Hay que reforzar la ética individual y colectiva ante el ocaso de la democracia

Sevilla, 12/XI/2022

Hace exactamente un año que publiqué en este cuaderno digital, por razones de necesidad que no de azar, un artículo sobre la ética para la postpandemia, atenazados como estábamos ante un peligro que nos acechaba a diario. Ha pasado un año y ahora la nueva pandemia que asola el país, la del virus de la antidemocracia, es lo que me anima a publicarlo de nuevo para reforzar los grandes principios éticos de la vida porque, sinceramente, no tengo otros. Cambio lo que tengo que cambiar por razones de contexto histórico, pero verán que tiene una actualidad plena ante el ocaso de la democracia en nuestro país.

Aquél día presenté en sociedad a Markus Gabriel, como un filósofo alemán de vanguardia y representante destacado del Nuevo Realismo, catedrático de epistemología, filosofía moderna y contemporánea en la Universidad de Bonn, director del Centro Internacional de Filosofía (International Center for Philosophy NRW) y del Centro para la Ciencia y el Pensamiento (Center for Science and Thought) en la Universidad de Bonn, que cuidaba con esmero científico el intercambio interdisciplinario entre la filosofía y las ciencias naturales para encontrar soluciones productivas y sostenibles a varias de las cuestiones más urgentes de nuestro tiempo y que acababa de publicar en su traducción española un libro de gran interés para aquél tiempo de postpandemia, Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI (1), donde según la sinopsis oficial de la editora “analiza los grandes problemas humanos de estos tiempos oscuros: la amenaza a la democracia por parte de la ultraderecha, la xenofobia, el populismo, la coerción a la libertad y al pensamiento a través de la digitalización a ultranza y la obsesión con la tecnología, el consumismo desaforado y los retos de nuestro entorno, en especial, el coronavirus y el cambio climático. Para poder enfrentarnos a ellos necesitamos recuperar los valores universales nacidos de la Ilustración, y la filosofía será una herramienta fundamental para crear una sociedad más libre y justa, capaz de desafiar a los retos del siglo XXI!”. Consideraba, por tanto, de indudable interés su lectura en tiempos de postpandemia, tiempos oscuros y difíciles por definición. Hoy, ante el ocaso de la democracia, como vemos casi a diario liderado por líderes políticos en nuestro país y más allá de nuestras fronteras, como fenómeno más preocupante que lo que se piensa superficialmente en este país de tanta desmemoria democrática.

Leí el libro, porque tenía en aquellos días la ilusión de dar sentido a mi vida después de una travesía dura y pertinaz como fue la pandemia del coronavirus y los daños colaterales asociados que, por cierto, tan pronto hemos olvidado. Esta es la razón de fondo para leerlo de nuevo, porque ante tiempos de turbación y de tanta mudanza anímica, haciendo caso omiso a Ignacio de Loyola, deseo buscar el acompañamiento de Gabriel Markus, lo que me permite descubrir de nuevo el poder de la ética, en su justo sentido, tal y como la he venido definiendo a lo largo de los años en páginas especiales de este cuaderno digital que busca, esencialmente, islas desconocidas. La ética que he aprendido y enseñado en mis tiempos académicos ha sido siempre la de la situación que, a diario, nos interroga en nuestra persona de todos y en la de secreto, para alcanzar un objetivo que nos haga ser más felices viviendo con sentido lo que hacemos a diario. No hay nada más inteligente en la vida que buscar la felicidad a diario a través de la inteligencia humana. Esta realidad ética la he definido siempre como el suelo firme que justifica nuestra existencia, es decir, la solería que ponemos a lo largo de la vida y sobre la que pisamos a diario para seguir viviendo con justificación de lo que hacemos, no mero ajustamiento, tal y como me lo enseñó el profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida, porque es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida.

Dije también aquél 12 de noviembre de 2021 que, siguiendo al pie de la letra a Cavafis, cada uno de nosotros nos podemos convertir en un Ulises redivivo, lo que nos permite pensar que esta dura etapa que estamos atravesando de ocaso de la democracia, en múltiples proyecciones de la vida política diaria, como ciudadanos y ciudadanas de a pie, debería ser sólo eso, una etapa, un alto en un puerto hasta ahora desconocido, porque el viaje es muy largo: Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin esperar a que Ítaca te enriquezca. También acudo a Benedetti cuando hago esta pausa para escribir en este largo viaje ético a la Ítaca particular de cada persona, porque él siempre supo poner hermosura a la vertiente más triste de la vida, ofreciéndonos una forma de entender las necesarias pausas en el caminar diario personal, familiar, profesional y social con altura de miras éticas hacia la Ítaca de cada uno: De vez en cuando hay que hacer una pausa / contemplarse a sí mismo / sin la fruición cotidiana / examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.

También es verdad que solo necesitamos hacer pausas de vez en cuando y no tanto rebobinar, porque no queremos perder el sentido de la vida. Es lo que Herman Hesse llamaba obstinación, una virtud, a la que admiraba mucho, una sola, porque es obediencia a una sola ley que lleva al “propio sentido” de la vida. Fundamentalmente, algo que necesitamos con urgencia: cantarnos las verdades sobre lo que nos pasa, pisando las baldosas que vamos poniendo en nuestra vida a modo de solería, que es lo único que justifica nuestros actos éticos para no tener que llorar las mentiras. Sin prisa, con pausa, buscando con ética personal y de situación la Ítaca que todos tenemos derecho a soñar y alcanzar algún día. Aunque ahora tengamos que luchar contra un cíclope antidemocrático, con ojos de huracán político, al que venceremos si nuestro pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca nuestro espíritu y nuestro cuerpo. Porque hoy no olvidamos hacer una pausa Ética cuando navegamos a diario hacia cada Ítaca particular, que cuando llueve se moja como las demás al cruzar mares procelosos, a la que tenemos la legítima ilusión de llegar aunque ahora vivamos encerrados en una jaula de cristal.

Gabriel Markus habla en su libro, con rotundidad, de los peligros que nos acechan: “A los peligros de la crisis ecológica, así como de las nuevas guerras debidas a la potenciación del nacionalismo, que amenazan la vida de cientos de millones de personas, solo se les puede responder por medio del progreso moral. Ha llegado la hora de que el ser humano se acuerde de su capacidad moral y empiece a admitir que solo una cooperación global —que deje a un lado los egoísmos de los Estados nacionales— puede frenarnos en nuestro acercamiento cada vez más acelerado al precipicio de la historia mundial”. Y aborda determinadas respuestas a esta crisis galopante de valores, ofreciendo vías para alcanzar un nuevo progreso moral en el siglo XXI, entre las que destaca la detección de la nueva esclavitud humana que existe en la actualidad, el progreso y retroceso moral en tiempos de coronavirus, los límites que tiene el economicismo, arrojando una luz sobre una posible y necesaria pandemia metafísica. La Ética es hoy más necesaria que nunca, la ética de todos y para todos.

Creo que hoy, al publicar de nuevo aquellas palabras, salvando el contexto histórico que hay que salvar (mutatis mutandis), encuentro de nuevo en la frase final de la Introducción del libro citado, una declaración hermosa de intenciones al escribirlo, así como su hilo conductor: “La intolerancia radical, que tiene por objeto socavar por todos los medios posibles (incluida la violencia contra inocentes) las bases del Estado democrático de derecho, no es algo que uno deba tolerar. En consecuencia este libro se dirige a aquellas personas que sienten el deseo de abordar racionalmente —es decir, sin dejarse llevar tan solo por la propia opinión— la cuestión de si en estos tiempos oscuros hay hechos morales y un progreso moral, y de cómo podemos organizar un sistema de valores para el siglo XXI, sobre la base de los valores universales. Que esté creciendo la cantidad de personas que no se interesan por estas cuestiones forma parte del problema a cuya solución quisiera contribuir con estas reflexiones desde una perspectiva filosófica”. ¿Les suenan estas palabras en el contexto actual? De ahí mi interés por divulgarlo hoy de nuevo, porque lo necesitamos más que nunca ante los intolerantes y mediocres del Reino del Siempre Jamás, los antidemócratas por definición, que están mucho más cerca de nosotros de lo que parece a simple vista.

