Romanza para un confinamiento

Sevilla, 7/V/2020

En tiempo de pandemia he buscado refugio en la música que amo. Es la razón del corazón, junto a la de la razón, según Pascal, por la que he vuelto a escuchar en silencio sonoro la Romanza compuesta por Salvador Bacarisse, con el tempo de andante (ejecutado con dulzura, poco a poco), al que he dedicado palabras llenas de sentimiento en este cuaderno digital, fundamentalmente en una modesta operación rescate de un músico excelente que tuvo que salir de España en condiciones lamentables con motivo de la guerra civil. Esta obra completa de Bacarisse, el Concertino en La menor, a través de sus tres movimientos, Entrada (Allegro), Romanza (Andante lento) y Scherzo (Allegretto), en su particella original para clavecín y orquesta (que conservo), me entrega siempre paz interior y me permite viajar por sueños posibles.

Necesitamos escuchar romanzas, composiciones de aire tierno y sencillo, que solo quieren transmitir sentimientos. He vuelto a abrir el piano, experimentando una emoción especial tocando la Romanza de Bacarisse, en concreto el segundo movimiento de su precioso Concertino. De alguna forma vuelvo a recordar con profundo agradecimiento, en este difícil aquí y ahora (hic et nunc), a mis profesoras de piano y violín que en su momento hicieron los arreglos necesarios, porque la versión original de 1952 era exclusivamente para guitarra y orquesta. Sigo creyendo que hicieron un trabajo espléndido, que retomaremos cuando finalice el estado de alarma.

Cada vez que me aproximo a esta partitura busco comprender mejor qué quiso transmitir el autor en ella. Hace años dediqué unas palabras especiales a Ataúlfo Argenta, gran amigo de Bacarisse y creo que me acerqué a su verdadero sentido: “Buscando esta verdad de Ataúlfo Argenta, he seguido de cerca a Fernando Argenta en mi vida nómada, escuchándolo siempre con enorme respeto en la radio del coche, en viajes siempre hacia alguna parte. El mismo que él tenía hacia su padre cuando nos presentaba el Concertino para guitarra y orquesta en La menor, de Salvador Bacarisse (sobre todo su Romanza), nada apreciado por el Régimen franquista por su deriva republicana y que dirigió en un concierto memorable en París el día de su estreno [15-X-1953, París (Théátre des Champs-Élysées), interpretado por Narciso Yepes (guitarra) y L’Orchestre National, en un concierto publico organizado por la Radio Televisión Francesa)], del que guardo un recuerdo entrañable en mi memoria de hipocampo, de secreto”. Recomendaba en aquella ocasión, como hago hoy de nuevo, que escuchen esta versión de la Romanza con la pasión de músicos muy jóvenes de la Orquesta de la Universidad de Granada, que recogen el testigo de lo que quiso transmitir Bacarisse desde el exilio en París. El Sur musical también existe.

Guardo también en mi persona de secreto un tesoro musical: la obra compilada de Salvador Bacarisse en la Fundación Juan March, con un prólogo emocionante de su único hijo, Salvador Bacarisse Cuadrado, con quien tuve la oportunidad en 2018 de cruzar un mensaje en el que me autorizó a disponer de una copia del manuscrito original del Concertino para clavecín y orquesta, op. 72 bis (a través de la Fundación Juan March) y en los que me agradecía la cercanía a su padre: “Yo me fui a vivir a Inglaterra pero mis padres siguieron en París, en el pisito del 7 de la rue Cassette que ocuparon más de treinta años. Cuando murió mi madre en 1976, trece años después que mi padre, yo quité el piso de la rue Cassette, y me llevé a Escocia todos los papeles y libros de mi padre. Desde aquel día permanecieron a salvo, y yo creía olvidados, hasta la fecha memorable en que llamó a la puerta de mi casa Emilio Casares, quien venía a pedirme autógrafos y otros materiales para una exposición de “La música en la Generación del 27” que estaba organizando y que tuvo lugar en Granada en julio de 1986. Esa exposición y el magnífico catálogo que publicó el Ministerio de Cultura fue el primer reconocimiento de aquellos músicos olvidados durante el franquismo, entre los que figuraba mi padre. En Granada, durante la exposición y hablando con Rodolfo Halffter, que había venido de Méjico, y con otros, decidí hacer lo que en realidad ya sabía que tenía que hacer: mandar los manuscritos de Salvador Bacarisse a su tierra, a España. Por muy hijo de francés, emigrado a España, que fuera mi padre, nunca se sintió sino español. Vivió treinta años en París, desarraigado y triste lejos de su querido Madrid”.

Conocí su extensa y desconocida obra a través de esta publicación extraordinaria, que está al alcance de quien desee conocer de cerca a este gran compositor olvidado durante la dictadura franquista. Fue un hallazgo que me permitió acercarme a Bacarisse, a su vida y a su preciosa obra. En la Fundación está el legado completo del compositor, llevado a cabo por su hijo en 1987, que incluía todas las partituras que obraban en su poder.

Cuando escribo estas palabras he sentido la necesidad de compartir este sentimiento de respeto y agradecimiento a un autor muy desconocido en su querido país, pero que tuvo el reconocimiento mundial fuera de él alternando su labor de composición y de dirección de orquesta con el trabajo que desarrolló en el exilio en París, en la Radiodifusión-Televisión Francesa, como productor de programas en español para Hispanoamérica.

