Palabras para Alejandro

Caetano Veloso, Alexandre, en Livro, 1997

Sevilla, 30/III/2022

Hoy, hace tan sólo unos minutos, ha nacido en el mes del dios Marte, Alejandro, mi segundo nieto, con un nombre de raíz griega, el defensor del hombre, en mi mejor traducción a través de dos palabras que se unen para reforzar el mensaje que lleva dentro, αλέξειν (aléxein, defender, proteger, repeler, infinitivo) y ἀνδρός (andrós, del varón, genitivo). Junto a Adrián, el primero, nacido en 2020, conforman una prolongación de la genealogía del apellido Cobeña, con unas raíces profundas en Andalucía, desde Córdoba la llana, cuando en el siglo XIII, un almorávide natural de Cobeña, Álvaro Colodro, de cuyo nombre quiero acordarme hoy especialmente, se descolgó por la muralla que protegía la Córdoba mora, iniciándose con ese acto la reconquista de la ciudad por el ejército del rey Fernando III. Allí quedó para la posteridad el topónimo Cobeña y las familias de Colodro y sus acompañantes en el asalto se quedaron en la provincia y otros pueblos de Andalucía, por las regalías del rey, hasta nuestros días, pasando el apellido Cobeña de generación en generación hasta el nacimiento hoy de Alejandro, porque salvando lo que haya que salvar, ha nacido en Sevilla “Alejandro de Cobeña”, como se decía entonces. Su segundo apellido, Rodríguez de la Paz, también lleva dentro algo muy importante para su vida: transmitir la paz en su entorno, el equilibrio que siempre hay que buscar en el largo camino vital de cada persona. Al fin y al cabo, siempre recordará que su nombre significa “defensor de las personas, del ser humano”, para llevarlos a la paz, estando cerca de ella.

Si el fenómeno de la hoja en blanco es siempre una aventura hacia lo desconocido, escribir sobre el nacimiento de Alejandro me obliga a recordar una vez más las palabras que escribió Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar). Efectivamente, lo que quiero decir es algo que muestre la fuerza de la palabra ante un acontecimiento de tanta belleza humana, la máxima expresión de la vida. Alejandro, al igual que pasó en 2020 cuando nació su hermano Adrián, viene al mundo en un momento muy difícil, pero con todas las oportunidades de ser feliz. Nace rodeado de afecto y cercanía familiar, en un centro sanitario público, atendido de forma especial por profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía que ennoblecen mediante su trabajo serio y riguroso, el servicio que prestan a la ciudadanía presidido por la salvaguarda del interés general.

Alejandro, como nombre, tiene un recorrido histórico extraordinario, centrado en la figura del rey de reyes, Alejandro Magno, de cuna macedonia, cuya historia narra de forma especial el cantor brasileño Caetano Veloso, cuando incluyó la canción Alexandre, dedicada a Alejandro Magno, en su álbum Livro, publicado en 1997 y que hoy me gustaría susurrar al oído de Alejandro niño:

Él nació en el mes del león, su madre una bacante
y el rey su padre, un conquistador tan valiente
que el príncipe adolescente pensó que ya no quedaría nada
para, si llegara a ser Rey, conquistar por sí solo.
Pero muy pronto resultó ser un niño extraordinario:
el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Eligió su caballo porque parecía indomable.
Y le puso el nombre Bucéfalo al dominarlo
para júbilo, asombro y escándalo de su propio padre
que contrató para su preceptor a un sabio de Estagira
cuya cabeza sostiene aún hoy Occidente.
El nombre Aristóteles – nombre Aristóteles- se repetiría
desde entonces hasta nuestros tiempos y más allá.
Él enseñó al joven Alejandro a sentir la filosofía
para que más que fuerte y valiente llegara a ser sabio también

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

De niño, sorprendió a visitantes importantes.
bienvenidos como embajadores del Imperio Persa,
pues los recibió en ausencia de Felipe con gestos elegantes
de los que el rey, su propio padre, no sería capaz.
Pronto estaría al lado de Felipe en el campo de batalla
y marcaría su nombre en la historia entre los grandes generales

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Con Hefestión, su querido amigo,
su bien en la paz y la guerra,
corrió en honor a Patroclo
– los dos cuerpos desnudos —
junto a la tumba de Aquiles, el héroe enamorado, el amor.
En la gran batalla de Queronea, Alejandro destruía
la sagrada comisaría de Tebas, llamada invencible.
A los dieciséis años, sólo dieciséis años, así ya exhibía
toda la amplitud de la luz de su genio militar.
Olimpia incitaba al niño dorado a afirmarse
si Felipe dejaba a la familia de la madre de otro hijo de los suyos postularse.

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Hecho rey a los veinte años
convirtió a Macedonia,
que era un reino periférico, llamado bárbaro,
en el este del helenismo y de los griegos, su futuro, su sol.
El gran Alejandro Magno, Alejandro Magno
conquistó Egipto y Persia,
fundó ciudades, cortó el nudo gordiano, fue grande;
se embriagó de poder, alto y profundo, fundando nuestro mundo,
fue generoso y malvado, magnánimo y cruel;
se casó con una persa, mezclando razas, nos cambió tierra, cielo y mar
murió muy joven, pero antes se impuso del Punjab a Gibraltar.

Alejandro,
de Olimpia y Felipe el niño nació, pero él aprendió
que su padre fue un rayo que vino del cielo

Me encantaría quedarme con palabras como “niño extraordinario, el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol” para explicárselas una a una a nuestro nieto. Siguiendo el hilo conductor de la canción, me gustaría decirle también al oído que Alejandro tuvo un maestro de vida, el filósofo Aristóteles, del que yo aprendí lo que sé hoy para comprender la vida. Le diré, junto a su hermano, los dos sentados en mis rodillas, como hacían los abuelos en las orillas del Tigris y del Éufrates, hace ya muchos siglos, que el hombre, en el sentido global de la persona humana, es “el único ser capaz de admirarse de todas las cosas” y que ese es el fundamento de la filosofía: ”su propio padre / contrató como su preceptor a un sabio de Estagira / cuya cabeza sostiene aún hoy Occidente. / El nombre Aristóteles se repetiría / Desde entonces hasta nuestros tiempos y más allá / Él enseñó al joven Alejandro a sentir la filosofía / para que más que fuerte y valiente llegara a ser sabio también”. No se puede decir o cantar mejor. Aseguro que le enseñaré a sentir la filosofía para que llegue a entender bien qué significa ser sabio en la vida.

Le diré también que Alejandro Magno cultivó la amistad desde que era muy pequeño, con un amigo muy querido, inseparable, de nombre Hefestión, su bien en la paz y la guerra y le enseñaré que junto a la defensa de las personas, como dice su nombre, debe ser también el defensor del amor. Le contaré que con tan sólo veinte años, el rey Alejandro convirtió a Macedonia, que era un reino periférico, llamado bárbaro, en el este del helenismo y de los griegos, su futuro, su sol. Que fundó muchas ciudades, que deshizo el nudo gordiano y que fue muy grande. Que al casarse con una mujer persa, mezcló razas olvidando la hegemonía griega. Que fue capaz de cambiar la faz de la tierra, del cielo y del mar.

Tengo una cosa más que contarle y creo que fundamental: que siendo rey Alejandro, fundó la maravillosa Biblioteca de Alejandría, la ciudad en Egipto que lleva su nombre hasta nuestros días. Le explicaré con detalle cómo se creó la Biblioteca, que llegó a albergar más de 450.000 papiros, cuidados con esmero por Demetrio de Falero, Calímaco o Apolonio de Rodas y cuyo objetivo era recopilar todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países que debían ser incluidas en una colección inmortal para la posterioridad. Le diré que los libros serán muy importantes en su vida y que su biblioteca personal y familiar serán siempre su clínica del alma.

