El cableado de la inteligencia

tractografia
Imagen de un cerebro humano, mediante tractografía, que muestra la curvatura en dos dimensiones de fibras neuronales paralelas que se cruzan formando un ángulo recto (Martinos Center for Biomedical Imaging, Massachusetts General Hospital, MGH-UCLA Human Connectome Project)

Se ha publicado recientemente en el diario El País un artículo de divulgación científica, de lectura fascinante, Una nueva tecnología permite trazar el mapa de las conexiones neuronales, en el que se afirma que “Tanto se ha hablado de la enorme complejidad del cerebro, y resulta que, al menos en cuanto a la arquitectura de sus conexiones, es “elegantemente simple”, dicen unos científicos que han logrado hacer un mapa de altísima resolución del cableado neuronal. Y esa estructura no es una maraña de fibras, como muchos pensaban. “Hemos descubierto que el cerebro está hecho de fibras paralelas y perpendiculares que se cruzan entre sí de forma ordenada”, afirma Van J. Wedeen, del Hospital General de Massachusetts (EE UU): “El hecho de encontrar una organización simple en el lóbulo frontal de los animales superiores ha sido completamente inesperado, no creo que nadie sospechase que el cerebro tendría este tipo de patrón geométrico omnipresente”, añade. El avance, dicen los científicos, es importante para poder trazar el atlas de las conexiones cerebrales, para conocer su desarrollo y perfilar mejor las teorías sobre cómo funciona este órgano y cómo ha evolucionado”.

El Dr. Van J. Vedeen, experto del Hospital General de Massachusetts (EEUU), trabaja desde hace años en la obtención de imágenes en 3D y en colores de las fibras nerviosas del cerebro humano, basada en la resonancia magnética y las técnicas de difusión (DSI, sus siglas en inglés), también conocidas como tractografía, explicando en qué consiste la técnica: «Nos basamos en la difusión del agua y el patrón que ésta sigue. Es nuestro trazador para conocer las características de las fibras cerebrales», y su objetivo es «ver la verdadera anatomía del cerebro y no sólo su superficie» (1). En este Centro de referencia, han llevado a cabo experiencias con escáneres utilizando ratas, ratones, gatos, macacos y también humanos. «Hemos detectado que los roedores presentan un desarrollo muy importante de las áreas relacionadas con la memoria y el olfato. Algo similar ocurre con los gatos, pero en las localizaciones asociadas con el movimiento». La tractografía se realiza mediante un escáner de resonancia magnética, denominado de imagen por difusión espectral, que revela en el cerebro la orientación de todas las fibras que cruzan por un punto concreto en una vía neuronal. El escáner detecta el movimiento del agua dentro de las fibras para localizarlas y, como puede ver la orientación de múltiples fibras individuales que se entrecruzan en un punto, permite desvelar la estructura de tejido al aplicar a los datos su nuevo sistema de análisis.

Se sabe que la inteligencia se aloja en “400 pequeños órganos neuronales, cada uno conectado con otros cinco o seis». Por tanto, todas estas conexiones dentro de un órgano de tamaño relativamente reducido no pueden sino entrecruzarse. «En una misma área puedes encontrarte con 10 estructuras que ocupan el mismo nivel».

La parte más delicada de la investigación es su proyección en cerebros humanos, porque trabajar con un cerebro de un mono recién fallecido permite escanearlo durante las 48 horas siguientes de su fallecimiento pero no así con cerebros humanos, porque su densidad todavía no la soportan los escáneres actuales, situación que en los próximos años se resolverá sin lugar a dudas, brindando la posibilidad científica de investigar las enfermedades mentales sobre las que todavía se sabe muy poco: esquizofrenia o esclerosis múltiple, por ejemplo. La tractografía permitirá “conocer cómo se desarrolla la mente con la edad; identificar las diferencias entre una persona zurda o diestra; establecer el daño provocado por un trauma cerebral; o, trazar las zonas afectadas por un tumor y ayudar en la cirugía”. Así lo corrobora Van J. Wedeen: «Nos encontramos ante un nivel de detalle estructural que nunca se había pensado. Lo principal es que nos permite detectar las ´huellas dactilares´ de las distintas formas cerebrales y visualizar su bella y característica geometría. Cada conexión es un órgano con una estructura que expresa su función». Experiencias relacionadas con esta investigación se pueden visualizar en la revista de tecnología del MIT, technologie review, habiéndose obtenido sorprendentes imágenes del cerebro al descubierto.

El artículo de El País continua explicando con detalle el estado del arte actual: “El cerebro, está hecho de dos tipos de tejido: la materia gris de células nerviosas con funciones específicas, y la materia blanca hecha de largas fibras interconectadas o cables. Las trayectorias y las formas de estos cables, dónde y cómo se cruzan y conectan en sus recorridos se ha considerado siempre un asunto complejo y difícil de abordar. Pero estos investigadores muestran que el cableado cerebral está organizado geométricamente y es sorprendentemente simple. Todas las fibras forman un único tejido o rejilla tridimensional, como una tela formada por múltiples hilos y doblada. Esta estructura, además, no es exclusiva del cerebro humano, ya que los investigadores han observado el mismo patrón en sus experimentos con cuatro especies diferentes de primates no humanos, además de personas voluntarias”.