(1) Gabriel, Markus, Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI, 2021. Barcelona: Pasado & Presente.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Las librerías son espacios, con el tiempo dentro, para cuidar el alma humana

Día de las Librerías

Sevilla, 11/XI/2022, Día de las Librerías

Yo… […]

que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

Rafael Cadenas, en Derrota

Dedicado hoy al poeta venezolano Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930), que ayer obtuvo el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2022, concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte, por “su vasta y dilatada obra literaria”, reconociendo “la trascendencia de un creador que ha hecho de la poesía un motivo de su propia existencia y la ha llevado hasta alturas de excelencia en nuestra lengua”. Según el jurado, “su obra es una de las más importantes y demuestra el poder transformador de la palabra cuando la lengua es llevada al límite de sus posibilidades creadoras”. Cadenas “hace destilar de las palabras su esencia deslumbrante, colocándolas en el territorio dual del sueño y la vigilia y haciendo que sus poemas sean una honda expresión de la existencia misma y del universo, poniéndolas también en una dimensión que es a la vez mística y terrenal”.

El lema de este año para celebrar este día tan especial, Librerías, espacio y tiempo,  lo ha captado muy bien la diseñadora del cartel oficial, Ana Jarén, ilustradora sevillana encargada de crear la ilustración para la duodécima edición del Día de las Librerías, en la que las protagonistas son obviamente ella, las librerías, de ahí que se haya centrado en los espacios físicos. Según la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), Ana cuenta que “En esta ilustración trato de presentar las librerías como ese lugar cálido y confortable al que acudimos para encontrarnos con los libros y con nosotros mismos. Las librerías nos invitan a estar a gusto, tranquilos, un lugar feliz en el que bajar revoluciones y resguardarnos del alto ritmo de vida que llevamos”. El sector del libro está viviendo unos momentos de esperanza fundada en su presente y futuro después de haber atravesado una pandemia desoladora. informa también en su página oficial que “según el último censo de librerías, presentado el pasado mes de junio en el Congreso de Librerías organizado por CEGAL, en España hay 2.977 librerías en las que el peso del libro es superior al 30 % de su facturación anual. Lo que supone una media de 6,2 librerías independientes por cada 100.000 habitantes. Más del 96 % de las librerías se encuentran en municipios de más de 5.000 habitantes que concentran un 88 % de la población. Hay, por tanto, una parte de la ciudadanía a la que acudir a una librería le resulta algo más complicado, si bien no es imposible. De facilitarle la tarea se encarga TodosTusLibros.com, plataforma que, en la actualidad, agrupa a 665 librerías (y la cifra va en aumento). Todostuslibros.com es un servicio de consulta bibliográfica, de interacción con el público, difusión cultural y comercio del sector del libro fruto de la unión de las librerías a través de sus asociaciones y gremios representantes que forman parte de CEGAL y la colaboración de los diferentes operadores del sector (editores y distribuidores), con el apoyo de las instituciones públicas”.

Quien lee este cuaderno digital sabe que estas páginas están impregnadas de un amor profundo a las librerías, porque alguna vez he escrito que estos espacios, con el tiempo dentro, son la atención primaria del alma, siendo este el motivo por el que cuido la mía con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C. Amo la lectura, los libros, los libreros y libreras, las librerías y tengo un respeto casi reverencial a las personas que están detrás de cada página bien escrita, sobre todo con alma. De los que critican cada publicación y aconsejan su lectura. De cada persona que está detrás de este círculo virtuoso del libro en todas sus proyecciones posibles, librerías incluidas y sobre las que, repito, he escrito en muchas ocasiones en este cuaderno digital porque las admiro.

Las librerías son una antesala de las bibliotecas, a modo de atención primaria del alma, si consideramos lo manifestado anteriormente al considerar las citadas bibliotecas como lugares del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”. Nunca olvido el mensaje de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella, por su ilusión de poner una librería (que también tuve yo en una época de mi vida), que le jugaría al final una mala pasada por la invasión nazi en Italia, teniendo que explicar a su hijo Josué, de nombre hebreo, qué cartel van a poner en la librería para prohibir determinadas entradas como la que han leído al detenerse en un escaparate para ver un posible regalo para su madre: prohibida la entrada a hebreos y perros. Para quitar hierro a la dramática situación que está viviendo con su hijo, lo resuelve con una respuesta genial:

Josué: – Pero nosotros dejamos entrar a todo el mundo en la librería.
Guido: – ¡No, mañana mismo también pondremos un cartel! A ver dime algo que te caiga mal.
Josué: – Las arañas. ¿Y a ti?
Guido – ¡A mí, los visigodos! A partir de mañana vamos a poner un cartel que diga. “prohibida la entrada a las arañas y a los visigodos”. Me tienen frito los visigodos. Se acabó.

Guido era un judío pobre que tenía tres ilusiones en su vida humilde: abrir una librería, comprender bien a Schopenhauer (por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida) y saber distinguir el norte del sur (que también existe). Todo quedaría en nada excepto su dignidad humana y el ejemplo para su hijo en el campo de concentración, sin libros ya, casi sin nada. En la celebración del Día de la Librerías, estas palabras son un pequeño homenaje a los libros con alma y a Guido Orefice, un librero digno, como tantos miles que en este país, en esta Comunidad, intentan abrir sus puertas todos los días, para una comprensión de la vida diferente, porque casi todo está en los libros, hasta la posibilidad de ser más felices en tiempos de dolor y mudanzas del alma.

Hay silencios al leer que hablan por sí solos y que cuidan con mimo nuestra alma. Es el motivo principal de por qué se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que muchas veces no lo sabemos hacer. El alma busca siempre refugio en la dignidad humana, un cortafuegos que suele encontrar su sitio en libros preciosos para comprender la imprescindible condición humana de la libertad. Para que no se olvide en un día tan importante como hoy.

Las librerías son la atención primaria del alma y la lectura de los libros que compramos es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte que casi todo lo cura, porque casi todo está en los libros. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a las librerías y a las bibliotecas (incluidas las nuestras), salvando lo que haya que salvar, porque es verdad que a lo largo de nuestra vida necesitamos acudir al librero o librera de atención primaria o al especialista… en las clínicas del alma.

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No tengo que recordarte, democracia, porque nunca te olvido

Jamás te recuerdo, porque nunca te olvido

Enrique Bunbury, El rumbo de tus sueños

Sevilla, 10/XI/2022

Debería ser una de las declaraciones de amor social más importantes en la vida de las personas: no tengo que recordarte, democracia, porque nunca te olvido. Ante su llamativo ocaso (léase todo lo publicado ayer en las elecciones americanas), es urgente reivindicar su importancia para seguir viviendo en sociedad, a pesar de los esfuerzos que se hace a diario por muchos dirigentes y líderes sociales para condenarla al ostracismo. No hace falta ir a Estados Unidos o a Ucrania para aseverar esta realidad que clama al cielo que se pretende conquistar por muchos antidemócratas, porque en nuestro país es constatable con datos que hay signos evidentes de que vivir en democracia es algo que tenemos que recordar todos los días, porque la olvidamos con una facilidad pasmosa, sobre todo cuando falta diálogo para comprender que “todos no somos iguales” y que, por tanto, no podemos ni debemos pensar lo mismo y que se ha demostrado a lo largo de los siglos que es la mejor forma de convivencia humana cuando precisamente nada humano, incluso nuestro peor rostro, nos debería ser ajeno.

Creo que a tenor de lo expuesto anteriormente es urgente introducir en la programación de la escuela del mundo al revés, en la que estamos instalados en nuestro país,  una asignatura que llevara por título “Educación para la Democracia”, visto el fracaso que llevamos a nuestras espaldas democráticas con una que se llamó, no hace tanto tiempo, “Educación para la Ciudadanía”, acusada de forma torticera y sin compasión de “adoctrinamiento” en las escuelas de este país. En este contexto, he hecho un pequeño ejercicio democrático para demostrarlo, abriendo hoy un periódico de tirada nacional, con ramificaciones internacionales, que lucha por la información democrática (que también existe) al alcance de todos, en los que leo los siguientes titulares referidos a nuestro país, entre otros muchos: “El PP de Feijóo asume las tesis revisionistas de la extrema derecha sobre la memoria histórica”, “El Gobierno estudia si el homenaje de Almeida al golpista Millán-Astray vulnera la Ley de Memoria Democrática”, “La Fiscalía pide a Interior más grabaciones sobre la tragedia de Melilla”, “La confesión de Barrionuevo sobre el GAL fuerza al Gobierno a marcar distancias con la guerra sucia contra ETA”, “El Banco de España camufló el gastó de 1,2 millones de euros en dos piscinas para sus trabajadores”, “Los nuevos médicos de familia que huyen de Madrid: “Ofrecen contratos que son una vergüenza”, “Yolanda Díaz asegura que “la política no va de andar a tortas, va de sumar” y que hay “coalición progresista para rato” y, para terminar como botones de muestra, una nada aleccionadora: “El Parlamento [de Andalucía] frena una pregunta del PSOE al Gobierno de Moreno sobre la trama criminal que salpica a la alcaldesa de Marbella”, sabiendo que “La alcaldesa de Marbella adjudicó obras por más de 600.000 euros al “testaferro” de su hijastro procesado por narcotráfico”. Como vemos, todo muy edificante y aleccionador, con una realidad incuestionable: algo pasa con la democracia en este país y por lo menos algún medio nos ofrece noticias veraces para estar bien informados y poder actuar en consecuencia.

