La oscura raíz del grito

Verónica Echegui (1983-2025)

Sevilla, 2/IX/2025 – 08:38 h (CET+2)

Me siento hoy algo incómodo al poner el título de este artículo, porque estas palabras sólo les pertenecen, en primer lugar, a Federico García Lorca, al recogerlas en Bodas de sangre y, recientemente, a Álex García, al citarlas en una carta abierta dirigida a la actriz Verónica Echegui, su amor de pareja durante trece años, fallecida el pasado 24 de agosto, desgraciadamente “en la flor de su vida”, que decían mis mayores.

He leído la carta dos veces y lo he hecho porque necesitaba recuperar la creencia de que aún es posible defender el auténtico amor humano sobre todas las cosas, en un mundo que se derrumba por el odio y la ausencia de felicidad propia y compartida. Gracias, Álex.

Reproduzco la carta completa, porque siguiendo la estela de la Cantata de Santa Maria de Iquique, sé que “con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades”. Deseo compartir este sentimiento y pensamiento, aunque defiendo que “este sentimiento se debe escuchar más fuertemente que el viento”, tal y como lo aprendí de Rafael Alberti.

Gracias Álex, por brindarnos esta oportunidad de vivir y estar en el mundo de forma diferente, atrapados por una Ola de Amor que ha generado la ausencia de la actriz, a la que sucumbimos, porque arrastra a las personas que admiramos la vida, convencidos de que es bella cuando es digna, pero no cuando lo es sólo para algunos, sino cuando la disfrutamos todos.

Carta a Verónica Echegui

«¡Fara frica!»
Nos gritaban mientras nuestros pies llenos de barro volaban en mitad de aquella tormenta en Rumanía. ¡Fara frica! Y nos agarraban las manos y cada vez se sumaban más y más personas… Nos miraban todos con el mismo amor que desprendíamos… Porque amor, llama a amor. Y así era siempre contigo.

Sonaba Paul Kaklbrenner, y con una bolsa de basura donde otro hubiera corrido a resguardarse, tú inventaste un pase de moda. Entre charcos y altavoces a todo volumen que rompían la realidad. Ahí eras feliz.

Fuiste italiana, inglesa, murciana, catalana y canaria….
Siempre agarrabas las raíces y las hacías tuyas.
La oscura raíz del grito, que diría Lorca.
Me enseñabas que todos somos esa raíz, del amor y la oscuridad. Que todos somos uno, el árbol, la ola, tu padre y la hormiga que sube por la pared del dormitorio en verano…
Nunca fuiste actriz, fuiste canal. Altavoz de los corazones dormidos de esta tierra a los que dabas tu voz, tus dolores y todas tus vivencias más allá de este planeta a veces tan dual… Por eso tus personajes son universales. Porque son uno y tú eras todos.
Ahí también eras feliz.
Me decías, libélula, que aquí se sufre mucho, y no entendías por qué.
Solo el arte te ha ayudado siempre a sanar esa pregunta sin respuesta.

Te has tenido que marchar para que una ola de Amor recorra España. Para que esta profesión, a veces tan ingrata, se ponga de acuerdo en algo.
Para que mi móvil explote de amor…
Solo quiero que esa ola de Amor continúe en tsunami y apague todos los informativos del mundo, que empape todos los dedos que señalan su dolor en el de enfrente y aliente las caras mustias de estos años que corren…

Una vez en Katmandú, en el Ganges, me dijiste que no entendías por qué sufríamos tanto en los funerales en España. Por qué no celebrar la vida de la persona, más que lamentarla.
Mis ojos han llorado, Vero, han llorado mucho en los últimos días… y también mis pies han bailado sin pensar, y te he visto sumergirte en este océano inmenso que ahora tengo enfrente, este trocito de océano en el que bañamos a Roberto Pérez Toledo mientras sobrevolábamos la película que nos fundió para siempre.
Te he visto volar libre y feliz como tantas veces habíamos hablado… y bailar libre al fin.

Tu partida me ha recordado millones de momentos… entre ellos aquel día en Rumanía.

A la mañana siguiente preguntamos qué significaba «fara fricka».
Sin miedo, significaba.
Y así seguiré tu hermoso legado, Vero.
Sin miedo, descalzo y con Amor.

Alejandro García

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En la política digna, la gracia no presupone lo que la naturaleza no da

Paolo Sorrentino, La grazia (2025), 82º Festival de Venecia

Sevilla, 28/VIII/2025 – 11:38 h (CET+2)

Otra vez el cine cumpliendo, afortunadamente, una función social, didáctica y ejemplarizante, a través de una película italiana, La grazia, dirigida por Paolo Sorrentino, “un elogio de la política en tiempos de crisis”, como he leído en una crítica constructiva en elDiario.es, que ayer abrió el Festival de Venecia.

La sinopsis oficial creo que sólo introduce el verdadero hilo conductor de la película, la política útil y benefactora para la sociedad a la que debe servir: “Mariano De Santis, Presidente (ficiticio) de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y cristiano, pero de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar, en especial sobre si aprueba o no una ley de eutanasia, planteándose un gran dilema moral”. Habrá que verla para reforzar personalmente la utilidad de la buena política en democracia.

