Cuando no es caro soñar

EL SUENO

Recuerdo los ojos de mi esposa otra vez. Nunca veré cualquier cosa más aparte de esos ojos. Ellos preguntan.

Antoine de Saint Exupéry, Terre des Hommes, 1939

Estamos viendo estos días una campaña en televisión de Lotería y Apuestas del Estado (Sociedad Mercantil Estatal adscrita al Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de España), pagada con dinero público y que curiosamente intenta convencernos de una realidad tergiversada por la crisis de valores que atraviesa la sociedad actual. La campaña tiene una idea fuerza que machaconamente se repite en cada spot: no tenemos sueños baratos. Nos transmite un mensaje directo, no subliminal, porque comprando La Primitiva se pueden cumplir los sueños caros, en una descarda declaración de principios y de valores sobre la que ya nos alertaba Machado al recordarnos algo proverbial: todo necio confunde valor y precio.

¿Soñar es caro? No, todo es ponerse en determinados momentos de la vida consciente (el sueño inconsciente es harina de otro costal humano, sin acudir necesariamente a las interpretaciones de Freud), cuando nos hacemos con las riendas de nuestros valores y los echamos a volar despiertos. En este sentido vuelvo a mi museo de sueños queridos viendo la fotografía que encabeza estas palabras, realizada por Man Ray, en 1937, a la que tituló Sueño, en la que aparecen Consuelo de Saint-Exupéry (esposa-rosa del autor de El principito, tan de actualidad siempre) y Germaine Huguet. Pertenece a esa colección de imágenes que cada uno lleva en su cerebro de secreto, que no necesitan comentarios especiales, porque siempre se asocian a experiencias personales e intransferibles, aunque observándola con detalle sobrecoge la posición de los párpados de ambas mujeres, los labios entreabiertos de Germaine como queriendo decir algo bello, que sugieren un sueño reparador en un momento preciso en la vida de cada una.

LA PRIMITIVA

Saco una bella lección. En estos momentos de contexto complejo para todos, sin excepción, hay que mirar la excelente fotografía de Ray con atención preferente y aprender a cerrar los ojos ante aquello que no nos proporciona bienestar alguno, buscar un rincón de paz en la vida particular de cada uno y soñar de forma consciente, como lo hacen estas mujeres, sin esperar al sueño de la noche, que casi siempre se queda en el olvido. O al sueño caro al que nos invita el spot de forma no inocente.

Y una última reflexión, barata, por cierto: es conveniente soñar junto a la persona que queremos, porque la felicidad es mayor, al trenzarse el amor como una cuerda de tres hilos, que difícilmente se puede romper. Y en este tiempo de campaña de lotería que anima a soñar en cosas caras, a tener y no a ser, quiero probar de nuevo las sensaciones que me proporciona contemplar una y otra vez esta bella fotografía. Es lo que tiene no confundir, como todo necio, el valor y precio de este tipo de sueños que, digan lo que digan los demás, no es caro.

Les confieso que no me gusta que mi dinero, que se convierte en público cuando contribuyo a ello con los impuestos, se gaste en campañas de este tenor tan de mercado, tan de andar gobernando la casa ajena (eso significa la economía) o mi derecho a soñar despierto, en lugar de resaltar los valores auténticos sobre la realidad contante, sonante y solidaria del dinero para uno y para los demás, que sigue siendo un poderoso caballero cuando se le trata tan alegremente de Don, tan altisonante él, Don Dinero.

Sevilla, 30/III/2017

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