La verdad suele ser pequeña

LA TEMPESTAD
La tempestad (1862), Peder Balke

Ayer leí un artículo precioso, breve, de un autor del que aprendo todos los días, Manuel Rivas, que llevaba por título, Arte cacique, que me aportó muchas reflexiones, aunque al final se centraron en una sola: Para expresarse, la verdad suele escoger el pequeño tamaño. Pertenezco a una generación en la que por carencias de la posguerra, el tamaño era muy importante en la vida ordinaria de una familia: no era lo mismo un mendrugo que una barra de pan. Era lógico pensar que el caballo debía ser siempre grande, ande o no ande.

Con el paso del tiempo, una vez que visité por primera vez el pensamiento y el sentimiento de Rabindranath Tagore, en su pájaro perdido 178, supe que a todas las personas a las que se aprecia se les debe entregar las cosas pequeñas, porque a “todos”, suelen entregarse las grandes.

Con el paso del tiempo, fue Antonio Machado el que completó un círculo de la verdad que aprendí a reconocerla tal y como es: Tú verdad no, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela. Y entre búsquedas compartidas, en cualquier orden de la vida, sobre todo en términos de dignidad humana, reafirmo hoy que a la verdad le gusta el tamaño pequeño, porque suele ser muy sencillo buscarla en las pequeñas cosas del día a día: una palabra, una mirada, una mano extendida, una mejilla cercana o un silencio que hace más pequeño todo, casi imperceptible, porque allí, la verdad buscada con ahínco, nunca se pierde. Como Manuel Rivas contemplaba el cuadro La tempestad, “que mide poco más que una mano de estibador (12 – 16,5)”, en su visita a la sala 42 de la National Gallery: “¿Por qué atrapa, de esa forma, un pequeño óleo con simples matices en blanco y negro? Porque condensa una exacta visión y un conocimiento de lo oscuro”.

Aunque la sociedad de consumo, en plena cuesta de Enero, siga pensando en la clave que con su maestría habitual denunció Groucho Marx en un ayer no tan lejano: «Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…».

Si no trabajamos la pequeñez extrema de la verdad, Manuel Rivas nos avisa de una realidad contraria a la verdad que a algunas personas nos hace sufrir hoy cuando conocemos cómo determinados responsables públicos, muy pocos, no todos, con obligación de tutela de la verdad pública, permiten que los ciudadanos piensen que “la propaganda y la mentira prefieren lo monumental. Hay una proporcionalidad entre el autoritarismo, el poder corrupto y el gigantismo de las formas”. Y todo eso, no le gusta a la verdad que tú y yo, todos, procuramos buscarla en el terco, sencillo, anónimo y pequeño día a día.

Sevilla, 15/I/2012

Dignidad: nos queda esta palabra

Blas de Otero ya lo dijo en un momento crucial de España: me queda la palabra. Creo en ella, llevo trabajando a través de palabras desde que tengo uso de razón y la inteligencia me permitió hilvanarlas para grabarlas en mi cerebro y utilizarlas siempre como un tesoro muy apreciado en mi vida. Hablamos con frecuencia de dignidad, pero creo que no conocemos bien su significado real, su recorrido histórico en España desde el siglo XVIII, primera realidad de fijación histórica, limpieza de miras y ofrecimiento de todo su esplendor a través de los significados otorgados por las personas, en el argot de la Real Academia.

He investigado sobre su aceptación en los Diccionarios españoles, comenzando por uno que aprecio mucho (1), como se ha podido comprobar en este blog, el de Autoridades (RAE A 1732), donde el lema dignidad, comprendida como el grado y calidad que constituye digno, todavía tenía una carga histórica ligada a la Iglesia, a la Corte y a la idea del hombre frente a la mujer, como lo traduce el ejemplo en relación con la utilización que hace Fernando de Rojas, en Calixto y Melibea, en boca de Sempronio, el criado de Calixto: “…Sometes la dignidad del hombre a la imperfección de la flaca mujer”, aceptando el lema digno como correspondiente, proporcionado, conforme al mérito y dignidad del sujeto, referido fundamentalmente a acciones beneméritas o acreedoras de algún honor, recompensa o alabanza, con ejemplos muy vinculados a méritos a la realeza o a la prohombres de la Iglesia o a hombres de la sociedad renacentista.

