Toma de posesión, toma de posición

Hoy es una gran fiesta para la democracia. Llevamos una semana muy movida en recuerdos y festejos de la acción más gloriosa que nos corresponde como miembros de una sociedad concreta, de un municipio en el que se desarrolla el gobierno que se decide por la ciudadanía, en definitiva, gracias a la democracia. Y siempre recuerdo un artículo que escribí hace veinticuatro años, en mi singladura onubense, cuando solo llevábamos seis años de andadura en esta nueva actitud ética personal y social, que publiqué en este cuaderno el 21 de enero de 2006, tratando de un asunto apasionante: la ética del municipio y que te invito a leer de forma pausada, para que traduzcas en el marco actual de vivencias, sentimientos y emociones democráticas, lo que intentaba simbolizar en aquellas palabras con el análisis ético del acto responsable del voto, con la respuestabilidad a la convivencia diaria, basada en el conocimiento de los programas votados y las voluntades políticas que los tienen que ejecutar, más la libertad, sin ira, libertad…

Sevilla, 16/VI/2007, en el momento en que están tomando posesión concejalas, concejales, alcaldesas y alcaldes, elegidos democráticamente.

Groucho y el niño perdido

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Siempre me encantó aquella frase gloriosa de Groucho Marx, en Sopa de ganso: «- ¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino.«. Y no andaba descaminado cuando se constatan los últimos resultados obtenidos en la investigación realizada por el Grupo de Investigación en Neurociencia Cognitiva (GRNC) de la Universidad de Barcelona y la Universidad British of Columbia de Vancouver (Canadá), que se publicó el pasado 25 de mayo en la revista Science, con el título Visual Language Discrimination in Infancy, del que se obtiene la siguiente conclusión: con tan solo mirar los gestos del rostro de su interlocutor, un bebé puede distinguir si se le habla en un idioma o en otro (1).

He leído con atención la noticia y el artículo de referencia, donde la investigadora Nuria Sebastián-Gallés ha manifestado que esta habilidad “forma parte del conjunto de capacidades que tiene el niño al nacer”. Esta capacidad perceptiva les aporta “una información más, que utilizan para complementar la información auditiva”, explica. “Para comprender el nuevo mundo en el que les ha tocado vivir, los bebés utilizan todos los recursos cognitivos que pueden”.

En la investigación han participado 12 bebés monolingües de cuatro y seis meses, y 12 bilingües de ocho meses, en un entorno familiar en el que se hablaba francés e inglés. A todos se les mostró una serie de videoclips mudos, en los que sólo podían ver las caras de diversos interlocutores, recitando frases del cuento El pequeño príncipe, primero en un idioma, y luego en otro: “Cuando el bebé ya no mostraba interés, se le cambiada por la imagen muda de la misma persona, pero recitando en otro idioma. “El bebé mira más, nota que ha pasado algo, y vuelve a prestar atención”, explica la investigadora. Se midieron los tiempos de atención de cada niño, que eran significativamente más altos que antes del cambio. Sin embargo, esta capacidad para distinguir visualmente las lenguas cambia con el tiempo y con el hecho de que el bebé viva en un entorno de una o dos lenguas. Los bebés mayores, de ocho meses y monolingües, no prestaron ningún interés ante el cambio de lengua, mientras que los bilingües sí. “A los seis u ocho meses, seguramente el bebé monolingüe ya tiene todos los elementos que requiere para entender la lengua materna”, interpreta Sebastián-Gallés, “la lengua que desconoce es irrelevante, ya no capta su atención”. El interés del bilingüe también tendría explicación: “No es extraño que el bebé bilingüe continúe aprovechando esta información extra, porque ha de diferenciar las dos lenguas”. Los resultados demuestran que la experiencia modifica el cerebro. Según Sebastián-Gallés, “todavía queda mucho por conocer sobre el cerebro del bebé y sobre la adquisición del lenguaje”(2).

El resultado más llamativo es la constatación de que la experiencia es una variable interviniente en la maduración cerebral y de alguna forma viene a consolidar la teoría del desarrollo cognitivo como potencial vinculado a patrones sociales con estímulos permanentes, sobre todo del lenguaje, como marcador diferencial del desarrollo humano. Un entorno social enriquecido por las variables lingüísticas desde el nacimiento puede configurar una nueva forma de ser en el mundo. Se abren expectativas interesantísimas desde la perspectiva de la inmigración, en el día que hemos conocido un dato relevante desde la cohesión social de este país y su estructura socioeducativa: el diez por ciento de la población empadronada en España está compuesta ya por ciudadanía extranjera (exactamente, 4.482.568 personas).

