Recuerdo a Robert Redford en Memorias de África

Sevilla, 17/IX/2025 – 08:47 h (CET+2)

Ayer falleció en Utah el gran actor Robert Redford, recordado siempre por películas de gran valor cinematográfico como Dos hombres y un destino, El hombre que susurraba a los caballos o Memorias de África, que obtuvo siete premios Óscar en 1986. Quizá sea esta última la que tengo presente en este momento tan especial por mi asociación mental de Redford junto a Meryl Streep y la extraordinaria banda sonora compuesta por John Barry, con un fondo musical excelente de Mozart. La química exhibida por la pareja formada por Streep y Redford, por entonces quizá los dos actores más aclamados en Hollywood, ha marcado una impronta inolvidable en muchas memorias de todos y en la de secreto. En la mía, también.

La banda sonora de la película, bajo la batuta de John Barry, sigue viva en mi discoteca de secreto, haciendo incursiones en la memoria de hipocampo que, como caballo de mar, sigue surcando historias de búsqueda de islas desconocidas para contarlas en este cuaderno digital. Lo que me sobrecoge verdaderamente es asociar siempre esta película y su trama con Mozart, a través de su maravilloso adagio compuesto para el Concierto para clarinete y orquesta (K. 622), acompañando los recuerdos de Karen. No desmerece esta puntualización, en absoluto, el tema nuclear que suena lentamente en los títulos de crédito que ayudan a comprender mejor los tesoros ocultos para el alma en Kenia. El segundo tema, se hace presente en momentos difíciles para la protagonista en su penoso matrimonio de conveniencia, salvado por un cazador profesional, Denys George Finch Hatton, un papel desempeñado de forma impecable por Redford.

W. A. Mozart: Adagio del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

Memorias de África está asociada siempre, en mi vida, con Mozart, sin desmerecer el trabajo fantástico de John Barry. También, con la inteligencia humana, mientras escucho atentamente su banda sonora de hoy, de siempre. Vuelvo a recordar que la inteligencia, hoy por hoy, no tiene color. La conjunción de blancos, grises y algunas veces, negros, atribuida a las materias que conforman el cerebro, sigue dándonos muchos quebraderos de cabeza. Sobre todo, porque tenemos que estar muy agradecidos al continente africano y doloridos al mismo tiempo por la muerte letal que les rodea entre enfermedades (sida), esclavitud histórica y de nuevo cuño en pateras, guerras fratricidas y con una deuda histórica mundial.

Meryl Streep y Robert Redford interpretaron la conciencia del deber estar cinematográfico, a la perfección, en Memorias de África, recordando una reflexión que vuela sobre la película como hilo conductor, Estoy donde debo estar, que reproducía fielmente la que figuraba en el comienzo de la obra homónima de Isak Dinesen (1885-1962), seudónimo de la baronesa Karen Blixen, publicada en Dinamarca en 1937. Por la magia del cine, hoy lo he recordado de nuevo, dejándonos una pregunta en el aire que respiramos a diario y que nos ofrece seguridad y ligereza de corazón: ¿Estamos donde debemos estar? Esa es la cuestión.

Doscientos mil años de memoria de la inteligencia humana, desde el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia, nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de nuevo de Memorias de África, de la memoria de Mozart en su precioso adagio, de cómo nos contaron una bella historia Meryl Streep y Robert Redford, para que no olvidemos África y su alma, todavía desconocidas para muchos en septiembre de 2025. Ni a un actor excelente como Robert Redford y lo que ha representado para la historia del cine y la de la humanidad, con un compromiso social intachable de obligado reconocimiento.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital, p. 15-28.

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¡Paz y Libertad!

«La voz de Hind Rajab», una película sobre la muerte de una niña palestina en Gaza, que estremece el alma

Fotograma de «La voz de Hind Rajab”

Sevilla, 8/IX/2025 – 07:15 h (CET+2)

La película «La voz de Hind Rajab”, dirigida por Kaouther ben Hania (Túnez, 1977), recibió el viernes pasado el León de Plata y Gran Premio del Jurado del 82° Festival de Venecia, una denuncia social con alcance internacional sobre el genocidio actual en Gaza, que relata la agónica muerte de una niña palestina en aquel territorio, utilizando el audio real con escenas dramatizadas. Consiguió también una victoria ética con veintitrés minutos de aplausos por parte del público asistente y desde su pase oficial ya fue reconocida como merecedora del máximo galardón del Festival, el León de Oro, pero los organizadores prefirieron no posicionarse oficialmente en contra del genocidio israelí, lo que indudablemente tuvo que influir en la decisión final del jurado, conociéndose que hubo un serio debate protagonizado por parte de algunos de sus miembros.