Más adelante se aborda un problema complejo, la evolución del cerebro: “La antigua idea de una maraña de miles de interconexiones del cableado cerebral no tiene sentido desde el punto de vista de la evolución. ¿Cómo podría la selección natural guiar cada uno de esos cables hacía una configuración más eficiente, más ventajosa? “La misma simplicidad de esta estructura de tejido es la razón por la que puede acomodar los cambios al azar, graduales, de la evolución”, explica Wedeen. “Para una estructura simple es más fácil el cambio y la adaptación. Esto tiene sentido desde el punto de vista da evolución y del desarrollo”, concluye”.

Las reflexiones anteriores me han sugerido traer a colación el contenido de un artículo reciente de Antonio Muñoz Molina, Ese chispazo, publicado en el suplemento Babelia, del diario El País, porque es indudable que el cableado de la inteligencia facilita reacciones memorables del cerebro, proyectadas mediante la inteligencia, por medio de chispazos inolvidables e inexplicables en muchas ocasiones: “Desde los griegos la inspiración inventiva se asoció a lo sobrenatural: en la etimología de la palabra entusiasmo está la idea de la posesión por un dios. Una de las maravillas de vivir en estos tiempos es la posibilidad de asistir a la confluencia entre la poesía y el conocimiento científico. Escáneres e imágenes magnéticas están favoreciendo una precisión cada vez mayor en el estudio de los procesos cerebrales, al mismo tiempo que la biología molecular permite conocer el sustento físico de la imaginación y la memoria. Jonah Lehrer, un divulgador de éxito especializado en la neurociencia, acaba de publicar Imagine: How Creativity Works, un libro sobre los descubrimientos en ese campo que parecía el más escurridizo y misterioso de todos: de dónde viene lo que parece surgido instantáneamente de la nada; lo intuido, lo medio soñado, lo que se escribe o se toca en un estado como de sonambulismo, la ocurrencia de un poema o de una melodía y también la de una de esas modestas invenciones que en seguida se vuelven obvias pero en las que nunca había pensado nadie: la cinta adhesiva, por ejemplo, el post-it, la canción Like a Rolling Stone de Bob Dylan, la mopa desechable, un poema de Auden, el eslogan I Love New York con el corazón rojo en el centro, el velcro, los primeros dramas históricos de Shakespeare; tantas de las cosas que implican el que según Lehrer es el más importante de nuestros talentos: la capacidad de imaginar lo que nunca antes ha existido”.

Cada vez vamos sabiendo más del porqué de estas situaciones, pero la verdad es que sabemos todavía muy poco del cableado del cerebro y, lógicamente, de la inteligencia. Todo un reto.

Sevilla, 22/IV/2012

(1) http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=8051

GOBIERNO ELECTRÓNICO, ABIERTO, EN ANDALUCÍA

ELIGIENDO

Estamos viviendo momentos transcendentales para Andalucía. Ha llegado la ocasión de colaborar una vez más en su construcción a través de lo más preciado que dispone el ser humano, la inteligencia expresada a través de la palabra, que todavía nos queda. Presento hoy una nueva publicación para uso libre en la Noosfera, Gobierno Electrónico, abierto, en Andalucía, con la recopilación de artículos (post) que he escrito en los dos últimos años sobre una realidad que es incuestionable en nuestra sociedad andaluza: el cuidado y atención personal de la inteligencia digital privada y pública, con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, siendo una necesidad perentoria crear teoría y masa crítica sobre la necesidad de que se atienda en una proyección concreta: la relación con la Administración Pública y viceversa, con la determinación de un Gobierno Electrónico, abierto, que salvaguarde el interés público digital.

He contemplado tres grandes capítulos en esta publicación en la Red: la inteligencia pública digital, la realidad de una nueva Administración simbolizada en la Andalucía Pública 2.0 y, por último, una aplicación tangible, la necesidad de adaptar proyectos europeos en esta Comunidad, mediante la visión de la Agenda Digital de Europa, en Andalucía.

Hago una defensa a ultranza de la capacidad del recurso no agotado en nuestra Comunidad: la inteligencia, porque el cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, dado que es su componente esencial, como tantas veces he demostrado en mi blog, El mundo sólo tiene interés hacia adelante. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y como se reacciona ante ella.

Asimismo, expresan estas páginas la necesidad de frecuentar el futuro, utilizando el tesoro más extendido en el mundo, la inteligencia personal e intransferible, tal y como lo he manifestado en mi cuaderno de bitácora desde 2005: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Estas páginas permiten esa acción, frecuentar el futuro, aunque cuando perdamos en alguna ocasión el principio de realidad, sintamos nostalgia de la vida pasada, pero –por qué no decirlo- también de la futura…, porque es nuestra.

Sevilla, 8/IV/2012

NOTA: recuerda que puedes bajarte el libro, si lo consideras de interés personal y público, pulsando aquí.

