Eutanasia y muerte digna

No me guía otro interés que el de mostrar que la intolerancia del Estado y la religión son como una idea fija (…) Dejadme cruzar la línea, dejadme saltar

Ramón Sampedro, Cartas desde el infierno, 1.996

Creo que el vídeo que se propagó de forma viral por el mundo el jueves pasado, en el que se mostraba de forma descarnada el suicidio de María José Carrasco, enferma de esclerosis múltiple, ayudada por su marido, «sus manos», ha conmocionado a millones de personas dignas. Huyo del espectáculo de la muerte a cualquier precio, como aprendí de aquella película maravillosa, Muerte en directo, dirigida por Bertrand Tavernier, pero la muerte asistida por su marido, Ángel Hernández, la tengo grabada en las páginas especiales de mi memoria de secreto y me ha llevado a poner en marcha una parte de la moviola de mi vida en la que fui profesor de Ética Médica en las Escuelas de Enfermería de Sevilla y Huelva, durante algunos años. También he recordado mi etapa como alumno del profesor Bernhard Häring, en Roma, en un Curso sobre Ética Médica que hice en la Academia Alfonsiana en los años 1976 y 1977, del que aprendí que la ética es el suelo firme de la vida, la solería moral que uno va adquiriendo a lo largo de la vida para el bien vivir y el bien morir. Así procuré transmitirlo siempre a mis alumnos y alumnas de una etapa maravillosa de mi vida.

Hago esta mención de mi intrahistoria porque en aquellos años descubrí que era imprescindible abordar la ética de situación como guía y camino para el discernimiento humano más digno, de la que me enamoré para siempre, frente al dogmatismo de la Iglesia Católica que hacía estragos en este país. Aquellas clases del Profesor Häring me abrieron los ojos definitivamente sobre la importancia de hacer uso de la libertad en momentos transcendentales de la vida, tanto en la vida como en la muerte. Me lo explicaba Häring en las clases y en su humilde habitación del Alfonsianum, porque había prestado servicios en la aviación alemana de Hitler, como capellán y en Rusia, donde aprendió que tenía que atender siempre a cualquier ser humano aplicando la ética de situación, fuera amigo o enemigo, actitud que le acarreó serios disgustos y la separación final de aquellos servicios militares por ser considerado persona non grata para el ejército alemán. El problema radicaba en que había contemplado mucha muerte indigna en directo y había tenido que ayudar a morir alejado del dogma católico que había aprendido y enseñado en su proceso de evolución ética. Häring sufrió mucho por sus actitudes éticas hasta su fallecimiento, sobre todo por el trato recibido por la iglesia oficial, a la que recordó que cuando era citado en Roma para justificar su doctrina de libertades le recordaba algo tan grave como estar presente ante Hitler en un juicio sumarísimo. Häring me enseñó a defender la vida digna, en cualquier circunstancia, sin más limitación que la aplicación de la ética de situación en su defensa plena y con el amparo de la ley correspondiente.

Ha sido necesaria esta retransmisión en directo para que tomemos conciencia de la urgencia que plantea la necesaria legislación sobre la eutanasia. Es vergonzoso constatar que a pesar del esfuerzo del Partido Socialista para que España abordara definitivamente y desde la perspectiva legal ese problema real como la vida misma, no ha sido posible avanzar hasta el día de hoy por la oposición cerril de partidos de derechas con el telón de fondo de la Iglesia, como muros infranqueables para el libre discernimiento ante la muerte. Aquella proposición de ley relativa a la regulación de la eutanasia, fue presentada en el Congreso de los Diputados por la portavoz socialista, Adriana Lastra, el 26 de junio de 2018, como “una cuestión sobre la que el PSOE considera que existe una opinión mayoritaria y “un elevado consenso” en la sociedad española para que se regule este nuevo derecho”.

Como referencia técnica y puntual recojo sus primeras palabras al respecto en aquella sesión: “Señora presidenta, señorías, hoy nuestro grupo parlamentario somete a la consideración de esta Cámara la proposición de ley de regulación de la eutanasia; un nuevo avance legislativo en materia de derechos que, como siempre en la historia de nuestro país, viene de la mano del Partido Socialista. Lo hacemos, como no puede ser de otra manera, recordando a personas como Ramón Sampedro, Inmaculada Echevarría o tantos otros que abrieron camino socialmente a un debate necesario, importante y ahora ya urgente. Presentamos esta ley sobre regulación de la eutanasia desde el respeto a la dignidad, a la libertad y a la autonomía de la voluntad de esas personas cuya única perspectiva actual es sufrir y desean poner fin a su calvario”.

Hasta el jueves pasado aquellas palabras no sirvieron para que se llevara a cabo la regulación que se proponía, a pesar de los esfuerzos de la izquierda en el Congreso. Es simbólico recordar que en la transcripción fiel del Diario de Sesiones de aquella sesión, al finalizar la primera exposición de Adriana Lastra, se recoge entre paréntesis la palabra “(Rumores)”, de sus señorías, a las que tuvo que mandar callar la presidenta de la Cámara, pidiendo silencio. Al final, solo rumores… y silencio.