La película narra un hecho real y contrastado por fuentes oficiales, ocurrido el 29 de enero de 2024, cuando una niña palestina de seis años, Hind Rajab, pedía ayuda por teléfono a la Media Luna Roja Palestina, una y otra vez, para que la ayudaran, “tengo mucho miedo, por favor, venga, Lléveme. Por favor”, suplicaba, porque el vehículo en el que viajaba con miembros de su familia, su tía, su tío y sus tres primos, estaba siendo acribillado por soldados y tanques del ejército israelí, oficialmente demostrado, contabilizándose en inspecciones posteriores del vehículo más de 300 impactos de balas. Así, se mantuvo la niña al teléfono durante tres horas, hasta el momento en que también murió. Cuando la asistencia pudo llegar doce días más tarde, encontraron el cadáver de la niña, los de los familiares que la acompañaban y los del personal sanitario de la Media Luna Roja Palestina, que habían acudido urgentemente con una ambulancia en su ayuda.

Según informa el diario Público, “Tal y como apuntaron los investigadores, en el informe de Forensic Architecture, el coche de la familia de Hind Rajab tenía un total de 335 agujeros de bala en la carrocería. “Este análisis sugiere que el tanque tuvo que estar colocado a corta distancia (12-13 metros) del coche cuando disparó los tiros que mataron a Layan [una prima de Hind Rajab]. A tal proximidad, no es plausible que el tirador no hubiera podido ver que el coche estaba ocupado por civiles, incluidos niños”, señaló la investigación”.

Una vez más, uniéndome al dolor humano que supone lo narrado en la película premiada en Venecia, a título de denuncia internacional sobre lo que está sucediendo en Gaza, no debemos olvidar en estos momentos un mensaje que Eduardo Galeano nos recordó en unas palabras de rabiosa actualidad: “Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. […] El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica”.

El cine, una vez más, cumple una función social. Cuenta con mi reconocimiento expreso.

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¡Paz y Libertad!

La oscura raíz del grito

Verónica Echegui (1983-2025)

Sevilla, 2/IX/2025 – 08:38 h (CET+2)

Me siento hoy algo incómodo al poner el título de este artículo, porque estas palabras sólo les pertenecen, en primer lugar, a Federico García Lorca, al recogerlas en Bodas de sangre y, recientemente, a Álex García, al citarlas en una carta abierta dirigida a la actriz Verónica Echegui, su amor de pareja durante trece años, fallecida el pasado 24 de agosto, desgraciadamente “en la flor de su vida”, que decían mis mayores.

He leído la carta dos veces y lo he hecho porque necesitaba recuperar la creencia de que aún es posible defender el auténtico amor humano sobre todas las cosas, en un mundo que se derrumba por el odio y la ausencia de felicidad propia y compartida. Gracias, Álex.

Reproduzco la carta completa, porque siguiendo la estela de la Cantata de Santa Maria de Iquique, sé que “con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades”. Deseo compartir este sentimiento y pensamiento, aunque defiendo que “este sentimiento se debe escuchar más fuertemente que el viento”, tal y como lo aprendí de Rafael Alberti.

Gracias Álex, por brindarnos esta oportunidad de vivir y estar en el mundo de forma diferente, atrapados por una Ola de Amor que ha generado la ausencia de la actriz, a la que sucumbimos, porque arrastra a las personas que admiramos la vida, convencidos de que es bella cuando es digna, pero no cuando lo es sólo para algunos, sino cuando la disfrutamos todos.

Carta a Verónica Echegui

«¡Fara frica!»
Nos gritaban mientras nuestros pies llenos de barro volaban en mitad de aquella tormenta en Rumanía. ¡Fara frica! Y nos agarraban las manos y cada vez se sumaban más y más personas… Nos miraban todos con el mismo amor que desprendíamos… Porque amor, llama a amor. Y así era siempre contigo.

Sonaba Paul Kaklbrenner, y con una bolsa de basura donde otro hubiera corrido a resguardarse, tú inventaste un pase de moda. Entre charcos y altavoces a todo volumen que rompían la realidad. Ahí eras feliz.

Fuiste italiana, inglesa, murciana, catalana y canaria….
Siempre agarrabas las raíces y las hacías tuyas.
La oscura raíz del grito, que diría Lorca.
Me enseñabas que todos somos esa raíz, del amor y la oscuridad. Que todos somos uno, el árbol, la ola, tu padre y la hormiga que sube por la pared del dormitorio en verano…
Nunca fuiste actriz, fuiste canal. Altavoz de los corazones dormidos de esta tierra a los que dabas tu voz, tus dolores y todas tus vivencias más allá de este planeta a veces tan dual… Por eso tus personajes son universales. Porque son uno y tú eras todos.
Ahí también eras feliz.
Me decías, libélula, que aquí se sufre mucho, y no entendías por qué.
Solo el arte te ha ayudado siempre a sanar esa pregunta sin respuesta.