No lo olvido en momentos de confinamiento. Para lo que sirva conocerlo y escucharlo, compartiéndolo hoy en el club virtual, con sede social en la Noosfera, de las personas dignas y libres. Disfruten de esta maravillosa composición que me sigue emocionando como la primera vez que decidí conservarla en mi memoria de secreto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

 

Allegro en la desescalada, ma non troppo

Sevilla, 6/V/2020

He aprendido en la teoría del lenguaje musical a distinguir los diversos tiempos de una composición. Ayer escuché la intervención, en un informativo de alcance nacional, del director de orquesta alicantino Josep Vincent, en el que aludió a cómo la música puede ofrecer acompañamiento en el estado actual de alarma en todas y cada una de sus fases: “La música es un puente capaz de hacernos recuperar la ilusión […] la experiencia con la música es una experiencia personal e intransferible, cada uno tendría su propia banda sonora, pero algunas nos lleva a recordar, cualquier adagio, el de Barber, serviría para una transición como esta”. Me pareció una interpretación muy inteligente de los diversos tiempos musicales en la que llegó a proponer la escucha de La consagración de la primavera, de Stravinski en el momento que podamos celebrar el triunfo final sobre la pandemia.

Lo he expresado en bastantes ocasiones en este blog: la música es medicina para sobrellevar el confinamiento obligado para protegernos del virus, con idéntica calidad a los momentos de alegría porque también es compañera fiel (Musica laetitiae comes, medicina dolorum, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor). En mi caso, descubro cada día un mundo nuevo al aproximarme al teclado o al arco y mástil del violín, para conocer mejor su alma. También, al abrir mi clave. Es una experiencia única que me regala la vida y en la que estoy inmerso por los sentimientos y emociones que me ofrece. Sobre todo, he descubierto la riqueza sonora del clave (virginal), el instrumento tan querido por Bach y Mozart en sus años de éxito sonoro, asimilando a diario la frase citada anteriormente y pintada por Vermeer en su excelente obra La lección de música, que perdura a través de los siglos.

En este momento he elegido una modalidad de tempo (tiempo), el allegro ma no troppo, en perfecto italiano, que como ocurre con su aserto traduttore traditore, necesitamos bastantes palabras para comprender su profundo significado: movimiento alegre pero que se ejecuta no demasiado deprisa. Es la descripción exacta de la fase actual de la desescalada para la mayoría del país, la fase 0, donde debemos respetar la observancia de lo declarado y publicado por la Autoridad Única, dado que ya podemos comenzar la desescalada con alegría pero no deprisa. Ya llegará el momento en el que podamos escuchar una interpretación de La Consagración del Triunfo sobre el Coronavirus junto a obras en las que se integren otras modalidades de tiempo y velocidad de la desescalada progresiva: allegro molto (muy rápida), allegro moderato (moderado) o allegro assai (bastante deprisa), entre otros, que nos elevarán el espíritu hasta los cielos en los que cada uno encuentre su felicidad plena. Hasta que finalice esta obra virtual con un movimiento molto allegro vivace (muy alegre, rápido y vivaz) de orquesta y coros formados por casi cincuenta millones de personas de este país, desconfinadas e incorporadas al nuevo orden mundial de convivencia, participando en un Acto de Estado celebrando la nueva consagración del triunfo de la salud física, psíquica y social sobre un virus que nos debería cambiar para siempre el orden de prioridades en nuestras vidas.

Escucho atentamente una interpretación preciosa del Adagio para cuerdas, de Samuel Barber, siguiendo la recomendación del maestro Josep Vincent en tiempos de transición en esta pandemia, porque el adagio es un tiempo lento que nos prepara para asimilar que la música nos puede acompañar en la alegría de la desescalada siendo a la vez medicina para el dolor que supone tanto sufrimiento personal, familiar y profesional, recuperándonos de forma alegre pero no demasiado deprisa (allegro ma non troppo) en las diferentes fases programadas en la desescalada del confinamiento en el que ahora vivimos, somos y estamos obligatoriamente obligados a respetar a diario.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Confinarse es también ponerse a la misma altura que otro

RAE1

Sevilla, 3/V/2020

Quien se acerca a este cuaderno digital sabe que recurro con mucha frecuencia a conocer a fondo el significado de las palabras en nuestro rico lenguaje en todas sus acepciones. En los 49 días que llevamos de confinamiento, el verbo “confinar” y su acción principal de “confinamiento”, son palabras buscadas de forma masiva en internet. He recurrido a investigar la trazabilidad del verbo confinar y a través del buscador denominado Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española (NTLLE) he localizado, en relación con el verbo “confinar”, todas las acepciones desde 1611 hasta 1992, a las que se puede incorporar las últimas actualizaciones del Diccionario de la Lengua Española hasta 2019 en su versión electrónica 23.3.

La trazabilidad citada se ha centrado a lo largo de la historia en el ámbito penal y militar casi siempre refiriéndose a personas o decisiones políticas, en términos de destierro o castigo, conllevando siempre la privación de libertad hasta nuestros días. Confinar, en la actualidad se entiende en las dos primeras acepciones, como desterrar a alguien, señalándole una residencia obligatoria o recluir algo o a alguien dentro de límites (DLE RAE, 2019). En ambos casos, su aplicación al estado de alarma sigue teniendo un marcado sesgo penal, de condena política (1853) u orden militar.

Siendo esto así, me ha llamado la atención la segunda acepción que aparece en el Diccionario de Autoridades (primer diccionario oficial de la Real Academia Española), diccionario de la lengua castellana, “en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las frases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua […], compuesto por la Real Academia Española, publicado en Madrid, en 1729, en la imprenta de Francisco del Hierro”. En ella se dice que confinar “se toma algunas veces por igualar o poner en una misma altura o paralelo una cosa con otra. Es de raro uso”. Esta visión más amable de confinar se refuerza en el diccionario de Vicente Salvá, publicado en París en 1846, que “comprende la última edición íntegra, muy rectificada y mejorada del publicado por la Academia Española, y unas veinte y seis mil voces, acepciones, frases y locuciones, entre ellas muchas americanas […]”, porque en la tercera acepción de confinar se pasa a igualar a personas y no cosas: igualarse, ponerse a la misma altura que otro.

