De nuevo, Cinema Paradiso

Sevilla, 26/VI/2020

Dedicado hoy, de nuevo, a todas las personas, sin dejar a nadie atrás, que hacen posible que Sevilla disponga de librerías abiertas en tiempos de nueva normalidad, a pesar del alejamiento político de la cultura que hemos vivido en todas y cada una de sus manifestaciones y que arriesgan capital propio y asociado en momentos de pandemia mundial. También, como agradecimiento por el acontecimiento que se produce a partir de hoy en 150 salas de cine en todo el país al reponer Cinema Paradiso en su reapertura controlada, como homenaje al mundo mágico del cine. Así lo expresé en 2018 en su fondo y forma y así lo comparto de nuevo. Lo escribo con profundo respeto y agradecimiento ciudadano, porque estoy seguro de que las personas que trabajan en el ecosistema cultural que tiene su proyección final en librerías y cines…, aman lo que hacen.

Pasen y véanla.

Tengo debilidad con una película de culto, Cinema Paradiso, que sigo valorando de forma especial en su fondo y forma. El viernes pasado entré en la nueva librería Verbo, en Sevilla, que ocupa el edificio que, durante décadas del siglo pasado, desde 1906 concretamente, ocuparon sucesivamente el teatro, salón y cine Imperial, en calle Sierpes. Sentí algo especial porque me alegraba entrar en un espacio que conocía bien y que había ocupado hasta su cierre la librería Beta, que ahora se ha reabierto con trabajadores de la citada empresa anterior. Toda una noticia cultural y social en Sevilla, una ciudad de bares como ya he escrito en varias ocasiones en este blog. Me gusta mucho, además, su nueva marca “Verbo”, por el valor intrínseco de la palabra en sí (valga la redundancia). Pero lo que no conocía era la sala de proyección que todavía alberga dos proyectores que me recordaron inmediatamente al de Cinema Paradiso, aquel espacio mágico de Totó y Alfredo que tantas veces recupero en mi moviola interior, con diálogos que tampoco olvido. Ese momento me devolvió cierta alegría porque acababa de conocer que el libro que andaba buscando en varias librerías, El cuento de la isla desconocida, estaba ya descatalogado. Sentí con profunda tristeza que era un símbolo de lo que sucede en este país con la cultura, porque una obra extraordinaria de Jose Saramago como es ésta, ya no se puede comprar en librerías de nuevo.

CINEMA VERBO

Lo mismo que el tiempo pasa, las obras de autores galardonados con el premio Nobel pasan de editarse porque no se leen. Volví a casa y abrí una edición preciosa que conservo, la primera que se editó en España sobre este cuento de Saramago, que compré en diciembre de 1998, mediante la contraprestación curiosa de mil pesetas que iban destinadas íntegramente (sic, en negrita), por voluntad del autor, a ayudar a los damnificados de Centroamérica a través de la Cruz Roja Internacional. Valor y precio. Sin confundirlos. Aquél viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato José Saramago, no se me olvidará nunca, aunque ahora será más difícil regalarlo para singladuras de cercanía y amistad. Fueron 43 pequeñas páginas que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente –intercaladas- en este cuaderno de derrota, en términos marinos.

Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. El compromiso de salir de nosotros para conocernos mejor. También, tuve la sensación de que había salido a regalar islas desconocidas en los demás, que había que descubrir, al fin y al cabo imaginándolas el viernes pasado en aquél espacio mágico de las dos máquinas de proyección, en el momento en el que Alfredo aconseja a Totó que salga de sí mismo para buscar islas desconocidas: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo. Hoy, gracias a la experiencia triste de un cuento descatalogado lo he recordado especialmente y lo agradezco. Así sucedió y así lo cuento. ¿Saben por qué? Porque amo lo que hago.

NOTA: la imagen, que tomé con permiso de los dueños de la librería, corresponde a unos proyectores que se muestran en el piso principal de la librería Verbo, en Sevilla. Para activar los subtítulos en español en el vídeo de cabecera, hay que pulsar en Subtítulos. Merece la pena escuchar atentamente el diálogo. Impecable.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Romanza para un tiempo nuevo  

Sevilla, 21/VI/2020

Hoy confluyen tres hechos relevantes, interrelacionados entre sí en el calendario, no por azar sino por necesidad. Comienza una etapa novedosa de normalidad, después de un estado de alarma que ha durado casi cien días, entra el verano por la puerta grande y se celebra el Día Europeo de la Música, como me ha recordado hoy de forma espléndida la Fundación Juan March, a la que sigo en su devenir diario desde que descubrí que era depositaria de una obra memorable de Bacarisse, el Corcertino en La mayor, sobre todo en su sobrecogedor segundo movimiento, al que denominó Romanza.

Creo que la conjunción de las tres realidades expuestas, ofrecen hoy la oportunidad de creer que otro mundo es posible, sobre todo cuando se aúnan esfuerzos y voluntades en torno a la música en un tiempo tan abierto a la vida como es la estación del verano y con un denominador común sobre la ciclópea tarea de reconstruir la vida en otro mundo diferente. Como no podía ser de otra forma he elegido una obra que conjugara estas realidades: el Concertino citado, interpretado por la orquesta de la Radiotelevisión francesa, actuando Narciso Yepes como solista a la guitarra y bajo la dirección de Ataúlfo Argenta. Lo he vuelto a escuchar con profundo respeto y admiración gracias al fondo que figura en la Fundación Juan March, como legado que su hijo cedió a la citada Fundación y al que se puede acceder para conocer en profundidad la vida en el exilio y la obra de Bacarisse. En concreto, en la página dedicada al fondo radiofónico en su etapa como productor en numerosos programas en lengua española de la RTF (Radiodiffusion-Télévision Française), A propósito de Salvador Bacarisse (1964). Programa-homenaje a Bacarisse con entrevistas a personalidades de la cultura. Presentador: Narcís Bonet.

En el mes de mayo, cuando ya veíamos luz al final del túnel, escribí sobre esta composición que tanto admiro de Bacarisse. En este día tan especial traigo aquellas palabras dedicadas ahora a la nueva normalidad que hay que vivir con la singularidad de cada uno, reinterpretando el título como Romanza para un tiempo nuevo, donde los sentimientos y emociones pueden volar muy alto. Cambiando también lo que ya hay que cambiar. Eso espero en la esperanza de que a partir de hoy creemos en la forma de ser nuevas personas en España cantando, como diría Alberti: Creemos el hombre nuevo cantando, / el hombre nuevo de España cantando, / el hombre nuevo del mundo cantando. / Canto esta noche de estrellas / en que estoy solo y desterrado. / Pero en la tierra no hay nadie / que esté solo si está cantando. […] Nada hay solitario en la tierra / creemos el hombre nuevo cantando. También, porque la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor (Musica laetitiae comes, medicina dolorum).

