabras claves para comprenderla en toda su extensión: acuerdo y consentimiento. Será un trío de ases para los dirigentes políticos que tengan que practicarlo inmediatamente después de conocerse los resultados electorales, visto el panorama de fragmentación política que se avecina. Llama la atención que sólo admita una acepción este lema. Es rotunda esta palabra y por algo será.

También interesa conocer estas dos palabras de perfecta compañía: acuerdo y consentimiento. ¿Qué significa acuerdo? Volviendo a la Academia, sabemos que necesita siete acepciones, al menos, para comprenderla bien y sin despreciar ninguna: resolución que se toma en los tribunales, sociedades, comunidades u órganos colegiados, resolución premeditada de una sola persona o de varias, convenio entre dos o más partes, reflexión o madurez en la determinación de algo. Buen, mal, mejor, peor acuerdo, conocimiento o sentido de algo, parecer, dictamen, consejo y uso de los sentidos, entendimiento, lucidez.

Estoy convencido de que descubriremos la importancia del acuerdo sistemático en la nueva Legislatura, por consenso. Serán el Congreso de los Diputados y el Senado los escenarios adecuados para contemplar la correlación de estos vocablos. Y sabremos también qué significa el consentimiento, como acción y efecto de consentir. Tal y como ocurre en los contratos, sabremos que es la conformidad que sobre su contenido expresan las partes y, cuando tiene alcance jurídico, la manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la cual un sujeto se vincula jurídicamente. Tres acepciones para reforzar la acción de consentir, la palabra básica en sus seis acepciones más profundas, más cercanas para comprender el consenso: permitir algo o condescender en que se haga, creer, mimar a los hijos, ser muy indulgente con los niños o con los inferiores, otorgar, obligarse; dicho de una cosa: soportar, tolerar algo, resistirlo o, lo más sorprenderte, resentirse, desencajarse, principiar a romperse. Al fin y al cabo, trasladamos al Congreso/Consenso el espíritu y la letra del acuerdo del pueblo por consentimiento (consensus gentium), de tanta tradición histórica y democrática, porque es de lo que se trata en estos momentos.

Solo he procurado ser respetuoso con lo que las palabras significan cuando se fijan, limpian y dan esplendor a la vida de las personas en este país (RAE dixit). Es lo que tendremos que aprender con urgencia a partir del día 21 de diciembre, porque nos permitirá participar en política y hacerla de una forma diferente. El Congreso de los Diputados y el Senado ya no serán lo mismo. Habrá una razón esencial: ha nacido el consenso para construir entre todos un país diferente. Es lo que debemos exigir a los que nos representan, porque con tu quiero y mi puedo, podremos buscar la verdad política de los que consentimos el consenso acordado.

Sevilla, 16/XII/2015

NOTA: la imagen se ha recuperado el 16 de diciembre de 2015 de http://www.rinconpsicologia.com/2012/09/efecto-del-falso-consenso-cuando.html.

 

Estamos obligatoriamente obligados a votar

AGUAVIVA, Ni yo tampoco entiendo

… el tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros,
el tacón, las hambres, el casamiento
orgánico. De este mundo los dos
sabemos poco. Y sin embargo, estamos
aquí obligatoriamente obligados
a entenderlo.

Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo

Se acerca un día transcendental para el presente y futuro de nuestro país. El 20 de diciembre de 2015 es una fecha importante para ejercer un derecho constitucional personal e intransferible cuando votamos un partido político, un programa, un líder o/y una ideología. He escrito muchas veces sobre este derecho, que también es deber, por un compromiso activo con la democracia y siempre concluyo que estamos obligatoriamente obligados a votar. No cambio nada de lo que escribí el pasado mayo en este sentido,  cuando nos encontrábamos en unas nuevas elecciones en Andalucía, porque estos son mis principios y a diferencia de lo que decía irónicamente Groucho Marx, aunque no gusten a determinadas personas, no tengo otros.