Estas últimas acepciones, con una diferencia de 117 años, no se mantienen en las sucesivas publicaciones del Diccionario Usual de la Real Academia Española, desde 1780 hasta 1843, en nueve actualizaciones y tampoco en el diccionario de Núñez de Taboada publicado por Seguin, París, en 1825. Este análisis nos permite concluir que la acepción más amable con el lema “confinar”, igualarse, ponerse a la misma altura que otro, aparece exclusivamente en ambos Diccionarios de 1729 y 1846, volviéndose a incluir exclusivamente en el diccionario de Gaspar y Roig de 1853 y en el suplemento del publicado por Ramón Gaspar Domínguez en 1869.

En relación con lo expuesto anteriormente, es interesante señalar una acepción de “confinar” que aparece por primera vez en el Diccionario Manual e Ilustrado de la Lengua Española (RAE), publicado en 1927 en Madrid por Espasa-Calpe, en el que se recoge una tercera acepción en los siguientes términos y como un galicismo: “encerrarse, recluirse: se confinó en su casa”, como acepción en la que se expresa una decisión personal y no impuesta. Volvió a recogerse esta acepción de nuevo en la segunda y tercera edición de este diccionario manual, publicadas en 1950 y 1983, respectivamente, desapareciendo curiosamente en la actualización como manual de 1989. Pasó esta acepción definitivamente del diccionario manual al usual en la edición de 1984, estrictamente en los siguientes términos: “encerrarse, recluirse”, como tercera acepción, desapareciendo definitivamente desde la edición del diccionario usual de 1992 hasta la última edición en soporte papel, llevada a cabo en 2014 y la última actualización en red de la edición (versión electrónica 23.3).

He intentado expresar con este análisis breve la importancia de las palabras en el acervo cultural de este país, porque las palabras tienen un sentido muy profundo cuando nos afectan directamente, como en este caso es la realidad del confinamiento. El hecho de haber destacado la acepción de “igualarse o ponerse a la altura misma altura que otro” es intentar reforzar la idea de que lo que se pretende con el confinamiento en el estado de alarma que se decretó el 14 de marzo pasado es igualar la situación de permanecer localizados en su residencia, saliendo de forma controlada, dentro de unos límites, respetando el espacio de los otros empezando por uno mismo, preservando de esta forma la salud de todos. Creo que es lo que la Real Academia Española, limpiando, fijando y dando esplendor a nuestras formas de hablar, ha pretendido trasladar a los diccionarios con la expresión más genuina de “confinar” y su acción directa, el “confinamiento”. Quizá, con la riqueza que aporta la lengua francesa (galicismo), tal y como hemos visto anteriormente: es una decisión personal que se toma comprendiendo el sentido actual ante la pandemia del COVID-19. Decido recluirme en casa para igualarme y ponerme a la misma altura de los otros confinados. Por el bien de todos.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.rae.es/recursos/diccionarios

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El uso íntimo de las aceras

JANE JACOBS

[…] En Sevilla se puede ser feliz […] ¿No es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?

Stefan Zweig, en De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia

Sevilla, 2/V/2020

Hoy está siendo un gran día para la ciudadanía de este país, porque después de 48 días de vivencias difíciles como consecuencia de la declaración del estado de alarma, podemos salir de forma ordenada y pautada a la calle, para pasear por las aceras de las grandes avenidas de la libertad. El confinamiento nos está brindando la oportunidad de redescubrir el barrio en el que vivimos y la importancia de sus tiendas y aceras, su uso íntimo tal y como preconizaba la gran urbanista americana Jane Jacobs en una obra emblemática para la defensa del urbanismo humanista: “Bajo el aparente desorden de la ciudad vieja, en los sitios en que la ciudad vieja funciona bien, hay un orden maravilloso que mantiene la seguridad en la calle y la libertad de la ciudad. Es un orden complejo. Su esencia es un uso íntimo de las aceras acompañado de una sucesión de miradas” (1).

Soy consciente de que Jane Jacobs es una gran desconocida en la actualidad, sobre todo para los planificadores del urbanismo en muchos lugares de España donde estamos confinados. Su mención científica hoy es para mí un contrapunto impresionante ante la especulación actual inmobiliaria y urbana a todos los niveles. Ella luchó hasta su muerte para que se implantara un urbanismo humanista, defendiendo el diseño y la construcción de los barrios en las ciudades que obedeciera siempre a leyes sociales de convivencia y relación entre personas obligatoriamente obligadas a vivir en común y ser miembros de una entidad que ha cambiado el nombre identificador obligado por el nuevo lenguaje de género: la ciudadanía responsable, que es de lo que trata hoy en la primera salida ordenada a sus queridas aceras, su uso íntimo, permitiendo solo, por la distancia social impuesta por prevención, un cruce de miradas incluso en silencio.

