
Sevilla, 30/VIII/2026 – 13:54 h CET (UTC+2)
Bill Gates ha publicado recientemente en su página web un artículo que recomiendo leer, con un título que es todo un aviso premonitorio para navegantes digitales: La turbulenta era de la IA está aquí. Las decisiones que tomamos ahora son críticas, junto a una entradilla no menos inquietante: Necesitamos un plan para garantizar que lo bueno supere a lo malo.
Creo que estábamos avisados desde hace tiempo sobre algo irrefutable: la Inteligencia Artificial (IA) iba a ser una nueva revolución histórica, que haría tambalear los cimientos de la sociedad actual, hasta límites insospechados. Por esta razón he leído atentamente las reflexiones de Gates, porque pienso que es una autoridad mundial en la visión digital del presente y del futuro. Además, lo quiero compartir con las personas de la Noosfera que les preocupa esta realidad digital, existencial por supuesto.
Todo el mundo tiene asociado el nombre de Bill Gates a Microsoft, que nadie duda de lo que supuso en su presentación mundial en sociedad desde su fundación en 1975, aunque me quiero quedar hoy con su labor filantrópica mundial que él mismo reconoce una vez finalizada su etapa directiva en Microsoft: “En mi segundo [trabajo], que comencé a tiempo completo en 2008, estoy devolviendo la riqueza que hice en Microsoft con el objetivo de hacer del mundo un lugar más saludable, mejor educado y más equitativo. Este es el trabajo que tendré por el resto de mi vida”.
En esta segunda etapa de su vida, hoy se centra en su artículo en poner ribetes de acero a la IA. Comienza su «manifiesto» con una reflexión inquietante: «En términos de equidad, la IA será o bien el mayor igualador [social] jamás inventado, o bien la peor fuente de injusticia. El desafío es monumental. Incluso en las mejores circunstancias, la transición a esta nueva era de la IA será uno de los periodos más turbulentos de la historia de la humanidad. ¿Cómo utilizaremos esta tecnología para construir un mundo más justo y evitar que se amplíe la brecha entre ricos y pobres? ¿Cómo protegeremos a las personas más vulnerables a los daños causados por la inteligencia artificial, incluyendo a quienes pierden su sustento y la sensación de control sobre su futuro? Creo que responder a estas preguntas y actuar en consecuencia debería ser la máxima prioridad mundial. Si el mundo toma las medidas adecuadas, la IA será una fuerza positiva y beneficiará a todos».
A ello responde que «no existe un plan para facilitar la transición a la era de la IA» y que hay varias razones para que esto ocurra; «Una de ellas es que los modelos de IA aún cometen errores. Es difícil imaginar que alguno de ellos pueda reemplazar la cognición humana cuando, no hace mucho, no podían resolver un simple Sudoku ni calcular cuántas «r» tiene la palabra «fresa». Pero el problema de la fiabilidad se está solucionando rápidamente, ya que los investigadores crean modelos que pueden verificar su propio trabajo y mejorarse a sí mismos. Pronto serán sustancialmente mejores que los humanos en muchas tareas. Otra razón por la que se subestima la IA es que las analogías con los efectos de innovaciones pasadas son engañosas. No tenemos experiencia con una tecnología que pueda adoptarse rápidamente o que pueda pensar y moverse como un ser humano. Cuando llegó el PC, se necesitaron veinte años para que nuestra forma de trabajar cambiara significativamente, ya que hubo que desarrollar el software, reducir su precio y enseñar a la gente a usar las herramientas e integrarlas en sus procesos de negocio. La IA, en cambio, funciona con los dispositivos que ya tenemos y utiliza el lenguaje natural. No tenemos que adaptarnos a ella, porque ella se adapta a nosotros. Puede ver el mismo vídeo de formación que se usa para capacitar a los trabajadores humanos y aprender de los datos existentes».
