Tutearnos con las nubes, como un gorrión

PAPAGENO3

Puerta de Papageno. Teatro sobre el río Viena / Marcos Cobeña Morián

Siento un respeto especial hacia este pájaro tan diminuto, que he conocido bien a lo largo de mi vida. Desde el Parque del Retiro en Madrid, hasta el de María Luisa en Sevilla, es de los pocos pájaros que he distinguido bien en su alegre caminar, saltarín por excelencia y de una nobleza más que encomiable, porque se posa en tu mano con cierto descaro con solo ofrecerle una migaja de pan. Pero hay dos gorriones que me han marcado en mi vida, el de Serrat en su delicada canción Como un gorrión y el de Manuel Rivas en su precioso relato La lengua de las mariposas, a través de Pardal (gorrión, en gallego), un niño con ese nombre que llevo dentro de mi persona de secreto. Hasta que hoy he conocido a través de un fotoensayo de Juan Millás que los gorriones desaparecen y he sentido como si los gorriones a los que he querido especialmente fueran a desaparecer algún día también de mi vida interior: «Contrariamente a otras aves urbanas que en las plazas nos miran desde el desafecto, el gorrión tiene algo de hombrecillo emplumado que anhela nuestra suerte y forma de vida».

Siempre me ha asombrado el papel de Papageno, el protagonista de una ópera especial de Mozart, La Flauta Mágica, por su profesión: encantador de pájaros y su simbología tan cercana a la vida, frente a la muerte tan propicia para la Reina de la Noche. Todavía recuerdo de mi viaje a Viena en 2007 la mirada de Papageno en su puerta del teatro sobre el río Viena (mi querido Teatro de barrio), sintiéndose cómplice del movimiento de la Secesión, a escasos metros de su deteriorada figura, cubierto de plumas y con su inseparable jaula para meter/sacar los pájaros encantados (sin saber nunca a qué tipo de pájaros –uccellaci o uccellini, pasolinianos- se estaba refiriendo en su larga andanza). He recordado a este personaje tan entrañable como si fuera posible invitarle a rescatar hoy en su jaula a los gorriones en peligro de extinción. Sería una ópera magna inolvidable, sabiendo que el libreto de Millás está garantizado.

Pardal era un niño-gorrión que estaba asombrado con su profesor republicano porque un día le dijo que podría ver la lengua de las mariposas con el microscopio que esperaban con ardiente impaciencia de los de la Instrucción Pública, “[…] una trompeta enroscada como un muelle de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cuando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar, ¿a que sentís ya el dulce en la boca como si la yema fuese la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa”. Y aquel niño, como un gorrión, tuvo siempre envidia de las mariposas: “Qué maravilla. Ir por el mundo volando con esos trajes de fiesta…”. Así, ensimismado con la vida, hasta que un día el maestro, Don Gregorio, desaparece en una cordada de presos durante la guerra civil española, a los que incluso él insulta y tira piedras por el sinsentido de la vida, por tanto silencio cómplice que nos asola ¡Qué paradoja tan cercana!

Cuántos recuerdos me ha traído el reportaje de Millás. Me retiro a mi rincón de pensar y escucho la canción de Serrat que tanto me aportó en mi vida joven, porque soy consciente, todavía hoy, que “nació libre como el viento, / no tiene amo ni patrón / y se mueve por instinto / como un gorrión”. Con el estribillo de la vida que cada uno pone a su verdad verdadera. La de Papageno, encantador de pájaros, sin ir más lejos o… sí, para tutearnos con las nubes mientras lo permita el cambio climático. Como un gorrión.

Sevilla, 9/IV/2017

Semana Laica en Sevilla

Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas.

Jacobs, Jane (1961), Muerte y vida en las grandes ciudades americanas

Dicen que todo está preparado para la Semana Santa en Sevilla. Soy consciente de lo que significa para esta ciudad una semana como la que se aproxima, donde todo gira en torno a una explosión de sentimientos, afectos, olores, silencios y lo que algunos llaman “sevillanía” en estado puro. Hace ya muchos años que escribí sobre la realidad social de esta Semana, con una visión laica, en su significado más acorde con el vocabulario español: semana laica, es decir, independiente de cualquier organización o confesión religiosa (RAE). Vuelvo a leer detenidamente aquél texto, en su contexto, actualizándolo en lo que considero que es necesario cambiar que, por cierto, es muy poco. O nada.

En aquellos días estaba leyendo un libro extraordinario, “Sistemas emergentes”, de Steven Johnson (Turner-Fondo de Cultura Económica), que sigue teniendo una actualidad científica recomendable para amantes de días y semanas laicas. Los sistemas sociales emergentes ratifican a diario, que incluso en las semanas laicas (cualquiera del año) la sociedad se organiza habitualmente en torno a lo que le interesa, es decir, dan lugar a comportamientos inteligentes. La que llaman algunos “la Sevilla de toda la vida” se organiza durante muchos días de las semanas “laicas” con las miras puestas en la “Semana Santa”, la única, la principal del año, la definitiva, la que propicia cartelería indicativa como la que conocí hace muchos años en un pueblo del Aljarafe, en una pizarra “dedicada”, que decía en su fecha exacta: “faltan 264 días para el Rocío”. Y cada día, con tiza y borrador, se dibujaba de forma humilde la cuenta atrás de la alegría…

SISTEMAS EMERGENTES

Vuelvo a constatar que el mundo solo tiene interés hacia adelante, sobre todo en semanas laicas, en las que estamos muy interesados los que no pertenecemos a la Sevilla de toda la vida. Los sistemas emergentes, de abajo hacia arriba, siguen marcando las pautas de comportamiento colectivo. Cada uno sabe de lo suyo. Las agencias de viaje, atómicas o digitales, organizan también esta semana a lo laico, es decir, sin ferias ni festejos cristianos, judíos y musulmanes, preparando una escapada para compensar la fuerza de lo santo. El azahar de Sevilla actúa como feromona atrayente para distribuir trabajos muy bien estandarizados. Sin tocar a quienes organizan el mayor espectáculo del mundo, los de toda la vida, porque los de abajo conocen su misión. Tienen oficio. La música sacra de las bandas que han estado preparando sus salidas en semanas laicas, para la Semana Santa, actúa de catalizador para conducir a las masas que se trasladan en clave de “bulla” hacia alguna parte.