Ante la situación que atraviesa el país, donde hay un sentimiento generalizado de desencanto hacia la política y quienes la ejercen de forma directa, es imprescindible ejercer el derecho a votar por la opción política que mejor responda a intereses generales en los que cada persona se vea reflejada. Lo peor que podría pasar sería engrosar la lista de abstencionistas o de voto en blanco, bajo la excusa de que quien así actúa es porque no es político o política y que total para qué si todos son iguales, recursos tan simples como dañinos para un país democrático.

Creo que estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversa razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado del ser humano, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento. Y la libertad, sin ira, libertad, para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio.

En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no.

Estamos obligatoriamente obligados a entender así el voto, aunque muchas veces no sepamos comprender en el día a día político el tema 83, la democracia,  el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón, las hambres y el casamiento  orgánico. Porque de lo que pasa a veces en este mundo político casi todos sabemos poco. Y sin embargo, estamos aquí obligatoriamente obligados  a entenderlo. Y a votarlo.

Sevilla, 15/XII/2015

Diez años en la Noosfera

LA ISLA DESCONOCIDA

Hoy cumplo diez años de mi presencia en la Noosfera a través de este blog, gracias a mi hijo Marcos, que me dio este barco… Es un día importante porque ha sido una experiencia extraordinaria en la que sigo comprometido a bordo de La Isla Desconocida, el barco imaginario que me regaló un día ya muy lejano Jose Saramago, a quien tanto debo, descubriendo en cada segundo vital un mundo lleno de secretos en el ecosistema de internet, de la Noosfera, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Teilhard de Chardin: el mundo sólo tiene interés hacia adelante y, más aún, en el mundo digital.

He escrito una declaración de principios y casi setecientos artículos, algunos en formato seriado, atendiendo al aquí y ahora de lo que me ocupaba y pre-ocupaba [sic] en el momento de enfrentarme a la página en blanco. He vuelto a leer los primeros post que lancé a este mundo mágico y me he quedado con uno por el significado especial que tuvo en su momento. Me refiero al que escribí en el primer aniversario del nacimiento de este blog, Cumpleaños de una declaración de principios, que cambiando lo que haya que cambiar, sigue plenamente vigente, porque a diferencia de una reflexión sarcástica de Groucho Marx muy famosa sobre los principios personales, mis palabras escritas en este blog siguen siendo mis principios en el mundo de todos y en el de secreto y si no gustan a los que los leen, lo siento, pero no tengo otros. Prueba de ello la encontrarán en el texto que sigue, idéntico al original de 2006 salvo pequeñas actualizaciones.

Es verdad, hoy cumplo diez años como piloto de este cuaderno de bitácora. Han ocurrido muchas cosas en tres mil seiscientos cincuenta días, en torno a la experiencia que inicié el 11 de diciembre de 2005, al asomarme a una pequeña ventana del mundo Internet y compartir las hojas escritas de mi blog escribiendo sobre pantallas en el blanco del a priori en red, con el riesgo comprometido que adquirí un día muy lejano en el tiempo, muy cercano en el alma, por la lectura compartida con Ítalo Calvino. Era una aventura hacia lo desconocido, en la clave de Saramago, aprendida de un pequeño texto fantástico, programático, paradigmático y mágico, El cuento de la isla desconocida, en el que nunca tuve duda alguna sobre el barco que me podía llevar a una isla, mejor, a muchas islas, que forman parte de un archipiélago digital, extenso y comunicado en todas las direcciones posibles. Y he descubierto que esta configuración del mundo solo es posible a través del mar digital de Internet.

Y escribo desde un puerto firme, de salida, donde he recalado hasta setecientas veces, en el ejercicio del compromiso con la esfera de la inteligencia, porque el oleaje que practico es el de la inteligencia digital. En la singladura de estos diez años he descubierto mundos con las siguientes islas desconocidas:

  1. La inteligencia digital permite gobernar los barcos que se consiguen pilotar llamando a las puertas de las peticiones soñadas y saliendo después por las puertas de las decisiones, para navegar y descubrir islas desconocidas.
  2. La inteligencia está en islas por descubrir pero que ya están. Así lo reafirma la ciencia y estos años me han permitido descubrir islas cerebrales que nos permiten justificar la inteligencia. El sistema límbico alojado en la parte más central del cerebro nos va a ofrecer sorpresas muy gratas para la felicidad humana cuando lo interpretamos bien y todo el mundo lo conozca. Es una isla por descubrir, científicamente hablando.
  3. La importancia de la isla digital, en cualquiera de sus representaciones para las personas, manifiestan la necesidad de compartir el descubrimiento, porque permiten que seamos más inteligentes, más capaces de resolver problemas cotidianos, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Basta reflexionar sobre los beneficios del teléfono móvil y del mando a distancia.
  4. Estoy empeñado en que muchas personas conozcan este barco (Internet) y esta posibilidad de navegar. Me emocionó el fragmento del cuento de Saramago que decía así, en un diálogo crucial entre el rey y el hombre que pide el barco, para entender este mensaje: Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, Entonces no te doy el barco, Darás. Al oír esta palabra, pronunciada con tranquila firmeza, los aspirantes a la puerta de las peticiones, en quienes, minuto tras minuto, desde el principio de la conversación iba creciendo la impaciencia, más por librarse de él que por simpatía solidaria, resolvieron intervenir en favor del hombre que quería el barco, comenzando a gritar. Dale el barco, dale el barco. El rey abrió la boca para decirle a la mujer de la limpieza que llamara a la guardia del palacio para que estableciera inmediatamente el orden público e impusiera disciplina, pero, en ese momento, las vecinas que asistían a la escena desde las ventanas se unieron al coro con entusiasmo, gritando como los otros, Dale el barco, dale el barco. Ante tan ineludible manifestación de voluntad popular y preocupado con lo que, mientras tanto, habría perdido en la puerta de los obsequios, el rey levantó la mano derecha imponiendo silencio y dijo, Voy a darte un barco, pero la tripulación tendrás que conseguirla tú, mis marineros me son precisos para las islas conocidas.
  5. La experiencia del cuaderno de bitácora se enriquece con la lectura de los post. Y los lectores son la tripulación de esta nave. Y hay que conseguirla, en el terreno de los derechos para vivir, contratarla en el argot de mercado. Y aquí nace la voluntad ética de contar con personas que quieran compartir la aventura en régimen de libertad. Cuando alguien ha leído mi post y ha dejado un comentario sé que le ha interesado conocer la aventura. Más interesante me parece el lector desconocido en la clave que expongo. Tripulantes desinteresados pero comprometidos con una forma de navegar en la vida, pero a los que no conozco en su interés. Casi setecientos cincuenta mil en diez años. Y solo queremos navegar bien y seguros…
  6. Me ha ilusionado crear un espacio denominado Género y vida, dedicado a la mujer. Cada vez que me ha dolido el daño que hace la humanidad a la mujer y que así lo he sentido, he navegado contracorriente de la vida y he gritado a los cuatro vientos del mar de Internet que algo tenemos que hacer, por pequeño que sea, para detener esta contrainteligencia humana, vinculada a los hombres que hacen daño a las mujeres, fundamentalmente porque quieren ser libres y dejar de barrer los palacios de hombres-rey. Y vuelve Saramago a escribir en su cuento: La aldaba de bronce volvió a llamar a la mujer de la limpieza, pero la mujer de la limpieza no está, dio la vuelta y salió con el cubo y la escoba por otra puerta, la de las decisiones, que apenas es usada, pero cuando lo es, lo es. Ahora sí, ahora se comprende el porqué de la cara de circunstancias con que la mujer de la limpieza estuvo mirando, ya que, en ese preciso momento, había tomado la decisión de seguir al hombre así que él se dirigiera al puerto para hacerse cargo del barco. Pensó que ya bastaba de una vida de limpiar y lavar palacios, que había llegado la hora de mudar de oficio, que lavar y limpiar barcos era su vocación verdadera, al menos en el mar el agua no le faltaría. No imagina el hombre que, sin haber comenzado a reclutar la tripulación, ya lleva detrás a la futura responsable de los baldeos y otras limpiezas, también es de este modo como el destino acostumbra a comportarse con nosotros, ya está pisándonos los talones, ya extendió la mano para tocarnos en el hombro, y nosotros todavía vamos murmurando, Se acabó, no hay nada más que ver, todo es igual.
  7. El 10 de diciembre de 2005, contraté mi dominio (me dieron el barco…) y diseñé el cuaderno de bitácora, siguiendo las instrucciones del rey: que el barco navegara bien y que fuera seguro. Y aprendí que aunque no era un hombre de Internet, quería serlo, aprender este nuevo lenguaje de los blog, un medio que me respeta y que me ayuda a respetar a los demás, porque el lenguaje creo que lo conozco y puede ser un buen medio para hacerme a la mar digital. Y recordé una frase preciosa del cuento: todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas. Y esta isla me fascinó, por sus inmensas posibilidades por descubrir. Y me hice a la mar y desembarqué en ella. Cada día que pasaba abría con la ilusión del primer día la página de estadística de accesos. Y he descubierto que tengo deuda ética con las personas que han hecho setecientas cincuenta mil visitas a este blog, que posiblemente están todavía en las puertas de los regalos o en las de las peticiones, pero que posiblemente un día han pensado en una actitud muy inteligente, con inteligencia digital, que merecía la pena traspasar el umbral de la puerta de las decisiones para embarcar en esta nueva forma de hacerse al mar de la libertad. Porque el mundo sólo tiene interés hacia adelante. Porque la mujer de la limpieza quiere ser libre aún en lo desconocido, baldeando barcos de libertad.
  8. Y me hice con una carabela digital, elaborada de forma colaborativa por nuevos carpinteros de ribera digital: WordPress, un sistema de gestión de contenidos que utiliza software abierto y libre. Es muy recomendable, porque sufre arreglos y adaptaciones y se curte con los aires marinos de Internet.
  9. Me he dado cuenta que es difícil encontrar tripulación, porque mucha gente piensa que ya no hay islas desconocidas. Y por otra parte asisto al espectáculo diario de cómo se hacen a esta mar millones y millones de personas que se hacen al océano de Internet a sabiendas que el mayor coste es mantener el rumbo, día a día, para no morir en el intento. Ahora somos unos miles de millones de capitanas y capitanes, a veces grumetes intrépidos, que luchamos por buscar islas desconocidas y explorar su existencia real y efectiva.
  10. He aprendido a lo largo de estos diez años que salir al mundo Internet, aun cuando sientas la tentación de Groucho, de querer bajarte en un momento dado del mismo, es una experiencia extraordinaria y con mucha carga vital: Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual.