No hace falta ser Einstein para constatar que la democracia peligra día a día, por la radicalidad tan agresiva que se está instalando en la sociedad de este país al revés, de forma silenciosa, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies, que diría Eduardo Galeano. Los ocho botones de muestra señalados anteriormente, entresacados hoy de una primera página digital, muestran el mundo al revés de la democracia auténtica en nuestro país. Esta es la razón de por qué no debemos olvidarla nunca, para no tener que estar recordándola siempre. Estoy convencido de que la democracia hay que cuidarla cada día y con tres pilares de cuidados básicos que he reiterado en muchas ocasiones en este cuaderno digital: el primero, participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota, sabiendo que las ideologías no son inocentes y que todos los partidos no son lo mismo. De ahí la necesidad de recurrir a una información veraz y objetiva de los programas y del conocimiento de los líderes que los representan, con objeto de que cada persona pueda emitir juicios bien informados, no sólo en el momento de introducir el voto en la urna, sino también en la convivencia diaria, huyendo de silencios cómplices, en una permanente alborada democrática. El segundo pilar se centra en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en libertad de conciencia y acto del día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Libertad, porque es lo más preciado de lo que dispone el ser humano cada día en la tarea diaria de entrar en ella.

Finalmente, el tercer pilar nos obliga a pensar en el día después de las elecciones, en los días del después que llegan hasta hoy, por ejemplo, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con el voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político de la democracia, como el campo, es para quien la trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma.

En definitiva, lo que planteo es una alborada democrática, vigilante y continua, donde no tengamos que recordarla permanentemente, algo que sólo es posible cuando no la olvidamos ni siquiera un momento.  

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de Significado De Democracia, Características, Orígenes Y Usos. (quesignifica.tv)  

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Los utopianos no tenemos remedio

Sevilla,9/XI/2022

Cuando preparaba el pasado 29 de octubre el artículo dedicado a la Feria del Libro en Sevilla, descubrí en una imagen de promoción del citado evento el título de un libro que me llamó poderosamente la atención, Utopía no es una isla. Catálogo de mundos mejores, escrito con primor por Layla Martínez (Madrid, 1987), mucho más cuando todo el mundo que se acerca a este cuaderno digital sabe que busco siempre islas desconocidas en mi acontecer diario. Visto, dicho y hecho, porque lo compré en la Feria y lo leí apasionadamente, en tiempos en los que las personas con pensamiento utópico o utopianos (los habitantes de Utopía, en la clave de Tomás Moro), una especie en peligro de extinción, seguimos trabajando todos los días para que otro mundo sea posible para todos, persiguiendo siempre el interés general, no el individual o privativo.

El libro no defrauda a quien se acerque a él para seguir aprendiendo lo que significa la palabra “utopía” en este loco mundo, con tantas tentaciones de bajarnos de él, si lográramos pararlo siquiera un momento o, como navego a diario en singladuras complicadas de entender, tirarnos del barco en el que cada uno viaja por la vida, aunque ya he manifestado en muchas ocasiones que lo hago siempre en patera, una embarcación muy frágil, sin quilla, que avanza por mares procelosos sin protección alguna, fundamentalmente porque todos no vamos en el mismo barco, como se suelen rematar conversaciones imposibles, porque no voy con “todos” de forma gregaria y con pensamiento único, sino protegido tan sólo por el chaleco salvavidas de la igualdad, libertad y fraternidad para todos. Y así nos va a veces a los utópicos o utopianos en sentido estricto, solos ante el peligro de vivir y soñar de forma diferente.

La sinopsis oficial del libro puede ayudar a comprender mejor su contenido, recomendable para compañeros de viaje hacia alguna parte de las utopías posibles: «Las distopías reflejan nuestras ansiedades colectivas en el marco cultural de la posmodernidad. A diferencia de lo que sucedía en la modernidad, ya no creemos que el futuro esté ligado al progreso y vaya a ser necesariamente mejor. Se ha convertido en algo que nos produce miedo y ansiedad, así́ que creamos productos culturales que tratan de alertar sobre los riesgos de ir a peor, sobre los peligros que nos esperan a la vuelta de la esquina. Es lógico, pero el efecto combinado ha sido devastador. Los productos culturales reflejan la realidad, pero al hacerlo, también la crean. Imaginar futuros peores nos ha quitado la capacidad de pensar en un porvenir mejor. (…) Esto ha resultado enormemente funcional para el neoliberalismo capitalista, que ha utilizado la producción cultural de distopías a su favor, para mantener el orden actual y evitar los cambios. Si solo imaginamos un futuro peor, el presente nos parecerá́ admisible y no lucharemos para cambiar las cosas». El futuro está cegado, no nos espera nada mejor de lo que hay. Esa podría ser la conclusión, a juzgar por los mensajes políticos, culturales y mediáticos que nos llegan cada día. Pero ante otros futuros igualmente oscuros, muchos y muchas decidieron imaginar mundos mejores y trabajar por ellos. En Utopía no es una isla, Layla Martínez recupera proyectos utópicos pasados que nos devuelvan la capacidad de imaginar y que nos guíen para construir un futuro en el que merezca la pena vivir”.

Por sólo 8 euros (¡ay, la diferencia entre valor y precio!), podemos aproximarnos a un análisis riguroso en este libro breve que, por eso mismo, es dos veces bueno, recordando a Baltasar Gracián. Todo el libro es un manual para comprender bien la intrahistoria de las utopías, más allá de la archifamosa de Tomás Moro, a quien apeo de la santidad interesada por siglos, agradeciéndole siempre que un día decidiera escribir una historia contada de forma prodigiosa para la posteridad, aunque en su realidad todo fuera mucho más duro de lo que exponía en una isla de nombre Utopía. Leyendo sus conclusiones, me quedo con una reflexión que me ha animado de nuevo a salir hoy de mí mismo, en una nueva singladura para buscar una isla desconocida que me permita vivir apasionadamente junto a los que piensan que otro mundo es posible: “En nuestro mundo no parece haber lugar para la esperanza. Cuando pensamos en el futuro, casi todos nosotros pensamos en un planeta devastado, una sociedad totalitaria, un capitalismo salvaje gobernado por grandes corporaciones. Ni siquiera la izquierda radical parece creer en serio en la posibilidad de una revolución, de una sociedad libre de explotación y dominación. En el mejor de los casos, solo somos capaces de imaginar pequeños cambios, reformas tímidas. Pero en realidad, ¿qué lo impide?”, cuando se constata que el capitalismo tiene grietas por todas partes, aunque es verdad que “ha colonizado nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestros afectos con más intensidad que en ningún otro momento de la historia: “La desesperanza es pura propaganda. El cambio es difícil, pero no es imposible. Quizá lo que nos toque ahora sea imaginar esa posibilidad, pensar en cómo es la sociedad que queremos y cómo llegaremos a ella, construir la ideología y el movimiento contrahegemónico que va a ser capaz de enfrentarse al neoliberalismo capitalista en el marco cultural de la posmodernidad. Esa ideología y ese movimiento tomarán lo mejor del pasado, pero también elementos nuevos que les permitirán ser más eficaces”.