Me acuerdo en estas fechas de las familias enteras procedentes de los barrios deshechos en Sevilla por el boom inmobiliario, que vuelven en esta Semana Santa a su lugar de origen para recuperar las señas de identidad que les arrancó la especulación y su pretendido por otros “mejor nivel de vida”, aunque hayan perdido el valor del contacto familiar y de la vida compartida en las aceras, porque viven en estado de alerta en los nuevos adosados que ni siquiera tienen parroquia al lado, blindados por la inseguridad ciudadana. Con la excusa de la “Semana Santa”, de su cofradía de toda la vida, de su “Señor o Señora de Sevilla”, vuelven para recuperar, aunque solo sean unas horas, sus tiendas, sus colegios, sus plazas, sus aceras de siempre, donde se hacía eso, la vida. Es decir, sus días laicos, sus semanas laicas, donde solo tiene sentido ese Jesús de la agonía que era la fe de sus mayores, como decía Antonio Machado. Las aceras existen, en definitiva, para crear el “orden complejo” de la ciudad, como afirma Steven Johnson en el libro que comento más adelante.

Jane Jacobs, la autora de uno de los libros que ha supuesto la revolución urbanística más importante en Estados Unidos, Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, que falleció en 2006 en Toronto (Canadá) a los 89 años, aportó una de las teorías más alentadoras sobre cómo se vive en las aceras de las ciudades, cuestión que en días laicos y santos pasa sin pena ni gloria en la vida ordinaria de los planificadores de la vida, sea cual sea su condición, pero que su mención científica sigue siendo un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Su muerte fue una noticia amarga porque dejaba de estar en el mundo una de sus defensoras acérrimas, en clave positiva, que demostraba como acción posible la de la existencia de un urbanismo humanista, defensora del diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedezca siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía.

En la Semana Santa, las aceras de Andalucía funcionan como soporte de interacciones sociales viendo las procesiones. No digamos en Sevilla. Aunque desde la otra acera de la inteligencia digital conectiva siempre me ha encantado saber que Jesús de Nazareth, en su ataque continuo de humanidad, se cansaba y se dormía, porque estaba hecho polvo, en el cabezal del barco (Mc 8,23). O como Machado decía en su precioso poema (La Saeta, 1914):

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

En silencio y lejos de estas aceras atestadas de gente por doquier. Comprendiendo el valor de cada día laico y lo que cuesta vivir tranquilo con uno mismo, sabiendo que muchos pertenecen ya al Club de las Personas Dignas. El que permite que juntos, desde la base, sigamos construyendo una nueva forma de ser en el mundo, en cada segundo, minuto, hora, día, semana y acera, laicos por supuesto.

Continúo con la lectura del libro de Steven Johnson. Se me han vuelto a ocurrir muchas cosas tras la reflexión a la que me llevaron en su momento sus primeras páginas. Y con motivo de esta cita puntual, deseo transformar este Sábado de Pasión o de Dolores (sic, según el calendario católico) en un día normal, laico, reinterpretando -porque me duele- lo que ocurre a mi alrededor, que es bastante preocupante según cuenta el barómetro último de marzo elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en referencia al paro y a la corrupción que nos asola en estos días. Es que el subtítulo del libro sigue sin dejar tranquilo a nadie: “O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”. Casi nada: inteligencia digital compartida en un mundo laico que parece a veces diseñado por el enemigo.

Sevilla, 8/IV/2017

Armas químicas en Siria

alepo-hoy

Triste está mi alma al conocer la última noticia de la guerra en Siria. Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), esta mañana, sobre las 6:30 horas, la localidad de Jan Sheijun, en la provincia de Idlib y bajo control de fuerzas rebeldes, ha sufrido un bombardeo en el que se han utilizado armas químicas y en el que han muerto 58 personas, de las cuales 11 son niños. No quiero olvidar, ni siquiera un momento, esta realidad terrible de Siria, como ya he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno de “derrota”, en lenguaje del mar, aunque hoy sea también de derrota ética mundial por esta realidad tan terca y dolorosa.

Escribo estas palabras a modo de protesta activa por esta situación que inunda los informativos de hoy en todo el mundo, esperando que quien tiene potestad de parar esta locura lo haga con carácter inmediato. No olvido las palabras de aquella niña de Alepo, en noviembre de 2016, víctima también de un bombardeo: “No puedo aguantarlo más. ¿Cómo podría? Mataron a todo el mundo. Mataron a todo el mundo. ¿No basta con lo que han matado hasta ahora?”. De verdad…, no lo olvido.

Ante estas situaciones tan desgarradoras, debemos «aunar voluntades», una expresión preciosa que aprendí en su día en la Cantata de Santa María de Iquique interpretada por Quilapayún: “con el amor y el sufrimiento se fueron aunando las voluntades”. Porque son dos valores éticos que llevados hasta su última expresión son capaces de revolucionar el aquietamiento ético mundial en que estamos instalados a pesar de este dolor que muchas personas compartimos.

Sevilla, 4/IV/2017

La educación es siempre un camino crítico

LEVANTAR LA MANO

Para dialogar,
preguntad, primero;
después… escuchad.

