Otoños

Ángel González me acompaña siempre a lo largo del año y sus estaciones. Ahora, vuelvo a leer los poemas dedicados a los Otoños, en plural, porque existen millones de otoños, los que vive cada ser humano a su forma y manera: mi otoño, tu otoño, su otoño, nuestro otoño, vuestro otoño, el otoño de ellos, de ellas…, el otoño de todos. De todas formas, los otoños de González me inspiran otra forma de comprender la vida y me gusta compartirlo para hacer más llevadero ese ser y estar en el mundo de todos y cada uno.

Comienza su entrega de sentimientos y emociones con un poema precioso, El otoño se acerca, que comparto hoy:

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Hoy, busco el ángel que se llamaba luz, fuego, o vida, y no lo encuentro, rodeado de malas noticias por todas partes, en un país con desasosiego permanente desde hace ya varios años, en este otoño que ha entrado con mucho ruido. Al menos, he encontrado un ángel, de apellido González. Se lo agradezco, porque necesitamos momentos amables en esta azarosa vida, en este otoño.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

La belleza, el encanto y la alegría

Sevilla, 20/IX/2019

En un mundo en el que sobrevivimos rodeados por los enemigos del alma humana, es maravilloso que la historia nos recuerde que existen la belleza, el encanto y la alegría, que podemos comprender mejor al contemplar un grupo escultórico inolvidable esculpido por Antonio Canova, Las Tres Gracias, que representa estas tres realidades. Hoy, yendo del timbo al tambo de mi vida, recordando siempre a Gabriel García Márquez en sus cuentos peregrinos, las he descubierto de nuevo escuchando una obra preciosa de Couperin, Pavana, interpretada al clave por C. Rousset que pueden disfrutar también sin dejar de mirar cara a cara estas mujeres con tanto encanto.

He comenzado ya el nuevo Curso de piano y clave en el que me voy a centrar especialmente en este último instrumento. Analizando hoy los temperamentos de mi clave, hasta cinco en total, he descubierto algunos más en un curso de organología al que puedo acceder gracias a internet y en el apartado dedicado al temperamento de Chaumont (1695), he conocido la interpretación de este temperamento “de transición entre el Renacimiento y el Barroco” que se puede disfrutar de él escuchando a Christophe Rousset, tocando “la “Pavane en fa# menor” de la Suite en la menor de Louis Couperin (1626-1661) en un clave Louis Denis 1658 restaurado por Reinhard von Nagel en 2004-2005”.

He querido compartir esta experiencia con la Noosfera y con las personas que lean este post. También he cambiado la imagen de cabecera de este blog sustituyéndola temporalmente por un fragmento de la escultura de Canova, Las Tres Gracias, porque me ha impactado su belleza sobre mármol de Carrara, con una expresión de encanto y alegría entre las tres cárites mitológicas griegas, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente hoy: Eufrósine, Aglaya y Thalia. Porque las necesitamos.

Un temperamento es una forma de comprender, componer e interpretar cada escala musical, cada octava y su relación con las demás. Existen muchas formas de ordenar los intervalos musicales y los temperamentos son una muestra de ello. Algo así como los intervalos de la vida, de la política, donde momentos como los que estamos viviendo en este país, nos alejan de la belleza, encanto y alegría de la política mal entendida. En estos tiempos de turbación, la única mudanza que me permito, escapando de la recomendación de San Ignacio, es visitar por Internet el Hermitage y contemplar allí Las Tres Gracias de Canova, en su primera versión (hizo una segunda) para interpretar mejor a Couperin en el clave que me da vida, tocando de la mejor forma posible la Pavana que suena tan maravillosamente bien con el temperamento de Chaumont.

Porque la belleza, el encanto y la alegría también existen. A pesar de todo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

¡Ésta es España!