El coronavirus nos deja una enseñanza extraordinaria sobre el uso y disfrute de nuestros barrios y de nuestras aceras. Según las investigaciones sobre sistemas sociales emergentes, Jacobs brindó con sus tesis expuestas en “Muerte y vida en las grandes ciudades americanas” la posibilidad de estudiar la complejidad creciente de las ciudades y cómo la creación de los barrios, antes de que estallara el boom inmobiliario, traducía comportamientos sociales de marcado interés. Basta analizar el comportamiento social de cualquier ciudad, la mía propia, Sevilla, para comprender correctamente las tesis de Jacobs en toda su extensión. La gran paradoja actual es que las agrupaciones de viviendas o “muriendas” en sus barrios más pobres, Tres Mil Viviendas, Los Pajaritos, Madre de Dios, Amate, Polígono Norte y otros de cuyo nombre debemos acordarnos, como las llamaba uno de mis maestros de juventud, ya no se desarrollan como fenómeno social de la complejidad social de unos grupos sociales, sino que se han diseñado en gabinetes de estudio, muchas veces de especulación pura y dura, que obedece a otros patrones alejados de las tesis de Jacobs. En los últimos días he recordado la nostalgia de las familias sevillanas que solo vuelven a sus barrios de origen con motivo de las procesiones de Semana Santa, que traduce muy bien el desencanto que podría producir a esta investigadora natural, sin formación académica especializada, observar cómo la especulación y el desorden urbanístico actual nos ha llevado al desmantelamiento de este fenómeno social de la vida en las aceras, habiendo sido durante toda su vida militante una gran defensora a ultranza de esta forma de convivencia.

A partir de hoy podemos recuperar a fondo el mensaje de Jacobs sobre sus queridas aceras que, ahora y en tiempos de coronavirus, son las nuestras. En Sevilla se vive en la calle, en sus aceras, donde transcurre la vida diaria, durante las veinticuatro horas, con la interpretación no conocida de Jacobs. Todavía recuerdo personalmente cómo por las mañanas, en su casa de la calle Tomás de Ybarra, el cantaor “El Pali”, con su forma característica de sentarse en la silla, te saludaba en el quicio de su casa, en una acera muy estrecha, iniciando conversaciones que podían ser futuras letras de sus famosas sevillanas.

Los barrios de Sevilla, de España, han vuelto a recuperar hoy su alegría en sus calles. Solo he querido ofrecer en este momento tan especial un homenaje silencioso a Jane Jacobs, una mujer extraordinaria, que solo quiso poner un grano de arena en su territorio americano para que las personas pudieran crecer con mejor calidad de vida. Aunque ahora, pudiéramos pedirle prestada a El Pali, donde quiera que esté, alguna sevillana que pudiéramos ofrecerle en clave de canto a la posibilidad de ser en la ciudad, en sus aceras de siempre: Ya no pasan cigarreras / por la calle San Fernando / con flores en la cabeza / y los mantones bordaos. / ¡Ay, Sevilla de mi alma! / que lo estás perdiendo todo, / los niños en la plazuela / cuando jugaban al toro. ¿Por qué? Porque la magia de las ciudades y de sus barrios, en todo el país, viene siempre desde abajo, desde su historia pasada y presente, desde las aceras de los encuentros ilusionados de personas que van y vienen alrededor de sus asuntos, aunque de momento, en esta etapa del estado de alarma, sea haciendo un uso íntimo de las aceras acompañado [solo] de una sucesión de miradas.

(1) Jacobs, Jane (1961),  Muerte y vida en las grandes ciudades americanas, Nueva York: Vintage, pág. 50.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2016/11/the-prophecies-of-jane-jacobs/501104/

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Ganarás la luz con el dolor de tus ojos

LEON FELIPE

Dedicado, en la celebración del día del trabajo, a todas las personas que crecimos con el mensaje bíblico de las primeras palabras de Dios sobre el trabajo humano, para que comprendamos junto a León Felipe que una de sus razones laicas es ganar la luz para iluminar el sentido de nuestras vidas. También lo dedico a todas las personas afectadas en su trabajo diario por la pandemia, que son millones. Las que la sufren y las que la controlan de la mejor forma posible. Por último, a los niños y niñas del mundo que con su trabajo visten y distraen al primer mundo, sin ver a su corta edad la luz de otro mundo posible.

Sevilla, 1/V/2020

Las palabras que siguen, un poema desgarrador de León Felipe, tienen hoy un sentido especial en el contexto de los efectos de la pandemia, por el dolor que ha llevado a las familias de las personas que han fallecido, sobre todo personas mayores que vivieron tiempos difíciles de la posguerra y que con su trabajo ayudaron a ganar la luz de la libertad con el dolor de sus ojos. La lectura de este poema simboliza también el mejor homenaje a las personas que desean dar un nuevo sentido a la vida a través del trabajo digno, bien remunerado y desarrollado con todas las garantías de realización personal, más allá de reconocerse como recursos humanos, tal y como nos recordaba Eduardo Galeano, porque somos seres humanos, mucho más que nadies que necesitan trabajar a diario. Con ojos que son fuentes del llanto y de la luz.

El dolor

No he venido a cantar
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río
y por la nube…
y en las lágrimas que se esconden
en el pozo,
en la noche
y en la sangre…

He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites, donde
me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
«y la luz con el dolor de tus ojos».
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

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Cambia, todo cambia en la nueva normalidad

Sevilla, 30/IV/2020

Escuchamos el nuevo constructo desde hace días como si fuera el oráculo de Delfos: iniciamos una «nueva normalidad». Desentrañar estas palabras es un dilema necesario para que nos enfrentemos a él de la mejor forma posible. El problema surge cuando escudriñamos qué es lo normal en la vida y su derivada, la normalidad, en un mundo que se nos presenta lleno de incertidumbres y con un enemigo público número 1 llamado COVID-19.

