Mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad

MEDIOCRIDAD

Estamos rodeados por la mediocridad que nos invade por tierra, mar y aire. Mediocridad de mediocridades, todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. He escrito ya en este cuaderno digital sobre esta realidad aumentada de mediocridad imperante en estos tiempos tan modernos y creo que tenemos que hacer algo para combatirla. He vuelto a leer mi reflexión cercana de 2017 sobre la mediocridad (palabra que con solo pronunciarla da miedo) y solo me gustaría agregar una reflexión: está haciendo estragos por el cambio climático de la ética, porque los valores se subestiman a diario y todo lo mediocre tiende a ser lo normal, acompañados de la resignación más dura que podamos pensar: esto es lo que hay y si no te adaptas o te integras es el problema de cada uno que se acaba convirtiendo en el problema de todos. Las corrientes mundiales reaccionarias que están alcanzando el poder político de muchos países, representan la mediocridad más lacerante que podamos imaginar y estamos avisados.

Como soy miembro del Club de las Personas Dignas, no quiero participar del silencio cómplice que se extiende como mancha de aceite y, a través de la palabra, que todavía me queda, vuelvo a incorporar hoy aquella reflexión que sigue viva y coleando. Para quien la quiera leer y, lo mejor, para quien opte por denunciar, por el medio que le sea más propicio, la mediocridad galopante que nos invade y a los palmeros que la jalean a diario.

En aquella ocasión decía lo siguiente, ratificándome en todas y cada una de las palabras que uní en un artículo que refleja pensamiento, sentimiento y conciencia de clase digna, porque me queda la palabra, aunque a veces pierda la voz y el tiempo en la maleza de la vida:

«Me preocupa mucho la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia.

Nos debería preocupar la ausencia de liderazgo y de personas con carisma para ponerse al frente de casi todo, no digamos de la política. Estamos pagando una factura insoportable por la mediocridad política que nos rodea, en sus partidos y en los gobernantes actuales, con honrosas excepciones. La mediocridad engendra tibieza y nos cuentan nuestros antepasados que Dios lo tuvo claro hace ya centenares de años, tal y como no lo transmitió el Apocalipsis, en los versículos fáciles de recordar (número pi): conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca (Ap. 3, 14-16). Así de claro, sin tapujos.

Los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que nos gobiernan. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.

Estoy muy preocupado con la perpetuidad del Club de las Personas Tibias, Tristes y Mediocres, desde tiempos del Apocalipsis, frente al Club de las Personas Dignas. Hay que organizar una gran operación rescate de la Dignidad, con mayúsculas. Las personas que pertenecemos al Club Virtual de las Personas Dignas tenemos la obligación ética de desenmascararlos con prisa existencial y de supervivencia y dondequiera que estén.

Hoy, con este post, hago acto de presencia en mi Club (de las Personas Dignas). Me han citado virtualmente porque dice su directiva que tenemos que elaborar de nuevo un plan estratégico de supervivencia ética ante el avance imparable del Club contrario, de cuyo nombre no quiero acordarme. Hace solo unos meses que lo intentamos, pero no pudimos concretarlo. Vuelvo a asistir a esta sesión de hoy con mucha ilusión, porque creo que nos van a volver a regalar una linterna ética para descubrir a los mediocres, con un manual de instrucciones en el que se indica que una vez encendida y al igual que hacía Diógenes de Sinope cuando buscaba personas íntegras, tenemos que gritar a los cuatro vientos: ¡buscamos personas dignas y honestas! Es probable que las personas tibias, tristes y mediocres salgan huyendo, rompiendo las filas de su Club, porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad, en cualquier estamento social, probablemente muy cerca de donde vivimos, estamos y somos.

Como aprendí de Blas de Otero en tiempos tristes, tristes tiempos, tenemos ahora la palabra, que aún nos queda».

Sevilla, 24/X/2018

NOTA: la imagen se ha recuperado de https://cdn.urgente24.com/sites/default/files/notas/2017/08/06/mediocridad-.jpg

Juegos del bien, juegos del mal

GRAFITO SEVILLA

Un humorista desesperado debe decir que la vida es un juego del mal

Philippe Geluck

La vida no se debe representar solo en blanco y negro, porque también tiene color. No todo es bien, pero tampoco todo es mal. Estamos viviendo momentos muy tristes de polarización en esta dialéctica sempiterna y debemos construir diálogo permanente para superar este movimiento de contrarios con un objetivo claro: el bien común, el interés general. La vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, representando el bien y el mal con la acromatopsia (1) ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad, sobre todo bien con color incluido. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada.

Esta mañana he descubierto el grafito (RAE, 1992) que encabeza este artículo en una pared humilde de Sevilla, con una frase escueta, La vida es un juego del mal (traducción libre y ajustada a un planteamiento genérico), junto a una niña que juega con pompas de jabón, efímeras pero con existencia propia, con sus ilusiones en cada una de ellas. Todo el conjunto en negro como mensaje subliminal de humor negro, desesperado, como el protagonista de la frase de Philippe Geluck. Está firmado por Piou.

Creo que he entendido el mensaje del grafito por el lugar donde se encuentra en la actualidad, junto a la puerta de la casa-palacio de los Pumarejo, hoy Casa Grande del Pumarejo, situada en la plaza del mismo nombre en el barrio de San Gil, en Sevilla, un edificio rodeado de polémica desde hace muchos años y que conserva una trazabilidad hermosa e histórica de conversión de casa-palacio en casa de vecinos, cuestión que sigue siendo el hilo conductor de la reivindicación actual de las personas que residen en esa zona: “Como casa de vecinos su aún significativo número de inquilinos conservan vivo el modo de vida tradicional asociado a las antaño numerosas casas y corrales de vecinos sevillanos. Un modo de vida que se expresa tanto en la realidad de la convivencia cotidiana como en la reproducción, año tras año, de los rituales asociados a las pequeñas comunidades que constituyeron estas casas, como es la fiesta de las Cruces de Mayo. Además de residencia de numerosas familias, ha acogido y aún alberga diferentes talleres artesanos, pequeñas tiendas y tabernas, ubicados en los bajos del edificio y abiertos a las calles que lo bordean”.