En 1791, se aleja cada vez más el sentir ciudadano de la dignidad, para llevarlo a la cualificación de calidad que constituye digna una cosa o en la tercera acepción, cargo o empleo honorífico y de autoridad.

Había que esperar hasta la edición del Diccionario de 1884 (12ª edición), donde finaliza su Prólogo expresando que “A España entera importa que se conserve íntegra y pura y se enriquezca sin desdoro el habla que es agente eficacísimo de su gloria, prenda de su independencia y, signo de su carácter”, para encontrar por primera vez un eco social de la palabra dignidad: gravedad y decoro de las personas en la forma de decir y hacer las cosas, que permaneció hasta 1925, donde ya se incorpora en términos de actitud, conservando la primera parte de la definición: “gravedad y decoro”, pero sustituyendo “en la forma de decir y hacer las cosas”, por “la manera de comportarse”, que se ha mantenido hasta hoy en la 22ª edición y última de Diccionario de la Real Academia, publicada en 1992 (2). En la versión de 1927, se agrega un ejemplo muy clarificador en esta tercera acepción: Obrar con DIGNIDAD; perder la DIGNIDAD [sic], que desaparece en la versión de 1956 y volviéndose a recuperar en la de 1983, desapareciendo finalmente y de forma sorprendente en la de 1984 y así hasta nuestros días.

Estoy también interesado en contextualizar en 1884 los vocablos gravedad y decoro, para conocer cómo se comprendían los mismos en la sociedad contemporánea a la publicación del Diccionario. Gravedad, se admitía en su segunda acepción, como compostura y circunspección. Decoro, desde la segunda a quinta acepción: circunspección, gravedad; pureza, honestidad y recato; honra, punto [hablando de las calidades morales buenas o malas, extremo o más alto grado a que éstas pueden llegar. Pundonor], estimación. Compostura (sexta acepción): modestia, mesura, circunspección. Circunspección (dos acepciones): atención, cordura, prudencia; seriedad, decoro y gravedad en acciones y palabras.

Finalmente, desde 1992, el Diccionario de la Lengua Española, se refiere a la Circunspección como prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente, así como seriedad, decoro y gravedad en acciones y palabras.

Después de más de dos siglos de andadura en el lenguaje de nuestro país, podemos fijar bien la palabra dignidad, sin adulterarla ni contaminarla, respetando su propia historia social, aceptando que es una palabra muy apreciada, compartiendo su raíz histórica y de arraigo popular. Una persona digna es un ejemplo siempre de seriedad, gravedad y decoro en la manera de comportarse, es decir, manifiesta pureza, honestidad y recato; se aprecia y defiende su honra, estimación, modestia, mesura y circunspección, entendida ésta como atención, cordura y prudencia ante las circunstancias, para comportarse comedidamente.

Son unas condiciones muy estrictas para pertenecer al Club de las Personas Dignas, en cada aquí y ahora, con ayuda de Declaraciones Internacionales y Constituciones, pero ese es nuestro empeño al creer en el significado de esa maravillosa palabra, trabajando denodadamente para recuperar su auténtico significado activo, no impreso, y quedarnos con ella, tal y como lo aprendí -un día muy lejano- de Blas de Otero, en momentos difíciles de España.

Sevilla, 5/I/2012

(1) Real Academia Española (1990). Diccionario de Autoridades (Ed. facsímil). Madrid: Gredos (Orig. 1726-1739).
(2) Real Academia Española (2001). Diccionario de la Lengua Española (22ª edición). Madrid: Espasa.

Algo puede ir mejor

ALGO VA MAL
Seríamos capaces de apagar el sol y las estrellas porque no dan dividendos…
John Maynard Keynes

Muchas personas se habrán levantado hoy con la sensación de que la situación económica en España no tiene arreglo. Ayer escuchamos y vimos que las medidas tomadas por el actual Gobierno no dejan títere con cabeza y que la frase críptica de que “esto es el inicio del inicio” no se sabe si tiene tintes esperanzadores o apocalípticos, en los términos que recoge el famoso libro, es decir, que estamos ante “la abominación de la desolación”. Es verdad que las noticias no son esperanzadoras y que todo el mundo sale afectado por estas medidas, pero tengo la obligación ética de expresar que como no todos somos iguales, debemos dedicarnos a construir sobre los derribos éticos y de principios que nos rodean.

