Mozart nos permite soñar despiertos en Navidad

MOZART: SOÑAR DESPIERTOS

Sevilla, 22/XII/2024

Dedicado una vez más a mis nietos, para hacer posibles sus sueños, porque necesito seguir aprendiendo de ellos su forma de soñar despiertos.

La navidad actual de mercado, que vengo denunciando en este cuaderno digital desde hace años, tan lejos de su esencia histórica, es la que Gabriel García Márquez describía en un artículo extraordinario publicado en el diario El Pais, en 1980, como un tiempo en el que por la irrupción del poder del mercado lo que se celebra realmente es “[…] la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones” y donde es probable que los niños del mundo, por la presencia omnímoda de Papá Noel, pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”. Por este motivo, entrego de nuevo estas palabras a modo de regalo diferente, con estela, lejos de la mercadería navideña, a quien quiera escuchar su mensaje de fondo.

En este mundo al revés, la música puede ser  compañera en la alegría y medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum), tal y como aparece en la tapa de mi clave, una frase que desde la edad media conmueve al alma humana que se aproxima a la música. Es por ello por lo que creo, de nuevo, que podría ser una oportunidad en estos días próximos, navideños por decreto, para conocer a Mozart en su trayectoria vital y soñar despiertos con él a través de composiciones magistrales, respetando su cronología de creación, en las que he seleccionado movimientos serenos, sobre todo andantes, andantinos y adagios, que inspiran tranquilidad, confianza y esperanza en cada presente y para animarnos a «frecuentar el futuro» más optimista, como pesimistas bien informados, siguiendo de cerca al Señor Pereira, de Tabucchi (Sostiene Pereira) y el haiku 123 de Benedetti (Rincón de Haikus), por supuesto.

Confieso de nuevo una debilidad que tuve a la hora de componer esta lista de obras, playlist en términos actuales, que tiene una intrahistoria especial de amor a mis nietos, a sus sueños. Elegí movimientos de conciertos dirigidos por Nikolaus Harnoncourt, director alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical del genio salzburgués, que siempre llevaba dentro su alma de niño. De ahí la portada del disco que preside estas líneas. Junto al Concentus Musicus Wien, Harnoncourt nos ofrece una selección de movimientos que suenan de forma diferente por su respeto histórico a la forma en que compuso Mozart estas obras y, en muchas ocasiones, con instrumentos del siglo XVIII, rescatados por él para no alterar la esencia de las partituras, analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Incorporo también una breve descripción del año y motivo de su composición para contextualizar cada obra en el mundo interior de Mozart. En este año, hago una llamada de atención especial en la composición que figura en 4º lugar, el Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el “Grammy” de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Escucharlo es un homenaje y reconocimiento a Lucas Macías, a quien admiro, por su nombramiento como nuevo director de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, a partir de septiembre de 2025.

Espero que disfruten con esta música de sueños en tiempos tan convulsos como los actuales y les confieso otra debilidad personal: escuchar con cierto recogimiento el Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