Las mudanzas han sido una constante en mi vida, porque he aceptado siempre con buen talante que en la vida se producen variaciones del estado que tienen las cosas, “pasando a otro diferente en lo físico ú lo moral” (Diccionario de Autoridades, RAE, 1734). Las he vuelto a revivir al leer una frase de un cómico americano Steven Wright, al afirmar que escribía un diario desde su nacimiento y como prueba de ello nos recordaba sus dos primeros días de vida: “Día uno: todavía cansado por la mudanza. Día dos: todo el mundo me habla como si fuera idiota”. Es una frase que simboliza muy bien las múltiples veces que hacemos mudanza en el cerebro porque cambiamos o nos cambian la vida (el estado que tienen las cosas) muchas veces a lo largo de la vida. Y el cerebro lo aguanta todo y…, lo guarda también. Es una dialéctica permanente entre plasticidad cerebral y funcionamiento perfecto del hipocampo (como estructura que siempre está “de guardia” en el armario de la vida).

Suelo acudir siempre a la historia y a la filosofía para intentar buscar razones de la razón y del corazón con objeto de abordar de la mejor manera posible la nueva normalidad, la nueva mudanza. También he localizado en mi memoria de hipocampo, esa estructura cerebral encargada de ordenar de la mejor forma posible la memoria personal e intransferible, una canción que salta como un resorte en mi cabeza cada vez que se habla de cambiar algo porque en el fondo esta palabra, cambio, es una constante en nuestras vidas desde que nacemos. Vivimos porque todo cambia en nuestra forma de ser y estar en el mundo. Gracias a los cambios diarios, segundo a segundo, en nuestro organismo, vivimos, estamos y somos. En definitiva, enfrentarnos al cambio en nuestra vida es el resultado de aunar conocimiento, habilidades y actitudes ante algo inexorable que tenemos que saber integrar a la mayor brevedad posible: todo cambia y que yo cambie no es extraño.

La geopolítica del coronavirus COVID-19, porque hay que recordar que ya nos hemos enfrentado a otros, nos demuestra que casi ocho mil millones de personas que hoy poblamos el planeta Tierra, con un crecimiento demostrado cada 0,38 segundos, tenemos que abordar la nueva normalidad e integrarla sin un manual claro de supervivencia mientras no ganemos esta batalla por vivir la normalidad que, repito, siempre es cambiante. El principal problema está en nosotros, en ese conjunto de conocimiento de qué es lo que va a cambiar, la disciplina de adquirir nuevas formas de comportamiento ante los cambios de escenarios para vivir que se ordenen y, lo mejor de todo, educar la actitud para enfrentarnos a una nueva forma de ser y estar en el mundo.

Algo curioso que ha ocurrido durante el estado de alarma en el país es la recurrencia a canciones olvidadas de la banda sonora de este país a modo de búsqueda desesperada de letras convincentes que aúnen nuestro sentimientos y emociones para resistir en tiempos difíciles.  Me he puesto manos a la obra y he recordado a la cantora Mercedes Sosa (cantante es el que puede y cantor el que debe, según Facundo Cabral), que cuando cantó Todo cambia con letra y música del músico chileno Julio Numhauser (fundador de mi querido grupo Quilapayún), lo grabé en mi razón y en mi corazón, en etapas muy difíciles de este país arrasado por el virus del odio y de las dos Españas, que han quedado registradas en la memoria situada en una región profunda de mi cerebro, el hipocampo, como aprendizaje de su compromiso activo a través de la música:

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el qué pensar, qué hacer y qué sentir de todos los días. La historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito de Éfeso pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río, es decir, la nueva normalidad ya está instaurada en la sociedad de todos los días. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos.

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

En estos días, especialmente duros en la vertiente de salud y confinamiento, con su impacto terrible en los ámbitos políticos, económicos y laborales, estamos tomando conciencia de que sufrimos el síndrome de la inadaptación permanente ante una situación de la que hemos perdido el control, tomándolo quizá otros vestidos de negro que ni siquiera conocemos a veces y que están perfectamente identificados, habiéndonos quedado con su cara, que es la de siempre, la que refleja de forma dura una seria advertencia: ¡es el dinero, idiota!, que decía el asesor de Nixon, no sé si ahora el de Trump, no es bueno tanto cambio y esto no puede continuar así, arriesgando tanto dinero de unos pocos en un mundo de muchos, que además es muy manirroto:

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Les cuento ahora la verdad, la intrahistoria de estas palabras. Mantengo en mi memoria de secreto un texto escrito en 2011 sobre el Club de las Personas Dignas,  He considerado que hoy es bueno que hablemos de esto en el Club, por higiene mental, para reforzar las actitudes cotidianas en lo que vivimos, hacemos y sentimos, aunque reconozcamos que la situación del coronavirus nos ha hecho mucho daño, pero compartiremos la realidad cambiante que se inicia en la fase 0 presentada por el Presidente, hasta que al animarnos y respetar a los que animan a los animadores, integremos en nuestra inteligencia de todos y en la de secreto, que cambiar no es extraño…, porque no cambiamos el amor a lo que queremos, por mucho que nos cueste, porque somos coherentes, porque los principios permanecen, aunque tomemos conciencia plena de que para los tristes y los tibios, cada uno en su Club, tanto cambio no lleva a nada bueno. De esta forma, el cambio hacia la nueva normalidad no será ya algo extraño en nuestras vidas:

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Creo que viendo y escuchando también el vídeo de Julio Numhauser junto a su hijo, cantando «su» canción compuesta en su exilio en Suecia, se comprende bien que me atreva a proponer esta canción como el himno del nuevo orden mundial, de la nueva normalidad. Divulguémosla porque nos llena el corazón de realidad y esperanza.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Elogio de la curiosidad