Te has tenido que marchar para que una ola de Amor recorra España. Para que esta profesión, a veces tan ingrata, se ponga de acuerdo en algo.
Para que mi móvil explote de amor…
Solo quiero que esa ola de Amor continúe en tsunami y apague todos los informativos del mundo, que empape todos los dedos que señalan su dolor en el de enfrente y aliente las caras mustias de estos años que corren…

Una vez en Katmandú, en el Ganges, me dijiste que no entendías por qué sufríamos tanto en los funerales en España. Por qué no celebrar la vida de la persona, más que lamentarla.
Mis ojos han llorado, Vero, han llorado mucho en los últimos días… y también mis pies han bailado sin pensar, y te he visto sumergirte en este océano inmenso que ahora tengo enfrente, este trocito de océano en el que bañamos a Roberto Pérez Toledo mientras sobrevolábamos la película que nos fundió para siempre.
Te he visto volar libre y feliz como tantas veces habíamos hablado… y bailar libre al fin.

Tu partida me ha recordado millones de momentos… entre ellos aquel día en Rumanía.

A la mañana siguiente preguntamos qué significaba «fara fricka».
Sin miedo, significaba.
Y así seguiré tu hermoso legado, Vero.
Sin miedo, descalzo y con Amor.

Alejandro García

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¡Paz y Libertad!

En la política digna, la gracia no presupone lo que la naturaleza no da

Paolo Sorrentino, La grazia (2025), 82º Festival de Venecia

Sevilla, 28/VIII/2025 – 11:38 h (CET+2)

Otra vez el cine cumpliendo, afortunadamente, una función social, didáctica y ejemplarizante, a través de una película italiana, La grazia, dirigida por Paolo Sorrentino, “un elogio de la política en tiempos de crisis”, como he leído en una crítica constructiva en elDiario.es, que ayer abrió el Festival de Venecia.

La sinopsis oficial creo que sólo introduce el verdadero hilo conductor de la película, la política útil y benefactora para la sociedad a la que debe servir: “Mariano De Santis, Presidente (ficiticio) de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y cristiano, pero de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar, en especial sobre si aprueba o no una ley de eutanasia, planteándose un gran dilema moral”. Habrá que verla para reforzar personalmente la utilidad de la buena política en democracia.

Si comienzo hoy con una visión “cinematográfica” de lo que está pasando y estamos viendo en este país, en el plano político, la primera reflexión en las postrimerías del verano y la entrada puntual del innegable “otoño caliente”, es que casi todo sigue igual, las derechas ultramontanas insultando y echando la culpa de todo lo que ocurre al presidente del Gobierno, en un negacionismo brutal de lo que significa la buena política, junto a una realidad flagrante, la de la izquierda cada vez más desunida, sin tomar conciencia, por respeto a sus votantes, de que próximamente “puede ser vencida” y con un denominador común: los y las protagonistas de la política indecente son el fiel reflejo de una máxima latina que aprendí en mis años jóvenes universitarios: gratia non datur, natura dispensatur o lo que es mismo en roman paladino (que decía Berceo), la gracia no presupone lo que la naturaleza no da, es decir, antes que ser buen político o buena política hay que ser buena persona, para entendernos todos, porque la gracia no es un bien infuso. Gracia entendida en este caso tal y como se asume por la iglesia católica: favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de salvación. O lo que es lo mismo, otra vez: cualidad de buena persona y digna que determinados políticos y políticas creen que la naturaleza les ha concedido desde su nacimiento, por la gracia divina, sin mezcla de educación alguna, en su sentido más extenso.

Vivimos en el reino de la mediocridad y a esta corriente se apuntan los y las políticas que no acaban de entender su verdadera función, no asumiendo el gran principio latino expuesto anteriormente: la gracia no presupone lo que la naturaleza de cada uno, de cada una, no le ha dado a lo largo de la vida, entendida esta “naturaleza” como educación política integral e integrada, para empezar, como simples ciudadanos de a pie. Como decía Jorge Wagensberg (Aforismos), “lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud. Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”. Un político o política, mediocre, mala persona, porque la gracia no presupone en ellos lo que la naturaleza no les ha dado, pueden hacer sufrir mucho a este país, a la democracia. Seguimos estando avisados.

Recuerdo al excelente escritor Manuel Rivas cuando en el periodo preelectoral de 2019 decía: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. Efectivamente, que determinados políticos y políticas no hagan daño, porque su desvergüenza no la puede suplir la gracia divina, tan creyentes ellos.

Mientras que la nave política va… en nuestro país, gracias, grazie tante, Sorrentino, por enseñarnos que otro mundo político es posible.

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¡Paz y Libertad!

‘Romería’, la nueva película de Carla Simón

Sevilla, 25/VIII/2025 – 07:45 h (CET+2)

Quien sigue de cerca las páginas de este cuaderno digital, conoce bien mi debilidad por el cine y si es social, mejor. Por esta razón, deseo escribir hoy una reflexión sobre la última película de la directora Carla Simón (Barcelona, 38 años), Romería, a la que tanto aprecio y sobre la que he escrito con especial cuidado en estas páginas, conociendo la deuda ética e histórica que siente esta excelente directora al contar -cinematográficamente hablando- la realidad de una generación olvidada y marcada por el sida y la heroína en nuestro país, algo que conoce bien y en primera persona. Con esta película y según palabras textuales de Carla Simón, se cierra su trilogía familiar: “Romería» nace de la frustración de no saber mucho sobre mis padres”.