Si comienzo hoy con una visión “cinematográfica” de lo que está pasando y estamos viendo en este país, en el plano político, la primera reflexión en las postrimerías del verano y la entrada puntual del innegable “otoño caliente”, es que casi todo sigue igual, las derechas ultramontanas insultando y echando la culpa de todo lo que ocurre al presidente del Gobierno, en un negacionismo brutal de lo que significa la buena política, junto a una realidad flagrante, la de la izquierda cada vez más desunida, sin tomar conciencia, por respeto a sus votantes, de que próximamente “puede ser vencida” y con un denominador común: los y las protagonistas de la política indecente son el fiel reflejo de una máxima latina que aprendí en mis años jóvenes universitarios: gratia non datur, natura dispensatur o lo que es mismo en roman paladino (que decía Berceo), la gracia no presupone lo que la naturaleza no da, es decir, antes que ser buen político o buena política hay que ser buena persona, para entendernos todos, porque la gracia no es un bien infuso. Gracia entendida en este caso tal y como se asume por la iglesia católica: favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de salvación. O lo que es lo mismo, otra vez: cualidad de buena persona y digna que determinados políticos y políticas creen que la naturaleza les ha concedido desde su nacimiento, por la gracia divina, sin mezcla de educación alguna, en su sentido más extenso.

Vivimos en el reino de la mediocridad y a esta corriente se apuntan los y las políticas que no acaban de entender su verdadera función, no asumiendo el gran principio latino expuesto anteriormente: la gracia no presupone lo que la naturaleza de cada uno, de cada una, no le ha dado a lo largo de la vida, entendida esta “naturaleza” como educación política integral e integrada, para empezar, como simples ciudadanos de a pie. Como decía Jorge Wagensberg (Aforismos), “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”. Un político o política, mediocre, mala persona, porque la gracia no presupone en ellos lo que la naturaleza no les ha dado, pueden hacer sufrir mucho a este país, a la democracia. Seguimos estando avisados.

Recuerdo al excelente escritor Manuel Rivas cuando en el periodo preelectoral de 2019 decía: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. Efectivamente, que determinados políticos y políticas no hagan daño, porque su desvergüenza no la puede suplir la gracia divina, tan creyentes ellos.

Mientras que la nave política va… en nuestro país, gracias, grazie tante, Sorrentino, por enseñarnos que otro mundo político es posible.

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¡Paz y Libertad!

‘Romería’, la nueva película de Carla Simón

Sevilla, 25/VIII/2025 – 07:45 h (CET+2)

Quien sigue de cerca las páginas de este cuaderno digital, conoce bien mi debilidad por el cine y si es social, mejor. Por esta razón, deseo escribir hoy una reflexión sobre la última película de la directora Carla Simón (Barcelona, 38 años), Romería, a la que tanto aprecio y sobre la que he escrito con especial cuidado en estas páginas, conociendo la deuda ética e histórica que siente esta excelente directora al contar -cinematográficamente hablando- la realidad de una generación olvidada y marcada por el sida y la heroína en nuestro país, algo que conoce bien y en primera persona. Con esta película y según palabras textuales de Carla Simón, se cierra su trilogía familiar: “Romería» nace de la frustración de no saber mucho sobre mis padres”.

Hablamos de trilogía porque Verano 1993 (2017), fue una sorpresa extraordinaria para el cine español de nueva generación, ganando el premio a la mejor ópera prima de la Berlinale y el Goya a mejor dirección novel. Con Alcarrás (2022) consiguió el Oso de la Berlinale, cerrándose ahora con Romería (2025), habiendo participado ya en la Competición del festival de Cannes antes de su estreno en salas de este país el próximo 5 de septiembre, con una acogida espectacular porque la presentación del pase oficial arrancó un aplauso que duró once minutos.

La sinopsis oficial de Romería, permite conocer el hilo conductor de la misma: «Marina, de 18 años, huérfana a temprana edad, debe viajar a la costa atlántica española para conseguir la firma de sus abuelos paternos, a quienes nunca conoció, para una solicitud de beca. Navega entre un mar de nuevas tías, tíos y primos, sin saber si la aceptarán o si encontrará resistencia. Despertando emociones reprimidas, reviviendo la ternura y desvelando heridas no expresadas del pasado, Marina reconstruye los recuerdos fragmentados y a menudo contradictorios de sus padres, a quienes apenas recuerda». Procuraré verla, porque sigo de cerca la vida y obra de Carla Simón. Sé de antemano que tiene el éxito garantizado.

