HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 8. Una obrera del arte: Kati Horna

KATI HORNA
Kati Horna en el estudio de József Pécsi en Budapest en un retrato atribuido a Robert Capa (1)

PODCAST 16: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 8. Una obrera del arte: Kati Horna

La actitud permanente de aprender es la que nos posibilita conocer a personas extraordinarias, anónimas en la mayor parte de los casos, pero que han contribuido a mantener vivas las imágenes de este país en un momento muy doloroso, la guerra civil. Y la historia hay que conocerla, sobre todo para no volver a repetirla, como en este caso. Esta reflexión la hago al conocer la vida y obra de una mujer Kati Horna (Szilasbalhási, Hungría, 1912 / México, 2000), fotógrafa anarquista, de la que se recupera ahora su obra gráfica más significativa y se pone a disposición de quien quiera seguir aprendiendo de la trayectoria de personas que aportan vida, siendo solo eso, obreras de la vida. O del arte, como en este caso.

Esta fotógrafa “Difuminó el rastro de sus primeros trabajos durante años, se mostró esquiva o directamente contraria a la realización de exposiciones, entrevistas o publicaciones, renunció con firmeza al mercado y en general a cualquier actividad que tuviera que ver con la promoción de su obra. Por el contrario, afirmó con rotundidad a lo largo de toda su vida, que su oficio de fotógrafa era una misión, sus fotos un instrumento útil y ella misma una obrera del arte” (2).

La exposición retrospectiva que se ha inaugurado en París, en el Jeu de Paurne en colaboración con el Museo Amparo de Puebla (México), recoge por primera vez en Europa su itinerario personal a través de su obra gráfica: sus primeros pasos en Budapest, París (1933-1937), España y la guerra civil (1937-1939), París (1939) y México. También se ha editado un libro con bastantes fotografías suyas y artículos de Péter Baki, Jean-François Chevrier, Estrella de Diego, Norah Horma, Juan Manuel Bonet junto a los comisarios de la exposición, Ángeles Alonso Espinosa y José Antonio Rodríguez. España también ha aportado fotografías a la exposición del fondo existente en el Centro Documental de la Memoria Histórica, ubicado en Salamanca, que contiene las 272 fotografías referidas a la guerra civil que fueron compradas a la autora.

La historia archivística de estas fotografías realizadas en España, nos ha permitido saber que la mayor parte de su trabajo en el periodo 1937-1939 “se quedó en España al ser derrotada la República y probablemente esté disperso o destruido. Sin embargo, según declaraciones de la autora, logró llevar en su exilio una pequeña caja de hojalata con una selección de negativos tomados durante la contienda. Durante los cuarenta años siguientes no quiso hacer uso de ese material, por la convicción de que debía ser devuelto y utilizado por el pueblo español. El 12 de mayo de 1983, la serie fotográfica sobre la Guerra Civil, fue ofertada al Estado Español por la fotógrafa que residía entonces en México [se incorporó al Centro Documental de la Memoria Histórica el 7 de noviembre de 1983]. En 2002 se publicó el catálogo de las fotografías, realizado por Blanca Desantes Fernández”. Las fotografías “son un excelente reportaje de gran calidad artística sobre la contienda civil española durante los años 1937 y 1938, tanto en los frentes como en la retaguardia, especialmente de testimonios de la vida de la población civil durante la tragedia bélica. Son fotos poco conocidas pues quedaron fuera de los circuitos internacionales de distribución”.

Kati Horna colaboró en diversas revistas anarquistas como ‘Libre Studio’, ‘Mujeres Libres’, ‘Tierra y Libertad’, ‘Tiempos Nuevos’ y ‘Umbral’, de la que fue redactora gráfica y donde conoció a José Horna, su esposo, pintor español que también colaboró en la mencionada publicación.

Invito a contemplar diez fotografías extraordinarias de Kati Horna, de las cuales tres son del tiempo que dedicó a España, durante la guerra civil, extraídas del álbum que dedicó a este país, realizado por petición expresa del gobierno republicano entre 1937 y 1939, en una mezcla muy interesante de surrealismo y fotoreportaje.

Merece la pena verlas y agradecer que se mantenga viva la realidad de la España que nos heló el corazón y que ella retrató magistralmente, porque gracias a los trabajos de una obrera del arte hoy podemos seguir valorando mediante imágenes el sinsentido de una guerra que solo aportó dolor y sufrimiento.

Ella cumplió una misión, sus fotos son hoy un instrumento útil y ella misma nos aportó el hilo conductor de su vida, lejos de la realidad del mercado, siendo solo una obrera del arte, porque no le preocupó nunca hacer un agosto especial con su obra gráfica, es decir, no confundió tampoco valor y precio, en un proverbio especial que cantó Antonio Machado por esos campos de Dios como contemporáneo suyo en una de las dos Españas que ella conoció muy bien, a quien estoy seguro que le hubiera gustado hacerle un retrato para la posteridad democrática en un blanco y negro muy especial, tan serio él, utilizando solo gelatino-bromuro de plata seca.

Sevilla, 29/VIII/2014

(1) Martín, Alberto (2014, 28 de agosto). Un puzle en el tiempo y el espacio. El País (Babelia).
(2) Ibídem.

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 7. Una reflexión política ejemplar: Michael Ignatieff

MICHAEL IGNATIEFF

PODCAST 15: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 7. Una reflexión política ejemplar: Michael Ignatieff

…pensemos en la política como una llamada que nos empuja hacia adelante, siempre hacia adelante, como una estrella que nos guía… Aquellos de nosotros que respondimos a la llamada sabemos que el éxito o el fracaso importan menos que el hecho de haber respondido…

Michael Ignatieff, en Fuego y cenizas

El hombre es un lobo para el hombre (Homo homini lupus). Aprendí este principio social de Hobbes y no lo he olvidado nunca, porque lleva una parte de razón. Solo es necesario leer estos días las principales noticias del mundo bélico y político que nos rodea para comprender bien este aserto. En este contexto, he leído un libro reciente de Michael Ignatieff, Fuego y cenizas (1), que no me ha dejado indiferente, que puede hacernos comprender que el hombre también puede ser un cordero para el hombre. Lo he vuelto a leer hasta en dos ocasiones porque me han impactado sus reflexiones acerca de la experiencia política que vivió en su país natal, Canadá, desde 2008 a 2011, liderando la oposición y con una clara opción a gobernar ese país como Primer ministro. Un profesor universitario en Harvard que es captado para iniciar una carrera política implacable, tal y como nos la narra él en sus reflexiones cargadas sobre todo de sentimientos y emociones, éxitos y fracasos, fuego y cenizas…

El libro es excelente y lo recomiendo sin ninguna duda, porque es bueno e higiénico leerlo con detenimiento en cualquier posición que uno ocupe en la sociedad como ciudadano. Da igual, porque es importante conocer cómo todos los políticos no son iguales y cómo existen también políticos dignos, por mucho que en este país cueste creerlo, visto el panorama actual, aunque personalmente no pertenezca a este club del desencanto permanente.