Antonio Machado, Proverbios y Cantares (II), en Campos de Castilla (1917)

A lo largo de mi vida profesional he tenido que convivir en la gestión de proyectos con metodologías muy exigentes y rigurosas en las que se valoraba de forma especial el denominado “camino crítico”. He vivido durante muchos años rodeado de PERT y CPM, porque la gestión de proyectos con dinero, espacio y tiempo, todos ellos públicos, merecían un respeto reverencial a la dirección estratégica digital como era mi caso. El servicio público es lo que tiene, considerar por encima de todo el interés general. Es un método infalible, porque sabes que las personas beneficiarias del éxito en la consecución de proyectos públicos son siempre el centro de interés en la gestión de los mismos. Así lo he vivido y así lo cuento ahora.

Lo que ocurre es que para llegar a este camino crítico profesional es muy importante formarse de forma continuada en pensamiento crítico, que siempre trabaja o está instalado en el terreno de la pregunta, con el símbolo de levantar la mano para hacerlo, sobre todo en público, en cualquier momento de nuestra existencia. Por esta razón me ha emocionado leer en la edición digital del diario El País, una entrevista al director del Real Colegio Complutense en la Universidad de Harvard, José Manuel Martínez, por las consideraciones didácticas y profesionales que hace, de gran sentido común pero que aquí, en España, se vive todavía con la idea de que lo piensan otros (que inventen otros…) y de que dicho sentido es el menos común que existe en las Universidades españolas. Así de claro y rotundo. Me ha parecido extraordinaria esta reflexión: “A diferencia de lo que sucede en España, el acceso a la universidad en Estados Unidos no se basa únicamente en el expediente académico, sino en una serie de habilidades que el currículum español no contempla. El término que se usa es el de well rounded personality, que viene a ser un perfil multidisciplinar, alumnos que con 18 años han realizado voluntariados o incluso fundado una ONG, que saben tocar un instrumento o que lideran una asociación juvenil. Se espera que sean proactivos y participativos y el sistema educativo español no potencia especialmente esas cualidades. Desde preescolar, en España la educación es de hardware, se basa en meter información al disco duro. Sabemos situar el mar Caspio o la población de Guinea Ecuatorial, pero no aprendemos a identificar problemas y a buscar soluciones. En Estados Unidos, la formación es más de software, centrada en la capacidad para desarrollar el pensamiento crítico. Desde pequeños les enseñan a innovar”.

El problema mayor de este país, junto al paro, es el de la educación a todos los niveles, a pesar de que no aparezca como tal en las encuestas del CIS. Ese es el gran problema de España, del que no se toma conciencia desde el Gobierno correspondiente, ni tampoco en la oposición, ni como preocupación principal de la ciudadanía. La gestión política legislativa debería ser un continuo aluvión de actividades legislativas parlamentarias en el Congreso de los Diputados y en todos los Parlamentos de Comunidades Autónomas, para cambiar con urgencia vital y por consenso la ordenación y organización administrativa del país en relación con la educación en todos los niveles imaginables. Creo que es la única tabla de salvación para gestionar de forma diferente la política global con visión de Estado y para permitir que España avance hacia otra forma e ser y estar en el mundo.

Esta es la razón fundamental por la que considero que la educación es siempre un camino crítico, porque la realidad de hoy en España, como hecho consecuente de una actividad histórica anterior, como antecedente, es decir, el estado del arte de la educación en España, es lo que verdaderamente tiene que evaluarse todos los días por el Gobierno correspondiente, comprendiendo el Estado y las Autonomías, en una actividad formativa, no sumativa, entendiendo la evaluación como la emisión de juicios bien informados, o educados, en el mejor sentido de la palabra «educado». Evaluación que convive a diario con el pensamiento crítico, que no se conforma con las primeras de cambio en cualquier nivel de experiencia en la vida, que dialoga todos los días con ella, que levanta la mano para preguntar a diario, aunque al final lo más prudente sea crecer en el arte de callar, aprendiendo también a practicar el silencio como arte sublime, porque solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio (Abate Dinouart, El arte de callar, Principio 1º, necesario para callar).

Creo que ha llegado el momento de hablar y mucho sobre estas cuestiones de Estado. Levantando la mano para preguntar donde sea preciso, porque la educación debería ser siempre un camino crítico para el Gobierno de turno y para la oposición correspondiente.

Sevilla, 4/IV/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://img.desmotivaciones.es/201103/mano_31.jpg

La verdad sobre Ataúlfo Argenta

Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño… También, como niño del Sur, me cruzaba casi todas las mañanas con el padre Federico Sopeña en la calle Narváez, en Madrid, donde vivía, muy cerca de la farmacia Tormo. Lo reconocía inmediatamente porque era un clásico en la música de élite, no popular, en este país. Luego he sabido sus idas y venidas con el régimen franquista y el silencio que arropó sobre la verdadera causa de la muerte del gran director de orquesta Ataúlfo Argenta. En un artículo muy interesante de Jesús Ruiz Mantilla, Enterrado el tabú de la muerte de Ataúlfo Argenta, que he leído en el diario El País en su versión digital, he podido conocer, con el detalle que siempre puede ofrecer una de las protagonistas de su fallecimiento, la verdadera causa del mismo, un aparente juego real de infidelidad en su matrimonio.