 

CONSEJO DE MINISTROS1

Sevilla, 13/IX/2019

La última oferta para un gobierno de coalición efectuada por Pablo Iglesias Turrión al presidente en funciones, revisable al año, me ha recordado al gobierno de Roma en el año 64 antes de Cristo, porque era colegiado, duraba solo un año y sorprendentemente se alternaba cada mes asumiendo siempre la más alta magistratura civil y militar. Al paso que vamos, cualquier día va a ofrecer Pablo esta solución puestos a dar y recibir todos clases de politología electoral y social.

Respeto a la política hasta límites insospechados, también a Pablo Iglesias y a su partido, a sus electores, pero en momentos tan transcendentales para este país, me reafirmo en lo que ya he escrito al respecto en este cuaderno digital en los últimos meses de zozobra de gobernanza de Estado: necesitamos un acuerdo programático de izquierda que atienda al interés general de la ciudadanía de este país. Creo que no es serio ofrecer alianzas temporales de gobiernos de coalición a modo de prueba que, si no gustan, tienen otras seguro, porque lo importante no son los sillones ministeriales sino la política de Estado que se va a decidir en las Cámaras y, después, su implantación y evaluación. Este es el motivo por el que defiendo con ardiente impaciencia que se trabaje y se tome la decisión ya sobre un acuerdo programático de legislatura a lo largo de los cuatro años de la misma, que defina las grandes estrategias de estado que responden al sentir popular en estos momentos, pero no dejándolo al azar de pruebas de gobernanza sino a la respuesta de estado a las necesidades del interés general.

En la época que describo del siglo VII antes de Cristo, en la que los gobiernos eran muy cortos, un año, y además se alternaban los candidatos elegidos, un mes de gobierno cada uno, porque el baile gubernativo era anual y mensual, el candidato Marco, al que Quinto Tulio Cicerón prepara en la campaña electoral del año 64 a.C., debía responder siempre a tres grandes principios: era un hombre nuevo (no tenía antecedentes sociales relevantes y tenía que saber utilizar esta condición), aspiraba al consulado (cargo de la máxima excelencia para gobernar la República) y el lema por el que había que luchar era muy claro: “¡ésta es Roma!”, es decir, debía conocer bien cómo era en su esencia el Imperio Romano, la Ciudad que tendría que gobernar: “una ciudad constituida por el concurso de los pueblos, en la que abunda la traición, el engaño y todo tipo de vicios, en la que hay que soportar las arrogancias, la obstinación, la envidia, la insolencia, el odio y la impertinencia de muchos. Creo que tiene que ser muy prudente y muy hábil el que vive rodeado de tantos hombres con vicios tan diversos y tan graves, para poder evitar la hostilidad, las habladurías, la traición, y para que una misma persona pueda adaptarse a tal variedad de costumbres, de discursos y de intenciones”. Así era el Imperio Romano.

Si fuera válido este baile temporal en el mandato del Consejo de Ministros, como proyección del Gobierno, sería bueno repasar las tres condiciones anteriores de sus máximos responsables: ser “personas nuevas” en el pleno sentido de la palabra, aspirar a los ministerios sabiendo qué significan en su desarrollo legislativo y saber que “ésta es España” en la que en la situación actual, salvando lo que haya que salvar, estamos rodeados de hostilidades, habladurías, traiciones cercanas, en las que un Gobierno tiene que saber adaptarse a la variedad de costumbres, discursos e intenciones que no son inocentes.

Hablamos de un espejismo, de un juego de palabras, porque no es lo mismo, los tiempos han cambiado, pero hay algo que permanece: la prudencia y habilidad de llevar a España a un puerto seguro en la democracia representativa, con un Acuerdo Programático de Gobierno, sin experimentos que la historia ha demostrado que no sirvieron y que llevó al Imperio Romano a la caída más dura que se recuerde. Estamos avisados.