Tengo la tentación de hacer una reflexión pormenorizada en este post sobre sus principales puntos de vista, una vez culminada la experiencia y no con éxito político, indudablemente, aunque sí ético. Por ello, solo voy a subrayar varias puntualizaciones de los tres primeros capítulos, con objeto de que si interesa su contenido iniciático, se pueda acometer la lectura completa del libro sin adelantar las claves subjetivas que puedo introducir sobre el mismo.

1ª. El ideal democrático es la fe, continuamente puesta a prueba, en que los hombres y mujeres corrientes puedan elegir adecuadamente a aquellos que van a gobernar en su nombre, y en que aquellos que elijan puedan gobernar con justicia y compasión.

Es una declaración de principios, en toda regla, en el primer capítulo. Ignatieff habla de creencia en los procesos democráticos para elegir personas, de forma abierta (adecuadamente) a los que se traslada un poder mediante empoderamiento compartido y que mediante esta confianza transmitida, a veces fe ciega, se actúe dando a cada uno lo suyo y sintiendo de verdad lo que siente la ciudadanía de a pie. Por ello, es urgente transformar los procesos democráticos de elección de candidatos y las votaciones consiguientes, porque ya no funciona el sistema actual.

2ª. Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad.

Comienzo con la que me ha parecido el hilo conductor de todo lo que narra el autor. Es escalofriante el poder de esta reflexión, porque es una realidad ciudadana que emerge sobre todas las querellas más o menos criminales en torno a las personas que trabajan en política, porque muchas personas están convencidas de que en política se miente continuamente: “los políticos, mienten más que hablan”. Es una realidad flagrante, que solo se puede combatir si el poder político en todas sus escalas se instala una vez por todas en la verdad, teniendo una clave machadiana contundente al respecto: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. Así de sencillo, pero así de difícil en la situación actual. Muchos siglos antes, un tal Jesús de Nazareth ya lo había declarado con contundencia: “La verdad os hará libres (Jn, 8,32)”.

3ª. La pregunta de por qué quieres ser un político significa en realidad por quién quieres serlo.

Sin lugar a duda, establece una jerarquía de intereses generales de la ciudadanía, en política, sobre los particulares. Ahí estriba el secreto de esta reflexión sobre la ambición política, de tanta actualidad en este país con los casos de corrupción que todos los días saltan a la luz pública. En el caso de Ignatieff, él reconoce el error de no haber dado la respuesta correcta en su momento, porque fundamentalmente lo hizo para homenajear a sus padres, un interés legítimo, pero equivocado. No vale solo la estirpe o experiencias anteriores de tu familia, de amigos, de camaradas, de compañeros y compañeras, porque en política hay que ganarse todos los días los votos de forma certera, es decir, con la verdad por delante, y ya hemos dejado constancia de que no es precisamente la verdad la flor que adorna la política hoy en día. El tuvo también un gran maestro, que preservó el interés general de los canadienses, Pierre Trudeau, primer ministro en una etapa floreciente del partido de Ignatieff, porque sabía por qué y por quienes estaba en política. Es probable que intentara sacarse la espina del fallido nombramiento de su padre como Gobernador general, por parte de Trudeau, que llenó de desolación su casa, aunque él lo transmita como una de las mejores lecciones de su padre, al confiarle que esa experiencia, el fracaso, era lo mejor que le había ocurrido en su vida. Toda una premonición.

4ª La política se desarrolla bajo la mirada de Fortuna, una diosa caprichosa.

Aquí hace una digresión aprendida en la Academia a través de Maquiavelo, llena de interés. Piensa que las aptitudes para entender la Fortuna pueden aprenderse pero no enseñarse, porque hay un factor en política, el tiempo, donde todo es imprevisible: “Un intelectual puede estar interesado en las ideas y las políticas en sí mismas, pero el interés de un político reside exclusivamente en saber si el tiempo para una determinada idea ha llegado o no. Cuando llamamos a la política el arte de lo posible nos referimos a lo que es posible aquí y ahora” (hic et nunc). Ya lo dijo Harold Macmillan en su momento, cuando le preguntaron cuál era la parte más difícil de su trabajo: “Los acontecimientos, querido, los acontecimientos”. Precisamente, en el capítulo dedicado a Fortuna, recoge un aspecto de transparencia nada desdeñable, referido al pasado de cada político y cómo se interpreta normalmente por la oposición, en un trabajo sucio que hay que cuestionar siempre, ante una “investigación de oposición” casi siempre torticera y fuera de contexto. Esa situación también está tocada por la diosa caprichosa Fortuna. Otra vez aparece la verdad, como auténtica vía para hacer política de altura, con visión, no de salón, aunque estas situaciones de combate total solo tiene un fin correcto: ganar la pelea, porque la buena o mala fe en política, al final, no cuentan. Terrible reflexión.

De aquí en adelante, se abordan temas de un interés excelente, tales como la necesidad de entender al público, la dialéctica del dinero y el lenguaje, la responsabilidad y la representación, el derecho a ser escuchado, la identificación de los enemigos y adversarios, las reflexiones sencillas de un taxista y la llamada, con unas palabras mágicas de Max Weber. Impecables reflexiones para alcanzar un grado de conocimiento de la política desde la óptica de una persona que estuvo a punto de ser Primer ministro pero que la diosa Fortuna no lo acompañó en el momento y sitio oportunos.

Dice Ignatieff, reinterpretando una frase de Ernest Renan, que la democracia es un “plebiscito diario” mediante el que evalúas “cómo te mira la gente en la calle, como te saludan cuando les estrechas la mano, cómo reaccionan cuando atraviesas el pasillo del avión buscando tu sitio”. Y hace hincapié en la necesidad de que en política siempre haya un hilo conductor como pregunta permanente: ¿cómo cree Vd. que lo estoy haciendo?. Y que sirvan para algo estas respuestas de forma directa, no solo a través de las encuestas.

Para finalizar estas breves reflexiones voy a utilizar unas palabras de Ignatieff, sin reinterpretación alguna, que me han parecido excelentes. Espero que sirvan de acicate para animarte/animarle a comprar el libro y leerlo sin desmayo, para comprender mejor la política y a quienes la desempeñan. Estoy convencido que saldrá fortalecido o fortalecida como persona ante el desafío de la política, que es más cercana a nosotros de lo que a veces creemos, porque “Los ciudadanos saben la diferencia entre alguien que busca su aprobación y alguien que busca su respeto. No siempre tienes que ser popular para tener éxito. No necesitas gustar a tu gente, pero su respeto es esencial. Deben notar que eres una persona íntegra y que estás esforzándote por ellos”.