Alejandro, mi nieto nacido hoy, junto a su hermano Adrián, unen dos culturas milenarias, la griega y la romana. Adrián, Adriano, sabemos que fue un vecino de Itálica, majestuosa ciudad romana, hace ya muchos años y probablemente encontramos su mejor sentido de vida, su programa, cuando acudo a mi rincón de pensar y escojo un libro precioso, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, muy bien tratado en su traducción por Julio Cortázar, en el que recorro una trayectoria apasionante de un niño de un pueblo cercano a Sevilla, que llegó a ser emperador y que entregó al mundo el espíritu de la libertad para ser diferentes en un mundo a veces diseñado por el enemigo, bellamente expresado en unas palabras llenas de encanto y de alma: “Mínima alma mía, tierna y flotante / huésped y compañera de mi cuerpo / descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, / donde habrás de renunciar a los juegos de antaño”. De Alejandro, macedonio y griego, rey y faraón también, ya lo hemos contado y cantado casi todo.

Finalizo estas palabras con el estribillo adaptado de la canción de Caetano Veloso, Alexandre, a la que pongo hoy música casi celestial mirando a mi nieto, un niño extraordinario, el cuerpo de bronce, los ojos color lluvia y el pelo color sol:

Alejandro,
de Vanesa y Marcos el niño nació, pero él aprenderá
que sus padres son un rayo de sol que hoy viene del cielo

Creo que he sido fiel a mi compromiso crónico con Ítalo Calvino al escribir estas palabras. Lo que les puedo asegurar es que hoy, ante la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles, sólo he intentado decir algo de Alejandro, también de Adrián, de sus padres, de la abuelidad, de una manera especial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El cine es ver caminar a Henry Fonda

Henry Fonda (Norman Thayer, Jr.), En el estanque dorado, 1981

Sevilla, 29/III/2022

Lo dijo el director de cine John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: «Es ver caminar a Henry Fonda».. Es verdad, en los días de resaca de la entrega de los premios Óscar al mérito cinematográfico, en su 94ª edición, que pasará a la posteridad como la del guantazo del actor Will Smith al presentador del acto, Chris Rock, por un chiste de mal gusto dirigido a su mujer, presente en el patio de butacas del Dolby Theatre de de Hollywood, necesitamos recuperar la esencia del cine y quedarnos con todo lo bueno que nos viene ofreciendo desde su creación. Ver caminar a Henry Fonda es el cine, no el incidente del domingo pasado, que empaña la trayectoria de una ceremonia en la que el gran actor americano recibió su primer Óscar, en 1982, por el papel inolvidable de Norman Thayer Jr. en El estanque dorado, película dirigida por Mark Rydell, basada en la obra de teatro de Ernest Thompson y coprotagonizada junto a Katherine Hepburn, quién también obtuvo la estatuilla dorada.

Anoche tuvimos la oportunidad de ver de nuevo esta película en la segunda cadena pública de la corporación RTVE, que cuarenta años después de su estreno en España, simboliza la magia del cine en todo su esplendor, porque ambas interpretaciones, las de Fonda y Hepburn, son impecables, sin quitar mérito alguno a Jane. El guion de la película es en el fondo y forma de la misma, salvando lo que haya que salvar, parte de la vida del actor y de su hija. Se sabe que Jane Fonda adquirió los derechos de la obra teatral de Ernest Thompson para llevarla al cine, el mejor sitio para aflorar la dolorosa relación con su padre desde que era pequeña, a modo de reconciliación, con un episodio que la alejó todavía más de la frialdad y lejanía que la trató desde siempre, mucho más cuando a ella y a su hermano Peter, con doce años ella y diez él, no les dijo la verdad sobre la muerte por suicidio de la madre de ambos, Frances Ford Seymour, la segunda esposa de Fonda en su larga vida matrimonial.

El guion está muy cuidado y la interpretación de Henry Fonda y su hija Jane, no le va a la zaga, junto a la de Katherine Hepburn, siendo inolvidables las últimas escenas en las que se recoge el momento del dolor profundo en el corazón de Norman, que le provoca que se desplome en el suelo, cuando su mujer, Ethel, abrazado a él le dice al oído:  “Estás a salvo, viejo cascarrabias y definitivamente seguirás molestando al pobre Charlie. Después del almuerzo, después de haber devorado todas esas fresas, nos dirigiremos a la carretera del casco antiguo. Hemos estado allí mil veces. Mil. Y lo recordarás todo. ¡Escúcheme, señor. Eres mi caballero de brillante armadura. No lo olvides. Vas a volver a subirte a ese caballo y yo estaré justo detrás de ti agarrándote fuerte y lejos vamos a ir, ir, ir!”. Un mensaje para caminantes de la vida que no olvido.

Anoche, volví a ver la película fijándome sobre todo en los detalles de la forma de caminar del actor para comprender la magia del cine sin palabras, así como de las expresiones faciales continuas que tanto caracterizaron a Fonda en su larga trayectoria cinematográfica. Él hizo el rodaje, afectado ya por una enfermedad de la que falleció meses después por un episodio coronario, cuando tenía 77 años. Creo que podemos afirmar que esta película fue su testamento cinematográfico, que abrochó con el reencuentro con su hija durante su rodaje, sobre todo –según cuenta Jane– cuando en dos momentos álgidos de la misma pregunta junto a su madre “por qué ese hijo de su madre nunca ha sido amigo mío”, refiriéndose a Norman, su padre, al que manifiesta posteriormente “quiero que seamos amigos” y, posteriormente, cuando por primera vez le dice “¡adiós Norman…, papá!”, fundiéndose en un abrazo que da sentido pleno a la película de su vida.

¿Qué es el cine, hoy? Todavía…, es ver a caminar a Henry Fonda por los senderos inescrutables de la vida, llorando a solas ante la proximidad de su hija, junto a su querida compañera de vida, cuando ya todo suena a despedida. Por esta vez, cualquier parecido con la realidad no ha sido pura coincidencia. Esa es la verdadera magia del cine y su historia.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un Óscar al Amor, en un corto español

Sevilla, 28/III/2022

Anoche recibió El limpiaparabrisas un Óscar al mejor corto animado, dirigido por Alberto Mielgo y producido por Leo Sánchez, a los que dediqué una palabras de reconocimiento en este cuaderno digital, el pasado martes 22 de marzo, como una auténtica premonición. Mi enhorabuena por este éxito internacional, porque como decía Luis Cernuda, “el trabajo humano, con amor hecho, merece el reconocimiento de los otros”.