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Seguro que un cuento senegalés, por ejemplo, La princesa, el baobab y los cauris, narrado en wolof, francés y español, lo percibirán las niñas y los niños que nazcan hoy en nuestro país, de parejas bilingües como mínimo, desde una perspectiva muy diferente al principito de la investigación y comprenderán de forma admirable su forma de acabar estas bellas narraciones: así sucedió y así lo he contado. Y ofreceremos garantías de comprensión a estas nuevas generaciones de niñas y niños nacidos en un nuevo contexto de mestizaje, para asimilar mejor la complejidad de la vida, los caballos que vuelan, aunque Groucho, en cualquier caso, siga necesitando localizar a un niño de cuatro años (o a un bebé de ocho meses) para entender los asuntos de la vida, de la muerte, que a todas y a todos –a veces- nos siguen pareciendo escritos en chino ó wolof…

Sevilla, 13/VI/2007

(1) Weikum, W.M., Vouloumanos, A., Navarra, J., Soto-Faraco, S. Sebastián-Gallés, N., Werker, J.F. (2007). Visual Language Discrimination in Infancy. Science, 25 May 2007: Vol. 316. no. 5828, p. 1159

(2) Ferrado, M.L. (2007, 25 de mayo). Los bebés identifican por los gestos el idioma en que se les habla. El País, p. 56.

Un reloj de marca NSQ

Esto de no ser más que tiempo espanta.
La solución bajo el costado izquierdo:
un fiel reloj al que jamás me acuerdo
de darle cuerda y, sin embargo, canta.

Carlos Murciano, El reloj

No hay que comprarlo en el mercado. Ya lo tenemos desde que nos concibieron. Reúne muchas características que lo hacen el más atractivo de la existencia humana. Existen casi catorce mil millones en el mundo (dos por persona), tantos como habitantes pueblan el planeta Tierra (exactamente 6.600.994.064 personas, a las 18.39 GMT del día de hoy). También lo poseen muchos seres vivos. ¿Un ratón, con este reloj, por ejemplo? Sí, cuestión no baladí porque entre ratones anda el juego, como ya lo analizaba en el post titulado: Cerebro humano y cerebro de ratón. No se lleva en la muñeca, sino en la cabeza, perdón, en el cerebro. Pero, ¿de qué reloj estamos hablando? Esta maravilla de la factoría relojera humana –no suiza- se llama así porque es un reloj (también conocido como marcapasos ú oscilador circadiano) biológico que responde a las siglas NSQ: “Núcleo SupraQuiasmático” (ó núcleo supraóptico), como agrupación celular neuronal próxima al hipotálamo, situada sobre el quiasma (del griego chiasmo: dos líneas cruzadas como la letra X, igual a la letra griega chi) óptico (lugar donde se cruzan los dos nervios ópticos) y que recibe aferencias directas desde la retina, estando muy relacionado con el condicionamiento que ejerce la luz sobre los ritmos circadianos (constructo de dos palabras latinas: circa: alrededor y dies, día, es decir, de duración de alrededor de un día: 24 horas).

Es una estructura que junto a las vías aferentes citadas anteriormente y las eferentes que controlan los ritmos vitales, conforman el sistema circadiano regulador de procesos neurofisiológicos: por ejemplo, el estado de vigilia (estar despierto), el sueño o las “ganas” de orinar.

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Figura 1: topografía del Núcleo supraquiasmático. Recuperado el 9 de junio de 2007, de http://lorien.die.upm.es/insn/docs/vision-1.pdf.

Y llama poderosamente la atención la lectura atenta y el análisis de las “características técnicas” que figuran en su libro de instrucciones. Es un reloj (conjunto de neuronas) de diseño exclusivo. No existen dos iguales: mi reloj no lo tiene nadie. Existe reloj (NSQ) de hombre (redondo) y reloj de mujer (alargado) y es probable que esta forma influya en las aferencias y eferencias, es decir, conexiones de entrada y salida con otros núcleos del cerebro, fundamentalmente con la “forma” de ver las cosas el hombre y la mujer, por el papel preponderante de la retina. Es muy pequeño, de aproximadamente 0.8 milímetros y está compuesto de unas 15.000 a 20.000 piezas, es decir, neuronas que hacen un trabajo maravilloso de sincronización puntual para mantenernos despiertos ante cualquier situación vital o para indicarnos que hay que “ir a la cama” para dormir, para mantenernos en actitud de vigilia al interesarnos otras cosas y regular la situación diaria de “estar necesariamente despiertos ó dormidos”, entre otras muchas actividades permanentes, porque sabemos que no descansa nunca, aunque a los “propietarios” nos permita, por ejemplo, soñar todos los días. La sincronización es perfecta. Repito: de relojería humana.

Es muy sensible a la luz, que la necesita y regula de forma ordenada para dosificar las reacciones físicoquímicas del cerebro que actúa. Traduce (procesa) constantemente la información que recibe de la retina y su relación con la hormona melatonina, sintetizada en la glándula pineal (durante las situaciones de oscuridad), permite su síntesis y liberación a través del ritmo circadiano correspondiente, produciéndose el pico máximo de secreción durante la noche. Son momentos trascendentales en la vida humana. Saber cuándo ocurren estos acontecimientos hormonales en la vida de cada una, de cada uno, es una situación comprometida con el reloj biológico personal e intransferible. Sobre todo porque se escriben páginas que deben ser conocidas y tratadas con la intimidad que requiere este conocimiento de sí mismos.