En una segunda lectura de este libro tan interesante para vivir dignamente en la lucha por las utopías legítimas, vuelvo a reforzar al mismo tiempo mi creencia en “el principio esperanza”, del que recientemente he expuesto una declaración personal de principios porque, ante una utopía imprescindible en mi vida, no tengo otro para seguir navegando a diario en mares procelosos de indignidad, mediocridad y mentiras: “El éxito filosófico de Bloch, con su teoría del principio “esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia del ser humano sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión, de cualquier religión, incluso la digital, que también existe, como explica bien Byung-Chul Han cuando cita como causa de esta ausencia de espíritu revolucionario al estar sometida la Humanidad al teléfono inteligente”, en un artículo reciente publicado en el diario El País, Seis motivos por los que hoy no es posible la revolución, que también he comentado en páginas de este cuaderno de derrota en términos marinos. Es verdad lo expuesto, porque sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío? (Libro de las preguntas, IV), aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos de tanto dolor y deseperanza. También, a vencer las resistencias expuestas por Byung-Chul Han al analizar la sociedad actual, porque estoy convencido de que inmersos en el principio esperanza podemos vencer los seis motivos expuestos por él: “El capitalismo del ‘me gusta’, el narcisismo creciente y el imperio del ‘smartphone’ sofocan cualquier tipo de levantamiento. Lo que necesitamos, sostiene el filósofo Byung-Chul Han, es un espíritu de esperanza”, así como el de la conjunción en uno mismo de la dialéctica amo-esclavo (no es el amo quien me explota, sino que yo me exploto a mí mismo. Soy a la vez amo y esclavo. En esta sociedad de flagelantes no es posible la revolución), la cólera que no nos mueve y con-mueve al haber sido desbancada por la indignación o por el descontento, “que son sentimientos incapaces de provocar cambios drásticos” y, por último, la parálisis actual fomentada por la angustia y el miedo diario a vivir, a la libertad, en definitiva. Estos motivos son los que hoy detienen y anulan la posibilidad de que la revolución social aparezca en nuestra sociedad ante el hartazgo del Universo Capitalista y Neoliberal que nos invade, para que vencido el miedo podamos caminar por donde se abran las grandes alamedas por donde pasemos las personas libres, utopians al fin y al cabo, que deseamos construir una sociedad mejor para todos.

Una cosa más. En las páginas finales del libro, las de salvaguarda y cortesía, aparece esta mención muy significativa y simbólica: “Este libro se terminó de imprimir en abril de 2022, más de tres siglos después de que los piratas Misson y Caracciolo fundaran Libertaria en la isla de Madagascar”. Un ejemplo de que la memoria democrática de las utopías demuestra el interés de muchas personas por alcanzar una vida plena en otro mundo, con diversos nombres pero siempre como un deseo, de determinadas personas, de regar todos los días con rocío la esperanzas de vivir en un mundo diferente y perfectamente posible.

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Acabemos con los silencios cómplices del Mundial de Qatar 2022

campaña #PayUpFIFA

Sevilla, 8/XI/2022

Todo el mundo lo sabe, pero los silencios cómplices han sido y son clamorosos. Sobre Qatar llevamos doce años de sospechas en relación con la elección como sede del Mundial de Fútbol 2022, así como del impacto de sus leyes laborales y sociales, aplicadas a los trabajadores migrantes que a lo largo de estos años han trabajado en unas condiciones durísimas, que han costado alrededor de 6.000 vidas, como dato verdaderamente conmovedor, para que el próximo 20 de noviembre comience esta competición como si no hubiera pasado nada. Ha tenido que ser un tal Jürgen Klopp, entrenador del Liverpool, quien ha alzado la voz sin tapujos llamando las cosas por su nombre con estas manifestaciones literales y con el ánimo de romper de una vez por todas los silencios cómplices en torno a este campeonato: «No me gusta el hecho de que ahora los jugadores de vez en cuando se encuentran en una situación en la que tienen que enviar un mensaje», «(Estamos) ahora diciéndoles a los jugadores, ‘tienes que usar este brazalete o si no lo haces entonces no estás de este lado. Y si lo haces, estás de este lado'», «No está bien. Los futbolistas tienen que ir a Qatar a jugar y hacerlo lo mejor que puedan para sus países. Pero ellos (los jugadores) no tienen nada que ver con las circunstancias». «Todos dejamos que pasara… está ahí y está bien. Porque hace 12 años nadie hizo nada. No podemos cambiarlo ahora», «La forma en que sucedió (la elección de la sede) no estuvo bien en primer lugar. Pero ahora esto está ahí. Dejen jugar a los futbolistas y trabajar a los entrenadores», para acabar diciendo que “No pongan a Gareth Southgate (seleccionador de Inglaterra) constantemente en una situación en la que tenga que hablar de todo. No soy un político, él no es un político. Es el entrenador de Inglaterra, dejen que haga eso».

Tengo que reconocer que la música del fútbol nunca me supo levantar el ánimo, pero este fenómeno social tan desgarrador conviene que sea denunciado al mundo mundial, porque es muy grave lo que ha pasado y no debería quedar impune e inmune. Amnistía Internacional lo ha denunciado en reiteradas ocasiones pero la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), organizadora del evento, ha mirado siempre para otro lado. Los datos sobre cómo se ha tratado a los trabajadores migrantes en las obras de las infraestructuras de este Mundial de Fútbol, estremecen el alma humana y prueba de ello es que Amnistía Internacional encargó la  elaboración de una encuesta mundial, en la que “se muestra un abrumador apoyo a la propuesta de que la FIFA indemnice a las personas migrantes que trabajaron en la preparación de la Copa del Mundo”. Los principales resultados muestran que el 73% de las personas encuestadas apoyan la propuesta de que la FIFA destine parte del dinero generado por la Copa Mundial 2022 a indemnizar a los trabajadores y trabajadoras migrantes. El 67% quieren que sus asociaciones nacionales de fútbol denuncien públicamente los problemas de derechos humanos ligados a la Copa Mundial de Qatar 2022, y que se indemnice a los trabajadores y trabajadoras migrantes. Entre los países que han participado en esta encuesta está España que ha obtenido un resultado del 71% de apoyo a la indemnización citada.

Otros datos que aporta Amnistía Internacional refuerzan el contenido de esta propuesta: “Estos resultados transmiten un claro mensaje a las altas esferas del fútbol: en todo el mundo la gente coincide en su deseo de que la FIFA dé un paso adelante y compense por su sufrimiento a los trabajadores y trabajadoras migrantes en Qatar. También quiere que sus asociaciones nacionales de fútbol adopten una postura mucho más firme”, ha declarado Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional. “A menos de 50 días del inicio del evento [en el momento de hacerse pública la noticia], ya ha comenzado la cuenta atrás, pero aún hay tiempo de que la FIFA haga lo que debe. Las personas aficionadas al fútbol no quieren una Copa Mundial manchada indeleblemente por abusos contra los derechos humanos. No se puede cambiar el pasado, pero un programa de indemnización sería una manera clara y sencilla de que la FIFA y Qatar proporcionen al menos algunas medidas de reparación a los cientos de miles de personas que con su trabajo hicieron posible este torneo.”

Según se informa en la sede oficial de Amnistía Internacional, “Los resultados de la encuesta respaldan la campaña #PayUpFIFA lanzada por una coalición de organizaciones de derechos humanos —entre ellas Amnistía Internacional—, grupos de aficionados y sindicatos en mayo de 2022, que pide a la FIFA que reserve una suma para indemnizar a los trabajadores y trabajadoras y evitar futuros abusos. La coalición pide que la FIFA destine como mínimo 440 millones de dólares estadounidenses al fondo, una cantidad equivalente a la dotación en premios de la Copa Mundial. Se calcula que los ingresos que obtendrá la FIFA del torneo serán de 6.000 millones de dólares. Doce días antes de la inauguración del Mundial de Fútbol en Qatar y tras el lanzamiento de la campaña #PayUpFIFA, se sabe que la FIFA ha dicho a Amnistía Internacional que está considerando la propuesta, pero hasta la fecha no ha dado ninguna respuesta pública. El silencio cómplice sigue su camino. Klopp llevaba toda la razón en sus manifestaciones del pasado viernes, porque simbólicamente todo no puede quedar en llevar testimonialmente un brazalete con el arco iris para dejar claro que el mundo mundial está al lado del movimientos de lucha para defender derechos sociales, cuando sabemos qué es lo que ha pasado bajo el césped de esos estadios y los miles de trabajadores que han muerto por accidentes laborales durante la construcción y puesta a punto de todas la infraestructuras del Mundial en Qatar.