Vuelvo a publicar íntegro el artículo citado, Un limpiaparabrisas para amar la vida. Es importante que este reconocimiento se divulgue en un país tan cainita y de olvidos cómplices, porque necesitamos reforzar la calidad humana y profesional de artífices diarios de la cultura como manifestación artística del conocimiento y de la esencia del ser humano. En este sentido, recuerdo siempre las palabras del cardiólogo catalán Valentín Fuster, residente durante desde hace muchos años en América, que pronunció en 2013 durante una de sus múltiples visitas a España: “Yo puedo estar hablando todo el rato del desastre que hay en España. Pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…” o lo que es lo mismo, puedo estar hablando todo el rato de lo que hace mal este país, pero igual podemos sacar unos minutos para saber si algo funciona…, si alguien nos representa con dignidad más allá de nuestras fronteras y alegrarnos por ello, rompiendo los silencios cómplices a los que estamos acostumbrados o a desprestigiar a quien tanto lucha por sus ideales y principios. Y comprobaremos que es verdad, que se hacen muchas cosas muy bien en este país y que aparentemente son de otro mundo pero que, gracias a un director excepcional español, junto a un productor que arriesga capital y esfuerzo humano y profesional para alcanzar un objetivo tan bello, no confundiendo nunca valor y precio, contribuimos a dignificar el país por un premio internacional de cine, un Óscar, que debería causar la admiración necesaria y justa de todos, sin excepción alguna. Por ello, desde Andalucía también, ¡enhorabuena, Alberto Mielgo y Leo Sánchez!

Un limpiaparabrisas para amar la vida

En tiempos procelosos necesitamos más que nunca descubrir islas desconocidas que nos proporcionen paz y armonía interior. Tal es el caso de una película de animación, El limpiaparabrisas, que está nominada al Mejor Cortometraje de Animación, en la 94ª edición de los Premios Óscar 2022, que se celebrará el próximo domingo 27 de marzo en el Dolby Theatre de Hollywood, escrita, dirigida y diseñada por Alberto Mielgo, con una dilatada carrera en esta forma de animar la vida real, demostrado con los premios EMMY recibidos hasta esta realización y con la coproducción de su estudio PINKMAN.tv y el de Leo Sánchez. Hay que resaltar las ayudas públicas que ha recibido esta producción, entre las que destaca el ICEX, así como la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid por medio de su oficina “Madrid Cultura y Turismo”, que ha apoyado y ayudado de una manera firme la promoción de este extraordinario proyecto.

Es un cortometraje de quince minutos de duración, con “una visión muy personal y particular sobre el Amor y las relaciones”, que arranca con una inquietante pregunta: ¿Qué es el amor? A partir de ella, un hombre, un autorretrato del director, en un restaurante y fumando de forma compulsiva, reflexiona sobre qué es el amor por medio de una sucesión de historias y situaciones personales transidas de incomunicación y silencios. En una entrevista realizada a Leo Sánchez, coproductor, se dice algo que me ha impactado porque, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, se observa que en cada plano del corto hay alma. A la pregunta de si se han utilizado actores reales, “porque la vida que transmiten los personajes es increíble, tienen alma…”, Leo Sánchez responde: “Depende en qué términos se vea, entiendo lo que quieres decir. Si la pregunta es que si se ha usado la técnica de “captura de movimiento” o rotoscopia o se ha grabado y se ha usado un filtro después…, rotundamente no. La película se ha animado de manera tradicional, hemos trabajado con animadores de la industria de animación tradicional del más alto nivel. Lo que pasa es que cuando estos animadores trabajan con un personaje cartoon es habitual que ellos mismos se graben para tenerlo como referencia, para observar los movimientos y expresiones. Después eso lo llevan al cartoon. Alberto Mielgo es muy meticuloso con sus referencias, él se graba y esas referencias se las pasa al animador que anima totalmente el personaje teniendo en cuenta esas referencias. La duda que te surge a ti, como a mucha otra gente, es porque hemos trabajado con personajes con proporciones humanas, porque es la estética que buscaba Alberto. Esto genera este punto muy afortunado que te lleva a preguntarte qué estás viendo realmente. Pero como te comentaba, al final ha sido un proceso muy tradicional”. Me ha quedado claro que tienen alma porque se ha intentado recuperar la vida interna de cada original humano y su circunstancia. Ese es su secreto.

Al final, pasando planos esclarecedores, suena una canción con un mensaje profundo: “Si no estás preparado para el amor ¿cómo puedes estarlo para la vida? Así que amemos libremente, amemos fuerte, amemos ahora. Porque pronto moriremos…”. A la pregunta del principio, “¿qué es el amor?”, el mismo hombre contesta con firmeza: “el amor es una sociedad secreta”. Una conversación de clientes de la cafetería, como un rumor,  cierra los planos finales del corto junto a los títulos de crédito: “te estás proyectando hacia delante, en vez de quedarte en la intersección. Sí, estoy de acuerdo, soy un desastre, porque estás en medio de la calle y cuando dejo de hacerlo, dejo de adivinar hacia dónde vamos, en lugar de vivir el momento… Las cosas se desenvuelven con mayor facilidad, es cuando realmente van como a mí me gusta”.

La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro.

NOTA: el corto que figura en la cabecera de estas palabras, es la versión censurada, sin subtítulos para su visualización en Youtube. La versión original, sin censura, se puede ver en https://youtu.be/i8MQl7vCkMQ. Para quien le interese, también se puede visualizar, doblado al castellano, hasta el 20 de abril de este año, en RTVE: Somos cine – El limpiaparabrisas (corto) (rtve.es)

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Cerca, siempre, de Miguel Hernández

SER / Podcast especial Miguel Hernández | Cuando el miedo se puede leer

Sevilla, 26/III/2022

El próximo lunes, 28 de marzo, se cumple el 80º aniversario del fallecimiento del poeta Miguel Hernández en la cárcel de Alicante. Siempre es un buen momento para recordarlo, aunque en esta ocasión sea de dolor por la forma en que ocurrió todo y cómo lo trató la dictadura hasta su muerte. En torno a su vida y obra, se publica ahora una revisión actualizada de Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, escrita por José Luis Ferris (Alicante, 1960), una biografía que se publicó por primera vez en 2002 por la Fundación José Manuel Lara. En ella se actualizan bastantes datos y hechos, fundamentalmente por la entrega del Tribunal Militar Territorial al Archivo General e Histórico de Defensa, de los procedimientos judiciales militares, el 24 de noviembre de 2020, entre los que se encuentran los sumarísimos llevados a cabo contra el poeta Miguel Hernández Gilabert, al finalizar la guerra civil, clasificados junto a los que figuran en más de 20.000 cajas con legajos y documentos de ese Tribunal, pudiéndose consultar algunos de ellos a través del acceso a la página principal web de Patrimonio Cultural de Defensa.

Aporto en este sentido un enlace al podcast que se puede visualizar completo y que abre estas palabras, elaborado por la cadena SER, con un título del primero que sobrecoge: Cuando el miedo se puede leer. Acceder a esta información es un privilegio para poder emitir posteriormente juicios bien informados, al habernos secuestrado la dictadura y los primeros años de transición, durante tanto tiempo, datos relevantes para conocer a fondo la figura de Miguel Hernández, que se agranda por días.

Tenemos una oportunidad ahora de rescatar información clarificadora para no olvidar al poeta, que forma parte de la memoria histórica de nuestro país, tan maltratada siempre. Creo que contribuyo con esta publicación a no participar en silencios cómplices sobre su vida y obra. Vuelvo a recordarlo hoy con unas palabras recientes mías en este cuaderno digital, que transcribo íntegramente como homenaje a su vida y obra que tanto han aportado a este país. Lo hago a través de su poema Tristes guerras, de su Cancionero de ausencias (1938-1941), que reproduzco a continuación sin más comentarios para no empañar su mensaje, que en estos momentos es imprescindible escucharlo para comprender bien su fondo y forma.

Tristes guerras
Si no es amor la empresa.

Tristes. Tristes.

Tristes armas
Si no son las palabras
.

Tristes. Tristes.

Tristes hombres
Si no mueren de amores.

Tristes. Tristes.