Funciona de forma ininterrumpida en ciclos de veinticuatro horas, coincidentes con los denominados ritmos circadianos, muy influenciados por la actividad frenética que desarrollan las veinte mil neuronas, aproximadamente, que se relacionan, y emiten y reciben “información” a través de los neurotransmisores. Y busco al fin la “garantía” de fábrica para que “me la sellen”. Al final de esta atrayente aventura científica descubrimos que no hace falta registrarla en ningún sitio. Está establecida: es vitalicia, adecuada a la realidad existencial y al correcto funcionamiento de la sincronización circadiana de cada persona.

Sabemos a partir de ahora que este reloj hay que cuidarlo mucho y protegerlo como oro en paño. Una correcta planificación horaria conlleva el equilibrio cerebral para “ordenar” la vida cada segundo del día y de la noche. Esta marca, NSQ, conduce a reconocer la maravillosa realidad del cerebro en una zona muy pequeña y muy ajustada para dejarse impresionar por la luz del día y por la oscuridad de la noche. Ponerlo en hora es ya responsabilidad personal e intransferible. Una vez más. Y recuerdo que como la naturaleza es sabia, tenemos dos núcleos supraquiasmáticos, dos relojes que trabajan siempre de forma sincronizada y en interacción con la retina, a diestro y siniestro, nunca mejor dicho. Otra sorpresa del cerebro, en este caso, del factor X, del quiasma óptico, porque estamos obligatoriamente obligados a llevarlos siempre consigo. Siempre puestos…, en el cerebro, cuando para sorpresa de todas y todos, solo miramos al de nuestras muñecas.

Sevilla, 11/VI/2007

A los seis años…

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Ayer cumplí 60 años. Siempre he tenido muy cerca la foto que abre hoy estas anotaciones en el cuaderno de bitácora, a los seis años, y se puede apreciar que en aquellos otros cuadernos Rubio ya se simulaban, a gusto del fotógrafo de turno, las primeras impresiones de la vida de un niño andaluz en un Colegio laico, el Sagrado Corazón de Jesús, en la calle Narváez, en Madrid, donde doña Antonia, mi querida maestra, iba llenando de afectos y sabiduría infinita (como su paciencia) la sede de la inteligencia de cada niña, de cada niño. También, la mía. Todo, en sus bolsillos, se convertía siempre en caramelos de infinitos colores. Jugábamos juntos, niñas y niños, en el patio trasero, donde en los momentos de aventuras incontroladas, poníamos una escalera de madera apoyada en el muro medianero y nos asomábamos –atemorizados- para escudriñar los rollos de película de la productora que lindaba con el Colegio, tirados en aquél otro patio, de mala manera, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño.

Imaginábamos aventuras muy particulares, como las de los patios de nuestras casas, hasta que una vez corrió la noticia de que se estaba haciendo el casting para la película “Marcelino, Pan y Vino”. Y mi familia me llevó (¡ay, el discreto encanto de la burguesía!), con mis seis años, a los estudios Chamartín y participé en aquella selección artificial en la que mi abuela me empujaba a la primera fila cuando pasaba la comitiva para la elección del futuro actor que interpretaría a Marcelino. No di la talla (Dios me recogió a tiempo…), pero conocí a Pablito Calvo, a José María Sánchez Silva, a Ladislao Vajda, el director, y todavía recuerdo el día del estreno de la película, subiendo al escenario del cine Coliseum, en la Gran Vía, dándonos un abrazo Pablito y yo y dedicándome José María su cuento, editado de forma muy cuidada. Aplausos. Fue una experiencia sobrecogedora, a mis seis años. Y siempre busqué un amigo como Manuel, el imaginario compañero de Marcelino.

Han pasado cincuenta y cuatro años y he recordado algunas experiencias grabadas en el corazón porque todavía no sabía mucho del poder de la inteligencia. El número seis, aunque multiplicado en esta ocasión por diez, permanece con toda la frescura de la mirada que captó muy bien el fotógrafo escolar. Ahí radicaba el desarrollo de la inteligencia creadora que me ha permitido llegar hasta este momento en el que recuerdo aquél día en el que el Director del Colegio, D. Enrique Berenguer, se deshacía en atenciones para que aquella ceremonia ritual quedara para la posteridad en el cerebro de un niño de Sevilla, que veía en su soledad la vida de otra forma y al que quería tanto.

