Una cita especial con Federico García Lorca

Federico García Lorca, escultura de Juan Antonio Corredor, situada en la Avenida de la Constitución, en la ciudad de Granada / JA COBEÑA

Granada, 21/IV/2022

Llevo a Federico García Lorca en mi memoria de hipocampo, la que me entrega siempre sentimientos y emociones especiales. Hoy, me he cruzado con él y le he prometido que volvería en unas horas para estar sentado a su lado, un rato, en su banco eterno de la Avenida de la Constitución, en Granada. Así ha sido y le he susurrado al oído que quería llevarme un recuerdo en el corazón de este encuentro en el que él ha sido el gran protagonista. Le he comentado que me acuerdo de su vida y obra muchas veces a lo largo de cada año y le he contado que escribo muchas páginas sobre aconteciimeintos preciosos de su vida en este cuaderno digital.

Él ha mantenido silencio y me ha contado en voz baja que se acuerda de la última vez que lo visité, aquí en Granada, el 25 de enero de 2017, porque sabía que tenía una deuda con él, entre otras muchas: visitarle en la casa de verano, en Huerta de San Vicente, 6. Se acordaba de que aquél día escribí unas palabras en su jardín, después de haber visitado las estancias (sabe que me encanta esta palabra) en las que él escribió, en el periodo 1926-1936, gran parte de su obra. Hemos comentado esta tarde cómo sentí algo especiaL al ver sus pinturas, por ejemplo la que le regaló Alberti como recuerdo del inicio de su amistad y otras entrañables en representación breve pero con sentido histórico para quien las quiera recordar ahora y siempre en la memoria de todos y en la de secreto. Dice que se emocionó cuando estuve cerca de su piano y cuando le conté que todos los lunes tocan para que no se apague su sonido, el que él obtenía de sus notas. Sabe también que me bastó ese detalle para recordar una visita breve, buena, que se convirtió aquél día en dos veces buena.

Detalle de la escultura de Federico García Lorca, obra de Juan Antonio Corredor, situada en la Avenida de la Constitución, en la ciudad de Granada / JA COBEÑA

Cuando veía hoy en sus manos, una obra muy querida por él, El Romancero gitano, ha venido a mi mente un recuerdo especial del encuentro en 2017: su preciosa mesa de escritorio, su «fábrica de versos», porque comprendi mejor que nunca sus palabras de compañía eterna: «Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo; pero que todos sepan que no he muerto» (1). Es verdad, porque lo he sentido muy cerca. Es lo que me ha pasado hoy cuando me he sentado junto a él, en bronce inmovilizado, en un país ya libre, en una avenida de la Constitución que él siempre hubiera abrazado, Y le he puesto mi mano sobre las suyas, despidiéndome de este encuentro como si no hubiera pasado tiempo alguno. Para mí, porque no ha muerto, como él decía y porque sigue vivo en mi persona de secreto. Le he dicho que no lo olvido, en una fría tarde de su Granada querida. Su mirada lo decía todo.

(1) Gacela de la muerte oscura, en Diván del Tamarit, 1936.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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