PLAYLIST: MOZART: SOÑAR DESPIERTOS

  1. Andante de la Sinfonía número 1, en Si bemol mayor, KV 16: https://youtu.be/NrLnuYvoiy8, que Mozart escribió en su viaje iniciático a Londres, junto a su padre, cuando sólo tenía 8 años (Ver El niño Mozart, artículo de mi blog).  
  2. Andante de la Sinfonía número 25, en Sol menor, KV 183, compuesta con 17 años y bajo la influencia de Haydn, utilizando en esta ocasión cuerdas con sordina: https://youtu.be/eDfEmlLCjdw, dirigida por Harnoncourt e interpretada por la Orquesta Concentus Musicus Wien. Es una obra muy querida por Harnoncourt y que cita de forma continua en sus conversaciones y obras musicales.
  3. Andantino del Concierto para flauta y arpa, KV 299 – 2nd mov., dirigiendo Harnoncourt al Concentus Musicus Wien.Esta obra fue escrita en París, en 1778, cuando Mozart contaba con 22 años. Fue un encargo del Duque de Guines, embajador de Francia en Inglaterra, que nunca pagó al compositor.
  4. Adagio non troppo del Concierto para oboe y orquesta, en Do mayor, KV 314, interpretado al oboe por Lucas Macías, oboísta valverdeño y bajo la dirección de Claudio Abbado. Lucas consiguió el Grammy de 2015 por esta grabación, exactamente el Premio Internacional de la Música Clásica. Este Concierto fue muy controvertido porque hay disparidad de opiniones musicales sobre su origen, dado que Mozart lo compuso, también con 22 años, para oboe y no para flauta como en un principio se creyó, dada la aversión a este instrumento.
  5. Adagio de la Sonata para piano número 12, en Fa mayor, KV 332, conocida como La Parisina número 4, por haberse escrito durante su estancia en París cuando tenía 22 años y en una etapa muy prolífica en su vida: https://youtu.be/Im_JIgP3fJg, interpretada por la excelente pianista Maria João Pires.
  6. Andante de la Sinfonía Concertante in Mi mayor, KV 364, compuesta en 1779 en Salzburgo, de vuelta de su viaje a París, con 23 años: https://youtu.be/5VsO9Ce-7_I, interpretada por el que considero el mejor violinista de los últimos treinta años: Itzhak Perlman, junto a Pinchas Zukerman, con la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta. Es maravilloso en este género Concertante, el diálogo que se establece entre los dos violines y la orquesta.
  7. Andante de la Sonata para 2 Pianos in Re mayor, KV 448, compuesta en Viena en 1781, con 25 años: https://youtu.be/ksUywh3vIgI interpretado por Martha Argerich y Alexandre Rabinovitch. En su estreno, Mozart la tocó junto a Josepha Auerhammer, el 23 de noviembre de 1781.
  8. Andante del Concierto para piano y orquesta, número 21, en Do mayor, KV 467: https://youtu.be/df-eLzao63I, interpretado por la pianista Alicia de Larrocha, junto a la Orquesta Inglesa de Cámara y dirigido por Sir Colin Davis. Esta obra la finalizó Mozart en Viena, el 9 de marzo de 1785, cuando tenía 29 años. Fue una obra exaltada por Albert Einstein en su riguroso estudio sobre Mozart.
  9. Adagio del Concierto para piano, número 23, KV 488: https://youtu.be/vne1E6VH23s, interpretado al piano por Mitsuko Uchida, bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt. Este concierto fue presentado por el autor en Viena, el 7 de abril de 1786, interpretado también por él en una Academia de Cuaresma de ese año, cuando tenía 30 años, con un éxito arrollador.
  10. Adagio del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, compuesto en 1791 por Mozart, el último año de su vida, cuando tenía 35 años: Wolfgang Amadeus Mozart: Clarinet Concerto in A major, K.622. Es una versión que aprecio mucho, interpretada por la Iceland Symphony Orchestra, dirigida por Cornelius Meister y con la intervención de la clarinetista solista Arngunnur Árnadóttir. Para mí, una obra sublime que cierra esta lista elaborada para experimentar sueños diferentes en un tiempo complejo como el actual.

– Guía de audición completa del Concierto (sobre todo, atención al Adagio)

K.622 0:00 – Allegro 0:27 – Adagio 12:58 – Rondo (Allegro) 20:07

– Ver: https://joseantoniocobena.com/2019/06/15/memorias-de-mozart/

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¡Déjame volver a Nazaret, que es lo mío!

Notre Dame de París

Dedicado a los profesionales que salvaron la catedral de Notre Dame de París, del voraz incendio de 2019; a los más de 2000 trabajadores y artesanos, que han logrado el “milagro” humano de reconstruirla en tan sólo cinco años y medio. Igualmente, a los donantes públicos y privados que han hecho posible esta recuperación digna de memoria histórica y democrática.

Sevilla, 10/XII/2024

Pertenezco a una generación que ha leído, en tiempos difíciles de este país, al poeta malagueño Rafael Ballesteros, que describió con bellas palabras la incomprensión humana en el poema Ni yo tampoco entiendo (1975) y que hizo famoso el grupo de canción protesta de mi juventud, Aguaviva, palabras que mantengo intactas en mi persona de secreto:

Ni yo tampoco entiendo si se me abre
el grifo y sale una bala tras otra bala,
si abro la puerta y se nos entra el fusilado
y cierro y se me queda fuera el dedo,
si unto amor en el labio entreabierto y nada,
si miro el muro y todavía distingo los boquetes.
Tampoco entenderé el tiro de gracia,
El tema 83, la democracia,
el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón,
las hambres, el casamiento orgánico.
De este mundo los dos sabemos poco.
Y sin embargo, estamos aquí
obligatoriamente obligados a entenderlo.

En este contexto, presencié el viernes pasado, en la retransmisión oficial de la reapertura de la catedral de Notre-Dame de París, la entrada triunfal de Donald Trump, presidente electo de EE. UU., recibido con todos los honores, sentado en un lugar preferente, a la derecha de Emmanuele Macron, presidente de Francia, en un gesto de alta política pero de difícil y baja comprensión católica, apostólica y romana. Por cierto, muy cerca también de Notre-Dame, Nuestra Señora de París, la gran homenajeada. La pregunta es obvia: ¿qué hacía allí Mr. Trump, en ese acto esencialmente francés, laico, de Estado, si me apuran, más que religioso por más señas, aunque ese fue su sentido más profundo, tal y como como se pudo apreciar a lo largo de la retransmisión? No entendí nada de lo que estaba sucediendo allí, con la presencia de este personaje americano de escasa raigambre de fe en lo divino o en lo humano, como ha demostrado a lo largo de su vida y en su última campaña electoral. Tenía razón Ballesteros y así lo sentí: de este mundo al revés sabemos poco, cada vez menos, pero estamos obligatoriamente obligados a entenderlo.