Ante lo que está pasando y estamos viendo de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, no nos queda nada más que seguir luchando sin descanso por el triunfo de las palabras, que aún nos quedan, alzando la voz con ellas y siempre que lleven el amor y la paz dentro, como aprendimos de Miguel Hernández, un poeta del pueblo para el pueblo, dirigidas a Josefina Manresa y a su hijo, en Canción del esposo soldadoPara el hijo será la paz que estoy forjando. / Y al fin en un océano de irremediables huesos / tu corazón y el mío naufragarán, quedando / una mujer y un hombre gastados por los besos. Es verdad también su mensaje, que hoy resuena con más fuerza que nunca: Tristes armas / Si no son las palabras. / Tristes. Tristes. / Tristes hombres / Si no mueren de amores. / Tristes. Tristes.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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El Teatro Dramático del mundo al revés

Imagen por satélite del Teatro Dramático de Mariúpol (Ucrania), bombardeado el pasado 16 de marzo por Rusia.

Sevilla, 25/III/2022

Acabo de leer la noticia: las autoridades del Ayuntamiento de Mariúpol, la ciudad portuaria en Ucrania, han informado hoy que en el bombardeo del Teatro Dramático, llevado a cabo por Rusia el pasado 16 de marzo, han muerto más de trescientas personas, a pesar de que ya se había advertido que albergaba únicamente población civil, mujeres, ancianos y en su mayoría niños, hecho que se había divulgado pintando en grandes letras de color blanco la palabra “niños”, en ruso (дети), en la explanada delantera del edificio (véase el círculo rojo de la imagen), para que se pudiera identificar bien en el caso de un bombardeo programado sobre la ciudad.

No sé qué nos quedará por ver todavía, pero me resisto a ser mero espectador de lo que está pasando y estoy viendo. Me remueve la conciencia todos los días y reconozco que estoy consternado y conturbado. Consternado, en el sentido profundo de la palabra tal y como se recogió por primera vez en el Diccionario de Autoridades publicado en 1729 por la Real Academia de la Lengua: “Atemorizado, asombrado, perturbado y espantado”. Cualquiera de las cuatro acepciones refleja bien mi estado de ánimo. Tanto que hemos luchado por la instauración de la democracia a lo largo de los siglos, como la mejor forma de convivencia humana y con profundo dolor contemplo de nuevo la imagen del Teatro Dramático de Mariúpol, que hace un triste honor a su nombre, hoy más que nunca. También, conturbado, atendiendo las ricas acepciones de las Autoridades citadas, porque estoy inquieto, conmovido, confundido y desasosegado, provocando todo ello una mudanza cerebral muy importante aunque siga escuchando la recomendación piadosa de San Ignacio en estos tiempos de guerras en la aldea global que se ha convertido el mundo al revés. Cada día que pasa estoy más convencido de que soy pesimista en el sentido más profundo del término que aprendí del haiku 123, precioso, escrito por Benedetti en 1999 (1): Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado.

Tengo que decir bien alto que imágenes como la del bombardeo del Teatro Dramático y sus consecuencias directas, más de trescientas personas muertas por una inexplicable invasión, nos llevan al miedo global que describió Eduardo Galeano en la escuela del mundo al revés, sobre todo cuando decía que estamos en el tiempo del miedo: Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. Al final, si unimos todos los miedos, nos damos cuenta de que hay que construir cada día el mundo nuevo que necesitamos para seguir viviendo sin él. Si no, constataremos que “Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir”.

No quiero vivir con miedo en el Gran Teatro Dramático del Mundo. Galeano lo explica bien en una clase especial de su escuela, abierta al finalizar el siglo pasado, que ahora se podría actualizar con datos de forma exponencial, visto lo visto en Ucrania o, antes, en Siria o Afganistán, entre otros conflictos internacionales que han causado tanto dolor humano, junto a sus daños colaterales que ahí están: “En la Era de la Paz, que es el nombre que dicen que tiene el período histórico abierto en 1946, las guerras han matado no menos de 22 millones de personas y han expulsado de sus tierras, de sus casas o de sus países a más de cuarenta millones. Nunca falta alguna guerra o guerrita para que se lleven a la boca los televidentes consumidores de noticias. Pero nunca los informadores informan, ni los comentaristas comentan, nada que pueda ayudar a entender lo que pasa. Para eso, tendrían que empezar por responder a las preguntas más elementales: ¿Quién está traficando con todo este dolor humano? ¿A quién da de ganar esta tragedia?, «la cara del verdugo está siempre bien escondida», cantó, alguna vez, Bob Dylan”. O lo que es lo mismo hoy, “la cara del poderoso caballero Don Dinero está ahora bien escondida”, bajo el manto de un emperador del siglo XXI que pocos se atreven a decir en alto que va desnudo. Cuando ya estamos alcanzando el primer cuarto del nuevo siglo XXI, constatamos que vivimos en un mundo sin alma, desalmado, “que practica la superstición de las máquinas y la idolatría de las armas: un mundo al revés, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”.

De ahí nace lo que él llama “el derecho al delirio”, con ejemplos rotundos para pensar que son posibles en un mundo nuevo, una invitación a volar sobre la realidad que nos duele, consterna y conturba a diario, del que personalmente he escogido algunos que sanan mi alma: “los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas; los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos; el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra; la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla; la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda y, como corolario, la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: amarás a la naturaleza, de la que formas parte; serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma”. Es verdad, estos delirios son una invitación a experimentar el derecho a volar alto, algo que agradezco cuando vivimos tan atados a la dura realidad de la tierra, situación que no nos permite ver mas allá de lo que nos transmiten a diario los agoreros mayores del mundo al revés. Tan lejos, tan cerca.

(1) Benedetti, Mario, Rincón de haikus, 2001. Madrid: Visor Libros.

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Si se puede se debe (hasta un cierto punto)

Espacio SOLO, Certeza, pi(x)el

Sevilla, 24/III/2022

Presumes que eres la ciencia
Yo no lo comprendo así
Cómo siendo tú la ciencia
No me has comprendido a mí

Enrique Morente, Soleá de la ciencia

Enrique Morente, Soleá de la ciencia

Solo sabemos que no sabemos nada. Espacio SOLO, un proyecto artístico internacional con sede en Madrid que tiene como objetivo fomentar, apoyar y compartir las obras de arte de hoy, cuya colección y Museo constituyen la labor creativa iniciada hace más de 7 años por los empresarios españoles Ana Gervás y David Cantolla, nos ofrece ahora una oportunidad de adentrarnos en la certeza de algunas preguntas de la vida. En este entorno tan especial, se presenta a partir de 1 de abril de este año una exposición con más de veinte obras diferentes que confluyen en diálogo sobre la idea de lo cierto, bajo la denominación programática de Certeza: “en un momento en que conceptos como la verdad o la identidad avanzan, cambian, se ven amenazados o son todos víctimas de la manipulación”. De ahí el interés de esta exposición que “busca generar conversación y reflexión compartida. Durante siglos, los pensadores han lidiado con el concepto de certeza y los artistas nos han animado continuamente a reevaluar lo que vemos. Continuando con esta tradición, Certeza (Certanity) presenta obras de artistas de todo el mundo y en diversos medios que incluyen pintura, escultura, instalación, video y arte de IA colaborativa y descentralizada”.