Es un símbolo de la vida, la dialéctica del progreso y de la conservación de valores y de diferentes formas de ser y estar en el mundo, la ley temporal del péndulo, la dialéctica pascaliana de divertimento y del compromiso, el juego eterno del bien y del mal. Es lo que los vecinos actuales quieren transmitir en su página web, de obligada lectura y en las representaciones fotográficas de personas a tamaño natural que, asomadas a un balcón de la casa-palacio, recuerdan a todas las personas que quieran leer la pancarta a modo de colgadura, que “las espadas” siguen en alto ante los compromisos del alcalde actual sobre actuaciones de restauración y conservación del edificio, en estado bastante deprimente. Para quien no lo sepa, su nombre es Juan Espadas y los vecinos no olvidan el juego de supervivencia que comenzaron a practicar en democracia. Ahora con palabras, porque es su vida la que está en juego por el bien de todos. Con un humor desesperado.

Sevilla, 19/X/2018

(1) Acromatopsia: ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color. Todo se ve siempre de color gris. Para comprender bien los efectos de esta enfermedad, recomiendo la lectura de un libro de Oliver Sacks, excelente, que tengo entre mis preferidos: La isla de los ciegos al color, editado por Anagrama en 1999.

En recuerdo de Eduardo Arroyo

CAMAROTE HERMANOS MARXISTAS
Eduardo Arroyo, El camarote de los hermanos marxistas o Retrato del artista adolescente, 1991

Acabo de conocer la noticia del fallecimiento en Madrid de Eduardo Arroyo, un pintor al que dediqué un pequeño homenaje recientemente mediante un post en este cuaderno digital, después de haber contemplado un cuadro suyo, El camarote de los hermanos marxistas o Retrato del artista adolescente, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Vuelvo a reproducirlo porque creo que refleja la quintaesencia de un pintor desterrado de este país durante mucho tiempo por su ideología. Merece mi respeto y sigo pensando que recordando el mensaje del cuadro citado, «[…] podemos ser algo marxistas/marxianos (con perdón) en la vida, dependiendo del humor que tengamos para abordarla a diario. Preocupante es la imagen de los trajes de las mujeres con dibujos de bombas y la de los trajes de mil rayas en varios hombres, uno de ellos trabajando mientras otros están di-virtiéndose (así, como lo diría Pascal frente al compromiso) y un hilo conductor en la composición escénica: sálvese el que pueda de sus creencias e ideología, porque de Marx ya no queda casi nada, pero es que esto ocurre a miles de personas que abarrotamos el camarote perpetuo en nuestras vidas. O algo así».

Por respeto a Eduardo Arroyo y su intrahistoria en este país, que ha tenido helada una parte de su corazón durante mucho tiempo, demasiado, que no descanse este mensaje del pintor en la supuesta paz de nuestras almas.

Sevilla,14/X/2018

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A Guernica, por un vado de arena / 4. Guggenheim y los hermanos marxistas

Siempre me hace sonreír la escena del camarote de los Hermanos Marx en Una noche en la ópera. Indescriptible la sucesión de ocurrencias de los protagonistas de la misma, con un momento especial en el que aparece una manicura para cortar las uñas con la pretensión de hacer sitio en aquel atiborrado espacio. Nada hacía presagiar que el viaje con destino a Bilbao me iba a mostrar una nueva escena del camarote, mediante una obra de Eduardo Arroyo, El camarote de los hermanos marxistas o Retrato del artista adolescente, expuesta en el Museo de Bellas Artes, perteneciente a la colección de 110 obras que forman su interesante fondo. Me pareció un reencuentro sorprendente porque siempre he admirado a la familia Marx, tal y como se puede apreciar leyendo páginas dedicadas a ellos en este cuaderno digital, sobre todo porque quise profundizar en su mensaje, estudiando la composición del cuadro.

Los hermanos marxistas están representados por hombres y mujeres que llevan impresas en sus caras, en algún caso, las letras MAX, porque la R es otra cosa que tratar. Es verdad que podemos ser algo marxistas/marxianos (con perdón) en la vida, dependiendo del humor que tengamos para abordarla a diario. Preocupante es la imagen de los trajes de las mujeres con dibujos de bombas y la de los trajes de mil rayas en varios hombres, uno de ellos trabajando mientras otros están di-virtiéndose (así, como lo diría Pascal frente al compromiso) y un hilo conductor en la composición escénica: sálvese el que pueda de sus creencias e ideología, porque de Marx ya no queda casi nada, pero es que esto ocurre a miles de personas que abarrotamos el camarote perpetuo en nuestras vidas. O algo así. Basta comparar la escena fija de la película para establecer las mejores comparaciones posibles con su texto y contexto.

camarote

También nos reencontramos con paisanos andaluces, tres para ser más concretos: Murillo (San Pedro en lágrimas), Romero de Torres (Venus de la poesía) y Vázquez Díaz (La fábrica bajo la niebla, pintado en Errentería). Sentí muy presente la cultura andaluza en esta muestra restringida a 110 obras 110, una efeméride especial que recoge una obra en representación de cada año de su historia como Museo, pero que supone una muestra interesantísima en su fondo y forma.

Salimos del Museo con otras dos imágenes grabadas en nuestra memoria de hipocampo, que ahora guardamos a buen recaudo: La aldeanita del clavel rojo, de Adolfo Guiard, llena de realismo mágico por su escuela de formación parisina y Romería Vasca, de José Arrúe, con trazos finos, elegantes, estilizados, ordenados casi con modos naíf. Son dos obras en representación de la belleza implícita de esta exposición especial.

Nos dirigimos a un claro objeto de deseo: visitar el Guggenheim Bilbao, con un saludo previo a Puppy, el guardián adoptado por los residentes en la ciudad que acoge este magno museo. Primero rodamos el edificio para admirar el conjunto arquitectónico diseñado por Frank Gehry. Los tornasoles de las planchas de titanio mostraban un colorido especial cambiante dependiendo del ángulo en que las observábamos con interés reverencial. El edificio es un conjunto apoteósico que personalmente intercambiaba con la zona fabril sobre el que está emplazado en la actualidad y que conocí hace más de cuarenta años. Accedimos al edificio en su planta baja, con una exposición de la diseñadora vanguardista Joana Vasconcelos, bajo el epígrafe Soy tu espejo, con obras grandiosas por su simbología tratada con objetos cercanos a la vida ordinaria actual: cubiertos de plástico, cacerolas, urinarios, teléfonos, piezas de coches o centenares de planchas con formas posibles. Era asombrosa la muestra dedicada a la Aspirina y al Valium, centenares de blíster intactos que formaban composiciones artísticas que hacían reflexionar sobre el ritmo de vida actual. Pero lo que fijaba nuestro interés por encima de todo era la exposición itinerante con un título de amplio espectro cultural y político, Arte y China después de 1989. El teatro del mundo, a la que dedicamos bastante tiempo porque no te dejaba indiferente en cualquiera de las ocho salas que la acogen.

