Una eterna pregunta entre diciembre y enero

Pablo Neruda

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre diciembre y enero?
¿con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿no te engañó la primavera
con besos que no florecieron?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, XLVI

Sevilla, 16/I/2022

Ya lo pensé también el verano pasado cuando dediqué una serie de artículos a preguntas inquietantes de Pablo Neruda. Es verdad que la vida está sujeta a un calendario inexorable: días, meses y años, uno tras otro, sin parar y sin caminos intermedios. Horas, minutos y segundos, uno tras otro también, perfectamente organizados y sincronizados. Me vuelve a sorprender la primera pregunta del capítulo 46 (XLVI) de la obra de Neruda Libro de las preguntas, porque plantea una cuestión íntimamente relacionada con el tiempo y sus circunstancias: ¿Y cómo se llama ese mes / que está entre Diciembre y Enero? Quizás fue un día ya lejano, leyendo a Benedetti, cuando descubrí que él hablaba de cumpledías al referirse al consabido cumpleaños, como siempre, a modo de combate cuerpo a cuerpo con la vida ordinaria, con lo consuetudinario, porque ese cumpledías tiene lugar en un tiempo y en un momento particular de cada uno, “cuando en el instante en que vencen los crueles se entra a averiguar la alegría del mundo y mucho menos todavía se nota cuando volamos gaviotamente sobre las fobias o desarbolamos los nudosos rencores”.

Neruda hace una pregunta inquietante, hilvanada con otras a cual de ellas más interesante, cuando descubrimos que el calendario de nuestra vida es lo más íntimo de nuestra propia intimidad, sin casi nada que ver con el almanaque gregoriano que nos invade a través del Mercado, tan medido, tan tirano, aunque todo se presente a veces como las doce uvas de un racimo para simbolizar un año y que tomamos sin sentido durante la ceremonia anual de comer (con perdón) meses:

¿Y cómo se llama ese mes
que está entre Diciembre y Enero?
¿Con qué derecho numeraron
las doce uvas del racimo?
¿Por qué no nos dieron extensos
meses que duren todo el año?
¿No te engañó la primavera
con besos que no florecieron?

Todo es tiempo y ya lo he analizado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Casi siempre he enmarcado mis reflexiones en torno a un tratado existencialista, Qohélet (Eclesiastés), donde se detallan veintisiete momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno desarrollado con un denominador común llamado “tiempo”, en una dialéctica permanente de contrarios: nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Es muy importante destacar que en las diferentes formas de vivir expuestas anteriormente, existen muchas realidades positivas, catorce concretamente: nacer, plantar, sanar, edificar, reír, danzar, abrazarse, buscar, guardar, coser, callar, hablar, amar y vivir en paz. Comprobamos de esta forma que la historia de las experiencias vitales humanas obedece a la búsqueda de un sano equilibrio con los tiempos difíciles de las restantes experiencias que podríamos calificar como negativas (con matices).

Quizás ha llegado el momento de interpretar el tiempo fuera de su encorsetado cronograma y primar esta búsqueda de razones positivas para vivir cada segundo de cada día, de cada mes, para que parezca que el tiempo se detiene en un ciclo que sólo tiene un nombre: felicidad, porque hay que sacar tiempo para disfrutar lo que dice Qohélet (una persona que le gusta vivir en comunidad, compartir), porque era la experiencia de sus antepasados a lo largo de los siglos, aunque para que no se nos suban los humos a la cabeza (todos podemos ser histéricos, palabra derivada de la griega “ústéra”, útero, que explica que los humos se nos suben a la cabeza y así nos va…), él nos dice que seamos prudentes a la hora de valorar las 27 experiencias de los tiempos de cada uno, de cada una, en su totalidad y entender qué significado tiene vivir, aunque sea de forma temporal propia, apasionadamente. Más allá de ese tiempo que se prolonga entre diciembre y este mes de enero, que tiene su propio nombre: felicidad, una supuesta prolongación de la navidad y reyes dirigida por el Mercado, con el tiempo dentro.

Con esta perspectiva, lo de menos es cuantificar el tiempo en horas y días, por ejemplo, cuando parece que se detiene “como si no pasara o se nos fuera casi sin darnos cuenta” en nuestra realidad más próxima. Comprenderemos mejor las preguntas restantes de Neruda, porque cuando somos felices, durante un tiempo, creemos que los meses duran a veces años y que la primavera de besos y abrazos necesarios puede aparecer en cualquier estación del año. O no. De ahí sus inquietantes preguntas para este mes de enero. La respuesta no está en el viento, que diría Bob Dylan, sino en la forma que tiene cada persona de interpretar el tiempo que nos pertenece y atrapa sine die casi sin darnos cuenta. Lo de menos es el mes que pasó y en el que ahora vivimos.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Ser consumidores o personas, esa es la cuestión

El rey lo gobierna todo,
el clérigo reza por todo,
el abogado aboga por todo,
el labrador lo paga todo
y alimenta a todos

El buen hombre paga por todo, canción recogida en Ciudades hambrientas, de Carolyn Steel.

Sevilla, 15/I/2022

Hamlet vuelve cada día a la escena, en el gran teatro del mundo. He leído recientemente una entrevista con la arquitecta Carolyn Steel (Londres, 1965), que sobrecoge en su contenido, porque llega a manifestar que “elegir ser consumidor por encima de persona es la muerte en vida”. Me ha interesado mucho leerla y compartirla con la Noosfera, por mi vocación de antropólogo y persona que admira la reflexión humana que ayuda a construir un mundo mejor, para convertirnos también en mejores personas con “la que está cayendo”, dicho de forma directa y convincente. Es maravilloso encontrarnos con estas personas, porque nos ofrecen la oportunidad de retirarnos por un momento al rincón de pensar y evaluar cómo estamos viviendo en este mundo tan complejo y lleno de sobresaltos diarios, donde estamos situados, estamos y, en la medida de lo posible, somos.

Carolyn Steel es autora de dos ensayos, Ciudades hambrientas (1), en el que explica cómo la forma de las urbes depende de la manera en que nos alimentamos, “al igual que las personas, las ciudades son lo que comen”, y Sitopia. en el que aborda cómo la comida puede salvar al mundo, porque gran parte de él está hambriento. En la primera obra citada, la autora afirma en su prólogo que “Ciudades hambrientas se ocupa de dos grandes temas, la comida y las ciudades, pero su verdadero centro de atención no reside en ninguno de los dos. Reside en la relación entre ambas, algo que ningún otro libro ha abordado nunca directamente”, o que hay que hablar de ello porque […] “las ciudades engullen ya el 75 por ciento de los recursos de la Tierra, y se espera que en el año 2050 la población urbana se haya duplicado, así que no cabe duda de que el tema está de actualidad”. En Sitopia, la autora afirma que “vivimos en un mundo moldeado por la comida, una Sitopia (sitos, comida; topos, lugar). La comida, y cómo la buscamos y la consumimos, ha definido nuestro viaje humano. Desde nuestros antepasados cazadores-recolectores en busca de alimento hasta los enormes apetitos de las ciudades modernas, la comida ha dado forma a nuestros cuerpos y hogares, nuestra política y comercio, y nuestro clima. Ya sea la decisión diaria de qué comer o el monopolio de la producción industrial de alimentos, la comida toca cada parte de nuestro mundo. Pero al olvidar su valor, nos hemos desviado hacia una forma de vida que amenaza a nuestro planeta y a nosotros mismos. Sin embargo, la comida sigue siendo fundamental para abordar los problemas y las oportunidades de nuestra era digital urbana. Basándose en ideas de la filosofía, la historia, la arquitectura, la literatura, la política y la ciencia, así como en las historias de los agricultores, diseñadores y economistas que están rehaciendo nuestra relación con la comida, Sitopia es una visión provocativa y estimulante para el cambio y cómo prosperar en nuestro superpoblado y recalentado planeta. En su nuevo libro, inspirador y profundamente reflexivo, Carolyn Steel, señala el camino hacia un futuro mejor”.

En la entrevista, Carolyn Steel aborda problemas que perduran a lo largo de los siglos, con comportamientos bastantes irracionales cuando vemos lo sucedido hasta hoy día, tal y como lo demuestra desde la primera pregunta y respuesta (las respuestas van en cursiva):

¿Por qué pagamos más por la plata si necesitamos más el trigo?

La gente que paga por la plata ya tiene el trigo. Hace 10 años me pregunté qué es una buena vida. Me obsesionaba averiguar qué nos hace felices y por qué nuestra economía se dirige en la dirección opuesta.

¿Qué encontró?

Nuestra idea de una buena vida es un concepto del siglo XIX. La vida de cualquier agricultor era dura. De modo que si alguien le decía: “Ya no tendrás que trabajar a la intemperie, lo harás bajo el techo de una fábrica”. ¿Cómo rechazar esa promesa de futuro?  