Animo a quien lea estas líneas que participen en la campaña #PayUpFIFA, promovida por una coalición de organizaciones de derechos humanos. Será una forma digna de “asistir” a este Mundial y no seguir participando de silencios cómplices. La población migrante trabajadora en Qatar y sus familias lo agradecerán, siendo un homenaje también a los que perdieron la vida durante su faraónica construcción para este evento, porque sus familias merecen nuestro recuerdo y apoyo social, justo y solidario.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.  

Pensemos menos (en la moda), repitamos más

Steven Pinker / Elizabeth Duval

Sevilla, 7/XI/2022

Paseando el sábado por las aceras de Sevilla, a las que la urbanista Jane Jacobs alababa en un texto suyo muy divulgado, “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en las calles y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1), encontré una frase sorprendente en un escaparate de una tienda de un modista español, con la figura enigmática de un psicólogo canadiense que he estudiado mucho desde hace ya bastantes años, Steven Pinker, en la que se resaltaba un mensaje importante: REPITE MÁS. PIENSA MENOS. Sé más viejo. La verdad es que me asombró ver una imagen de Pinker en una tienda de Adolfo Domínguez participando en una campaña publicitaria, aunque cuando he investigado el origen de la misma tengo que confesar que me ha parecido una buena idea, en su fondo y forma, digna de compartirla en la Noosfera, aunque tengo ciertos reparos al hacerlo respecto de un modista que tiene su precio, al que da suma importancia, por encima incluso del valor de esta campaña, por ejemplo, al pertenecer a la élite de una moda “cara” que ahora casi renuncia a ella. Espero que quien lea esta reflexión en alta letra sepa distinguir siempre valor y precio, a diferencia de lo que suele hacer habitualmente “todo necio”, haciendo caso de la advertencia ética de Antonio Machado incluso al acercarnos al mundo de la moda.

El propio Pinker lo comenta en un video promocional de la campaña, del que no he perdido detalle de su guion, con una entradilla muy sugerente: Dicen que pensar nos hace más libres. Según Steven Pinker, uno de los pensadores más influyentes de este siglo, no siempre es así: “Los ciclos de la moda se mueven bajos dos normas. La primera es: intenta parecerte a quienes tengan un poco más de prestigio que tú. Puede que un poco más ricos, más actuales, más conectados con las élites. Pero si estás arriba intenta no parecerte a los de abajo. Vivimos en una era en que los estilos de la élite son fáciles de replicar, porque los costes de producción son más baratos. Así, es muy fácil destacar para las personas que están arriba, porque todos quieren copiarles y pueden permitírselo. Ser rico no te protege ante todos los demás que quieren imitarte, no es como hace un siglo cuando los ricos llevaban pieles y sedas y nadie se lo podía permitir. Ahora cualquiera puede permitirse comprar falsa seda y piel sintética. Lo que pasa entonces es que tenemos ciclos en la moda, en los que la gente quiere parecer que es alguien, que forman parte de la élite más alta, hasta que pasan a otra moda, una que los de abajo todavía no siguen y, así, se vuelve a repetir el ciclo en el que la gente de un nivel más abajo trata de imitarlos y la gente dos niveles más abajo trata de imitar a los de un nivel más arriba hasta que todo se filtra hasta llegar al público general. Después, los de arriba tienen que adoptar un estilo nuevo y vuelta a empezar. Esto puede ser un tipo de tiranía para ambas partes. Los de abajo siempre están buscando un referente al que parecerse para no ser demasiado humilde, o con poco estilo; los de arriba siempre desesperados para no parecerse al resto. Es demasiada energía mental, que estamos consumiendo constantemente. Pero podemos intentar buscar un equilibrio y no ser esclavos tanto de imitar a la gente por encima como de diferenciarnos de los demás. Puedes querer parecerte a un miembro funcional y atento de la sociedad, que te fijas en lo que todos visten, pero no puedes dejar que eso determine tu identidad, que borre tu individualidad o gaste toda tu energía mental. REPITE MÁS. PIENSA MENOS”. Y con una rúbrica final: Sé más viejo. ADOLFO DOMÍNGUEZ. Se cierra su referencia con las siguiente frase: Demasiado tiempo dedicado a decisiones irrelevantes. Demasiadas cosas en la cabeza. ¿Y si la ropa dejara de ser una de ellas?

Junto a esta exposición mediática de Pinker aparece también en la campaña la voz de una filósofa española muy joven, Elizabeth Duval, “una de las nuevas voces de la filosofía española”, que cree que “viviríamos mejor si no pensáramos en tantas cosas”. También desarrolla este pensamiento en plena campaña publicitaria, Pensar menos en lo que está de moda, en reinventarse cada día, en gustar a los demás. Liberar espacio para las cosas que importan. Repetir más la ropa que mejor te sienta por pura sostenibilidad: sostenibilidad mental: “Intento no tomar tantas pequeñas decisiones para poder centrarme en lo importante ¿No? A veces es inevitable la cantidad de decisiones que tienes que tomar. Hay casi una obligación, muchas veces, a estrenar ropa o no estar repitiendo prendas. Así que una decisión tan aparentemente libre incluso, cómo la decisión de qué voy a comer o la decisión de qué voy a ponerme, la decisión de la ropa, realmente tiene mucho de circulación en una esfera determinada de modos de existir y modos de vida que están determinados. Hay un componente en el que tengamos esas pequeñas decisiones para escoger o no cómo consumimos, yo creo que encasillados estamos siempre y que por más que lo intentemos sólo podemos conocer qué es lo que nos lleva a estar encasillados. No se trata tanto de agradar al grupo, como de ser consciente de que con la ropa, o con cualquier cuestión que tenga que ver con la apariencia, se están mandando mensajes o significado constantemente. REPITE MÁS. PIENSA MENOS”. Y otra vez la rúbrica final: Sé más viejo. ADOLFO DOMÍNGUEZ.

Son dos variaciones sobre el mismo tema, desde perspectivas de edad y conocimiento diferentes, pero que coinciden en dar a la ropa un valor relativo, porque hay que creer en la sostenibilidad mental sabiendo prescindir de gasto de energía mental aparentemente inútil. Al visualizar esta campaña en una acera de Sevilla y conocer posteriormente su mensaje de calado, he recordado que no hay nada nuevo bajo el sol, recordando una anécdota que he recogido en este cuaderno digital en diversas ocasiones y que hoy utilizo de nuevo como cierre de este artículo, con una campaña promocional de la dignidad humana, en una clave que ya tierne muchos años, incluso veinticinco siglos, no importándome para nada atribuirme hoy la firma de la campaña de Adolfo Domínguez. Soy viejo, que descubrí el sábado en una acera de Sevilla, a las que tanto amaba Jane Jacobs. Aquella campaña histórica de dignidad humana estuvo servida, porque estando un día Diógenes en los baños, al mismo tiempo que Aristipo de Cirene, el cirenaico, éste, al salir, cambió su vestidura purpúrea por la túnica desgarrada de Diógenes. Y cuando Diógenes se dio cuenta, se puso rabioso y de ninguna manera quiso ponerse el vestido purpúreo. ¿Por qué? En definitiva, se podría observar la vanidad de Diógenes a través de los agujeros de su túnica, porque dejaba de ser él al vestirse de púrpura y esto constituía un grave problema de representación, cara a los espectadores. Probablemente, Adolfo Domínguez no conozca esta historia de Diógenes de Sinope, cínico por definición, que pasó su vida buscando a personas de bien ante tanta mediocridad humana, al que nunca importó llegar a ser viejo aprendiendo de sus propios errores.

(1) Jacobs, Jane,  Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, 1961. Nueva York: Vintage, pág. 50.

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Las esperanzas que engrandecen la democracia deben regarse con rocío

¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, IV

Sevilla, 6/XI/2022

El filósofo surcoreano y arraigado en Alemania desde su juventud, Byung-Chul Han, sobre el que ya he escrito recientemente en este cuaderno digital por su peculiar forma de aprehender la vida, ha publicado un artículo en el diario El País, Seis motivos por los que hoy no es posible la revolución,  que no creo que deje indiferente a nadie que se pre-ocupe (así, con guion) por fortalecer la democracia a diario: “El capitalismo del ‘me gusta’, el narcisismo creciente y el imperio del ‘smartphone’ sofocan cualquier tipo de levantamiento. Lo que necesitamos, sostiene el filósofo Byung-Chul Han, es un espíritu de esperanza”. Junto a estos motivos, cita otros tres, el de la conjunción en uno mismo de la dialéctica amo-esclavo (no es el amo quien me explota, sino que yo me exploto a mí mismo. Soy a la vez amo y esclavo. En esta sociedad de flagelantes no es posible la revolución), la cólera que no nos mueve y con-mueve al haber sido desbancada por la indignación o por el descontento, “que son sentimientos incapaces de provocar cambios drásticos” y, por último, la parálisis actual fomentada por la angustia y el miedo diario a vivir, a la libertad, en definitiva.