Hablamos de trilogía porque Verano 1993 (2017), fue una sorpresa extraordinaria para el cine español de nueva generación, ganando el premio a la mejor ópera prima de la Berlinale y el Goya a mejor dirección novel. Con Alcarrás (2022) consiguió el Oso de la Berlinale, cerrándose ahora con Romería (2025), habiendo participado ya en la Competición del festival de Cannes antes de su estreno en salas de este país el próximo 5 de septiembre, con una acogida espectacular porque la presentación del pase oficial arrancó un aplauso que duró once minutos.

La sinopsis oficial de Romería, permite conocer el hilo conductor de la misma: «Marina, de 18 años, huérfana a temprana edad, debe viajar a la costa atlántica española para conseguir la firma de sus abuelos paternos, a quienes nunca conoció, para una solicitud de beca. Navega entre un mar de nuevas tías, tíos y primos, sin saber si la aceptarán o si encontrará resistencia. Despertando emociones reprimidas, reviviendo la ternura y desvelando heridas no expresadas del pasado, Marina reconstruye los recuerdos fragmentados y a menudo contradictorios de sus padres, a quienes apenas recuerda». Procuraré verla, porque sigo de cerca la vida y obra de Carla Simón. Sé de antemano que tiene el éxito garantizado.

He leído con la atención que merece una entrevista realizada durante la presentación en Cannes, en la que Carla Simón explica el por qué de la película: «Creo que Romería surgió de la frustración relacionada con mi historia familiar. Mis padres murieron cuando yo era muy joven, ambos de sida. Estaban arruinados, en una época —finales de los 80— en la que, por desgracia, era común en España. Mucha gente murió por sobredosis, sida o accidentes, durante una época muy liberal, pero también profundamente afectada por las drogas. Eso afectó mucho a las familias. Cuando intento reconstruir la historia de mis padres, siempre hay dolor. Me cuesta hablar de ello. Así que creo que la película surgió de esta frustración. Es una película sobre la importancia de la memoria familiar y sobre cómo forjar tu identidad. Cuando no puedes forjar tu identidad a través de otros, puedes inventarla mediante la creación. El cine está ahí para eso: para crear imágenes que no existen». Explica además por qué se ha rodado esta película en Galicia:, mientras que las dos anteriores de la trilogía se rodaron en Cataluña: «Soy catalana por parte materna, pero mi padre era gallego. Esta película me dio la oportunidad de filmar en su tierra: donde él creció y donde mis padres vivieron su historia de amor. Los lugares que visitaron siguen ahí. La gente va y viene, pero los espacios permanecen. Rodamos por primera vez en la costa de Vigo, una ciudad industrial con un centro histórico precioso. Cada semana, sentía que rodábamos una película diferente: Romería es casi como muchas películas en una. Hubo una semana en particular, que fue muy intensa, con muchos personajes. Ese fue nuestro mayor reto, pero también el más hermoso, porque ocurren cosas maravillosas cuando hay tanta gente que capturar. Y me encanta capturar estos momentos».

La belleza de la vida es revivir instantes mágicos que vivimos en momentos especiales. Con Romería sé que la historia que lleva dentro es bella. De ahí el éxito de Carla Simón. Lo merece.

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¡Paz y Libertad!

María y vosotros, May y Miguel Gallardo

Miguel Gallardo y María, su hija, en María y yo

Sevilla, 23/VIII/2025 – 11:22 h (CET+2)

Caminando del timbo al tambo, expresión que aprendí de Gabriel García Márquez en sus “Cuentos peregrinos”, he recibido hoy una propuesta cultural que me ha vuelto a conmover, al invitarme a volver a leer y ver una historia preciosa de un padre y su hija, autista por más señas, a los que he dedicado páginas en este cuaderno digital. Me refiero a Miguel Gallardo, dibujante de cómics, que dedicó su mejor obra a su hija María, que tengo guardada en mi memoria de hipocampo.

Vuelvo a publicar hoy el artículo que dediqué en 2022 a Miguel Gallardo, como homenaje “in memoriam” al conocer su fallecimiento y siendo consciente de lo que supone para niños y niñas diagnosticados de trastornos del espectro autista (TEA), la desaparición de esta figura de protección, en alta disponibilidad, a lo largo de sus vidas. También, a la madre de María, May y a todos los padres, madres, familiares, amigos, amigas y profesionales que los cuidan siempre con cariño y esmero.

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María y tú

Sevilla, 23/II/2022

Ayer falleció en Barcelona el dibujante de cómics Miguel Gallardo, al que conocí mejor en 2011, a través de una experiencia inolvidable, su mejor obra gráfica, María y yo, dedicada a su hija María, autista, realizada con una delicadeza y ternura dignas de encomio. Estas palabras son un pequeño homenaje a él, porque para mí forma parte de los “imprescindibles” de Brecht, que tanto necesitamos hoy, fundamentalmente porque luchó para cuidar a su hija toda su vida. Lo mejor que puedo escribir hoy es reproducir las palabras que le dediqué en 2011, María y yo, un gran regalo de Reyes, al descubrir su gran obra gráfica vital y, sobre todo, humana.