Junto a la exposición se van a abordar también una serie de charlas, para profundizar en algunos de los temas abordados por la exposición, “incluidos los conceptos de certeza, posverdad, identidad, la naturaleza del arte o la creatividad y el fenómeno de las noticias falsas”. Me ha llamado la atención especialmente la performance “pi(x)el” de Filip Custic (Santa Cruz de Tenerife, 1993), que presenta un proyecto de puente entre identidad, diversidad y tecnología, que no deja tranquilo al espectador. En la sinopsis oficial de la exposición se dice que “en una era de dismorfia, Custic propone una reflexión positiva sobre el potencial de la tecnología para permitir identidades fluidas, sin restricciones por estereotipos o ideales estéticos”, donde el cuerpo humano, en esta ocasión, unido a la tecnología puede mostrarse de una forma diferente ante los ojos de la sociedad, “más allá de los estereotipos o normas establecidas y un medio para celebrar la diversidad”.

La performance (representación) se muestra a través de una iteración que comienza con “el desempaquetado de la obra de arte en sí, ya que Custic desempaqueta, construye y da vida a la obra ante un público en directo. La estética de las presentaciones de productos con alta tecnología proporciona el marco y la inspiración para esta pieza, como explica el artista: “Estoy inspirado por la cultura comercial que se ha creado. Son las compras por televisión llevadas a otro nivel. Me encanta la teatralidad, la idea de crear un momento especial para presentar un nuevo objeto y generar toda una experiencia alrededor”. Participa en esta experiencia la artista conocida en la actualidad como “Virgen María”, a través de una escultura hiperrealista de su amiga y musa, mediante la cual “la actuación y presentación de pi(x)el transporta al público al futuro no muy lejano de lo digital”. Lo que Custic quiere comunicar con su obra es que en una época de “dismorfia y de no aceptarnos a nosotros mismos”, esta obra está llena de optimismo tecnológico. Pi(x)el se concibe como un prototipo, un wearable futuro que ve discriminación pasada para permitir la diversidad y las identidades fluidas. “Estoy muy inspirado por la idea que iremos más allá de la forma física y nos centraremos en la esencia de cada individuo. Eso es lo que yo quiero comunicar”.

Pi(x)el, detalle de la performance de Filip Custic

Lo que hay verdaderamente de fondo es una forma de expresar algo que inquieta con solo acercarnos a ello: el transhumanismo o lo que es lo mismo, paradójicamente, acercarnos a ser tan poderosos como alguien del que nos dijeron hace ya miles de años que se llamaba Dios, aunque hay que recordar en una performance actualizada lo que sucedió a Adán, según cuenta la tradición, cuando quiso emular a Dios. Esta exposición tiene visos de transhumanismo, una confianza casi ciega en la ciencia y en la tecnología, sobre todo en la ciencia, particularmente en la biotecnología, la informática y la nanotecnología y un curioso imperativo moral: “Si se puede, se debe”. Pero ya lo afirmé hace bastantes años en este cuaderno digital: La inteligencia digital no es software: “Desde que estudio y construyo, poco a poco, las bases científicas de la teoría de la inteligencia digital, he podido comprobar que siempre emerge una tentación en el laboratorio por la propia semántica del constructo: comparar el cerebro con una estructura similar a un ordenador superpotente. Y la comparación, como todas, es odiosa. En las diferentes acepciones que he construido desde que voy de mi corazón a mis asuntos, pretendo aportar puntos críticos de investigación en la maravillosa posibilidad que las tecnologías de la información y comunicación aportan hoy a la inteligencia humana. En mi libro Inteligencia digital. Introducción a la noosfera digital, todos los caminos del índice conducen a una conclusión maestra: la inteligencia es un recurso humano, muy complejo, no un software, de una individualidad extrema, hasta tal punto que se puede decir con rigor científico extremo que no hay dos inteligencias, ni dos cerebros iguales […] La inteligencia es un don humano (para algunas personas “divino”), pero que afortunadamente, no es una lotería: venimos pre-programados a la vida, después de un proceso de concepción y construcción cerebral que se prolonga a lo largo de nueve meses (sinceramente, de toda la vida…). En cualquier caso, se viene demostrando científicamente que la inteligencia, ni siquiera la estrictamente digital, no se puede instalar como un software” (por cierto, ¿libre o de mercado? Ninguno)”. Además, este esfuerzo de la ciencia en torno a la inteligencia digital siempre debe estar determinado por la ética cerebral, que también existe (1).  

Si se puede se debe, dicen los transhumanistas radicales, pero la superinteligencia digital que tuviera las características de una mente humana (agencia, cognición, ética), pero increíblemente aumentadas, nos llevaría a pensar que “el incremento de la capacidad de computación de los ordenadores llevará de forma inevitable y espontánea a la creación de este superente, lo que se ha denominado la “Singularidad Tecnológica”. En cierto modo, se trata de una especie de religión vuelta al revés: Dios no nos ha creado, pero el objetivo de la humanidad sería crear a un ser parecido a Dios”, es decir, si se puede crear la singularidad tecnológica, se debe desarrollar… pero hasta un cierto punto, iuxta modum, que decían los clásicos. Teilhard de Chardin, que estudió el origen del ser humano a lo largo de su vida como paleontólogo y que ilumina permanentemente este blog con su mensaje de que “El mundo sólo tiene interés hacia adelante”, preconizaba hace muchos años algo que no he olvidado al hacer, como hoy, maniobras de aproximación científica a la gran certeza de por qué se creó el mundo o lo que es lo mismo, a la necesidad de acercarnos permanentemente a la ciencia también, no sólo a las religiones, para explicarlo, porque de lo que se trata siempre es de respetar la perentoriedad del descubrimiento de la primera razón de la vida, de su primer vestigio, para entender la evolución de la humanidad: “todo se debe profundizar y todo se debe intentar”, porque debemos frecuentar el futuro y su progreso implícito. Buscar también las certezas de la vida. Esta es la razón de por qué el progreso actual, en una interpretación tan novedosa como la que podemos encontrar en la exposición citada, en pi(x)el es maravilloso desde esta perspectiva. Todavía se enriquece más esta perspectiva cuando miramos hacia ese futuro tan indeterminado hoy, tan frágil, debiéndonos aferrar a las directrices de la evolución humana. Teilhard nos llevaba a través de su investigación a descubrir que la ciencia es el motor imprescindible y necesario para el progreso de la humanidad. Una muestra última evidente ha sido la vacunación contra la COVID-19.

En este contexto, vuelvo a recordar algo que escribí en torno a la gran duda de por qué somos y estamos en este mundo, lo que Custic desea interpretar en su performance pi(x)el: “Decía Jesús Ruiz Mantilla en 2014 que el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, con su proyecto Génesis, de gran carga ideológica no inocente, por supuesto, había salido a buscar en 2005 el paraíso terrenal y fotografiarlo durante ocho años: “¿Para qué? Para emular el ojo de Dios pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro que Salgado nos muestra del mundo. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

La inteligencia que se desarrolla a lo largo de la vida en nuestro cerebro, que es único e irrepetible y que nos juega siempre buenas y malas pasadas, a través de unas estructuras cerebrales que condicionan la amplitud de nuestro suelo firme en la vida, lo que podemos llamar “solería” de nuestra vida, o lamas de parqué en términos más modernos, puestas una a una a lo largo de nuestra existencia, dependiendo de cada experiencia construida en el cerebro individual y conectivo, es la razón que nos lleva a ser más o menos felices. Además, con proyección específica en el mundo real en el que vivimos, en la inteligencia digital. Al fin y al cabo, es lo que pretende el cerebro siempre: devolver en su trabajo incansable, porque nunca deja de funcionar, ni de noche ni de día, es más, durante la noche sobre todo, la razón lógica del funcionamiento de las neuronas, un trabajo maravilloso para justificar nuestro origen y futuro humano, el comportamiento de género, la influencia diaria y constante en la inteligencia y en el compromiso para que el mundo propio y el de los demás merezca la pena vivirlo, compartirlo y habitarlo. Tengo cada día más claro el convencimiento de que en el cerebro reside la ética de la vida.