He comenzado a leer un libro escrito por Tony Judt, que considero imprescindible para armar bien los argumentos éticos que nos permitan construir el cambio de una sociedad que no funciona bien y con la que estamos obligatoriamente obligados a entendernos, eso sí, cambiándola, no conformándonos como está. El libro lleva por título un diagnóstico no precoz, sino consolidado: Algo va mal (1), y en la portada ya se encuentra un planteamiento que lo hace muy atractivo: “Ha llegado el momento de detenernos a decidir en qué mundo queremos vivir”.

A partir de aquí, empieza el gran debate ante la decisión suprema: ¿lo tienen qué definir otros (muchos OTROS) ó debo participar en esta decisión? No tengo dudas al respecto: tenemos que ser protagonistas directos y no artistas invitados, ni siquiera actores secundarios. Y comienza la tarea, ardua por definición, partiendo de la base de que el mundo que nos ha presentado la sociedad actual no sirve para vivir con dignidad, palabra que aprecio en el contexto que tanto defiendo, no confundiendo nunca valor y precio. Hasta tal punto, como decía Keynes, que los del “precio”, los de los “mercados y mercancías” son “capaces de apagar el sol y las estrellas porque no dan dividendos…”. También, de apagar la felicidad de los que no confunden valor y precio.

El Al-Manaque [parada de un largo viaje] de 2011 agota hoy sus hojas, pero esta noche, cuando la sociedad del precio nos invite a uvas y champán, debemos dedicar unos segundos a reflexionar que desde ese momento y ante la primera hoja de 2012, si antes no lo hemos hecho ya, estamos invitados uno a uno a cambiar los valores de la vida próxima y asociada en la que estamos trabajando, en una búsqueda incesante de valor en todo lo que se mueve, porque merecemos ser felices en el aquí y ahora (hic et nunc, que decían los clásicos) de cada uno, de cada una. Porque el dinero, poderoso caballero, no es capaz de agotar la capacidad de cada cerebro para idear, crear, abrir fronteras, cambiar relaciones, tomar decisiones, solucionar problemas, desarrollar sentimientos y emociones, rebelarnos en nuestras casas, trabajos y diversiones, vivir con lo que se puede tener y no por encima de nuestras posibilidades, buscando lo sencillo, amable, aunque tengamos que renunciar a la filosofía del precio, de los mercados, de las mercancías. Buscando a personas que piensen de esta forma, alejarnos de aquellas personas y entidades que no tienen otra finalidad que comprar nuestra felicidad a costa de dinero puro y duro, porque hemos aprendido que han sido capaces de comprar el mundo a trozos, sin importarles que en cada uno de ellos puede haber personas que son muy felices con lo poco (según ellos) que tienen.

Lo siento, las personas dignas tenemos ya el valor de la prisa en los cambios sociales: el mundo no hay que interpretarlo ya, solo cabe transformarlo, empezando por uno mismo y por lo que nos rodea. En el próximo minuto.

Sevilla, 31/XII/2011

(1) Judt, Tony (2011). Algo va mal. Madrid: Santillana Ediciones Generales.

El Club de las Personas Dignas

Siempre adelante
Siempre hacia adelante
DAR YASIN (AP) | 25-11-2011
El ciclista, en medio de una espesa niebla, mira a cámara mientras no detiene su avance por una de las calles de Srinagar (India)

He reunido en una publicación corta los post que bajo el título de El Club de las Personas Dignas he escrito desde Enero de 2011. La entrego a la Noosfera por mi compromiso público con la malla pensante que comparte el conocimiento libre, creativo, generador de crecimiento personal y social.

Gracias anticipadas por entrar en esta publicación. Si te parecen bien sus planteamientos, formas parte ya del Club, porque solo necesita un acto de voluntad diaria para construir cada día un mundo más digno. Nada más.