Sevilla, 25/VIII/2014

(1) Ignatieff, Michael (2014). Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política. Madrid: Taurus.

La fotografía de Michael Ignatieff está tomada de la siguiente URL: http://blogs.elpais.com/.a/6a00d8341bfb1653ef017d3dff73be970c-pi

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 6. Una viñeta ejemplar: El Roto

EL ROTO1
Viñeta de El Roto. El País, 31 de julio de 2014

PODCAST 14: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 6. Una viñeta ejemplar: El Roto

A veces vale más una imagen que mil palabras. Me suele pasar con las viñetas de El Roto, normalmente cargadas de denuncia expresa a través de sus dibujos descarnados, teñidos en ocasiones de rojo. Esta es de una dureza especial, programática en el mes de agosto, porque nos recuerda aquella expresión de Groucho cuando deseaba que parasen el mundo para bajarse de él. Cambiar de conciencia, ahí es nada o todo, porque es muy difícil mantener la que tenemos en la actualidad ante lo que está pasando a nuestro alrededor, si no queremos permanecer quietos en un silencio cómplice vergonzante.

Muchos interrogantes abre esta imagen, pero deseo reivindicar la permanencia en la buena conciencia de cada uno, porque de la mala ya procuramos librarnos con más frecuencia de la que pensamos. Pero ¿a qué llamamos “conciencia”? El Diccionario de la RAE nos ofrece hasta cinco acepciones, todas ellas de interés público: propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta, conocimiento interior del bien y del mal, conocimiento reflexivo de las cosas, actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto y, la más profesional: acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

La que hemos introyectado desde la infancia es, probablemente, la segunda, porque decimos que “la tenemos” cuando creemos saber discernir el bien del mal, es decir, siempre con una carga ética fruto de la historia de todos y la de cada uno. Creo que la última es mucho más cercana en la actualidad, porque tener conciencia es saber que estamos en un mundo determinado, del que probablemente deseamos salir haciendo autostop en la carretera de cada vida. O al que nos lleva la desilusión de cada día, situación de la que deberíamos aprender para no tratar la conciencia como mercancía alojada en el hipermercado mundial de la ética a la carta, sino como un derecho que coincide con la primera acepción de la RAE, que es la experiencia de muchas personas convertida en un lema: que no me roben esta propiedad del espíritu de cada persona de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta a lo largo de la vida.

Quizá nos ayude a cambiar la conciencia la conversión en consciencia, porque es el momento en que nos enfrentamos con la realidad de la estructura cerebral que nos permite conocernos a nosotros mismos para tomar la mejor decisión –en conciencia- a la que nos invita El Roto y sobre la que ya escribí en 2008 en este cuaderno de inteligencia digital, de forma expresa (La consciencia, según Eric Kandel), haciendo una manifestación sincera de algo que desconocemos: “Aún no sabemos qué es la consciencia. Ahora comprendemos sólo del 15% al 20% del cerebro. Hemos progresado mucho, y no se resolverá en menos de cien años. Cuando yo empecé en los cincuenta, teníamos el 5%. Parecía un sueño imposible. Según mi filosofía, uno debiera tener sueños imposibles sólo si supone que los va a transformar en posibles. Dedicarse a sueños imposibles que uno sabe que no son realizables es perder el tiempo” (1). De esta forma se expresaba el Nobel de Medicina, Eric Kandel, en una entrevista que mantuvo en Viena el pasado 16 de julio [de 2008], con motivo de su incorporación al Instituto de Ciencias y Tecnología de Austria, su país natal”.

Hoy, más que nunca, comprendo perfectamente la ilusión científica, convertida en sueño realizable, de Eric Kandel al calcular el reto científico del descubrimiento real de la conciencia/consciencia humana, porque también lo viví de forma contemporánea a él (2): “Avanzando en esta reflexión crítica, me he encontrado con una anotación mía, de hace treinta y ocho años, sobre esta frase de corte teilhardiano: “Así en el cosmos entero, el lado exterior material, el único que la ciencia suele tomar en consideración, está acompañado de un lado interior consciente, las más de las veces oculto”. Y escribo así: “esta frase resume todo lo dicho anteriormente”. Es verdad, porque lo oculto es lo que apasiona menos en la verdad científica. Aunque a mí me supuso poner en crisis la razón de la razón y la del corazón en una dialéctica pascaliana que permite hoy la realidad de una enorme pre-ocupación (así escrito) sobre el lado interior del cerebro y de su máxima expresión comprensiva y de aprehensión a través de la inteligencia. Y culmina esta teoría en una definición apasionante, también subrayada: la consciencia es una propiedad cósmica de intensidad variable, que podemos seguir a través de todos los grados ascendentes de crecimiento de la vida, hasta el pensar reflejo del hombre”. Una maravilla.

Sevilla, 23/VIII/2014

(1) Rudich, J. (2008, 17 de julio). “¡Ya he logrado comprender el 15% del cerebro!”, El País, p. 44.
(2) http://www.joseantoniocobena.com/?p=88

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 4. El ejemplo de Princesa

PRINCESA
M.MORENO/ATLAS

PODCAST 12: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 4. El ejemplo de Princesa

Hacer el agosto significa hacer buen negocio: “Antiguamente se decía hacer su agosto y su vendimia. Se cita en La gitanilla, de Cervantes: «Y así granizaron sobre ella (sobre Preciosa) cuartos, que la vieja no se daba manos a cogerlos. Hecho, pues, su agosto y su vendimia, repicó Preciosa sus sonajas…» (1). Pero pretendo que hagamos un agosto diferente, basado en derechos y deberes, porque es una oportunidad para pensar de otra forma, para cambiar, no confundiendo nunca valor y precio de las cosas, que deben estar al servicio de la inteligencia de las personas, sin atisbo alguno de mercancía.

Hoy he conocido otra historia que tiene lugar en agosto, con una protagonista de nombre Princesa. Una historia bien diferente porque se trata de una bebé rescatada en Tarifa, que se encontraba sola, sin familia alguna, en una lancha de juguete roto, en un escenario nada acogedor para ella, como un Moisés redivivo. Poco se sabe de quién es, porque al parecer sus padres quedaron en tierra después de mantener una trifulca con la gendarmería marroquí. Ella ha viajado sola hacia un nuevo mundo, en una paradoja sin sentido: “En la agrupación local de la Cruz Roja de Tarifa entró con fiebre (38,5 grados). Una enfermera le suministró Apiretal, un antipirético infantil, en pleno puerto. Luego durmió en una bañera, arropada por una manta. Desde las once de la mañana hasta las cinco de la tarde ni pestañeó. Tiene cinco dientes y unos ojos negros muy vivos que lo escudriñan todo. La chiquilla quedó al cuidado de María Ángeles, una voluntaria de Sevilla, de 33 años, madre de dos hijos. Cuenta «con el vello de punta» y con la niña en brazos, que la policía esperará a que sus padres la reclamen. Entretanto, su destino más probable es un centro de internamiento de extranjeros” (2).