He leído con la atención que merece una entrevista realizada durante la presentación en Cannes, en la que Carla Simón explica el por qué de la película: «Creo que Romería surgió de la frustración relacionada con mi historia familiar. Mis padres murieron cuando yo era muy joven, ambos de sida. Estaban arruinados, en una época —finales de los 80— en la que, por desgracia, era común en España. Mucha gente murió por sobredosis, sida o accidentes, durante una época muy liberal, pero también profundamente afectada por las drogas. Eso afectó mucho a las familias. Cuando intento reconstruir la historia de mis padres, siempre hay dolor. Me cuesta hablar de ello. Así que creo que la película surgió de esta frustración. Es una película sobre la importancia de la memoria familiar y sobre cómo forjar tu identidad. Cuando no puedes forjar tu identidad a través de otros, puedes inventarla mediante la creación. El cine está ahí para eso: para crear imágenes que no existen». Explica además por qué se ha rodado esta película en Galicia:, mientras que las dos anteriores de la trilogía se rodaron en Cataluña: «Soy catalana por parte materna, pero mi padre era gallego. Esta película me dio la oportunidad de filmar en su tierra: donde él creció y donde mis padres vivieron su historia de amor. Los lugares que visitaron siguen ahí. La gente va y viene, pero los espacios permanecen. Rodamos por primera vez en la costa de Vigo, una ciudad industrial con un centro histórico precioso. Cada semana, sentía que rodábamos una película diferente: Romería es casi como muchas películas en una. Hubo una semana en particular, que fue muy intensa, con muchos personajes. Ese fue nuestro mayor reto, pero también el más hermoso, porque ocurren cosas maravillosas cuando hay tanta gente que capturar. Y me encanta capturar estos momentos».

La belleza de la vida es revivir instantes mágicos que vivimos en momentos especiales. Con Romería sé que la historia que lleva dentro es bella. De ahí el éxito de Carla Simón. Lo merece.

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¡Paz y Libertad!

María y vosotros, May y Miguel Gallardo

Miguel Gallardo y María, su hija, en María y yo

Sevilla, 23/VIII/2025 – 11:22 h (CET+2)

Caminando del timbo al tambo, expresión que aprendí de Gabriel García Márquez en sus “Cuentos peregrinos”, he recibido hoy una propuesta cultural que me ha vuelto a conmover, al invitarme a volver a leer y ver una historia preciosa de un padre y su hija, autista por más señas, a los que he dedicado páginas en este cuaderno digital. Me refiero a Miguel Gallardo, dibujante de cómics, que dedicó su mejor obra a su hija María, que tengo guardada en mi memoria de hipocampo.

Vuelvo a publicar hoy el artículo que dediqué en 2022 a Miguel Gallardo, como homenaje “in memoriam” al conocer su fallecimiento y siendo consciente de lo que supone para niños y niñas diagnosticados de trastornos del espectro autista (TEA), la desaparición de esta figura de protección, en alta disponibilidad, a lo largo de sus vidas. También, a la madre de María, May y a todos los padres, madres, familiares, amigos, amigas y profesionales que los cuidan siempre con cariño y esmero.

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María y tú

Sevilla, 23/II/2022

Ayer falleció en Barcelona el dibujante de cómics Miguel Gallardo, al que conocí mejor en 2011, a través de una experiencia inolvidable, su mejor obra gráfica, María y yo, dedicada a su hija María, autista, realizada con una delicadeza y ternura dignas de encomio. Estas palabras son un pequeño homenaje a él, porque para mí forma parte de los “imprescindibles” de Brecht, que tanto necesitamos hoy, fundamentalmente porque luchó para cuidar a su hija toda su vida. Lo mejor que puedo escribir hoy es reproducir las palabras que le dediqué en 2011, María y yo, un gran regalo de Reyes, al descubrir su gran obra gráfica vital y, sobre todo, humana.

Aquél encuentro me permitió comenzar un nuevo año con un mensaje de esperanza y de optimismo ante la adversidad, con el recurso tan cercano de utilizar las pequeñas cosas, los pequeños afectos, los sentimientos, las emociones, para agregar valor a nuestras vidas, las de todos. Por eso no he olvidado a Miguel Gallardo y a su hija, a quienes debo haber descubierto, una vez más, el secreto de amar a pesar de todo.

María y yo, un gran regalo de Reyes

He recibido, gracias a la vida, un regalo precioso: una historia entrañable para personas preocupadas, como yo, por la inteligencia y por su capacidad para resolver problemas. He leido el cómic que lleva por título María y yo (1) y también he visto la película del mismo título con un guión adaptado de la obra de Miguel Gallardo, padre de María, la gran protagonista de esta historia bellísima, y reconocido creador de Makoki, líder en la década de los años ochenta de los mundos underground y contraculturales de nuestro país. El libro es para leerlo con mucha atención, lo que nos permitirá comprender bien un desajuste de estructuras cerebrales que son la base del autismo y cómo se puede abordar con mucha ternura esta realidad que está ahí, en muchos niños y niñas de nuestro país. María es un símbolo real de autosuperación en su persona de secreto que, poco a poco, se va conociendo con más detalle por la neurociencia más activa. Quizá, hoy, por ti, que sigues este blog.