Sevilla, 8/VI/2007

El giro cingulado: anatomía de la inteligencia

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Figura 1: Descripción de las funciones del cerebro (Overview of brain function). Imagen recuperada el 30 de mayo de 2007, de http://www.biofeedback.co.za/neuropsy-overview.htm

Es verdad que sabemos poco del sitio que ocupa la inteligencia en el cerebro. Damos muchas vueltas científicas para localizarla y en ello estamos desde hace muchos siglos. Sé que no la voy a encontrar (no es posible con nuestros constructos mentales) y tampoco me preocupa este aparente fracaso. Realmente, lo que me preocupa es saber dónde reside la capacidad holística de las estructuras múltiples cerebrales que nos permiten ser inteligentes. Sedes múltiples es igual a inteligencias múltiples. Investigación con recursos múltiples es, probablemente, igual a inteligencia digital. Buscamos aquí y allá y sabemos bastante poco, cuando teóricamente decimos saber mucho, para declarar el punto alfa del proceso inteligente. Como sigo preocupado en conocer a fondo la sede de la inteligencia, es decir, el cerebro y, más concretamente, la corteza cerebral, hoy voy a seguir con esta anatomía tan particular, al intentar descifrar una estructura muy curiosa y responsable de que nos demos cuenta que sufrimos, y de que nos alegramos por conocer “buenas/malas noticias”, por ejemplo, en el argot de la inteligencia de calle, de las aceras de Jacobs.

Cuando saboreaba en 1995 la implosión de Goleman con su pretendida inteligencia emocional y que ha permitido fabricar a la americana una forma de justificar lo que “sabemos” de una parte muy importante en la actividad cerebral, a través del sistema límbico, leí una frase en un libro suyo mediático, Inteligencia emocional, que me aproximó a una estructura bastante desconocida, amiga navegante, amigo grumete: el giro cingulado (gyrus cingulatus, en latín) que es como ha trascendido en la anatomía del cerebro hasta nuestros días: “El llanto, un rasgo emocional típicamente humano, es activado por la amígdala y por una estructura próxima a ella, el gyrus cingulatus [H, en la figura anterior]. Cuando uno se siente apoyado, consolado y confortado, esas mismas regiones cerebrales se ocupan de mitigar los sollozos pero, sin amígdala, ni siquiera es posible el desahogo que proporcionan las lágrimas” (1). Y hoy dedicamos estas notas de cuaderno de mar, a un perfecto desconocido pero con unas responsabilidades en la forma de experimentar sentimientos y emociones (en eso consiste la vida afectiva), cada una, cada uno, verdaderamente impresionante.

Voy a presentarlo en sociedad. Está alojado en la zona central del cerebro, actuando como cinturón (de ahí, cingulado) del cuerpo calloso, redondeado, con zonas visibles y otras no apreciables a simple vista (circunvoluciones) y muy cerca del surco cingulado. Participa activamente en los circuitos que codifican funciones relacionadas con las emociones y las motivaciones.

Sus funciones básicas están centradas en proporcionar comunicación continua -es zona de paso y proceso continuo- desde el tálamo hasta el hipocampo, estructuras ya analizadas en la cartografía cerebral que estoy construyendo y que se puede volver a consultar para ir montando este puzle humano de cien mil millones de piezas, ninguna igual. El giro colabora con la memoria emocional, con reminiscencias muy primitivas cercanas al olor, al llanto y al dolor, es decir, esta realidad nos permite constatar que hace millones de años que el ser humano llora, sufre. Es también el lugar de control para el trabajo atencional ejecutivo y esta misma estructura cerebral recibe las aferencias desde las estructuras emocionales en red que se asocian con el malestar humano, procesan las respuestas al estrés y modulan la conciencia, expresión esta última a la que habría que dedicar muchas anotaciones en este cuaderno y que asumo como responsabilidad científica (2).

Todas las funciones enunciadas anteriormente comienzan a “fotografiarse” con técnicas muy avanzadas, pudiéndose utilizar ya las “imágenes” del dolor a través de la imagen por difusión de tensión (DTI, sus siglas en inglés) que permite evaluar algunos movimientos del agua en el tejido cerebral que indican cambios en la organización de las neuronas: las moléculas de agua están en constante movimiento y chocan unas con otras y con otros compuestos haciendo que se dispersen o se difundan. De esta forma se pueden determinar patrones específicos del dolor, porque se conoce bien el patrón de difusión de la tensión en tres áreas del cerebro que se encargan de procesar el dolor, las emociones y la respuesta al estrés: el giro cingulado, el giro poscentral y el giro frontal superior.

Asimismo, se sabe ya que el giro cingulado “estaría implicado en el trastorno bipolar (Drevets y cols. 1997) y estaría relacionado también con alteraciones mnésicas, especialmente por sus conexiones con tálamo e hipocampo” (3). Enferma. Digámoslo alto y claro: el giro cingulado es un centro básico del cerebro (otra “tarjeta/centralita” cerebral) muy sensible a las patologías emocionales. Ayuda a las personas a cambiar el foco de atención y pasar de un pensamiento o conducta a otro, sobre la marcha ó –ahí está otra fuente de investigación de la conciencia- siguiendo patrones éticos elaborados a o largo de la vida. Cuando se encuentra activo en exceso, se bloquea (interpretamos el constructo “no sé que hacer”), quedándonos estancados en ciertas conductas, pensamientos o ideas: “el giro cingulado también forma parte del sistema cerebral que indica el peligro de que algo horrible sucederá si usted no ejecuta sus compulsiones” (4).