Romanza para un tiempo nuevo

En tiempo de pandemia busqué refugio en la música que amo. Es la razón del corazón, junto a la de la razón, según Pascal, por la que hoy vuelvo a escuchar en silencio sonoro la Romanza compuesta por Salvador Bacarisse, con el tempo de andante (ejecutado con dulzura, poco a poco), al que he dedicado palabras llenas de sentimiento en este cuaderno digital, fundamentalmente en una modesta operación rescate de un músico excelente que tuvo que salir de España en condiciones lamentables con motivo de la guerra civil. Esta obra completa de Bacarisse, el Concertino en La menor, a través de sus tres movimientos, Entrada (Allegro), Romanza (Andante lento) y Scherzo (Allegretto), en su particella original para clavecín y orquesta (que conservo), me entrega siempre paz interior y me permite viajar por sueños posibles.

Necesitamos escuchar romanzas, ahora más que nunca, porque son composiciones de aire tierno y sencillo, que solo quieren transmitir sentimientos. He vuelto a abrir el piano, experimentando una emoción especial tocando la Romanza de Bacarisse, en concreto el segundo movimiento de su precioso Concertino. De alguna forma vuelvo a recordar con profundo agradecimiento, en este difícil aquí y ahora (hic et nunc), a mis profesoras de piano y violín que en su momento hicieron los arreglos necesarios, porque la versión original de 1952 era exclusivamente para guitarra y orquesta. Sigo creyendo que hicieron un trabajo espléndido, que retomaremos cuando la normalidad de la vida en común nos lo permita.

Cada vez que me aproximo a esta partitura busco comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ella. Hace años dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse y creo que me acerqué a su verdadero sentido: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto público organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto”. Recomendaba en aquella ocasión, como hago hoy de nuevo, que escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de músicos muy jóvenes de la Orquesta de la Universidad de Granada, que recogen el testigo de lo que quiso transmitir Bacarisse desde el exilio en París. El Sur musical también existe.

Guardo también en mi persona de secreto un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado, con quien tuve la oportunidad en 2018 de cruzar un mensaje en el que me autorizó a disponer de una copia del manuscrito original del Concertino para clavecín y orquesta, op. 72 bis (a través de la Fundación Juan March) y en los que me agradecía la cercanía a su padre: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de “La música en la Generación del 27” que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”.

Conocí su extensa y desconocida obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Fue un hallazgo que me permitió acercarme a Bacarisse, a su vida y a su preciosa obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando escribo estas palabras, en una fecha que a modo de tríada capitolina marca ya una etapa transcendental de todos y de cada uno, he sentido la necesidad de compartir de nuevo este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su querido país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica. Es la razón de por qué lo he buscado hoy en el fondo de programas de radio en los que trabajó Salvador Bacarisse.

No lo he olvidado en momentos de confinamiento, tampoco hoy en el primer día después de la finalización del estado de alarma. Para lo que sirva conocerlo y escucharlo, compartiéndolo de nuevo con el club virtual, con sede social en la Noosfera, de las personas dignas y libres. Disfruten de esta maravillosa composición en el Día Europeo de la Música, que me sigue emocionando como la primera vez que decidí conservarla en mi memoria de secreto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado

Cuando salir del túnel es una pregunta (o varias)


A quién le puedo preguntar
Qué vine a hacer en este mundo?

Pablo Neruda, Libro de las preguntas (XXXI)

Sevilla, 19/VI/2020

Me estoy preparando para salir del estado de alarma como mandan los cánones legales. Sin prisa, pero sin pausa. Todos acudimos a la conocida frase de “salir del túnel” en el que hemos estado instalados desde el 14 de marzo, porque hemos vivido esta experiencia esperando todos los días ver, a lo lejos, un rayo de luz cada vez más potente, a tenor de las fases del famoso Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad. Hasta aquí, solo hemos necesitado poner al confinamiento amor y poesía, cada día, tal y como lo aprendimos en su día de Juan Ramón Jiménez o la que cada uno, cada una, ha podido incorporar a su leal saber y entender coronavírico.

Para mí, salir del túnel es una pregunta… o varias, según se mire. Lo aprendí de Pablo Neruda, leyendo su precioso Libro de las preguntas, en el que me detengo hoy al llegar a la XXXV, ¿No será nuestra vida un túnel?:

No será nuestra vida un túnel
entre dos vagas claridades?

O no será una claridad
entre dos triángulos oscuros?

O no será la vida un pez
preparado para ser pájaro?

La muerte será de no ser
o de sustancias peligrosas?

El problema radica en comprender qué quiso decir Neruda al escribir estas palabras llenas de misterio. ¿Qué son las claridades? Pienso que nuestros objetivos vitales: dos, tres, muchos, truncados a veces por el llamado principio de realidad, triángulos oscuros en nuestras vidas. Entre peces y pájaros anda el juego de preguntas, aunque sabemos que somos peces o pájaros dependiendo del agua o cielo que probemos o sobrevolemos, si sabemos que son, de acuerdo con la famosa parábola de David Foster Wallace que recogió en un discurso que pronunció en 2005 en la ceremonia de graduación de los alumnos del Kenyon College (Ohio): «Van dos peces nadando por el mar y se encuentran con un pez más viejo que viene nadando en dirección contraria. El pez mayor los saluda y les dice, «Buenos días, chicos. ¿Qué tal está el agua?». Los dos peces jóvenes siguen nadando y al cabo de un rato uno de ellos mira al otro y le pregunta, «¿Qué demonios es el agua?» Yo diría también ¿Qué demonios es el cielo? Al final del túnel, lo peor es no saber quiénes somos o si un virus peligroso puede impedir que nos hagamos estas preguntas.

Quizás encuentro la mejor respuesta a este ramillete de preguntas en la inmediatamente anterior del libro citado, la XXXIV: Con las virtudes que olvidé [en mi vida anterior a la pandemia] ¿me puedo hacer un traje nuevo [para estrenarlo el día después de la finalización del estado de alarma]?

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

José Saramago, diez años después

LA TEGALA DE SARAMAGO 2020

Sevilla, 18/VI/2020

Hoy se cumplen diez años del fallecimiento de José Saramago, en Tías (Lanzarote), una isla que amo y en la que he vivido muchas experiencias inolvidables. Como la admiración y el respeto hacia él se demuestran también escribiendo con alma sobre su obra, entrego de nuevo a la Noosfera un libro que publiqué en 2014 en este cuaderno digital, LA TEGALA DE SARAMAGO, en homenaje permanente a él, en el que recopilé todas las referencias al autor a lo largo de los primeros ocho años de vida de mi blog. He escrito varios artículos, posteriormente, sobre este autor que tanto aprecio, que se pueden localizar a través del buscador incorporado a este blog, como homenaje continuo a su vida y obra. Un ejemplo clarificador fue la publicación de un post muy significativo en 2018, Saramago, veinte años después, volvió a Sevilla, con motivo de un acto promovido por el Consulado de Portugal en Sevilla y la Fundación Saramago, con la colaboración del Centro de Estudios Andaluces y del Centro Andaluz de las Letras, con motivo de la celebración del día de la lectura en Andalucía en ese año.