Aquél encuentro me permitió comenzar un nuevo año con un mensaje de esperanza y de optimismo ante la adversidad, con el recurso tan cercano de utilizar las pequeñas cosas, los pequeños afectos, los sentimientos, las emociones, para agregar valor a nuestras vidas, las de todos. Por eso no he olvidado a Miguel Gallardo y a su hija, a quienes debo haber descubierto, una vez más, el secreto de amar a pesar de todo.

María y yo, un gran regalo de Reyes

He recibido, gracias a la vida, un regalo precioso: una historia entrañable para personas preocupadas, como yo, por la inteligencia y por su capacidad para resolver problemas. He leido el cómic que lleva por título María y yo (1) y también he visto la película del mismo título con un guión adaptado de la obra de Miguel Gallardo, padre de María, la gran protagonista de esta historia bellísima, y reconocido creador de Makoki, líder en la década de los años ochenta de los mundos underground y contraculturales de nuestro país. El libro es para leerlo con mucha atención, lo que nos permitirá comprender bien un desajuste de estructuras cerebrales que son la base del autismo y cómo se puede abordar con mucha ternura esta realidad que está ahí, en muchos niños y niñas de nuestro país. María es un símbolo real de autosuperación en su persona de secreto que, poco a poco, se va conociendo con más detalle por la neurociencia más activa. Quizá, hoy, por ti, que sigues este blog.

Recomiendo la lectura del libro y la película, por este orden, para comenzar este año con un mensaje de esperanza y de optimismo ante la adversidad, con el recurso tan cercano de utilizar las pequeñas cosas, los pequeños afectos, los sentimientos, las emociones, para agregar valor a nuestras vidas, las de todos. La inteligencia de cada una, de cada uno, seguro, pone el resto, porque es la que nos permite resolver problemas, en la clave que aprendí hace muchos años, de José Antonio Marina: la inteligencia es la que permite, mediante una poderosa conjunción de tenacidad, retórica interior, memoria, razonamiento, invención de fines, imaginación -en una palabra, gracias al juego libre de las facultades-, que veamos una salida cuando todos los indicios muestran que no la hay. Inteligencia es saber pensar, pero, también, tener ganas o valor para ponerse a ello. Consiste en dirigir nuestra actividad mental para ajustarse a la realidad y para desbordarla (2).

Sevilla, 8/I/2011

(1) Gallardo, Miguel (2010). María y yo. Bilbao: Astiberri.
(2) Marina, José Antonio (1993). Teoría de la inteligencia creadora. Barcelona: Anagrama.

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¡Paz y Libertad!

El mar, la mar, fue una verdad descubierta por Rafael Alberti en un verano juvenil

Rafael Alberti Merello (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902-1999)

Sevilla, 10/VIII/2025 – 09:00 h (CET+2)

Es indudable mi admiración por la poesía de Rafael Alberti, al que tanto aprecio, como se puede comprobar buscando en este cuaderno digital mis reflexiones acerca de él, de su vida y obra. Por esta razón, vuelvo a publicar un artículo escrito en agosto de 2023, El verano, según el joven Alberti, porque una vez más descubro la profundidad del poeta gaditano a pesar de la aparente levedad en sus palabras. 

Finalizo el reencuentro “poético” en este mes imperial, que honra al emperador Octavio Augustus, dedicado a “recuerdos de lo vivido lejano”, siguiendo también la obra homónima del poeta gaditano, convencido de que la palabra envuelta en poesía, puede ayudar a transformar la forma que tenemos de vivir día a día en este loco mundo al revés. Utilidad de lo aparentemente inútil, de interés general, que diría Nuccio Ordine. O comprender junto a Gabriel Celaya, que “la poesía es un arma cargada de futuro”.

Intentaré descubrir hoy, en un cine de verano imaginario, que la mar, ¡sólo la mar!, aunque no la vea aquí en Sevilla, es.

El verano, según el joven Alberti

Tenía tan solo 21 años cuando Rafael Alberti publicó, en 1924, Marinero en tierra, una de sus obras emblemáticas y por la que obtuvo el primer premio del Concurso Nacional de Literatura, en la modalidad de Poesía, en junio de 1925. En esta obra iniciática, excelente, figura un poema, Verano, que a pesar de su brevedad, dos veces buena, es de un calado especial, que hoy rescato del olvido para dar sentido a un verano complejo para la gobernabilidad del país:

—Del cinema al aire libre
vengo, madre, de mirar
una mar mentida y cierta,
que no es la mar y es la mar.

—Al cinema al aire libre,
hijo, nunca has de volver,
que la mar en el cinema
no es la mar y la mar es.