Más adelante, aborda el origen de nuestros problemas actuales:

¿Los problemas de la humanidad comenzaron cuando dejamos de compartir el bosque o cuando dejamos de cultivar lo que comemos?

Algunas sociedades de cazadores nómadas tenían una aspiración material tan baja que conseguían lo que se proponían y la gente se sentía rica.

¿Cómo lo sabe?

Leyendo a historiadores como Marshall Sahlins [autor de Economía de la Edad de Piedra] entiendes cómo les costó cambiar porque estaban felices viviendo en la naturaleza. Trabajaban para sobrevivir. Entendían la naturaleza como un lugar de abundancia, no como un medio del que protegerse. No temían las malas cosechas: cuando no había, se trasladaban. Desde que nos convertimos en sedentarios vivimos con sensación de escasez.

Y llega a una conclusión de por qué hemos llegado hasta lo que nos está sucediendo ahora:

Controlar el alimento es poder. Muchos problemas históricos explotaron cuando los responsables de alimentar al pueblo no conseguían hacerlo. Los políticos de hoy no quieren ese problema, dedican su energía a ser reelegidos. Y el poder de alimentar queda en manos de otros.

De cada vez menos: los supermercados están en manos de pocos grupos.

Vivimos la ilusión de la diversidad. Los supermercados tienen miles de productos. Pero, en realidad, muchos son repeticiones de distintas formas realizados por la misma marca. Parece que podamos elegir, pero lo realmente distinto es mucho más caro porque cuesta más producirlo. La alimentación del planeta está en manos de apenas cinco marcas. Los colmados y las fruterías de barrio no pueden competir con eso. Comemos lo que quieren que comamos. Amazon ha empezado a servir comida a domicilio. No tienen bastante con una parte del pastel, lo quieren todo. Y nosotros se lo permitimos a cambio de una cierta comodidad y una pequeña rebaja en el precio.

No quiero detallar más lo que debe leerse en la totalidad de la entrevista para comprender el pensamiento de la autora y, si nos gusta, quedarnos con sus publicaciones para comprenderla mejor. De cualquier forma, rescato dos puntualizaciones, porque una de ellas es la que me ha llevado a escribir estas palabras:

¿Hasta dónde se puede llegar?

Al final todo remite a lo mismo: ¿cuál es nuestra idea de una buena vida? Y parece que esforzarse lo mínimo lleva las de ganar: no cocinar, no limpiar y ver Netflix toda la noche. Es una podredumbre global. No lleva a una vida mejor.

¿Usted ve Netflix?

Sí. Claro que necesito relajarme en casa. Pero intento que eso no decida todo lo demás, como comer bien, ser justa o sentirme bien.

¿Qué hace para sentirse bien?

Cocino. Cultivo verduras. Escribo, investigo, denuncio… El circo romano entretenía y alimentaba a la población. Y algo parecido tenemos hoy. Estamos pagando un precio muy alto por tener comida y entretenimiento baratos. Elegir ser consumidor por encima de persona es la muerte en vida.

Leyendo esta entrevista he recordado a la urbanista americana Jane Jacobs, que he citado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (3). La escala incorrecta es que no somos conscientes de que en ese aquí y ahora en el que nos toca vivir a cada una, a cada uno, se están produciendo movimientos ciegos en nuestras casas, barrios, mercados de alimentación, pueblos y ciudades, ajenos a nuestro control inteligente, pero que están condicionando la vida de los más próximos, quizás hoy lejanos y muy desconocidos, aunque es posible, real, que con las decisiones urbanísticas de hoy, no dejemos vivir a los que queremos por la degradación de un hábitat propicio y que hoy decimos que “disfrutamos” como eslogan aprendido en la cartelería de la usura enladrillada.

Biomímico. Proyecto del artista mural Eric Okdec, en Sevilla / JA Cobeña

Las personas que habitan una ciudad crean barrios siempre. Ahí están. El software aprende a reconocer patrones siempre que se le den las instrucciones precisas. La inteligencia está en la base de los cerebros humanos, los que permiten hacer más simple la vida para vivir mejor. Y emergen hacia el exterior, naciendo, saliendo y teniendo principio siempre de otra cosa, en la interpretación que la Real Academia da a estos vocablos construidos de la misma forma. Con la inteligencia creadora de Jane Jacobs: que se respeten planes urbanísticos en los que las manzanas de casas sean más pequeñas, en aceras más vitales, en zonas de uso múltiple por doquier y sistemas de transporte público que siempre piensen en las personas. Para que el viaje de la vida sea siempre a alguna parte. Para que los mercados sacien el hambre de todos, como urgencia planetaria, porque nuestros antepasados salieron de África hace millones de años para ser felices con lo que conseguían a diario, cazando, pescando y recolectando. Nada más. Nuestros antepasados, como afirma Carolyn Steel, eran felices viviendo en y de la naturaleza. Lo descubrí hace años cuando en el paseo de un amanecer claro y luminoso de esta ciudad leí unas palabras inolvidables en una pintura mural del Polígono de San Pablo, una obra esplendorosa del artista Eric Okdec: biomímico no es cosechar los recursos de la naturaleza, pero el sentarse a sus pies como estudiantes. Así escrito, sin modificar palabra alguna. Junto a este lema tan sorprendente, descubrí otra acepción no menos aleccionadora: biomímica, es la práctica de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza para crear más productos y procesos sostenibles. Maravilloso.

(1) Steel, Carolyn, Ciudades hambrientas, 2020, Madrid: Capitán Swing.

(2) Steel, Carolyn, Sitopia, 2020, London: Penguin (Shatto & Windus).

(3) Johnson, Steven, Sistemas emergentes, 2003, Madrid: Turner-FCE, p. 90.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Transparencia presupuestaria: un claro objeto de deseo democrático

CIVIO, Presupuestos Generales definitivos y aprobados para 2022

Sevilla, 14/I/2022

«Cuanto vale se ignora y nadie sabe / ni ha de saber de cuánto vale el precio»

Antonio Machado (1875-1939), Nota manuscrita en unos papeles perdidos

Vuelvo a abordar un asunto de gran transcendencia para el país, la transparencia de los poderes públicos y más concretamente, la presupuestaria, en los términos que expuse en mi artículo del pasado 14 de octubre de 2021, en el que trataba de la excelente aportación de la Fundación CIVIO para comprender de forma sencilla e intuitiva lo que significan los Presupuestos Generales del Estado para este año. Cambiando lo que hay que cambiar, vuelvo a ofrecer su contenido, actualizado en su aspecto formal, pero manteniendo la esencia de su fondo.

La verdad es que ignoramos cuánto valen las cosas públicas, mucho más por los años que llevamos instalados en la corrupción pública a todos los niveles, donde todo necio confunde valor y precio. También, por la falta de transparencia real y efectiva para conocer el recorrido completo del presupuesto, gasto y evaluación del dinero público, una tríada capitolina para el empoderamiento auténtico de la población. Una vez más acudo a la Fundación CIVIO, que ya he citado en diversas ocasiones en este cuaderno digital, para intentar comprender bien qué significan los Presupuestos Generales del Estado para 2022, porque “como pasa cada año, su complejidad y el formato de publicación no facilitan su consulta”.

La Fundación informó ayer que han actualizado la herramienta ¿Dónde van mis impuestos? con los presupuestos generales definitivos y aprobados para 2022. Actualizando este proyecto año tras año, desde 2011, la Fundación, en primer lugar, “quiere facilitar al máximo su consulta y su comprensión, incluso para personas sin ningún conocimiento previo. Lo segundo, poner en contexto las grandes y pequeñas cifras, mostrar la evolución de cada una de ellas y ayudar a encontrar partidas concretas. Y, lo tercero, hacer -extrayendo la información y convirtiéndola en reutilizable- lo que consideramos que debería realizar el propio Ministerio de Hacienda: eliminar barreras a la transparencia y al derecho a entender datos tan relevantes”; “aquí no solo podrás explorar en detalle cada partida de la propuesta de ingresos y gastos del Gobierno de coalición. También comparar con todos los presupuestos anuales desde 2007, para comprobar la evolución de cada programa de gasto y de cada partida. Por ejemplo, para saber si las prestaciones a desempleados suben o bajan”.