[1] Cicerón, Quinto Tulio (1993). Breviario de campaña electoral. Barcelona: Quaderns Crema.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://es.wikipedia.org/wiki/Consejo_de_Ministros_de_España

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Salvador Allende estuvo allí

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Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti y Maya Fernández (1)

Sevilla, 11/IX/2019

Cuando se cumple el 46 aniversario del inicio del golpe de estado en Chile, vuelvo a recordar a Salvador Allende y lo que supuso para la unidad popular en Chile, después de unos días en los que he estado muy cerca de Pablo Neruda y del exilio de los españoles que perdieron la guerra que tanto ha marcado a generaciones de este país, por mucho que se quiera arrinconar la memoria histórica de aquellos años terribles. En el puerto de Valparaíso, el 3 de setiembre de 1939, desembarcaron en ese puerto tan querido por Neruda más de 2.300 exiliados españoles a bordo del Winnipeg, siendo recibidos por el presidente Aguirre Cerdá y por el jovencísimo y recién nombrado Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, Salvador Allende: “[…] Al descender las movedizas escalinatas, ante ellos se abría la posibilidad de rehacer sus vidas y de retribuir con su trabajo y esfuerzos la hospitalidad que generosamente les brindaban el pueblo y el Gobierno chilenos. Manos fraternas acogieron a los inmigrantes, rescatados por el humanitario corazón de Neruda, para quienes, a contar de ese momento, la esperanza comenzó a ser una realidad» (2). Salvador Allende estuvo allí.

Reviso este cuaderno digital y creo que no he faltado un solo año a este recuerdo del golpe de estado en mi persona de secreto: «No lo olvido a pesar del tiempo transcurrido. He crecido con el desgarro de esta noticia en el momento que ocurrió, en mis años jóvenes; he grabado a fuego en mi cerebro las últimas palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda, examinándolas todas y quedándome con todo lo bueno que hay en ellas; he seguido de cerca a los embajadores de la cultura chilena en el exilio, el grupo Quilapayún, aprendiendo con ellos que el pueblo unido jamás será vencido y que con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades para construir un mundo mejor, como clamaban a su cielo particular en la cantata de Santa María de Iquique. También, sé que para pasear por las grandes alamedas como personas libres, tenemos que juntar las manos con las de otros para abrir murallas reales y virtuales».

Cuarenta y seis años después…, no lo olvido hoy, cuando soy consciente de que podemos pasear en España por grandes alamedas de personas libres. También en Chile.

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Grandes alamedas para personas libres

Horas antes de finalizar este día, cargado de recuerdos amargos para la humanidad, por el terrible atentado de las Torres Gemelas en 2001, deseo recordar también que hoy se cumplen 43 años del golpe de estado en Chile. Las palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda en la capital, horas antes de su fallecimiento, sigo leyéndolas e interiorizándolas en muchas ocasiones en su sentido más positivo, a pesar de la tragedia popular que supuso el sangriento golpe militar dirigido por el general Pinochet: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

Marcia Tambutti, nieta del Presidente Allende, ha dirigido un documental, Allende, mi abuelo Allende, que ha supuesto una aportación fundamental para conocer de forma más cercana al presidente tristemente fallecido y que me permitirá conocer aspectos humanos de un líder carismático de mi persona de secreto: “En un relato conmovedor y honesto, es la primera investigación sobre Allende realizada desde el círculo íntimo del mandatario y está hecha sobre la base de 32 entrevistas a personas que lo conocieron de cerca. Son todos testimonios inéditos, como el de Tencha Bussi de Allende, la viuda del Presidente fallecida en junio de 2009, cuando el filme estaba en plena confección. La realizadora también logra hacer hablar a su tía Carmen Paz Allende Bussi, la primogénita del mandatario, que vive en Santiago y que por décadas ha cultivado un bajo perfil, alejado de la prensa. Sentada en el patio de la casa de calle Guardia Vieja de la capital chilena, la vivienda familiar desde 1953 decorada como si el tiempo no hubiese pasado, Tambutti explica que el hecho de que ella estuviera preparada para desempolvar recuerdos, no significaba que su familia también. “Me faltó abuelo, quería saber más de él. Lejos del exhibicionismo y desde el cariño más profundo, a través de este documental me propuse entender las razones de este silencio, que se explica en una inmensa parte por la existencia de episodios dolorosos” (3).