Recomiendo la lectura del libro y la película, por este orden, para comenzar este año con un mensaje de esperanza y de optimismo ante la adversidad, con el recurso tan cercano de utilizar las pequeñas cosas, los pequeños afectos, los sentimientos, las emociones, para agregar valor a nuestras vidas, las de todos. La inteligencia de cada una, de cada uno, seguro, pone el resto, porque es la que nos permite resolver problemas, en la clave que aprendí hace muchos años, de José Antonio Marina: la inteligencia es la que permite, mediante una poderosa conjunción de tenacidad, retórica interior, memoria, razonamiento, invención de fines, imaginación -en una palabra, gracias al juego libre de las facultades-, que veamos una salida cuando todos los indicios muestran que no la hay. Inteligencia es saber pensar, pero, también, tener ganas o valor para ponerse a ello. Consiste en dirigir nuestra actividad mental para ajustarse a la realidad y para desbordarla (2).

Sevilla, 8/I/2011

(1) Gallardo, Miguel (2010). María y yo. Bilbao: Astiberri.
(2) Marina, José Antonio (1993). Teoría de la inteligencia creadora. Barcelona: Anagrama.

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¡Paz y Libertad!

El mar, la mar, fue una verdad descubierta por Rafael Alberti en un verano juvenil

Rafael Alberti Merello (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902-1999)

Sevilla, 10/VIII/2025 – 09:00 h (CET+2)

Es indudable mi admiración por la poesía de Rafael Alberti, al que tanto aprecio, como se puede comprobar buscando en este cuaderno digital mis reflexiones acerca de él, de su vida y obra. Por esta razón, vuelvo a publicar un artículo escrito en agosto de 2023, El verano, según el joven Alberti, porque una vez más descubro la profundidad del poeta gaditano a pesar de la aparente levedad en sus palabras. 

Finalizo el reencuentro “poético” en este mes imperial, que honra al emperador Octavio Augustus, dedicado a “recuerdos de lo vivido lejano”, siguiendo también la obra homónima del poeta gaditano, convencido de que la palabra envuelta en poesía, puede ayudar a transformar la forma que tenemos de vivir día a día en este loco mundo al revés. Utilidad de lo aparentemente inútil, de interés general, que diría Nuccio Ordine. O comprender junto a Gabriel Celaya, que “la poesía es un arma cargada de futuro”.

Intentaré descubrir hoy, en un cine de verano imaginario, que la mar, ¡sólo la mar!, aunque no la vea aquí en Sevilla, es.

El verano, según el joven Alberti

Tenía tan solo 21 años cuando Rafael Alberti publicó, en 1924, Marinero en tierra, una de sus obras emblemáticas y por la que obtuvo el primer premio del Concurso Nacional de Literatura, en la modalidad de Poesía, en junio de 1925. En esta obra iniciática, excelente, figura un poema, Verano, que a pesar de su brevedad, dos veces buena, es de un calado especial, que hoy rescato del olvido para dar sentido a un verano complejo para la gobernabilidad del país:

—Del cinema al aire libre
vengo, madre, de mirar
una mar mentida y cierta,
que no es la mar y es la mar.

—Al cinema al aire libre,
hijo, nunca has de volver,
que la mar en el cinema
no es la mar y la mar es.

Es verdad que la aparente sencillez expresiva de Alberti en este poema no tiene nada que ver con su profundo mensaje, como bien se analiza en el Centro Virtual Cervantes cuando aborda la sinopsis de esta obra. “En lo que se refiere al lenguaje poético, la obra queda lejos de la espontaneidad irreflexiva. Muy al contrario, analizado en las sucesivas ediciones —y mudanzas— que Alberti revisó, Marinero en tierra es un conjunto ligado mediante un alto sentido de la madurez poética. Es Jesús Fernández Palacios quien destaca las virtudes del engranaje: «Desde “Sueño del marinero”, como prólogo en tercetos encadenados, pasando por los diez sonetos de la primera parte, las treinta y tres canciones de la segunda hasta los sesenta y cuatro poemas de la tercera —introducida esta última parte por una hermosa y alentadora carta de Juan Ramón Jiménez, fechada el 31 de mayo de 1925—, la obra entera se resume como un compendio de tradición y modernidad, donde se mezclan versos endecasílabos y alejandrinos con los de arte menor, las estrofas clásicas con las nuevas canciones, el lenguaje convencional con el experimental, los usos normales con los juegos de palabras, y las comparaciones más elementales con atrevidas, alógicas metáforas». («Marinero en tierra», Cuadernos Hispanoamericanos, n.º 485-486, nov.-dic. 1990, p. 288).