Continúa su exposición, con un epígrafe didáctico: «Esta vez es realmente diferente», porque en esta ocasión tan revolucionaria se necesita tiempo «para prepararnos para la agitación social, política y económica» en la que ya estamos instalados: «Las personas que necesitan más tiempo son las que tienen menos: el trabajador contable que es reemplazado por un robot o el trabajador que gana 20 dólares la hora que pierde su trabajo por un robot que gana 10 dólares la hora». Ya nada será igual y no pasará como en las revoluciones anteriores, en las que el ser humano se benefició mirando por el espejo retrovisor de la historia. El gran drama que se avecina es que, según Bill Gates, «la tecnología puede sustituir la cognición humana. Debido a que puede ver, escuchar, hablar y razonar y eventualmente realizará el trabajo físico con la misma fluidez que cualquier ser humano, no afectará solo a un sector. La IA asumirá trabajos en derecho, servicio al cliente, medicina, software y fabricación. Afectará rápidamente a estas industrias, en el transcurso de una década y no de unas pocas generaciones. Habrá algunos empleos nuevos, pero sin las políticas adecuadas habrá muchos menos de los que existen hoy».
Con este pronóstico tan desalentador, Gates se pronuncia de manera firme: «Si alguien tuviera un plan creíble para frenar los avances de la IA a nivel mundial, probablemente lo apoyaría. Sin embargo, no creo que eso vaya a suceder. Los incentivos geopolíticos y económicos están presionando demasiado para avanzar a toda velocidad». A partir de aquí, comienza a analizar los riesgos y beneficios de la IA, por este orden, comenzando por el primero de indudable impacto para la Humanidad:
- Muchos empleos desaparecerán para siempre.
Aquí señala algo que ya estamos viviendo directamente en la sociedad española: «Los empleos más vulnerables son los de nivel inicial e intermedio, y los nuevos empleos que se creen requerirán principalmente habilidades que requieren muchos años de aprendizaje. Los empleos de oficina ya se están viendo afectados, aunque de forma moderada. Tras la adopción generalizada de la IA generativa, el empleo disminuyó significativamente entre los trabajadores jóvenes en puestos especialmente vulnerables a la sustitución, pero no entre sus colegas de mayor edad». Seguirá con «los empleos en ventas y atención al cliente (en línea y por teléfono), ingeniería de software y asistencia jurídica podrían ser los primeros afectados, pero la disrupción se extenderá mucho más a medida que la IA asuma tareas que hoy en día aún requieren trabajadores capacitados: como evaluar solicitudes de préstamos, realizar análisis de datos e incluso clasificar pacientes. Algunas áreas, como la ingeniería de software, generarán nueva demanda a medida que los costos disminuyan, por lo que la pérdida neta de empleos en esos sectores será menor que en otros, siempre y cuando algunas tareas, como el diseño, sean mejor realizadas por humanos». También se verán afectados los trabajos manuales, a través de la evolución en el diseño y construcción de robots, donde China ejerce ya un gran liderazgo mundial.: «Creo que los robots «inteligentes» comenzarán a competir con las personas en algunas tareas físicas, por ejemplo, en las industrias de la construcción y la hostelería, para finales de la década». Llegados a este punto, Gates expresa su preocupación por los jóvenes «que se incorporarán a un mercado laboral con menos oportunidades para principiantes. Comprenden el desafío porque son los usuarios más activos de la IA y ven tanto sus capacidades como el ritmo de mejora. No es de extrañar que muchos tengan una visión negativa de la IA. El mayor cambio para los trabajadores se producirá cuando la IA realice un trabajo prácticamente sin errores. En ese momento, podrá funcionar de forma autónoma sin supervisión humana, y las empresas tendrán todos los incentivos económicos para permitirlo. Esto conllevará un cambio fundamental en nuestra concepción del trabajo, los ingresos y la seguridad económica. ¿Cómo funcionará una economía basada en el empleo si menos personas trabajan o si muchas trabajan menos horas?».