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Esta exposición sobre la realidad de China en un espacio y tiempo muy concretos, desconocidos para mí en su fondo y forma, me sobrecogió desde la primera sala, porque me interesaba conocer con detalle qué ha ocurrido en China en el último cuarto del siglo pasado y su globalización como potencia económica y productiva en el mundo actual. La muestra gira sobre cuatro realidades que los diferentes artistas han abordado de forma continuada: identidad, igualdad, ideología y control. Son más de 65 artistas y grupos artísticos que han consolidado una proyección mundial de China como nueva potencia mundial. No fue inocente la dura represión estudiantil en la plaza Tiananmén, el 4 de junio de 1989, que tantas veces hemos visto en la soledad de un estudiante ante la invasión de los tanques que avanzaban sin compasión alguna para reprimir cualquier intento de liberalización. Fue especialmente doloroso que ocurriera de esta forma tan brutal porque culminaba con esta acción represiva el movimiento de una década de experimentación política, intelectual y artística realmente abierta. Pero la realidad es que aquello sirvió para que se iniciara un movimiento de apertura con ribetes de acero, consolidándose veinte años de desarrollo acelerado, relaciones internacionales y apertura a nuevas posibilidades individuales. Muchos artistas se implicaron directamente en este movimiento revolucionario y en esta exposición se ofrecen muestras patentes de ello.

La exposición se centra en seis contenidos esenciales como hilo conductor de sus prodigiosos avances: Prohibido cambiar de sentido: 1989, Nueva medición: análisis de la situación, 5 horas: capitalismo, urbanismo realismo, Placer incierto: actos de sensación, En otro lugar: viajes por el territorio intermedio y La utopía ¿de quién?: activismo y alternativas circa 2008. Una experiencia de estas seis sirve como botón de muestra de este movimiento de apertura apasionante en un mundo autoritario. Me refiero a la obra del artista Son Dong de la que solo se muestra el sello de madera con el ideograma “agua” y diversas fotografías de una de sus performances, bajo el título Poniendo sellos al agua, tomadas en el río Lhasa, en el Tíbet, en los días 18 y 19 de agosto de 1996. El artista estuvo durante una hora sentado en las heladoras aguas del río Lhasa, sellando de forma repetida la superficie de la corriente, representando el hecho simbólico del sello como garante de posesión, estatus y eternidad, aunque lo que quiso significar es que en realidad cada acto de sellado dejaba entrever una unión entre el hombre y la naturaleza. Es una expresión de la cultura zen: sustancia y vacío, permanencia y cambio. Es una reinterpretación del panta rei de Heráclito, todo fluye, nada permanece, pero con un sentido más profundo y con la idea de que artistas chinos salen al mundo para transmitir sus mensajes liberadores. En la performance original de Son Dong había un respeto ancestral del pensamiento tradicional chino según Lao Tse: “El bien supremo es el agua. El agua beneficia a diez mil cosas y, sin embargo, no compite con ellas”. Salimos despidiéndonos de las fotografías de los trabajadores de una fábrica de lámparas, uno a uno, que se retrataron como personas al lado de las máquinas, donde se leía el nombre de su producto: OSRAM, que probablemente ilumina nuestras casas europeas. Junto a ellos, sus deseos y aspiraciones como personas. Algunos artistas chinos se preocuparon de poner caras y ojos a los trabajadores anónimos de productos denostados por su calidad en muchas ocasiones por otras culturas del mundo. Todo un ejemplo para el respeto a las personas y ese era el mensaje.

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Reconocí en un momento determinado al artista y activista Ai Weiwei, del que escribí en 2017 sobre una experiencia solidaria a través del taller que había montado en Lesbos para ayudar a los migrantes, llevando a cabo una experiencia especial, personal y real, subiéndose a una lancha a la deriva, para intentar comprender qué sienten los refugiados o migrantes que realizan estos viajes hacia alguna parte. La premonición de su valentía estaba en la portada de la guía que entregan al entrar en el museo, simbolizando la ruptura con la tradición: deja caer al suelo un jarrón de la dinastía Han. Todo fluye, nada permanece.

Subimos al cielo del Gugennheim para contemplar una breve, pero muy buena, exposición de Marc Chagall, bajo el título de Los años decisivos 1911-1919. Una vez más comprendí la influencia francesa en la pintura de finales de comienzos del siglo XX. París bien vale una exposición. Una experiencia traumática al volver a su país, Rusia, en 1914, lo confinó en una zona tenebrosa personal y existencial, de la que tardó tiempo en recuperarse. Nos sorprendió una obra en concreto: Amantes en azul. Para no olvidarla. La vie en bleu.

AMANTES EN AZUL MARC CHAGALL

No se puede decir adiós, agur, al salir del museo. Uno tiene la sensación de que hay que volver a descubrir la quintaesencia del arte en sus múltiples manifestaciones. Lo haremos, porque como ocurrió con el agua sellada de Son Dong, sabemos que el alma china está mucho más cerca de la nuestra de lo que parece. Lucha todos los días por ser libre, aunque tomemos conciencia de que lo que pasó aquella mañana en el Guggenheim no volverá a repetirse nunca. Porque todo fluye, nada permanece y nadie se baña dos veces en el mismo río.

Sevilla, 30/VIII/2018

Hacia una historia de vida digital

HISTORIA DE VIDA DIGITAL

Se han publicado recientemente noticias sobre la posibilidad de que la vida “online” de los fallecidos sea accesible para sus herederos, mediante el reconocimiento expreso que recoge la ley de protección de datos que tramita el Congreso en estos días, en la que se prevé el derecho de los deudos a gestionar o suprimir el contenido digital salvo que el difunto lo hubiera prohibido. En Cataluña ya se aprobó en 2017 un proyecto de ley para que el testamento designe quienes gestionarán la información colgada en la Red. Nos encontramos con múltiples iniciativas en el país en relación con cualquier ciclo de la vida, como es el caso del acceso digital de niños y adolescentes a las redes sociales, pero no hay una visión de Estado al respecto que integre legalmente la realidad digital de la vida de los ciudadanos y ciudadanas de este país desde que nacen hasta que mueren.