No he olvidado nunca las palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, a respetar su memoria y las de miles de chilenos desaparecidos y torturados en la larga dictadura de Pinochet, sobre todo porque paseamos hoy en muchos lugares del mundo, también en España, por grandes alamedas de libertad en las que él soñó, aunque quede mucho por hacer y conseguir. Como decía en 2013, en un post que aprecio y que escribí con ocasión del 40 aniversario del golpe de estado chileno, Ardiente im-paciencia, estas palabras suyas las he seguido sabiendo y practicando, sin ninguna duda. Es mi pequeño homenaje a Salvador Allende y al pueblo chileno, hoy y siempre.

Sevilla, 11/IX/2016

(1) La imagen se recuperó el 11/IX/2016 de: http://allendemiabueloallende.cl/

(2) https://winnipeg70.wordpress.com/la-historia-del-winnipeg/

(3) Montes, Rocío (2015, 1 de marzo). El Tabú de Salvador Allende. El País.com.

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Blanca Fernández Ochoa y el arte de callar

SIETE PICOS LA PENOTA

Sevilla, 6/IX/2019

Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio

Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar.

Hemos vivido días de vértigo en torno a la desaparición de Blanca Fernández Ochoa, en los que hemos podido obtener una radiografía de contrastes bastante grises de este país, donde es muy difícil separar la noticia de interés general de la de la página de sucesos. Ha sido un espectáculo memorable en el que se ha dicho de todo sobre la vida y obras de Blanca con un desparpajo que hace temblar cualquier entramado de dignidad humana.

Pero lo que me ha sobrecogido a lo largo de estos días ha sido la fijación sobre su supuesta enfermedad mental (ignorando casi todo el mundo tal realidad excepto su familia, que no ha dicho casi nada al respecto) y si su desaparición ha sido voluntaria en eufemismos casi imposibles para rodear lo que verdaderamente se quiere decir en un juego irresponsable de palabras que refleja el estado del arte ético de este país.

He escuchado a tertulianos y tertulianas hablar de la enfermedad bipolar como por andar por casa, con un desconocimiento científico de lo que significa en la actualidad para la psiquiatría y la psicología, sobrevolando muchas veces como cuervos sobre esta realidad de enfermedad mental muy conocida y bien tratada.

Televisiones no alejadas de la telerrealidad permanente de la vida han dedicado horas y horas de su programación a estirar la cuerda más morbosa de lo ocurrido a Blanca, ignorando un principio fundamental en el arte de callar, que lleva a practicar el silencio como arte sublime, porque solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio (Abate Dinouart, Principio 1º, necesario para callar). He escrito muchas veces en este cuaderno digital sobre esta manifestación ética que podemos alcanzar los seres humanos, imprescindible en este tiempo de vocerío, tertulias en el reino mediático de la opinión, falta de teoría crítica y donde todo el mundo se anima a lanzar noticias y publicarlas sin compasión alguna hacia los demás, donde el striptease personal más vergonzante hace estragos en los medios de opinión.

El fin, en este caso, no justifica los medios. Que debemos conocer qué ha pasado con Blanca es legítimo pero hasta un cierto punto. El deseo de la familia es que se conozca la última razón de lo ocurrido, la autopsia en este momento, por supuesto y se debe comunicar si así lo autorizan. Pero también el sentido de la medida y respeto a Blanca, porque ella llevaba una vida normal, en silencio, protegida por su familia y sin hacer ruido mediático. Se merece nuestro silencio y respeto a sus decisiones, a sus ilusiones, a su persona de secreto. No lo olvido: Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio.