En una entrevista reciente al neurólogo, psiquiatra y etólogo francés, Boris Cyrulnik, muy vinculado a la teoría de la resiliencia, responde de forma clarificadora sobre la función del giro cingulado, como regulador del sufrimiento y de la tristeza cuando se le pregunta: “Sin embargo, ninguna estrategia de vida nos previene contra los malos momentos. ¿Qué se puede hacer para superarlos? Disponemos de muchísimos recursos. La actividad: la ansiedad se reduce mucho cuando se hace algo. El deporte —como el jogging— es un excelente antidepresivo. También el riesgo: el miedo genera una intensa secreción de opioides: las personas que corren riesgos enseguida experimentan euforia. El cariño, que es nuestro tranquilizante natural. Cuando los que me apoyan están cerca de mí, me siento bien. En suma, los deportes de bajo nivel, la pareja, las amistades, el ligero estrés que nos mantiene despiertos… son nuestros mejores medicamentos. Añadiría la mentalización, es decir, el hecho de buscar en mi pasado los recuerdos que constituyen mi memoria autobiográfica. Al traducirlos en palabras, doy una forma a esa representación que tengo de mí. La cámara de positrón nos demuestra que este trabajo estimula, ‘alumbra’ el giro cingulado del cerebro: la zona de las emociones. Si me quedo a solas rumiando mis palabras —«soy un inútil», «nunca saldré de ésta»—, entonces se alumbra la parte anterior del giro cingulado, esto es, la zona del sufrimiento o la tristeza. Es lo que hacen los deprimidos. Los soliloquios agravan la depresión. Por el contrario, el hecho de desentenderme de mí, de poner mis recuerdos en palabras para contárselos a otro (que no es sino el principio de la psicoterapia), estimula la parte posterior de ese mismo giro, provocando un alivio. Así, el solo hecho de hablar con otro —ya sea un amigo, un cura, un psicoanalista o un brujo— puede convertir el malestar en bienestar” (5).

Me ha entristecido saber que en estudios científicos recientes, realizados sobre patologías de soldados veteranos de las guerras del Golfo (antesala de la actual guerra de Irak), se ha descubierto que “la corteza (la parte que recubre el cerebro, que tiene mucho que ver con el aprendizaje) era alrededor de 5 por ciento más pequeña en los veteranos que tenían un mayor número de síntomas que en los que mostraban menos. Otra área del cerebro, llamada giro cingulado rostral anterior (importante para las emociones, la motivación y la memoria) era 6 por ciento más pequeña, en promedio, en los veteranos con más síntomas, según el estudio”. Es decir, existen evidencias de que el sufrimiento continuo y quizá el llanto expreso de estos soldados, en un ambiente infernal, ha afectado al giro cingulado, provocando efectos secundarios que hoy se describen de forma taxativa como “síndrome del Golfo”. Empequeñecer una estructura naturalmente grande, estable y programada para cumplir unas funciones extraordinarias en las vidas de las personas, es una realidad que nos debería comprometer en la denuncia del sinsentido de las guerras.

Es un caso práctico. Por ello, merecía la pena divulgar hoy las funciones del giro cingulado, su anatomía, en un acto inteligente que dignifica al ser humano, porque compartimos la aproximación científica a él. A pesar de las realidades de Irak, Palestina, Israel, Líbano y las pequeñas guerras domésticas, cercanas a todas y a todos, las de todos los días, que tanto hacen sufrir, en escala, a determinadas personas. Ya sabemos que “reducimos” las posibilidades de mantener activos, a pleno rendimiento, circuitos neuronales imprescindibles para ser felices. En definitiva, me alegro haberlo conocido. También, habéroslo presentado.

Sevilla, 3/VI/2007

(1) Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós, p. 39.
(2) González, C., Carranza, J. A., Fuentes, L. J., Galián, M. D. y Estévez, A. F. (2001). Mecanismos atencionales y desarrollo de la autorregulación en la infancia. Anales de psicología, vol. 17, nº 2 (diciembre), 275-286.
(3) Benabarre, A., Vieta, E., Martínez-Arán, A. y otros (2003). Alteraciones en las funciones neuropsicológicas y en el flujo sanguíneo cerebral en el trastorno bipolar. Rev Psiquiatría Fac Med Barna, 30 (2), 72.
(4) Pedrick, Ch-Hyman, B. M. (2003). Guía practica del TOC. Pistas para su liberación. Bilbao: Desclée de Brouwer.
(5) Weill, C. (2006, 10-16 de diciembre). El secreto de la felicidad, XLSemanal, 998.

Adán y Eva…

… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primeras fases de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo.

Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vió Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso.

