Felicitar es una cuestión de detalles

gabo

En el contexto de estos días, que nos permiten transitar por los barrios de la memoria, como le gustaba decir a Juan Ramón Jiménez, recuerdo siempre a las personas que aprecio y respeto como compañeras de viaje a lo largo de la vida y, sobre todo, de momentos especiales. Por esta razón, he seleccionado un post de los que he escrito durante el año en este blog, Cuestión de detalles, porque aprendí de Gabriel García Márquez a amarlos y comprenderlos a través de la palabra, para entregároslo como felicitación de Navidad, porque la vida es un recorrido que necesita contar con pequeñas experiencias que nos satisfacen en lo más íntimo de la propia intimidad, que decía San Agustín. Igualmente, es un detalle también para las personas que leen este cuaderno virtual en cualquier momento e inician conmigo una singladura muy especial: la búsqueda de islas desconocidas en la clave aprendida en “El cuento de la isla desconocida”, de Jose Saramago: si no salimos de nosotros mismos, nunca nos encontraremos. Lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento, buscando siempre puertas de compromiso más que las de regalos o peticiones sin causa.

Estas palabras no son más que un detalle al escribir en una página en blanco que me sugiere siempre decir algo especial. Suelo buscar detalles para compartir la felicidad y disfruto entregándoselos a los demás a través de la palabra escrita o hablada. Detalle, según el Diccionario de la lengua española, significa también “un pormenor, una parte o fragmento de algo”, que se asemeja a lo que llamamos verdad, que suele estar siempre atrás, en la trastienda de nuestra existencia, como me gusta recordar por una experiencia contada por uno de mis maestros, el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre unas palabras preciosas aportadas por un enfermo esquizofrénico al que había atendido tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras para explicar los detalles de la vida”.

Es lo que me ha ocurrido hoy al escribir estas palabras, que afortunadamente aún nos quedan, para explicar el detalle como un rasgo de cortesía, amabilidad y afecto en cualquier momento de nuestra existencia, aunque la segunda acepción anteriormente citada me parece más sugerente: pormenor, una parte o un fragmento pequeño de la verdad que buscamos todos los días entre todos, dejando atrás la tuya y la mía, en la trastienda de la vida. Cuestión de detalles, nada más.

Un abrazo,

José Antonio Cobeña Fernández

Sevilla, 16/XII/2016

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