NOTA: la imagen de La Peñota, en Siete Picos, se ha recuperado hoy de https://www.telecinco.es/informativos/sociedad/ruta-penota-blanca-fernandez-ochoa_18_2813745165.html

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Misión de amor

WINNIPEG

Que la crítica borre toda mi poesía. Pero este poema [Misión de Amor], que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie

Pablo Neruda, El Winnipeg y otros poemas, en Para nacer he nacido.

Sevilla, 5/IX/2019

Ayer se cumplió el 80 aniversario de la misión humanitaria del Winnipeg. Misión de amor. Así se llama el poema que Neruda dedicó a la acción que llevó a cabo con exiliados españoles en Francia, una vez acabada la guerra civil, en concreto el 3 de septiembre de 1939, enrolándolos en el barco Winnipeg rumbo a Chile. Neruda había solicitado al Gobierno chileno presidido por Pedro Aguirre Cerdá, de Unidad Popular, que le nombraran cónsul encargado de la emigración española con sede en París. Llevaba en su corazón este país al haber permanecido en él durante años difíciles de la guerra civil, donde había sido cónsul en Barcelona y Madrid.

En estos días en los que estamos viviendo a diario el drama de la emigración debemos recuperar memoria histórica para reconocer las situaciones de miles de exiliados españoles que pidieron asilo en otros países y lo obtuvieron, desterrados por el mero hecho de haber confesado su ideología republicana.

Neruda recordó siempre esta gesta humanitaria y con la ayuda del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE) en Francia, organizó la expedición del Winnipeg, de la que se beneficiaron más de 2.300 exiliados de toda edad y condición que sabían de antemano que en razón de su conocimiento y oficio iban a colaborar con el pueblo chileno en su renacer diario.

La travesía hacia el puerto de Valparaíso duró un mes y el 3 de setiembre de 1939 desembarcaron en ese puerto tan querido por Neruda, siendo recibidos por el presidente Aguirre Cerdá y por el jovencísimo y recién nombrado Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, Salvador Allende: “[…] Al descender las movedizas escalinatas, ante ellos se abría la posibilidad de rehacer sus vidas y de retribuir con su trabajo y esfuerzos la hospitalidad que generosamente les brindaban el pueblo y el Gobierno chilenos. Manos fraternas acogieron a los inmigrantes, rescatados por el humanitario corazón de Neruda, para quienes, a contar de ese momento, la esperanza comenzó a ser una realidad. Y para el poeta, su misión de amor, el magno poema de toda su creación (1).

Yo los puse en mi barco.
Era de día y Francia
su vestido de lujo
de cada día tuvo aquella vez,
fue
la misma claridad de vino y aire
su ropaje de diosa forestal.
Mi navío esperaba
con su remoto nombre “Winnipeg”
Pero mis españoles no venían
de Versalles,
del baile plateado,
de las viejas alfombras de amaranto,
de las copas que trinan
con el vino,
no, de allí no venían,
no, de allí no venían.
De más lejos,
de campos de prisiones,
de las arenas negras
del Sahara,
de ásperos escondrijos
donde yacieron
hambrientos y desnudos,
allí a mi barco claro,

al navío en el mar, a la esperanza
acudieron llamados uno a uno
por mí, desde sus cárceles,
desde las fortalezas
de Francia tambaleante
por mi boca llamados
acudieron,
Saavedra, dije, y vino el albañil,
Zúñiga, dije, y allí estaba,
Roces, llamé, y llegó con severa sonrisa,
grité, Alberti! y con manos de cuarzo
acudió la poesía.

Labriegos, carpinteros,
pescadores,
torneros, maquinistas,
alfareros, curtidores:
se iba poblando el barco
que partía a mi patria.
Yo sentía en los dedos
las semillas
de España
que rescaté yo mismo y esparcí
sobre el mar, dirigidas
a la paz
de las praderas (2).

Para que cuando juzgamos lo que ocurre en la actualidad con los migrantes no olvidemos nunca esta Misión de Amor.