Frecuentar el futuro

ANTONIO TABUCCHI
Antonio Tabucchi

Palabras de homenaje a Antonio Tabucchi, unos días después de haberse cumplido una realidad inexorable: no ha podido añadir un solo día más a su existencia, como decía el Eclesiastés. Un día ya lejano me ayudó a seguir navegando en la búsqueda incesante de la Isla Desconocida, leyendo una obra cumbre de su literatura de compromiso activo, Sostiene Pereira, porque aprendí, de nuevo, que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, es decir, frecuentando el futuro.

Sigo trabajando en el conocimiento del tesoro más extendido en el mundo, la inteligencia personal e intransferible, tal y como lo he manifestado en este cuaderno de bitácora desde 2005: “He estudiado durante muchos años la proximidad real al concepto [la inteligencia] y hoy, más que nunca, comprendo que la mejor definición sería aquella que asume la realidad social de cada uno: ser inteligente es ser capaz de resolver problemas en la relación consigo mismo y con los otros. Desde la perspectiva actual no hay nada más ultramoderno e inteligente, en la clave de José Antonio Marina: explicar, embellecer y transformar la realidad a través de la inteligencia creadora. Siempre que nos demos cuenta que también es importante e inteligente frecuentar el futuro, tal y como recomendaba el Dr. Cardoso al Sr. Pereira en “Sostiene Pereira”: “… deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro. ¡Qué expresión más hermosa!, dijo Pereira”.

Y cuando perdió de vista al Dr. Cardoso al salir de su querido Café Orquídea, sintió nostalgia. De la vida pasada, pero también de la futura. Hasta el pasado 25 de marzo, cuando se enfrentó por última vez a su yo hegemónico, poniendo orden en su confederación de almas, como le decía aquél sorprendente doctor, en la Clínica Talasoterápica de Parede.

Sevilla, 29/III/2012

El cerebro necesita ideología, cada día

LEHMAN BROTHERS

Escribí en 1977 un artículo en El Correo de Andalucía (1), Necesidad de crisis, necesidad de religación, en el que resaltaba una reflexión del filósofo Ferrater Mora, que recupero hoy en un periodo de crisis de ideologías, que tanto hace sufrir a personas con compromiso activo: “hay cinco estadios fundamentales que nos pueden llevar a considerar la crisis de todos en la actualidad: la Revolución americana, la Revolución francesa, la Revolución industrial-inglesa, el nacionalismo y la expansión colonial. Todos fueron animados, alentados y experimentados por algunos hombres, por ideologías que pretendían justificar los numerosos porqués de aquellos momentos. Y tuvieron sus consecuencias intelectuales”. Hoy vivimos un sexto estadio, bautizado como crisis mundial, una gran recesión, que también puede englobarse en el análisis anterior: está alentada por el poderoso caballero don dinero, que en todo ve una situación de descalificación continua de los países endeudados hasta límites insufribles, creciendo la miseria colectiva como bola de nieve.

Ante esta situación continuaba razonando la situación en el citado artículo: “A este propósito, me parece muy interesante el análisis que Lukács hace de la destrucción de la razón, es decir, el irracionalismo desde Schelling hasta Hitler. Es una filosofía de la historia muy aguda y crítica, centrada en un argumento harto expresivo: «no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola»” (2).

El cerebro no acepta la destrucción de la inteligencia, de la razón, porque es su componente esencial, como tantas veces he demostrado en este blog. Si la inteligencia es la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, es cierto que necesita ideología centrada en la inteligencia social, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo por la temida crisis y como se reacciona ante ella. El cerebro necesita claridad conceptual, ideología, para comprender lo que ocurre y ahí está la clave de la no inocencia. Mientras unos, muchos, entorpecen el conocimiento de la verdadera dimensión social de lo que ocurre, otros desean introducir cordura en la comprensión y vías de salida a la misma. Es decir, la ideología que está detrás de la crisis, no es inocente y el cerebro necesita ordenar ideas fundamentales para llegar a caracterizar el pensamiento y proyectarlo en su realidad social. Así lo ha fijado, limpiado y dado esplendor a través del lema ideología, el Diccionario de la Lengua Española, en su segunda acepción. Por algo será. Y los Gobiernos lo saben, es decir, tampoco son inocentes y no vale cualquier respuesta a las ideas fundamentales, porque todos no son ni somos iguales. Afortunadamente.