Y sigo decidido a ampliar el horizonte de miras de este cuaderno de bitácora, con nuevas y blancas letras: cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas… Es lo que hicieron los protagonistas del cuento de Saramago al finalizar su microhistoria y, quizá, la tuya y la mía, la vuestra, queridos tripulantes digitales: Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma.

Gracias, lector o lectora, por haberme acompañado hasta aquí. Lejos de pararme, sigo haciendo camino al andar. Con tu quiero y mi puedo, obligatoriamente obligado a seguir comprometido con el mundo de todos y guardándome lo que entiendo por verdad porque sigo buscándola junto a la de los demás.

En Sevilla, a 11 de diciembre de 2015, un día corriente en el que hago acopio de avíos en tierra para poder navegar cada vez mejor en un mundo diseñado a veces por el enemigo.

 

Con eñe de España / 3. Campaña del 20D

Pensar y votar de forma responsable es a veces un asunto de locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los problemáticos. Los que no encajan en ningún sitio. Aquellos que ven las cosas de otra manera. No siguen las reglas. Y no tienen ningún respeto por seguir pensando y haciendo solo lo establecido. Determinados personajes políticos, determinados ciudadanos comprometidos e imprescindibles que hacen política e historia, determinados héroes, quizá anónimos todavía, puedes citarlos, puedes no estar de acuerdo con ellos, puedes glorificarlos o vilipendiarlos pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos en campaña. Porque ellos, algunos en concreto, porque las ideologías no son inocentes y todos no son iguales, pueden cambiar las cosas. Ellos impulsan la humanidad hacia adelante, porque el mundo solo tiene interés cuando va así, hacia adelante. Y mientras algunos les ven como locos, nosotros vemos genios. Porque la gente que está lo suficientemente loca como para pensar que con su voto pueden cambiar el mundo, España, son los que logran hacerlo. Piensa… y vota de forma diferente.