Sevilla, 30/V/2007

Teatro de barrio

He decidido publicar en este cuaderno de inteligencia compartida, digital, un libro que edité con esmero en 1987, hace veinte años, con un nombre muy sugerente, Teatro de barrio, que explico en su breve introducción. Creo que es una oportunidad de hacer justicia a la intrahistoria, también breve, de una aventura ideológica que murió por dos razones fundamentales: la soledad de la libertad que navega en mares procelosos de mercado y porque la independencia –en clave marxiana- no tiene precio, ¡pero cuesta tanto…! Es un homenaje a las personas que con gran generosidad fueron compañeras y compañeros de un viaje hacia alguna parte, aunque algunas y algunos perdieran en ese momento la aguja de marear. Estoy preparando la edición digital (esta vez sin problemas de ISBN y Depósito legal, porque ya están…) y en unos días estará a disposición de toda aquella persona que le ilusione creer que otra realidad es posible. Doy fe de ello, en mi particular Feria del Libro.

Sevilla, 14/V/2007

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Antes del estreno…

«Teatro de barrio» es el resultado de una reflexión vinculada a la existencia del periódico «La Noticia de Huelva». A lo largo de cuatro meses del año 1984, aparecieron diecinueve artículos bajo el título genérico de «La flauta mágica», en homenaje al giro copernicano que Mozart imprimió a la existencia culta de la época, en un esfuerzo encomiable por vibrar con el pueblo auténtico, en la espera/esperanza de ver cantado y representado el amor sencillo de cada día.

No hubiera sido posible escribir en clave mozartiana sin la vivencia, también diaria, de aquel periódico querido. Esta publicación quiere ser un homenaje a cuantas personas se esforzaron en el cada día de su aparición, porque en toda representación teatral o publicación diaria lo importante es el esfuerzo conjuntado, «sinfónico», de los que hacen posible la lectura de la partitura, en este caso, en clave de esperanza y creencia en el hombre, la sociedad y la naturaleza.

Huelva, 30 de abril de 1987

Top mente

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Recuperado de http://www.cronicasdelanzarote.es/imprimir.php3?id_article=160

Me han vuelto a sobrecoger las imágenes de los cayucos, pateras y lanchas neumáticas llegando en oleadas a diversos puertos de las Islas Canarias, con un pasaje humano hacia la esperanza. Es la historia interminable y hoy sólo son una mera noticia editada en los informativos correspondientes. Está integrada en la vida ordinaria y ya no son revulsivos de la conciencia social de cada una, de cada uno y, por extensión, de la conciencia social. Son personajes anónimos. Ayer, paseaba entre sus sábanas inconsútiles, por la milla de oro de Sevilla, donde nos vendían los diferentes top del consumo: perfumes de “marca”, collares, cinturones con hebillas de “marca”, relojes, discos, películas, todo de “marca”, etcétera, etcétera… De “marca”.

Y pensé en la posible definición que les podría aportar desde la llamada sociedad del “malestar”: deberíamos sindicar a los top manta en el top mente, donde podríamos hacer una clasificación de lo que se anhela desde la inteligencia social de estos navegantes solitarios, para darnos cuenta del gran fiasco del primer mundo en un diálogo imposible:

1. Lo que importa es la marca, el producto, no la esencia del mismo. Me lo quedo.
2. Lo que vale es llevarse por precio ínfimo el conocimiento de los demás. Me lo quedo.
3. Ten cuidado con tus alrededores: la policía siempre está acechando. Como mucho, te observo. No me lo quedo.
4. Para abrirse paso hay que pertenecer a unas bandas mafiosas donde yo soy un mero eslabón de la cadena, quizá el más débil. Lo sé, pero como comprador de sueños no puedo hacer nada. No me lo quedo.
5. Todo consiste en decir: bueno, bonito y barato. Son palabras que el primer mundo entiende bien. Me las quedo…

Así, cuando esta noche los vuelva a ver junto a los palacios del consumo sé que tendré siempre una deuda con ellos. No trabajar suficientemente en recuperar segundos de credibilidad hacia la inteligencia humana que permita crear ideologías más fuertes en la solidaridad humana y en la construcción de otro mundo posible: top mente. Ya lo sé: soy un idealista y no tengo remedio. Y es posible que ante una presencia policial, todos los sufridores anónimos del top manta me demuestren de forma cruel que otro mundo es difícilmente creíble y que todo es cuestión de saber vender el honor y la dignidad a cualquier precio para alcanzar el primer puesto en el top mente de la desidia social.

Sevilla, 12/V/2007

Cadencia

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Si algo le honra a Cadencia es que hace sentir, es que transmite, es que contagia, tanto en la alegría como en la nostalgia.

Estas palabras las he recogido como un regalo anónimo de su presentación, en la Noosfera (la malla pensante que se acerca diariamente a Internet), que ayer lo encontré por primera vez hecho realidad y vida, porque sintetizan bien el hilo conductor de un grupo musical de raíces flamencas, Cadencia, al que pude contemplar anoche, en el sentido más pleno de la palabra, poniendo la atención tanto en lo material como en lo espiritual.