Sevilla, 18/III/2012

(1) Cobeña Fernández, J.A. (1977). Necesidad de crisis y necesidad de religación. El Correo de Andalucía, 12/VII/1977, pág. 3
(2) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 4 s

El cerebro necesita poesía, cada día…

JUAN COBOS

Escribo este post como homenaje expreso a un amigo del alma, Juan Cobos Wilkins, quizá ahora tan tarde, pero al que he profesado siempre respeto y admiración. El me entregó lo mejor de él en años muy conflictivos en una ciudad diseñada por el enemigo, Huelva, comprometiéndonos con su progreso, cada uno en lo que mejor sabía hacer. Con un prólogo precioso a mi libro, Teatro de barrio, lo mejor de sus páginas. Hoy, a través de este blog, simbolizo que el mundo de la memoria sólo tiene interés cuando va hacia adelante, aunque su especialidad sea ir hacia atrás. Paradojas de la vida, aunque seguro que los dos sabríamos escribir un nuevo guión para Errol Flynn, siempre como miembros de un séptimo de caballería muy particular, sabiendo que los indios sioux de cualquier Caballo Loco de hoy están siempre en el desfiladero y que al final del mismo nos espera Olivia de Havilland, cada uno en su reinterpretación personal, que en mi caso, sé muy bien quién es. Porque la respeto, quiero y admiro. Viviendo los dos con las botas puestas.

Amor y poesía, cada día. Así iniciaba muchas jornadas de trabajo en la Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón, en Moguer, en 1978, con el permiso amable de Pepito, el guía por afecto a una causa no perdida, una persona extraordinaria que me hizo muy fácil vivir en tiempos revueltos, porque leía en tonos rojos esta frase que rodeaba el arco de la escalera de acceso a la planta alta de aquél entrañable Museo. Lo he recordado estos días al leer un libro de poesía, Para qué la poesía, de Juan Cobos Wilkins, al que sabe que aprecio desde que nos conocimos en 1982, en Huelva, con el agradecimiento expreso por todo lo que aprendí de él y sigo conservando en mi memoria de hipocampo.

El libro es un homenaje sentido del olvido, la incapacidad de comunicación y la metáfora como salvación, con el que ha conseguido el XVI Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja. Lo compré de inmediato porque siempre tengo una deuda con Juan, al que debo mucho en mi aprendizaje de personas de secreto y porque su nombre me trae a la memoria de hipocampo momentos inolvidables de diálogo compartido, en soledad y acompañados por personas a las que queremos. Quizá sea su explicación de contexto en la visita que hicimos a Peña de Hierro, en Nerva, el 31 de diciembre de 1982, la experiencia que más huella me ha dejado en mi cerebro de secreto.

Y qué curioso es que aunque por caminos distintos, los dos hemos trabajado sobre la memoria, hasta encontrarnos de nuevo. Por su parte, porque toda su obra es un canto permanente a su excelente memoria, devolviéndonos permanentemente su experiencia sentida a través de las palabras en prosa o poesía. Con la excelencia que él lo hace siempre. Por la mía, porque desde 2005, fecha en la que comencé a escribir en este cuaderno de derrota, en términos próximos al mar, la estructura del cerebro que aloja a la memoria y allí reside durante toda la vida o hasta que el zaratán del Alzheimer la destruye, es decir, el hipocampo, mejor, el caballo encorvado, ha sido una constante de compromiso activo en el blog, porque siempre me ha preocupado desentrañar el conocimiento de la misma, porque recordar y predecir, aunque sea a través de metáforas, como le gusta explicar a Juan, es imprescindible para la salud mental: “He comenzado a leer un libro sorprendente, Me acuerdo (1), que simboliza una actividad cerebral de importancia transcendental en la vida de las personas. Recordar o no recordar, esa es la cuestión. He llegado a esta lectura por dos razones fundamentales: la localización del libro a través de un artículo de Guillermo Altares, Cuando un recuerdo es algo que tenemos (2), y mi permanente actitud de investigación sobre las estructuras cerebrales que nos permiten recordar a través de la memoria. Una aventura apasionante”.
Dice Altares que “Esa mezcla, lo que tenemos, lo que hemos perdido, es lo que nos convierte en nosotros y el pintor Joe Brainard (1942-1994) encontró una fórmula maravillosa para navegar por la memoria, los Me acuerdo…”. Efectivamente, la memoria es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria -¿viña?- de cada una, de cada uno”.

He explicado la estructura del hipocampo, en un post, El caballo encorvado: “Y aparece así la estructura básica de la memoria a largo plazo, la razón de la razón (que no del corazón) en términos pascalianos. La información que entra por los sentidos llega al hipocampo dejando siempre una “huella” de lo que se ha “visto” o “sentido”. También puede llegar a la amígdala, para evaluar emocionalmente la “escena” o “reacción sensorial” a grabar. Y comienza la carrera interna del hipocampo como caballo disciplinado o desbocado, en función de los márgenes que dejen los neurotransmisores y las hormonas correspondientes: “cuando el nivel emocional es elevado, las señales límbicas, vía septum, (la pared delgada que separa dos tejidos) alcanzan el hipocampo induciendo la síntesis de nuevas proteínas y de ese modo consolidar el trazo de memoria. De ese modo la huella débil y efímera se convierte en una memoria más robusta y duradera” [3]. Y se avanza en esta investigación con afirmaciones rotundas que dejan entrever el papel primordial del hipocampo en esta tarea de grabación histórica: “el hipocampo recibe de la corteza grandes volúmenes de información multimodal, la asocia, la retiene durante el procesamiento, la amplifica, probablemente la compara con la ya existente y contribuye a su consolidación en la corteza cerebral. El hipocampo y la amígdala participan simultáneamente, tanto en los estados iniciales de la formación de la memoria, como en la recuperación”.

