Leer nos reconforta ante las barbaries

Día Internacional del Libro

Somos seres entretejidos de relatos, bordados con hilos de voces, de historia, de filosofía y de ciencia, de leyes y leyendas. Por eso, la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella. No puede desaparecer lo que nos salva.

Irene Vallejo, Manifiesto por la lectura 

Sevilla, 20/IV/2023

El próximo domingo se celebra el Día Internacional del Libro, habiéndose presentado el cartel oficial de este año, por parte del Ministerio de Cultura, que ha sido diseñado por el ilustrador Sergio García Sánchez, Premio Nacional de Ilustración 2022, a partir de una cita del último autor galardonado con el Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes”, Rafael Cadenas: la literatura es un muro contra las barbaries. Este cuaderno digital hace un homenaje continuo a los libros y sus mensajes de libertad intelectual y contención de las diferentes barbaries que en el mundo existen. Personalmente, me considero un filobiblion, es decir, una persona que ama los libros, por lo que es fácil entender que me interese especialmente conocer datos sobre la lectura en nuestro país y divulgarlos, porque pienso que un país que lee avanza siempre hacia la libertad de pensamiento y conductas asociadas. Así lo hago habitualmente y muestra de ello fue un artículo concreto, Los libros, en España, gozan de muy buena salud, en diciembre de 2022, en el que ofrecía múltiples datos referidos a una publicación de la Federación Española de Gremios de Editores de España, Comercio Interior del Libro en España 2021, con múltiples datos de interés como para deducir después de su consulta algo que me reconforta siempre en un escenario en el que hay muchos “artistas” que disfrutan destrozando lo que este país hace bien a diario, es decir, constatar que los libros, en España, gozan de muy buena salud.

Decía Richard de Bury, el autor de un libro publicado en el siglo XIV, cuyo título descriptivo enuncia lo que recogen sus páginas escritas en latín,  Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros, que “La verdad que triunfa sobre todas las cosas —que vence al rey, al vino y a las mujeres, que se considera sagrada y se honra antes que la amistad, que es camino sin retorno y vida sin fin, que el santo Boecio considera triple en pensamiento, discurso y escritura— parece seguir siendo más útil, fructífera y obtiene mayores ganancias en los libros. Porque el significado de la voz perece con el sonido. La verdad latente en la mente es la sabiduría que se esconde, el tesoro que no se ve, pero la verdad que brilla en los libros desea manifestarse con fuerza a través de cada sentido. Enaltece la vista cuando es leída, al oído cuando se escucha, y además al tacto cuando se somete a la transcripción, encuadernación, corrección y conservación. La verdad escrita de los libros, no transitoria, sino permanente, se ofrece a sí misma para ser observada, y por medio de las esférulas permeables de los ojos, que pasan por el vestíbulo de la percepción y las cortes de la imaginación, entra en la cámara del intelecto, tomando su lugar en el diván de la memoria, donde engendra la verdad eterna de la mente” (1).

En estos tiempos modernos y bárbaros al mismo tiempo, en determinadas latitudes, los libros pueden ser baluartes inexpugnables en defensa de la libertad de pensamiento e ideas, como dice Rafael Cadenas. Lo importante es descubrir esta realidad cuando la lectura se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día abrupto y de turbación, cuando sabemos leer la vida, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer: “¿Pero qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (2). 

En el Día Internacional del Libro, sé que el alma busca siempre refugio en la dignidad humana, un cortafuegos que suele encontrar su sitio en libros preciosos para comprender la imprescindible condición humana de la libertad. Para que no se olvide en un día tan importante como hoy. Las librerías, su maravilloso complementario, son la atención primaria del alma y la lectura de los libros que compramos es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte que casi todo lo cura, porque casi todo está en los libros. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a las librerías y a las bibliotecas (incluidas las nuestras), salvando lo que haya que salvar, porque es verdad que a lo largo de nuestra vida necesitamos acudir al librero o librera de atención primaria o al especialista… en las clínicas del alma. Sobre todo, para detener la barbarie que asola el alma humana. Aun así, me tranquiliza saber que la lectura seguirá cuidándonos si cuidamos de ella (3).

(1) De Bury, Richard. Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros. Madrid: Anaya, 1995.

(2) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.

(3) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura. Madrid: Siruela, 2020.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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