Sobre una idea forjada en un anuncio inolvidable de Apple publicado en 1997, ante unas elecciones transcendentales en España, el próximo 20 de diciembre.

Hoy ha comenzado la campaña electoral para las elecciones generales del próximo 20 de diciembre. Como creo que existe el compromiso social a través de la escritura, tengo que hacer en este aquí y en este ahora una referencia seriada de la eñe de campaña. Dice la Real Academia Española (sigue la eñe…), que siempre limpia, fija y da esplendor a las palabras, que cuando hablamos de campaña nos referimos (en su tercera acepción) a “período de tiempo en el que se realizan diversas actividades encaminadas a un fin determinado. Campaña política, parlamentaria, periodística, mercantil, de propaganda”. Pero, ¿cuál es el fin de la actual?

Parece que es dar a conocer los programas políticos de cada partido, para alcanzar el triunfo y dirigirse a la Moncloa. Y ahí está el reto, porque hablamos de credibilidad confiada a los electores, de qué significa el voto: ¿a un programa, una persona, una ideología subyacente? Lo que es indudable es que se presenta una oportunidad y fortaleza para la democracia, no exenta de debilidades y amenazas, como todo “dafista” (estudioso y practicante del método DAFO) bien conoce.

He escrito muchas veces en este blog sobre las campañas electorales, porque he creído conveniente resaltar el compromiso ciudadano ante un momento transcendental para el país que deseamos sea del bienestar y no del malestar, como parece que se empeñan algunos. Lo decía recientemente refiriéndome a un ejemplo de político comprometido, José Mujica, en un post, En política es imprescindible decir siempre la verdad, que vuelvo a leer con la misma ilusión que lo escribí en su día: “Cuando nos convencemos que necesitamos la política para defender causas y caminos imprescindibles, la verdad también se constituye en elemento no solo necesario sino imprescindible. Vuelvo a sus palabras (1): “Pero no hay milagro, eso es pura poesía, y fantasía, tu progreso sale del trabajo, del compromiso, de la ciencia, de la seriedad, del levantarse todos los días y volver a empezar, y sentir una derrota. Y, finalmente, tengo el derecho para gritar que en este mundo derrotados son solo aquellos que dejan de luchar”. El progreso político de la sociedad sale sólo de la verdad. Aunque tengamos que reconocer con Michael Ignatieff, político canadiense que mordió el polvo de la mentira, que “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Ya lo afirmé en su momento, cuando escribí sobre el fuego y las cenizas de su trayectoria (2): “Es escalofriante el poder de esta reflexión, porque es una realidad ciudadana que emerge sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan”.

A pesar de todo, convendría volver al Diccionario de la Real Academia Española, para quedarnos también con la primera acepción de campaña: campo llano sin montes ni aspereza, porque la democracia debe enseñarnos siempre que en campañas electorales no existe la verdad tuya o mía sino la que buscamos entre todos en campo llano, aunque la dificultad de encontrarla estriba en que no está en un sitio sino en el alma de una sociedad justa, donde la libertad, sin ira libertad, la volvemos a cantar siempre en campaña como si fuese ayer. Por algo será. Probablemente, porque pensamos votar de forma diferente.

Sevilla, 4/XII/2015

(1) Percy, Allan y col. (2015). MUJICA. Una biografía inspiradora. Ediciones B: Barcelona.

(2) Cobeña, José Antonio (2014, 25 de agosto). HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE (VII) Una reflexión política ejemplar: Michael Ignatieff.