Verano, es la canción 22 en este poemario tan querido por mí y tantas veces leído y sentido. Creo que Juan Ramón Jiménez, cuando le escribió la carta entusiasta que se cita anteriormente, estaba convencido de la excelencia de las canciones a incorporar en la edición final de Marinero en tierra, tal y como lo expresaba con bellas y sentidas palabras, respetando la ortografía juanramoniana, dirigidas a su “querido amigo” Rafael Alberti: “[…] Las poesías de este libro -que yo había visto ya, el año pasado, en La verdad de nuestro fervoroso Juan Guerrero y en las copias que usted tuvo la bondad de enviarme para el primer – me sorprendieron de alegría; y sospechando que un brote así de una juventud poética no podía ser único, tenía grandes deseos de conocer el resto de sus canciones. No me había equivocado. Desde el arranque: … Y ya estarán los esteros rezumando azul de mar, hasta el final: Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera, la serie ésta del Puerto -que yo he elejido- es una orilla, igual que la de la bahía de Cádiz, de ininterrumpida oleada de hermosura, con una milagrosa variedad de olores, espumas, esencias y músicas. Ha trepado usted, para siempre, al trinquete del laúd de la belleza, mi querido y sonriente Alberti. La retama siempre verde de virtud es suya. Con ella, en grácil golpe, ha hecho usted saltar otra vez de la nada plena el chorro feliz y verdadero. Poesía «popular», pero sin acarreo fácil: personalísima; de tradición española, pero sin retorno innecesario: nueva; fresca y acabada a la vez; rendida, ájil, graciosa, parpadeante: andalucísima. ¡Bendita sea la Sierra de Rute, en donde la nostaljia de nuestro solo mar del sudoeste le ha hecho exhalar a usted, hiriéndole a diario con la espada de sal de su brisa, esa esquisita sangre evaporada! Le voy a decir a El Andaluz Universal que adelante un , paraque pueda lucir todavía en el aire lijero de esta goteante primavera, la tremolante cinta celeste y plata de su Marinerito”.

El poema Verano me ha recordado en este agosto presente el aviso clásico que figura a veces en los títulos de crédito de las películas, porque cualquier parecido de la mar en el cinema con la mar verdadera es sólo pura coincidencia: Al cinema al aire libre, / hijo, nunca has de volver, / que la mar en el cinema / no es la mar y la mar es. Al fin y al cabo como nos pasa en la vida diaria, cuando representamos determinados papeles en la película vital que, a veces, no es la verdadera vida, porque nuestra vida no es esa sino la que es. O lo que es lo mismo, cambiando lo que haya que cambiar en nuestra experiencia vital en cualquier forma que se exprese: los personajes y hechos retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia. Es verdadera la reflexión de Alberti: en el cinema, la mar no es la mar, porque la mar es.

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¡Paz y Libertad!

Crece de forma alarmante el club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

Sevilla, 8/VIII/2025 – 08:00 h (CET+2)

En este largo y cálido verano, en el que ya he manifestado recientemente que busco refugio ideológico en la poesía útil para transformar este loco mundo al revés, no olvido al actor Robin Williams en su papel del profesor John Keating, en “El Club de los poetas muertos”, en una secuencia inolvidable a través de sus palabras y rodeado por sus queridos alumnos: “Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos”.

Las palabras que siguen las escribo a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el “carpe diem” particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario, rodeados de mediocridad creciente. El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a poetas muertos y vivos que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran personas cretinas vivas que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad, como mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho irrefutable, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, que la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas.

En este contexto, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivosque no necesita más actualización que la de Trump y sus sempiternos aranceles, en estos momentos delicados para el bien común, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial, aunque sigue haciendo de las suyas, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revésincluyendo nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la gente de mal, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado a continuación, La ola de cretinismo, que nos invade por tierra, mar y aire.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana. 

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El club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpidonecio (que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidezidiotez y falto de talento

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¡Bienvenido a Sevilla, Maestro Berlanga!

La vida no es como en las películas pero las películas de Berlanga sí son como la vida

En La mirada de Berlanga, cortometraje dirigido por José Luis García-Berlanga, en homenaje a su padre.

Sevilla, 4/VIII/2025 – 07:12 h (CET+2)

He cumplido un compromiso ideológico con mi asistencia a un encuentro, en Caixaforum Sevilla, con el director de cine Luis García-Berlanga Martí (1921-2010), utilizando como plató una cuidada exposición temporal, “Interior Berlanga”, identificada con una cualidad berlanguiana por excelencia, su intimidad, lo más íntimo de su propio mundo interior, que tanto ensalzó San Agustín: intimior intimo meo. Contiene, además, un matiz público que deseo destacar en tiempos de desafección hacia el interés general de la ciudadanía, según explica la organización oficial de este evento: «Esta exposición, realizada con la colaboración de la Filmoteca Española, ofrece una mirada íntima y nunca explicada sobre Luis García-Berlanga (1921-2010), un enfoque inédito gracias a los trabajos de catalogación y digitalización del archivo particular de Berlanga que, tras su adquisición para las colecciones públicas estatales por parte del Ministerio de Cultura, se ponen por primera vez al alcance del público». Seis ámbitos de la exposición, en una cuidada escenografía, ayudan a conocer aspectos íntimos del director: Introducción, La habitación de Berlanga, El magisterio de Berlanga, Mal preparado para este mundo del cine, La vida de las películas, Eros y miedos. Fetiches, Inventario y cremá. La falla, para finalizar con un ámbito especial: Lo berlanguiano. Sesión académica.