No voy a descubrir el bálsamo de Fierabrás con el abordaje en este post del establecimiento de una Política Digital de Estado en estos ámbitos, de forma integral e integrada, sin fisuras, pero hoy quiero centrarme en una cuestión que se debería valorar en profundidad en momentos transcendentales de la política de este país que debe contemplar su presente y, sobre todo, su futuro de corte digital, concretamente la implantación de la Historia de Vida Digital, cuestión ya tratada en múltiples ocasiones en este cuaderno digital desde diversas perspectivas. Es paradigmática la proposición de ley foral de vida digital que presentó el partido socialista en el Parlamento de Navarra, el pasado 24 de mayo, en el que el diputado Guzmán Garmendia justificaba la misma porque «es importante empezar a legislar en vida digital porque nuestra vida ha cambiado, […] podemos colocar a Navarra en la vanguardia, colocarla como espejo en el que se pueden mirar otros en el ámbito tecnológico y poner a Navarra donde estuvo y no debería de haber dejado de estar […] Si no regulamos hoy todo esto, lo tendremos que hacer mañana, si lo hacemos cuanto antes nos adelantaremos, […] porque es una ley «novedosa, complicada de llevar y que se tiene que trabajar, venir expertos y redactarse de arriba abajo. Entre todos podemos hacer una ley de vida digital puntera y única».

En este contexto, he recordado la lectura de El mundo digital, de Nicholas Negroponte, obra iniciática en este mundo alternativo para los que pensamos que el mundo sólo tiene interés hacia adelante, sentó las bases del futuro que venía en la década de los noventa del siglo pasado. El libró marcó un antes y un después en los inicios de la revolución digital que se veía venir, pero con bastantes incertidumbres. Treinta años después, podemos afirmar que casi todo lo que mueve el mundo es de base digital, aunque tengamos que aceptar con Negroponte que “Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital”.

Esta declaración de principios, impecable, supone hoy un acicate para avanzar en términos estructurales del país, en clave digital, debiéndose considerar en términos de política digital de Estado el abordaje de un ambicioso proyecto: la ordenación y organización política y administrativa de la historia de la vida digital de las personas que conforman este país. Es un giro copernicano sobre la realidad actual, donde la realidad digital de cada persona está fragmentada, digitalmente hablando, dependiendo de la relación que tenga con la Administración correspondiente: sanitaria, social, económica, cultural, tributaria, etc., con múltiples tarjetas o accesos diferentes electrónicos que suponen un tedio digital en el sentido más estricto del término. En España disponemos de un aliado digital extraordinario, el DNI electrónico, que debería ser el único identificador digital para el acceso universal a la historia de la vida digital de la ciudadanía, que afectara a todos los habitantes del país, sin diferenciación alguna.

La historia de vida digital debería contemplar, a título enunciativo, no exhaustivo, las siguientes bases digitales:

  1. Se entiende por vida digital el ciclo vital integral e integrado de la actividad digital registrada voluntariamente (con aceptación de su visualización pública o privada expresa) de cada ciudadano o ciudadana, desde el nacimiento, que sería el momento de entregarse el DNI al recién nacido, hasta el fallecimiento, con los Registros Civiles, oficiales, correspondientes, lugares que serían los responsables de emitir las certificaciones de primera y última inscripción de la historia de la vida digital de quien nazca o muera en este país. Integraría toda la actividad digital que el ciudadano o ciudadana haya desarrollado a lo largo de su vida con las garantías que le correspondan por ley en relación con la protección de datos personales, en cuyos actos debe primar siempre el consentimiento informado y formalmente registrado.
  2. A partir de la primera inscripción digital, que se produciría en el nacimiento, el DNI debería permitir el acceso unificado a las bases de datos también unificadas en casos tan claros como salud y servicios sociales, educación en todos sus ciclos, mundo laboral, tributos, pensiones y así sucesivamente, que atacarían un acceso centralizado a las diferentes bases de datos digitales enunciadas, pero con un acceso único que por sistemas de interoperabilidad dirigiría el acceso deseado al lugar correspondiente, debiéndose primar la integración masiva de sistemas de información con identidad lógica, como es el ejemplo flagrante de salud y servicios sociales, que permitiría acabar con la multiplicidad de sistemas que encarecen a límites insoportables el gasto público digital.
  3. La historia de vida digital debería permitir la consulta en tiempo real, por parte de cada ciudadano o ciudadana, de su ciclo vital digital, con el identificador indicado del DNI y en alta disponibilidad (24x7x365). No tendría que estar localizando permanentemente los miles de accesos telefónicos o digitales, que enloquecen a diario, sino que de forma clara y transparente permitiría un único acceso digital con la estructura que se definiera de forma oportuna. Tecnología existe para llevar a cabo esta acción, porque hoy no es un problema tecnológico o de telecomunicaciones la creación de la historia de vida digital, sino estrictamente de voluntad política de Estado. Tiene que quedar claro que esta acción de tan enorme calado tiene que tener dimensión de Estado, no de Comunidad Autónoma, lo que redundaría en unos beneficios extraordinarios tanto de atención pública como de economías de escala, sin que se perdiera la peculiaridad de cada Comunidad en la prestación de los servicios, aunque de debería definir una Cartera Básica de Servicios Digitales en esta Historia de Vida Digital, que respetaría ante todo el Interés General Digital, principio constitucional de amplio espectro.
  4. Por último, se tendría que aprobar en las Cámaras representativas actuales, una Ley de Vida Digital que recogiera estas bases enunciadas de forma breve y didáctica, para que se garantizaran principios fundamentales de equidad en la accesibilidad digital a esta Historia de Vida Digital. La lectura de la proposición de ley foral de vida digital, anteriormente citada, puede iluminar bien el contenido que se debería contemplar en la nueva legislación al respecto, repito que a título enunciativo y demostrativo, no exhaustivo, porque debería ser fruto de un amplio consenso parlamentario con inclusión de múltiples visiones al respecto por parte de instituciones y organizaciones sociales y empresariales tecnológicas, vinculadas a esta acción, que debería ser profundamente garantista en un terreno todavía por explorar a fondo.