Era un secreto a voces, eso sí, con diversas hipótesis al no haberse podido escribir sobre la verdad de su ausencia, que todo el mundo decía saber en el contexto en el que había fallecido, aunque no se podía declarar en tiempos de la dictadura. He leído en la edición facsímil de ABC, de 23 de enero de 1958, en su página 37, que “Ataúlfo Argenta se encontraba en su automóvil al sobrevenirle la muerte. A las once de la mañana, a uno de los albañiles que trabajaba en el hotel [sic] donde residía el famoso director, le extrañó el ver la puerta del garaje abierta por lo que entró en éste y descubrió el cadáver dentro del coche. Inmediatamente, informó a la Guardia Civil”. Obviamente, ni una sola mención a la persona que lo acompañaba. Ahora, a través de una biografía recientemente publicada sobre el director, Ataúlfo Argenta. Música interrumpida, escrita por Ana Arrambarri, podemos conocer con detalle todo lo que ocurrió aquella madrugada del 21 de enero de 1958, en su chalet de Los Molinos, en Madrid. Allí estaba junto a él Sylvie Mercier, una joven alumna pianista francesa de 23 años, esperando que la chimenea les diera el calor necesario. En esa espera estaban, en el coche de Ataúlfo y con el motor encendido buscando abrigo temporal. Ese fue su error porque “las emisiones de anhídrido carbónico les sumieron en un sueño. Los pulmones de ella resistieron. Los del maestro, desvencijados tras un episodio de tuberculosis que poco antes lo había dejado en los huesos, no” (1).

ATAULFO ARGENTA

Yo tenía en esos días diez años, pero recuerdo perfectamente una página de ABC contando la noticia, una muerte que cogió por sorpresa al discreto encanto de la burguesía de Madrid, porque no le querían dados sus antecedentes “rojos” y donde yo crecía amando la música y la soledad sonora de mis diez años. Tengo grabada en mi memoria de hipocampo aquella imagen, que no tradujo la verdad de lo ocurrido. Así crecíamos los niños en este país, alejados de la realidad que otros interpretaban por ti a su imagen y semejanza. Menos mal, que su hijo Fernando, ha aportado mucha verdad sobre la música a los niños y niñas que han vivido en democracia, haciendo que los grandes maestros de la música los conocieran siempre como clásicos muy populares, incluso en momentos que necesitan el respeto de los demás. Por ejemplo, la verdad que se nos ocultó durante muchos años sobre el acontecimiento narrado, solo porque Ataúlfo había tenido un escarceo con Sylvie Mercier, que se salvó, sin que se pudiera saber nunca la verdadera razón de su refugio aquella noche en Los Molinos.

He admirado siempre a Fernando Argenta, por el trabajo encomiable que ha desarrollado a lo largo de su vida y de la forma tan didáctica que lo presentó en sociedad, para que este país saliera de su catetez extrema y comenzara a conocer y sentir la música clásica a través de programas memorables en radio y televisión, Clásicos populares y El conciertazo, aunque él amaba sobre todo su radio, la nacional de España, llegando a afirmar con cierta sorna que “A los que trabajamos en radio no nos deberían poner cara jamás”.

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño… (1ª Corintios, 13, 11). Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno, del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto. Escúchenlo con la pasión de Ataúlfo Argenta en su dirección musical.

Para finalizar, traigo a colación de nuevo unas palabras que escribí el día que conocí la muerte de Fernando Argenta, tan diferente en su divulgación a la de su padre: “Tiempo de vivir y tiempo de morir. Tiempo de agradecer, sobre todo, por tu forma alegre de vivir la vida con una música muy especial, por la forma de contar los despistes existenciales de tu padre, el gran Argenta. Como te escuché en cierta ocasión, Fernando, sobre un posible epitafio al final de tu vida: “No tengo el ingenio de Groucho Marx, pero sería algo así como ‘Vaya un despiste que tuve cuando morí’. Todo un programa de vida para no hacer daño a los demás, para que la verdad histórica de nuestra vida, la de los demás, la de nuestro país, nos permita ser cada día más libres.

Sevilla, 2/IV/2017

(1) http://cultura.elpais.com/cultura/2017/03/31/actualidad/1490989386_532346.html

NOTA: he escogido este vídeo en YouTube porque el mensaje de la persona que lo ha colgado me parece necesario para transitar por la memoria histórica como es el caso de Bacarisse, al que Ataúlfo Argenta le dedicó siempre atención personal y profesional, aunque fuera de España: “Con este vídeo, hago un pequeño y humilde homenaje a Bacarisse y a los que fueron víctimas de sus propios días, sobre todo, a los que tras perder la guerra, por si fuera poco, tuvieron que marcharse. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Jamás olvidemos la historia, y aprendamos siempre de ella. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Ha pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque, aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día”.

Cuando no es caro soñar

EL SUENO

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939

Estamos viendo estos días una campaña en televisión de Lotería y Apuestas del Estado (Sociedad Mercantil Estatal adscrita al Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de España), pagada con dinero público y que curiosamente intenta convencernos de una realidad tergiversada por la crisis de valores que atraviesa la sociedad actual. La campaña tiene una idea fuerza que machaconamente se repite en cada spot: no tenemos sueños baratos. Nos transmite un mensaje directo, no subliminal, porque comprando La Primitiva se pueden cumplir los sueños caros, en una descarda declaración de principios y de valores sobre la que ya nos alertaba Machado al recordarnos algo proverbial: todo necio confunde valor y precio.

¿Soñar es caro? No, todo es ponerse en determinados momentos de la vida consciente (el sueño inconsciente es harina de otro costal humano, sin acudir necesariamente a las interpretaciones de Freud), cuando nos hacemos con las riendas de nuestros valores y los echamos a volar despiertos. En este sentido vuelvo a mi museo de sueños queridos viendo la fotografía que encabeza estas palabras, realizada por Man Ray, en 1937, a la que tituló Sueño, en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet. Pertenece a esa colección de imágenes que cada uno lleva en su cerebro de secreto, que no necesitan comentarios especiales, porque siempre se asocian a experiencias personales e intransferibles, aunque observándola con detalle sobrecoge la posición de los párpados de ambas mujeres, los labios entreabiertos de Germaine como queriendo decir algo bello, que sugieren un sueño reparador en un momento preciso en la vida de cada una.