A partir de este punto se centra en explicar qué significa la pérdida de empleos que supondrá la irrupción de la IA en el mercado laboral y una derivada que quizá sea la más preocupante, el daño social que puede llegar a ocasionar al no tener control alguno en estos momentos, bajo el denominador común del la ciberdelicuencia y terrorismo digital : «La IA representa un desafío estructural para la organización de nuestra economía y exige reflexión y acción inmediatas. La IA empoderará a las personas (y quizás a otras IA) para causar más daño. Mucho antes de que la IA se generalizara, existía información en línea sobre cómo crear armas como bombas, armas biológicas e incluso virus informáticos. La IA facilitará enormemente no solo el acceso a esta información, sino también su puesta en práctica. Incluso los delincuentes con habilidades muy limitadas podrán atacar a víctimas de todos los niveles: individuos, empresas y gobiernos. Incluso los delincuentes con habilidades muy limitadas podrán atacar a víctimas de todos los niveles. El fraude, la desinformación, los deepfakes y la vigilancia impulsados por la IA son los daños que muchas personas sentirán con mayor intensidad en su vida diaria». Gates nos abre los ojos sobre las repercusiones sociales por el mal uso de la IA: «Pensemos en la infraestructura que será vulnerable: hospitales, instituciones financieras, sistemas de agua, redes eléctricas, sistemas de gestión de prestaciones gubernamentales. Cuando estas instituciones son atacadas, son los pacientes, los clientes y los beneficiarios quienes tienen más que perder. Lo mismo ocurre con el bioterrorismo. Si bien la IA propiciará avances que salvarán vidas en medicamentos y vacunas, también facilitará el diseño de nuevas enfermedades mortales. Una vez más, es difícil distinguir entre las capacidades positivas y las peligrosas. Este es un problema global». Tampoco olvida cómo la IA puede monitorear y manipular la opinión pública, que «será más sencillo, económico y efectivo», algo que ya estamos experimentando.
Junto a otros asuntos tratados en el capítulo dedicado a los riesgos de la IA mal aplicada, destaco uno que me intersa sobremanera, el impacto sobre los niños, niñas y jóvenes en general: «Apenas estamos empezando a comprender los peligros que internet —especialmente las redes sociales— puede suponer para el desarrollo de los jóvenes. Estamos presenciando un uso compulsivo, trastornos del sueño, ciberacoso y exposición a contenido dañino. La IA podría magnificar muchos de estos riesgos al hacerlos más persuasivos y difíciles de evitar, y no deberíamos esperar a otra generación para empezar a tomarlos en serio. Países como Australia, el Reino Unido y Noruega están adoptando medidas de protección para los niños en línea. China ha ido más lejos. Sus normas restringen ampliamente las aplicaciones de IA complementarias, prohíben los diseños que fomentan la dependencia emocional y prohíben los familiares y parejas románticas virtuales para menores». Una derivada importante es el impacto de la IA en la educación: «Una encuesta preliminar sugirió que un mayor uso de la IA se asociaba con un pensamiento menos crítico. El efecto fue más fuerte entre los más jóvenes. Este sería el peor momento posible para que los humanos pierdan sus habilidades de pensamiento crítico. En una era de deepfakes y desinformación que se puede adaptar a cada individuo, la capacidad de distinguir lo que es verdad de lo que no lo es se convierte en una habilidad esencial para la vida. No está claro dónde trazar el límite sobre estos problemas psicosociales. En algunos casos, la IA puede ayudar a las personas a comprender cómo mejorar sus relaciones humanas. Puede que sea el único contacto con el mundo exterior para las personas mayores aisladas y con movilidad limitada, y será mejor que nada. Dondequiera que terminemos trazando la línea, debería ser nuestra decisión, tomada intencionalmente».