Es verdad que la aparente sencillez expresiva de Alberti en este poema no tiene nada que ver con su profundo mensaje, como bien se analiza en el Centro Virtual Cervantes cuando aborda la sinopsis de esta obra. “En lo que se refiere al lenguaje poético, la obra queda lejos de la espontaneidad irreflexiva. Muy al contrario, analizado en las sucesivas ediciones —y mudanzas— que Alberti revisó, Marinero en tierra es un conjunto ligado mediante un alto sentido de la madurez poética. Es Jesús Fernández Palacios quien destaca las virtudes del engranaje: «Desde “Sueño del marinero”, como prólogo en tercetos encadenados, pasando por los diez sonetos de la primera parte, las treinta y tres canciones de la segunda hasta los sesenta y cuatro poemas de la tercera —introducida esta última parte por una hermosa y alentadora carta de Juan Ramón Jiménez, fechada el 31 de mayo de 1925—, la obra entera se resume como un compendio de tradición y modernidad, donde se mezclan versos endecasílabos y alejandrinos con los de arte menor, las estrofas clásicas con las nuevas canciones, el lenguaje convencional con el experimental, los usos normales con los juegos de palabras, y las comparaciones más elementales con atrevidas, alógicas metáforas». («Marinero en tierra», Cuadernos Hispanoamericanos, n.º 485-486, nov.-dic. 1990, p. 288).

Verano, es la canción 22 en este poemario tan querido por mí y tantas veces leído y sentido. Creo que Juan Ramón Jiménez, cuando le escribió la carta entusiasta que se cita anteriormente, estaba convencido de la excelencia de las canciones a incorporar en la edición final de Marinero en tierra, tal y como lo expresaba con bellas y sentidas palabras, respetando la ortografía juanramoniana, dirigidas a su “querido amigo” Rafael Alberti: “[…] Las poesías de este libro -que yo había visto ya, el año pasado, en La verdad de nuestro fervoroso Juan Guerrero y en las copias que usted tuvo la bondad de enviarme para el primer – me sorprendieron de alegría; y sospechando que un brote así de una juventud poética no podía ser único, tenía grandes deseos de conocer el resto de sus canciones. No me había equivocado. Desde el arranque: … Y ya estarán los esteros rezumando azul de mar, hasta el final: Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera, la serie ésta del Puerto -que yo he elejido- es una orilla, igual que la de la bahía de Cádiz, de ininterrumpida oleada de hermosura, con una milagrosa variedad de olores, espumas, esencias y músicas. Ha trepado usted, para siempre, al trinquete del laúd de la belleza, mi querido y sonriente Alberti. La retama siempre verde de virtud es suya. Con ella, en grácil golpe, ha hecho usted saltar otra vez de la nada plena el chorro feliz y verdadero. Poesía «popular», pero sin acarreo fácil: personalísima; de tradición española, pero sin retorno innecesario: nueva; fresca y acabada a la vez; rendida, ájil, graciosa, parpadeante: andalucísima. ¡Bendita sea la Sierra de Rute, en donde la nostaljia de nuestro solo mar del sudoeste le ha hecho exhalar a usted, hiriéndole a diario con la espada de sal de su brisa, esa esquisita sangre evaporada! Le voy a decir a El Andaluz Universal que adelante un , paraque pueda lucir todavía en el aire lijero de esta goteante primavera, la tremolante cinta celeste y plata de su Marinerito”.

El poema Verano me ha recordado en este agosto presente el aviso clásico que figura a veces en los títulos de crédito de las películas, porque cualquier parecido de la mar en el cinema con la mar verdadera es sólo pura coincidencia: Al cinema al aire libre, / hijo, nunca has de volver, / que la mar en el cinema / no es la mar y la mar es. Al fin y al cabo como nos pasa en la vida diaria, cuando representamos determinados papeles en la película vital que, a veces, no es la verdadera vida, porque nuestra vida no es esa sino la que es. O lo que es lo mismo, cambiando lo que haya que cambiar en nuestra experiencia vital en cualquier forma que se exprese: los personajes y hechos retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia. Es verdadera la reflexión de Alberti: en el cinema, la mar no es la mar, porque la mar es.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Crece de forma alarmante el club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

Sevilla, 8/VIII/2025 – 08:00 h (CET+2)

En este largo y cálido verano, en el que ya he manifestado recientemente que busco refugio ideológico en la poesía útil para transformar este loco mundo al revés, no olvido al actor Robin Williams en su papel del profesor John Keating, en “El Club de los poetas muertos”, en una secuencia inolvidable a través de sus palabras y rodeado por sus queridos alumnos: “Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos”.

Las palabras que siguen las escribo a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el “carpe diem” particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario, rodeados de mediocridad creciente. El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a poetas muertos y vivos que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran personas cretinas vivas que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad, como mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho irrefutable, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, que la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas.

En este contexto, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivosque no necesita más actualización que la de Trump y sus sempiternos aranceles, en estos momentos delicados para el bien común, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial, aunque sigue haciendo de las suyas, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revésincluyendo nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la gente de mal, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado a continuación, La ola de cretinismo, que nos invade por tierra, mar y aire.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana. 