Sevilla, 26/XII/2011

NB: Puedes descargarla pulsando también aquí:  El Club de las Personas Dignas

La dignidad de la ausencia

Hoy es Navidad, un hecho irrefutable en la microhistoria de muchas personas, en la dimensión urbi et orbi, en clave vaticana. Curiosamente, a personas que estamos muy cerca de la realidad maravillosa del funcionamiento del cerebro, estas fiestas permiten entrar en tromba en la memoria del hipocampo, donde se alojan las ausencias de cada una, de cada uno, porque nos llevan a una realidad confesable: no nos sienta bien estar solos, quizá porque el cerebro reptiliano nos sitúa ante el miedo de quedarnos cada vez más aislados en la vida, por múltiples ausencias de afectos, de sentimientos y emociones, para entenderlo bien; de ausencias mentales, de personas a las que hemos querido y seguimos queriendo, de proyectos, de ilusiones, de trabajo, de dinero de subsistencia, de creencias en las personas, en la sociedad, en la naturaleza o en determinados dioses, sin que tenga competencia en estos días, el niño Dios de Alberti, al que el platerillo, no confundiendo nunca valor y precio, quería demostrar al mundo que regalando un collar a María y un anillo al Niño, no eran mercancías para él, sino solo valor, porque lo único que quería recibir era el permiso para darle un beso: ”dinero no quiero, besar al Niño es lo que yo quiero…”.

El pasado 17 de diciembre, se ausentó de este mundo una persona entrañable, Césaria Évora, una cantora caboverdiana de la realidad descalza, como le gustaba a ella salir a los escenarios del mundo, en homenaje a los desheredados más próximos, a cantar a los cuatro vientos estas palabras maravillosas, en una canción, La ausencia, que nunca nos dejó tranquilos, pero que justifica la dignidad con la que podemos abordarla siempre:

Si tan solo tuviera alas
para volar a través de la distancia
Si tan solo fuera una gacela
para correr sin cansancio alguno

Entonces, podría amanecer
en tu pecho
y nunca más la ausencia
sería nuestra realidad

Pero eso sólo sucede en mis pensamientos
en los que yo puedo viajar sin miedo
y mi libertad, la tengo
solo en mis sueños

En mis sueños, soy fuerte
y tengo tu protección
y tengo sólo tu cariño
y tu sonrisa

Ay, soledad tengo
Así como el sol solo en la cima del cielo
puede brillar,
también puede cegar con su claridad

Sin saber a dónde iluminar,
ni ningún lugar a dónde ir…

Ay soledad, es mi destino…
Ausencia…, ausencia

Sevilla, 25/XII/2011

El Club de las Personas Dignas (VII): hay que subir a cubierta, al cielo abierto

CUBIERTA
Cubierta, fotografía recuperada hoy, en Wikipedia

Escribo hoy este post, al cumplir seis años en mi incorporación a la Noosfera, a esta capa inteligente que nos ofrece Internet, escribiendo en este cuaderno de inteligencia digital para aquellas personas que siguen interesadas en descubrir la isla desconocida que habita en cada persona digna. En este cumpleaños digital, manifiesto mi profunda preocupación por el daño que ha hecho la traída y llevada crisis a cada persona que forma parte de los siete mil millones de seres humanos que poblamos el planeta Tierra y que en este aquí y ahora de cada uno, de cada una, de tí, de mí, seguimos con la legítima aspiración de ser felices. Seis años después, tengo muy claro que hay que luchar por la dignidad personal y compartirla con aquellas personas que respetamos y nos respetan. Y el post de hoy, es un ejemplo de creencia compartida en un mundo digital tan poderoso, tan atractivo.

Existen personas que ejercen profesiones arriesgadas, que aprecio mucho, y que me han acompañado siempre en el silencio activo que sabe cuidar la persona de secreto que hay en mi vida: determinadas personas que ejercen determinados puestos arriesgados en las salas de máquinas de las embarcaciones y las que no acostumbran a salir de la contramina, una vez que el ascensor tipo jaula los deja en el trabajo de cada día, en el corazón de la tierra.