Princesa es un claro ejemplo de la desesperación en la que se encuentran miles de subsaharianos que quieren cambiar sus vidas. Más de mil cien inmigrantes ya han entrado por Tarifa en lanchas de juguete, aprovechando la mar en calma de estos días y la buena temperatura durante la noche. Salvando las distancias y la dureza de estos viajes hacia alguna parte, se repite la situación ya muy conocida en las costas del sur de este país así como en Canarias. Recuerdo la avalancha de cayucos en 2006. En aquella ocasión escribí lo siguiente: “Nunca habíamos hablado tanto de los cayucos, esas embarcaciones de la esperanza, de la miseria, de las frustraciones. Han sido los auténticos protagonistas del verano, llegando a las Islas Afortunadas, las Canarias, por oleadas, en un viaje a lo vagamente conocido por las parabólicas de Senegal. Y lo cotidiano ha sido ver como saltaban a la teórica libertad de un puerto canario, desde el barco paradójico “Esperanza del Mar”, abrazándose a una cruz roja como misión imposible, en el silencio de los muertos y desaparecidos”.

Cayucos o lanchas, ¡qué más da para retratar la miseria de estas situaciones límite! Princesa ha llegado a España, probablemente el sueño de sus padres y compatriotas, donde voluntarios de Cruz Roja van a ofrecerle todo el cariño del mundo. Pero ella, con sus inmensos ojos negros, nos lanza un mensaje de súplica para los que no tienen nada, ni siquiera dónde estar y ser personas, porque sus viviendas en el país de origen son solo muriendas…, por poner un amargo ejemplo.

En el post que citaba anteriormente, que en realidad era una carta protesta enviada a un periódico para su publicación, describía la amargura de estos viajes: “¿Qué son los cayucos?: dicen los expertos que son embarcaciones en las que durante la travesía de su vida aprenden a no hablar al llegar a España, a no mirarse a la cara, porque durante siete días, que es lo que dura el viaje descarnado, solo pueden mirar hacia adelante, siempre en la misma postura, todos juntos, hacinados, para ver si el Teide, España y Europa los acoge en su misteriosa holgura de riqueza y libertad. Ser o tener, esa es su cuestión. Hasta que un día los encontramos en un semáforo, en nuestros viajes cotidianos, donde los pañuelos a un euro pueden servirnos para justificar sus lágrimas cuando nos miramos de frente, entonces sí, cara a cara”.

La soledad de Princesa en alta mar, con menos de un año, ha sido atendida por sus compatriotas para devolverla a una vida nueva. Luego, unas personas admirables, funcionarios públicos de seguridad, salvamento marítimo y salud, así como voluntarios de la Cruz Roja, han hecho lo que debemos hacer como país sensible con estas situaciones tan dramáticas.

Creo que merece, cuando pasen los años y donde quiera que esté, que alguien pudiera decirle aquellas hermosas palabras del protagonista de La vida es bella, Guido Orefice, a la mujer que amaba: ¡Buenos días, princesa!…, para quitarle de su cabeza recuerdos amargos de su niñez tan difícil en este viaje a Tarifa. Estoy seguro que sería una imagen de un mundo más justo, equitativo y saludable.

Sevilla, 13/VIII/2014

(1) Iribarren, José Mª (1996). El porqué de los dichos. Gobierno de Navarra. Departamento de Educación, Cultura, Deporte y Juventud (9ª ed.).
(2) Precedo, José (2014, 13 de agosto). Princesa, la bebé que llegó sola a Tarifa. El País, 10.

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 3. El ejemplo de un gran actor: Robin Williams

PODCAST 11: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 3. El ejemplo de un gran actor: Robin Williams

Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos.

Carpe diem. Siempre he valorado esta expresión, recordada de forma especial en una excepcional película, El Club de los poetas muertos, protagonizada por Robin Williams, actor inolvidable para muchas personas que se identificaron con un profesor especial, John Keating, interpretado de forma magistral por él. Hoy hemos recibido una noticia triste, su fallecimiento en la residencia ya habitual de San Francisco, probablemente cansado de vivir a pesar de él mismo, de su carpe diem particular, sabiendo que ha hecho felices a muchas personas con sus interpretaciones mágicas de actor comprometido con guiones especiales capaces de transmitir sentimientos y emociones diferentes.

Aquella película hizo historia en mi vida. La recuerdo en todos sus planos principales, destacando sobre todo los momentos estelares de la forma de entender la vida el profesor Keating y transmitirla a los demás, fundamentalmente a sus cuatro alumnos especiales por su condición de seguidores de un gran maestro. Desde el comienzo de la película, un nuevo profesor iba a cambiar la vida de alumnos en la mejor tradición de maestría de la vida, que tanto he valorado siempre en mis profesores de diferentes ciclos vitales, tanto académicos como profesionales, porque todos no han sido iguales. Mi maestra especial, Dª Antonia, me enseñó, por ejemplo, la primera versión del carpe diem infantil casi en un alma adulta, que siempre recuerdo de forma entrañable. Cuidó mucho mis sueños en paraísos perdidos, porque mi vida pequeña no daba para más, porque para ella era muy importante cada momento mío, en definitiva mi tiempo…

Era lo que John Keating/Robin Williams intentaba transmitir a sus alumnos desde la primera clase: que amaran el tiempo real de cada uno, cada momento, porque nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. A través de la poesía, porque siempre que se crea y piensa en algo, se puede dar el énfasis que cada persona necesita en su momento personal e intransferible y así se rompen esquemas. Esa es su verdadera razón, que Juan Ramón Jiménez también nos transmitió de forma excelente: amor y poesía, cada día.

Además, la libertad debe estar presente en esta acción poética. Él se lo enseñó a los cuatro alumnos que copiaron su experiencia vital: crear un nuevo Club de los poetas muertos, amando la transgresión de la vida cuando sus pilares se tambalean, tal y como está sucediendo en la actualidad. Ellos decidieron apostar por la libertad personal y colectiva frente a los cuatro pilares de su colegio: tradición, honor, disciplina y excelencia.