Continúan informando que aunque suene a algo repetitivo en su labor informativa “esto es una previsión del gasto, y no se corresponde con lo que finalmente se acabará gastando. Eso último se denomina ejecución presupuestaria, y es uno de nuestros campos de batalla en lo que a transparencia se refiere. Hace años que pedimos a Hacienda que facilite los datos de ejecución de forma completa y con la misma estructura que los presupuestos. La ejecución sigue siendo un gran punto ciego. Si tuviéramos acceso a los datos de ejecución bien desglosados, podríamos exigir transparencia sobre los desvíos presupuestarios. Por ejemplo, los del Ministerio de Defensa, que todos los años gasta millones por encima de lo presupuestado”. A partir de aquí ofrecen un servicio excelente: “Si quieres descargar y toquetear tú los datos, te hacemos la tarea más fácil. Los hemos procesado automáticamente y aquí te los proporcionamos en formatos reutilizables”.

Lo he manifestado en muchas ocasiones a lo largo de mi vida profesional como administrador público: la transparencia de los Gobiernos es el resultado también de una estrategia digital que nace de una política digital adecuada de las Administraciones Públicas. La política digital transparente es aquella que transmite las acciones de gobierno de forma “clara, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”, tal y como define la Real Academia Española la cualidad de transparente, es decir, la transparencia. Es verdad, porque el marco en el que se tiene que desenvolver la política digital de los Gobiernos progresistas que la desarrollen, es el de la transparencia que se comprende en sí misma, que algunos viven (sin hacer esta política) como un castigo divino, cuando debía ser la quintaesencia de cualquier acción política democrática. No solo es el resultado final de un camino legal, que también lo es, sino una actitud política de gobernanza que ampara los datos públicos masivos que posee en sus servidores gracias a la interrelación con la ciudadanía, a quien sirve y de la que se retroalimenta. La transparencia no es solo el objeto de una ley o un portal específico, sino una actitud pública mantenida en el tiempo, para que la accesibilidad a los datos digitales sea una constante en alta disponibilidad, gracias a una clara y rotunda política digital de carácter sustantivo, con visión de Estado y con una proyección hacia el Estado de las Autonomías, cruzada permanentemente por una transversalidad digital de amplio espectro que solo se consigue con políticas y estrategias digitales progresistas, avanzadas, que trabajan siempre en clave de interoperabilidad integral, sin fronteras analógicas y atómicas que lo impidan.

La situación actual en nuestro país es una muestra de que el acceso al conocimiento real y sustantivo de lo que nos ocupa hoy, conocer a fondo los Presupuestos Generales del Estado para 2022, no es tarea fácil, es más, la considero de una dificultad extrema. Es sorprendente constatar que la infraestructura digital instalada en la actualidad a lo largo y ancho del país, que no implantada, por las diferentes Administraciones, con idénticas finalidades aunque no es lo mismo, forman a veces una torre de babel digital de imposible interrelación y acceso. No solo es un claro derroche de dinero público, sino algo mucho peor. Se dilapida cada segundo la interrelación e interoperabilidad de datos masivos compartidos y transparentes que podrían suponer una información y servicios a la ciudadanía de un valor incalculable y solo porque no se toman medidas de política digital compartida, sustantiva, estratégica, desde la perspectiva legal de Estado. Es lo que permitiría llevar a cabo la evaluación de las políticas públicas por parte de la ciudadanía, entendida como la capacidad que tiene y se le transfiere mediante empoderamiento digital para emitir juicios bien informados. Así aprendí de Carol Weiss (1) la importancia y transcendencia de la evaluación de los programas y las políticas públicas cuando tienen un marco de transparencia esencial que se encuentra en los datos públicos masivos que obran en su poder, llamado “servidores oficiales”.

Lo manifesté en 2016 en este cuaderno digital y lo reitero hoy con ocasión de la transparencia que nos ofrece CIVIO para comprender bien los Presupuestos Generales del Estado para 2022: “Un ejemplo de transparencia que tiene el sustento de los datos públicos masivos, vale más que mil palabras. Sé que el Presupuesto del Estado y de las Comunidades Autónomas maneja términos diseñados a veces por el enemigo, pero conozco casos muy emblemáticos y didácticos para comprenderlo. Pongo el ejemplo del trabajo que realiza actualmente en España la Fundación CIVIO con algunas Comunidades Autónomas que se están situando cada vez más en clave de Gobiernos abiertos y transparentes, a través de la herramienta basada en la aplicación de los Presupuestos Abiertos de Aragón que Aragón Open Data ha abierto al uso público y que recomiendo analizar con detalle respecto de Andalucía, por ejemplo, donde se muestra y demuestra con creces que cuando hay voluntad política de difundir un Presupuesto es posible hacerlo”. Conozco a David Cabo, trabajador incansable a favor del conocimiento accesible y libre, Patrono Fundador y co-director de la Fundación, porque como manifesté anteriormente, en 2013 trabajé con él con mucha ilusión por incorporar esta herramienta en Andalucía, solución que finalmente no se llevó a cabo, con gran decepción por mi parte.

Es muy importante entrar en esta página web de la Fundación CIVIO para comenzar a comprender bien las bases presupuestarias que asientan o no la democracia en este país y los pilares económicos, no inocentes por cierto, que la sustentan a partir de una pregunta transcendental, ¿Dónde van mis impuestos?, con tres proyecciones políticas esenciales, Ingresos, ¿Cómo se gasta? Y ¿En qué se gasta? Acceder a todos los datos es posible y CIVIO nos ofrece esta oportunidad de emitir juicios bien informados, la base de toda evaluación que debemos hacer como ciudadanos responsables. Creo que se comprende bien por qué la transparencia basada en los datos públicos masivos correctamente utilizados, como en los Presupuestos Generales del Estado para 2022, se convierte en un claro objeto de deseo que se puede alcanzar si se implantara en este país una política digital con visión de Estado y con una proyección democrática y de coparticipación en el ecosistema público digital de las Comunidades Autónomas.

Entren y vean. Le aseguro que les encantará haberlo hecho. Comprobarán, de nuevo, que el Presupuesto de este país, como el de la Comunidad en la que cada uno reside, puede y debe ser cosa de todos. Ahora, gracias a CIVIO y a su dirección y equipo de trabajo, sin dejar a nadie atrás, por hacerlo posible.

(1) Weiss, C.H. (1998). Evaluation. Methods for studying programs and policies. New Jersey: Prentice Hall.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN:José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Hablar bien y convencer, en política, esa es la cuestión

¿Cuál es tu profesión? Ser bueno

Marco Aurelio, Meditaciones

Sevilla, 12/I/2022

Siento un profundo respeto por la oratoria, entendida como el arte de hablar bien y convencer al mismo tiempo. Es verdad, pero doy un paso más: hay que ser buena persona para hablar bien y convencer. Hoy he entrado en mi clínica del alma, es decir, mi biblioteca para volver a leer algunas páginas que tengo señaladas de un libro, El arte de hablar bien y convencer (1), un preciado manual para oradores, al que tengo aprecio y que respeto en su inteligente configuración: “Libro esencial, diáfano, hoy día imprescindible contra superficiales denostadores y falsificadores del arte de hablar bien, sobre todo en un tiempo en que se atropella la corrección del lenguaje, y no solo para “desfacer entuertos”, como diría don Quijote. Libro de pequeñas proporciones, pero de sustancial y fecundo contenido, no debería estar ausente de biblioteca ninguna. Su esencial brevedad, sin caer en la oscuridad, recorre, sin tacha ni ausencia, cuanto importa conocer y saber”.

Si importante es hablar bien en cualquier circunstancia y lugar, hoy quiero detenerme en lo que está ocurriendo en las Cortes Generales del Estado (Congreso de los Diputados y Senado), las Sedes de la Palabra en representación el Pueblo, porque en los últimos años estamos asistiendo a un verdadero espectáculo de contra oratoria, fundamentalmente porque no se da importancia alguna a la palabra bien dicha y convincente, sino a lo primero que se le ocurre a determinadas señorías, porque también hay que decir que no conviene generalizar, partiendo de un gran principio democrático que respeto: todas las señorías no son iguales. Dicho esto, basta leer detenidamente los Boletines Oficiales de las Cortes Generales, en cualquiera de sus últimos números, para constatar que la oratoria no es flor que adorne a sus señorías en la actualidad. Si grave es esto, quiero entrar en materia con algo más profundo y con una pregunta de gran calado ético: ¿No será que no hablan bien los padres y las madres de la patria, porque no son buenas personas? Veamos lo que dicen al respecto los grandes clásicos de la oratoria, con algún ejemplo.