Son profesiones modélicas para los que perteneciendo a este Club tienen que tomar una decisión muy importante en situaciones de turbulencias sociales de todo tipo, en estos momentos difíciles para las creencias personales, profesionales y sociales de todo tipo. Fundamentalmente, porque ahora toca abandonar temporalmente la sala de máquinas y la contramina para pasar a una acción en cubierta ó a cielo abierto, urgente y necesaria, para estar cerca de los que quieren abandonar el puente de mando de las embarcaciones laborales y políticas ó la zona de dirección de los yacimientos de dignidad privada y pública que tan necesarios son en estos momentos, para convencerles que merece la pena seguir luchando por aquellos valores en los que han creído hasta ahora y que en los momentos difíciles es cuando hay que dar la talla ética que tanto se ha defendido con anterioridad al fracaso o a la pérdida de confianza de los demás en nuestra persona pública o de secreto, en nuestras decisiones, hayan sido o no acertadas.

Escucho a diario que ya no se puede hacer nada, que todos los políticos son iguales, que al final lo que vale es el dinero que tengas a mano, que el mundo no tiene solución, que la crisis va a acabar con las ilusiones legítimas de todos. Y no es verdad que tengamos que estar en actitud paciente o conformista sobre estos juicios de valor, que tengamos que resignarnos a renunciar a ideologías que permiten a personas dignas estar cerca de los demás, de aquellos que menos tienen, de los que luchan por el estado del bien-ser y del bien –estar, por el trabajo bien hecho, el diario, el que puede ser más gris en determinados momentos; por ejemplo, por los que defienden que el trabajo en la Administración Pública tiene que respetar el tiempo, el espacio y el dinero público de principio a fin de jornada, pensando siempre en la persona como ciudadano al que se debe orientar todo lo que se hace en la Administración como acción basada estrictamente en el interés público.

Porque nada ni nadie es inocente. Todo tiene una razón de ser y ahora es necesario subir a cubierta y al cielo abierto para gritar a los cuatro vientos que somos necesarios para transformar el mundo, cada uno donde está en la actualidad, con un trabajo celular, ejemplar, allí donde vive o trabaja cada uno o cada una, porque la solución no viene solo de la Unión Europea, o del Banco Central Europeo, o de Merkel o Sarkozy, por poner un ejemplo muy actual. Es más probable que la salida a la crisis sea una realidad si prosperamos en plantar cara a la desazón que embarga a muchas personas, porque a las personas que pertenecemos al Club de las Personas Dignas nos interesa ahora dejar temporalmente esas salas de máquinas en las que hemos trabajado durante tanto tiempo o en las contraminas de la sociedad, de los trabajos o de las familias, para gritar a los cuatro vientos, a cielo abierto, que tenemos que seguir luchando para recuperar la dignidad de personas en el silencio o ruido de cada día, el de cada uno, el de cada una, y que sabemos dónde está la clave: en el trabajo serio y callado, coherente, de principio a fin, ejemplar, sobre todo.

Sin esperar que vengan los demás a solucionarnos los problemas que nos rodean y, para decirlo bien alto y claro, porque todos no somos iguales. Porque solo debe existir esta igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social [ante la crisis… (el corchete es mío)], como dice el Artículo 14 de la Constitución. Aunque dentro de unos días, cuando la mar esté en calma y la dirección de la mina no tenga más sobresaltos, tengamos que volver con la cabeza bien alta a la contramina o a la sala de máquinas en la que tanto nos gusta trabajar, para seguir navegando y cavando en la igualdad.

Sevilla, 10/XII/2011

El Club de las Personas Dignas (VI): tenemos que caminar…

TRES HOMBRES QUE CAMINAN

Alberto Giacometti, Tres hombres que caminan (1948)

Esta escultura de Giacometti, que contemplé recientemente en la exposición retrospectiva que alberga estos días el Museo Picasso, en Málaga, girando alrededor de ella con absoluta veneración, sobrecogido, me sugirió muchas reflexiones por mi pertenencia a este Club, porque pude comprobar que en esta etapa mundial y andaluza de crisis global, nos ocurre como a los tres hombres que caminan, en bronce inmovilizados, formando un hipotético grupo, pero yendo cada uno con su cadaunada, sin mirarse o encontrarse.