El desenlace de la película es conocido y doloroso. Al final, como a casi todas las personas que introducen cambios en la vida, en la sociedad, se las expulsa de la misma, con silencios cómplices. No es de extrañar que todos los alumnos firmaran la expulsión del profesor Keating. Un final, salvando lo que hay que salvar, que tiene un parecido extraordinario con los planos finales de La lengua de las mariposas, en el momento que los alumnos tiran piedras a su profesor, D. Gregorio, que tanta felicidad les había proporcionado, en un silencio cómplice desolador ante la cordada de presos.

Y al final de la película de su vida, podríamos gritar a los cuatro vientos las palabras coreadas por sus alumnos subidos en los pupitres: “Oh capitán, mi capitán”, mejor hoy “Oh, Robin, nuestro Robin”. Y el actor, en su carpe diem actual seguro que volverá a respondernos generosamente “gracias chicos, gracias”.

The end.

Sevilla, 12/VIII/2014

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 2. El ejemplo de Laura López

PODCAST 10: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / 2. El ejemplo de Laura López

Mientras que todo el país está pendiente hoy de la controvertida llegada a Madrid del sacerdote infectado de ébola, un grupo de voluntarios españoles ha viajado el martes pasado en sentido contrario hacia Sierra Leona, con el objetivo de levantar un hospital en Kenema, al constituirse como un centro de referencia en el tratamiento de esta enfermedad “pues buena parte de los contagios se producen en esta zona, conocida como “el triángulo del ébola”, situada muy cerca de la frontera con Guinea y Liberia” (1).

Lo he conocido por el reportaje excelente publicado ayer en El País, Mamá, me voy a luchar contra el ébola, que sobrecoge por la calidad humana que transmite a través de doce personas (delegados especialistas) que componen la Unidad de Respuesta de Emergencia de Cruz Roja Española, dispuestas a entregar días de su vida en beneficio de los que menos tienen y además sufren enfermedades como ésta, tan desconocida y de efectos tan letales cuando no se atiende en su primer estadio.

Laura López, enfermera de Mislata (Valencia), una persona anónima más -entre otras- hasta ayer, sintetiza muy bien esa entrega desinteresada, cargada de responsabilidad e incertidumbre: “No es miedo, tengo respeto. Bueno, en realidad sí tengo miedo, pero es más bien miedo a perder la concentración. Somos humanos y aquí no hay margen de error”.

En pleno debate sobre la oportunidad del traslado a España del sacerdote Miguel Pajares, creo que es justo destacar esta acción llena de encomio protagonizada por un grupo de personas que han dejado atrás su situación personal en España infinitamente más cómoda y viajan en este mes de agosto al corazón del ébola, desafiando situaciones complejas en cualquier vertiente que se analice. Una gran lección, digna de amplificarse mediante todos los medios en momentos en los que necesitamos identificar acciones ejemplarizantes ante tanta corrupción institucional y personal.

Podemos hacer un agosto personal e intransferible diferente, simbolizado por el respeto que manifiesta Laura López a realidades tan duras como las que van a atender en Kenema. Con su silencio activo, motivador y ejemplarizante, junto al de sus compañeros –sin dejar a nadie atrás- en este viaje hacia alguna parte. Nada más.

Sevilla, 7/VIII/2014

(1) Naranjo, José (2014, 6 de agosto). Mamá, me voy a luchar contra el ébola. El País.

La vejez puede ser una agradable sucesión de ganancias

LUCAS COBEÑAS CASASOLA
Fragmento del acta de desposorio de Lucas José Cobeñas Casasola, el 25 de setiembre de 1740, en Ubrique (Cádiz)

Me acuerdo de esas veces en que no
sabes si estás muy feliz o muy triste
.

Joe Brainard (1942-1994), Me acuerdo

PODCAST 9: La vejez puede ser una agradable sucesión de ganancias

Lo he leído hoy en una entrevista de Juan Cruz a Caballero Bonald: “La vejez es una maldita sucesión de pérdidas”. Es una frase muy dura pero que refleja una forma de entender la cuenta atrás de la vida, donde el espejo retrovisor solo te deja ver lo que se queda atrás y no vuelve, aunque con los nuevos descubrimientos del cerebro sepamos que podemos recordar millones de situaciones vitales porque la memoria de hipocampo se ha encargado de ponerlas a buen recaudo.

Tengo que reconocer que me han impactado esas palabras de Caballero Bonald y me llama la atención que como una premonición más de mi larga vida, tengo a este autor jerezano muy presente en mi devenir actual de persona mayor, después de haber leído recientemente su primera novela, Dos días de setiembre, por una razón curiosa: indagar sobre un personaje de la misma, de nombre Julián Cobeña, en un momento en el que estoy trabajando sobre la genealogía de mi primer apellido. La tarjeta de presentación de este personaje no aventuraba nada bueno en la lectura de esta novela: “Julián Cobeña era una especie de lagarto que había hecho de todo, hasta de alcahuete y tapapocilgas de Don Gabriel Varela, vinatero y traficante, a cuyo servicio estaba desde hacía veinte años”. Cuando llegué a las últimas referencias de Julián Cobeña en la novela, comprobé que su existencia en la ficción me había creado bastante desasosiego, hasta tal punto que pensé en su momento dirigirme al autor para preguntarle quién estaba detrás de Julián, sabiendo como sé hoy que las raíces de este apellido se remontan a lo largo de casi cuatro siglos a su lugar de nacimiento, Jerez de la Frontera, y sobre todo, a Ubrique, lugar donde sorprendentemente llegó un día un tal Lucas José Cobeñas Casasola, natural de Cabra, descendiente de una familia de tejeros que se instalaron en la subbética cordobesa en el siglo XVI para solucionar un grave problema que había en las casas de esa población, como en otros muchos lugares: sustituir las cubiertas de paja de las casas por tejas,  estableciéndose definitivamente en Ubrique para crear un linaje que llega hasta nuestros días en mi familia. He podido obtener gracias a mi tiempo libre el acta de desposorio [sic] de Lucas José Cobeñas Casasola, natural de Cabra (Córdoba) con Leonor Ramos Birués, natural de Ubrique (Cádiz), celebrado el 25 de setiembre de 1740 en Ubrique, siendo la primera vez que he podido constatar la procedencia cordobesa de nuestro linaje.

En este contexto premonitorio, no quiero olvidar lo que he leído esta mañana en la citada entrevista porque me gustaría dar la vuelta a esa frase apocalíptica. Tiene razón en el envés de la vida, que siempre tiene dos caras, porque en el haz encuentro personalmente su contrario: la vejez es también una agradable sucesión de ganancias. Puedo enumerar muchas, casi todas relacionadas con la vida interior, dado que nos sirve para comprobar que es bueno caminar ligero de equipaje y porque es la gran oportunidad para revisar la colección de recuerdos en la clave que aprendí un día de los “me acuerdo” de Joe Brainard (1) e instalarme en ellos por una razón fundamental: tengo tiempo para hacerlo, una realidad que he ganado de forma considerable. También, porque enlazo el tiempo con una realidad inexorable: vale mucho saber que cada momento tiene su tiempo y cada tiempo su momento, el inexorable carpe diem que me acompaña siempre a todos los sitios, aunque a veces vaya del timbo al tambo de García Márquez.