2. Las cosas buenas que hacemos con la IA podrían ser muy, muy buenas.
Junto a los numerosos riesgos expuestos por Gates en este «manifiesto», también dedica un amplio espacio a las cosas buenas que aporta, que son muchas. «Maximizar los beneficios es tan importante como minimizar los daños. Si la gente ve cómo la IA les facilita la vida, ayudará a generar la confianza pública necesaria para gestionar las partes más difíciles de la transición. Si lo primero que hace la IA en la vida de la mayoría de las personas es quitarles el trabajo, aquellos que ya se muestran escépticos al respecto la rechazarán rotundamente. Esto hará que sea más difícil obtener los beneficios y es otra razón por la que los gobiernos, las industrias, incluida la médica, y las empresas de inteligencia artificial deberían trabajar juntas ahora». A partir de aquí, declara los grandes principios digitales sobre la IA: «Con su capacidad para sintetizar conocimientos de todos los campos científicos, la IA puede acelerar la innovación en los desafíos técnicos más difíciles del mundo: proporcionar energía limpia y confiable para todos, combatir el cambio climático, cultivar suficientes alimentos, erradicar enfermedades y más. Los investigadores que trabajan en tratamientos contra el cáncer o en energía nuclear pueden utilizar la IA para buscar en cantidades masivas de literatura científica. Puede ayudarlos a identificar patrones que un humano podría pasar por alto y decidir qué experimentos ofrecen más promesas. Cuando la inteligencia ya no sea el factor limitante que es hoy, las empresas más pequeñas podrán competir con organizaciones que tienen presupuestos de investigación mucho mayores. La I+D y la innovación se verán potenciadas». Destaca el extraordinario impacto de la IA en la atención sanitaria: «Muchos hospitales estadounidenses pequeños carecen de especialistas en el lugar que puedan diagnosticar rápidamente a un paciente durante una emergencia que pone en peligro su vida. En esos lugares, la IA podría garantizar que un ataque cardíaco se detecte a tiempo y que una familia evite los enormes gastos de una emergencia médica. Viz.ai es un ejemplo. Analiza exploraciones para detectar accidentes cerebrovasculares y otras emergencias y ayuda a los equipos médicos a coordinar la atención de sus pacientes. Se utiliza en casi 2.000 hospitales de EE. UU.».
Gates ve en la agricultura el impacto más rápido de la IA en los países de bajos ingresos, porque «en la mayoría de estos países, los agricultores no reciben pronósticos meteorológicos fiables ni asesoramiento sobre qué semillas plantar, cómo proteger sus cultivos y ganado de las enfermedades o cómo mejorar sus suelos. Con el crecimiento demográfico en estos países y los desafíos del cambio climático, estos agricultores necesitan más ayuda que nunca. Gracias a la IA, los agricultores de bajos ingresos pronto podrán obtener mejor asesoramiento sobre todos estos temas que incluso los agricultores más ricos reciben hoy en día, y aumentar su producción sustancialmente. Igualmente importante y a destacar es el impacto de la IA en los servicios gubernamentales para facilitar la vida de las personas: «En Estados Unidos, he conocido familias que, comprensiblemente, se sentían abrumadas por el proceso de solicitud de seguro médico, ayuda estudiantil o asistencia alimentaria. Ante una enorme pila de complicados formularios burocráticos, muchos sentían ganas de rendirse. La IA puede simplificar los trámites drásticamente para que reciban la ayuda que necesitan más rápido y el gobierno pueda operar con mayor eficiencia. Los gobiernos pueden mejorar considerablemente la experiencia de los ciudadanos, empezando por aquellos que más necesitan sus servicios de protección social. También dedica una reflexión sobre la correcta aplicación de la IA en la salud mental: «La mayoría de las comunidades carecen de suficientes consejeros, psiquiatras y especialistas en adicciones. Con las medidas de protección de la privacidad adecuadas, las herramientas de IA podrían ayudar a las personas a reconocer las señales de alerta. Luego, si es necesario, pueden ofrecer estrategias de afrontamiento basadas en la evidencia y colaborar con un profesional humano para brindar un tratamiento más eficaz».
Por la necesaria brevedad de este artículo, destaco también un apartado en el ámbito de los beneficios de la IA en el sentido expuesto por Gates, de que “beneficie a todos y no solo a unos pocos privilegiados»: En todos estos ámbitos, la palabra clave es «puede»: la IA puede mejorar la vida de las personas en todos los niveles de ingresos. Pero no lo hará automáticamente. Como con cualquier nueva tecnología, debemos asegurarnos de que beneficie a todos y no solo a unos pocos privilegiados. Esto requerirá que los gobiernos y la filantropía desempeñen un papel fundamental para que los ciudadanos con menos recursos y los países de bajos ingresos se beneficien plenamente». Obviamente, Gates aprovecha la ocasión para exponer qué significa en estos momentos la IA en su Fundación: «a la Fundación Gates le quedan 19 años de los 20 en los que invertirá sus 200 mil millones de dólares restantes. La IA la ayudará a alcanzar sus ambiciosos objetivos, tanto acelerando el descubrimiento de vacunas y medicamentos para el VIH, la tuberculosis, la malaria y la desnutrición, como ayudando al personal sanitario y a los pacientes a saber cómo utilizar estas herramientas. Entre los objetivos de la fundación se encuentra reducir a la mitad la mortalidad infantil anual, como se logró entre 2000 y 2024. Todas nuestras iniciativas, no solo en salud, sino también en agricultura y educación, aprovecharán al máximo la IA».