La convivencia en este tiempo del título y subtítulo de este cuaderno de bitácora/derrota, en lenguaje del mar, es decir, El mundo sólo tiene interés hacia adelante/Cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, simboliza muy bien el hilo conductor que intenté tejer en el libro. El Prólogo y el epílogo, descubren la quintaesencia que intento transmitir.

De nuevo, gracias anticipadas por su lectura, aunque sería maravilloso que quien lo lea se quede navegando virtualmente en el sitio que reservo siempre en la amura de babor de «La isla desconocida», como homenaje permanente a un hombre y a una mujer que un día se atrevieron a iniciar la mejor singladura de sus vidas, tal y como él nos lo cuenta en su maravilloso Cuento de la isla desconocida, que tanto aprecio.

Algunos enlaces web del libro, con el paso de los años, están rotos y ya no se puede acceder a ellos. Pido disculpas, pero la realidad tan frágil de Internet y la fugacidad de ideas e imágenes en red nos hacen pagar este tributo. Aún así, mantengo el texto tal y como lo publiqué porque nadie se baña dos veces en el mismo río e incluso las ideas cambian, aunque reconozco aquí y ahora que los principios expuestos en el libro son los que tengo y además no tengo otros. Es solo un aviso para navegantes.

Adelanto la lectura del Prólogo, que reproduzco a continuación, para quien tenga a bien iniciar esta singladura que -estoy seguro- no le va a defraudar:

jose-saramago

LA TEGALA DE SARAMAGO

Prólogo

Necesitamos salir de nosotros mismos. Este aserto lo aprendí de José Saramago, cuando tuve la gran oportunidad de leer su cuento maravilloso, muy breve, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña desde 1998 en mi vida de todos y en la de secreto. Si a esta realidad ética le uno el descubrimiento de Teilhard en 1962, dejándome una huella indeleble, en su declaración de que el mundo solo tiene interés hacia adelante, es fácil comprender la quintaesencia de este nuevo libro, que recopila determinados post que escribí en los últimos años a la sombra de la tegala de Saramago.

Siempre he tenido muy presente a este autor en mi quehacer diario. Las personas que me aprecian, saben bien que ha sido un regalo constante en sus vidas, porque las páginas de aquél pequeño cuento, todavía me siguen ofreciendo oportunidades de reinterpretarlas todos los días desde la tegala de Saramago como “lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro…».

Escribiendo y leyendo de nuevo las páginas que siguen, que ya fueron escritas en su momento, que también puede ser en el hoy mío y en el de cada lector o lectora de esta nueva entrega a la Noosfera, doy un paso más en conocer ese niño que cada uno lleva dentro, el mío, el tuyo, el de todos y todas, desde el compromiso adquirido un día para navegar en “La Isla desconocida”, aunque Groucho Marx, con su especial gracejo, interpretó esta necesidad suplicando que lo buscaran inmediatamente [al niño], cuando el comentario general es que la torpeza de estar y ser en la vida, su razón de ser, se conoce y se sufre a veces desde que somos pequeños:

“- ¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“

Estoy muy agradecido a Saramago, por su testimonio permanente, que resalto especialmente en la última entrega de la serie que le dediqué en torno a su tegala particular, cuando probablemente observa desde no se sabe qué sitio del Cielo, cómo desde Roma se reinterpreta su vida y su obra, sin com-pasión [sic] alguna.

Prefiero quedarme con un mensaje del cuento tanta veces citado, donde pone en boca de una persona muy humilde, la limpiadora del palacio del rey, un gran secreto para ser más felices cada día, todos los días: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual”.

Sevilla, 10 de marzo de 2014

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Licencia de Creative Commons
La tegala de Saramago by Jose Antonio Cobena Fernandez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://www.joseantoniocobena.com.

¿Conoces a tus vecinos?

Sí, ¿Y cuántos años debe existir una montaña antes de ser tragada por el mar?
Sí, ¿Y cuántos años pueden existir algunas personas antes de que se les permita ser libres?
Sí, ¿Y cuántas veces debe un hombre girar su cabeza y hacer como que no ha visto nada?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento
La respuesta, está flotando en el viento

Bob Dylan, Flotando en el viento (Blowin´in the wind)

Sevilla, 15/VI/2020

Inquietantes preguntas. El confinamiento obligado por el estado de alarma nos ha ofrecido la oportunidad de conocer más a fondo a un colectivo declarado en peligro de extinción: los vecinos. El momento mágico y puntual de los aplausos nos ha permitido ver a personas que viven al lado y que en la mayor parte de los casos ni sabíamos de su existencia. Algo bueno nos está dejando esta amarga experiencia, aunque la respuesta a la pregunta sobre si hemos conocido a nuestros vecinos con ocasión de la pandemia creo que todavía está flotando en el viento, como respondería de forma inteligente Bob Dylan.

Recuerdo que cuando era pequeño y vivía en tierras de Castilla, había un programa en Radio Madrid que se llamaba de forma respetuosa “Conozca usted a sus vecinos”, porque el tuteo era una falta de respeto hacia la audiencia, más aún si se trataba de no alterar el discreto encanto de la burguesía: “El artista en ciernes cantaba desde su casa por teléfono (desde su casa o desde algún local comercial donde se lo permitieran ya que no abundaban los teléfonos particulares), mientras que desde la emisora un pianista hacía el acompañamiento sin que ambos lograran ponerse demasiado de acuerdo en la mayoría de los casos. Cada día había un vencedor y el sábado se reunía a los cinco triunfadores de la semana en el estudio de Radio Madrid donde se enfrentaban, desde sus propios estilos, impulsados por los elogios de Ferman, el presentador. Al triunfador se le premiaba con cien pesetas y un lote de productos Cola Cao” (1). Era un programa de entretenimiento blanco y, al mismo, tiempo, se descubrían artistas por un día (también se podía ser reina, solo reina), muy del estilo de aquella época, aunque es justo reconocer también que de allí saltó a la fama Rocío Dúrcal, por ejemplo. El programa homónimo en Radio Sevilla tuvo un gran impacto y se cita en cualquier historia de la radio como un ejemplo de la España cañí que permitió, justo es decirlo, el estrellato de cantantes de tanta solera como Rocío Jurado, por ejemplo, premiada en aquella ocasión con escaso dinero y una pieza de tela.

