
Sevilla, 14/VI/2026 – 08:05 h CET (UTC+2)
En mi tiempo de silencio actual, entro con más frecuencia de lo habitual en mi “clínica del alma”, mi biblioteca. Vuelvo a recordar hoy al escritor Alberto Manguel, tantas veces citado en este cuaderno digital, porque él me abrió la puerta de esa antigua denominación para mi biblioteca, clínica del alma: “tal vez esa pueda ser la aspiración definitiva de una biblioteca”. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a ellas (o a la nuestra), salvando lo que haya que salvar…, como cuando vamos al médico del cuerpo o de la mente humana.
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Las bibliotecas pueden ser clínicas del alma
Sevilla, 19/VI/2018
He finalizado la lectura de un libro precioso de Alberto Manguel (1), Mientras embalo mi biblioteca, que pasa a formar parte de mis libros queridos. Sugiere muchas reflexiones de un calado excepcional, pero hoy quiero destacar una referencia concreta sobre el descubrimiento del arte de la lectura, que cobra especial relevancia en su puesto actual de director de la Biblioteca Nacional de Argentina: “El descubrimiento del arte de la lectura es íntimo, oscuro, secreto, casi imposible de explicar, semejante al enamoramiento, si me perdonan la comparación sentimental. Lo adquiere uno solo, por su cuenta, como una especie de epifanía, o tal vez por contagio, al confrontarse con otros lectores”.
La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.
En ese momento transcendental de descubrir el llamado “arte de leer”, es cuando cita Alberto Manguel la visita a Egipto del historiador Diodoro Sículo, en el siglo I a.C., en la que vio, en la entrada de las ruinas de una antigua biblioteca, la siguiente inscripción: “Clínica del alma”. Es verdad y como dice el autor, “tal vez esa pueda ser la aspiración definitiva de una biblioteca”. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a ellas (o a la nuestra), salvando lo que haya que salvar…, como cuando vamos al médico del cuerpo o de la mente humana.
(1) Manguel, Alberto (2017). Mientras embalo mi biblioteca. Madrid: Alianza Editorial.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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