Elijo para comenzar a Marco Fabio Quintiliano, abogado y peofesor de retórica, nacido en Calahorra en el siglo I d. C., porque es rotundo en su Instituciones oratorias (2): “Por lo común, el discurso manifiesta las costumbres y descubre los secretos del corazón, y no sin razón dejaron escrito los griegos que cada uno habla en público según la vida que tiene” (XI, 1), es decir, el orador será honrado si es creído o creíble, como manifiesta también en el mismo libro, en el capítulo IV, 2: “Nunca habla mejor el orador que cuando parece hablar con verdad”. Lo que de verdad me llama la atención en Quintiliano es la contundencia a la hora de unir oratoria con ética, tal y como lo demuestra de forma reiterada en su libro: “No separo el oficio de orador de la bondad moral” (II, 18),  “Porque no solamente digo que el que ha de ser orador es necesario que sea hombre de bien, sino que no lo puede ser sino el que lo sea. Porque en la realidad no se les ha de tener por hombres de razón a aquellos que habiéndose propuesto el camino de la virtud y el de la maldad, quieren más bien seguir el peor; ni por prudentes a aquellos que no previendo el éxito de las cosas, se exponen ellos mismos a las muy terribles penas que llevan consigo las leyes y que son inseparables de la mala conciencia. Y si no solamente los sabios, sino que también la gente vulgar ha creído siempre que ningún hombre malo hay que al mismo tiempo no sea necio, cosa clara es que ningún necio podrá jamás llegar a ser orador” (XII, 1).

Junto a lo expuesto, Quintiliano entra también en elogiar la elocuencia, entendida como la define la Real Academia Española en sus dos acepciones: “Facultad de hablar o escribir de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir” y “Eficacia para persuadir o conmover que tienen las palabras, los gestos o ademanes y cualquier otra acción o cosa capaz de dar a entender algo con viveza”: “Por más que se disimule, finalmente se descubre el fingimiento y nunca ha sido tan grande la fuerza de la elocuencia, que no titubee y vacile siempre que las palabras desmienten al corazón. Un hombre malo, por precisión, tiene que decir lo contrario de lo que siente; pero a los hombres de bien jamás les faltará que hablar de las cosas buenas, ni dejarán de inventar siempre lo mejor (porque ellos mismos serán también prudentes), cuya invención, aunque carezca de los primores del arte, tiene bastante hermosura con su natural adorno, y todo aquello que se dice conformándose con la virtud, no puede menos de ser persuasivo por su propia naturaleza”. También, habla de la osadía de los necios cuando se atreven a aproximarse a la erudición: “El necio es más atrevido en la elocución, punto muy delicado en la elocuencia; no desecha ninguna expresión, antes se atreve a todo. De donde nace que como siempre aspira a lo extravagante, y raro, suele decir alguna cosa grande. Pero esto, que rara veces sucede no recompensa los demás vicios” (II, 13).

Lo descrito anteriormente es una maniobra de aproximación de lo que ocurre en la actualidad en el país, en diversas sedes parlamentarias del Estado y de las Comunidades Autónomas. Creo que ha llegado la hora de exigir responsabilidades a sus señorías en relación con el uso de la palabra, recordándoles que la tienen delegada por el pueblo que lo ha votado. Lo que venimos presenciando y oyendo en los últimos años en sedes parlamentarias es casi una tragicomedia, salvo honrosas excepciones. Hemos oído mucho ruido y hemos obtenido pocas nueces, dicho en roman paladino (Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino…, Gonzalo de Berceo). Muy poca moderación en los discursos ha sido la tónica general en los últimos años, olvidando un gran principio que nos recuerda de nuevo Quintiliano: “La moderación es la que sobre todo debe llevarse la atención primera. Porque no es mi objeto formar un comediante, sino un orador” (XI, 3).

Para finalizar, me atrevo a abordar una recomendación desde la calle pública: los padres y las madres de la patria deberían hacerse con avíos para el viaje político de una legislatura, a título de “prendas” necesarias para ejercer el arte de conseguir lo posible en su oratoria diaria y en las sedes parlamentarias, o en las de los elegidos públicos en cualquier foro político en Ayuntamientos o sedes públicas en las que se trabaje con la tríada democrática de espacio, tiempo y dinero públicos, según recomienda Quintiliano: “En un orador son muy agradables prendas la afabilidad, llaneza, moderación y cariño. Y aun aquellas otras diferentes de éstas, cuales son aborrecer a los malos, conmoverse con la común suerte y castigar los delitos o injurias, y todas las cualidades decorosas, como ya dije al principio, le convienen a un hombre de bien” (XI, 1), para completarlo con la siguiente reflexión: “Estas son las armas que [el orador] debe tener a mano; con la ciencia de estas cosas debe estar apercibido, teniendo al mismo tiempo un grande acopio de palabras, y figuras, orden en la invención, facilidad en la disposición, firmeza en la memoria y gracia en la pronunciación y ademán. Pero de todas estas prendas la más excelente es una grandeza de corazón, a la que ni el temor abata, ni el ruido de las voces amilane, ni la autoridad de los oyentes detenga más de lo que requiere el respeto que se merecen. Pues al paso que son abominables los vicios que se oponen a estas prendas, cuales son la demasiada satisfacción, temeridad, malignidad y arrogancia, así también si falta la constancia, confianza y fortaleza, de nada servirá el arte, el estudio y la misma ciencia; como si se diesen armas a los cobardes y de poco corazón para pelear. Aunque mal de mi grado (por cuanto puede siniestramente interpretarse), me veo precisado a decir que la misma vergüenza, defecto verdaderamente digno de aprecio y raíz fecunda de las virtudes, es muchas veces opuesta a las buenas prendas de un orador, y ha sido causa de que muchos, ocultando las grandezas de su ingenio y estudio, pereciesen en el retiro del silencio” (XII,5).

Son sólo unos ejemplos o proposiciones que decía Pablo Milanés en una bella canción de título homónimo: Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño. El que quiera entender que entienda, pero necesitamos buena oratoria de hombres y mujeres buenas en política, para acabar con los escándalos y sonrojos parlamentarios. Lo que puedo asegurar es que he querido construir un discurso amable sobre la pregunta que planteaba al comenzar a escribir estas líneas y cuya respuesta espera la sociedad de este país con ardiente impaciencia: ¿No será que no hablan bien algunos padres y algunas madres de la patria, porque no son buenas personas? En Quintiliano se puede encontrar alguna solución a esta realidad que nos asola.

(1) López Navia, Santiago A. (ed.), El arte de hablar bien y convencer. Platón, Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, 1997. Madrid: Ediciones Temas de Hoy. Sobre la obra de Quintiliano, he utilizado la citada por el autor en su libro, Quintiliano, Instituciones oratorias, en la traducción de Ignacio Rodríguez y Pedro Sandier, editada en Madrid en 1916 por la Librería de Perlado y Páez, sucesores de Hernando, a la que se puede acceder online en la Biblioteca Virtual de la Universidad de Sevilla, en la siguiente dirección: Instituciones oratorias – Universidad de Sevilla (us.es), con alguna corrección sintáctica para facilitar la comprensión del texto.

(2) Quintiliano, Marco Fabio, Instituciones oratorias

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Los libros estremecen el alma

Sevilla, 12/I/2022

[…] y no olvidéis este precioso refrán que escribió un crítico francés del siglo XIX: «Dime qué lees y te diré quien eres».

Federico García Lorca, en la Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931)

Me lo ha recordado recientemente la escritora Irene Vallejo en un libro que es una pequeña joya literaria, Manifiesto por la lectura (1), en uno de sus capítulos caligráficos dedicado al estremecimiento de agua, trayendo a colación unas palabras de Federico García Lorca en el contexto de la alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, un discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros en el mes de septiembre de 1931, sobre el que ya he tratado algunos de sus párrafos, en varias ocasiones, en este cuaderno digital: “Nadie se da cuenta al tener un libro en las manos, el esfuerzo, el dolor, la vigilia, la sangre que ha costado. El libro es sin disputa la obra mayor de la humanidad. Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerle e inquietarle y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia” (2).

El discurso, en general, es una obra maestra de la literatura iniciática. Recomiendo su lectura con frecuencia para que no se olvide una de sus misiones fundamentales, destacada en esta ocasión por Irene Vallejo: los libros pueden estremecernos el alma. Federico García Lorca no quería que tuviéramos el alma muerta, sino animada permanentemente por la lectura: “Yo he visto a muchos hombres de otros campos volver del trabajo a sus hogares, y llenos de cansancio, se han sentado quietos, como estatuas, a esperar otro día y otro y otro, con el mismo ritmo, sin que por su alma cruce un anhelo de saber. Hombres esclavos de la muerte sin haber vislumbrado siquiera las luces y la hermosura a que llega el espíritu humano. Porque en el mundo no hay más que vida y muerte y existen millones de hombres que hablan, viven, miran, comen, pero están muertos. Más muertos que las piedras y más muertos que los verdaderos muertos que duermen su sueño bajo la tierra, porque tienen el alma muerta. Muerta como un molino que no muele, muerta porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación, imprescindible en todos los hombres para poderse llamar así”. Para él, la lectura era la base de los programas populares que más le preocupaban en ese momento político en el país, que se traducían en Misiones Pedagógicas y que tanto bien hicieron.