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El club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpidonecio (que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidezidiotez y falto de talento

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¡Bienvenido a Sevilla, Maestro Berlanga!

La vida no es como en las películas pero las películas de Berlanga sí son como la vida

En La mirada de Berlanga, cortometraje dirigido por José Luis García-Berlanga, en homenaje a su padre.

Sevilla, 4/VIII/2025 – 07:12 h (CET+2)

He cumplido un compromiso ideológico con mi asistencia a un encuentro, en Caixaforum Sevilla, con el director de cine Luis García-Berlanga Martí (1921-2010), utilizando como plató una cuidada exposición temporal, “Interior Berlanga”, identificada con una cualidad berlanguiana por excelencia, su intimidad, lo más íntimo de su propio mundo interior, que tanto ensalzó San Agustín: intimior intimo meo. Contiene, además, un matiz público que deseo destacar en tiempos de desafección hacia el interés general de la ciudadanía, según explica la organización oficial de este evento: «Esta exposición, realizada con la colaboración de la Filmoteca Española, ofrece una mirada íntima y nunca explicada sobre Luis García-Berlanga (1921-2010), un enfoque inédito gracias a los trabajos de catalogación y digitalización del archivo particular de Berlanga que, tras su adquisición para las colecciones públicas estatales por parte del Ministerio de Cultura, se ponen por primera vez al alcance del público». Seis ámbitos de la exposición, en una cuidada escenografía, ayudan a conocer aspectos íntimos del director: Introducción, La habitación de Berlanga, El magisterio de Berlanga, Mal preparado para este mundo del cine, La vida de las películas, Eros y miedos. Fetiches, Inventario y cremá. La falla, para finalizar con un ámbito especial: Lo berlanguiano. Sesión académica.

Este cuaderno digital tiene páginas dedicadas a este entrañable director, a través de películas que aprecio de forma especial, entre las cuales destaco dos: Bienvenido Míster Marshall (1953) y Plácido  (Siente un pobre en su mesa, su título original, censurado), estrenada en 1961, porque en mi ideario de juventud supusieron una bocanada de aire fresco en plena dictadura, a pesar de la férrea censura franquista, una situación que para el interior íntimo de Berlanga tenía un significado profundo.

Poema visual de Berlanga, en un cuaderno de poesía (década de 1970)

Pasen y lean lo que he escrito sobre Plácido, por ejemplo, porque refleja un sentir personal que ayer reforcé visitando la cuidada exposición de Caixaforum, tal y como refleja su sinopsis oficial: “Interior Berlanga” propone un recorrido de descubrimiento por la vida del cineasta, su obra y su proyección internacional. Ofrece una visión de la historia de España a través de sus películas, muestra los problemas con la censura y examina aspectos tan personales como son sus miedos. Miedo a la muerte, al futuro o a las mujeres, que se convierten en temas recurrentes en su obra. Berlanga creó un universo propio berlanguiano que combina el imprevisto, la sátira, el costumbrismo y la caricatura. Como no podía ser de otro modo, la puesta en escena juega a favor de y acompaña a este imaginario, hasta llegar a un espacio tan valenciano como es una gran hoguera donde arden simbólicamente películas, temas y personajes”.

Escenas finales de Plácido (1961), dirigida por Luis García-Berlanga

Sentado en una butaca que recrea el Cine Atlántico de su juventud, visualicé un cortometraje dirigido por su hijo José Luis, La mirada de Berlanga (2024), que según sus palabras «está hecho con trozos de sus películas. Intento un poco contar quién es Berlanga a través de sus actores, sus técnicas, su lenguaje, sus planos o sus secuencias. También era un gran técnico, un montador estupendo hasta que se empieza a habituar al plano secuencia. La ternura que hay en ciertas películas, que todo es con humor. La muerte la trata siempre con humor. Aunque él renegaba de morirse, se tuvo que morir el pobre». Sentí algo especial al visualizar los planos finales porque escuché y leí un mensaje en off que siempre había visto y leído en mis mejores películas, pero al revés: “La vida no es como en las películas pero las películas de Berlanga sí son como la vida”. Precioso final (The End) para un director inolvidable, íntimo y sublime.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El cine pintará al óleo el alma de Goya

Sevilla, 31/VII/2025 – 11:32 h (CET+2)

Anoche descubrí una isla desconocida en la producción cinematográfica actual: los primeros pasos para llevar al cine de animación la vida y obra de Francisco de Goya (1746-1808), con un título sorprendente, Cave of dreams (La cueva de los sueños), utilizando más de 65.000 reproducciones del artista, pintadas al óleo y basadas en su dilatada producción, teniendo previsto su estreno en 2028, con motivo del segundo centenario de su fallecimiento.