El autor reflejó una realidad social, la desunión, el caminar anónimo, en soledad, realidad aumentada en el momento actual de cada una, cada uno, en el que como aprendí hace muchos años de la persona que hacía Comunidad, el Eclesiastés, es mejor caminar juntos que solos, porque si caemos siempre habrá alguien que nos ayude a levantarnos…

Y también lo asocié a la realidad material que se revela en sí misma, vivida personalmente en Roma, en años muy queridos por mí, pero que no he olvidado nunca gracias al compromiso ideológico que aprendí de Rafael Alberti, a través de un poema suyo, Al pie del pie gastado de San Pedro, de una gran belleza, que permite comprender muy bien la dialéctica de ética y estética, mucho más cuando nos obliga a discernir qué es lo que verdaderamente debemos defender en el ámbito profesional del interés público, tarea que tiene un Programa específico de compromiso social para las personas incorporadas a este Club:

“Di, Jesucristo, ¿por qué me besan tanto los pies? Soy San Pedro aquí sentado, en bronce inmovilizado, no puedo mirar de lado ni pegar un puntapié, pues tengo los pies gastados, como ves.

Haz un milagro Señor. Déjame bajar al río, volver a ser pescador, que es lo mío”.

Y volviendo a mirar los rostros difuminados de la escultura de Giacometti, he pensado que en estos momentos tan difíciles y llenos de sobresaltos, tenemos que caminar y caminar hacia alguna parte, mejor juntos que separados, porque nos podremos levantar si caemos, y porque debemos bajar al río (bajar a la plaza, dicen los italianos) y no esperar que vengan a resolvernos los problemas los que no suelen mirar a la cara, aunque nos crucemos con ellos todos los días en el trabajo, en la calle o en el río de la vida…

Sevilla, 4/XII/2011

El Club de las Personas Dignas (V): que cambiemos no es extraño…

Todo está cambiando en nuestras vidas y hay muy pocas zonas seguras en el microcosmos que nos rodea. La cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), lo grababa en la razón y en el corazón, en etapas que han quedado registradas en la memoria situada en una región profunda del cerebro, el hipocampo, mediante su compromiso activo a través de la música:

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y quesentir (perdón por el neologismo) de todos los días. Y la historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos.

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

En estos días, especialmente duros en la vertiente económica y laboral, estamos tomando conciencia de que sufrimos el síndrome de la inadaptación permanente ante una situación de la que hemos perdido el control, tomándolo otros que ni siquiera conocemos y que están perfectamente identificados, habiéndonos quedado con su cara, que es la de siempre, la que refleja de forma dura una seria advertencia: no es bueno tanto cambio y esto no puede continuar así, arriesgando tanto dinero de unos pocos en un mundo de muchos, que además es muy manirroto:

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Es bueno que hablemos de esto en el Club, por higiene mental, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación de inmovilismo reaccionario nos hace daño, pero compartiremos la realidad cambiante, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los tristes y los tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. Y se frotarán las manos, en su presunto triunfo anímico, porque piensan que estábamos advertidos. Me alegra pensar que así no será…, porque el cambio no es ya algo extraño en nuestras vidas:

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Sevilla, 2/XII/2011

El Club de las Personas Dignas (IV): siempre mirando hacia adelante

Siempre adelante
Siempre hacia adelante
DAR YASIN (AP) | 25-11-2011
El ciclista, en medio de una espesa niebla, mira a cámara mientras no detiene su avance por una de las calles de Srinagar (India)

En estos días que transcurren con un sentimiento de desconcierto permanente ante noticias políticas y económicas, percibo un abatimiento colectivo entre los perdedores de las elecciones generales y en gran parte de las personas que me rodean, algunas con residencia política cercana al partido que ha ganado limpiamente en democracia, porque no se sabe dónde va a parar la traída y llevada crisis. Por otra parte, tengo una sensación que me preocupa constantemente y radica en la apreciación contrastada de que no va a haber mar suficiente para acoger a todas las personas que se tiran por la borda de los diferentes barcos que surcan los mares de la vida política y económica, porque dicen que no pueden más y que hay que buscarse otra vida.