Mejor no se puede decir, aunque sea una aventura desconocida acercarse al alma de cada uno, de cada una, de todos. Los libros son un medio fantástico y García Lorca lo sabía: “¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fiódor Dostoyevski, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”.

La lectura, a modo de sacudida interna que lo remueve todo, desnuda y estremece el alma de secreto de cada lector o lectora. Además, los otros pueden llegar a saber quiénes somos a través de nuestros libros. Tenía razón Federico en aquella alocución inolvidable.

(1) Vallejo, Irene, Manifiesto por la lectura, 2020. Madrid: Siruela.

(2) Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros. Discurso leído por la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (septiembre, 1931) / Federico Garcia Lorca | Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (cervantesvirtual.com)

NOTA: en la fotocomposición de la cabecera de estas palabras, figura una imagen de Federico García Lorca junto a su hermana Isabel, con un libro en sus manos (1914).

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Tina Modotti: el olvido de su belleza cansada

Sevilla, 11/I/2022

Hoy, después de leer con suma atención un artículo excelente publicado en elDiario.es, me acerco a una historia fantástica que difícilmente se puede sintetizar en la brevedad de un post, aunque sí cumple el objetivo de este blog: descubrir una isla desconocida, en la que perdura la biografía de Tina Modotti (1896-1942), la actriz, fotógrafa y militante comunista italiana que nos presentó en sociedad la novelista, periodista y biógrafa Elena Poniatowska, Premio Miguel de Cervantes en 2013, en su obra Tinísima (1), a través de sus 663 páginas, publicada en México en 1992, donde “nos lleva por la fascinante historia de una de las mujeres más destacadas en el área artística y política de la primera parte del siglo XX […] Ella es retratada dentro del círculo en que se movió junto a personajes de renombre dentro del ámbito político cultural. Su amor por la justicia, el comunismo y la fotografía son las características que más se destacan dentro del relato y que bajo vivencias personales, y a pesar de sus no tan largos años de vida, la fortaleza de su carácter y visión de mundo son la fuerza de toda la narración. Los amores, amistades y relevancia de las ideas inmortalizan a una mujer carismática en épocas dadas entre guerras y revoluciones”.

En síntesis, la vida de Tina Modotti es un cúmulo de experiencias de revolución interior en un contexto social muy difícil en el primer cuarto del siglo XX, porque Tina Modotti, una mujer que nace en Udine en 1896, “[…] un pueblo italiano en el que había trabajado como obrera siendo casi una niña, viaja de adolescente a Estados Unidos en barco, testigo y parte de las migraciones masivas que tanto han tenido que ver con el norte, centro y sur de América. Luego se convierte en la joven fascinada con la posibilidad de un éxito veloz, propio del “american dream”, participa en películas mudas, descubre la vida de los artistas de vanguardia, recibe la adoración de los hombres, en particular la de su primer marido, Roubaix de L’Abrie Richey; y conoce a su segundo amor, amén de maestro de fotografía, Edward Weston. Posteriormente, huye de los rigores de la cultura anglosajona a México; se convierte en artista, en admiradora y modelo de Diego Rivera, y se adscribe a las utopías de progreso y revolución socialista mundial. Se une al pintor Xavier Guerrero y comienza a explorar las tradiciones y pasiones antimodernas del México posrevolucionario, lanzado hacia el futuro con toda su carga de atavismo. En este país se convierte en una diva, rodeada por una “pléyade” de artistas y personalidades públicas, y se hace famosa como fotógrafa. Conoce al revolucionario cubano Julio Antonio Mella, con el que vive una historia amorosa que está de algún modo presente en todo el texto [Tinísima], y que transcurre poco antes de que él fuese asesinado por sus enemigos políticos. Finalmente, es juzgada por conspiradora y expulsada de México por extranjera. Después de vagar una temporada en un barco que hace las veces de cárcel, comienza su periplo europeo, escenario de su relación con el revolucionario italiano Vittorio Vidali, y llega a transformarse en una suerte de Mata Hari, aunque bastante puritana, del espionaje soviético, y, tiempo después, en la militante sacrificada y humilde que sirve a los republicanos españoles como enfermera, cocinera y, alguna vez, traductora, olvidada de que fue en el pasado una fotógrafa talentosísima y original, tal como lo evidencian las frecuentes alusiones en la novela y las fotos que ilustran el texto. Prematuramente envejecida y aplastada por las decepciones y fracasos de su paso por la Alemania prenazi, La Unión Soviética y la Guerra Civil española, vuelve a México acompañada por Vidali y muere en este país a los cuarenta y cinco años” (2).

Cumplo hoy una misión: rescatar del olvido a una mujer extraordinaria que también colaboró en la lucha por la libertad de este país, formando parte de una memoria histórica que no deberíamos olvidar nunca, como narra con pulcro detalle Elena Poniatowska en el libro citado y que he leído con atención reverencial a pesar de la dureza de gran parte de las páginas dedicadas a Tina durante la guerra civil española en los años 1936 a 1939. Rafael Alberti, con quien compartió días muy tristes durante esa guerra tan descarnada, cainita y fratricida, junto a María Teresa León, hablaba así de ella: “Tina Modotti era una mujer extremadamente bella, pero a mí me pareció que era una belleza cansada, la de una mujer que había tenido una vida muy intensa, que había trabajado mucho…”, como atestiguan las veces que Elena Poniatowska la cita junto a él y su trabajo incansable en Madrid, a través de la organización denominada Socorro Rojo, en su trabajo diario como camarada Carmen, allí donde hacía falta, desde la enfermería hasta en la cocina del Hospital Obrero.

Su vida fue apasionante, una vida corta porque murió en México con tan sólo 45 años, mientras viajaba en un taxi, su país querido donde había crecido años antes como persona libre y comprometida con la política y la justicia social. La visión de Elena Poniatowska sobre Tina Modotti durante su estancia en España, comienza a detallarse en Tinísima a partir de la página 422, que he leído con atención para conocer su dura experiencia durante la guerra civil en Madrid y a partir de julio de 1936. Su periplo comienza como enfermera del Hospital Obrero y miembro del batallón femenino del Quinto Regimiento de Madrid, utilizando su nuevo nombre como camarada del Partido Comunista, María. Me ha llamado la atención la referencia al Batallón del Talento, en Madrid, que formaba parte del Quinto Regimiento, en el que figuraban Machado, Alberti, León Felipe, Miguel Hernández, Bergamín, entre otros, con misiones específicas con los milicianos y milicianas, sobre todo en el ámbito de la educación y la cultura, enseñándoles a leer y a escribir, junto a colaboraciones en el periódico Misión Popular.

Lo que me ha estremecido es conocer la cercanía de Tina con Antonio Machado en su exilio del país. Elena Poniatowska lo detalla a partir de la fecha en que Tina conoce las condiciones lamentables en la que Antonio Machado, su madre y su hermano José junto a su pareja, cruzaron la frontera francesa. En una reunión en París en febrero de 1939, en la que estaba presente Tina Modotti, el que fuera ministro de Exterior de Negrín, detalla cómo el doctor Puche llevó a Machado a la frontera y que sabía que estaba alojado en un hotel de Colliure desde el 29 de enero. Con anterioridad, Tina se había preocupado desde su estancia en Valencia como miembro del Socorro Rojo, de que había que ayudar a Machado a dirigirse a Francia. Tina viajó a Colliure y regresó llorando ante la situación de Machado y su madre, con 88 años. Gracias a su intervención, el Socorro Rojo dispuso que a todos los refugiados españoles se les ofreciera apoyo moral, material y orientación jurídica. De esta forma, el primer caso que se trata es el de Antonio Machado, su madre y su hermano José. A pesar de estas buenas intenciones nadie responde ante la situación lamentable de los Machado, falleciendo el insigne poeta el 22 de febrero de 1939, en una austeridad y olvido clamorosos, en soledad y con un féretro envuelto con el calor la bandera republicana. Como detalla Elena Poniatowska en su obra, Julián Zugazagoitia, que fue ministro de la Gobernación durante el gobierno de Negrín, presente en el fallecimiento de Machado como cónsul, pronunció ante el féretro del poeta, en francés, unas palabras teñidas de dolor y simbolismo: “Pobres españoles, han perdido la guerra porque todos son poetas”. En el fondo de su alma.

Los vídeos sobre Tina Modotti (primera y segunda parte), que se inician con el que figura en la cabecera de estas palabras, ilustran de forma suficiente la vida y obra de esta mujer de gran belleza interior, pero también de “belleza cansada” por su azarosa vida, tal y como lo pudo comprobar Rafael Alberti en la convivencia con ella durante los primeros años de la guerra civil española, de infeliz recuerdo, pero sí del necesario respeto que debemos profesar a este acontecimiento, al formar parte de la memoria histórica de este país. Les recomiendo que los vean con el respeto también de quienes nos acercamos a estos ejemplos revolucionarios, que no deberíamos olvidar en tiempos durmientes, de mediocracia y silencios cómplices.