Me acuerdo de que llegué a Brainard por la lectura de un artículo de Guillermo Altares, Cuando un recuerdo es algo que tenemos (2) y mi permanente actitud de investigación sobre las estructuras cerebrales que nos permiten recordar siempre a través de la memoria. Una aventura apasionante. Decía Altares que “Esa mezcla, lo que tenemos, lo que hemos perdido, es lo que nos convierte en nosotros y el pintor Joe Brainard (1942-1994) encontró una fórmula maravillosa para navegar por la memoria, los Me acuerdo…”. Efectivamente, la memoria es lo que más nos pertenece, lo verdaderamente personal e intransferible en el cerebro de cada persona, lo irrepetible en el otro. Es lo que nos permite convertirnos permanentemente en nosotros mismos. Solo basta un pequeño ejercicio de parada “técnica” vital, detenernos unos minutos en el acontecer diario y comenzar a pensar bajo la estructura recomendada por Brainard: me acuerdo de…, y así hasta que el bienestar o malestar nos permita disfrutar del recuerdo o comenzar un sufrimiento posiblemente innecesario. Porque de todo hay en la memoria – ¿viña? – de cada una, de cada uno.

En mi caso, gracias al tiempo libre del que dispongo, que ya está ocupado con ganancias casi siempre, he descubierto que mis antepasados han pasado por todo tipo de oficios y experiencias a lo largo de cuatro siglos. Listeros, jornaleros, sombrereros, industriales, masones, tenderos, dueños de especerías, mercerías, arrendatarios de molinos harineros y tejeros. Han ido tejiendo una forma de ser y estar en el mundo de la familia, que me ha llenado de historia interior. Gracias a que en mi vejez he descubierto que mediante el estudio y la investigación he ido coleccionando una agradable sucesión de ganancias que me permiten ser más libre. Con música de fondo a través de mis acordes en clave, piano y violín, que de todo hay en la viña del Señor.

A sus noventa y dos años, Caballero Bonald manifiesta que desde hace más de dos años ya no ha vuelto a escribir nada. Y vuelvo a leer su frase apocalíptica para ver si la puedo comprender mejor en su texto y contexto, como sucede con los aforismos, que tanto aprecio: “No, ya no voy a escribir más. Estoy alejado de todo. Me indigna lo que ocurre por ahí afuera. Hay mucho gregario, mucho sumiso, mucho patriota, mucho tentetieso… Vivo muy aislado en este rincón atlántico frente a Doñana y no veo a nadie. Además, la literatura sólo me interesa cuando escribo y, como desde hace más de dos años no escribo nada, pues la literatura me queda muy a trasmano. Verás, mi salud no es buena y tengo la vista muy dañada, apenas puedo leer. Yo he sido un lector asiduo, de varias horas diarias, pero eso también se acabó. Me paso el día a la sombra de un árbol viendo pasar el tiempo, oyendo música de cámara, jazz, flamenco. Eso es todo lo que hago. La vejez es una maldita sucesión de pérdidas”.

Desde mi agradable sucesión de ganancias, lo entiendo…, porque como decía él mismo en Ágata, ojo de gato, “Cansado como está, no se detiene entonces en el retrospectivo inventario de la destrucción”.

Sevilla, 28/VII/2018

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto piso.

(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo). Cuando un recuerdo es algo que tenemos, El País(Babelia), p. 8.

Podemos hacer un agosto diferente

PRINCESA
Princesa, bebé rescatada en Tarifa en 2014 / M.MORENO/ATLAS

PODCAST 7: Podemos hacer un agosto diferente

[…] Y así granizaron sobre ella [sobre Preciosa] cuartos, que la vieja no se daba manos a cogerlos. Hecho, pues, su agosto y su vendimia, repicó Preciosa sus sonajas, y al tono corriente cantó este Romance […]

Miguel de Cervantes, en La Gitanilla

En estos días de estío, con sus cosas y su aquél, solemos vivir una experiencia especial que se llama “hacer las maletas” para viajar seguros hacia alguna parte, brindándonos la oportunidad de adentrarnos en el próximo mes de agosto de una forma diferente e intentar hacerlo (el mes) de una forma especial. Por ejemplo, yendo a nuestra biblioteca particular antes de este momento mágico de preparar el equipaje y elegir libros y lecturas que a lo largo de los últimos años o meses nos han dejado un poso difícil de olvidar. Probablemente, las necesitamos recordar en aquellas frases o palabras que nos obligaron a levantar la mirada y quedarnos en suspensión de juicio durante segundos o minutos, según la intensidad de lo vivido.

Leo de nuevo a Cervantes y recuerdo que el Diccionario de Autoridades recogió por primera vez esta expresión en el siglo XVIII, hacer el agosto, poniendo el ejemplo de la gitanilla Preciosa y “haciéndolo” como persona digna que era. Guardo en el corazón lo que escribió sobre ella al presentarla en formato de novela ejemplar: “Salió la tal Preciosa la más única bailadora que se hallaba en todo el gitanismo, y la más hermosa y discreta que pudiera hallarse, no entre los gitanos, sino entre cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama. Ni los soles, ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo, a quien más que otras gentes están sujetos los gitanos, pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos; y lo que es más, que la crianza tosca en que se criaba no descubría en ella sino ser nacida de mayores prendas que de gitana, porque era en extremo cortés y bien razonada. Y, con todo esto, era algo desenvuelta, pero no de modo que descubriese algún género de deshonestidad; antes, con ser aguda, era tan honesta, que en su presencia no osaba alguna gitana, vieja ni moza, cantar cantares lascivos ni decir palabras no buenas. Y, finalmente, la abuela conoció el tesoro que en la nieta tenía; y así, determinó el águila vieja sacar a volar su aguilucho y enseñarle a vivir por sus uñas”.

Hacer el agosto… próximo, este año, se nos plantea como una oportunidad de buscar tiempo perdido y disfrutar de él. He ido a mi hemeroteca digital y he pensado compartir con la Noosfera (la malla de cerebros pensantes que transitan por esta red), a partir de mañana y cada dos días, los artículos publicados en 2014 sobre esta cuestión augusta en formato de serie, en este cuaderno digital que viaja siempre conmigo en la búsqueda apasionada de islas desconocidas. Un dato muy importante y a tener en cuenta es que me centré temporalmente en ellos con un hilo conductor: ensalzar la vida de personas imprescindibles en la vida de cada día, algunas anónimas, pero que hacen que todavía hoy la vida sea más amable para todos.