Terranova, una librería especial

TERRANOVA

Manuel Rivas ha publicado recientemente una novela, El último día de Terranova, en la que vuelve a hacer un canto especial a las librerías, en un país que es de bares. Voy a leerlo con el respeto que me merece este gran escritor, al que sigo desde hace mucho tiempo porque aprendo de él a ser consecuente con la sociedad para no participar nunca de silencios cómplices y porque “la literatura es resistencia”. He defendido siempre que el arte de leer es bello y me reafirmo después de escuchar a Manuel Rivas en la entrevista publicada en el último número de Babelia, recordando la primera vez que entró en una librería: “Sí, se llamaba La Poesía. Luego nos acercamos por allí. Está cerrada, pero conserva algo. Cada vez que paso por ahí pienso: “¿Por qué no me hago librero?, ¿por qué no abro La Poesía?”. Tengo una especie de culpa. En casa no había libros y le compramos uno a mi madre. Siempre se le regalaba algo para la casa —una fregona, una cafetera— y mi hermana María, que era la vanguardia, dijo que le compráramos uno porque en la niñez mi madre había leído mucho. Por casualidad. Murió mi abuela y mi abuelo se quedó con 10 hijos. Era campesino, vivía al lado de la casa rectoral y una sobrina del cura medio adoptó a mi madre, que subía al desván y se pasaba el día leyendo vidas de santos, que es lo que había, pero también estaban los poemas de Rosalía. El primer libro de mi vida fue oír a mi madre recitar a Rosalía. Ella era la boca de la literatura. Total, que nos fuimos a La Poesía y vimos un libro que coincidía bien con el presupuesto. Era un tocho; mucho mejor, un regalo más grande. Se titulaba Cinco mil años de historia. Mi madre lo abrió y, bueno, asomó de una lágrima. Nunca tuve miedo de entrar en las librerías. Si vamos es porque hay gente con la que nos gusta estar, no solo por los libros, aunque los libros también son gente”.

Mientras que inicio la lectura de esta apasionante historia en torno a la lectura, vuelvo a publicar el post que dediqué en abril de 2014 al arte de leer, que es bello. Creo que una de las ilusiones de Guido Orefice -el protagonista de La vida es bella- para ser feliz, abrir una librería, era lo único que podía ser bello en un mundo diseñado a veces por el enemigo, al que no interesa una población culta porque a lo mejor decide un día leer libros y aprender con su lectura que determinadas políticas no son inocentes en sus ideologías escritas.

Sevilla, 2/XII/2015

El arte de leer… es bello

Cuando se cierran librerías “se pierden miles de posibilidades de encontrarse con la realidad de la página escrita, no en blanco, participar en miles de historias que enriquecen las propias, se desvanecen miles de posibilidades de decir “gracias, por encontrarte [al autor, al librero, a la librera]” y las miles de historias quedan en la memoria de secreto de cada lector, de cada lectora… lamiendo sus conciencias”.

José A. Cobeña, Benditas librerías

Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, tenía tres grandes proyectos en su vida: distinguir el norte del sur, leer a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y abrir una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee.

La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible, porque aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.

En un país de bares, como España, que no de librerías, la lectura no es una tarea habitual. La mercadotecnia se ha apropiado del aserto de Gracián, lo bueno si breve dos veces bueno, dando igual la calidad de lo breve. La mensajería instantánea, donde WhatsApp se ha convertido en un claro exponente de la brevedad, así como los tuits, se han apropiado de la lectura por excelencia en los micromundos personales y de redes sociales. En un modo de vivir tan rápido como el actual, la lectura pausada y continua es un estorbo para muchas personas, donde el libro supone además un reto casi inalcanzable para el interés humano de supervivencia diaria.

Se acercan muchas Ferias del Libro para recordarnos la necesidad de leer adecuadamente. El libro entró hace ya muchos años en la maquinaria de la economía de mercado y así le va en muchos países. Pero la realidad de la lectura en España, según los últimos datos oficiales que se han publicado, es la siguiente, quedando como verdad subyacente en este tipo de eventos anuales:

– Los lectores frecuentes suman el 42,7% de las personas encuestadas, con una media de lectura de 11,1 libros al año.

– Los lectores ocasionales, alcanzan el 11,9%, con alguna lectura declarada al trimestre.

– Los no lectores, es decir, los que declaran que no leen nunca o casi nunca, alcanzan un porcentaje del 46,9%.

– Las mujeres (64,1%) leen más libros y revistas que los hombres (54%), que leen más prensa, cómics, webs y foros sociales.

Con estos números, se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (1).

Sevilla, 19/IV/2015

(1) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.