Si se puede, se debe, hasta un cierto punto, pero emular el cerebro humano a través de la tecnología tiene todavía barreras éticas que debemos sopesar para respetar la quintaesencia de la inteligencia humana. Hoy por hoy, tengo claro que la inteligencia no es software, sino una capacidad individual muy compleja, que administra sentimientos y emociones a flor de cerebro. Después, a flor de la piel de cada uno, de forma irrepetible. Vaya por delante, que no me interesa para nada emular a dios o a los dioses para ser más feliz siendo una singularidad tecnológica. Sólo, caminar todo los días hacia adelante para seguir descubriendo en la mejor performance de la vida que la creación del ser humano fue lo mejor que pasó en este mundo hace millones de años. No somos mercancías que se desempaquetan a lo largo de la vida para tener algo a lo que agarrarnos como un clavo ardiendo, sino sujetos de derechos y deberes para vivir con dignidad y como un todo muy humano, cada día de nuestra existencia.

(1) Cobeña Fernández, José Antonio, Origen y futuro de la ética cerebral (edición digital), 2014.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Un limpiaparabrisas para amar la vida

Sevilla, 22/III/2022

En tiempos procelosos necesitamos más que nunca descubrir islas desconocidas que nos proporcionen paz y armonía interior. Tal es el caso de una película de animación, El limpiaparabrisas, que está nominada al Mejor Cortometraje de Animación, en la 94ª edición de los Premios Óscar 2022, que se celebrará el próximo domingo 27 de marzo en el Dolby Theatre de Hollywood, escrita, dirigida y diseñada por Alberto Mielgo, con una dilatada carrera en esta forma de animar la vida real, demostrado con los premios EMMY recibidos hasta esta realización y con la coproducción de su estudio PINKMAN.tv y el de Leo Sánchez. Hay que resaltar las ayudas públicas que ha recibido esta producción, entre las que destaca el ICEX, así como la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid por medio de su oficina “Madrid Cultura y Turismo”, que ha apoyado y ayudado de una manera firme la promoción de este extraordinario proyecto.

Es un cortometraje de quince minutos de duración, con “una visión muy personal y particular sobre el Amor y las relaciones”, que arranca con una inquietante pregunta: ¿Qué es el amor? A partir de ella, un hombre, un autorretrato del director, en un restaurante y fumando de forma compulsiva, reflexiona sobre qué es el amor por medio de una sucesión de historias y situaciones personales transidas de incomunicación y silencios. En una entrevista realizada a Leo Sánchez, coproductor, se dice algo que me ha impactado porque, como tantas veces he escrito en este cuaderno digital, se observa que en cada plano del corto hay alma. A la pregunta de si se han utilizado actores reales, “porque la vida que transmiten los personajes es increíble, tienen alma…”, Leo Sánchez responde: “Depende en qué términos se vea, entiendo lo que quieres decir. Si la pregunta es que si se ha usado la técnica de “captura de movimiento” o rotoscopia o se ha grabado y se ha usado un filtro después…, rotundamente no. La película se ha animado de manera tradicional, hemos trabajado con animadores de la industria de animación tradicional del más alto nivel. Lo que pasa es que cuando estos animadores trabajan con un personaje cartoon es habitual que ellos mismos se graben para tenerlo como referencia, para observar los movimientos y expresiones. Después eso lo llevan al cartoon. Alberto Mielgo es muy meticuloso con sus referencias, él se graba y esas referencias se las pasa al animador que anima totalmente el personaje teniendo en cuenta esas referencias. La duda que te surge a ti, como a mucha otra gente, es porque hemos trabajado con personajes con proporciones humanas, porque es la estética que buscaba Alberto. Esto genera este punto muy afortunado que te lleva a preguntarte qué estás viendo realmente. Pero como te comentaba, al final ha sido un proceso muy tradicional”. Me ha quedado claro que tienen alma porque se ha intentado recuperar la vida interna de cada original humano y su circunstancia. Ese es su secreto.

Al final, pasando planos esclarecedores, suena una canción con un mensaje profundo: “Si no estás preparado para el amor ¿cómo puedes estarlo para la vida? Así que amemos libremente, amemos fuerte, amemos ahora. Porque pronto moriremos…”. A la pregunta del principio, “¿qué es el amor?”, el mismo hombre contesta con firmeza: “el amor es una sociedad secreta”. Una conversación de clientes de la cafetería, como un rumor,  cierra los planos finales del corto junto a los títulos de crédito: “te estás proyectando hacia delante, en vez de quedarte en la intersección. Sí, estoy de acuerdo, soy un desastre, porque estás en medio de la calle y cuando dejo de hacerlo, dejo de adivinar hacia dónde vamos, en lugar de vivir el momento… Las cosas se desenvuelven con mayor facilidad, es cuando realmente van como a mí me gusta”.

La verdad es que todo se nubla en la mente y en el corazón cuando llueve y se moja el alma, que también sucede, siempre no a gusto de todos, pero tomando conciencia de que ese todo se puede limpiar también con el amor líquido del limpiaparabrisas de la vida, porque al final todo depende del color del cristal con el que se mira cada aquí y ahora de esa turbulenta forma de ser y estar en el mundo que cada uno vive. Juan Ramón Jiménez me lo enseñó hace ya muchos años, cada vez que traspasaba la cancela de su casa en Moguer, en la calle Nueva: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […] Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Como me pasa a mí hoy al ver en repetidas ocasiones el corto de Mielgo, con el color de cada plano, que llevan el alma dentro.

NOTA: el corto que figura en la cabecera de estas palabras, es la versión censurada, sin subtítulos para su visualización en Youtube. La versión original, sin censura, se puede ver en https://youtu.be/i8MQl7vCkMQ. Para quien le interese, también se puede visualizar, doblado al castellano, hasta el 20 de abril de este año, en RTVE: Somos cine – El limpiaparabrisas (corto) (rtve.es)

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El júbilo de la primavera, según Cernuda, vence la desesperanza y el miedo

Ramón Gaya, Retrato de Luis Cernuda, 1932

Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente

Luis Cernuda, en Ocnos

Sevilla, 21/III/2022, Día Mundial de la Poesía

Cuando llega esta estación, la primavera en Sevilla, Cernuda me recuerda siempre cosas importantes con su prosa poética, porque lo único que sabemos es que no sabemos en realidad lo que nos pasa y él nos ayuda a entenderlo (1), fundamentalmente porque estamos atravesando una etapa histórica plagada de dificultades y sinsentidos. En este caso, cuando canta a la primavera recordando a su tierra natal desde la tragedia del exilio, añorando cómo la naturaleza cuida a Sevilla:

Este año no conoces el despertar de la primavera por aquellos campos, cuando bajo el cielo gris, bien temprano a la mañana, oías los silbos impacientes de los pájaros, extrañando en las ramas aún secas la hojosa espesura húmeda de rocío que ya debía cobijarles. En lugar de praderas sembradas por las corolas del azafrán, tienes el asfalto sucio de estas calles; y no es el aire marceño de tibieza prematura, sino el frío retrasado quien te asalta en tu deambular, helándote a cada esquina.