Seguiré informando y escribiendo sobre esta propuesta en tiempos políticos actuales y próximos en los que podría ubicarse este cambio revolucionario digital. En este blog pueden leerse múltiples artículos en serie sobre la Política Digital de Estado, que es donde se debería enmarcar esta acción. Estamos ya instalados en la cuarta revolución industrial donde el talento humano es el rey. Por tanto, el Gobierno Digital, más que instalarse en un continuo problema del calendario de plazos de implantación de la Administración Electrónica con visión muy corta y anticuada de miras de servicio público y atención al interés general digital de la ciudadanía, debería cuidar mucho y con carácter antecedente al Talento Público Digital de los funcionarios y servidores públicos en general, porque estamos ante la cuarta revolución administrativa (con bastantes reservas respecto de las anteriores si es que existieron, que lo dudo), que no acaba de adaptarse a la citada cuarta revolución industrial, debiéndose plantear y desarrollar una Estrategia Publica Digital acorde con estos principios. Estrategia que se define como el proceso organizativo mediante el cual el Gobierno Digital correspondiente, a través de la Política Digital, incorpora a sus funciones directivas y funcionales los sistemas y las tecnologías digitales de la información y comunicación, como escenario y motor de su progreso, y como modelo de integración tecnológica orientada a la ciudadanía. Formando también a funcionarios, cientos de miles, en inteligencia (talento) digital aplicada, que se debe contemplar ya en el acceso a la función pública (gran debate pendiente en términos digitales), si se quieren prestar servicios digitales dignos a la ciudadanía formada ya en inteligencia digital aplicada a las necesidades de cada día, con medios tan accesibles como los teléfonos inteligentes, tabletas y el mando del televisor, que conoce a su dueño cada día más y casi sin darse cuenta a través de la memoria predictiva alojada en un chip que no es inocente y que no vemos por ningún sitio. No se trata de instalar la historia de vida digital, sino de implantarla y ahí el Estado tiene la palabra junto a la Administración responsable correspondiente y los empleados públicos que la atienden con la inteligencia pública digital suficiente.

Lo expuesto anteriormente es la Historia de Vida Digital de la Ciudadanía jamás contada, pero posible. Al tiempo.

Sevilla, 9/X/2018

Hayat, Verdad

La tinta de la esperanza se ha secado. Que el destino escriba lo que quiera

Hayat Belkacem, en su perfil de Facebook

Hayat (verdad) era el nombre paradójico de la joven marroquí de 19 años que murió acribillada por disparos hacia su patera por parte de la Marina Real de Marruecos, cerca de Tetuán, el pasado 25 de septiembre. Otra noticia más sobre emigrantes que pasan sin pena ni gloria. A pesar de esta realidad inexorable, he leído un artículo muy descriptivo sobre la intrahistoria verdadera de Hayat Belkacem que me ha conmovido, porque una vez más traduce el dramatismo de personas que buscan un mundo diferente comenzando un viaje hacia lo desconocido en España, a través de mafias especializadas en la desgracia humana. En este caso, además, con dos españoles al frente de la desgraciada travesía abortada en la costa marroquí.

Hayat estudiaba Derecho en una Universidad cerca de Tetuán y alternaba sus estudios con diversos trabajos de cuidadora de niños y costura para ayudar a la familia. Basta leer con atención el artículo citado para comprender el sufrimiento individual y colectivo de sus padres y hermanos. Esta es la otra cara desconocida que justifica la imperiosa necesidad de salir de un entorno poco propicio para alcanzar objetivos legítimos de dignidad en todos los ámbitos de proyección posibles.

Hayat ha sido noticia durante unas horas, pero la terrible realidad de pobreza en su país seguirá alimentando ilusiones legítimas para aspirar a hacer algo más que ver pasar la vida a muy bajo precio sentados en aceras de indignidad. La verdad que encierra su nombre y su vida debe ser motivo más que suficiente para hacernos reflexionar con com-pasión [sic] (sentimiento y lástima que tenemos por el mal de otros) y comprender la llegada de pateras a nuestro país mientras que no se lleguen a acuerdos con el Reino de Marruecos, por ejemplo, para mejorar su situación social tan deprimente en áreas específicas. El 20% de los inmigrantes irregulares que han llegado a las costas andaluzas en lo que va de año, es de procedencia marroquí y las cifras aumentarán de aquí a fin de año. Mohamed Benaisa, director del Observatorio del Norte por los Derechos del Hombre, lo ha manifestado recientemente: “El problema de estos jóvenes es que ellos no tienen ninguna perspectiva de futuro. No hay ningún incentivo, nada que les haga pensar que después de sacrificarse varios años van a vivir mejor que ahora”. La vida, para ellos, no vale absolutamente nada si se queda en su país.

Siento algo parecido a estar solos ante el peligro del mar abierto, en el espacio que separa dos orillas muy próximas a nosotros en Sevilla, las de Tánger y Tarifa, en un mar salpicado de muertes y desengaños de los que buscan un mundo diferente, lejos de la miseria y el dolor que generan la pobreza extrema, las guerras muchas veces fratricidas y la persecución por razón de creencia o religión. Hoy, también, tan cerca y tan lejos de Tetuán.

Conozco a un migrante marroquí que vive aquí en Sevilla, al que admiro a través de arte plástica, porque nos entrega dignidad a raudales.  Su historia es la de un niño marroquí que dejó un día ya lejano sus zapatos en aquella orilla y quiso navegar hacia la libertad sin olvidar nunca su pasado, su tierra y su parentela, con un mensaje claro de revolución activa, dándole una vuelta a la forma de ser y estar muchas personas en el mundo propio y de los demás. Para que él y su pueblo puedan estar arriba en un tiempo próximo después de años de estar abajo, dejando de ser alfombra roja de los poderosos. Y me ha emocionado saber que gracias a personas como él podemos confiar tal día como hoy en que otro mundo aún es posible. Todo un ejemplo.

En el contexto actual, el destino ha escrito de forma terrible en la vida de Hayat. Es verdad, la tinta de la esperanza a veces se seca.

Sevilla, 30/IX/2018

El panal honrado

PANAL DE ABEJAS1

Estamos asistiendo a un ataque en toda regla al Estado de Derecho por parte de miembros muy activos que viven en las cloacas del Estado, junto con asociados políticos temporales que se mueven ahí como peces en el agua sucia. Es lo peor que le puede pasar a un Estado digno si no actuamos ya, porque los hijos de las tinieblas suelen ser más sagaces que los hijos de la luz, como lo ha comprendido el ser humano a lo largo de los siglos. Como no pertenezco al Club de la Indignidad, Mediocridad, Tibieza y Tristeza, en permanente saturación de socios, rescato hoy un artículo que escribí hace ocho años, Vicios privados, públicas virtudes, porque tengo grabado en mi mente cómo pedimos para los demás públicas virtudes cuando estamos inmersos en vicios privados de todo tipo. Unos y unas más que otros y otras, que de todo hay en la viña del Señor.