Sevilla, 29/IV/2020

Quien siga de cerca las páginas de este cuaderno digital habrá podido observar que soy un apasionado de la curiosidad en su vertiente sana, que decía el diccionario de Covarrubias, es decir, que soy capaz de admirarme de casi todo y de casi todas las personas, en su versión aristotélica, escudriñando lo más íntimo de la propia intimidad de las personas y de las cosas. Es como si se prolongara la vida en una eterna pregunta de niño marxiano de cuatro años que siempre pregunta en bucle el porqué de todo lo que se mueve porque, dicho sea de paso, alguien o algo tuvo la responsabilidad hace millones de años de poner en marcha el universo. De ahí las eternas preguntas de los creacionistas y evolucionistas: averiguar quién fue o cómo era el “primer motor inmóvil”, como curioseaba Aristóteles en sus obras.

LA JOVEN DE LA PERLA1

Siempre he sentido curiosidad por todo, en un mundo plagado de cotilleo y cotillas, aunque bautizado últimamente como el universo del entretenimiento donde todo cabe y en el que la cultura digna brilla por su ausencia. Siempre he sentido la necesidad de comprender qué es admirarse ante lo que ocurre en nuestras vidas, por muy intranscendente que sea, algo que solo se consigue a través de la admiración, actitud que simbolizó para Aristóteles el comienzo de la filosofía, entendida como la capacidad que tiene el ser humano de admirarse de todas las cosas, de las personas, de sentir curiosidad diaria de por qué ocurren las cosas, de cómo pasa la vida, tan callando. Mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein panta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

Ante un escenario tan atractivo para descubrir islas desconocidas y curiosas del conocimiento, acudo con frecuencia a mi manual de cabecera, Una historia natural de la curiosidad, donde Alberto Manguel explica en sus 541 páginas aspectos mágicos de esta realidad humana que tantas respuestas da a la vida, incluso en momentos de pandemia. Ser curiosos eleva el espíritu y eso me basta. Así lo sugería Cicerón, según aparece en una copia realizada en el siglo IX de un texto suyo en el que, al final de una frase, aparecía un signo de pregunta que se representaba por una escalera ascendente hacia la parte superior derecha de la línea de texto, «en una serpenteante línea diagonal que nace en la parte inferior izquierda” (1).

Cuando se publicó este libro excelente, leí un artículo extraordinario que sintetizaba muy bien su obra. Así lo recogí en un post del que entresaco una pregunta y respuesta de Manguel que me sobrecoge siempre que la leo porque comprendo perfectamente la depreciación de la curiosidad en estos tiempos modernos: “¿Para qué la sociedad y el poder arrinconan la curiosidad? Si haces una caja cuadrada, debes crear elementos con ángulos rectos para que entren en ella. Si crean una sociedad de consumo deben crear consumidores, si no, no funciona. El sistema tiene que impedir que te hagas preguntas esenciales porque si te las haces no hay más consumo. Por eso la sociedad no alienta la reflexión. Es un sistema depredador que busca el beneficio en una estructura productiva”.

LA JOVEN DE LA PERLA

Entretenido en estas cuitas, ha leído hoy un artículo que elogia la curiosidad: “La joven de la perla desvela sus secretos. El Mauritshuis analiza la famosa obra de Vermeer en un laboratorio transparente a la vista del público” (2). Se trata de la investigación sobre el cuadro de Vermeer, que me ha impresionado siempre al contemplarlo. Es la primera vez que se comparte con el público el proceso de investigación sobre un cuadro de tanto prestigio: “La joven de la perla es un icono y una imagen en tres dimensiones: por el lienzo mismo, las capas de pintura, el efecto de los brillos… Queremos saber el origen de los materiales y la composición de los pigmentos. El escaneado de la obra llevará tres días, y luego veremos qué hay debajo”, asegura Abbie Vandivere, conservadora y jefa de investigaciones de la sala. Con la información obtenida, ella publicará a diario un blog ilustrado. El visitante podrá consultar a su vez los trabajos gracias a los iPads colgados fuera del laboratorio. Los resultados definitivos se esperan dentro de un año”.

Pasen y vean el vídeo de esta obra de Vermeer y sus sanas curiosidades. Podrán contemplar directamente su firma en el cuadro, hasta ahora casi perdida, las cortinas verdes de fondo, sus pestañas y la forma maravillosa de trasladarnos el brillo de su perla. Por no hablar, sino contemplar ahora, el azul lapislázuli del turbante turco o azul ultramar que Vermeer compraba en el marcado de Delft, su ciudad natal, traído expresamente desde Afganistán. Fascinante. Curiosidad de curiosidades todo es curiosidad y no placer inútil, como me enseñó hace poco el profesor Nuccio Ordine en su preciosa obra La utilidad de lo inútil.

El placer de la curiosidad sabia no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas curiosas la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada.

(1) Manguel, Alberto (2015). Una historia de la curiosidad. Madrid: Alianza Editorial, p. 17.

(2) https://elpais.com/cultura/2018/02/26/actualidad/1519652407_262533.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

¡Busquen a un niño o a una niña en el Congreso! (II)

Sevilla, 28/IV/2020

Es la segunda vez que escribo sobre esta petición situándome virtualmente ante el Congreso, lugar sagrado para la democracia y que mañana se reunirá de nuevo en sesión plenaria para tratar asuntos del Estado de Alarma, en un Orden del Día que he repasado punto por punto. Visto lo visto en sesiones anteriores, que prefiero no recordarlas, traigo a colación de nuevo unas palabras de Nicholas Negroponte, en un libro de consultoría en estrategia digital (1) que me ha acompañado durante años de vida profesional, porque necesitamos a los niños y a las niñas para solucionar problemas complejos de la vida: “Mi consejo para cualquier directivo no-digital (es decir, la mayoría de los directivos actuales) es que no deben tener en cuenta a su departamento de informática y lo que deben hacer es “contratar a un niño”. Lo decía en 1998 en referencia a que el mundo tecnológico lo iban a dirigir en un futuro no lejano los niños porque influyen en el mercado, marcan tendencias y en última instancia “tenemos que aprender de ellos”.