LA PRIMITIVA

Saco una bella lección. En estos momentos de contexto complejo para todos, sin excepción, hay que mirar la excelente fotografía de Ray con atención preferente y aprender a cerrar los ojos ante aquello que no nos proporciona bienestar alguno, buscar un rincón de paz en la vida particular de cada uno y soñar de forma consciente, como lo hacen estas mujeres, sin esperar al sueño de la noche, que casi siempre se queda en el olvido. O al sueño caro al que nos invita el spot de forma no inocente.

Y una última reflexión, barata, por cierto: es conveniente soñar junto a la persona que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y en este tiempo de campaña de lotería que anima a soñar en cosas caras, a tener y no a ser, quiero probar de nuevo las sensaciones que me proporciona contemplar una y otra vez esta bella fotografía. Es lo que tiene no confundir, como todo necio, el valor y precio de este tipo de sueños que, digan lo que digan los demás, no es caro.

Les confieso que no me gusta que mi dinero, que se convierte en público cuando contribuyo a ello con los impuestos, se gaste en campañas de este tenor tan de mercado, tan de andar gobernando la casa ajena (eso significa la economía) o mi derecho a soñar despierto, en lugar de resaltar los valores auténticos sobre la realidad contante, sonante y solidaria del dinero para uno y para los demás, que sigue siendo un poderoso caballero cuando se le trata tan alegremente de Don, tan altisonante él, Don Dinero.

Sevilla, 30/III/2017

Niñas y niños sin miedo

NINA SIN MIEDO

Me sobrecogen las noticias de niñas y niños del mundo con miedo. Todos los días nos recuerdan las ONG y Agencias del mundo que hay millones de niñas y niños que sufren la ignominia del miedo, que unido al hambre, las guerras y la explotación laboral y sexual, hace que tiemblen los cimientos de la mal llamada Humanidad. Hoy mismo, aquí en España, acabamos de conocer que una mujer y sus dos hijos, de ocho y cinco años de edad han muerto por un posible caso de violencia de género en Campo de Criptana (Ciudad Real).

La sociedad está reaccionando a estas situaciones con acciones de todo tipo, pero algo pasa en el mundo que lo convierte en un marco insensible a estas situaciones infantiles que se hacen muy visibles en el marco de refugiados, por ejemplo, o personas que buscan otro mundo mejor a través del Mediterráneo, muriendo en sueños que viajan en botes de juguete.

Por estas razones me ha llamado la atención una noticia que he conocido hoy, como símbolo de denuncia de la situación que he descrito anteriormente. Me refiero a la estatua de bronce y obra de obra de la escultora uruguayo-estadounidense Kristen Visbal, que desde el día 7 de marzo ha colocado de forma en principio no inocente, en Wall Street, Niña sin miedo, frente al toro del poder y de las finanzas, con una leyenda a sus pies que debe hacernos reflexionar muchas cosas: “Conozca el poder de las mujeres en el liderato. ELLA marca una diferencia».

He escrito muchas veces en este blog que en el relato de la creación hay un momento mágico que resalta la igualdad de género y que a muchos ha pasado desapercibido, ya sean creacionistas o evolucionistas y que siempre recuerdo en estas situaciones difíciles para comprender al ser humano. He abierto el Primer Libro del Génesis en su capítulo I, versículo 31, para corroborar con la musicalidad del texto hebreo, en su escritura primigenia, que el relato de la creación dejaba muy claro que lo mejor que había ocurrido en aquellos días mágicos fue la creación del ser humano, porque a diferencia de los cielos, la tierra y el agua, que sólo eran buenos, en la del hombre y la mujer vio Dios que era muy bueno lo que había hecho. Un adverbio, meod, que en hebreo significa “muy” dejó claro para siempre que la existencia de los seres humanos justificaba por sí misma la creación del mundo, el evolucionismo o el punto alfa y omega de la vida. Son sólo creencias de siete días especiales, singulares, en los que había ocurrido algo muy bueno para la existencia humana, para cada uno.

Hoy podemos concluir que la creación de las niñas y los niños, fue un momento muy bueno en la evolución de la vida humana, según aquél relato mágico de difícil comprensión para los no creyentes, que ha perdurado a lo largo de los siglos para quien lo quisiera comprender así. Quiero quedarme con la interpretación del principio de igualdad de género y el espacio de libertad para vivir en el mundo mágico de unos cielos, tierra y agua que son de todos. Sin miedo alguno de vivir en ellos y con ellos, porque el ser humano, de origen, era “muy” bueno, tal y como nos lo han explicado, en la tradición oral de padres a hijos, personas que también sintieron en muchos casos y durante muchos siglos el miedo de vivir y que lo siguen sintiendo, niñas y niños especialmente, hasta hoy mismo.

Hay que sensibilizarse con el miedo de las niñas y niños que lo sufren a diario, mucho más allá de lo ocurrido en Wall Street, aunque hoy nos sirva de ejemplo de cómo se debe empoderar a las mujeres y niñas del mundo que son maltratadas en general y que no deben tener miedo,  porque la sociedad las reconoce, protege y reconoce todos sus derechos, en todos los casos y sin excepción alguna.

Sevilla, 29/III/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de: http://www.lacronica.com/EdicionEnLinea/Notas/Internacional/26032017/1194772-Quieren-que-estatua-Nina-sin-miedo-se-quede-en-Wall-Street.html

 

Leonardo da Vinci y su viola organista

“El amor me da placer”. Leonardo da Vinci nos legó un anagrama-acertijo en un dibujo en el que figuraba un anzuelo enlazado con diversas notas en un pentagrama de la escala musical, en su versión original italiana: L’amore mi fa sollazzare (la-re-mi-fa-sol) . En la búsqueda diaria de islas desconocidas he comenzado a estudiar el perfil musical del magno representante del Renacimiento tras la presentación del libro, Leonardo da Vinci: cara a cara, que la semana pasada efectuó en Madrid el escritor Christian Gálvez, una persona que admiro por su trayectoria personal y profesional, conocido en nuestro país como presentador del programa “Pasapalabra”.