Podemos iniciar este viaje yendo muy ligeros de equipaje, porque este cuaderno no va a ocupar sitio en maleta alguna. Nos va a dejar solos ante el peligro de leer, cuestión que nos permitirá siempre ser más libres. Lo que si me gustaría es compartir un compromiso: la posibilidad de ampliar el número de personas que nos subimos diariamente a esta Isla Desconocida, sí, la de Saramago, para hacer que el próximo mes de agosto sea especialmente diferente. Solo una condición: los asientos de este barco imaginario que quedan libres están situados en la amura de babor, porque tampoco existen barcos inocentes por muy imaginarios que sean.

Hagamos un agosto diferente en viajes imaginarios y aprendiendo de capitanes de almas, como lo fue Saramago: ”todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque es la mujer del cuento de la isla desconocida, que limpiaba el palacio del rey, la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir el protagonista a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Aquella respuesta tan hermosa no la olvido haciendo cada día del año: es necesario conocer bien la isla que somos, saliendo de nosotros de vez en cuando para comprender las otras islas que forman el archipiélago humano de la vida, por inaccesibles y desconocidas que parezcan y aunque muchas veces estemos a muchos kilómetros de distancia unos de otros. O de nosotros mismos.

Sevilla, 26/VII/2018

(1) La imagen figura en el post siguiente de la serie citada: https://joseantoniocobena.com/2014/08/13/hagamos-un-agosto-diferente-iv-una-vida-ejemplar-princesa/

Cosas de estío / y 10. Invencibles del siglo XXI

NELSON MANDELA

PODCAST 6: Cosas de estío / y 10. Invencibles del siglo XXI

Se está recordando especialmente en estos días de estío al presidente Mandela, Madiba. En tal sentido, he leído con atención el discurso que el expresidente Obama pronunció el pasado 17 de julio en Johannesburgo, con motivo de la celebración de la Conferencia Anual sobre Nelson Mandela, con un título sugerente: Seguid alzando la voz. Hay que leerlo detenidamente porque aporta ideas muy interesantes en un mundo convulso donde es imprescindible que identifiquemos a los invencibles de este siglo, aquellos en los que pensaba Mandela en su celda de castigo de Robben Island, leyendo el poema Invencible de William Ernest Henley. Solo recojo un fragmento de su discurso porque me parece muy representativo del mismo: “Nelson Mandela dedicó su vida a este largo camino hacia la libertad, la justicia y la igualdad de oportunidades. Al principio luchó por este lugar, su país, para terminar con el Apartheid y garantizar la igualdad política, social y económica de los ciudadanos no blancos y sin derechos de Sudáfrica. Sin embargo, gracias a su sacrificio, su liderazgo infatigable y, sobre todo, a su ejemplo moral, Mandela y el movimiento que encabezaba cruzó fronteras. Su figura encarnó las aspiraciones universales de las personas más desfavorecidas. Les insufló esperanza y les hizo ver que era posible una transformación moral en la conducta de los seres humanos”.

Afortunadamente y en el contexto de estos actos conmemorativos, la televisión pública nos ofreció en la noche del domingo pasado una reposición de Invictus, una película que tuvo muy buena acogida de público en el año del estreno en España, 2010, cuyo hilo conductor era la figura de Nelson Mandela y su intervención visionaria en el equipo de rugby de Sudáfrica en la Copa Mundial de Rugby celebrada en 2005, en la ciudad de Johannesburgo. La película, al estilo Eastwood, fuerza en algunos momentos la obra escrita sobre la que se construyó el guion, una publicación de John Carlin, El factor humano, de la que se cambió un hecho fundamental. El papel que entrega el presidente Mandela al capitán del equipo sudafricano de rugby, François Piennaar, en un momento clave de la película, en la primera entrevista institucional con él, con el poema del poeta inglés citado anteriormente, William Ernest Henley titulado Invictus, no es el que utilizó el equipo realmente como mensaje conductor para fortalecer su inspiración triunfadora. La realidad es que Mandela le entregó un fragmento del discurso del presidente Theodore Roosevelt en su visita institucional a París el 23 de abril de 1910, conocido como El hombre en la Arena, que exactamente decía lo siguiente, tal y como figura en la página 7 del discurso real de 35 páginas:

No es el crítico quien cuenta,
ni el que señala con el dedo
al hombre fuerte cuando tropieza
o el que indica en qué cuestiones
quien hace las cosas podría haberlas hecho mejor.
El mérito recae exclusivamente
en el hombre que se halla en la arena,
aquel cuyo rostro está manchado
de polvo, sudor y sangre,
el que lucha con valentía,
el que se equivoca
y falla el golpe una y otra vez,
porque no hay esfuerzo
sin error y sin limitaciones.
El que cuenta es el que de hecho lucha
por llevar a cabo las acciones,
el que conoce los grandes entusiasmos,
las grandes devociones,
el que agota sus fuerzas
en defensa de una causa noble,
el que, si tiene suerte,
saborea el triunfo de los grandes logros
y si no la tiene y falla,
fracasa al menos atreviéndose al mayor riesgo,
de modo que nunca ocupará el lugar reservado
a esas almas frías y tímidas
que ignoran tanto la victoria como la derrota.

Me ha recordado este hecho lo que aprendí hace muchos años de Bertolt Brecht: hay hombres y [mujeres] que luchan un día y son buenos, otros [y otras] luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los [hombres y mujeres] que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles. También, lo que Obama dijo en su discurso refiriéndose al presidente Mandela, Madiba: “Les voy a decir lo que creo yo. Creo en la visión de Nelson Mandela. Creo en una visión que era también la de Gandhi, Martin Luther King y Abraham Lincoln. Creo en una idea de igualdad, justicia, libertad y democracia multirracial, construida sobre la premisa de que todas las personas son iguales y nuestro creador dio a todas unos derechos inalienables (vítores y aplausos). Y creo que un mundo regido por esos principios es posible y puede lograr más paz y más cooperación en busca del bien común. Eso es lo que creo”.