Esta reflexión, que figura en el libro citado anteriormente y que me regalaron en una magnífica conferencia de Eduardo Punset a la que asistí hace ya muchos años, la he asociado siempre a la genialidad de Groucho Marx, en aquella frase gloriosa en Sopa de ganso en una reunión memorable de la Cámara de Diputados de Freedonia: “¡Hasta un crío de cuatro años sería capaz de entender esto!… Búsqueme un crío de cuatro años, a mí me parece chino“. Es lo que tendríamos que gritar los demócratas en una manifestación multitudinaria y virtual ante el Congreso de los Diputados, porque sus señorías están obligatoriamente obligadas a entenderse, cuando contemplamos el diálogo de sordos en el que se desarrollan las sesiones en torno a los estragos del coronavirus en nuestro país y en su escalado mundial que tanto nos afecta también. El resultado de las urnas es el que hay que aceptar por parte de los representantes actuales en la Cámara, en concreto los del amplio espectro de las derechas y los nacionalismos exacerbados ante un Gobierno legítimo, en lugar de seguir atrincherados en sus estrategias políticas despreciando el interés general. Sería recomendable leer las actas del Parlamento de Portugal en su sesión de 6 de abril, para aprender de ellos. Rui Rio, líder del partido de la oposición portugués (PSD), pronunció ese día un discurso ejemplar: «Para mí, en este combate, éste no es un Gobierno de un partido adversario, sino el Gobierno de Portugal, al que todos tenemos que ayudar en este momento […] Señor primer ministro, cuente con la colaboración del PSD. En todo lo que podamos, le ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte, porque su suerte es nuestra suerte».

Hasta un niño o una niña de cuatro años son capaces de entenderlo.

(1) Downes, Larry y Mui, Chunka (1999). Aplicaciones asesinas. Estrategias digitales para dominar el mercado. Harvard Business School Press: Boston (Massachusetts). El título, que se antoja como imposible, ha intentado respetar el del original en inglés, aunque hubiera sido más correcto el de Desarrollos devastadores. Recomiendo consultar el constructo “aplicación asesina” (killer app) en el mundo digital, para comprender bien su significado exacto.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Los niños y las niñas se salen del cuadro del confinamiento

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Pere Borrell y del Caso, Huyendo de la crítica (1874).

Sevilla, 27/IV/2020

Desde ayer, mediante lo publicado en la Orden de 25 de abril, sobre las condiciones en las que deben desarrollarse los desplazamientos por parte de la población infantil durante la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, los niños y niñas de este país pueden hacer diariamente una salida controlada que “puede reportar beneficios asociados a un estilo de vida más saludable, prevenir algunos problemas asociados al mantenimiento prolongado del estado de alarma, como puede ser la mejora de la calidad del sueño o la síntesis de vitamina D, así como una mejora en el bienestar social o familiar. Igualmente, cabe señalar que las condiciones de las viviendas y los estilos de vida no son iguales en todos los hogares, por lo que la declaración del estado de alarma supone un impacto desigual en la población infantil, afectando especialmente a aquellos niños y niñas que viven en condiciones de vida de mayor vulnerabilidad”.

En tal sentido, he recordado un post que escribí en 2016, Cuando nos salimos del cuadro de la vida, en el que hacía referencia a una exposición que se celebró en ese año en el Museo del Prado, con una denominación muy sugerente, Metapintura. Un viaje a la idea del arte (Museo Nacional del Prado 15/11/2016 – 19/02/2017), que recogía un hecho transcendental en el mundo del arte: la pintura es necesario interpretarla alguna vez sobre la propia pintura. Entre los cuadros expuestos, proveniente de galerías y museos internacionales, así como de colecciones públicas y privadas, me llamó la atención uno en particular. Se titulaba, Huyendo de la crítica, y es un trampantojo del pintor catalán Pere Borrell y del Caso, pintado en 1874.

Como reflexionaba en aquella ocasión, creo que la representación de lo que nos sucede en determinados momentos de la vida, tan duros en estos días por el confinamiento a lo largo de seis semanas, se puede expresar muy bien examinando con detenimiento esta pintura. Todos, sin excepción, vivimos en el cuadro que nos pinta la vida a diario, ahora con un marco férreo que nos limita por el marco legal establecido. Así nos ven y así lo contamos a los demás. Así nos vemos y así figuramos ante los otros, con dificultades notorias para salirnos del marco oficial establecido tanto a nivel familiar, en el que nos vemos abocados a pasar las veinticuatro horas, como laboral (teletrabajo) y social (pautas de distanciamiento preventivo).

Groucho Marx, a quien acudo tantas veces para comprender la vida, como su conocida referencia al famoso niño de cuatro años, me lo recuerda muchas veces: que se pare el mundo que me bajo. Ahora, contemplando este cuadro tan extraordinario, podría decir sin sonrojo alguno: que pare la exposición permanente de mi vida, que necesitamos salir del cuadro impuesto por la legislación vigente en torno al estado de alarma. Es verdad y se ha comenzado por los niños y niñas que ya pueden salir poco a poco con las medidas anunciadas en la Orden citada de 25 de abril. El final del túnel comenzamos a verlo y ya se están dando los primeros pasos para no seguir tensando la situación de confinamiento actual.