Juan Cobos Wilkins, describe muy bien qué significa perder esta maravillosa realidad cerebral, en su primer poema: MATER, del que reproduzco los versos introductorios:

Ya sé que no te acuerdas, madre, no te acuerdas.

Bajo el cabello blanco, una goma de borrar –no como aquellas
de infancia que olían a vainilla- hecha de niebla
y humo todo lo difumina, lo desvanece todo. Y sólo deja
tras de sí un hojaldre de escarcha, tan frágiles
esquirlas de cristal que la luz de mis ojos
las rompe si las toca.
Ya sé que no te acuerdas, madre,
pero yo soy tu hijo.
Tu hijo soy, y como tú a mí cuando era niño, ahora te digo yo:
[eso es azul,
se llama cielo.

Y continúa el libro con referencias a la vida, de muchas formas posibles: desvivir, revivir, convivir: conmorir con todo eso, lo de siempre, sobrevivir y vivir: eso invisible que le sucede a otros. Después, preguntas que preparan la respuesta de para qué la poesía, para justificar por qué el cerebro necesita poesía. La mejor respuesta, la final: para sanar, para vivir…

Sevilla, 11/III/2012

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto piso.
(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo), Cuando un recuerdo es algo que tenemos, El País (Babelia), p. 8.
(3) Almaguer Melian, W., Bergado Rosado, J. y Cruz Aguado, Reyniel (2005). Plasticidad sináptica duradera (LTP): un punto de partida para entender los procesos de aprendizaje y memoria. Revista Cubana de Informática Médica, 1 (5).

Intelectuales Digitales

ALAIN MINC

Estoy leyendo artículos y libros, en los últimos meses, en los que hay un denominador común que traduce una honda preocupación social: ¿Dónde están los intelectuales en este difícil momento histórico de crisis mundial económica y, sobre todo, de valores? Y siempre se recurre a la figura de Diógenes de Sínope, aquél vanidoso que gritó a los cuatro vientos “¡busco un hombre!» y que sufrió mucho cuando Aristipos de Cirene, el cirenaico, que se bañaba un día con él, se puso su túnica llena de agujeros, negándose el “buscador de hombres” a ponerse la de su amigo, porque era de púrpura y cuando lo viera cualquier persona pensaría mal de él. Como alguna vez he comentado a personas queridas, la anécdota es una ironía de la vida. Al menos, nos sirve para damos cuenta de que la empresa de «buscar una persona» exige en principio, autenticidad de vida personal «para que no se nos note la farsa a través de los agujeros de los hechos», porque todas las personas, sin excepción alguna, llevamos rasgos intelectuales en el cerebro.

Ya escribí en 2006 un post Encontrar una persona que se iniciaba con esta famosa expresión de búsqueda. ¿Quién se atrevería hoy a gritar por las calles y plazas: «¡Busco un intelectual!»?: “Nos tomarían por locos…, pero cuando las personas hablamos en serio, afloran los secretos y las locuras individuales y colectivas. Todo encuentro humano -filo cortante de la existencia- afrontado con honradez y coraje de vivir, puede gritar al mundo que cualquier persona puede y debe buscar a otra persona. No hay «yo» sin «tú». Hablar así en y de la habitación interior de cada uno, supone una sintonía de principios, proyectos y necesidades. Quizá también de intercomunicación de «crisis» personales, al ponerse en tela de juicio el sentido existencial del ser humano. Es una forma de abandonar el camerino ambulante y la representación subsiguiente en el gran teatro del mundo, para dedicarse a pensar, forjar ideales, luchar y transformar. No se trata, por otra parte, de buscar «gente, mundo o pueblo», sino una persona concreta, quizá cercana, quizá andaluza, quizá hermana, que quiera compartir la construcción diaria de una casa humana, con numerosas «habitaciones interiores». Podríamos entender «casa humana» como el país, la provincia, la ciudad, la fábrica y la familia que sentimos todos los días”.

También he escrito en este cuaderno sobre el compromiso intelectual: “Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar ¡Eureka! a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y quesentir diario. Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo”.

¿Se buscan personas intelectuales? Probablemente siga siendo una tarea multisecular, porque desde Diógenes hasta nuestros días han pasado ya muchos siglos y la pregunta es todavía más correosa hoy: ¿dónde están los intelectuales que tanta falta nos hacen? Porque dinero no hay, pero cerebros y su proyección mediante la inteligencia humana es un bien millonario en números, tantos como personas poblamos el planeta tierra hoy, en el momento en que escribo este post: 6,996,843,831 personas, a las 14:04 UTC. Parece que la respuesta de cómo ser un perfecto intelectual hoy no está en el viento, tal y como leía ayer en un artículo muy revelador al efecto, que llevaba por título “El arte de la persuasión”: “La pasión por la conversación, la inteligencia y la reflexión. Tres cualidades que definen al intelectual, un pensador que trata de influir sobre el corazón del poder o la realidad exterior, alguien capaz de ejercer el derecho de injerencia, cambiar la historia o encarnar un momento en la vida de un país. La definición en sí misma parece una reliquia del pasado. Como si la especie hubiera sido devorada por ese universo hambriento de Internet. Alain Minc (París, 1949), autor de Una historia política de los intelectuales (Duomo Perímetro), compara a la raza de los pensadores con “la diversidad de los quesos, la variedad de los paisajes o la pasión por las revoluciones, una especialidad muy francesa”.