(1) Poniatowska, Elena, Tinísima, 1992: México: Ediciones Era.

(2) Kozak.pmd (pitt.edu)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Justicia social y solidaridad con La Palma

Sevilla, 9/I/2022

Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.
He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.
Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita
.

Rafael Alberti, en Lanzarote. Primera estrofa

Hoy sigue habitando en mi cuerpo y en mi alma el fuego que habita en los habitantes que han sufrido y sufren tanto por la erupción del volcán Cumbre Vieja en La Palma. Si tuviera que destacar algo de lo ocurrido ayer con el programa especial de la RTVE dedicado a esa isla preciosa, mediante la retransmisión de un macroconcierto solidario, bajo el título de “La Música con La Palma: más fuertes que el volcán”, celebrado simultáneamente en Madrid y Los Llanos de Aridane (La Palma) en colaboración con la Asociación de Promotores Musicales (APM), el Cabildo de La Palma y el WiZink Center, sería la intervención del cantor Miguel Ríos (cantante es el que puede cantar y cantor, el que debe hacerlo, como aprendí de Facundo Cabral), a través de la frase que pronunció antes de iniciar su interpretación de un clásico en su discografía, Himno de la Alegría, que logró encender el ánimo del público asistente y de los espectadores domésticos, en los términos que recoge la citada RTVE: “Es un placer asistir a este espectáculo de solidaridad. Junto con la solidaridad no debe faltar la justicia social. Espero que ayudemos a recuperarse a los palmeros porque eso hablará bien de nosotros», dice Miguel Ríos. Y enseguida ha arrancado a cantar el «Himno de la alegría» acompañado de su guitarra, un violín y un piano «para que vivamos soñando un nuevo sol». Ha sido el momento más emotiva de toda la gala y el cantante ha conseguido arrancar a todo el público a cantar y a encender sus linternas de los móviles en símbolo de unión, poniendo en pie a todo el WiZink Center de Madrid”.

Estas palabras de Miguel Ríos traducen un sentir popular, la conjunción perfecta entre Estado y Sociedad solidaria. Es importante señalar que el destinatario de los fondos aportados por la sociedad civil era el Cabildo Insular de La Palma, en un hecho insólito porque no era para una ONG privada, como hacemos en otras ocasiones, sino para la propia Administración Pública con un destinatario final: la ciudadanía afectada por lo ocurrido con la erupción del volcán Cumbre Vieja en La Palma durante más de tres meses, con los daños colaterales que conocemos de propiedades personales, familiares y laborales, destruidas, junto con edificios múltiples de servicios públicos o religiosos que también han resultado afectados. Una tragedia de daños incalculables, sobre todo, los anímicos y de salud mental por la voracidad de la destrucción total por la citada erupción, donde estas familias no deberían quedarse nunca solas ante el peligro de sufrir sus consecuencias. Al menos con las ayudas públicas y privadas, como el ejemplo de este concierto, que ayuda a mitigar los daños, con aportaciones de la ciudadanía junto a las ayudas públicas ya anunciadas, en una conjunción de justicia social y solidaridad, que conviene destacar.

Sigo pensando que César Manrique, pastor de vientos y volcanes, desde su cielo particular, habrá contemplado asombrado y con dolor esta erupción tan cercana a su vida y a su obra, a la que Alberti puso palabras mediante un poema precioso, Lanzarote. Primera estrofa, que hoy resuenan mucho más fuerte que el rugido del volcán Cumbre Vieja, que ha acabado en dunas de lava negra, palmares, edificios públicos, plantaciones y casas combatidas, personas y familias solas, abrazadas sólo por el mar y sus volcanes. Al contemplar las imágenes de la erupción, sentí muchas veces, como Alberti, un subterráneo temblor que irrumpía hacia el cielo, como si entrara en mi interior el fuego y el calor que habita a las personas de esa isla bonita, preciosa, abrazada ahora a la queja de la Naturaleza que siempre está viva y que nos avisa con estas manifestaciones. Pero vuelve ya el azul y el viento, el resplandor, la luz indestructible, las rosas rojas bordadas por manos primorosas de mujeres de aquel territorio destruido, que son la esencia de la vida en la que siempre sueñan los lugareños de La Palma para su futuro más próximo, cantando junto a Miguel Ríos que todo se está haciendo para que vivan “soñando un nuevo sol”.

Una cosa más. Sería importante conocer hasta el último detalle del resultado económico de este macroconcierto, como manifestación de la imprescindible transparencia pública que se debe observar por la Administración destinataria en primer lugar de estas aportaciones solidarias, que se destinarán a diferentes fines de ayuda que todos, sin excepción, deberíamos conocer. Sería una forma de abrochar con proyección de ética pública, que también existe, esta manifestación de justicia social y solidaridad ciudadana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Stefan Zweig me recuerda la historia de Job en tiempos difíciles

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. ¡Sólo Dios basta!

Santa Teresa de Jesús (1515-1582), Nada te turbe

Sevilla, 8/I/2022

Vuelvo a leer los clásicos con frecuencia. En esta ocasión de la mano de Stefan Zweig, en una obra suya preciosa, que recomiendo con ardor guerrero en este tiempo de mudanzas: Encuentros con libros (1). Entre sus reseñas extraordinarias, localizo de nuevo una que no olvido, la dedicada a un libro de Joseph Roth publicado en 1930, Job (2), que cuenta una historia que se repite siempre en la cotidianidad más pura y sin tener que esperar a tiempos difíciles, aunque ahora se nos pida más que nunca tener la paciencia de Job, tal y como lo describí en un artículo del año pasado que dediqué a esta locución que tanto estragos ha hecho en la humanidad frente a la rebeldía con causa: «La historia de Mendel Singer, que abandona a un hijo tullido en su aldea natal para partir con el resto de su familia a América, sirve a Roth para retomar con sutileza la historia de Job y sus infortunios, la pérdida de la fe y la experiencia del sufrimiento. El antiguo y familiar libro bíblico adquiere, en esta elaboración contemporánea, nueva e inesperada fuerza. Cuando fue publicado en 1930, representó el primer gran éxito para su autor, consagrándolo como uno de los más grandes escritores de su tiempo».

Stefan Zweig resalta en el análisis del libro de su entrañable amigo Joseph Roth, diversos aspectos que me interesa mucho destacar en esta ocasión de reencuentro con su obra en plena pandemia. En primer lugar, la define como una novela que se caracteriza por su «sencillez y contención», algo que había conseguido Roth después de publicar A diestra y siniestra y Fuga sin fin. Añade que su gran acierto es abordar un problema que sigue teniendo vigencia en cada día de la vida de cualquier persona: como de repente: «de la noche a la mañana, el destino nos envía una desgracia a casa, enfermedad, muerte o pobreza». Y surgen en el protagonista de la obra las grandes preguntas de la historia de la humanidad: «Por qué a mí? ¿Qué he echo yo para merecer esto? ¿Por qué no le ha ocurrido a otro? ¿Por qué no ha podido tocarle al vecino, al amigo, al enemigo? ¿Por qué me ha tenido que pasar precisamente a mí y no a ellos?» Así se encadenan eternas preguntas que lo conducen a Job, el personaje de la Biblia. No voy a descubrir la novela en su integridad pero suceden cosas que nos resultan cercanas a las de Job, incluso recupera la felicidad después de múltiples episodios, incluidos los del «exilio» a Nueva York. Me quedo con sus comentarios finales. «En lugar de leer, tenemos la oportunidad de experimentar el dolor del justo. Por una vez, no tendremos que sentir rubor por emocionarnos con una verdadera obra de arte que conmueve el corazón». El dolor del justo, esa es la cuestión y para que no olvidemos esa injusticia social.

He recuperado mi artículo del año pasado sobre esta historia de fondo del «santo Job», tal y como se la citaba en mi casa cuando era niño y pensaba, sentía y hacia las cosas de niño. Aquella historia tan mal contada, me llevó siempre a cultivar una gran virtud, la paciencia: «Si la inteligencia humana es la capacidad de resolver problemas para que la paciencia sea ardiente pero no nos queme, voy a repasar la historia de la inteligencia paciente en la humanidad, con brevedad, para que sea dos veces buena para mi alma impaciente, fundamentalmente para aprender de sus errores y horrores que se han cometido, planteándome si es posible averiguar dónde se aloja la paciencia en el cerebro (la sede de la inteligencia que nos hace ser pacientes) y como se configuran las manifestaciones humanas de una realidad existencial que, al menos, la gran mayoría de las personas, conocemos como virtud refrendada por el santo Job que, recuerdo, no la tuvo durante los momentos difíciles en su vida ni era un dechado de esa virtud. Gran empresa, sin ánimo de escribir las bases de un libro de autoayuda, que no me gusta nada». Pasen y lean. Hoy, le debo a Zweig seguir cultivando una virtud cada vez más en desuso.