Este cuaderno digital tiene páginas dedicadas a este entrañable director, a través de películas que aprecio de forma especial, entre las cuales destaco dos: Bienvenido Míster Marshall (1953) y Plácido  (Siente un pobre en su mesa, su título original, censurado), estrenada en 1961, porque en mi ideario de juventud supusieron una bocanada de aire fresco en plena dictadura, a pesar de la férrea censura franquista, una situación que para el interior íntimo de Berlanga tenía un significado profundo.

Poema visual de Berlanga, en un cuaderno de poesía (década de 1970)

Pasen y lean lo que he escrito sobre Plácido, por ejemplo, porque refleja un sentir personal que ayer reforcé visitando la cuidada exposición de Caixaforum, tal y como refleja su sinopsis oficial: “Interior Berlanga” propone un recorrido de descubrimiento por la vida del cineasta, su obra y su proyección internacional. Ofrece una visión de la historia de España a través de sus películas, muestra los problemas con la censura y examina aspectos tan personales como son sus miedos. Miedo a la muerte, al futuro o a las mujeres, que se convierten en temas recurrentes en su obra. Berlanga creó un universo propio berlanguiano que combina el imprevisto, la sátira, el costumbrismo y la caricatura. Como no podía ser de otro modo, la puesta en escena juega a favor de y acompaña a este imaginario, hasta llegar a un espacio tan valenciano como es una gran hoguera donde arden simbólicamente películas, temas y personajes”.

Escenas finales de Plácido (1961), dirigida por Luis García-Berlanga

Sentado en una butaca que recrea el Cine Atlántico de su juventud, visualicé un cortometraje dirigido por su hijo José Luis, La mirada de Berlanga (2024), que según sus palabras «está hecho con trozos de sus películas. Intento un poco contar quién es Berlanga a través de sus actores, sus técnicas, su lenguaje, sus planos o sus secuencias. También era un gran técnico, un montador estupendo hasta que se empieza a habituar al plano secuencia. La ternura que hay en ciertas películas, que todo es con humor. La muerte la trata siempre con humor. Aunque él renegaba de morirse, se tuvo que morir el pobre». Sentí algo especial al visualizar los planos finales porque escuché y leí un mensaje en off que siempre había visto y leído en mis mejores películas, pero al revés: “La vida no es como en las películas pero las películas de Berlanga sí son como la vida”. Precioso final (The End) para un director inolvidable, íntimo y sublime.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El cine pintará al óleo el alma de Goya

Sevilla, 31/VII/2025 – 11:32 h (CET+2)

Anoche descubrí una isla desconocida en la producción cinematográfica actual: los primeros pasos para llevar al cine de animación la vida y obra de Francisco de Goya (1746-1808), con un título sorprendente, Cave of dreams (La cueva de los sueños), utilizando más de 65.000 reproducciones del artista, pintadas al óleo y basadas en su dilatada producción, teniendo previsto su estreno en 2028, con motivo del segundo centenario de su fallecimiento.

Así lo presentaba anoche el informativo de RTVE, según su sinopsis oficial: “Los creadores de la película Loving Vincent, la cinta de animación pintada al óleo basada en la vida de Vincent van Gogh, están preparando un nuevo proyecto. Se trata de una película, también pintada al óleo, pero ahora sobre el universo de Francisco de Goya: «Estaba pensando en Munch, Caravaggio, El Bosco… Pero una vez que descubres las pinturas de Goya, no puedes dejar de verlas. Son tan potentes que se quedan contigo», confiesa el director Hugh Welchman. El equipo está haciendo las pruebas de selección de los artistas en Barcelona”, que también se completará con artistas en Polonia y Canarias.

Si lo traigo hoy a estas páginas es porque en el minuto escaso de la noticia, se recogían algunos planos de la extraordinaria película dedicada a van Gogh, Loving Vincent, cuyas referencias técnicas supusieron una revolución espectacular en el cine animado, que se tradujo a una obra ciclópea, en la que intervinieron más de ciento veinte artistas, bajo la dirección de la pintora polaca Dorota Kobiela y su pareja, el cineasta Hugh Wlchman, pintando al óleo durante cinco años de preparación de la película, más de ciento veinte obras de Van Gogh, reflejadas en 62.450 fotogramas y 12 pinturas al óleo cada segundo, que daban vida a la trama argumental de la película, extraída de la lectura de más de ochocientas cartas del pintor. Algo similar es lo que se está preparando por los mismos autores sobre la vida y obra de Goya.

RTVE, NOTICIAS 2, La cosecha de la Crau, de Vincent van Gogh, en El cine al óleo, 30 de julio de 2025

Fue en ese fugaz recuerdo de esta asombrosa película cuando apareció en pantalla una obra de van Gogh, La cosecha (en La Crau, 1888), de la que realicé una copia en 2005, como primer trabajo del taller en el que estaba inscrito ese año, pintado a propuesta mía por el recuerdo vivo de un libro precioso que tenía en mi biblioteca sobre el autor y publicado en 1990, año en el que se cumplía el centenario de su muerte y porque creí que era importante copiarlo en trazos que consideré siempre fáciles para un principiante. Craso error. Aquella sobrecubierta del libro, en la que figuraba también el cuadro, había sido clave para comprender mejor a este complejo artista, al que conocí a través del trigo cosechado en Arlés, el pajar, las escaleras, el carro central que tanto cuidé, un hombre con una horca y el fondo de montañas de colores púrpura y azul, el Montmajour, con un fondo turquesa de cielo bastante sobrecogedor. Van Gogh escribió sobre él la siguiente reflexión al contemplarlo como obra inacabada, de una sola sesión, el 12 de junio de 1888: “El […] lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto”, porque sabía que era de una complejidad técnica asombrosa y porque el verano, a diferencia de la primavera, no es fácil de representar. Es la primera vez que incorpora también a personas en esta serie y pretendió representar casi todas las fases de la cosecha. En la llanura de la Crau, en Arlés, donde está situada su pintura, decía que “no hay nada más que… infinitud y… eternidad”.