Ayer asistí a un espectáculo de sensaciones. A una persona tan amante del cerebro y de sus estructuras, este tipo de experiencias solo hace reforzar la importancia de los sentimientos y de las emociones en estado puro. Fue con motivo de los actos programados por FNAC, en los días esplendorosos de su inauguración en Sevilla. Su composición escénica, y la música y las palabras que lanza al aire Dolores cuando canta, baila, cuando abre sus manos y sus dedos juegan con dibujos imaginables para todas y todos los asistentes, generan un sentimiento de participación activa haciendo muy grande el escenario, su forma de hacer música, dando el protagonismo a todas las personas que como ayer, llenábamos el pequeño espacio destinado a tal fin por FNAC.

De vez en cuando contemplé también las fotografías que estaban a mi alcance de una exposición sobre “La vida alrededor”, que actualmente se puede visitar en el mismo espacio en el que Cadencia nos mostraba sus hermosas canciones y sus composiciones acompañadas de las flautas mágicas de Pepo (Papageno), el de Tomares, la maestría y profesionalidad consumada de Gori: guitarra, Sofía, aunando culturas afroarábigas, tocándolas ya con los dedos: djembé, darbuka, tumbadora, conga y cajón, Enrique: perseverante en la dedicación y estudio del bajo, y Dolores, con una voz a veces sensible y a veces desgarrada por cada palabra transmitida, con una sonrisa demostrativa de su calidad afectiva, con bailes elegantes y manos diestras en castañuelas, conga y las caricias al sartal de conchas. Los protagonistas de aquellas fotos, sumidos en la pobreza y en la enfermedad del SIDA, creo que vibraron también con la cadencia de este grupo, porque pueden integrar la nostalgia de las caras fotografiadas.

Soy un niño nacido junta a la Alameda. Exactamente, en Jesús del Gran Poder, detrás de la Casa de las Sirenas, en la esquina con Becas, y por un momento imaginé el sonido de aquellas películas que el Cine Ideal me llevaba hasta la habitación. Porque crecer entre ideales, alamedas de arte y ensueño, sirenas que me podían visitar en los sueños tempranos de la posguerra, en una Sevilla decadente que buscaba en la Alameda libertades para vivir mejor, sin economía de mercado, hace que la canción que transmitió Dolores con fuerza magistral sobre la Alameda de mi niñez, sea una muestra de que Cadencia puede llegar hasta donde se lo propongan, porque saben lo que quieren y lo que sienten. La Real Academia Española puede limpiar, fijar y dar esplendor a la cadencia, en sus diez formas de descifrar su mensaje, porque es su misión, pero creo que ellos optan por vivir y transmitir la octava: manera de terminar una frase musical, reposo marcado de la voz o del instrumento. Maneras de terminar un concierto.

La anécdota final me pareció trascendental: no se podía comprar su disco, no había llegado a tiempo, a pesar de FNAC… Casi me alegré, porque aunque sea por una vez, se rompían las leyes de mercado, de las mercancías, y solo nos podíamos llevar sus canciones y su música (¿top mente?) en el pensamiento y en el sentimiento, sin más coste que lo que habíamos sentido y por el afecto personal, surgido allí, sin intermediarios, hacia Dolores, Pepo, Gori, Sofía y Enrique, para que siguiendo los consejos de Rafael Alberti, se escuchen sus cadencias, eso sí, más fuerte que el viento…

Sevilla, 6/V/2007

El cerebelo: árbol de la vida

Sigo dando vueltas a la cabeza para conocer bien su estructura global. Además, estoy intentado ofrecer a la noosfera la divulgación de las estructuras propias y asociadas del cerebro, y de sus implicaciones inteligentes en clave de género. Llegamos así a otro gran protagonista de nuestra vida diaria y gran desconocido, el cerebelo (cerebellum), el cerebro pequeño, órgano responsable desde la perspectiva científica tradicional, de la coordinación motora, la postura y el equilibrio, que tiene forma de nuez, ubicada en la base del cerebro, con un peso medio de 140 gramos, siendo en realidad una lámina grande fruncida, de unos 17 cm de anchura por 120 cm de largo, cruzándose los pliegues en toda su estructura en forma de “láminas”.

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Figura 1: Cerebelo (imagen recuperada el 7 de agosto de 2006 de http://es.brainexplorer.org/brain_atlas/Brainatlas_index.shtml).

Se encuentra detrás y debajo de los hemisferios cerebrales. Consta de dos partes como el cerebro, unidas por una masa central llamada vermis. La materia blanca de su interior lo comunica con otras partes del sistema nervioso, irradiando aquella en una forma especial que recuerda las ramas de un árbol. De aquí el nombre que recibe de árbol de la vida. Consta además de una corteza cerebelar y núcleos profundos (recomiendo el acceso a la página web siguiente http://www.iqb.es/neurologia/a004.htm#cerebelo, donde se puede profundizar de forma excelente en la anatomía de este órgano). Es un procesador silencioso de información proveniente de otras áreas del cerebro, de la médula espinal y de los receptores sensoriales con el fin de indicar el tiempo exacto para realizar movimientos coordinados y suaves del sistema muscular esquelético.

