Ser consumidores o personas, esa es la cuestión

El rey lo gobierna todo,
el clérigo reza por todo,
el abogado aboga por todo,
el labrador lo paga todo
y alimenta a todos

El buen hombre paga por todo, canción recogida en Ciudades hambrientas, de Carolyn Steel.

Sevilla, 15/I/2022

Hamlet vuelve cada día a la escena, en el gran teatro del mundo. He leído recientemente una entrevista con la arquitecta Carolyn Steel (Londres, 1965), que sobrecoge en su contenido, porque llega a manifestar que “elegir ser consumidor por encima de persona es la muerte en vida”. Me ha interesado mucho leerla y compartirla con la Noosfera, por mi vocación de antropólogo y persona que admira la reflexión humana que ayuda a construir un mundo mejor, para convertirnos también en mejores personas con “la que está cayendo”, dicho de forma directa y convincente. Es maravilloso encontrarnos con estas personas, porque nos ofrecen la oportunidad de retirarnos por un momento al rincón de pensar y evaluar cómo estamos viviendo en este mundo tan complejo y lleno de sobresaltos diarios, donde estamos situados, estamos y, en la medida de lo posible, somos.

Carolyn Steel es autora de dos ensayos, Ciudades hambrientas (1), en el que explica cómo la forma de las urbes depende de la manera en que nos alimentamos, “al igual que las personas, las ciudades son lo que comen”, y Sitopia. en el que aborda cómo la comida puede salvar al mundo, porque gran parte de él está hambriento. En la primera obra citada, la autora afirma en su prólogo que “Ciudades hambrientas se ocupa de dos grandes temas, la comida y las ciudades, pero su verdadero centro de atención no reside en ninguno de los dos. Reside en la relación entre ambas, algo que ningún otro libro ha abordado nunca directamente”, o que hay que hablar de ello porque […] “las ciudades engullen ya el 75 por ciento de los recursos de la Tierra, y se espera que en el año 2050 la población urbana se haya duplicado, así que no cabe duda de que el tema está de actualidad”. En Sitopia, la autora afirma que “vivimos en un mundo moldeado por la comida, una Sitopia (sitos, comida; topos, lugar). La comida, y cómo la buscamos y la consumimos, ha definido nuestro viaje humano. Desde nuestros antepasados cazadores-recolectores en busca de alimento hasta los enormes apetitos de las ciudades modernas, la comida ha dado forma a nuestros cuerpos y hogares, nuestra política y comercio, y nuestro clima. Ya sea la decisión diaria de qué comer o el monopolio de la producción industrial de alimentos, la comida toca cada parte de nuestro mundo. Pero al olvidar su valor, nos hemos desviado hacia una forma de vida que amenaza a nuestro planeta y a nosotros mismos. Sin embargo, la comida sigue siendo fundamental para abordar los problemas y las oportunidades de nuestra era digital urbana. Basándose en ideas de la filosofía, la historia, la arquitectura, la literatura, la política y la ciencia, así como en las historias de los agricultores, diseñadores y economistas que están rehaciendo nuestra relación con la comida, Sitopia es una visión provocativa y estimulante para el cambio y cómo prosperar en nuestro superpoblado y recalentado planeta. En su nuevo libro, inspirador y profundamente reflexivo, Carolyn Steel, señala el camino hacia un futuro mejor”.

En la entrevista, Carolyn Steel aborda problemas que perduran a lo largo de los siglos, con comportamientos bastantes irracionales cuando vemos lo sucedido hasta hoy día, tal y como lo demuestra desde la primera pregunta y respuesta (las respuestas van en cursiva):

¿Por qué pagamos más por la plata si necesitamos más el trigo?

La gente que paga por la plata ya tiene el trigo. Hace 10 años me pregunté qué es una buena vida. Me obsesionaba averiguar qué nos hace felices y por qué nuestra economía se dirige en la dirección opuesta.

¿Qué encontró?

Nuestra idea de una buena vida es un concepto del siglo XIX. La vida de cualquier agricultor era dura. De modo que si alguien le decía: “Ya no tendrás que trabajar a la intemperie, lo harás bajo el techo de una fábrica”. ¿Cómo rechazar esa promesa de futuro?  

Más adelante, aborda el origen de nuestros problemas actuales:

¿Los problemas de la humanidad comenzaron cuando dejamos de compartir el bosque o cuando dejamos de cultivar lo que comemos?

Algunas sociedades de cazadores nómadas tenían una aspiración material tan baja que conseguían lo que se proponían y la gente se sentía rica.

¿Cómo lo sabe?

Leyendo a historiadores como Marshall Sahlins [autor de Economía de la Edad de Piedra] entiendes cómo les costó cambiar porque estaban felices viviendo en la naturaleza. Trabajaban para sobrevivir. Entendían la naturaleza como un lugar de abundancia, no como un medio del que protegerse. No temían las malas cosechas: cuando no había, se trasladaban. Desde que nos convertimos en sedentarios vivimos con sensación de escasez.