Exigimos ahora un Consejo de Ministros y Ministras que sea un panal honrado, inmaculado, sin mancha alguna pública o privada, cansados por hartazgo de tanta corrupción psíquica, física y social, que hace estragos en democracia, pero no me resisto a seguir defendiendo a capa y espada la honradez de miles de personas que ejercen la política dignamente, aunque la condición humana, que no me es ajena, se aproxima con demasiada frecuencia a estos precipicios de indignidad. Todas las personas que ejercen la política, no son iguales. No hace falta dar nombres, porque nos hemos quedado con la cara de los que ocupan el desgraciado ranking de la indignidad. Pero necesitamos protegernos de este maremoto político por olas de corrupción que nos sobrepasan en el acontecer diario, para poder vivir instalados en el principio de confianza que merece el Gobierno actual hasta que no se demuestre lo contario, poniendo en su sitio al gansterismo político y social que nos rodea.

Vuelvo a publicar aquellas palabras, a las que no quito punto o coma de la época en que se escribió, porque es también lo que sucede en la actual, salvando lo que haya que salvar. La última frase, mezcla de enigma y desasosiego social, sigue teniendo gran valor en el momento actual: «Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Bernardo de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado«.

Al fin y al cabo, muchas personas acaban mirando sin pestañear a la mujer del César.

Sevilla, 28/IX/2018

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VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES

Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como microacto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no que pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad.

Un gran panal, atiborrado de abejas
que vivían con lujo y comodidad,
mas que gozaba fama por sus leyes
y numerosos enjambres precoces,
estaba considerado el gran vivero
de las ciencias y la industria.

Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones

Desde la ventana del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits (La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):

… empeñados por millones en satisfacerse
mutuamente la lujuria y vanidad.
… Los abogados, cuyo arte se basa
en crear litigios y discordar los casos,
… Deliberadamente demoraban las audiencias,
para echar mano a los honorarios;
… Los médicos valoraban la riqueza y la fama
más que la salud del paciente marchito
… Y la misma Justicia, célebre por su equidad,
aunque ciega, no carecía de tacto;
su mano izquierda, que debía sostener la balanza,
a menudo la dejaba caer, sobornada con oro
… El curioso resultado es que mientras
cada parte estaba llena de vicios,
sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.

Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta, no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo.

Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:

Pero, ¡oh, dioses, qué consternación!
¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio!
Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio,
porque ya muy a gusto pagaban los deudores.
… Quienes no tenían razón enmudecieron,
… con lo cual nada podía medrar menos
que los abogados en un panal honrado.
… La Justicia, no siendo ya requerida su presencia,
con su séquito y pompa se marchó.
Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas,
luego los carceleros, torneros y guardianes.
… Todos los ineptos, o quienes sabían
que sus servicios no eran indispensables se marcharon;
no había ya ocupación para tantos.
… ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved
cómo concuerdan honradez y comercio!

Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.

Sevilla, 11/IV/2010

(1) García-Trevijano, Carmen (1994). El reverso de la utopía. Actualidad de «la fabula de las abejas» de Bernardo de Mandeville. Psicología Política, 9, 7-20.

NOTA: La imagen utilizada en este post fue recuperada el 10 de abril de 2010 de: http://www.infoagro.com/noticias/2008/5/1458_agricultura_abre_plazo_solicitar_ayudas_al_fomento.asp

Necesitamos grandes alamedas de libertad

salvador-allende

Salvador Allende y su esposa, Tencha Bussi, en 1971 junto a sus nietas Marcia Tambutti y Maya Fernández (1)

Se cumple hoy el 45 aniversario del inicio del golpe de estado en Chile. Creo que no he faltado un solo año a este recuerdo en mi persona de secreto. No lo olvido a pesar del tiempo transcurrido. He crecido con el desgarro de esta noticia en el momento que ocurrió, en mis años jóvenes; he grabado a fuego en mi cerebro las últimas palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda, examinándolas todas y quedándome con todo lo bueno que hay en ellas; he seguido de cerca a los embajadores de la cultura chilena en el exilio, el grupo Quilapayún, aprendiendo con ellos que el pueblo unido jamás será vencido y que con el amor y el sufrimiento se aúnan las voluntades para construir un mundo mejor, como clamaban a su cielo particular en la cantata de Santa María de Iquique. También, sé que para pasear por las grandes alamedas como personas libres, tenemos que juntar las manos con las de otros para abrir murallas reales y virtuales.

Cuarenta y cinco años después…, no lo olvido.

Sevilla, 11 de septiembre de 2018

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Grandes alamedas para personas libres

Horas antes de finalizar este día, cargado de recuerdos amargos para la humanidad, por el terrible atentado de las Torres Gemelas en 2001, deseo recordar también que hoy se cumplen 43 años del golpe de estado en Chile. Las palabras de Allende desde el Palacio de la Moneda en la capital, horas antes de su fallecimiento, sigo leyéndolas e interiorizándolas en muchas ocasiones en su sentido más positivo, a pesar de la tragedia popular que supuso el sangriento golpe militar dirigido por el general Pinochet: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

Marcia Tambutti, nieta del Presidente Allende, ha dirigido un documental, Allende, mi abuelo Allende, que ha supuesto una aportación fundamental para conocer de forma más cercana al presidente tristemente fallecido y que me permitirá conocer aspectos humanos de un líder carismático de mi persona de secreto: “En un relato conmovedor y honesto, es la primera investigación sobre Allende realizada desde el círculo íntimo del mandatario y está hecha sobre la base de 32 entrevistas a personas que lo conocieron de cerca. Son todos testimonios inéditos, como el de Tencha Bussi de Allende, la viuda del Presidente fallecida en junio de 2009, cuando el filme estaba en plena confección. La realizadora también logra hacer hablar a su tía Carmen Paz Allende Bussi, la primogénita del mandatario, que vive en Santiago y que por décadas ha cultivado un bajo perfil, alejado de la prensa. Sentada en el patio de la casa de calle Guardia Vieja de la capital chilena, la vivienda familiar desde 1953 decorada como si el tiempo no hubiese pasado, Tambutti explica que el hecho de que ella estuviera preparada para desempolvar recuerdos, no significaba que su familia también. “Me faltó abuelo, quería saber más de él. Lejos del exhibicionismo y desde el cariño más profundo, a través de este documental me propuse entender las razones de este silencio, que se explica en una inmensa parte por la existencia de episodios dolorosos” (2).

No he olvidado nunca las palabras de Allende y con esta breve reflexión quiero contribuir a no participar en los silencios cómplices de los olvidos, a respetar su memoria y las de miles de chilenos desaparecidos y torturados en la larga dictadura de Pinochet, sobre todo porque paseamos hoy en muchos lugares del mundo, también en España, por grandes alamedas de libertad en las que él soñó, aunque quede mucho por hacer y conseguir. Como decía en 2013, en un post que aprecio y que escribí con ocasión del 40 aniversario del golpe de estado chileno, Ardiente im-paciencia, estas palabras suyas las he seguido sabiendo y practicando, sin ninguna duda. Es mi pequeño homenaje a Salvador Allende y al pueblo chileno, hoy y siempre.