Stefan Zweig y Joseph Roth, fotografiados en Ostende (Bélgica) en 1936.

Me enseñaron a tener la paciencia del santo Job

Estamos viviendo en tiempos de coronavirus y de paciencia infinita. Cuando era niño me enseñaron que el modelo de paciencia que debía adoptar en mi vida era la del santo Job, al que desconocía por completo. Cuando dejé de hacer y pensar las cosas de niño, comprobé que había sufrido un engaño monumental porque Job tenía de todo menos la paciencia infinita que me habían inculcado desde que tuve uso de razón. Lo que pasó es que usé la razón de forma audaz y verifiqué qué pensaba Job de las injusticias del mundo, dándome cuenta de que tenía muy poca paciencia cuando contaba sus penas, que no alegrías: los terrores se vuelven contra mí, como el viento mi dignidad arrastra; como una nube ha pasado mi saludY ahora en mí se derrama mi alma, me atenazan días de aflicción (Job, 30, 15s), hasta el punto de que el joven Elihú le reprende y lo lleva de la mano para ser paciente (Job, 32-37), para que busque, curiosamente, la sede de la Inteligencia [sic]: huir del mal, claro objeto del deseo impaciente de Job, porque lo que declaraba como sede de la inteligencia, reaccionar ante cualquier tipo de agresión, resolver problemas, era un elemento diferenciador esencial de la búsqueda desesperada de la sede de la sabiduría: temer a Dios, es decir, para los no creyentes hay que aceptar que algo pasa ahí fuera, a veces, que no controlamos y que nos hace sufrir mucho. La conclusión de Job ante tanto sufrimiento en su vida es que Dios se había pasado con él.

Si la inteligencia humana es la capacidad de resolver problemas para que la paciencia sea ardiente pero no nos queme, voy a repasar la historia de la inteligencia paciente en la humanidad, con brevedad para que sea dos veces buena para mi alma impaciente, fundamentalmente para aprender de sus errores y horrores que se han cometido, planteándome si es posible averiguar dónde se aloja la paciencia en el cerebro (la sede de la inteligencia que nos hace ser pacientes) y como se configuran las manifestaciones humanas de una realidad existencial que, al menos, la gran mayoría de las personas, conocemos como virtud refrendada por el santo Job que, recuerdo, no la tuvo durante los momentos difíciles en su vida ni era un dechado de esa virtud. Gran empresa, sin ánimo de escribir las bases de un libro de autoayuda, que no me gusta nada.

¿Cómo nace la paciencia? Sin lugar a dudas porque el cerebro actual ha vencido al cerebro reptiliano, es decir, la corteza cerebral que configura hoy la realidad existencial de cada persona permite controlar los impulsos más primitivos de los seres humanos, de nuestros antepasados, que solucionaban cualquier beligerancia y adversidad (infortunios y trabajos) con agresividad total. Hay una realidad histórica: se han necesitado millones de años para “preparar” la configuración del cerebro que posibilite “tener paciencia” y “aprender” a convivir con ella si tener que llamarla necesariamente “virtud”, porque es una posibilidad que ofrece históricamente la estructura global del cerebro humano. Job fue una prueba palpable de ello.

¿Dónde reside la paciencia? En todas las estructuras del cerebro que interactúan para dar órdenes pacientes e impacientes a través de la corteza cerebral, reflejadas en la conducta implícita o explícita de cada persona, aprendida o genéticamente fundada, con un control férreo del sistema límbico donde se alojan las centralitas de los sentimientos y emociones, sabiendo también que los ojos están grabando permanentemente miles de ocasiones para provocar la paciencia e impaciencia, en un debate ético que hacen trabajar a destajo a las neuronas en lo que saben hacer: alimentar acciones humanas pacientes e impacientes en milisegundos. Sabiendo, que no descansan nunca a pesar de que dormimos y soñamos desesperadamente. Científicamente se sabe que las neuronas no se permiten nunca la licencia para descansar. A no ser que las obliguemos farmacológicamente a cambiar su rumbo desestructurado cuando, a veces, la impaciencia no nos deja vivir como personas y nos provoca algún trastorno mental que nos inhibe la posibilidad de ser y estar en el mundo dignamente.

Y yendo de mis asuntos a mi corazón, repaso, por último, el Diccionario de la Lengua Española (edición el Tricentenario), encontrándome con definiciones de paciencia (del latín patientia) de amplio calado cultural: capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse, capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas, facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho, lentitud para hacer algo, […] y tolerancia o consentimiento en mengua del honor. De todas ellas, me quedo con una: saber esperar, aunque sea con ardiente paciencia (Neruda). Creo que la propia necesidad cerebral de autoformarse a lo largo de la vida, con más de cien mil millones de posibilidades (neuronas) de hacer cosas y sentir nuevas vibraciones de sentimientos y emociones, acotadas en el tiempo vital de cada persona, son un reflejo de que las estructuras del cerebro necesitan a veces esperar, con más o menos paciencia aprendida o inducida genéticamente, para que nos mostremos tal y como somos, para que alcancemos nuestros proyectos más queridos y deseados, porque oportunidades tenemos de forma personal e intransferible a través de una estructura que dignifica por sí mismo a cada ser humano: la corteza cerebral que venció al cerebro original de los reptiles, otorgándonos genéticamente la posibilidad de ser inteligentes.

Aprendamos por tanto de ella, de su forma de ser en cada una, en cada uno. Por aquello de las posibilidades que se abren a través de las cadaunadas, de la ética del cerebro. Sin alterarnos, escuchando a Teresa de Jesús en el momento actual, reinterpretándola, por si nos alumbra algo en tanto desconcierto que nos derrama el alma, tal y como lo describía el ciudadano Job: porque la vida a veces nos turba, nos espanta, porque estas situaciones pasan, porque Dios se muda en la conciencia de muchas personas, porque la paciencia casi nada alcanza. Porque muchas personas no tienen a Dios, no tienen nada, todo les falta ¡Y sólo Dios no basta!

(1) Zweig, Stefan, Encuentros con libros. 2020, Barcelona: Acantilado: Quaderns Crema.

(2) Roth, Joseph, Job, 2007. Barcelona: Acantilado: Quaderns Crema.

NOTA: la imagen de Zweig y Roth se ha recuperado de https://elpais.com/cultura/2015/03/23/babelia/1427132022_446499.html

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Ayeres, mañanas, pero no hoyes

Sevilla, 7/I/2022

Hemos pasado de ayeres navideños a mañanas laicos casi sin darnos cuenta, porque la palabra hoyes no existe. Hoy, nos queda un gran trabajo personal por realizar. Tengo que reconocer que estaba avisado por Mario Benedetti en su poema Conjugaciones (1), Entre siempre y jamás, cuando decía con una brevedad temporal pasmosa lo siguiente:

1 (álbum)

Cómo quisiera fotografiar
minucia por minucia
pedazos de futuro
y colocar las instantáneas
en un álbum
para poder hojearlo
lenta, morosamente
en un manso remanso
del pasado

2 (claves)

Algunas claves
del futuro
no están en el presente
ni en el pasado
están
extrañamente
en el futuro

3 (variantes)

La muerte es sólo una
de las varias variantes
del futuro
quizá la más primaria
acerca de la otras
espléndidas variantes
no han concluido aún
las investigaciones

4 (complemento)

Para entender mejor
cuán reaccionario
era Jorge Manrique
hay que desarrollar
el complemento de su tesis
o sea
todo tiempo futuro
será peor

5 (después)

El futuro no es
una página en blanco
es una fe
de erratas

6 (ausencia)

En la última
asamblea
del futuro
faltaré
sin aviso

7 (rigores)

En las fronteras
del futuro
hay un control
estricto
sólo son admitidos
los sobrevivientes

8 (previsión)

De vez en cuando es bueno
ser consciente
de que hoy
de que ahora
estamos fabricando
las nostalgias
que descongelarán
algún futuro

9 (plurales)

Hay
ayeres
y mañanas
pero no hay
hoyes

Ha amanecido hoy, un día de calendario de enero corriente, en su papel de después de tanto fasto, porque ya no habrá otro igual, en el que tomo conciencia de que al singular de hoy le viene muy bien su singularidad, porque no se pueden coleccionar hoyes sino ayeres y mañanas. No es culpa de la Real Academia Española de la Lengua el hecho probado de que no exista esa palabra, sino de que a cada día le basta su propio afán (un evangelista lo recogió hace siglos como un refrán de la calle) y que su representación latina mediante dos palabras mágicas, carpe diem, está demostrado que es una experiencia maravillosa. Es verdad, porque hoy es un día muy especial y puede ser un gran día, que tendrá ayeres y mañanas, pero no hoyes. Sólo futuro, porque el pasado ya se fue. De lo que estoy seguro es de que la singularidad de hoy de cada persona es lo más importante, el tesoro más preciado que tenemos en su afán, sabiendo que esa singularidad, entendida como servir a los demás con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo (RAE, Diccionario de Autoridades, 1730), tiene algo mágico: el tiempo de cada hoy dentro.