Las personas que citó, incluido Mandela, fueron imprescindibles en su momento y lo siguen siendo todavía hoy. Invencibles, en definitiva, tal y como lo pensaba Mandela en su corazón y a los que necesitamos identificar hoy día más que nunca, alzando todos la voz para desterrar los silencios cómplices de cualquier tipo, leyendo en voz alta el poema Invictus que tanto ayudó a Madiba:

Más allá de la noche que me envuelve,
negra como el abismo insondable,
agradezco a los dioses que pudieran existir
por mi alma inquebrantable.
En las azarosas garras de la circunstancia
no me he lamentado ni he llorado.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza esta ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yace el Horror de la sombra,
y sin embargo la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
cuan cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

THE END

Sevilla, 24/VII/2018

NOTA: la imagen del presidente Mandela se ha recuperado hoy de: https://www.nelsonmandela.org/news/entry/wearing-mandelas-values

Cosas de estío / 9. Biomímica y biomímicos

BIOMIMICO

Biomímico. Proyecto del artista mural Eric Okdec, en Sevilla / JA Cobeña

PODCAST 5 / Cosas de estío / 9. Biomímica y biomímicos

Es lo que tiene ser alumno de la Facultad de la Calle, por estar matriculado en la Universidad de la Vida. Los albores de Sevilla ofrecen siempre regalos inesperados, como el de hoy, cuando en el paseo del amanecer claro y luminoso de esta ciudad he encontrado unas palabras inolvidables en una pintura mural del Polígono de San Pablo, una obra esplenderosa del artista Eric Okdec: biomímico no es cosechar los recursos de la naturaleza, pero el sentarse a sus pies como estudiantes. Así escrito, sin modificar palabra alguna. Junto a este lema tan sorprendente, otra acepción no menos aleccionadora: biomímica es la práctica de pedir prestados los diseños principales de la naturaleza para crear más productos y procesos sostenibles. Maravilloso.

Han sido dos lecciones que por breves han sido dos veces buenas, aprendidas curiosamente muy cerca de la calle Baltasar Gracián, el escritor que decía que «lo bueno, si breve, dos veces bueno». La biomímica debería ser una asignatura de obligada inclusión en la carrera que estudiamos a lo largo de la vida y en la Facultad de la Calle, adscrita a la Universidad de la Vida, en los tres mundos que tantas veces he estudiado en la Academia y en los que estamos instalados a diario: el mundo propio, el de nuestro alrededor y del de los demás, que dicho de forma petulante en alemán suenan extraordinariamente bien (eigenwelt, umwelt y mitwelt). Las dos definiciones son fantásticas si las analizamos con detenimiento. La primera, porque la cosa radica en no explotar los recursos de la naturaleza sin compasión alguna, sino aprender continuamente de ella “como estudiantes sempiternos”. Es lo que nos recuerda a diario el problema recurrente del cambio climático y de la Suciedad Plástica instaurada en la superficie y fondos de los océanos y mares que nos rodean. La segunda acepción, es reveladora de lo que podemos aprender de los diseños de la propia naturaleza, porque si lo hiciéramos podríamos vivir mejor, creando nuevos productos con diseños naturales prestados sin interés comercial alguno y, por tanto, más sostenibles.

A lo largo de doce años he incorporado páginas en este blog con este esquema biomímico aleccionador. Entresaco solo dos experiencias maravillosas de la Universidad de la Naturaleza que da sus clases en la calle. Una de ellas, es lo que llamo la inteligencia emergente, que tenemos todos por definición en esencia y potencia, por mucho que al capital le duela. Indudablemente, porque todos los seres humanos, mujeres y hombres, niñas y niños, tenemos el recurso natural principal: la inteligencia emergente como estructura que siempre anda preocupada por organizarse espontáneamente, adaptándose permanentemente mediante retroalimentación positiva a determinadas situaciones propicias o adversas, pero con un fin común, vivir conforme a un plan que permite resolver problemas con un objetivo muy claro: ser felices. Y la ciudad es un patrón excelente para cooperar en esta búsqueda legítima de felicidad. O de infelicidad, por el urbanismo adverso, en la dialéctica vivienda/murienda (perdón por el neologismo). Corren tiempos, además, en los que los especuladores escondidos en fondos buitres de todo tipo, se suben de nuevo a los barcos de los que se tiraron cuando huían miserablemente en desbandada, cuando en los tiempos tan cercanos y actuales de crisis olieron la biomímica porque ya no les salían las cuentas. Y aquí y ahora, en el escolástico hic et nunc, podemos dar rienda suelta a las tesis de las aceras inteligentes y sociales en las ciudades, las que amaba Jane Jacobs, porque cuando el dinero no corre, la inteligencia vuela. Emergente, por supuesto.

Emergente, porque se demuestra que lo que ocurre en las ciudades nunca nos es ajeno. Existen patrones escritos desde hace millones de años y las ciudades se reinventan permanentemente: “¿por qué ha triunfado el superorganismo de la ciudad sobre otras formas sociales? Como en el caso de otros insectos sociales, hay varios factores, pero uno crucial es que las ciudades, como las colonias de hormigas, poseen una inteligencia emergente: una habilidad para almacenar y recabar información, para reconocer y responder a patrones de conducta humanos. Contribuimos a esa inteligencia emergente, pero para nosotros es casi imposible percibir nuestra contribución porque vivimos en la escala incorrecta” (1). Biomimica en estado puro.

La segunda experiencia es la que ha llevado a cabo el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, en su descubrimiento paulatino del escenario auténtico del Génesis, que conocí cuando se iniciaba el proyecto en 2005, bajo el título de Génesis, que él mismo explica en profundidad: “¿Para qué [lo hago]? Para emular el ojo de Dios, pero ser fiel a Darwin, para dar testimonio de los orígenes de la vida intactos, para certificar que corre el agua, que la luz es ese manantial mágico que penetra como un pincel y muta las infinitas sugerencias en blanco y negro. Para experimentar pegado a la tierra y los caminos aquello que relatan los textos sagrados pero también seguir la estela de la evolución de las especies; para comprobar que los pingüinos se manifiestan; para comparar la huella con escamas de la iguana y el monumental caparazón de las tortugas en Galápagos; para explicar que los indígenas llevan en la piel tatuado el mapa de su comunión con la de los ríos y los bosques; y que los elefantes y los icebergs emulan fortalezas de hielo y piel; y que la geología diseña monumentos y que todavía quedan santuarios naturales a los que aferrarnos”.

Indudablemente, biomímica y biomímicos en estado puro, animándonos todos los días la naturaleza a sentarnos a sus pies, como estudiantes en las aceras de nuestras ciudades, de la Universidad de la Vida. Siempre nos valdrán sus diseños prestados para que podamos disfrutar de nuevos productos sin tener que recurrir de forma teledirigida a la economía de mercado, no inocente, por supuesto.

Sevilla, 23/VII/2018

NOTA: el mural, obra de Eric Okdeh, se encuentra en una zona de viviendas sociales del Polígono de San Pablo, en Sevilla. Su historia detallada y gráfica, que nace en 2010, se puede consultar en http://www.ericokdeh.com/biomimico/ . La fotografía es mía.

(1) Johnson, S. (2003). Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Madrid: Turner-Fondo de Cultura Económica, pág. 90.