El Club de las Personas Dignas (VII): hay que subir a cubierta, al cielo abierto

CUBIERTA
Cubierta, fotografía recuperada hoy, en Wikipedia

Escribo hoy este post, al cumplir seis años en mi incorporación a la Noosfera, a esta capa inteligente que nos ofrece Internet, escribiendo en este cuaderno de inteligencia digital para aquellas personas que siguen interesadas en descubrir la isla desconocida que habita en cada persona digna. En este cumpleaños digital, manifiesto mi profunda preocupación por el daño que ha hecho la traída y llevada crisis a cada persona que forma parte de los siete mil millones de seres humanos que poblamos el planeta Tierra y que en este aquí y ahora de cada uno, de cada una, de tí, de mí, seguimos con la legítima aspiración de ser felices. Seis años después, tengo muy claro que hay que luchar por la dignidad personal y compartirla con aquellas personas que respetamos y nos respetan. Y el post de hoy, es un ejemplo de creencia compartida en un mundo digital tan poderoso, tan atractivo.

Existen personas que ejercen profesiones arriesgadas, que aprecio mucho, y que me han acompañado siempre en el silencio activo que sabe cuidar la persona de secreto que hay en mi vida: determinadas personas que ejercen determinados puestos arriesgados en las salas de máquinas de las embarcaciones y las que no acostumbran a salir de la contramina, una vez que el ascensor tipo jaula los deja en el trabajo de cada día, en el corazón de la tierra.

Son profesiones modélicas para los que perteneciendo a este Club tienen que tomar una decisión muy importante en situaciones de turbulencias sociales de todo tipo, en estos momentos difíciles para las creencias personales, profesionales y sociales de todo tipo. Fundamentalmente, porque ahora toca abandonar temporalmente la sala de máquinas y la contramina para pasar a una acción en cubierta ó a cielo abierto, urgente y necesaria, para estar cerca de los que quieren abandonar el puente de mando de las embarcaciones laborales y políticas ó la zona de dirección de los yacimientos de dignidad privada y pública que tan necesarios son en estos momentos, para convencerles que merece la pena seguir luchando por aquellos valores en los que han creído hasta ahora y que en los momentos difíciles es cuando hay que dar la talla ética que tanto se ha defendido con anterioridad al fracaso o a la pérdida de confianza de los demás en nuestra persona pública o de secreto, en nuestras decisiones, hayan sido o no acertadas.

Escucho a diario que ya no se puede hacer nada, que todos los políticos son iguales, que al final lo que vale es el dinero que tengas a mano, que el mundo no tiene solución, que la crisis va a acabar con las ilusiones legítimas de todos. Y no es verdad que tengamos que estar en actitud paciente o conformista sobre estos juicios de valor, que tengamos que resignarnos a renunciar a ideologías que permiten a personas dignas estar cerca de los demás, de aquellos que menos tienen, de los que luchan por el estado del bien-ser y del bien –estar, por el trabajo bien hecho, el diario, el que puede ser más gris en determinados momentos; por ejemplo, por los que defienden que el trabajo en la Administración Pública tiene que respetar el tiempo, el espacio y el dinero público de principio a fin de jornada, pensando siempre en la persona como ciudadano al que se debe orientar todo lo que se hace en la Administración como acción basada estrictamente en el interés público.

Porque nada ni nadie es inocente. Todo tiene una razón de ser y ahora es necesario subir a cubierta y al cielo abierto para gritar a los cuatro vientos que somos necesarios para transformar el mundo, cada uno donde está en la actualidad, con un trabajo celular, ejemplar, allí donde vive o trabaja cada uno o cada una, porque la solución no viene solo de la Unión Europea, o del Banco Central Europeo, o de Merkel o Sarkozy, por poner un ejemplo muy actual. Es más probable que la salida a la crisis sea una realidad si prosperamos en plantar cara a la desazón que embarga a muchas personas, porque a las personas que pertenecemos al Club de las Personas Dignas nos interesa ahora dejar temporalmente esas salas de máquinas en las que hemos trabajado durante tanto tiempo o en las contraminas de la sociedad, de los trabajos o de las familias, para gritar a los cuatro vientos, a cielo abierto, que tenemos que seguir luchando para recuperar la dignidad de personas en el silencio o ruido de cada día, el de cada uno, el de cada una, y que sabemos dónde está la clave: en el trabajo serio y callado, coherente, de principio a fin, ejemplar, sobre todo.