Para acabar con lo expuesto en este «manifiesto», Gates proclama que «el mundo necesita un plan» ante la irrupción de la IA, aunque expone que este no debe ser definido por las empresas tecnológicas que en la actualidad lideran la IA, sino que las soluciones que se recojan en un Plan Mundial acordado por la generalidad de las naciones, «deberían desarrollarse a través de un proceso público democrático que incluya a funcionarios electos, formuladores de políticas, educadores, trabajadores de la salud, funcionarios locales y líderes comunitarios. La vida de millones de personas se verá alterada y necesitaremos una red de seguridad social más fuerte y flexible para ayudarles a gestionar la transición. Las comunidades locales ya están expresando su preocupación por la energía y el agua necesarias para los centros de datos. Sin soluciones, algunos grupos presionarán para detener por completo el desarrollo y la implementación de la IA».
Gates va a seguir trabajando en este ámbito y lo hará a través de tres grandes ideas que avanza en el manifiesto: «Construir un nuevo sistema para gestionar la transición.
La máxima prioridad es una tarea monumental: crear un marco nacional e internacional para abordar la IA» y no «podemos darnos el lujo de avanzar lentamente. El lugar para comenzar es con un proceso para construir las instituciones adecuadas antes de que la disrupción obligue a los gobiernos a entrar en crisis. Los líderes nacionales deberían convocar periódicamente a economistas, tecnólogos, expertos laborales, líderes empresariales y a los propios trabajadores para identificar dónde están fallando las instituciones existentes y qué nuevas autoridades pueden ser necesarias. Los países tendrán que aprender unos de otros. Y los países que albergan a los principales desarrolladores de IA y controlan partes críticas de la cadena de suministro deberían comenzar a reunirse ahora para establecer normas compartidas, antes de que la presión competitiva les dificulte la cooperación. Construir el marco del que hablo llevará años, razón por la cual debemos empezar ahora”.
La segunda idea que avanza Gates y que recojo sustancialmente en el título de este artículo, es que debemos reservar algunos trabajos para los humanos: «Creo que, a medida que la IA y los robots mejoren, reservaremos ciertas tareas exclusivamente para las personas. He empezado a llamar a este ámbito «Reservado para los Humanos», y es un ejemplo del tipo de ideas que tendremos que considerar. Me gusta la expresión «Reservado para los Humanos» porque me hace pensar en las reservas naturales: lugares donde podríamos construir edificios y carreteras, pero elegimos no hacerlo porque la pérdida sería demasiado grande. Podríamos reservar algo como «Reservado para los Humanos» por razones económicas. Por ejemplo, podríamos hacerlo porque permitir que las máquinas asuman ciertas funciones desplazaría a un gran número de personas que no pueden cambiar de trabajo fácilmente. No se le puede decir a una persona de 55 años que ha trabajado en la construcción toda su vida que debe trabajar en una residencia de ancianos y esperar que lo encuentre gratificante. A veces, la decisión de que un área esté reservada a la intervención humana estará motivada por otros factores. En el ámbito de la salud, por ejemplo, imaginemos que un robot nos da la terrible noticia de que tenemos una enfermedad incurable. No hay ninguna razón técnica por la que no pudiera hacerlo. Sin embargo, no debería». Ante lo expuesto, Gates reconoce que esta idea de «Reservado para Humanos», plantea numerosas preguntas para las que no tiene respuesta: «¿Quién decide qué reservamos para los humanos? ¿Qué criterios deberíamos usar? ¿Cómo evitar que las empresas hagan trampa y utilicen robots? ¿Qué sucede con el comercio internacional cuando un país permite que los robots fabriquen algo y otro no? Estas cuestiones deberán resolverse públicamente como parte del plan de transición».