LA COSECHA-JA COBENA

La cosecha. Copia del original de Van Gogh, 1888 / JA COBEÑA, 2005

Aguardo el estreno de la película con idéntica ilusión, cuando era niño, con la que esperaba las películas anunciadas como “próximamente en este salón”, en los tráileres del cine Tívoli en Madrid. En esta ocasión, muy especial, por la extraordinaria producción sobre Francisco de Goya, porque hace años me recordó este pintor que nunca es tarde para seguir aprendiendo, ancora imparo, a pesar de mi matusalénica edad, que diría Benedetti, y que Irene Vallejo lo tradujo con su habitual maestría en una columna periodística, Aún aprendo, recogida en su obra El futuro recordado (1): “Somos seres hambrientos. Hambrientos de justicia, de amor, de conocimiento. Ninguna de estas ansias tiene edad. Desde muy pequeños, los niños quieren averiguar las causas y los motivos de las cosas”, sus famosos y continuos “por qué?  “[…] La educación nace de un anhelo más profundo que el mero entrenamiento para trabajar… […] aprender es un placer inagotable y un vivero de salud. El griego Solón, uno de los Siete Sabios, fue tal vez el único poeta antiguo que se reveló contra la erosión de los años. Poseía el don del asombro y la curiosidad. Escribió: “Envejezco aprendiendo”. Siglos después, otro gran maestro lanzó el mismo mensaje. En uno de sus últimos dibujos, Goya retrató a un anciano encorvado -quizá el mismo- con barba blanca y dos bastones; sobre la imagen se lee: “Aun aprendo”. Solón y Goya sabían que la búsqueda jamás termina, ni aunque seas un genio en el umbral de la muerte”.

Espero que a lo largo de la laboriosa producción de esta joya cinematográfica de animación sobre Goya, no se olvide este dibujo con su precioso mensaje dentro: Aún aprendo.

(1) Vallejo, Irene, El futuro recordado, Zaragoza: Contraseña, 2020.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2025, en el 89 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar, con las palabras que aún nos quedan, un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 89 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplia la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados. Como ejemplo a secundar, podemos aprender y reforzar la historia democrática de este país, viendo esta película a partir del próximo viernes 10 de noviembre en cines de este país, difundiéndola a los cuatro vientos para reforzar nuestra democracia, en momentos cruciales como los que estamos viviendo en la actualidad ante la próxima investidura progresista y de futuro alentador, cargado también de legítimas esperanzas. Como las que transmitió el maestro Benaiges a tantos niños y niñas de un pueblo burgalés, Bañuelos de Bureba, recordados hoy gracias a la magia del cine y de la memoria democrática. 

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¡Paz y Libertad!

En tiempos de turbación ideológica progresista, debemos ser inaccesibles al desaliento

Hannah Arendt

Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga.

Hannah Arendt

Sevilla, 29/VI/2025 – 13:34 h (CET+2)

Estamos rodeados de desánimo, desafección política y desaliento. No basta ya el recuerdo de la solución cinematográfica a nuestros males: “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, aunque, siguiendo el famoso canon, lo que representan ciertas películas no es ya pura coincidencia con lo que está pasando y estamos viendo y sufriendo a diario. Recuerdo ahora que en 2023 ya escribí sobre esta realidad existencial, que hoy rescato al ser testigo directo de cómo se desarrollan los acontecimientos políticos de alcance mundial a la sombra del traje nuevo del emperador Trump. Vean por qué.

Cuando preguntamos a nuestro alrededor ¿cómo va la cosa?, lo habitual es que te respondan siempre ¿no lo ves? ¡fatal! Y la cosa es un constructo universal que tiene nombres y apellidos de casi todo lo que se mueve. De ahí al conformismo más activo solo hay un paso. No hay pensamiento, aliento, espera, ni preguntas para saber por dónde va la cosa de los vientos del Sur, por ejemplo, donde vivo, que también existe, como me recuerda con frecuencia Benedetti en su Soneto del pensamiento: «[…] sin pensar uno ahorra desalientos / porque no espera nada en cada espera / si uno no piensa no se desespera / ni pregunta por dónde van los vientos«. Un antídoto extraordinario, también, es asumir el principio de realidad de unas palabras de Hannah Arendt, que no olvido: Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga

A pesar de estos refuerzos éticos, es muy difícil en estos tiempos tan modernos, tan críticos en diferentes frentes de nuestras vivencias diarias, permanecer inaccesibles al desaliento, no inasequibles, porque somos personas, no mercancías, como aprendí hace años de las lecciones magistrales de don Fernando Lázaro Carreter, cuando abordaba el mal uso de este adjetivo en su extraordinaria obra, El dardo en la palabra: […] la confusión no es sólo vulgar; pero es confusión, y debe ser evitada. Se trata, simplemente, de que no se aplica con rigor el adjetivo debido, y se acude a otro que se le parece. Tampoco los precios son asequibles, sino baratos, razonables, ajustados, justos… Son las cosas a que corresponden tales precios las que pueden serlo. O no, en cuyo caso son inasequibles. Lo que no puedo comprar o entender es para mí inasequible. Ténganlo en cuenta quienes se precian de ser «inasequibles al desaliento». Merecen nuestra enhorabuena, pero digan, por favor, inaccesibles y hablarán con propiedad”. Esta aclaración encomiable, viene precedida de un contexto lingüístico que tampoco tiene desperdicio: “Asequibles son sólo las cosas que pueden adquirirse para poseerlas; cosas variadísimas, que van desde las ideas a los garbanzos; y si no, léanse estos dos fragmentos tan dispares: «La gracia abrillanta las ideas, las adorna, las hace amar, las adhiere a la memoria, vierte sobre ellas una luz que las vuelve más asequibles y claras» (W. Fernández-Flórez, 1945). «Entre los garbanzos, tan vulgares y tan asequiblesentonces, la carne de morcillo era lo selecto» (A. Díaz Cañabate, 1936). Con tales pasajes a la vista, bien claro está que calificar de asequible a una persona, es prácticamente desacreditarla como venal. ¡Qué distinta cosa hubiera dicho de aquella condesita Bretón de los Herreros [«La condesita, / aunque bocado de prócer, / es humana y accesible» (1838)], llamándola así! Aunque el paso se ha dado: el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón hace pensar de este modo a una dama, en una de sus espirituales novelas: «Era menester mucho aplomo y mucho dominio de sí misma para, sin preferencias por ninguno, ser con todos amable y asequible«. ¡Caramba con la dama! ¡Qué bien hubiese quedado el novelista escribiendo ahí accesible!”.

Aclarado este error histórico en el tratamiento no inocente de las palabras con las que nos relacionamos a diario, lo más importante de resaltar en esta locución es enfrentarse al significado de “desaliento”, lo que verdaderamente preocupa al mundo en este momento por su generalización, que el diccionario de la lengua española tiene claro desde el primer momento,  decaimiento del ánimodesfallecimiento de las fuerzas, llevándonos en directo a la palabra “desalentar” que, personalmente, es la que más me interesa en esta reflexión: quitar el ánimo a alguien. Con este circunloquio de palabras no inocentes, llegamos de nuevo a lo que pretendo analizar hoy: estamos viviendo una época en la que es difícil mantener una conducta inaccesible al desaliento. Si dejamos que las circunstancias actuales, los polémicos escándalos de corrupción en la política de nuestro país, por ejemplo, nos quiten el ánimo, es decir, la actitud, la disposición, el temple, el valor, la energía, el esfuerzo, la intención, la voluntad, el carácter, la índole, la condición psíquica de cada uno, de cada persona, es probable que perdamos la última acepción de este lema en nuestro vocabulario diario, porque al final nos quitan el fundamento principal del ánimo, el alma, el espíritu de cada uno como principio de la actividad humana.

Como a estas alturas de mi vida sólo me queda la palabra, sé el inmenso valor que tiene y lo importante que es su adecuado uso, no inocente casi siempre. Sobre todo porque temo un correlato fácil, el conformismo, si permito que cualquier acontecimiento o adversidad acceda a mi aliento, a mi ánimo, a mi alma humana. El conformismo por desánimo hace estragos allí donde nace, se desarrolla y muere, porque se instala en el confort de los tibios y tristes, mediocres en definitiva, alejando como por arte de magia a las personas dignas de cualquier movimiento andante. Tengo que reconocer que me dan pánico, pero crecen como por encanto, porque todos coinciden en que la cosa está fatal. Pero ¿qué es la cosa? ¿su cosa?, que decíamos al principio. Ahí es donde hay que poner las barreras éticas de la vida digna para sí mismo y para todos. Es probable que aquí sí tenga sentido el uso ordinario de la frase en cuestión, permanecer inaccesibles al desaliento, como primer paso, porque el mercado actual puede comprarlo con facilidad. Basta tomar decisiones desde el despacho oval de la Casa Blanca o desde una torre de Manhattan, con una tableta digital o un teléfono inteligente, para hacer sufrir al mundo, quitándole el ánimo para seguir viviendo. Por tanto, hay que luchar para que esta realidad económica mundial, entre otras muchas, que a veces se convierten en guerras incomprensibles, no acceda a mi alma de secreto y a la de todos, porque deberíamos aprender a ser inaccesibles al desánimo colectivoal desaliento.

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