Abstraído en este imaginar, marchas con nostalgia por la avenida del parque, donde revuela espectral a ras de tierra y te precede, fugitiva ala terrosa, una hoja del otoño último. Tan reseca es y oscura, que se diría muerta años atrás; imposible su verdor y frescura idos, como la juventud de aquel viejo, inmóvil allá, traspuesta la reja, hombros encogidos, manos en los bolsillos, aguardando no sabes qué.

Al acercarte luego, hallas que el viejo tiene a sus pies manojos de flores tempranas, asfodelos, jacintos, tulipanes, de vívidos colores increíbles en esta atmósfera aterida. Casi da pena verlas así, expuestas en mercado norteño, como si ellas también sintieran su hermosura indefensa ante la hostilidad sombría del ambiente.

Pero la primavera está ahí, loca y generosa. Llama a tus sentidos, y a través de ellos a tu corazón, adonde entra templando tu sangre e iluminando tu mente; quienes a la invocación mágica, a pesar del frío, lo sórdido, la carencia de luz, no pueden contener el júbilo vernal que estas flores, como promesa suya, te han traído e infundido en tu miedo, tu desesperanza y tu apatía.

La primavera, con su luz y fragancia de azahar en Sevilla, llama a mis sentidos y se aloja en mi corazón, regalándome un júbilo de emociones y sentimientos, a modo de flores, que me ayudan a caminar por la pandemia que nos asola y nos da miedo, desesperanza y apatía, con una misión posible que necesitamos ahora más que nunca: iluminar la mente. También, para comprender qué significa la paz en tiempos de guerra, tan lejos, tan cerca.

Hoy se celebra también el Día Mundial de la Poesía, auspiciado por la UNESCO y adoptado como tal en la 30ª Conferencia General en París en 1999, con el objetivo de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y fomentar la visibilización de aquellas lenguas que se encuentran en peligro. Conmemora a su vez «una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad. La poesía, practicada a lo largo de la historia en todas las culturas y en todos los continentes, habla de nuestra humanidad común y de nuestros valores compartidos, transformando el poema más simple en un poderoso catalizador del diálogo y la paz». Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, ha lanzado hoy al mundo un mensaje con motivo de esta celebración en el que manifiesta lo siguiente: La orquestación de las palabras, el colorido de las imágenes y la contundencia de una buena métrica otorgan a la poesía un poder sin parangón. Como forma de expresión íntima que permite abrirse a los demás, la poesía enriquece el diálogo que cataliza todo progreso humano y es más necesaria que nunca en tiempos turbulentos.

En este contexto local y mundial, expreso a Luis Cernuda, mi paisano, el más sincero agradecimiento a su obra, porque siempre reconozco el trabajo que hizo con amor desde su alma exiliada, tan lejos de sus primaveras en Sevilla, cuando escribía estas palabras desde la sordidez de Escocia, que le llevaban a recordar entrañablemente su niñez y juventud en esta ciudad, en la que Stefan Zweig siempre pensó que se podía ser feliz. Aprendí de él algo muy importante que pidió a sus paisanos en esta sacrosanta ciudad: el reconocimiento a su trabajo bien hecho y envuelto en bellas palabras, que siempre lo merece ahora y en cualquier estación del año: «más el trabajo humano, con amor hecho, merece el reconocimiento de los otros». No lo olvido en este tiempo tan difícil y complejo, porque hoy día me duele todavía que su país y sus paisanos olvidemos algo simbólico que nos enseñó él a comprenderlo: el valor intrínseco de la poesía, de la prosa poética, porque la primavera, por ejemplo, llama a nuestros sentidos, y a través de ellos a nuestro corazón, adonde entra templando nuestra sangre e iluminando nuestra mente. ¿Existe algo más bello?

Finalizo esta reflexión especial con un ejemplo del trabajo bien hecho de Mozart al ensalzar también la primavera, en una obra dedicada a Haydn en 1785, en un cuarteto recogido en su catálogo como No. 14 K. 387 in Sol mayor, fruto de un largo y laborioso trabajo, según sus palabras, del que he elegido el tercer movimiento (Andante cantabile), De la primavera, como homenaje al compositor salzburgués, interpretados por un cuarteto nacido en aquella ciudad, Hagen Quartet, que lo expresa de forma especial. Una delicia, en un día en el que la entrada de la nueva estación se celebra con una espera y esperanza sentidas. Para seguir viviendo y construyendo un mundo diferente, más amable, más cercano, más humano.

(1) Cernuda, Luis, La Primavera, en Ocnos (Poesía completa, vol. I), 1993. Madrid: Siruela.

NOTA: El 27 de diciembre de 2018, el Estado adquirió por 10.000 euros, en el remate final de una subasta de Durán, el Retrato de Luis Cernuda, 1932 (O/L, 65 x 55 cm.), pintado por Ramón Gaya:Se ofrecía, también de su mano, un dibujito previo, a tinta, muy sencillo, pero como una especie de primera idea o boceto del óleo (23 x 18,5 cm.), fechado también en 1932. Ambos habían estado presentes en la muestra Entre la realidad y el deseo. Luis Cernuda 1902-1963, en la Residencia de Estudiantes en Madrid y en el Convento de Santa Inés en Sevilla, en 2002, y aparecían también, con otras piezas que se subastaban, en el libro A una verdad. Luis Cernuda (Sevilla-Madrid, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 1988), edición coordinada por Andrés Trapiello y Juan Manuel Bonet. Ambos fueron vendidos por los precios iniciales, 10.000 euros el óleo y 3.000 la tinta, y en ese precio fueron adjudicados al Estado cuando ejerció su derecho”.

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En Ucrania lloran en la orilla del lago de sus cisnes

Olga Smirnova, Variación de Odette (Acto II de El lago de los cisnes)

Sevilla, 20/III/2022

Hemos conocido en los días pasados dos noticias que simbolizan el dolor y llanto en Ucrania en relación con la cultura en general y con el ballet clásico, en particular. Por un lado, la salida de Rusia de la gran bailarina del ballet Bolshoi, Olga Smirnova, hacia otro escenario de vida mejor, en este caso Holanda, abandonando su querida compañía por coherencia con sus principios, tras declarar que está en “contra de esta guerra con cada fibra de su alma […] Nunca pensé que me avergonzaría de Rusia. Siempre me he sentido orgullosa de la gran cantidad de talento que tiene nuestro país y de nuestros logros culturales y atléticos, pero ahora siento que se ha trazado una línea que separa el antes y el después. Me duele que la gente se esté muriendo, que la gente esté perdiendo sus casas o se vean obligadas a abandonar sus hogares”. El abuelo de Smirnova, nacida en San Petersburgo en 1991, era ucraniano. Por otro, el fallecimiento de Artem Datsishin, primer bailarín de la Ópera Nacional de Ucrania, a los 43 años de edad, reconocido a nivel internacional, a consecuencia de las heridas provocadas por un bombardeo ruso sobre la capital de su país, Kiev, en los primeros días de la invasión el país por Rusia.