Para finalizar su «Manifiesto», Bill Gates declara lo que está haciendo en este ámbito, que a mí me parece importante conocer y divulgar por medio de este cuaderno de inteligencia digital, que no artificial, como tantas veces he explicado en multitud de paginas: «Utilizaré mi voz y mi tiempo para que la IA y la equidad ocupen un lugar más prioritario en la agenda pública. Abordaré el tema con los legisladores cada vez que visite Washington, D.C., y en mis reuniones con líderes de todo el mundo. Será un tema central en mis conversaciones con quienes desarrollan modelos de IA. Defenderé el marco nacional e internacional que describí anteriormente. La Fundación Gates contribuirá a impulsar un uso beneficioso de la IA, incluso en África. Breakthrough Energy, una empresa que fundé, utilizará la IA para ayudar a las empresas a desarrollar energía limpia y asequible y a resolver el problema climático. También escribiré sobre IA con regularidad. Mi mensaje a los líderes es:
Tienen la oportunidad de actuar ahora, antes de que el desempleo aumente drásticamente, las comunidades sufran y la confianza pública se erosione. Pueden asegurarse de que su gobierno aborde el problema de forma integral, en lugar de dividirlo en múltiples feudos burocráticos. Pueden garantizar que la IA beneficie a todos. Y pueden colaborar con otros gobiernos para afrontar este desafío nacional y global».
Comparto sus palabras finales, como tercera idea a desarrollar con urgencia: «Esta tecnología sin precedentes exige una respuesta global sin precedentes. Si lo hacemos bien, el beneficio para la humanidad será extraordinario y el mundo será un lugar más equitativo. Rara vez dejo de pensar en la IA, no porque tenga todas las respuestas, sino porque las preguntas que plantea son demasiado importantes como para dejarlas en manos de un pequeño grupo de tecnólogos. Los líderes del mundo académico, empresarial, gubernamental y de la sociedad civil tienen un papel que desempeñar a la hora de dar forma al futuro».
En este contexto recuerdo hoy, especialmente, a Hipócrates (Cos, 460 a.C.-Larisa, 377 a.C.) en un libro precioso, Sobre la enfermedad sagrada (Perì hierēs nousou), en el que afirmaba que “El hombre debería saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegrías, los placeres, la risa y la broma, y también las tristezas, la aflicción, el abatimiento, y los lamentos. Y con el mismo órgano, de una manera especial, adquirimos el juicio y el saber, la vista y el oído y sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es trampa y lo que es justo, lo que es dulce y lo que es insípido, algunas de estas cosas las percibimos por costumbre, y otras por su utilidad…Y a través del mismo órgano nos volvemos locos y deliramos, y el miedo y los terrores nos asaltan, algunos de noche y otros de día, así como los sueños y los delirios indeseables, las preocupaciones que no tienen razón de ser, la ignorancia de las circunstancias presentes, el desasosiego y la torpeza. Todas estas cosas las sufrimos desde el cerebro”. Después de veintiséis siglos, hemos llegado a dar al cerebro la dimensión digital a través de la inteligencia humana, la única capaz de resolver problemas mucho más complejos de los que resuelve hoy la IA. Fundamentalmente, porque la inteligencia digital nos permite resolver problemas diarios con la ayuda de las tecnologías de la información y comunicación, cuando sabemos distinguir bien que pueden ser en algún caso de doble uso, porque no son inocentes. El cerebro humano, a través de la inteligencia y de la palabra, es el gran artífice para encontrar respuestas a través de Internet, como ya expuse en 2006, ¡hace veinte años!, en un post dedicado al siglo XXI, como el siglo del cerebro.
Es maravilloso el trabajo que realizan los científicos en torno a la IA, porque nos permiten ser optimistas en el conocimiento profundo del funcionamiento del cerebro, de sus aciertos y de sus errores y, sobre todo, de por qué enferma, con todo lo que supone la enfermedad mental hoy en todas y cada una de sus manifestaciones. Sé que es una cita clásica en este blog, pero siempre la recuerdo para que no olvide la quintaesencia del ser humano, sobre todo la de los que menos tienen, aunque posean el tesoro más preciado de la humanidad: el cerebro humano: “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital” (Negroponte). Sin olvidar tampoco el mensaje preciso y precioso de Hipócrates de Cos que citaba anteriormente y que todavía hoy resuena en mi mente como algo transcendental en su contenido explícito a través de palabras, que aún nos quedan.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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