NOTA: la imagen ha sido recuperada del documental “El Winnipeg, el barco de la esperanza”: https://youtu.be/9HLdZqLbGZo

(1) https://winnipeg70.wordpress.com/la-historia-del-winnipeg/

(2) Neruda, Pablo. Misión de Amor, en Memorial de Isla Negra, 1964. Buenos Aires: Losada.

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Mediocracia o la tiranía de los mediocres

MEDIOCRACIA

Sevilla, 4/IX/2019

Hoy se publica en la editorial Turner un libro muy interesante, necesario, imprescindible, para conocer esta plaga del siglo XXI, Mediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, es decir, el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor, del que se apropian las personas mediocres, escrito por Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París.

He leído un extracto de este libro en el diario El País, que recomiendo en todas y cada una de sus líneas: “El término mediocridad designa lo que está en la media, igual que superioridad e inferioridad designan lo que está por encima y por debajo. No existe la medidad. Pero la mediocridad no hace referencia a la media como abstracción, sino que es el estado medio real, y la mediocracia, por lo tanto, es el estado medio cuando se ha garantizado la autoridad. La mediocracia establece un orden en el que la media deja de ser una síntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y pasa a ser el estándar impuesto que estamos obligados a acatar. Y si reivindicamos nuestra libertad no servirá más que para demostrar lo eficiente que es el sistema”.

Aunque ya lo he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital, me sigue preocupando mucho “[…] la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia”.

Mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que nos gobiernan. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.

 

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Robinsonismo en tiempos modernos

ROBINSON CRUSOE

Sevilla, 1/IX/2019

En los últimos días leo con frecuencia que muchas personas recurren a la obra maestra de Daniel Defoe, Robinson Crusoe, para comprender sus vidas. Por esta razón, he recordado un poema de Jorge Luis Borges, Alexander Selkirk (1), que me dio la clave en un momento determinado de mi vida para comprender la dualidad de la experiencia íntima de Robinson Crusoe en una isla desierta muy desconocida, tentación que tenemos los seres humanos de buscarlas en determinados momentos cruciales de la existencia, aunque al volver a la dura realidad añoremos los momentos amables que pasamos allí, si es que alguna vez las visitamos: 

Sueño que el mar, el mar aquel, me encierra
y del sueño me salvan las campanas
de Dios, que santifican las mañanas
de estos íntimos campos de Inglaterra.

Cinco años padecí mirando eternas
cosas de soledad y de infinito,
que ahora son esa historia que repito,
ya como una obsesión, en las tabernas.

Dios me ha devuelto al mundo de los hombres,
a espejos, puertas, números y nombres,
y ya no soy aquel que eternamente

miraba el mar y su profunda estepa
¿y cómo haré para que ese otro sepa
que estoy aquí, salvado, entre mi gente?

La realidad diaria es que esta tentación tan humana, ante un mundo diseñado a veces por el enemigo, nos devuelve a la orilla de nuestras vidas personales e intransferibles, por mucho que nos agrade emular a Robinson Crusoe: “Lo cierto es que nunca se llega a una isla desierta sin también querer dejarla. Desde tierra firme, soñamos con partir, navegar más allá del horizonte, desembarcar allí donde no hay nadie y donde podremos reconstruir el mundo tal como se nos antoja, rigiendo despóticamente un pequeño universo. Pero una vez en la isla, una vez rodeado de frío, hambre, miedo, aburrimiento y desolación, lo único que pedimos es que nos saquen de allí. Por eso, cuando le preguntaron a G. K. Chesterton qué libro llevaría a una isla desierta, respondió: «Un manual de construcción de barcos» (2).