Olga Smirnova y Artem Datsishin

Tchaikovsky, El lago de los cisnes, Escena Final / Herbert von Karajan. Filarmónica de Berlín

En estos días se ha presentado para su proyección en los cines de este país, la película sobre “El lago de los cisnes” con la participación estelar de Olga Smirnova y con el escenario majestuoso del Bolshoi, como una metáfora de lo que está sucediendo con la invasión de Ucrania. Mientras escribo esta palabras escucho con atención casi reverencial la escena final de El lago de los cisnes, una bella obra bajo la batuta de Herbert Von Karajan dirigiendo la Filarmónica de Berlín y con el violín de Michel Schwalbé, intentando comprender a través de la partitura los mensajes del triunfo del amor a pesar de todo, simbolizado en la petición de perdón de Sigfrido a Odette, que finalmente muere en sus brazos, aunque las aguas crecen y acogen a los dos amantes que desaparecen entre el oleaje, todo ello acompañado del crescendo de los metales y de la percusión. Las cuerdas y posteriormente la fanfarria de los metales se esfuerzan en demostrar que el bien vence siempre al mal, a los cisnes negros de la vida que también existen. Finalmente los cines blancos recobran su libertad. La coda final se encarga de enunciarlo y dar acogida a este solemne triunfo sobre las fuerzas del mal.

Karajan vuelve a dar vida hoy a una obra sublime sintetizada en estos extraordinarios cinco minutos inolvidables. Se lo agradezco, al recordarme el mensaje principal de la obra de Tchaikovsky, con mi respeto, atención y admiración a su dilatada obra artística: el bien puede acabar venciendo al mal. Lo sucedido con dos estrellas del ballet ucraniano y ruso nos deben ayudar hoy a reflexionar sobre lo que está pasando en este mundo al revés. Mantengo la esperanza de que finalmente triunfen los cisnes blancos sobre el imperio del mal. Mientras, con profundo respeto y silencio, lloro con el pueblo ucraniano en la orilla del lago de sus cisnes.

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Hoy, día de San José, es siempre todavía

Georges de la Tour (1593- 1652), La Aparición del ángel o El Pensamiento o Sueño de San José, hacia la primera mitad del siglo XVII.

Sevilla, 19 de marzo de 2022, festividad de San José

Llevo un nombre no inocente en la España que nací, una fusión de José y Antonio, de feliz memoria por sus orígenes, los nombres de mi padre y padrino, respectivamente. No supe, hasta que dejé de hacer las cosas de niño, que esa fusión se pretendía justificar en la época de la dictadura con un falangista de pro, José Antonio Primo de Rivera, pero eso es harina de otro costal en el discreto encanto de la burguesía madrileña en el que crecí. Hoy, festividad de San José, según el santoral católico, apostólico y romano, tomo conciencia de que este hoy es siempre si atendemos al hecho de la celebración del recuerdo de una persona que tuvo un papel muy importante en los relatos ancestrales de la humanidad y que varias veces he hablado de él en este cuaderno digital, porque -la verdad sea dicha- es un personaje muy curioso.

Personalmente, cada año me aproximo a su realidad humana para intentar comprender este relato que, humanamente hablando, es difícil de entender y explicar. De ahí haber elegido hoy este proverbio de Antonio Machado, Hoy es siempre todavía, tan escueto, tan profundo, porque la historia de mi nombre y su celebración durante setenta y cuatro años me demuestra que cada hoy es un paso más en el camino de siempre, en el cada día de mi vida. Desde aquel edulcorado San José con su vara de nardo en la mano derecha, de mi niñez rediviva, estático y mudo, al que ahora muestro en mi alma de secreto como un ayo –más o menos con mi edad, como lo representa Georges de la Tour– o tal y como lo sintió y escribió Teresa de Jesús en su Libro de la Vida (6, 6-8): “a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas [las peticiones], y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra -que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar-, así en el Cielo hace cuanto le pide”. José, el carpintero de Nazareth, siempre ocupó una segunda fila en la historia más sorprendente y jamás contada bien. Era la pareja oficial de María, asunto que me ha emocionado en muchas ocasiones al describirlo así, a pesar de que la historia lo ha encumbrado siempre a los altares.

Georges de La TourEl recién nacido (1648, óleo sobre lienzo, 76 x 91 cm, Museo de Bellas Artes, Rennes)

Lo he sentido así contemplando una vez más tres óleos de Georges de La Tour, El pensamiento o sueño de San José, El recién nacido y San José carpintero, atendiendo a la trayectoria vital del protagonista del relato histórico sobre José. En el primer óleo, aparece maravillosamente reflejada la humanidad plena de José, su desconcierto existencial. En el segundo, en pleno nacimiento de Jesús, no aparece José por ningún sitio porque realmente nunca fue protagonista presencial de esta historia mágica, probablemente porque asumió como nadie el papel de “ayo”, tal y como se recoge en el tercer óleo, enseñándole a su “hijo” el trabajo de carpintero. En estos cuadros sobrecoge el silencio y la austeridad tan bellamente retratadas por el pintor: “Sus célebres “noches”, de aparente simplicidad, silenciosas y conmovedoras, dan vida a personajes que surgen con magia en espacios sumidos en el silencio, de colorido casi monocromo y formas geometrizadas. La total inexistencia de halos u otros atributos sacros, así como los tipos populares empleados, justifican la lectura laica que a veces se ha hecho de sus nocturnos en obras como La Adoración de los pastores del Louvre o El recién nacido de Rennes” (1). Sin medallas, sin atributos laicos ni sacros. Sin collares o anillos. Sin nada, solo con el regalo precioso del silencio sonoro de la noche y contemplando a un niño que José intentaba querer como suyo, siendo sólo ayo, rodeado de confusión y misterio.

Georges de la Tour (1593- 1652), San José carpintero, hacia 1642 – 1644.

La palabra “ayo” ha evolucionado también con el paso de los tiempos, aunque su significado profundo se ha mantenido siempre en el terreno de la responsabilidad en el ámbito de la educación: persona encargada en las casas principales de custodiar niños o jóvenes y de cuidar de su crianza y educación. José se transforma así en un educador nato, aunque desde el principio sólo correspondía su estatus a las clases sociales altas, hasta que Teresa de Jesús lo apea de su santa peana. Su papel en la historia sempiterna, de siempre, en el santoral, me parece sorprendente, como lo era para Teresa de Jesús, porque como cuidador de una mujer y de un niño de nombre Jesús, de una prudencia benedictina, un compañero de vida, un artesano carpintero, era tenido en cuenta por Dios ya que le atendía siempre en todas sus peticiones, con especial relevancia en el espectro de su santoral querido, que era amplio: “Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu, queriendo se hiciese muy curiosamente y bien, aunque con buen intento. […] Paréceme, ha algunos años, que cada año en su día le pido una cosa y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío. […] Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas, que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a san José por lo bien que les ayudó en ello. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro, y no errará en el camino” (6,7).

He querido hoy resaltar la figura de José de Nazareth de nuevo, como protagonista de un relato multisecular, dueño de sus silencios, aunque fuera un secreto a voces la asunción de su papel en la historia difícil de María y en la suya propia. Como he manifestado en otras ocasiones, me gusta recordarlo despojado de su santidad, ocupando su sitio en la historia, básicamente como un hombre humilde, trabajador y bueno, con un profundo respeto a María, una persona que la historia ha colocado en un sitio muy especial difícilmente entendible si te falta la fe que nos enseñaron nuestros mayores, como le gustaba decir a Antonio Machado. Creo, sinceramente, que fue un buen compañero. Hoy, comprendo mejor que nunca las palabras de Teresa de Jesús en el libro de su vida dedicadas a las personas que deberían ser “aficionadas” a San José: “no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos”.

Michel Corrette (1709-1795), José es un buen compañero (Seis sinfonías de Navidad, Sinfonía III, Allegro), interpretado por La Fantasía.

Hoy, festividad de San José, es siempre todavía. Para mí, queda demostrado que José fue un buen compañero de María. Como a Santa Teresa, a mí eso me basta.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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