Es justo citar que en 1932, durante la II República, Radio Barcelona brindaba a muchos artistas amateur la posibilidad de ser reconocidos en el espacio El micrófono para todos (2). ¡Qué oportunidad perdida! Más tarde, con motivo de la guerra civil, el micrófono solo sería para unos cuantos y, poco a poco, solo para cantar, porque opinar en las ondas era harina de otro costal. La realidad es que de vecinos se trataba poco sino solo una forma de distraer a la audiencia, básicamente femenina, en un horario imposible para cualquier persona trabajadora porque se emitía a media mañana y la vecindad en su sentido más profundo no estaba por ningún sitio, más allá de reconocer que un día podría llegar a ser cantante de fama la hija de una portera en una casa señorial de Madrid.

Esta carta de presentación a modo de escaleta solo quería poner el contrapunto en la reivindicación necesaria y urgente del esfuerzo que hace la sociedad en nuestros días por rescatar el sentido profundo de la realidad vecinal en nuestro país, con una larga historia desde el tratamiento medieval de agrupación de personas que viven en un mismo hogar, tan extendido en los siglos XIV a XVIII, del que siempre se ha sacado una media de cuatro personas por “vecino”, hasta la realidad que vivimos en nuestros días “encerrados habitualmente en nuestras cosas”, no solo por la pandemia, sin conocer para nada al vecino de la puerta de al lado. También, es justo y necesario recordar con especial afecto, respeto y agradecimiento el esfuerzo que se hizo durante la dictadura por parte de movimientos y líderes sociales por crear tejido social a través de las Asociaciones de Vecinos tan en decadencia en los últimos años. La dualidad vecino-propietario también tiene su aquél, porque las presencias en las Juntas obligadas por Ley suelen vivirse más como castigo divino que como forma de aunar esfuerzos y voluntades para alcanzar un bien común. Al fin y al cabo, un barrio lo forma en su esencia la inteligencia de sus vecinos y vecinas, siendo la agregación de barrios lo que conforma, finalmente, las ciudades.

La realidad es que durante el confinamiento el nexo común como vecinos han sido los aplausos, cuando salíamos a ventanas, terrazas y balcones para aplaudir puntualmente a las 8 de la tarde, como reconocimiento al esfuerzo de los servicios públicos, fundamentalmente al personal sanitario en todas sus escalas, por la atención que prestaban a diario a miles de pacientes infectados por el coronavirus 19. Al vernos, hemos comprobado que detrás de los aplausos había muchas personas que hemos identificado como vecinos por primera vez y hemos tomado conciencia de lo importante que es la solidaridad en momentos difíciles. No sé si ha servido para crear una nueva forma de relacionarnos y pasar de hablar solo del tiempo “que hace” cuando viajamos en el ascensor de cada día a preguntarnos cómo estamos y quienes somos, con nombres y apellidos. Creo, sinceramente, que la respuesta no debería estar flotando en el viento, aunque hoy no nos llevemos premio alguno, dinero, piezas de tela o un lote de productos, siempre perecederos, facilitado por los patrocinadores de un nuevo concurso que se atrevieran a bautizarlo con la pregunta del principio, eso sí, más íntima: ¿conoces a tus vecinos?

(1) https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/60241/153.pdf?sequence=1&isAllowed=y; http://blogs.mayormente.com/me-viene-a-la-memoria/conozca-a-sus-vecinos/

(2) https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/60241/153.pdf?sequence=1&isAllowed=y

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

En tiempos de coronavirus, podemos aprender del alma del colibrí

Dirige tu camino a través de las ruinas del altar y el centro comercial, dirige tu camino a través de las fábulas de la Creación y la Caída, dirige tu camino más allá de los Palacios y elévate por encima de la podredumbre, año tras año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento.

Leonard Cohen, Steer Your Way

Sevilla, 14/VI/2020

En tiempos de coronavirus me parece imprescindible sobrevolar como un colibrí aquello que no nos gusta para elevarnos por encima de la pandemia, a partir de ahora, año tras año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento. Así lo aprendí de Leonard Cohen y así lo recordé en la fecha de su fallecimiento el 7 de noviembre de 2016. Escribí días después sobre sensaciones cercanas que me había transmitido en lo que llamé “su viaje final”, buscando la mano tendida de la mujer a la que quiso tanto, Marianne: “Bueno, Marianne, somos realmente viejos y nuestros cuerpos se están deshaciendo. Creo que te seguiré pronto. Has de saber que estoy tan cerca de ti que, si estiras la mano, podrás coger la mía. Sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría, pero no hace falta que añada nada porque tú de sobras lo sabes. Ahora solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Te envío mi amor infinito. Nos veremos pronto en el camino”.

colibri-el-jardin-encantado

En estos días de confinamiento he visto un anuncio en repetidas ocasiones de un colibrí volando sobre un ordenador. Es como si me quisiera recordar hoy lo mucho que admiro a este pájaro, mucho más al haber leído en aquellos días un artículo precioso en el suplemento Babelia, del diario El País (1), que me recordó su belleza , un pájaro muy pequeño que se localiza en Sudamérica (ha sabido elegir una sabia cuna), con una especial presencia en Colombia, donde se localiza un hábitat que tiene mi apellido, playas de Cobeña, en el Caribe, aunque viajan sin cesar porque saben que su vida es muy corta: “El lunes 7 de noviembre, el alma de Leonard ascendió hacia los brazos de Marianne. En el disco, vemos un colibrí [aludiendo a su última canción, Escucha al colibrí (Listen to the hummignbird], que sale volando desde una luminosa ventana hacia la oscuridad»:

Escucha al colibrí
cuyas alas no puedes ver.
Escucha al colibrí;
no me escuches a mí.

Escucha a la mariposa,
cuya vida no llega a tres días.
Escucha a la mariposa
no me escuches a mí.

Escucha la mente de Dios,
que no necesita existir.
Escucha la mente de Dios;
no me escuches a mí.

Escucha al colibrí
cuyas alas no puedes ver.
Escucha al colibrí;
no me escuches a mí.

Recordaba en aquella ocasión que el colibrí es el ave más pequeña del mundo. ¡Qué maravilla de la naturaleza! Mueve sus alas entre 60 y 90 veces por segundo y su gran corazón late entre 500 y 1.200 veces por minuto, aunque por la noche sus latidos son mucho más lentos. En proporción a su tamaño, posee el cerebro y el corazón más grande del mundo. No puede caminar, solo posarse. De su alma sabemos poco, pero nos da señales de ella todos los días, volando siempre, que para él es su caminar diario.