Voy a leer el libro de Defoe de nuevo, porque necesito retirarme a una isla desierta virtual por un tiempo, aunque lo que me preocupa de verdad, después de haber pasado tantos años de la primera lectura, es confesar que he vivido muchas aventuras que me han alejado de la Providencia y es mal asunto si leo con detalle reverencial el prefacio del autor del libro: “Si alguna vez el relato de las aventuras de un hombre ha sido digno de publicarse y de ser bien acogido por el público, el editor cree que este es el caso de esta historia. Lo portentoso de la vida de este hombre supera (eso cree) a todo lo dicho, siendo difícil hallar en otra vida mayor variedad. La historia está contada con modestia, con seriedad, y haciendo que los hechos sirvan de ejemplarización religiosa, que es como los hombres cuerdos los utilizan siempre; es decir, que sus fines son instruir a los demás con este ejemplo, y justificar y honrar la sabiduría de la Providencia, en todo género de circunstancias, dejando que estas se produzcan como quieran producirse. El editor cree que esta es una historia completamente real, y que no hay en ella ni sombra de invención; habrá, porque siempre tales cosas suscitan opiniones diversas, quien piense en lo aleccionador del relato, quién en lo ameno, quién en lo instructivo, pero todo conduce a lo mismo, y así es como, sin más cortesías para con el mundo, el editor cree, al publicar esta obra, prestar un gran servicio a quien la lea”.

Me queda el consuelo de llevarme otro libro a esta isla desierta virtual, El cuento de la isla desconocida, de Jose Saramago, porque un día ya lejano me dio la clave para estos tiempos difíciles y tan modernos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”

No voy solo, después de la lección aprendida de Antonio Machado: Converso con el hombre que siempre va conmigo / —quien habla solo espera hablar a Dios un día—; / mi soliloquio es plática con este buen amigo / que me enseñó el secreto de la filantropía. Hablaré, con más frecuencia que antes, con la persona de secreto que siempre va conmigo. Y caminaré en suelo firme con los zapatos coherentes que tanto aprecio.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Alexander_Selkirk
(2) Defoe, Daniel, Vida y extraordinarias y portentosas aventuras de Robinson Crusoe, de York, navegante, 2015. Madrid: Siruela, p. 10.

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El Después de Brazos Abiertos (Open Arms)

OPEN ARMS

23/VIII/2019

Ya estamos en el Después que explicó espléndidamente Benedetti en un poema inédito publicado dos años después de su fallecimiento, El Después, formando parte de un conjunto de poemas seleccionados por el autor en los últimos años de su vida (1): “El Después nos espera / con las brasas y los brazos abiertos / ah pero mientras tanto / vemos pasar con su cadencia/ la muerte meridiana de los otros / los más queridos y los no queridos”.

En el Después de lo sucedido con la última singladura del Open Arms, vemos que con sus “Brazos Abiertos” ha expuesto ante el mundo, una vez más, la tragedia de la migración hacia Europa de miles de personas que huyen despavoridas de territorios donde la vida no vale nada. Ha dejado ver la errática política europea ante la migración y la falta de poder disuasorio y correctivo, no solo reactivo, para abordar situaciones como la del Open Arms donde la vida de muchas personas ha estado a la deriva durante 20 días sin solución alguna, como las marionetas que recibían golpes sin sentido en mi infancia del Retiro.

Falta una auténtica política europea para afrontar definitivamente el problema de la migración que se concentra en las orillas de Libia, entre otros territorios de muerte en vida, donde la mafia hace estragos a diario. Mientras no exista una acción comunitaria bien armada y en todos los frentes posibles, acción directa económica y social en los países de origen de los migrantes, acción conjunta y solidaria ante la acogida que se pueda producir en el tránsito hasta la solución final y legislación que respete ante todo los derechos humanos en todas y cada una de sus manifestaciones, siempre será necesario tener los “Brazos Abiertos”, un Open Arms de turno como símbolo de solidaridad que recoja del mar a personas que necesitan ser atendidas en su desesperación humana.