Junto a los elementos descriptivos de su estructura, lo que deseo destacar en este post es su funcionalidad y aquellas características que sobresalen en las causas científicas e irrefutables que nos permiten vivir de él en el acontecer diario de cada persona. Fundamentalmente en el área del conocimiento y su aportación a lo actos inteligentes llevados a cabo por personas. Una publicación científica llevada a cabo en 2004 (1) resaltaba que “aunque el cerebelo ha sido relacionado siempre con el control y la coordinación del movimiento, en las últimas dos décadas se ha acumulado un número importante de datos que sugieren su participación en los procesos cognitivos superiores. Estas evidencias proceden de estudios anatómicos, estudios de neuroimagen funcional y estudios sobre los efectos de las lesiones cerebelosas. En este trabajo revisamos los datos más relevantes sobre la función cognitiva del cerebelo”.

Es cierto que a partir de las investigaciones actuales a tal efecto, la evidencia de la participación del cerebelo en el funcionamiento de las actividades cognitivas humanas es concluyente, que su papel va más allá de la regulación del tono muscular o modulación del acto motor, de mantener una determinada postura y el equilibrio (con la información que procesa proveniente del laberinto) y de la coordinación, ajuste y corrección del juego antagonistas/agonistas del referido acto motor, aunque se reconoce que es un campo todavía por explorar y desarrollar adecuadamente: “Desde los estudios de neuroimagen se ha mostrado la activación del cerebelo en funciones tales como la generación de palabras, comprensión y procesamiento semántico, la articulación encubierta, la memoria verbal inmediata, el reconocimiento verbal y no verbal, la planificación cognitiva, imaginación motora, rotación mental, adquisición y discriminación sensorial, y atención. En el estudio de pacientes con lesiones focales se han obtenido evidencias de alteraciones en la velocidad de procesamiento, la realización de operaciones espaciales complejas y de carácter organizativo, la generación de palabras ante consignas, la planificación y flexibilidad, el razonamiento abstracto, la memoria operativa, la temporalización perceptiva y motora. Se han observado además cambios de personalidad, agramatismo [incapacidad de formar palabras idiomáticamente correctas], déficits lectores, disprosodia [dificultad para pronunciar correctamente las palabras con atenuación de la melodía del discurso (monotonía)], y dificultades para realizar cambios voluntarios rápidos y precisos en el foco atencional”.

La curiosa experiencia de la anticipación a la reacción a las auto-cosquillas refleja muy bien que el cerebelo controla el equilibrio, la homeostasis de nuestras sensaciones y emociones: los estudios llevados a cabo por Sarah-Jayne Blakemore investigadora del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres, han demostrado que el cerebelo puede predecir las sensaciones cuando las causan tus propios movimientos, pero no cuando alguna otra persona las provoca: cuando tratas de hacerte cosquillas a ti mismo, el cerebelo predice la sensación, y esta predicción se emplea para cancelar la respuesta de otras áreas cerebrales a las cosquillas. En el procesamiento de las sensaciones causadas por las cosquillas intervienen dos regiones cerebrales. El córtex somatosensorial procesa el toque y el córtex cingulado anterior procesa las sensaciones de placer. Descubrimos que ambas regiones permanecían menos activas durante las auto-cosquillas que durante las cosquillas realizadas por una tercera persona, lo cual ayuda a explicar por qué no se siente ese placentero hormigueo cuando es uno mismo quien lo provoca (2).

Por último, es necesario destacar que determinadas funciones ejecutivas y emocionales también se regulan por el cerebelo. El rol a desempeñar por la conexión sistema límbico/cerebelo es de gran importancia en determinadas manifestaciones humanas. Y una de las inteligencias múltiples analizadas por Howard Gardner, la musical, responde a este patrón científico porque la coordinación motora, con las aferencias de y hacia el sistema límbico y la corteza cerebral hacen muy comprensible la diferenciación del potencial musical que llevaba al niño Mozart a interpretar seis creaciones maravillosas cuando solo tenía cinco años (sobre todas el Minueto para piano en fa mayor (K. 1d): seis manifestaciones de un maestro del clavecín, que suman tan solo tres minutos y cincuenta y cuatro segundos, como introducción a una clase magistral de inteligencia aplicada en su tiempo y en su espacio, controlada por un procesador excelente: el cerebelo.

Sevilla, 5/V/2007

(1) Nieto Barco, A., Wollman Engeby, T. y Barroso Ribal, J. (2004). Cerebelo y procesos cognitivos. Anales de psicología, vol. 20, nº 2 (diciembre), 205-221.
(2) Blakemore, S.J. y Sirigu, A. (2003). Action prediction in the cerebellum and in the parietal lobe. Exp Brain Res (2003) 153:239–245.