Finaliza su exposición haciendo un canto a la esperanza: “La fuerza opuesta, el antídoto a la angustia, es la esperanza. La esperanza nos une, crea comunidad y genera solidaridad. Es el germen de la revolución. Es un brío, un salto. Bloch dice incluso que la esperanza es “un sentimiento militante”. Ella “enarbola el estandarte”. Nos abre los ojos para una vida distinta y mejor. La angustia se nutre de lo pasado y del resentimiento. La esperanza abre el futuro. Lo único que puede salvarnos es el espíritu de la esperanza. Solo ella despliega el horizonte de sentido, que reanima y estimula la vida, y hasta la inspira”.

En esta breve descripción de la teoría expuesta por Byung-Chul Han, hay un trasfondo en el que creo profundamente, la fuerza transformadora de la sociedad basada en el principio esperanza, en una versión laica de la teoría expuesta por Ernst Bloch en el siglo pasado, algo que hoy más que nunca necesita ser regado con rocío cada mañana de nuestra vida. Recuerdo en tal sentido algo que me hizo reflexionar bastante cuando leí las preguntas de Neruda, cuando planteaba en el capítulo IV del Libro de las preguntas cuatro interrogantes muy llamativos que pueden tener respuesta dependiendo del color del cristal con el que se miren. De las cuatro, me quedo hoy de nuevo con la cuarta, ¿Es verdad que las esperanzas deben regarse con rocío?, porque el análisis de Byung-Chul Han es bastante demoledor en su justa lectura y porque en las circunstancias temporales actuales hay que buscar apasionadamente las esperanzas, tantas como ilusiones y sueños democráticos tengamos en la actualidad, aplicando indefectiblemente el principio de realidad, pero siendo conscientes de que necesitan “regarse con rocío” constantemente. Su ideología no era inocente, como militante del partido comunista chileno, según he manifestado en reiteradas ocasiones en este cuaderno digital al citar al filósofo neomarxista Georg Lukács (1885-1971), en El asalto a la razón: “[…] no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).

Hace 45 años escribí un artículo sobre un gran teórico de la esperanza, Ernst Bloch, citado ahora en el artículo de referencia, porque siempre ha sido una virtud que he cuidado en mi azarosa vida, en una permanente búsqueda de islas desconocidas. Decía en aquella ocasión que cuando muere un filósofo, el ser humano [él decía “hombre”, en un contexto filosófico universal del ser humano] se resiente, porque es algo parecido a que la vida se roba sabiduría a sí misma. La obra de Ernst Bloch, me obligaba en mi juventud, de una forma u otra, a recordar algunas reflexiones suyas que todavía hoy aportan luz en el camino de búsqueda de la verdad a través de la esperanza. Bloch, por encima de teorías y prácticas, era filósofo. Su espíritu abierto y en camino le hizo adoptar una postura de sabio ante un mundo pluriforme. Era hijo de su época y debido a su experiencia frente al irracionalismo, su filosofía se hace más auténtica, más veraz. En definitiva, su “marxismo” era muy puro, bien estructurado, enormemente esperanzador. Aquí radica la quintaesencia de su doctrina: concebir la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia, es decir, la posibilidad permanente de que el ser humano se realice plenamente en comunión con otros.

Para esto es necesario, por encima de todo, vivir una fe secular con la fuerza del mensaje mesiánico, salvador del mundo capitalista, que aporta el marxismo. Para Bloch, el primer fallo del marxismo llamado oficial radica en su negación de la religión como dínamis, como fuerza arrolladora que es capaz de saciar el hambre de realización personal que tiene todo ser humano. Es un planteamiento idealista, pero quizá el único camino. Bloch insiste en la profundización del marxismo como idealismo impregnado de realidad, que lleva a la revolución social dentro de unos parámetros humanos, no estrictamente materiales. Planteamos así una perspectiva de futuro donde el ser humano es el gran artífice del mundo, sirviéndose de la naturaleza, de los valores morales e incluso de la estética. Indicaba también, que no debemos olvidar su conexión con el pensamiento de Georg Lukács. La realidad analizada por Bloch no es un todo presente, ya hecho. Si existe la realidad es gracias a un proceso (su famoso ya, pero todavía no). Y si hay proceso, hay pasado, presente y futuro. Este futuro-presente es, para Bloch, la autoconciencia.

Esta realidad-futuro-presente es dialéctica y asume sus limitaciones propias. La filosofía sería la encargada de transformar el mundo de la dialéctica sujeto-objeto, llevando al hombre al autoconvencimiento de la necesidad de desaparición del proletariado: “La filosofía no puede realizarse sin la supresión del proletariado y el proletariado no puede autosuprimirse sin que se realice la filosofía”. En un mundo dominado por la economía, Bloch se admira del poder intelectual y cultural como agentes transformadores de la sociedad, donde el ser humano, una vez más, es el centro por la asunción de su conciencia. Frente al principio materialista de Marx de que la realidad social determina la conciencia del hombre, Bloch presenta a la conciencia individual del hombre como determinante de la historia y de su historia, enfrentándose cotidianamente con la insatisfacción humana vivida en necesidad y negación. Por ello, el ser humano lucha por alcanzar su plenitud. El hecho es que todavía no la ha alcanzado. Esta “hambre cósmica” se experimenta en el deseo de alcanzar un sentido pleno de la vida: “La sustancia, la materia humana no está todavía ni determinada ni completa sino que se halla en un estado utópico abierto, un estado en el que todavía no ha aparecido su auto-identidad. Por consiguiente, no sólo el existente específico, sino toda la existencia dada y aún el mismo ser tiene márgenes utópicos que rodean la actualidad con posibilidades reales y positivas”.

La esperanza surge al experimentar el ser humano que si todavía no ha alcanzado el futuro, el presente no es el fin. Y el hecho de vivir éste no le motiva para lograr la plenitud de su ser. Esta hambre es impulso cósmico y la esperanza consiste en dejarse impregnar de este impulso. El ser humano no acaba su existencia con la muerte. Aquí Bloch se separaba una vez más del marxismo oficial. Argumentaba que una lucha por un no existencial, no tendría sentido. Es necesaria, por tanto, la inmortalidad personal. El proceso de unión de almas cantará un día la sociedad sin clases, siempre y cuando el hombre no abandone la lucha en el sentido de que todo cuanto vivimos y experimentamos todavía no es la realización plena o el futuro aparentemente “utópico”.

Leyendo a Byung-Chul Han he querido compartir hoy, de nuevo, un principio ético llamado “esperanza”, que he mantenido en mi vida y que he ido alimentando hasta hoy de lecturas ideológicas no inocentes. El éxito filosófico de Bloch, con su teoría del principio “esperanza”, fue demostrarnos que tenemos que llegar a ser “ateos” por la gracia de Dios, es decir, hay que creer en la trascendencia del ser humano sin un Trascendente alienador. Por ello, hay que rechazar de base la superstición y la mitología de la religión, de cualquier religión, incluso la digital, que también existe, como explica bien Byung-Chul Han cuando cita como causa de esta ausencia de espíritu revolucionario al estar sometida la Humanidad al teléfono inteligente. Sólo así, el ser humano adquirirá su desarrollo pleno. En definitiva, permitirá regar con rocío, todos los días, las esperanzas legítimas que cada uno tiene, dando respuesta a la pregunta profunda de Neruda, aprendiendo a ser felices cada día, una experiencia de esperanza en el amor, entre otras, como hambre cósmica en tiempos de coronavirus. También, a vencer las resistencias expuestas por Byung-Chul Han al analizar la sociedad actual, porque estoy convencido de que inmersos en el principio esperanza podemos vencer los seis motivos expuestos por él que, hoy, detienen y anulan la posibilidad de que la revolución social aparezca en nuestra sociedad ante el hartazgo del Universo Capitalista y Neoliberal que nos invade, para que vencido el miedo podamos caminar por donde se abran las grandes alamedas por donde pasemos las personas libres que deseamos construir una sociedad mejor.

(1) Lukács, G., El asalto a la razón, 1976. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.