Pero el problema radica en que hay una realidad virulenta llamada Internet, que destroza todos los patrones al uso, tal y como lo trata este autor, declarando a Voltaire como el primer intelectual de la época, aunque personalmente tengo una debilidad extrema por Mozart, que no me importaría en señalarle como el auténtico intelectual de referencia del siglo XVIII: con el Rey o contra él, por no decir lo mismo respecto de lo Papas. Y cada uno hoy que lo aplique como mejor pueda, a tenor de su desarrollo intelectual, a tenor de lo expuesto en su libro por Minc. Y si es a través de la inteligencia digital, mejor, por supuesto, como lo vengo exponiendo a lo largo de seis años en este blog.

La presente y futura persona “intelectual” ya no es lo que era, que diría Groucho Marx y, ¿por qué no?, Minc: “Ya no existe la figura del intelectual magistral a la antigua usanza. Sartre es el último de ellos. Bourdieu intentó reinventar el papel, pero no ha conseguido más que ser un pálido imitador. Bernard-Henri Lévy se cree un Malraux contemporáneo y él llega a mezclar la reflexión y la acción con el caso de Libia como punto culminante. Pero su magisterio no puede compararse con el de Sartre y Malraux; no por un fallo suyo sino porque la sociedad ha cambiado. ¡Todas las autoridades están debilitadas: la política, la religiosa y también la intelectual!”. Gracias a Internet.

En la entrevista mantenida con el autor, según se refleja en el artículo, mediante correo electrónico para mayor “inri”, se recoge esta respuesta:”La irrupción de Internet lo cambia todo. Su tesis es que ya no existe monopolio de la información, “no más jerarquías, no más circuitos privilegiados. En el reino del buzz [mecanismo de red social] todo el mundo se mete en los asuntos de los demás”, porque “—Ya no existe la vanguardia de la sociedad. Internet crea un gran baño democrático que anula todas las jerarquías, incluyendo a los intelectuales. El sistema de poder intelectual —libros, críticas, debates mediáticos— está atacado por la Red. Nada está dado de antemano. Dicho esto, este inmenso espacio tiene un mayor inconveniente: desvalora al experto y al erudito. En la Red, todo vale: la opinión emotiva tanto como el razonamiento deductivo. ¿Cómo se recrearán nuevas legitimidades? Nadie lo sabe”. Y avanza la entrevista en unos términos clarificadores: “El futuro, vaticina Minc, será de los e-intelectuales. Esa nueva especie emergerá de este inmenso guirigay, pero es imposible definirlo hoy. “En todo caso, no será el pensador magistral que reflexionará como un clásico internetizado”.

Personalmente, vuelvo a reflexionar con Manuel Castells (La Galaxia Internet) una idea transcendental: los intelectuales podremos encontrarlos a través de Internet, de la red, de la Noosfera, de la malla pensante digital, aunque el principal temor de la gente, es el miedo más antiguo de la humanidad: el miedo a los monstruos tecnológicos o humanos que podamos engendrar, demostrándose hasta la saciedad que vivimos una gran con contradicción: la que existe entre nuestro hiperdesarrollo tecnológico y nuestro infradesarrollo institucional y social, por la ausencia de la fuerza que transmiten las personas intelectuales. ¿Alternativa? Existen malas noticias para los que sólo quieren vivir su vida: si no nos relacionamos con las redes, las redes si se relacionan con nosotros, hacen historia y las escriben. Mientras queramos seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, tenemos que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la galaxia Internet, la nueva galaxia de los intelectuales. Solo queda identificarlos.

Sevilla, 26/II/2012

NOTA: Cuando voy a publicar este post, ya han nacido en el mundo que vivimos 34.793 personas más, siendo las 18:01 UTC, desde la hora (14:04) en que cité el dato recogido en el texto, con posibilidades de llegar a ser intelectuales digitales en un futuro que no conocemos, si la vida les ofrece esta oportunidad.

Lo que quiero ahora

LO QUE QUIERO AHORA

El título no es mío. Es el de un artículo publicado por Ángeles Caso, en el Magazine, donde he escrito algunas cartas de compromiso activo y que me trae muchos recuerdos. Dejo a Ángeles que nos transmita el contenido precioso de sus palabras. Nada más. Espero que disfrutes con su lectura tanto como yo al recibirlo de personas muy queridas para mí.