RETRATO DE MUSICO

Leonardo da Vinci, fragmento de Ritrato di músico (Ca. 1485)

Tengo mucho trabajo por delante, pero lo acometo con la ilusión de conocer a Leonardo da Vinci en una faceta de su compleja personalidad polímata, porque incorpora la quintaesencia de las personas del Renacimiento, el amor a todas las artes y todas las ciencias junto a una febril curiosidad e imaginación creativa. En las maniobras de aproximación a este perfil, he localizado en su emplazamiento actual en la Pinacoteca Ambrosiana, en Milán, el único retrato de un músico que hizo probablemente a lo largo de su vida, en esa ciudad, con dudas certeras sobre a quién representa. No es un problema real para mí en este momento, porque lo que me ha sobrecogido es la mirada profunda de alguien que simboliza el amor por la música y el placer que quiso reflejar en el acertijo que citaba anteriormente, el estado del arte de la música que conocía en su época, la que quizá le llevó a diseñar un instrumento tan original y versátil como la viola organista que he escuchado con veneración en las versiones del conjunto que ha dirigido el arquitecto y músico español Eduardo Paniagua, especializado en la música de la España medieval (utiliza -entre otros instrumentos renacentistas- una viola organista según diseño contemporáneo del constructor japonés Akio Obuchi  y de acuerdo con los bocetos de la preconizada por Leonardo da Vinci) y en las del pianista y luthier polaco Slawomir Zvbrzycki, en su versión más actual del citado instrumento (Cracovia, 2012).

VIOLA ORGANISTA

Escuchen atentamente al pianista polaco y comprenderán la belleza del instrumento diseñado en origen por Leonardo da Vinci. Mientras, sigo profundizando en la mirada del músico que refleja maravillosamente la ardiente impaciencia de quien espera conocer, cada día mejor, la quintaesencia del mundo a través de la inteligencia. Seguro que encontraré en el magno representante del Renacimiento muchas claves de esta búsqueda incesante del conocimiento múltiple, que tanto justifica el orden de este mundo del que no quiero bajarme en ningún momento. Su acertijo sobre la música no era inocente y en él está una de las claves de esta singladura tan especial para navegantes en busca de islas musicales desconocidas.

Sevilla, 28/III/2017

NOTA: la imagen de la viola organista se ha recuperado hoy de: http://www.violaorganista.com/

Hacerse ilusiones

JOAN DIDION

Vivo rodeado de personas que sueñan con un mundo diferente, porque no les gusta el actual, porque hay que cambiarlo. A mí me gusta ir más allá, es decir, el mundo hay que transformarlo. Pero surge siempre la pregunta incómoda, ¿cómo?, si las eminencias del lugar, cualquier lugar, dicen que eso es imposible, una utopía, un desiderátum, como si ser singular fuera un principio extraterrestre, un ente de razón que no tiene futuro alguno. No me resigno a aceptarlo y por esta razón sigo yendo con frecuencia de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo, como decía García Márquez en sus cuentos peregrinos, buscando como Diógenes personas con las que compartir formas diferentes de ser y estar en el mundo, que sean capaces de ilusionarse con alguien o por algo.

Esta reflexión la hago en el contexto actual de un mundo que parece diseñado por el enemigo. El terrorismo del ISIS hace estragos en la conciencia humana, en una modalidad de guerra abierta sin cuartel contra todo lo que se mueve y es diferente a los principios de una forma de ser musulmán en el mundo, que debe ser única y acatada por todos. Ya se habla de terrorismo low cost, porque con escasos medios se hace sufrir a muchas personas, de una forma detestable y contra la que hay que luchar de forma directa. Por otra parte, el neocapitalismo salvaje, también low cost para algunos, sigue abriendo una sima entre los que más tienen y los que más sufren la ignominia de las dictaduras capitalistas e ideológicas que perviven en este mundo tan global, pero tan insolidario, a pesar de los esfuerzos titánicos de determinados gobiernos y organizaciones no gubernamentales para ponerles algún freno o para atender los desgraciados daños colaterales.

Lo curioso es que creemos que siempre pasan las cosas en otra parte y no tomamos conciencia de que todo lo descrito anteriormente nos afecta cada día en el imaginario de nuestras formas de ser y estar en el mundo. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que es también un fenómeno local. Esta es la razón de por qué un sábado cualquiera como hoy siento la necesidad de escribir sobre la necesaria transformación del mundo cercano, el de nuestro país sin ir más lejos, visto el espectáculo político actual, porque el problema es básicamente político, en su sentido etimológico más radical de ciudadanía agotada por las formas con las que se hace política en nuestro país, a trancas y barrancas, con la amenaza continua y silente de nuevas elecciones por un gobierno tambaleante que ya ha caído varias veces a la lona de la soledad parlamentaria. ¿Qué pensaban, que iba a ser un paseo triunfal como en la legislatura anterior? No, no es posible, a pesar del apoyo vergonzante del Partido Socialista, en un ataque de Gobernanza Inexplicable [sic], pero que demuestra que no se puede ir con cualquier persona a algunas partes, dignas por supuesto. Nunca.

Vuelvo a buscar respuestas en lecturas aleccionadoras para seguir aprendiendo y encuentro hoy alguna luz en un artículo magnífico de Antonio Muñoz Molina, de quien aprendí un día ya lejano cómo entendía la forma de ser los funcionarios mentales para no serlo, en un arrebato de conciencia de clase como empleado público, porque a Blanca, la protagonista de una novela entrañable suya, En ausencia de Blanca, no le gustaba pronunciar la palabra “funcionario”, aludiendo a Mario, su marido.  Cuando Blanca quería referirse a las personas que más detestaba, las rutinarias, las monótonas, las incapaces de cualquier rasgo de imaginación, decía: “son funcionarios mentales”.