Leonard Cohen nos ha acompañado durante muchos años, sobre todo a los que valoramos la belleza de las palabras cantadas, incluso cundo suenan a testamento vital que se declara a los cuatro vientos, llevadas en las alas del pequeño colibrí para quien lo quiera leer o contar, porque lo importante es saber disfrutar de los viajes cortos como a veces son los momentos bellos de la vida, en los que disfrutamos tanto. Seguirlo de cerca, volando por encima del coronavirus y sus circunstancias, es otra cosa, porque nos falta su alma, su preciosa vida. La del colibrí, la de Cohen cantando en su último disco, You want it darker (Lo quieres más oscuro), a modo de testamento vital: Escucha al colibrí / Cuyas alas no ves / Escucha al colibrí / No a mí. ¡Qué lección tan bella!, porque el colibrí sigue viviendo con su alma pequeña pero con un corazón que es el más grande del mundo.

(1) Manzano, Alberto (2016, 22 de noviembre). Escucha al colibrí. Babelia (El País.com).

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Luz llamada día trece de junio de dos mil veinte

LA LUZ CON EL TIEMPO DENTRO1 

Sevilla, 13/VI/2020

Para el poeta Ángel González, la luz podía ser llamada día trece (1). Así entregó esas palabras al mundo de la sinceridad, de la verdad, a través de un soneto precioso, Luz llamada día trece, que hoy lo llevo a la ansiada esperanza que ilumina la salida definitiva del confinamiento, del estado de alarma, de la desescalada, del miedo por un virus que ha trastocado aún más el desorden mundial y la anormalidad diaria en la que estábamos instalados a pesar de los avisos de la madre naturaleza. Hoy vuelvo a leerlo con atención y respeto al trasfondo de sus palabras, en una época donde tenemos la oportunidad de llamar a cada cosa por su nombre, que se resume en una sola verdad: cada persona es un ser singular. Todo lo demás…, es casi nada si no es para hacer más felices a las personas, sin dejar nunca atrás a los nadies de Galeano.

A cada cosa por su solo nombre.
Pan significa pan; amor, espanto;
madera, eso; primavera, llanto;
el cielo, nada; la verdad, el hombre.

Llamemos luz al día, aunque se asombre
quien dice «Es martes hoy, ayer fue santo
Tomás, mañana será fiesta». ¡Cuánto
más verdadera que cualquier pronombre

es esa luz que cuaja el aire en día!
Hoy es la luz llamada día trece
de materia de mayo y sol, digamos.

Y si hablamos de mí -puesto que hablamos,
de algo hay que hablar-, digamos todavía:
pasión fatal que como un árbol crece.

Los poetas, las poetisas, a los que tanto admiro, nos están ayudando a salir de la crisis actual con sus versos, sus palabras hilvanadas a la luz del día, cada una en su texto y contexto. Luz y tiempo los uno siempre recordando a Juan Ramón Jiménez, al que tanto me une en las mañanas de Moguer, en mis años más jóvenes, siempre con la luz dentro. Especialmente, cuando Juan Ramón definió a su querido pueblo natal, Moguer, como “la luz con el tiempo dentro”, en un verso que aparece en el poema “Cuando yo era un niñodiós” que leí, por primera vez, hace ya muchos años y que mantengo intacto en mi memoria de secreto, al ser «[…] un romance revivido del tiempo de Moguer de Juan Ramón, publicado en su forma revivida en la revista malagueña, Caracola (núm. 5), en 1953, y posteriormente en el libro titulado sencillamente Moguer, publicado en 1958 por la Dirección General de Archivos y Bibliotecas, con ilustraciones de José R. Escassi, y con una nota muy conmovedora en función de prólogo a la colección entera, en la cual se advierte que «El original de este libro fue enviado por Juan Ramón, pocos días antes de morir, a la Dirección General de Archivos y Bibliotecas para su publicación en beneficio de la Casa “Zenobia y Juan Ramón”, a fin de continuar la serie iniciada con «El Zaratán», que tanto le había complacido»; sigue la nota añadiendo que «Francisco Hernández-Pinzón, sobrino del autor, recibió de sus manos los trabajos que ahora se publican, algunos con recientes correcciones del poeta» (1).

El verso del título no figuraba en la primera edición del poema tal y como lo conocemos hoy: “es un «romance revivido», versión corregida de una poesía que había aparecido en el libro Almas de violeta, en 1900, y también —con variante en sólo un verso- en Rimas, de 1902, en ambos casos con el título «Remembranzas» y que cincuenta años más tarde se publicó con el título ya comentado de “Cuando yo era el niñodiós». ¿Qué había pasado? La explicación está en la costumbre de Juan Ramón de repasar continuamente su obra, por su perfeccionamiento extremo, por su mundo de secreto, por la reinterpretación constante de su vida. El verso en “Remembranzas” dice (la negrita es mía):

Recuerdo que cuando niño
me parecía mi pueblo
una blanca maravilla,
un mundo mágico, inmenso;

mientras que en su última versión, con el deseo expreso de que se entregara a su pueblo, deja constancia de un cambio transcendental:

Cuando yo era el niñodiós
era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla,
la luz con el tiempo dentro.

Moguer, con su mundo mágico e inmenso ya es luz con el tiempo dentro. Según Olson: “La blancura de Moguer transciende su condición de color para convertirse en la luz misma -o, mejor dicho, para dejar que transparente la luz- total, única, indivisa y eterna- que es el origen y fondo de todos los colores, como el «ser» es origen y fondo de todos los seres, hacia el cual están siempre orientados aunque sea para ellos un origen perdido u olvidado”.

Hoy, 13 de junio de 2020, podemos quedarnos con dos significados especiales gracias a Ángel González y Juan Ramón Jiménez: la luz, que nos permite descubrir la verdad y el tiempo que ella siempre lleva dentro para comprender su contexto, permitiendo llamar a cada cosa por su nombre, en el aquí y ahora que estamos viviendo. En definitiva, iluminando la vida, cada día, gracias a la poesía, porque al igual que pensaba Juan Ramón Jiménez cuando contemplaba la normalidad de su pueblo, con su luz que mantenía siempre el tiempo dentro, «cada casa era palacio y catedral cada templo; estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo»:

Cuando yo era el niñodiós, era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro.
Cada casa era palacio y catedral cada templo;
estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo;
y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro,
alegres como las nubes, como los vientos, lijeros,
creyendo que el horizonte era la raya del término.

Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo
después del primer faltar, me pareció un cementerio.
Las casas no eran palacios ni catedrales los templos,
y en todas partes reinaban la soledad y el silencio.
Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto,
con Concha la Mandadera, toda de negro con negro,
que, bajo el tórrido sol y por la calle de Enmedio,
iba tirando doblada del niñodiós y su perro:
el niño todo metido en hondo ensimismamiento,
el perro considerándolo con aprobación y esmero.

¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niñodiós huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo;
ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero,
morir siendo el niñodiós en mi Moguer, este pueblo!

NOTA: la imagen pertenece a un fotograma del tráiler de «La luz con el tiempo dentro»: https://youtu.be/iMJOqCN2Cqg

(1) González, Ángel (2018). Luz llamada día trece, en Palabra sobre palabra. Barcelona: Planeta, p. 97.

(2) Olson, P. (1981). La luz con el tiempo dentro: ser y tiempo en la poesía de Juan Ramón Jiménez. Actas del Congreso internacional conmemorativo del centenario de Juan Ramón Jiménez, celebrado en La Rábida durante el mes de junio de 1.981, organizado por la Excma. Diputación Provincial de Huelva y la Universidad de Sevilla, p. 435-443.

 

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El Sur también resiste

[…] con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con su gesta invasora
el norte es el que ordena
[…]

Mario Benedetti, extracto de El Sur también existe

Sevilla, 12/VI/2020

Si algo hemos aprendido durante el confinamiento obligado por el estado de alarma, ha sido conjugar en todos los tiempos posibles el verbo resistir, mucho más allá del futuro simple del himno que hemos cantado casi todos. Pero resistir, según la RAE, es también pervivir, es decir, seguir viviendo a pesar del tiempo o de las dificultades, junto a su primera acepción: tolerar, aguantar o sufrir. Lo traigo a colación porque he leído con pena una información acerca del comportamiento del Partido Popular en Europa: “El PP se alía con los ‘halcones’ para pedir férreos controles por la ayuda de la UE. Los populares apoyan al bloque que reclama una estricta vigilancia a los países del Sur” (1). Resistir es pervivir más que nunca a pesar de la política actual.

Sé, desde pequeño, que este mundo y yo estamos obligatoriamente a entendernos, pero comportamientos políticos de este corte son incomprensibles. No logro entender cómo en política, en este país, vale todo desde hace años, pase lo que pase, caiga quien caiga y con el modelo de cuanto peor, mejor. ¡Ya está bien! ¿Cuándo se va a desarrollar una política digna de oposición? Es incomprensible que con lo que hemos pasado y lo que nos queda por pasar, no haya forma de establecer un diálogo de reconstrucción nacional que se perciba directamente por la ciudadanía como ejemplo a seguir en todos los ámbitos de la sociedad en general.

En la información citada, que considero fiable, se manifiesta lo siguiente: “El líder del grupo, el eurodiputado alemán Manfred Weber, asegura que es una iniciativa compartida por toda la formación. “Todo el grupo apoya la idea de que la solidaridad va acompañada de responsabilidad. También los colegas españoles como Dolors [Montserrat], Esteban [González Pons] o Pablo Casado, tienen muy claro que debemos insistir en que el dinero se invierta en el futuro del país para ayudar a crear oportunidades de trabajo y perspectivas para los jóvenes y en que eso debe quedar claro”, aseguró el jueves Weber durante una entrevista por videoconferencia con EL PAÍS y otros cuatro diarios europeos. Weber subraya: “Desde el PPE tenemos, por decirlo así, dos condiciones. La primera es que no queremos desperdiciar el dinero en gastos del pasado, sino invertir en el futuro”. Y el eurodiputado alemán colocó la diana de su vigilancia en España. “El PPE no está dispuesto a que se financien las falsas promesas de Podemos”, advierte».

No hay lugar a dudas del principio de desconfianza plena en el Gobierno actual, gritada a los cuatro vientos, que plantea el Partido Popular de España en Europa, que practica el principio de «lluvia fina» pertinaz hasta que cale en los altos mandatarios de la Unión Europea y con un solo fin: obstaculizar y desacreditar permanentemente el trabajo que en el sentido de la reconstrucción de España, con la ayuda de Europa, lleva a cabo el Gobierno de Coalición en sus negociaciones en las altas instancias del gobierno de Europa, en un momento delicado y transcendental para el país.

Es difícil salir de este túnel amargo de la COVID-19 sin una visión estratégica de alcance planetario que siente las bases para establecer un nuevo orden mundial político y económico para salvaguardar la salud pública, económica y democrática del planeta Tierra. Las soluciones que hasta ahora cohesionaban el mundo declarándolo una aldea común ya no valen y los ordenadores portátiles de los hombres de negro han comenzado a cerrarse masivamente sin capacidad de reinicio alguno. Eso sí, habiendo salvado previamente la totalidad del dinero invertido, dejando a millones de ciudadanos y Estados a su “mala” suerte. La Iglesia acuñó una frase, Fuera de la Iglesia no hay Salvación (extra Ecclesiam nulla salus), que en el catecismo de mi infancia me causaba mucho desasosiego porque figuraba bajo una viñeta en la que aparecía un tren descarrilando y saltando personas por las ventanas hacia el Infierno en el que campaban, a sus anchas, dragones con lenguas de fuego y serpientes amenazantes. Prefiero quedarme hoy con una imagen más laica y esperanzadora que dijera algo así como Fuera del Congreso del Mundo, de Europa, no hay forma posible de Reconstruir la Vida, la pervivencia, tras esta pandemia. Salvando lo que haya que salvar.

Se cita con frecuencia a Groucho Marx en estos momentos difíciles, porque él sufrió de forma muy especial las consecuencias de la recesión del 29, en el siglo pasado, en aquella aventura que él mismo narraba en su obra autobiográfica Groucho y yo, en plena recesión mundial, quizá superada por primera vez, con creces, por la que se avecina. Asocio ahora la necesidad de trabajar unidos en este país tan dual a la genialidad de Groucho Marx, en aquella frase gloriosa en Sopa de ganso, pronunciada en una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Es lo que tendríamos que gritar todos ahora rodeando virtualmente el Congreso de los Diputados o la Sala de la Cámara Europea reunida en pleno, porque determinados representantes políticos están obligatoriamente obligados a entenderse en la responsabilidad de sostener de la mejor forma política posible al Estado o a Europa, tan golpeados y dañados por el coronavirus, sobre todo cuando nos parece chino el diálogo de sordos en el que están instalados algunos líderes de la llamada “derecha”, formando parte del grupo de halcones europeos en el actual espectro político nacional y europeo.

Por mi respeto casi reverencial a la trazabilidad de las palabras en nuestro idioma, me ha llamado la atención cómo en el Diccionario de Autoridades (RAE) publicado en 1737, se aceptaba el lema “resistir” como tolerar, aguantar o sufrir, recogiendo expresamente una frase de una Autoridad “competente” para justificarlo y para que se entendiera mejor: “Porque ha de estar siempre firme e inmutable a la fuerza de los contrarios y al ímpetu de la artillería, como el Caballero ha de estar a resistir las injusticias y agravios”. Impecable transcripción de cómo se vivían las palabras en la sociedad española antes de fijarlas, dándoles brillo y esplendor. Ahora, desde el Sur, que también lo es España en Europa, perviviendo, porque existe y resiste a pesar de todo.