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He leído cartas perdidas en la desmemoria de este país

Que mi nombre no se borre en la historia

Súplica de Julia Conesa Conesa, una de las “trece rosas” fusiladas en Madrid por la dictadura franquista, el 5 de agosto de 1939, por su “responsabilidad de un delito de adhesión a la rebelión”, en una carta dirigida a su familia horas antes de su muerte.

Sevilla, 5/XI/2022

Dedicado a Manuela, cuyo azul de sus ojos representaba siempre su exilio interior, sin palabras, con el cielo dentro.

Esta semana hemos tenido la oportunidad de recordar momentos trágicos de la guerra civil, aquí, en Sevilla, con motivo de la exhumación y traslado de los restos del general Gonzalo Queipo de Llano y de Francisco Bohórquez Vecina, menos conocido pero que fue auditor de guerra y responsable de la ejecución de sentencias con aplicación de bando de guerra, que durante muchos, muchísimos años, han estado enterrados incomprensiblemente en la Basílica de la Macarena, a los que sólo quiero citar una vez y nada más, dando por cumplido un mandato propiciado por la nueva Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática, que entró en vigor el pasado 21 de octubre.

En este contexto, se estrenó ayer en los cines de este país un documental, Las cartas perdidas, que constituye un homenaje explícito a las mujeres que no respondían al ideario fascista de la dictadura, sin más, representado por las dos personas citadas anteriormente, por ejemplo, que se reflejó simbólicamente y a lo largo de los años en el comportamiento del Régimen ante las “trece rosas”, contextualizado ahora en cartas reales y perdidas de algunas mujeres, tal y como se muestra en esta película, que se estrenó en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), celebrada en octubre de 2021, en la que la directora, Amparo Climent, autora también del guion,  manifestó que “España está llena de rosas”. La sinopsis deja clara su intencionalidad, porque es un documental no inocente: “Las cartas perdidas es un recorrido visual, auditivo y emocional, donde el espectador viaja a una parte silenciada de nuestra historia a través de los relatos de las mujeres que padecieron una doble persecución: ideológica y de género. Estas cartas, reales e inéditas, así como los textos basados en sus vivencias están Interpretadas por grandes actrices, en las localizaciones donde sucedieron los hechos de los que se habla en el documental, unidas por el hilo conductor de la narradora Ana Belén. El filme se apoya en fotografías y documentos inéditos cedidos por familiares de las represaliadas, así como canciones de aquellos tiempos y nuevas composiciones originales creadas especialmente para la película”.

El rodaje tuvo lugar durante la pandemia y sujeto a muchas restricciones por motivos de salud pública, lo que propició un clima especial de camaradería en todo el equipo de filmación. Su hilo conductor, algunas cartas que llegaron a su destino y que se escondieron en dobladillos por temor, en representación de las que no se pudieron enviar y que nunca llegaron a su destino, son las que nunca deberían haberse escrito. De ahí este homenaje cinematográfico. Para comprender mejor su contexto histórico, se centra el documental en cuatro apartados históricos: el Golpe de Estado y la Guerra, el Exilio, la Cárcel y la Pena de Muerte. Cada uno tiene un fondo de color simbólico, que explica la directora para comprender mejor su contexto:La guerra es el rojo de la sangre, la fuerza, la dureza de todo lo que ocurre. El exilio es el azul, el color de la lejanía, la distancia o el camino. El gris es la cárcel, que no hace falta ni explicarlo, es el que más claro está. Y el blanco que es la pena de muerte, el final de la vida”.

Me quedo con el texto completo de la carta de Julia Conesa Conesa, dirigida a su familia horas antes de ser fusilada junto a doce compañeras, las “trece rosas”, en la madrugada del 5 de agosto de 1939: “Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar”. Julia cerraba su carta con una súplica, “que mi nombre no se borre en la historia”. Hoy, he procurado que su nombre no se borre en esta historia dolorosa que he contado y que una directora ejemplar, Amparo Climent, ha llevado al cine, junto a las protagonistas de otras cartas anónimas, para que sus ejemplos de vida no se olviden por la desmemoria antidemocrática, que desgraciadamente también existe.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

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Geena Davis o cómo renacer a una nueva vida

Geena Davis, Dying of Politeness, 2022 / Thelma (dcha.), en Thelma y Louise, 1991, junto a Susan Sarandon.

Sevilla, 4/XI/2022

En mi búsqueda incesante de islas desconocidas sigo siempre, atentamente, la recomendación de José Saramago en su cuento homónimo, porque lo más importante a la hora de emprender un viaje a cada Ítaca íntima, es que no olvidemos que esa isla somos nosotros mismos, escuchando atentamente también a la mujer de la limpieza en las dependencias del rey: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

En una nueva singladura, saliendo de mí, he descubierto la soledad sonora de la actriz americana, Geena Davis, “oscarizada” en dos ocasiones, que recordaremos siempre por su papel de Thelma en una película extraordinaria, Thelma y Louise, que probablemente forme parte de muchas filmotecas del almas errantes por este difícil mundo que nos rodea a diario. Ha sido con ocasión de la publicación de Dying of politeness, algo así como Morir de buena educación, en un artículo, El teorema de Geena Davis: cómo se libró de todos los ‘pesados’ de Hollywood para proteger la tensión sexual de sus personajes, del que recomiendo su lectura completa para comprender el título de una vida, más que el del propio libro, en la que Geena Davis cuenta el sufrimiento por las barreras de acero que le impuso siempre la “buena educación”, aprendida e introyectada desde su infancia y que la marcó para siempre.

Aborda fundamentalmente los problemas que su género le planteó siempre y que llegada a la madurez cinematográfica le permitió dar un giro copernicano a su vida y dedicarla a lo que es su gran empeño desde hace veinticinco años, el Instituto Geena Davis de Género en los Medios de Comunicación, aportando datos de sumo interés para identificar la brecha digital en el mundo del cine, por ejemplo: “Un día llevó a su hija, que tenía entonces dos años (la actriz tuvo una hija, Alizeh, a los 46 años, y gemelos, Kaiis y Kian, a los 48) a una obra de teatro infantil y se dio cuenta de que aparecían más personajes masculinos y femeninos. Empezó a preguntar a todo el mundo por eso, con el estilo inquisitivo que había aprendido de su amiga Susan Sarandon aunque aún con los “perdones” y los “porfavores” de Nueva Inglaterra. “Me di cuenta de que estábamos enseñando a los niños desde el minuto uno a tener un sesgo de género si ven a los chicos hacer todas las cosas interesantes e importantes y a las chicas a un lado animándolos o acompañándolos”, dice en la misma entrevista. Empezó a contarlo por Hollywood y, al parecer, todo el mundo le decía: no, pero eso ya está arreglado. Entonces, financió un informe de gran alcance sobre los roles de género en las series y las películas infantiles y los datos le dieron la razón. Por cada 16 personajes masculinos en los productos para niños, aparecía uno femenino y solo el 29% de los personajes con diálogos se identifican como mujeres. Es así como empezó a tomar forma el Geena Davis Institute on Gender in Media, que se dedica solo a la investigación y es ahora una fuente de datos primordial en estudios de género. En su siguiente gran informe contabilizaron que solo el 8% de directores son mujeres, el 19% de los productores y el 13, 6% de los guionistas, aunque los números han ido mejorando lentamente. También han sufragado estudios específicos sobre la representación en la comedia o en las profesiones relacionadas con la ciencia y las tecnologías. En 2020 volvieron a repetir el análisis original, sobre el cine infantil y descubrieron que, al menos en cuanto a los personajes protagonistas, se había alcanzado algo parecido a la paridad, tras dos décadas impregnadas de Frozen, Brave, Inside Out y Peppa Pig –pero con solo una perrita en la equipación titular de La patrulla canina–. Este mismo año, la actriz recibió un Emmy honorario por su contribución a la industria del espectáculo en ese campo”.