Así lo presentaba anoche el informativo de RTVE, según su sinopsis oficial: “Los creadores de la película Loving Vincent, la cinta de animación pintada al óleo basada en la vida de Vincent van Gogh, están preparando un nuevo proyecto. Se trata de una película, también pintada al óleo, pero ahora sobre el universo de Francisco de Goya: «Estaba pensando en Munch, Caravaggio, El Bosco… Pero una vez que descubres las pinturas de Goya, no puedes dejar de verlas. Son tan potentes que se quedan contigo», confiesa el director Hugh Welchman. El equipo está haciendo las pruebas de selección de los artistas en Barcelona”, que también se completará con artistas en Polonia y Canarias.

Si lo traigo hoy a estas páginas es porque en el minuto escaso de la noticia, se recogían algunos planos de la extraordinaria película dedicada a van Gogh, Loving Vincent, cuyas referencias técnicas supusieron una revolución espectacular en el cine animado, que se tradujo a una obra ciclópea, en la que intervinieron más de ciento veinte artistas, bajo la dirección de la pintora polaca Dorota Kobiela y su pareja, el cineasta Hugh Wlchman, pintando al óleo durante cinco años de preparación de la película, más de ciento veinte obras de Van Gogh, reflejadas en 62.450 fotogramas y 12 pinturas al óleo cada segundo, que daban vida a la trama argumental de la película, extraída de la lectura de más de ochocientas cartas del pintor. Algo similar es lo que se está preparando por los mismos autores sobre la vida y obra de Goya.

RTVE, NOTICIAS 2, La cosecha de la Crau, de Vincent van Gogh, en El cine al óleo, 30 de julio de 2025

Fue en ese fugaz recuerdo de esta asombrosa película cuando apareció en pantalla una obra de van Gogh, La cosecha (en La Crau, 1888), de la que realicé una copia en 2005, como primer trabajo del taller en el que estaba inscrito ese año, pintado a propuesta mía por el recuerdo vivo de un libro precioso que tenía en mi biblioteca sobre el autor y publicado en 1990, año en el que se cumplía el centenario de su muerte y porque creí que era importante copiarlo en trazos que consideré siempre fáciles para un principiante. Craso error. Aquella sobrecubierta del libro, en la que figuraba también el cuadro, había sido clave para comprender mejor a este complejo artista, al que conocí a través del trigo cosechado en Arlés, el pajar, las escaleras, el carro central que tanto cuidé, un hombre con una horca y el fondo de montañas de colores púrpura y azul, el Montmajour, con un fondo turquesa de cielo bastante sobrecogedor. Van Gogh escribió sobre él la siguiente reflexión al contemplarlo como obra inacabada, de una sola sesión, el 12 de junio de 1888: “El […] lienzo hace que desmerezca absolutamente todo el resto”, porque sabía que era de una complejidad técnica asombrosa y porque el verano, a diferencia de la primavera, no es fácil de representar. Es la primera vez que incorpora también a personas en esta serie y pretendió representar casi todas las fases de la cosecha. En la llanura de la Crau, en Arlés, donde está situada su pintura, decía que “no hay nada más que… infinitud y… eternidad”.

LA COSECHA-JA COBENA

La cosecha. Copia del original de Van Gogh, 1888 / JA COBEÑA, 2005

Aguardo el estreno de la película con idéntica ilusión, cuando era niño, con la que esperaba las películas anunciadas como “próximamente en este salón”, en los tráileres del cine Tívoli en Madrid. En esta ocasión, muy especial, por la extraordinaria producción sobre Francisco de Goya, porque hace años me recordó este pintor que nunca es tarde para seguir aprendiendo, ancora imparo, a pesar de mi matusalénica edad, que diría Benedetti, y que Irene Vallejo lo tradujo con su habitual maestría en una columna periodística, Aún aprendo, recogida en su obra El futuro recordado (1): “Somos seres hambrientos. Hambrientos de justicia, de amor, de conocimiento. Ninguna de estas ansias tiene edad. Desde muy pequeños, los niños quieren averiguar las causas y los motivos de las cosas”, sus famosos y continuos “por qué?  “[…] La educación nace de un anhelo más profundo que el mero entrenamiento para trabajar… […] aprender es un placer inagotable y un vivero de salud. El griego Solón, uno de los Siete Sabios, fue tal vez el único poeta antiguo que se reveló contra la erosión de los años. Poseía el don del asombro y la curiosidad. Escribió: “Envejezco aprendiendo”. Siglos después, otro gran maestro lanzó el mismo mensaje. En uno de sus últimos dibujos, Goya retrató a un anciano encorvado -quizá el mismo- con barba blanca y dos bastones; sobre la imagen se lee: “Aun aprendo”. Solón y Goya sabían que la búsqueda jamás termina, ni aunque seas un genio en el umbral de la muerte”.

Espero que a lo largo de la laboriosa producción de esta joya cinematográfica de animación sobre Goya, no se olvide este dibujo con su precioso mensaje dentro: Aún aprendo.

(1) Vallejo, Irene, El futuro recordado, Zaragoza: Contraseña, 2020.

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