Sin esperar que vengan los demás a solucionarnos los problemas que nos rodean y, para decirlo bien alto y claro, porque todos no somos iguales. Porque solo debe existir esta igualdad ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social [ante la crisis… (el corchete es mío)], como dice el Artículo 14 de la Constitución. Aunque dentro de unos días, cuando la mar esté en calma y la dirección de la mina no tenga más sobresaltos, tengamos que volver con la cabeza bien alta a la contramina o a la sala de máquinas en la que tanto nos gusta trabajar, para seguir navegando y cavando en la igualdad.

Sevilla, 10/XII/2011

4 comentarios en “El Club de las Personas Dignas (VII): hay que subir a cubierta, al cielo abierto

  1. Con mi felicitación por tus seis años de navegación en la Noosfera, José Antonio, vayan mis deseos para que 2012 nos traiga más de lo que -en opinión que espero compartan los sensatos- seguimos necesitando: calma para decidir lo mejor, inteligencia para escoger lo adecuado, y prudencia para no exagerar lo que se consiga.

    Ha sido siempre un placer seguir tus singladuras y compartir, desde los sitios del pasaje, la satisfacción de que la pasión de un buen marino no está solo en llegar, sino en navegar. Navegar entre mares indómitos, muchas veces.

    Un saludo,

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  2. Manuel Serrano dijo:

    Me han descubierto este blog desde la admiración que te tienen como persona digna, y lo comparto desde la búsqueda permanente de la dignidad que intento prácticar. Tus primeras palabras ya me han iluminado en el recuerdo un casi olvidado cuento, que estoy casi seguro que conoces, de José Saramaro (“El cuento de la isla desconocida” http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/por/saramago/cuentode.htm ), y el resto me ha hecho pensar en esa búsqueda de la dignidad y de la felicidad de la que tenemos que ser conscientes y que con esfuerzos, generosos y lúcidos, como éste tuyo fomentas.
    Baruch Spinoza, ETICA (Parte III, Proposición IX, y Escolio)”El alma, ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto las tiene confusas, se esfuerza por perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo….Este esfuerzo, cuando se refiere al alma sola, se llama voluntad, pero cuando se refiere a la vez al alma y al cuerpo, se llama apetito;….el deseo es el apetito acompañado de la conciencia del mismo… nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos”….
    Mi deseo: Que aumente el “Club de las Personas…” que intentemos, queramos, apetezcamos y deseemos… ser dignas, o almenos vislumbrar en nuestra “isla desconocida” la Dignidad.

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    • Muchas gracias, Manuel. La verdad es que detecto que compartimos principios éticos, en el contexto en el que nació este blog, la búsqueda incesante de islas desconocidas, en torno a la figura de Saramago, también, y del cuento que citas, que regalo siempre a las personas que aprecio. Gracias por pertenecer al Club, que honra el trabajo bien hecho de los demás, como también aprendí de Luis Cernuda, en palabras dirigidas a sus paisanos andaluces…

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  3. José Antonio Cobeña Fernández dijo:

    Muchas gracias, Ángel, por tus palabras de un buen marinero en tierra, habiendo aprendido mucho durante estos años de tus reflexiones a cielo abierto, en un excelente trabajo de coherencia, compromiso y presencia activa en la malla pensante, que nos brinda esta oportunidad de apreciarnos. Un abrazo.

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