Ella sabía qué significaba ser mujer en ese mundo de Hollywood tan dual, farisaico y machista, aún en sus años dorados. Lo aprendió de un consejo de Dustin Hoffman, muy revelador por cierto: “Consiguió su primer papel como actriz, en Tootsie, gracias a eso, a que necesitaban a una modelo que pudiera decir algunas frases y se presentó al casting como le dijeron, con un bikini debajo de la ropa. En aquel rodaje, Dustin Hoffman, que no es precisamente conocido por ser una presencia fácil en un plató (porque practica su versión particular del Método, que puede implicar comportarse como un capullo con sus compañeros si así lo exige el papel), la acogió bajo su ala y le dio algunos consejos para moverse por Hollywood, entre ellos el de no enrollarse jamás con sus compañeros de reparto. Si le entraban, le aconsejó Hoffman, debía decirles que no “porque arruinaría la tensión sexual de los personajes” (al parecer decir solo que no si no le apetecía no le parecía suficiente a Hoffman). Cuando aplicó las enseñanzas con Jack Nicholson, este le dijo: “Vaya, ¿quién te ha enseñado eso?”. Al buen entendedor con pocas palabras basta.

No es la primera vez que cito a Geena Davis en este cuaderno digital. La elegí por primera vez en un “casting ético”, cuando en momentos importantes de mi vida profesional tuve la oportunidad de acercarme a un proyecto digital muy importante para los niños hospitalizados en los centros públicos del Sistema Sanitario Público de Andalucía, con un nombre mágico, Mundo de Estrellas. En el año 2000 estuve preparando un encuentro con Steven Spielberg, por un proyecto dirigido por él, Starbright (hoy Starlight), del que aprendí muchas cosas. Pero en aquella ocasión me llamó la atención la publicación de un cuento, El traje nuevo del emperador (1), editado por la Fundación del mismo nombre y con el prólogo de Spielberg, que servía para financiar una parte de los gastos de los diferentes Proyectos de la entidad, que recomiendo en su versión al castellano y por sus magníficas ilustraciones, que suelo leer a menudo, sobre todo para refrescar siempre una recomendación del afamado director: ¡Cuidado con los tejedores espabilados!

La nueva versión del cuento de Andersen, no tiene desperdicio. Pero una interpretación de una de sus autoras, la actriz Geena Davis, sobre el espejo imperial en el que tantas veces se debe mirar un “emperador” de hoy que se precie de serlo, me ayuda a entender lo que humanamente no hay por donde cogerlo. En aquella ocasión dije que lo transcribía tal cual, esperando que me perdonara Geena y la Fundación si hacía un uso indebido del mismo, aunque sólo cumplía, como hoy de nuevo, una misión tradicional y consustancial con los contadores de cuentos: utilizar solo la palabra, el boca a boca o el bit a bit, para transmitirlo.

El espejo imperial

Como lo cuenta Geena Davis

Soy PERFECTO

No bromeo, soy perfectísimo. Reflejo las cosas exactamente como son. Soy incapaz de cometer un error.

Es cierto que el emperador y yo hemos discutido a menudo por unos cuantos kilos o por la progresiva extensión de su calva, pero por lo general termina aceptando mi punto de vista. Por esta razón me había divertido tanto con la farsa de los tejedores. Estaba seguro de que una vez que el emperador se contemplara en mi luna el día de la gran prueba final vería la verdad: los ladrones quedarían en evidencia, y al final todos nos desternillaríamos de risa.

Pero no: el emperador se plantó delante de mí y nos miramos el uno al otro. Con los ojos buscaba el reflejo de su persona pero no podía dejar de mirar los de sus consejeros, que seguían el “ensayo general” desconcertados. Estoy convencido de que Su Majestad vio lo que yo, sin dejar lugar a dudas, reflejaba: un emperador prácticamente desnudo, enmarcado en un espejo; un par de nerviosos “tejedores”; el transparentemente siniestro primer ministro, y todo el cabeceo aprobatorio de la corte imperial de tontos.

Sin embargo, no dijo esta boca es mía. Nadie dijo una palabra. Yo casi me hago añicos por la frustración. Había creído que el emperador era un hombre sensato. ¡Por mi gloria! ¿Es que no se daba cuenta?

Y colorín, colorado, este cuento, por desgracia, todavía no se ha acabado… Así finalizaba esa cita de Geena Davis, porque me impresionó su forma de interpretar el cuento de Andersen, llevándolo a la realidad actual. Por esa razón he comprendido bien las palabras finales del artículo citado en el suplemento S Moda del diario El País: “En las entrevistas promocionales que ha dado por el libro [Dying of politeness], asegura que ahora tiene en mente un papel jugoso para el que busca financiación y que está lista para el Geenacimiento”, para renacer a una nueva vida como mujer libre y feliz, a pesar de que siga rodeada a veces de los “nerviosos tejedores” que nos acompañan a diario al contemplarnos en el espejo de nuestras vidas.

(1) The Starbright Foundation (1998). El traje nuevo del emperador. Barcelona: Ediciones B.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

No quiero ser cliente, sólo paciente o usuario del Sistema Sanitario Público de Andalucía

Portal Web de la Consejería de Salud y Consumo / JUNTA DE ANDALUCÍA

Sevilla, 3/XI/2022

Hace tres meses participé por indicación médica en una campaña de un programa de salud pública, en la que me tenía que someter a una analítica voluntaria. El resultado fue positivo y era necesario que me realizaran una prueba para indagar la causa de este resultado. Llevo dos meses esperando esta prueba, en lista de espera, sin norte alguno sobre cuándo la llevarán a cabo. Personalmente respondí, como usuario y paciente registrado, a una llamada interesada del Sistema Sanitario Público de Andalucía, en dos ocasiones, encontrándome a día de hoy en una incertidumbre que va más allá del propio resultado. Intuyo que la sobrecarga que sufren en la actualidad los profesionales que me tendrán que atender cuando corresponda, es la causa de esta demora, aunque los responsables actuales, gestores políticos sobre todo, siguen diciendo a bombo y platillo que los resultados del Sistema son excelentes. ¿Por qué llamar sobrecarga cuando lo que deberían decir es que faltan recursos en determinados ámbitos de la Sanidad Pública en Andalucía y que asisten a un desorden funcional generalizado, digitalizado por supuesto?

Ante lo expuesto anteriormente, quiero hacer una declaración de principios en relación con mi situación de paciente y usuario del Sistema Sanitario Público de Andalucía, con un hilo conductor: no quiero ser tratado como cliente, es decir, no “compro” nada al Sistema Público, su aseguramiento, sino sólo quiero ser reconocido de forma digna como sujeto de derechos y deberes por mi condición de paciente y usuario del Sistema, en el que llevo inscrito desde hace muchos años por mi realidad laboral. Quiero decir con ello que no me basta tener a mi disposición hojas de reclamaciones y múltiples teléfonos de atención a usuarios, con voces automatizadas que no acaban de comprender lo que planteo, sino que como sujeto de derechos y deberes en el ámbito de la salud, me asiste en este momento el derecho constitucional a ser atendido convenientemente, incluso con especial celo porque he respondido a una campaña del propio Sistema, no por demanda propia. Si existe un determinado interés público por detectar problemas importantes de salud pública entre la población, ¿es de recibo la larga lista de espera en la que me encuentro?

No quiero ningún tratamiento de privilegio, no, sino como paciente, sólo una participación consecuente con lo que han pedido y yo personalmente he entregado, en un tiempo razonable y porque está en juego conocer si existe un problema por el que deba preocuparme a tenor del resultado ya obtenido. Me asiste el derecho como paciente, consolidado en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, en la que define mi situación como “la persona que requiere asistencia sanitaria y está sometida a cuidados profesionales para el mantenimiento o recuperación de su salud”. Junto a esta definición, aparece también en la ley la de “usuario”, “la persona que utiliza los servicios sanitarios de educación y promoción de la salud, de prevención de enfermedades y de información sanitaria”. En mi caso y por lo expuesto anteriormente, escribo en esta doble condición. Tengo muy claro que la definición de “cliente” no aparece por sitio alguno en la Ley, porque es un término vinculado con la mercantilización absoluta de la relación médico-paciente en la economía de mercado. No es lo mismo, no es lo mismo, porque no quiero ser cliente, sólo paciente o usuario del Sistema Sanitario Público de Andalucía. No “compro” la salud o un programa específico de salud, ni la relación con los profesionales que me atienden, porque no es una “oferta” a la que me apunto, dado que la “cartera de servicios es pública” para salvaguardar siempre el interés general, sino que como paciente me asiste el derecho constitucional a ser atendido dignamente por médicos responsables, que pertenecen a servicios sanitarios situados en centros sanitarios (las cursivas son los enunciados de las definiciones enunciadas en la Ley citada) del Sistema Sanitario Público de Andalucía, que utilizo como usuario y al que pertenezco exclusivamente a mucha honra y con gran respeto democrático a su memoria histórica, que no olvido.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.