Necesito encontrarme, como Benedetti deseaba cuando ya era mayor. En el Después del Open Arms, mientras no se aborden los problemas migratorios de Europa en una Cumbre Especial y Urgente del Después, seguiremos viendo pasar con su cadencia la muerte meridiana de muchas personas en el Mediterráneo en un eterno Después: “¿y qué dirá el Después / después de todo? / tengo la impresión de que sus brazos / empiezan a cerrarse / y es ahora mi muerte meridiana / la que en silencio está diciendo ven / pero yo me hago el sordo”. Es lo que pasa cuando conjugamos el verbo “Callarse”, en silencios cómplices vergonzantes de un presente de indicativo muy triste: yo me callo, tú te callas, él se calla, nosotros nos callamos, vosotros os calláis, ellos se callan…

(1) Benedetti, Mario, Biografía para encontrarme, 2011. Madrid: Alfaguara.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.

El silencio clamoroso de Francisco ante el drama del Open Arms

EL PAPA CON REFUGIADOS

Sevilla, 21/VIII/2019

Si algo me ha llamado poderosamente la atención en el largo desarrollo del drama humano del Open Arms durante tres semanas, ha sido el silencio del Vaticano, de Francisco, más aún cuando todo el mundo ha escuchado las bravatas del Ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, en una frase que pasará a los anales de la infamia: “Somos buenos cristianos, pero no tontos”, para justificar el cierre de los puertos italianos para acoger a los migrantes del Open Arms. Es una vergüenza e indignidad católica, apostólica y romana, escuchar estas palabras y que nadie diga una sola palabra en el Vaticano, que Francisco guarde silencio.

Conozco bien el Vaticano por dentro, los eternos silencios cómplices a lo largo de los siglos, su actitud vergonzante durante muchos siglos de la humanidad, su célebre Patio San Dámaso. Me queda solo el consuelo de que coja de su biblioteca personal un libro precioso de Rafael Alberti, Roma, peligro para caminantes, y se detenga en la lectura de un poema que me emociona siempre al leerlo:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?
Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Rafael Alberti, Basílica de San Pedro

He recordado hoy la visita oficial que las alcaldesas de Barcelona y Madrid, Ada Colau y Manuela Carmena, junto a Oscar Camps, fundador de la ONG Proactiva Open Arms, hicieron en el mes de febrero de este año al Papa en las dependencias del Vaticano: “Los tres mantuvieron una reunión con el subsecretario de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, Fabio Baggio, y finalmente se encontraron con el Papa. «Le expuse la situación migratoria, cómo estamos nosotros con el bloqueo… [se refería a la retención del barco Open Arms en el puerto de Barcelona por problemas administrativos] Está muy informado y lo conoce de sobra. Luego le contamos cómo estamos intentando crear una red de ciudades y políticos humanistas, porque todavía los hay en Europa», explica Òscar Camps en conversación con Alfa y Omega”.

Creo que Francisco debe hablar al mundo con urgencia sobre lo ocurrido por razones de lesa humanidad y por solidaridad con las personas rescatadas en alta mar huyendo de tragedias espeluznantes, porque conoce muy bien el problema. Después, comprenderé siempre que desee como San Pedro de Alberti que el Señor haga un milagro y le deje bajar definitivamente al río de la vida, al Mediterráneo virtual o real, para volver a ser pescador de personas y rescatador en la alta mar de la vida, porque, al fin y al cabo, es lo suyo, como persona digna y fuera de los oropeles del Vaticano, Estado Imposible. Lo necesitamos, Papa Francisco.

Cuando escribo estas líneas, con la Plaza de San Pedro al fondo de mi memoria de secreto, solo queda un recurso para quien sabe esperar en el principio esperanza: avanzar por la Via della Concilliazione (calle de la conciliación), precioso nombre, real o virtual, buscando la solidaridad humana desesperadamente.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www.elconfidencial.com/espana/2019-02-08/el-papa-se-reune-en-privado-con-colau-carmena-y-el-director-del-open-arms_1814394/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja para ninguna empresa u organización religiosa, política, gubernamental o no gubernamental, que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de jubilado.