La pintura de Borrell es una metáfora visual preciosa, en la que este niño asustado quiere salir del cuadro actual de confinamiento aunque sea con importantes limitaciones. En este contexto, quiero prestar especial atención a situaciones que recoge especialmente la Orden citada al comienzo de este post: «Igualmente, cabe señalar que las condiciones de las viviendas y los estilos de vida no son iguales en todos los hogares, por lo que la declaración del estado de alarma supone un impacto desigual en la población infantil, afectando especialmente a aquellos niños y niñas que viven en condiciones de vida de mayor vulnerabilidad”. Una vez más me acuerdo de los niños y niñas de Sevilla, que se mostraban en el documental cinematográfico estrenado en 2015, Alalá (alegría, en caló), que me conmueve cada vez que lo veo, saliéndome personalmente del cuadro estático de la vida de todos los días, para intentar comprender que el mundo de los niños y niñas de la barriada de las Tres Mil Viviendas, en Sevilla, contado maravillosamente en esta película, nos permite vislumbrar que otro mundo es posible y muy diferente al que muchas veces nos pintan a diario, porque Groucho ya lo dijo metafóricamente: que busquen a esos niños de cuatro años y más, en las Tres Ml Viviendas, Los Pajaritos, Amate, Polígono Norte, El Vacie, por ejemplo, que lo saben casi todo al salir con alegría (Alalá) de los cuadros de su dura vida.

Es lógico que, como ellos, queramos huir hacia otro mundo donde el arte de vivir no se compre ni se venda en el supermercado del consumo, ni en museos vivientes no inocentes. Sin más marco que el de la dignidad humana, que da la felicidad auténtica cuando se entra en él y del que, hoy por hoy, no me gustaría salir. A pesar de todo, porque en la gran exposición del mundo en que vivimos, que podría llevar por título «Metavida», tenemos que plantearnos alguna vez que la vida digna hay que interpretarla alguna vez sobre la propia vida, saliéndonos todas las veces que haga falta de los marcos que nos impone a diario la sociedad más allá del coronavirus y que no nos gustan. O como ocurre ahora, porque la pandemia que nos asola no nos hace sufrir a todos de la misma forma, porque está siendo muy duro para los que menos tienen.

No deberíamos olvidarlo y una muestra puede ser estando cerca de la actividad social en torno a estos marcos sociales tan preocupantes. Como los que cuida la Asociación Educativa y Social Nuestra Señora de la Candelaria, que atiende a un complejo mundo de barriadas muy pobres en Sevilla (Tres Barrios-Amate), un oasis en medio de un desierto, como se definen a sí mismos, colaborando cada uno, cada una, de la mejor forma que sepa o pueda hacerlo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

Los sueños de Marcos

MARCOS 1986

Sevilla, 26/IV/2020

Al igual que pasa en la celebración clásica de los santos, las publicaciones también pueden tener su octava. En este caso, ayer, festividad de San Marcos evangelista, vio la luz una publicación nueva, Los sueños de Marcos, que pongo a disposición de la Noosfera desde hoy mismo y de la que publico a continuación un extracto del prólogo:

«Este libro recoge una selección de artículos publicados en mi blog, El mundo solo tiene interés hacia adelante, en los que mi hijo, nuestro hijo, de nombre Marcos, ha estado presente a lo largo de sus casi quince años de vida. Todo empezó en diciembre de 2005 y así lo expuse en la declaración de principios que publiqué el primer día de vida de este cuaderno digital: “Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago [en El cuento de la isla desconocida] será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, esto sea diferente y sirva también para los demás. Puerta del Compromiso. Es lo que aprendí hace muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar)».

De alguna forma deseo devolver a Marcos, después de este tiempo pasado, el agradecimiento por haberme animado a emprender esta tarea que a día de hoy supone haber publicado más de mil cuatrocientos artículos o posts, en el lenguaje propio de este tipo de comunicación social. En aquel momento hice un contrato social con Jose Saramago, cuando acompañado por mi hijo Marcos elegí el dominio que me abría el cuaderno digital al universo entero. Fundamentalmente, porque no quería que fuera inocente, como no lo es ideología alguna de este mundo en danza perpetua, deseoso de seguir buscando islas desconocidas, una vez tomada la decisión de acudir solamente a las puertas de las decisiones y de los compromisos, no a las de regalos o a las de peticiones, que me permitieran como al protagonista de su cuento de la isla desconocida, descubrir junto a la sencillez de una mujer de la limpieza qué significado tiene salir de nosotros mismos para encontrarnos”.

Espero que disfruten con la lectura de las páginas que vuelven a estar presentes en la malla pensante mundial a través de la Noosfera (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (1), esfera: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos: la geosfera y la biosfera. Traigo a colación esta referencia porque es la quintaesencia de este blog, con un título programático: El mundo solo tiene interés hacia adelante, ahora mucho más valioso como aserto en tiempos de coronavirus.

En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos, encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964 y que preside diariamente este cuaderno digital), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia”. Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto religiosa. Todo tiene interés si el mundo frecuenta el fututo yendo siempre hacia adelante.

Este libro recopilatorio se lo debía a Marcos. El llamado “dominio” del blog, igualmente. Sus sueños compartidos a lo largo de su vida también merecían este reconocimiento, porque he aprendido de él que soñar nos permite siempre crear cuando estamos despiertos.

NOTA: la imagen fue tomada por el autor en Benalmádena (Málaga), en agosto de 1986.

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