Y llega a una conclusión de por qué hemos llegado hasta lo que nos está sucediendo ahora:

Controlar el alimento es poder. Muchos problemas históricos explotaron cuando los responsables de alimentar al pueblo no conseguían hacerlo. Los políticos de hoy no quieren ese problema, dedican su energía a ser reelegidos. Y el poder de alimentar queda en manos de otros.

De cada vez menos: los supermercados están en manos de pocos grupos.

Vivimos la ilusión de la diversidad. Los supermercados tienen miles de productos. Pero, en realidad, muchos son repeticiones de distintas formas realizados por la misma marca. Parece que podamos elegir, pero lo realmente distinto es mucho más caro porque cuesta más producirlo. La alimentación del planeta está en manos de apenas cinco marcas. Los colmados y las fruterías de barrio no pueden competir con eso. Comemos lo que quieren que comamos. Amazon ha empezado a servir comida a domicilio. No tienen bastante con una parte del pastel, lo quieren todo. Y nosotros se lo permitimos a cambio de una cierta comodidad y una pequeña rebaja en el precio.

No quiero detallar más lo que debe leerse en la totalidad de la entrevista para comprender el pensamiento de la autora y, si nos gusta, quedarnos con sus publicaciones para comprenderla mejor. De cualquier forma, rescato dos puntualizaciones, porque una de ellas es la que me ha llevado a escribir estas palabras:

¿Hasta dónde se puede llegar?

Al final todo remite a lo mismo: ¿cuál es nuestra idea de una buena vida? Y parece que esforzarse lo mínimo lleva las de ganar: no cocinar, no limpiar y ver Netflix toda la noche. Es una podredumbre global. No lleva a una vida mejor.

¿Usted ve Netflix?

Sí. Claro que necesito relajarme en casa. Pero intento que eso no decida todo lo demás, como comer bien, ser justa o sentirme bien.

¿Qué hace para sentirse bien?

Cocino. Cultivo verduras. Escribo, investigo, denuncio… El circo romano entretenía y alimentaba a la población. Y algo parecido tenemos hoy. Estamos pagando un precio muy alto por tener comida y entretenimiento baratos. Elegir ser consumidor por encima de persona es la muerte en vida.

Leyendo esta entrevista he recordado a la urbanista americana Jane Jacobs, que he citado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (3). La escala incorrecta es que no somos conscientes de que en ese aquí y ahora en el que nos toca vivir a cada una, a cada uno, se están produciendo movimientos ciegos en nuestras casas, barrios, mercados de alimentación, pueblos y ciudades, ajenos a nuestro control inteligente, pero que están condicionando la vida de los más próximos, quizás hoy lejanos y muy desconocidos, aunque es posible, real, que con las decisiones urbanísticas de hoy, no dejemos vivir a los que queremos por la degradación de un hábitat propicio y que hoy decimos que “disfrutamos” como eslogan aprendido en la cartelería de la usura enladrillada.

Biomímico. Proyecto del artista mural Eric Okdec, en Sevilla / JA Cobeña

Las personas que habitan una ciudad crean barrios siempre. Ahí están. El software aprende a reconocer patrones siempre que se le den las instrucciones precisas. La inteligencia está en la base de los cerebros humanos, los que permiten hacer más simple la vida para vivir mejor. Y emergen hacia el exterior, naciendo, saliendo y teniendo principio siempre de otra cosa, en la interpretación que la Real Academia da a estos vocablos construidos de la misma forma. Con la inteligencia creadora de Jane Jacobs: que se respeten planes urbanísticos en los que las manzanas de casas sean más pequeñas, en aceras más vitales, en zonas de uso múltiple por doquier y sistemas de transporte público que siempre piensen en las personas. Para que el viaje de la vida sea siempre a alguna parte. Para que los mercados sacien el hambre de todos, como urgencia planetaria, porque nuestros antepasados salieron de África hace millones de años para ser felices con lo que conseguían a diario, cazando, pescando y recolectando. Nada más. Nuestros antepasados, como afirma Carolyn Steel, eran felices viviendo en y de la naturaleza. Lo descubrí hace años cuando en el paseo de un amanecer claro y luminoso de esta ciudad leí unas palabras inolvidables en una pintura mural del Polígono de San Pablo, una obra esplendorosa del artista Eric Okdec: biomímico no es cosechar los recursos de la naturaleza, pero el sentarse a sus pies como estudiantes. Así escrito, sin modificar palabra alguna. Junto a este lema tan sorprendente, descubrí otra acepción no menos aleccionadora: biomímica, es la práctica de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza para crear más productos y procesos sostenibles. Maravilloso.

(1) Steel, Carolyn, Ciudades hambrientas, 2020, Madrid: Capitán Swing.

(2) Steel, Carolyn, Sitopia, 2020, London: Penguin (Shatto & Windus).

(3) Johnson, Steven, Sistemas emergentes, 2003, Madrid: Turner-FCE, p. 90.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

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