La situación es muy crítica, no cabe duda alguna, pero creo que debemos parar un momento la moviola de la tristeza y abatimiento para reconsiderar actitudes personales, familiares, laborales y políticas, para enfrentarnos a una realidad incontestable, pero que debe contar con la aportación que cada una, cada uno, puede poner en su realidad propia y asociada, mirando siempre hacia adelante, como he querido simbolizar a lo largo de casi seis años en este cuaderno de bitácora, como símbolo y actitud activa que aprendí hace muchos años del mensaje y del autor que da título a este blog.

¿Dónde está la receta, para comprarla o el bálsamo de Fierabrás para beberlo y curar todas las heridas actuales en el cuerpo y en la mente? Sencillamente, no existen puntos de venta de estos productos mágicos, porque la revolución de la indignación activa está en el cerebro de las personas que deciden no arredrarse ante la situación adversa y seguir mirando hacia adelante, como el ciclista de la foto, avanzando en medio de la niebla espesa, con unas luces tenues que ayudan a seguir pedaleando, viviendo, trabajando, queriendo, enfrentándose de cara a la adversidad en cualquiera de sus manifestaciones. Porque la tentación de tirar la toalla y arrojarse al mar es una situación transitoria, dejando atrás compromisos y personas que necesitan manos amigas y cerebros inteligentes que luchen día a día por vencer el miedo escénico de seguir viviendo, saliendo a cubierta para dirigir la nave del alma que todos llevamos dentro, abandonando temporalmente la contramina mental y de trabajo duro, gris, que muchas veces desarrollamos, para gritar en cubierta, a cielo abierto, que no debemos abandonar los barcos en los que cada uno está enrolado, porque las creencias merecen la pena aferrarse a ellas, en cualquiera de las cuatro vertientes que un día, también muy lejano, aprendí de un gran hombre, José Ferrater Mora, en su precioso libro, El hombre en la encrucijada.

Decía el autor que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas de su tesis existencial demuestra que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos.

Las proyecciones de estas cuatro creencias las podemos poner nosotros, sobre todo los que creemos que el mundo solo tiene interés hacia adelante, con miras mucho más limpias y amplias que los inversores y planificadores que deciden en un piso 55 de una torre en Manhattan, por ejemplo, como pueden amargarle la vida al día siguiente, a millones de personas, mediante agencias de calificación, primas de riesgo y otras zarandajas, para decidir en muy pocos minutos y con la ayuda de ordenadores (¡qué realidad la del doble uso del poder de las tecnologías!), qué tipo de interés tiene que pagar ese mundo hostil, incrédulo, que para ellos no sabe hacer nada, no merece vivir, tal y como están las cosas y ¡que pague cara su torpeza…!

Nos necesitamos y juntos podemos hacer camino al andar, porque hoy no quiero dejar solo en su avance al ciclista de la foto, a las personas a las que quiero, a las creencias políticas que me siguen pidiendo que no abandonemos a los sin voz, a los que menos tienen, a los que llamamos torpes, a las personas pobres de todo: de espíritu y carne, a las personas que ejercen una política digna, a los que defienden que todos no somos iguales, a las personas que aún equivocándose están dispuestas a rectificar, a los que les preocupa el silencio de las minorías, a los que defendemos la sociedad del bienestar social, a los que quieren y desean dejar de estar intranquilos porque pierden ilusiones, dinero y puestos de trabajo, a los que tienen muy claro desde el punto de vista político que no es lo mismo trabajar por la defensa de derechos y deberes, que por la mera mercancía…

Porque la inteligencia humana, que nos une a todos y no está en el mercado libre, vence al miedo, al dinero, por muy poderoso caballero que sea. Es una maravillosa lección de la historia que han escrito las personas que hasta hoy nos acompañan en un largo viaje iniciado desde África, hace ya doscientos mil años.