El artículo citado, Notas en un cuaderno, me ha devuelto de forma paradójica la ilusión de fijarme otra vez y con detenimiento en las cosas y en los humanos, a pesar del razonamiento contrario que allí refleja en torno a una publicación reciente de gran interés social, South and West: From a Notebook: “Joan Didion es una de esas inteligencias muy realistas que se fijan demasiado en las cosas y en los seres humanos como para hacerse demasiadas ilusiones sobre ellos, o para dejarse llevar por abstracciones celebradoras o condenatorias. El mundo es como es. Y comprender algo requiere un extraordinario ejercicio de atención que no siempre lleva a conclusiones satisfactorias”. Es verdad, pero la memoria fotográfica que mantengo de todo lo ocurrido en este país durante muchos años, a partir también de los setenta y en el sur de España, me hace meditar sobre lo que creemos que hemos conquistado con tanto esfuerzo, así como soñar despierto en la transformación de España, de Andalucía y de una sociedad que tanto sufre como aldea global.

Esta es la razón de por qué comprendo mejor cómo finaliza Muñoz Molina el artículo: “En 1970, en el sur de Estados Unidos, Joan Didion se dio cuenta de que el pasado de cerrazón, oscurantismo y resentimiento no desaparece de un día para otro. Cuarenta y siete años después, una parte de esa negrura se ha mantenido intacta, y ha proliferado. Una parte de lo peor del pasado es ahora el presente y parece que va a ser el porvenir”. Para que no lo olvide en mis sueños, cuarenta y siete años después, porque el mundo es como es por culpa de algunos. Para hacerme ilusiones también, a pesar de todo.

Sevilla, 25/III/2017

Emma Watson, Bella sin Bestia

Siempre he creído que toda versión de un cuento es mejor que la anterior

Gabriel García Márquez, Doce cuentos peregrinos

El viernes pasado se estrenó en España La bella y la bestia, en una versión de personajes reales, que se ha considerado como uno de los estrenos mundiales de mayor relevancia en los últimos tiempos. Algo pasa en esta sociedad que acoge los cuentos reinterpretados por la factoría Disney con un interés especial digno de estudio. En 1991 tuvo un éxito sin precedentes la versión primera animada, con una banda sonora que todavía persiste en musicales y que resuena en nuestros oídos de forma machacona por lanzamientos medidos de la discográfica de turno. Las cosas de Disney no son relatos inocentes y mucho menos éste. La historia de príncipes convertidos en ejes del mal o al revés, con ternura interior en búsqueda de su amada de sueños para llevarla a una vida principesca que le permita olvidar su origen de pobreza, ha perdurado a lo largo de los siglos y en casi todas las culturas que en el mundo han sido. En la era Trump es necesario volver a recordar que bellas y bestias existen por doquier y lo único que hay que hacer en convertirlas en carne y hueso para que parezcan más reales exportándolo al mundo mundial. Eso sí, pasando por taquilla siempre porque no hay que olvidar que son pura mercancía, muy alejado todo de la realidad terca de la vida.

Todo lo que  cuento anteriormente tiene un sentido para mí especial, porque sorprendentemente la protagonista de este remake es Emma Watson, ¿una Bella con Alma?, a la que dediqué en 2014 un post en este cuaderno digital porque me gustó mucho el discurso que pronunció el 20 de septiembre de ese año, como embajadora de buena voluntad de ONU Mujeres, lanzando la campaña HeForShe (Ellos por Ellas), acerca de la imperiosa necesidad de creer que otro mundo es posible cuando los hombres y mujeres deciden trabajar en común con el respeto a la igualdad íntegra en la vida diaria. Lo reproduzco íntegro, porque no merece más comentario que reflexionar sobre todas y cada una de sus frases y pasar a la acción, cada uno, cada una, donde crea que puede aportar más a este cambio de aplicación concreta de la inteligencia personal e intransferible a una forma diferente de ser hoy niña o niño, mujer u hombre en el mundo, sin necesidad de reinterpretar cuentos según Disney que no son precisamente los que se leen al amor de la lumbre:

“Hoy estamos lanzando una campaña que se llama “HeForShe”.

Acudo a ustedes porque necesito su ayuda. Queremos poner fin a la desigualdad de género, y para hacerlo, necesitamos que todas y todos participen.

Se trata de la primera campaña de este tipo en las Naciones Unidas: queremos tratar de mover a todos los hombres y los jóvenes que podamos para que sean defensores de la igualdad de género. Y no sólo queremos hablar de esto, queremos asegurarnos de que sea algo tangible.

Fui nombrada hace seis meses, y cuanto más he hablado sobre el feminismo, tanto más me he dado cuenta de que la lucha por los derechos de las mujeres se ha vuelto con demasiada frecuencia un sinónimo de odiar a los hombres. Si hay algo de lo que estoy segura es que esto no puede seguir así.

Para que conste, la definición de feminismo es: “La creencia de que los hombres y las mujeres deben tener derechos y oportunidades iguales. Es la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos”.

Empecé a cuestionar los supuestos de género a los ocho años, ya que no comprendía por qué me llamaban “mandona” cuando quería dirigir las obras de teatro que preparábamos para nuestros padres, pero a los chicos no se les decía lo mismo.

También a los 14, cuando algunos sectores de la prensa comenzaron a sexualizarme.

A los 15, cuando algunas de mis amigas empezaron a dejar sus equipos deportivos porque no querían tener aspecto “musculoso”.

Y a los 18, cuando mis amigos varones eran incapaces de expresar sus sentimientos.

Decidí que era feminista, y eso me pareció poco complicado. Pero mis investigaciones recientes me han mostrado que el feminismo se ha vuelto una palabra poco popular.

Aparentemente me encuentro entre las filas de aquellas mujeres cuyas expresiones parecen demasiado fuertes, demasiado agresivas, que aíslan, son contrarias a los hombres y, por ello, no son atractivas.