Sevilla, 11/IX/2016

(1) La imagen se ha recuperado hoy de: http://allendemiabueloallende.cl/

(2) Montes, Rocío (2015, 1 de marzo). El Tabú de Salvador Allende. El País.com.

Debemos cuidar el alma

ARTE DE CALLAR
Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio

Abate Dinouart. Principio 1º, necesario para callar.

Una de las bondades que ofrece el mes de agosto es la de cuidar el alma con la lectura de libros. Recuerdo que sobre las estanterías o nichos (bibliotecas, en griego) donde se colocaban los rollos de papiros que se podían leer en la Biblioteca de Alejandría, figuraba siempre un letrero sobrecogedor: lugar del cuidado del alma o más exactamente “Clínicas del alma”, tal y como nos lo ha transmitido el historiador siciliano Diodoro de Sículo en el siglo I a.C.

Leer es un acto artístico en el sentido más profundo del arte y hay que “saber hacerlo”, tal y como lo expresaba mi maestro Alberto Manguel en un artículo en el que distinguía bien la acción de consumir de la de leer: “Pero ¿qué queremos decir con “saber leer”? Conocer el alfabeto y las reglas gramaticales básicas de nuestro idioma, y con estas habilidades descifrar un texto, una noticia en un periódico, un cartel publicitario, un manual de instrucciones… Pero existe otra etapa de este aprendizaje, y es ésta la que verdaderamente nos convierte en lectores. Ocurre algunas afortunadas veces, cuando un texto lo permite, y entonces la lectura nos lleva a explorar más profunda y extensamente el texto escrito, revelándonos nuestras propias experiencias esenciales y nuestros temores secretos, puestos en palabras para hacerlos realmente nuestros” (1).

Siempre he pensado que la lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida que los demás no llegarán nunca a descifrar.

Cuando la lectura cuida el alma, suele estar acompañada siempre del silencio, del arte de callar, en la clave preciosa que un día aprendí de Joseph Antoine de Dinouart, en su libro muy cuidado (2) sobre este arte tan peculiar, el de callar, que regalo con frecuencia y donde todo el secreto se encierra, como los mandamientos, en un gran principio primero: solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio. Mientras…, leo para cuidar el alma.

Es verdad. Hay silencios al leer que hablan por sí solos y que cuidan con mimo nuestra alma. Es el motivo principal de por qué se hace imprescindible proclamar la necesidad de la lectura como medio de descubrimiento de la palabra articulada en frases preciosas, cuando lo que se lee nos permite comprender la capacidad humana de aprehender la realidad de la palabra escrita o hablada. Maravillosa experiencia que se convierte en arte cuando la cuidamos en el día a día, aunque paradójicamente tengamos que aprender el arte de leer siendo mayores, porque la realidad amarga es que no lo sabemos hacer. Quizá podamos hacerlo en este mes, en un agosto callado y perfecto, sobre todo para que no enfermemos del alma.

He vuelto a leer la página 53 del arte de callar, en el que el abad Dinouart cita el último principio necesario para callar, el 14º: “El silencio es necesario en muchas ocasiones, pero siempre hay que ser sincero; se pueden retener algunos pensamientos, pero no debe disfrazarse ninguno. Hay formas de callar sin cerrar el corazón; de ser discreto, sin ser sombrío y taciturno; de ocultar algunas verdades sin cubrirlas de mentiras”. En definitiva, cuido mi alma leyéndolo de nuevo para animarme a denunciar los silencios cómplices que tanto daño hacen a los que menos tienen en este mes de agosto, con el arte de leer la vida que a cada uno dios nos da. Por ejemplo, cuando leemos y vemos lo que está pasando con los 67 menores no acompañados, de Eritrea y Somalia, junto a las restantes personas rescatadas, que siguen embarcados en el Aquarius, en el mar Mediterráneo, por la actual deriva política europea sobre la interpretación jurídica de a quién le toca ahora ofrecer el mejor y más solidario “puerto seguro” ante una situación social de silencio público tan dolorosa y explosiva.

Sevilla, 14/VIII/2018

(1) Manguel, Alberto (2015, 18 de abril). Consumidores, no lectores. El País, Babelia, p. 7.
(2) Dinouart, Joseph Antoine (2003). El arte de callar. Madrid: Siruela, p. 53 (4ª ed.).

HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / y 9. Un poeta imaginario: Nicanor Parra

PODCAST 17: HAGAMOS UN AGOSTO DIFERENTE / y 9. Un poeta imaginario: Nicanor Parra

El pasado 23 de enero falleció a los 103 años, en su querida tierra chilena, el antipoeta Nicanor Parra, al que dediqué en 2014 unas palabras en este cuaderno digital que busca islas desconocidas de compromiso activo, que vuelvo a publicar. Comprendo hoy, mejor que nunca, las palabras que un día ya lejano, dando gracias a la vida, le dedicó a su hermana Violeta Parra, cuando falleció en 1967:

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar
a bailar
a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
una canción
Es lo que pido.

Hago mías estas palabras en aquel día triste para el mundo de la libertad viva. Es lo que le pido también a Nicanor Parra en la montaña rusa en la que siempre estuvo instalado, dando gracias a la vida, que nos ha dado tanto, en la que estamos perdidos, a veces, yendo del timbo al tambo.

Sevilla, 12/VIII/2018

Culmino hoy esta serie dedicada a un mes especial, que he querido tratar de forma diferente. Agosto es siempre una oportunidad de descanso activo para muchas personas, mientras otras lo aprovechan en sus negocios buscando que sea también especial, haciendo probablemente su agosto particular. He pretendido a través de estos post resaltar lo que hacen algunas personas en Agosto, o lo que han hecho, aportando vidas ejemplares desde diversas ópticas de interpretación de lo que merece la pena destacar en la rutina diaria, resaltando la importancia del aprendizaje de personas que aportan muchas cosas a la vida, sobre todo su forma de pensar diferente, sin ruido ni alharacas, su forma de ser y estar en el mundo. Finalizo hoy dando gracias a la vida por poder escribir pensando en lo que nos puede interesar de los demás, en un mes a veces anodino pero que también puede ser una oportunidad de vivirlo de forma diferente, positiva, lejos del ruido infernal que nos produce el sinsentido humano de guerras, corrupción y desencanto pasivo.