Lo que quiero ahora
Magazine | 19/01/2012 – 23:59h

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Sevilla, 12/II/2012

Cerca del juez Garzón: vicios privados, públicas virtudes

El 11 de abril de 2010 escribí un post premonitorio de lo que hemos conocido hoy: el peso de la Ley interpretada por algunos, aunque sean jueces, cae sobre la dignidad del juez Garzón. Una vergüenza pública. No quiero agregar una sola palabra a las que ya escribí en aquél momento. Estoy cerca del juez y de su dignidad. Personalmente, le pido disculpas si no he sabido cooperar de forma más activa para defenderlo en la célula que me corresponde y en la que vivo:

VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES

Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como microacto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no que pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad

PANAL DE ABEJAS

Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
mas que gozaba fama por sus leyes
y numerosos enjambres precoces,
estaba considerado el gran vivero
de las ciencias y la industria.

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Desde la ventana del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits (La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):

… empeñados por millones en satisfacerse
mutuamente la lujuria y vanidad.
… Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
… Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
… Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
… Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
… El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.

Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta, no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo.

Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:

Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
… Quienes no tenían razón enmudecieron,
… con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
… La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas,
luego los carceleros, torneros y guardianes.
… Todos los ineptos, o quienes sabían
que sus servicios no eran indispensables se marcharon;
no había ya ocupación para tantos.
… ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved
cómo concuerdan honradez y comercio!

Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

Sevilla, 11/IV/2010

(1) García-Trevijano, Carmen (1994). El reverso de la utopía. Actualidad de «la fabula de las abejas» de Bernardo de Mandeville. Psicología Política, 9, 7-20.

NOTA: La imagen utilizada en este post fue recuperada el 10 de abril de 2010 de: http://www.infoagro.com/noticias/2008/5/1458_agricultura_abre_plazo_solicitar_ayudas_al_fomento.asp

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Sevilla, 9/II/2012, un día muy triste para la democracia en nuestro país

La independencia no existe

EL ROTO RAYA

Suenan tambores de independencia de todo lo que se mueve en el mundo que nos rodea. La viñeta de El Roto, publicada en el diario El País, en su edición de 29 de enero de 2012, que preside este post, me pareció una interpretación muy inteligente de una tentación que rodea nuestra vida cuando llega el hartazgo de casi todo. En el momento actual, donde el fariseísmo gana adeptos día a día, se propaga la idea de que como el mundo está imposible, ¿yo no?, no hay más remedio que independizarse del propio mundo en el que vivimos y “a mí que no me llamen”, pidiendo a gritos aprendidos de Groucho Marx, de que lo paren ¡ya! porque hay que bajarse de él.

Nada más lejano de la realidad, cuando conocemos bien las estructuras de nuestra caja negra particular: el cerebro, que cada uno posee como un tesoro extraordinario y que poco se nos ha enseñado sobre él. He escrito mucho sobre esta realidad en este cuaderno de inteligencia digital y como pertenezco al llamado sector independiente, desde una perspectiva política, para entendernos, he creído necesario hacer unas reflexiones breves sobre esta realidad que existe, pero que al final es una realidad imposible, porque al igual que en el caso de la ideología, no hay independencia inocente.

El Diccionario de la Real Academia Española, en su última versión (22ª), define el lema independiente en sus acepciones segunda y cuarta como: 2. “Que no tiene dependencia, que no depende de otro; 4. Dicho de una persona: Que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena”. Es decir, pretendemos en una gran operación cerebral no tener dependencia de nada ni de nadie, por una parte y blindar nuestros derechos u opiniones contra viento y marea, por otra.

Sencillamente imposible. El cerebro no descansa nunca. Tenemos hasta cien mil millones de posibilidades de ordenar lo que percibimos y sentimos a diario, afectos incluidos, y nada se borra salvo por accidentes vasculares cerebrales o traumas de etiología diversa. Siempre está atento a lo que nos rodea. Por eso salimos indemnes de tantos ataques conceptuales, educativos, familiares, políticos, físicos, psíquicos y éticos. O dañados. Porque dependemos de los demás, de los otros, de otros derechos. Para empezar, los de los demás, y porque nuestras opiniones son eso, solo opiniones, cuando crecen sin cesar teorías, relaciones, personas, decisiones políticas, partidos, religiones, que dan al traste con lo que intentamos proteger y mantener en el cerco de la llamada independencia.

Además, desde la perspectiva digital y siguiendo los principios expuestos por Manuel Castells, en La Galaxia Internet, “existen malas noticias para los que sólo quieren vivir su vida: si no nos relacionamos con las redes, las redes si se relacionan con nosotros. Mientras queramos seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar, tenemos que tratar con la sociedad red. Porque vivimos en la galaxia Internet”.

Porque toda la vida nos pasamos cuidando la raya que un día decidimos pintar en nuestro cerebro de secreto, en nuestro suelo firme de la existencia, en frase del Profesor López-Aranguren, la ética de secreto, porque tomamos esa decisión y la realidad nos demuestra que no es viable, cuando se cruza tantas veces sin contemplaciones y nos invaden los otros. Aunque la pintemos de rojo, delgada o gruesa, da igual.