(1) Benedetti, Mario, en Vientos del exilio, 1983. Madrid: Visor.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El Rey Proletario, que no Mago, al que esperaba siempre un niño llamado José Saramago, el hijo de José y María

José Saramago (1922, Azinhaga, Golegã – 2010, Tías, Lanzarote)

Sevilla, 5/I/2022

A tal Niño, tal Honor de Rey. El niño Jesús proletario, que Saramago llevó también dentro, esperaba siempre que los Reyes le correspondieran según su deseo, porque no estaban en el Mercado sino en la Realidad Proletaria de su pequeño pueblo, Azinhaga, que lo vio nacer hace ya cien años. Sencillamente, los Reyes, tal y como los conocemos hoy, no existían, porque el niño Jesús era el Rey. Precisamente en este año, en el que se celebra el centenario del nacimiento de José Saramago, me lleva hoy a escribir estas palabras de reconocimiento a su sentir navideño, incluidos los Reyes, como primer acto de reconocimiento a su vida y a su obra literaria: “En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros” (1).

Esta imagen preciosa de Jesús, Rey Proletario, que nos contó José Saramago en su infancia rediviva de Azinhaga, donde nació hace cien años, no la olvido. Me parece que coincide con la de miles de niños y niñas en Andalucía, que siguen viviendo en umbrales de pobreza, según los datos facilitados por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN de Andalucía), en su Informe sobre el Estado de Pobreza en Andalucía 2021, con un título que sobrecoge: La pobreza que llega: “Andalucía ha sido una de las comunidades autónomas que ha sufrido con mayor intensidad las consecuencias de la crisis y de la evolución del decenio [2010-2020]. Desde el año 2008 su tasa AROPE se incrementó en 3,5 puntos porcentuales, lo que tuvo como consecuencia la creación de un total de 414.000 nuevas personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social. En total, en el año 2020 Andalucía registra 2,97 millones de personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social. En la actualidad, las tasas AROPE, de pobreza, PMS y BITH son superiores a la media nacional en porcentajes que oscilan entre el 14 % y el 33 % y superiores a las que tenía al inicio del período” (2).

La conclusión del Informe que me interesa resaltar es la cifra tan alta de personas en riesgo de pobreza: “En su conjunto, Andalucía tiene 2,4 millones de personas pobres. Por sexo, la reducción de la tasa de pobreza es mayor entre los hombres, que pasaron del 31,6% al 27,1%, es decir, 4,5 puntos porcentuales menos, mientras que la de las mujeres sólo disminuyó en 1,2 puntos. Esto supone que la cifra de hombres que abandonaron la pobreza este año en Andalucía es cuatro veces superior a la de las mujeres que lo consiguieron. En este sentido, 181 mil hombres y 44.000 mujeres dejaron de estar en pobreza en el 2020. Por otra parte, la mejora con respecto al año 2015, que es la fecha de referencia de la nueva Agenda 2030, y en la que registró los valores más elevados de pobreza severa en todo el período, es, también, importante. A pesar de estos resultados, Andalucía tiene una tasa de pobreza severa dos puntos porcentuales más elevada que la media, lo que la sitúa entre las cinco regiones más desfavorecidas”.

La lectura del Informe nos sitúa en identificar cuáles son los verdaderos regalos de Reyes que necesita este país y esta Comunidad en concreto. Basta un ejemplo por clarificador en relación con una parte que nos duele especialmente, la población andaluza pobre que está en una situación de Privación Material Severa: “[…] la privación material severa incluye este año el brutal efecto de la pandemia provocada por la covid-19 y, tanto el conjunto del territorio nacional como la inmensa mayoría de las regiones sufrieron un importante aumento de las tasas. En este sentido, aunque el incremento absoluto de la privación material severa en Andalucía es superior al registrado para la media nacional, es proporcionalmente más bajo (incremento nacional: 2,3 puntos porcentuales que equivalen al 49% de incremento; Andalucía: 2,1 puntos porcentuales que equivalen al 36% de incremento). Con el aumento de este año, la PMS se sitúa en el mismo nivel que la registrada en 2015 (objetivos Agenda 2030 y ODS), sin embargo, los cambios poblacionales resultan en un aumento de 10.000 personas más en PMS”:

  Fuente: Informe sobre el Estado de Pobreza en Andalucía 2021, p. 15.

Nunca deseo aburrir con números en estos artículos, pero las cifras son elocuentes por sí mismas y recomiendo a tal efecto analizar con detalle el citado Informe en su proyección en Andalucía, sin descartar las consultas necesarias al Informe a nivel nacional para establecer las desigualdades clamorosas que existen en el país, que en este informe llega a expresar que “el territorio es una significativa fuente de desigualdad y la cohesión territorial debería ser, no solo desde un punto de vista formal, un importante objetivo político”.

En un día como hoy, de espera y esperanza en los Reyes Magos de Oriente, quiero hacer especial hincapié en la Pobreza Infantil, la del niño Jesús proletario de Saramago, que por ahí empecé y que al premio Nobel portugués le gustaría destacar en estos momentos, señalando el capítulo dedicado en el Informe sobre Andalucía ya citado, titulado Infancia y Educación: “La pobreza infantil tiene un carácter estructural y, además de agravarse con la crisis, se mantienen unas bolsas de niños y niñas en situación de vulnerabilidad, que pese al repunte económico que se puede observar en algunos datos, los altos niveles de desempleo se ensañan con los hogares en los que existen niñas y niños a su cargo. En los años anteriores a la crisis, las tasas de pobreza de los menores de 16 años siempre han sido muy superiores a las del resto de los grupos de edad. El 29,5% de los niños, niñas y adolescentes en Andalucía, es decir 469.995 menores de 18 años, se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social en 2019 (indicador AROPE con umbral de pobreza de Andalucía). Si se emplea el umbral de pobreza relativa de España, el riesgo de pobreza o exclusión social alcanza al 40,8% de los niños, niñas y adolescentes andaluces (650.027). Respecto a 2018 el indicador AROPE para menores de 18 años en Andalucía ha aumentado 3 puntos porcentuales si se calcula con el umbral de pobreza andaluz y 2 puntos si se emplea el umbral de pobreza español para su cálculo”. Sobran comentarios y faltan soluciones urgentes a esta realidad lacerante de los menores en este país y en esta Comunidad con datos concretos. En torno a 600.000 niños en Andalucía, lo que esperan hoy es una respuesta a su situación verdaderamente injusta, triste e indigna.

Hoy vuelvo a abrir el libro de las pequeñas memorias de Saramago por las páginas 107 y 108, buscando el final de esta microhistoria navideña del Nobel portugués, aplicado a nuestra navidad y reyes en Andalucía. Y no me sorprende su reflexión de cierre y recuerdo de aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aun dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios… Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, un Niño especial que deberíamos recordar siempre en la historia actual y real de Andalucía, la de los niños y niñas, proletarios, en situación de riesgo o viviendo en pobreza extrema. Están, en Sevilla, más cerca de lo que parece. Basta recordar a los niños y a las niñas de los seis barrios más pobres de Sevilla (entre los 15 más pobres de España), por este orden: Polígono Sur, Pajaritos-Amate, Torreblanca, Cerro-Su Eminencia, La Oliva y Polígono Norte-Villegas, donde viven niños y niñas proletarios, como se demuestra en los estudios recientes a nivel europeo y de España, según los datos estadísticos irrefutables que se mencionan en el Informe tratado en estas palabras antecedentes, actualizados de acuerdo con el último informe de 2021 elaborado por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN de Andalucía).

(1) Saramago, J. (2008). Las pequeñas memorias. Madrid: Punto de Lectura, p. 107.

(2) El índice AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) mide el porcentaje de la población que se encuentra incluida en al menos una de las tres categorías siguientes (riesgo de pobreza, carencia material severa y baja intensidad laboral).

NOTA: la imagen se recuperó el 23 de octubre de 2018 de https://www.eldiario.es/cultura/libros/diario-oculto-Saramago_0_828017469.html

Este libro puede ser un regalo de reyes con estela

CIUDADANO JESÚS (2ª edición, revisada y aumentada)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.