El próximo 5 de septiembre cumplirá cien años el poeta Nicanor Parra. Es verdad que su obra no ha sido una lectura personal habitual, solo recordada con motivo del Premio Cervantes que recibió en 2011, que me permitió volver a la lectura compleja de la antipoesía que representa, comprometido sobre todo con la contradicción de la vida, porque para él es una fuerza que le permite seguir viviendo, conduciendo su viejo coche del pueblo (Volkswagen), camino de un lugar muy querido para él: Las Cruces. Y esa forma de pensar, de transgredir la vida instalada, me sorprendió siempre, tanto como el crucifijo que preside el salón principal de la biblioteca que lleva su nombre en la Universidad Diego Portales, con una inscripción memorable escrita a mano en un cartel rutinario: “Voy y vuelvo”.

“Yo me preguntaba por qué cresta los poetas hablaban de una forma y escribían de otra. ¿Por qué utilizan esa jerga que se llama lenguaje poético y que no tiene nada que ver con el lenguaje de la realidad?». Lo resolvió con un poema inolvidable:

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.

Y muere casi de forma contemporánea al esplendor de su obra, en 1967, su hermana Violeta Parra, una extraordinaria mujer que siempre recuerdo en una canción grabada en mi persona de secreto, que daba gracias a la vida por sus dos luceros, por el oído, el sonido, el abecedario, sus pies cansados, el corazón, la risa, el llanto:

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
Perfecto distingo lo negro del blanco,
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
Graba noche y día grillos y canarios;
Martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
Y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
Con él las palabras que pienso y declaro:
Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
La ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
Con ellos anduve ciudades y charcos,
Playas y desiertos, montañas y llanos,
Y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano;
Cuando miro el bueno tan lejos del malo,
Cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
Los dos materiales que forman mi canto,
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos, que es mi propio canto.

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Comprendo más que nunca que un día le dedicara su hermano estas hermosas palabras:

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar
a bailar
a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
una canción
Es lo que pido.

Probablemente se pare un día la montaña rusa de su poesía, solo cuando no la pueda interpretar él directamente, aunque hayamos aprendido de su testimonio vital que hay que mantenerla viva, transmitiendo la cruda realidad, sin palabras artificiales, recurriendo sin descanso a su canto con la imaginación más bella, para que no termine ni se olvide nunca, para que cuando cumpla ahora cien años pueda bailarla al ritmo de una cueca, porque todavía va y viene por su vida de todos, por la de secreto. Poniendo música a su persona imaginaria, a la que a todos nos gustaría copiar algún día:

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Sevilla, 31/VIII/2014

THE END

La librería de las niñas rebeldes

LIBRERIA SAN MARCOS1

Librería San Marcos, Plaza de San Marcos – Sevilla / JA COBEÑA

¿Estamos dispuestos a cambiar lo mejor de nuestra forma de ser para gustar a los demás? ¿Vale la pena?

En Yo voy conmigo, de Raquel Díaz Reguera

Sevilla tiene rincones especiales y así lo han reconocido escritores de fama mundial. Recuerdo ahora a Stefan Zweig cuando en su visita a Sevilla en 1905 dijo que “Aquí se puede ser feliz”. Lo leí en unas páginas dedicadas a esta ciudad en un libro suyo muy interesante, De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia (1), escritas por un joven de veinticuatro años, buscando rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen. Tampoco olvido sus contrapuntos en el siglo en el que despertaba la ciudad a un mundo nuevo: “Hay ciudades en las que nunca se está por primera vez. Deambulas por sus calles desconocidas y sientes como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, te llamaran voces amigas. Su rostro -porque las ciudades pueden ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas- te suena de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción. Y Sevilla es así”. Y nos une a Salzburgo, a Mozart, declarando a ambas “ciudades gemelas”. Cuando avanza en este hermanamiento (que alguna vez habría que honrar), aborda una cuestión dolorosa en la historia de Sevilla: “La vida parece tener aquí un ritmo más veloz, y las personas la sangre más viva; en ningún lugar hay más estómagos hambrientos que en Andalucía y, aun así, Sevilla brilla con su portentoso colorido, resplandece de alegría y nos saluda con miles de banderas. Aquí ser puede ser feliz”.

Esta mañana he entrado en el barrio de San Gil por la antigua calle Real, buscando esa felicidad que pregonó Zweig de Sevilla a los cuatro vientos de un mundo convulso y me he encontrado de nuevo con una librería feliz, dedicada a las niñas rebeldes, que conozco bien, con una seña de identidad dedicada a la plaza de su mismo nombre, San Marcos y con un escaparate ilusionante para leer historias de niñas especiales que un día quisieron ser diferentes. Estaba hoy cerrada por vacaciones del cuerpo, pero abierta a la actividad de almas inquietas. Los títulos reflejaban su forma de vender ilusiones para cambiar este mundo en un esfuerzo de barrio por mostrar a los cuatro vientos de Zweig que las niñas tienen que aprender, leyendo, a ser rebeldes.

LIBRERIA SAN MARCOS2b

Cierre metálico de la entrada a la librería San Marcos, Plaza de San Marcos-Sevilla / JA COBEÑA

Hay cuentos por doquier, pero de títulos y autoras no inocentes. También pequeñas postales con historias de mujeres rebeldes, colgadas de un cordel con pequeñas pinzas como si fuese una alegoría de ropa tendida para todos o aviso, para navegantes, de que otro mundo es posible. Es una maravilla quedarte minutos o el tiempo que haga falta delante de su escaparate para comprender el esfuerzo de sus dueñas para hacerte llegar mensajes diferentes en un mercado literario que no tiene compasión.

LIBRERIA SAN MARCOS3

Mensaje en el interior de la librería San Marcos / JA COBEÑA

He repasado algunos títulos y he comprendido que queda mucho por leer sobre literatura de mujeres extraordinarias, imprescindibles, que escriben sobre la peligrosidad de ser libres, rebeldes. He anotado algunos que forman ya parte de una cesta de la compra que tengo dedicada a estos menesteres: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, Yo voy conmigo y Blue y el secreto de las lágrimas, entre otros muchos, apasionantes. Por si les interesa, como miembros de un improvisado Club de la Curiosidad Digna de Niñas Rebeldes, con sede aquí, en Sevilla, donde enseñan que las niñas rebeldes pueden ser felices.

Sevilla, 10/VIII/2018

(1) Zweig, Stefan (2015). De viaje II: Francia, España, Argelia e Italia. Madrid: Sequitur.