Por estas razones y otras muchas existe su alternativa: el compromiso activo, en cualquier ámbito, porque se descubre que no podemos caminar solos, ser independientes en estado puro. Es lo que hacen nuestras neuronas a diario: reciben unas órdenes y las pasan a la neurona siguiente, a decenas o miles de siguientes, con impulsos eléctricos. Y se quedan todas en algún sitio a la espera de nuevas órdenes, sin descanso, es decir, de viajar siempre hacia alguna parte cuando las órdenes van cargadas de un único compromiso que no falla al hacer lo que se tiene que hacer: el trabajo bien hecho, la búsqueda de la felicidad propia y ajena. Eso sí, cuidando las delgadas líneas rojas propias y de los otros, estando pendientes siempre de ellas, como el protagonista de El Roto.

Sevilla, 5/II/2012

Educación para la Ciudadanía: insustituible

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Ayer compareció en el Congreso el ministro de Educación, Cultura y Deporte, para presentar las líneas generales en educación y deporte, destacando entre otras reformas la que figuraba en 5º lugar, en referencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Como deseo ser muy riguroso en mi análisis de esta información, transcribo literalmente la misma en sus términos exactos:

5. Educación para la Ciudadanía

Quisiera anunciar también esta comparecencia de líneas generales, Señorías, la sustitución de la asignatura de Educación para la Ciudadanía por una nueva asignatura de Educación Cívica y Constitucional.

Una asignatura que ha estado acompañada desde su nacimiento por la polémica y que creó una seria división en la sociedad y el mundo educativo. Porque el planteamiento de la asignatura iba más allá de lo que debería corresponder a una verdadera “formación cívica”, conforme a las directrices y orientaciones formuladas por el Consejo de Europa.

De acuerdo a nuestro compromiso electoral, proponemos una asignatura cuyo temario esté libre de cuestiones controvertidas y susceptibles de adoctrinamiento ideológico. La materia debe centrarse en proporcionar a los alumnos el conocimiento de la Constitución como norma suprema que rige nuestra convivencia, la comprensión de sus valores, de las reglas de juego y de sus instituciones, mediante las cuales se conforma una sociedad democrática y pluralista, así como de la historia e instituciones de la Unión Europea, de la que España forma parte.

Ésta es, Señorías, una asignatura que considero especialmente relevante porque, como ya he dicho al inicio de mi intervención, creo que la educación tiene una función esencial, y es la de conseguir formar a ciudadanos libres y responsables, con capacidad para ser sujetos activos de nuestra sociedad democrática. Sin duda esta nueva Educación Cívica y Constitucional servirá a tal fin, y no a ningún otro.

Me entristece conocer esta declaración de intenciones directas, donde las razones esgrimidas son rebatibles en todos sus términos. En el año 2007 escribí diez post en torno a los contenidos de la asignatura, en momentos en los que el debate estaba candente en España. Por ello, he decidido preparar una publicación en red, Educación para la Educación en Ciudadanía y Derechos Humanos, que recoge aquellas reflexiones que llevé a cabo sobre textos oficiales que leí en el momento en que se publicaron y comenzaban a utilizarse en los Colegios de España. Me reafirmo en todos sus contenidos y vuelvo a recoger una reflexión final, enseñar a los niños y niñas de España a ser felices, que sintetizaba el resultado pretendido de aquella colaboración en red, para construir teoría crítica sobre una situación esperpéntica, que vuelve a reverdecer ahora con expresiones del Ministro totalmente fuera de lugar, sobre todo cuando pivota esta decisión sobre un aserto muy discutible en la forma y fondo de su contenido: el adoctrinamiento ideológico.

Aprendí hace muchos años, que no existen ideologías inocentes y que el adoctrinamiento, en la acepción de la Real Academia Española, acción de Instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o creencias, es un lema limpio, que fija una posición ética y que da esplendor a la vida digna de las personas, más todavía si la educación para la ciudadanía la imparten profesores, maestros para toda una vida de las niñas y niños de todo el país. Máxime cuando la nueva asignatura de Educación Cívica y Constitucional, no deberá escapar nunca de la necesidad de instruir a las niñas y niños de España en el conocimiento de la doctrina constitucional, al inculcarles determinadas ideas y creencias, mediante ejemplos, que nunca pueden ser asépticos porque mucho más que el libro, todo dependerá del profesor o profesora correspondiente, ciudadanos al fin, con sus correspondientes ideas y creencias, respetables por encima de todo.

Lo más importante: después de analizar a fondo los tres libros de Educación para la Ciudadanía, que tomé como muestra, pude concluir en aquél año controvertido, 2007, que mantenía la ilusión de que quien leyera los post que ahora he recopilado en formato de publicación en red, los difundiera si le parecía ético, a modo de revolución activa a través de la inteligencia digital, con objeto de crear teoría crítica (examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.) ante tanta opinión trasnochada y elevada casi siempre al rango de dogma inexpugnable. Sobre todo, porque podemos aprender, con esta asignatura, a ser felices.

Sevilla, I/II/2012

NOTA: puedes bajarte esta publicación, Educación para la Educación en Ciudadanía y Derechos Humanos, pulsando aquí. Gracias por poder atender y extender esta parte de doctrina ideológica.