El 25 de octubre de 2018, el Partido Popular se quedó sólo en defensa de su enmienda de totalidad a la Proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia, que el Pleno del Congreso rechazó finalmente por 208 votos en contra y 134 a favor. Sin comentarios, pero con datos exactos para que no se olvide dónde está situado el partido popular, que decía en boca de su presidente, Pablo Casado, que la eutanasia es un debate que no existe en España, que no existe una mayoría social que la reclama y que es un asunto que el Partido Socialista se inventa para dividir a los españoles.

En esta ardiente impaciencia hasta que en el Congreso de los Diputados se apruebe por mayoría la ley que regule definitivamente la eutanasia en el momento actual, finalizo esta reflexión con palabras tomadas de la organización Derecho a morir dignamente (DMD) ante la muerte por decisión libre personal y de pareja de María José Carrasco: “[…] El acto de Ángel Hernández de ayudar a morir a su mujer, a la que ha cuidado durante décadas, sólo puede entenderse como un acto de amor que no debería recibir ningún reproche penal. La asistencia a las personas más vulnerables, como M.ª José, con respeto a sus valores y a sus decisiones, es una medida de la calidad humana de una sociedad civilizada. En ninguna otra cuestión hay tanta distancia entre los deseos de la ciudadanía y la legislación como en el de la regulación de la muerte asistida. Más del 80% de la población está a favor de despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido. Sin embargo, el artículo 143 del Código Penal sigue castigándola con penas de prisión. DMD exige a los futuros diputados y diputadas que regulen y despenalicen la eutanasia urgentemente. Hacerlo se ha vuelto ya un imperativo moral”.

Sevilla, 6/IV/2019

Me acuerdo de…, Rafael Sánchez Ferlosio

SANCHEZ FERLOSIO

He conocido la noticia hace solo unos minutos: ha fallecido en Madrid, a los 91 años, el escritor Rafael Sánchez Ferlosio, un amante de la libertad en estado puro. Cuando comienzo a repasar la memoria de secreto, intentado recordar a Sánchez Ferlosio en este cuaderno digital, aparecen como por ensalmo unas palabras de Guillermo Altares que leí hace ya bastantes años sobre los «Me acuerdo…» de Joe Brainard: «Algunos Me acuerdo son pedazos inocentes de memoria, otros escarban en las partes ocultas de nuestras vidas, algunos tienen sabor, olor, luz, algunos son crepúsculos dorados y otros amaneceres tristes, muchos ni siquiera sabemos dónde han estado escondidos, los hay que son como las magdalenas proustianas y aparecen a borbotones. (¿En el fondo qué es En busca del tiempo perdido si no un gigantesco Me acuerdo?), pero todos ellos son importantes, todos ellos son nosotros. Los Me acuerdo son algo que tenemos que tal vez hayamos perdido, pero que hemos recuperado” (1).

Dicho y hecho. Me acuerdo… que hace tan solo un año y medio (8/XII/2017) dediqué unas palabras a Sánchez Ferlosio en una fecha inolvidable, porque cumplía exactamente 90 años. Si importante era aquél día, a mí me pareció genial su sorna al responder de forma muy inteligente cuando le preguntaron si alcanzada esa edad seguiría escribiendo. Él, de forma solemne, recordó una anécdota que recogí en mi artículo, con una respuesta llena de gracejo y sabiduría infinita: «Se hará lo que se pueda».

Adjunto de nuevo aquellas palabras hilvanadas en torno a su salida genial. No lo he olvidado hoy, cuando nos ha dejado en el silencio sonoro de sus palabras, haciendo siempre lo que ha podido en su admirado oficio.

«El escritor Sánchez Ferlosio ha cumplido noventa años y en el homenaje que le tributaron el lunes pasado en Madrid le preguntaron si seguiría escribiendo. Con su sorna habitual, respondió que «se hará lo que se pueda», recordando una famosa anécdota de Juan Belmonte y Valle-Inclán en la que el escritor le decía al torero, «no te falta más que morir en la plaza», a lo que él respondía, «se hará lo que se pueda, don Ramón».

Es verdad. Ante un mundo diseñado por el enemigo solo podemos hacer, a veces, lo que se puede, porque vivimos en un desbordamiento perpetuo de intereses espurios, que se produce por los que no nos dejan hacer casi nada. Es algo así como sucede con el cambio climático. Sabemos qué es lo que hay que hacer, nos lo recuerdan los que saben de ello, pero los dueños del mercado universal actúan sin compasión alguna. Nada es inocente, ni siquiera lo que hacemos si nos dejan hacerlo. Eso, Sánchez Ferlosio lo sabe. La realidad pura y dura es que el saber hacer cosas no ocupa lugar, pero en nuestros cerebros cada vez tenemos menos sitio. Y menos tiempo y libertad para hacerlas».

Sevilla, 1/IV/2019

NOTA: la imagen se recuperó el 8 de diciembre de 2017 de http://www.jotdown.es/2012/07/sanchez-ferlosio-la-prosa-anfetaminica-de-un-personaje-de-caracter/

(1) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo), Cuando un recuerdo es algo que tenemos, El País (Babelia), p. 8.

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