Sevilla, 27/XI/2011

NOTA: pasa este post a las personas que estén interesadas en pertenecer a este Club virtual. A lo mejor se lo piensan dos veces antes de tirarse por la borda de su barco tocado…

Jornada de… democracia

PERICLES2

Quedan pocas horas para que finalice la jornada de reflexión. Estando cerca de la Noosfera, que tanto hace por la conectividad en democracia, aportando medios revolucionarios para encontrarnos y progresar en libertad, he vuelto a leer dos fragmentos extraordinarios de Pericles, un antepasado nuestro que hace más de veinticinco siglos sentó las bases de la democracia auténtica, incluso en tiempos difíciles, de crisis, como se traduce del contexto en que las pronunció y por el propio título que otorgó Tucídides a unas palabras conmovedoras: Discurso fúnebre de Pericles (495 a. C.- 429 a. C.). La Noosfera nos permite compartir conocimiento y teoría política, inteligencia digital en estado puro:

Capítulo 37. Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que más bien es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de una minoría, sino de la mayoría, es Democracia. A todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras leyes, la igualdad de derechos en los conflictos privados, mientras que para los honores, si se hace distinción en algún campo, no es la pertenencia a una categoría, sino el mérito lo que hace acceder a ellos; a la inversa, la pobreza no tiene como efecto que un hombre, siendo capaz de rendir servicio al Estado, se vea impedido de hacerlo por la oscuridad de su condición. Gobernamos liberalmente lo relativo a la comunidad, y respecto a la suspicacia recíproca referente a las cuestiones de cada día, ni sentimos envidia del vecino si hace algo por placer, ni añadimos nuevas molestias, que aun no siendo penosas son lamentables de ver. Y al tratar los asuntos privados sin molestarnos, tampoco transgredimos los asuntos públicos, más que nada por miedo, y por obediencia a los que en cada ocasión desempeñan cargos públicos y a las leyes, y de entre ellas sobre todo a las que están dadas en pro de los injustamente tratados, y a cuantas por ser leyes no escritas comportan una vergüenza reconocida. 38. Y también nos hemos procurado frecuentes descansos para nuestro espíritu, sirviéndonos de certámenes y sacrificios celebrados a lo largo del año, y de decorosas casas particulares cuyo disfrute diario aleja las penas. Y a causa de su grandeza entran en nuestra ciudad toda clase de productos desde toda la tierra, y nos acontece que disfrutamos los bienes que aquí se producen para deleite propio, no menos que los bienes de los demás hombres.

[…]

Capítulo 40. Pues amamos la belleza con economía y amamos la sabiduría sin blandicie, y usamos la riqueza más como ocasión de obrar que como jactancia de palabra. Y el reconocer que se es pobre no es vergüenza para nadie, sino que el no huirlo de hecho, eso sí que es más vergonzoso. Arraigada está en ellos la preocupación de los asuntos privados y también de los públicos; y estas gentes, dedicadas a otras actividades, entienden no menos de los asuntos públicos. Somos los únicos, en efecto, que consideramos al que no participa de estas cosas, no ya un tranquilo, sino un inútil, y nosotros mismos, o bien emitimos nuestro propio juicio, o bien deliberamos rectamente sobre los asuntos públicos, sin considerar las palabras un perjuicio para la acción, sino el no aprender de antemano mediante la palabra antes de pasar de hecho a ejecutar lo que es preciso. Pues también poseemos ventajosamente esto: el ser atrevidos y deliberar especialmente sobre lo que vamos a emprender; en cambio en los otros la ignorancia les da temeridad y la reflexión les implica demora. Podrían ser considerados justamente los de mejor ánimo aquellos que conocen exactamente lo agradable y lo terrible y no por ello se apartan de los peligros. Y en lo que concierne a la virtud nos distinguimos de la mayoría, pues nos procuramos a los amigos, no recibiendo favores sino haciéndolos. Y es que el que otorga el favor es un amigo más seguro para mantener la amistad que le debe aquel a quien se lo hizo, pues el que lo debe es en cambio más débil, ya que sabe que devolverá el favor no gratuitamente sino como si fuera una deuda. Y somos los únicos que sin angustiarnos procuramos a alguien beneficios no tanto por el cálculo del momento oportuno como por la confianza en nuestra libertad.

Sevilla, 19/XI/2011