La cara ya no es el espejo universal del alma

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Lo han descubierto científicos españoles en las islas Trobriand (Papúa Nueva Guinea), según un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista JEP: General, de la Asociación Estadounidense de Psicología acerca de la sonrisa y sus significados en esa zona tan apartada del mundo en el que vivimos. Igualmente ha ocurrido con otra expresión facial, la del miedo, publicada también en este mes por la revista PNAS. Han llegado a la conclusión de que las expresiones faciales, como la sonrisa o el miedo, entre otras, son herramientas para la interacción social, más que una representación de una emoción básica interna. En unos sitios la sonrisa puede significar alegría, como en nuestro país, pero en Papúa Nueva Guinea representa una invitación o atracción social. Igual que el rostro habitual del miedo, que allí significa amenaza o enfado. Todos recordamos el famoso cuadro “El grito”, de Munch, aunque pensándolo bien podemos comprender ahora por qué el artista temblaba de ansiedad aquél día de 1892, cuando oyó un grito infinito y lo pintó como un arquetipo ejemplar y para la posteridad, de su azarosa vida de todos y, fundamentalmente, la de secreto. Muerto de cansancio existencial.

Más inquietante es la publicación del libro The Book of Human Emotions, de la historiadora británica Tiffany Watt Smith, en la que describe 156 emociones diferentes, no las cinco clásicas y más primarias y universales (hasta ahora…) que pudimos comprobar y sentir en la película de la factoría Disney, Del revés (alegría, tristeza, enfado, miedo, asco). Una me ha sorprendido mucho: “el awumbuk, una palabra de la cultura Baining de Papúa Nueva Guinea que se refiere a la sensación de vacío que dejan los invitados al irse. “En psicología empleamos el vocabulario de la calle. Es como si en física utilizaran palabras de la calle para estudiar la mecánica newtoniana. La gente quiere Inside Out [Del revés], pero la realidad, a lo mejor, es otra” (1).

Depende entonces nuestra cara del entorno cultural en el que cada uno vive y del humor que tenga ese día. Aunque tengo mis dudas, porque el sábado, viendo la película de Bayona, Un monstruo viene a verme, todos lloráramos ante lo que estábamos viendo. Nuestra cara, nuestras lágrimas sí eran en ese momento el reflejo de las almas que allí estábamos, sin distinción de edad o clase social. Quizá porque en la oscuridad estábamos solos y no interactuando con los demás. Luego las lágrimas, simbolizando la tristeza pasajera, son el espejo del alma. Cuando está sola (esa es la cuestión). O cuando se van los sueños, ideologías y personas que queremos, como pasa en Papúa Nueva Guinea. Tan lejos…

Sevilla, 18/X/2016

(1) Ansede, Manuel (2016, 19 de agosto). El pueblo en el que la sonrisa no significa alegría. El País.com.

NOTA: la imagen representa los cuatro humores: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático. Imagen recuperada de http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Alletemp.jpg, el 2 de marzo de 2008.

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