(1) https://elpais.com/economia/2020-06-11/el-pp-se-alia-con-los-halcones-para-pedir-ferreos-controles-por-la-ayuda-de-la-ue.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Hopper seguirá buscando islas desconocidas

Martha Mckeen
Edward Hopper, El «Martha Mckeen» de Wellfleet – 1944

Sevilla, 11/VI/2020

Hoy he conocido que un cuadro de Edward Hopper, El «Martha Mckeen» de Wellfleet (1), junto a otros tres, abandona definitivamente su “amarre” en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid), porque la baronesa ha decidido venderlo, junto a otros cuadros, debido a sus problemas económicos. Es lo que tiene un museo de estas características, porque está siempre pendiente de los patronatos mixtos público-privados y de los mercados. Desde el inicio de sus actividades, el fondo del museo ha perdido ya el 35% del mismo, sufriendo una gran devaluación pictórica.

Recupero con este motivo el post que publiqué en 2015, En busca de islas desconocidas, con motivo del viaje de este cuadro a la exposición temporal que se celebró en la sede de Málaga del Museo Thyssen, porque recordé el hilo conductor de este cuaderno digital: el viaje, necesario siempre, a la isla desconocida de nuestra vida que somos nosotros mismos. El barco de Hopper viajará de nuevo a no se sabe dónde, aunque con las garantías del poderoso caballero don dinero, al verse sometido al tráfico mercantil de compraventa por parte del mejor postor. Pasará a manos privadas, probablemente, hurtándose la posibilidad de que el público de este país, fundamentalmente, pueda seguir contemplándolo en su emplazamiento actual.

Esta vez, desde Andalucía, quiero manifestar con fuerza que, por desgracia, la venta de cuadros en este tipo de contratos de préstamo no pertenece a las cosas del querer sino del dinero. Me queda la duda de si se podía haber negociado con la baronesa, desde el Ministerio correspondiente, algún acuerdo para no moverlo de su puerto seguro, como consta según negociaciones llevadas a cabo a tal efecto el año pasado. Me atrevo a pensar que Hopper, quizá, lo hubiera agradecido, con una proposición imaginaria de Saramago: soñar que a babor y estribor de su velero, alguien ha pintado con letras blancas un nuevo nombre: LA ISLA DESCONOCIDA.

En busca de islas desconocidas

Hopper está en Málaga, en el Museo Carmen Thyssen, con motivo de una exposición temporal bajo el título de “Días de verano. De Sorolla a Hopper”, que se podrá visitar desde el 28 de marzo hasta el 6 de septiembre de 2015. Este cuadro de portada me ha recordado una vez más el compromiso contraído con Saramago de buscar incesantemente islas desconocidas, en la clave que nos regaló con sus palabras trazadas en un libro inolvidable, El cuento de la isla desconocida, que me acompaña siempre en los viajes hacia alguna parte de mi vida.

Cualquier situación puede ser una buena excusa para volver a iniciar esta apasionante búsqueda. El año pasado, con motivo de la publicación de un libro precioso, Atlas de islas remotas, conocidas hasta donde he podido investigar, propuse que también se debería hacer un atlas de islas desconocidas, que sería maravilloso compartir en la Noosfera de miles de millones de personas que ahora vivimos en el planeta tierra. Aunque en el libro se hacía una reflexión sorprendente y, quizá, disuasoria: “El paraíso es una isla. Y el infierno también”.

El barco de Hopper, situado físicamente en Wellfleet, un pueblo pequeño ubicado en el condado de Barnstable en el estado estadounidense de Massachusetts, me ha recordado también que hay que saber hacia dónde navegamos en el río, océano o mar de la vida todos los días y a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás. Existen además, varias puertas a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda…

Así lo escribí un día, no tan lejano, cuando describía la forma de acceder a esas islas tan necesarias para vivir con dignidad humana: “Sigo entretejiendo una telaraña digital en torno a la divulgación científica de las estructuras del cerebro humano, de la inteligencia digital, porque estoy convencido que la Noosfera es la gran aventura por descubrir en toda su potencialidad”, porque […] “El viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato su autor, José Saramago, no se me olvidará nunca. Gracias a él, fueron 43 pequeñas páginas las que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente -intercaladas- en este cuaderno de derrota, en términos marinos. Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. Su compromiso”.

El paraíso y el infierno existen, sin lugar a dudas, en el viaje hacia alguna parte, hacia islas desconocidas, que hacemos cada día. Quizá deberíamos aprender en el aquí y ahora de cada uno, de la misión y visión perfecta del charrán ártico, que persigue un objetivo claro que siempre cumple: alcanzar las metas propuestas volando por esos mundos de dios. Porque buscar islas desconocidas, es decir, descubrir cómo somos cuando decidimos vernos desde fuera, es lo mejor que nos puede pasar en la vida sola o asociada. Al fin y al cabo, la vida se nos pasa… volando.

Sevilla, 6/IV/2015

(1) Hopper, Edward (Nyack, 1882 – Nueva York, 1967). El «Martha Mckeen» de Wellfleet, 1944, Óleo sobre lienzo – 81,5 x 127,5 cm.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

¿Hemos resistido?

Sevilla, 10/VI/2020

Va llegando el momento de la evaluación de lo que nos ha sucedido como un tsunami en sentimientos y emociones por la COVID-19. Millones de personas hemos cantado en algún momento la canción Resistiré, tarareando a veces solo parte de la letra, porque hay que reconocer que con el paso de los años casi la habíamos olvidado. He vuelto a repasar con detalle la letra y cada estrofa necesita una reflexión en estos momentos finales de la transición hacia una nueva normalidad. En el fondo, no es un test PCR sino un test ultrarrápido para saber si hemos resistido a todo lo que allí nos referíamos durante el tiempo de pandemia al cantarla a los cuatro vientos.

Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz

La primera estrofa planteaba ya un panorama bastante desolador en momentos en los que ignorábamos todavía el alcance de la pandemia, pero era un auténtico aviso para navegantes. Ahora vuelven las «partidas», de cartas, ajedrez, dominó, las de la vida en definitiva; dormiremos acompañados, se abrirán muchas puertas y salidas y la noche será más tranquila en la nueva normalidad. Al menos, eso dicen los sabios del lugar. Primera evaluación a superar.

Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerse en pie
Cuando se rebelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared

Tenemos que confesar sin actitud vergonzante que hemos sentido miedo del silencio y del ruido que se ha formado en torno a las decisiones político-sanitarias en torno al estado de alarma y sus consecuencias en sus aciertos y daños colaterales. Mantener la voluntad firme, en pie, no ha sido tarea fácil, donde los recuerdos han jugado un papel esencial, siendo un ejemplo claro la cantidad de veces que hemos visto las fotografías y películas de nuestras fototecas y filmotecas particulares, alojadas sobre todo en la memoria de hipocampo, que no se borran de forma sorprendente gracias a las estructuras cerebrales que se alojan en el cerebro. Segunda evaluación a tener en cuenta, teniendo en cuenta que evaluar es emitir juicios bien informados.

Resistiré
Erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla
Pero siempre sigue en pie

Es la primera vez que salía a relucir la palabra mitificada en esta pandemia: resistiré, que parecía devolverme alegría y paz interior a modo de autoconvencimiento de manual de ayuda ante todo lo que se estaba moviendo. La canción me daba una receta exprés: hay que estar erguido, volverse de hierro e imitar la fortaleza del junco que a pesar de los pesares siempre está en pie. Sencillo y aleccionador. La tercera evaluación es muy directa: ¿He o hemos resistido? Cantarlo es fácil, pero llevarlo a cabo…, esa ha sido y es la cuestión.

Resistiré
Para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré

Volvía a encontrar tranquilidad en la insistencia de la palabra-mensaje, resistiré, porque ya la canté hasta tres veces, con una facilidad pasmosa, aunque se repetía también lo que tenía que hacer a modo de manual de primeros auxilios. La cuarta evaluación es un examen sobre declaraciones de principios, sabiendo como sabemos, que también se podía soñar despiertos ante una realidad tan dura.

Cuando el mundo pierda toda magia
Cuando mi enemigo sea yo
Cuando me apuñale la nostalgia
Y no reconozca ni mi voz

Y vuelta a empezar por si lo anterior nos había sabido a poco. Nos volvía a advertir lo que podía pasar: el mundo está en crisis y pierde mucho valor ejemplarizante, puede que de tanto dudar el principal enemigo fuera yo mismo, arrinconándome la melancolía, la nostalgia y, probablemente, hasta podía perder la palabra, que es de los pocos recursos, gratuitos por cierto, que nos han quedado. El mundo de los “cuando” es una aplicación pura y dura de la ética de situación en la quinta evaluación. Aprendí, hace ya muchos años, que la ética es como la solería que uno va poniendo en el suelo de su vida, como una raíz que justifica todos los actos humanos. Me la enseñó el profesor López-Aranguren.

Cuando me amenace la locura
Cuando en mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura
O si alguna vez me faltas tú

Pasando las semanas y ante la evolución en una primera etapa de la pandemia, es verdad que nos amenazaba el dicho de que nos íbamos a volver locos, porque el panorama era bastante negro, hasta el punto de que si se nos caía una moneda es probable que no cayera de cara y, lo peor de todo fue el momento en que tomamos conciencia de que se estaban perdiendo miles de vidas, que nos llevaban a pensar qué pasaría si nos ocurriera a nosotros, a los seres próximos más queridos. Seguimos con el mundo de los “cuando”, pero tocando temas más delicados aún porque se refieren a la pérdida del control de la vida. La locura, la pobreza, las maldades o la maledicencia que nos asola y, sobre todo, las ausencias, son cuestiones que no se resuelven solo poniendo una “x” en este cuestionario improvisado hoy. El que quiera entender que entienda en esta evaluación sexta.

Resistiré
Erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla
Pero siempre sigue en pie

Pues nada, otra vez al balcón o a la ventana a cantar a los cuatro vientos que íbamos a resistir porque conocíamos qué hacer juntos: seguir erguidos, volvernos de hierro e imitar la fortaleza del junco que a pesar de los pesares siempre está en pie. Estábamos convencidos de que íbamos a resistir. En esta evaluación, la séptima, no va la vencida, pero sí repite probablemente la respuesta al registro acumulativo anterior de cuestiones vitales que nos han amordazado durante el estado de alarma. Insistimos en nuestro retrato de resistentes empedernidos.

Resistiré
Para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré

No nos quedaba otra para seguir viviendo: resistir, resistir y resistir. Los golpes eran diarios: noticias y bulos, insultos y falta de entendimiento político, cifras aterradoras y panorama a veces desolador. También, cifras más optimistas, anuncio de un plan para la transición a una nueva normalidad, encuentros alejados, muchas videoconferencias, mucha tecnología por medio, muchos silencios. Todo, impregnado de una declaración de principios que sentíamos al cantarlo: Soportaré los golpes y jamás me rendiré / Y aunque los sueños se me rompan en pedazos / Resistiré, resistiré. Octava y última evaluación sobre cuestiones ya tratadas, pero que volvemos a salvar como declaraciones de principios que son. Al menos, yo, no tenía ni tengo otros.

Ocho evaluaciones, ocho. Como aprendí de Blas de Otero, solo sé que me ha quedado grabada a fuego una palabra: Resistiré, con mayúscula, que sigo tatareando como si en estos meses hubiera pasado de todo en mi vida, constatando -junto a millones de personas de este país- que nunca nos hubiera unido tanto -algo a alguien- como una canción viejuna, de nuestros mayores, compuesta y cantada por el Dúo Dinámico y escrita por Carlos Toro Montoro, aunque ellos solo querían resaltar en su momento la vuelta a los escenarios después de una ausencia sonada. Manuel de la Calva le dijo en 1987 al letrista que “había escuchado una frase de Camilo José Cela que le había gustado: “El que resiste, gana”. Fue la inspiración para el autor de la letra, bastante anónimo para un mundo pendiente de otras cosas: “Y sobre ella me puse a trabajar” (1), recuerda Toro. Era una etapa en la que el escritor estaba revuelto emocionalmente, superando una ruptura sentimental. Empezó a volcarlo todo. El arranque es doloroso, derrotista: “Cuando pierda todas las partidas/ Cuando duerma con la soledad/ Cuando se me cierren las salidas/ Y la noche no me deje en paz”. Toro afirma: “Soy un pesimista recalcitrante. Creo que este mundo es un estercolero. Pero siempre veo brotes de esperanza. Las leyes de la vida son muy duras, por eso no quería que la canción mintiese. Pero luego hay un canto a la esperanza. La vida hay que vivirla, aunque haya muchos momentos amargos. En la vida hay más fracasos que triunfos, pero si el porcentaje de triunfos es razonable, merece la pena”.

Si hemos resistido, de mil formas posibles, hemos ganado al coronavirus. Esa es la respuesta a la pregunta del principio, la auténtica evaluación. Cada uno con su cadaunada, con su resistencia personal e intransferible. La verdad es que hemos aprendido a resistir, resistir…, para seguir viviendo.

(1) https://elpais.com/cultura/2020-03-17/resistire-la-vacuna-emocional-de-espana-que-urdio-un-pesimista.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.