¿Por qué resulta tan incómoda esta palabra?

Nací en Gran Bretaña y considero que lo correcto es que como mujer se me pague lo mismo que a mis compañeros varones. Creo que está bien que yo pueda tomar decisiones sobre mi propio cuerpo. Creo que es correcto que haya mujeres que me representen en la elaboración de políticas y la toma de decisiones en mi país. Creo que socialmente se me debe tratar con el mismo respeto que a los hombres. Por desgracia, puedo afirmar que no hay ningún país del mundo en el que todas las mujeres puedan esperar que se les reconozcan estos derechos.

Por el momento, ningún país del mundo puede decir que ha alcanzado la igualdad de género.

Considero que estos son derechos humanos, pero sé que soy una afortunada. Mi vida ha sido muy privilegiada porque mis padres no me quisieron menos por haber nacido mujer; mi escuela no me impuso límites por el hecho de ser niña. Mis mentores no asumieron que yo llegaría menos lejos porque algún día pueda tener una hija o un hijo. Esas personas fueron las embajadoras y los embajadores de la igualdad de género que me permitieron ser quien soy hoy. Aunque no lo sepan ni lo hayan hecho voluntariamente, son las y los feministas que estan cambiando el mundo hoy en día. Y necesitamos más personas como ellas y ellos.

Y si la palabra todavía resulta odiosa, piensen que lo importante no es la palabra sino la idea y la ambición que la respalda. Porque no todas las mujeres han gozado de los mismos derechos que yo. De hecho, las estadísticas demuestran que muy pocas los han tenido.

En 1995, Hilary Clinton pronunció en Beijing un famoso discurso sobre los derechos de la mujer. Me entristece ver que muchas de las cosas que quería cambiar todavía son realidad.

Lo que más me impresionó fue que sólo el 30 por ciento de su público eran hombres. ¿Cómo podemos cambiar el mundo si sólo la mitad de éste se siente invitado o bienvenido a participar en la conversación?

Hombres: aprovecho esta oportunidad para extenderles una invitación formal. La igualdad de género también es su problema.

Porque, hasta la fecha, he visto que la sociedad valora mucho menos el papel de mi padre como progenitor, aunque cuando era niña yo necesitaba su presencia tanto como la de mi madre.

He visto a hombres jóvenes que padecen una enfermedad mental y no se atreven a pedir ayuda por temor a parecer menos “machos”. De hecho, en el Reino Unido el suicidio es lo que más mata a los hombres de entre 20 y 49 años de edad, mucho más que los accidentes de tránsito, el cáncer o las enfermedades coronarias. He visto hombres que se han vuelto frágiles e inseguros por un sentido distorsionado de lo que es el éxito masculino. Los hombres tampoco gozan de los beneficios de la igualdad.

No es frecuente que hablemos de que los hombres están atrapados por los estereotipos de género, pero veo que lo están. Y cuando se liberen, la consecuencia natural será un cambio en la situación de las mujeres.

Si los hombres no necesitaran ser agresivos para ser aceptados, las mujeres no se sentirían obligadas a ser sumisas. Si los hombres no tuvieran la necesidad de controlar, las mujeres no tendrían que ser controladas.

Tanto los hombres como las mujeres deberían sentir que pueden ser sensibles. Tanto los hombres como las mujeres deberían sentirse libres de ser fuertes. … Ha llegado el momento de percibir el género como un espectro y no como dos conjuntos de ideales opuestos.

Si dejamos de definirnos unos a otros por lo que no somos, y empezamos a definirnos por lo que sí somos, todas y todos podremos ser más libres, y es de esto que se trata HeForShe. Se trata de la libertad.

Quiero que los hombres acepten esta responsabilidad, para que sus hijas, sus hermanas y sus madres puedan vivir libres de prejuicios, pero asimismo para que sus hijos tengan permiso de ser vulnerables y humanos ellos también, que recuperen esas partes de sí mismos que abandonaron y alcancen una versión más auténtica y completa de su persona.

Ustedes se estarán preguntando: ¿Quién es esta chica de Harry Potter? ¿Y qué hace en un estrado de las Naciones Unidas? Es una buena pregunta, y créanme que me he estado preguntando lo mismo. No sé si estoy capacitada para estar aquí. Sólo sé que este problema me importa. Y quiero que las cosas mejoren.

Y, a causa de todo lo que he visto, y porque se me ha dado la oportunidad, creo que es mi deber decir algo. El estadista inglés Edmund Burke afirmó: “Todo lo que se necesita para que triunfen las fuerzas del mal es que suficientes personas buenas no hagan nada”.

En mi nerviosismo por este discurso y en mis momentos de dudas, me he dicho con firmeza: si no lo hago yo, ¿quién?; y si no es ahora, ¿cuándo? Si ustedes sienten dudas similares cuando se les presentan oportunidades, espero que estas palabras puedan resultarles útiles.

Porque la realidad es que si no hacemos nada, tomará 75 años —o hasta que yo tenga casi 100— para que las mujeres puedan esperar recibir el mismo salario que los hombres por el mismo trabajo. Quince millones y medio de niñas serán obligadas a casarse en los próximos 16 años. Y con los índices actuales, no será sino hasta el año 2086 cuando todas las niñas del África rural podrán recibir una educación secundaria.

Si crees en la igualdad, podrías ser uno de esos feministas involuntarios de los que hablé hace un momento. Y por eso te aplaudo.

Nos cuesta conseguir una palabra que nos una, pero la buena noticia es que tenemos un movimiento que nos une. Se llama HeForShe. Los invito a dar un paso adelante, a que se dejen ver, a que se expresen: a que sean “él” para “ella”. Y pregúntense: si no lo hago yo, ¿quién? Si no es ahora, ¿cuándo?

Muchas gracias».

Sevilla, 21/III/2017