En este contexto catedralicio, con estas presencias políticas, he recordado, con el debido respeto a los cristianos de corazón y razón, también a los turistas que próximamente la visitarán, a los que llamaba Rafael Alberti, “anónimos tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero a ti (Dios) no te ven por ningún sitio”. Sobre todo, porque viendo el espectáculo del viernes, con la tríada Trump, Macron y Zelensky, a las puertas de Notre-Dame y después figurando en la primera bancada, sigo pensando con Alberti que es mejor bajar al río, que es lo que suplicaba San Pedro, sentado y en bronce inmovilizado, cuando preguntaba a Jesucristo por qué le besaban tanto sus pies gastados en la Basílica de su nombre, porque al fin y al cabo es lo nuestro:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Cuando Nuestra Señora de París vio el pasado viernes en su catedral salvada, tan cerca, a Trump y Elon Musk, junto a Macron, con su “negocio” político como símbolo de este mundo al revés, sintiéndose sola en su agradecimiento pleno a quienes la salvaron del fuego aterrador, junto a su casa, creo que pensó en su alma de secreto algo parecido a lo que dijo San Pedro, en boca de Rafael Alberti:

Di, Jesucristo, ¿Por qué
este espectáculo?

Soy María, aquí sentada,
en mármol inmovilizada,
no puedo mirar a otro lado, que me gustaría hacerlo,
pues no dejo de llorar por lo que estoy contemplando,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame volver a Nazaret;
volver a ser una mujer sencilla, esposa de un carpintero,
que es lo mío
, lo que yo quiero.

En silencio, me retiro a mi clínica del alma, recordando de nuevo el poema de Ballesteros, sobre todo su estrofa final adaptada al signo de los tiempos que corren: De este mundo al revés sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sigue vigente la denuncia que Gabriel García Márquez hizo en 1980 sobre la navidad actual

Sevilla, 7/XII/2024

Hace cinco años, busqué refugio en la literatura para intentar comprender diferentes reflexiones sobre el sentido actual de la navidad, siendo consciente de que a pesar del grito desesperado de rabiosa actualidad, “¡que nos la roban!”, por parte de las derechas ultramontanas, sigue vigente como celebración religiosa con denominación de origen, incluso con más fuerza que nunca, auspiciada por la corriente capitalista, liberal, populista y nacionalista, con apoyos explícitos de la Iglesia católica, apostólica y romana, dirigida de forma no inocente hacia el Gran Mercado Mundial, que sopla en los cuatro puntos cardinales del planeta, comandada por Míster Trump, orgulloso siempre de «haber encabezado la ofensiva contra el asalto a la Navidad». Vaya por delante mi respeto reverencial a las personas de bien que tienen esta creencia navideña y son consecuentes con ella y con lo que representa, no integrados en lo que se ha convertido esta celebración en un mundo cada vez más al revés.

En esta búsqueda literaria, encontré un artículo de Gabriel García Márquez, que vuelvo a comentar y compartir hoy con la Noosfera, la malla pensante de la humanidad según Teilhard de Chardin y Tom Wolfe, publicado en el diario El País, el 24 de diciembre de 1980, que llevaba un título harto preocupante: Estas navidades siniestras. Es verdad que hacía un retrato demoledor de la celebración de la navidad en los países latinoamericanos, pero salvando lo que haya que salvar, creo firmemente que sigue teniendo vigencia absoluta en nuestro país.

Comenzaba de forma implacable: “Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. 954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran”.

El artículo sigue describiendo una realidad irrefutable: la navidad ha perdido su relato histórico para dar paso a la interpretación de una historia brillante por parte del mercado americano. García Márquez reconoce que la navidad latinoamericana era de factura española, con su candidez sencilla y fea a veces: “Antes, cuando sólo teníamos costumbres heredadas de España, los pesebres domésticos eran prodigios de imaginación familiar. El niño Dios era más grande que el buey, las casitas encaramadas en las colinas eran más grandes que la virgen, y nadie se fijaba en anacronismos: el paisaje de Belén era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche más grande que un león que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de tránsito que dirigía un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalén. Encima de todo se ponía una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y un rayo de seda amarilla que había de indicar a los Reyes Magos el camino de la salvación. El resultado era más bien feo, pero se parecía a nosotros, y desde luego era mejor que tantos cuadros primitivos mal copiados del aduanero Rousseau”.

Después analiza el desplazamiento de los regalos del día de Reyes por los del día 25 de diciembre a través de Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás y otras metamorfosis imposibles de impecable factura gringa, nórdica o inglesa: “Todo aquello cambió en los últimos treinta años, mediante una operación comercial de proporciones mundiales que es al mismo tiempo una devastadora agresión cultural. El niño Dios fue destronado por el Santa Claus de los gringos y los ingleses, que es el mismo Papa Noel de los franceses, y a quienes todos conocemos demasiado. Nos llegó con todo: el trineo tirado por un alce, y el abeto cargado de juguetes bajo una fantástica tempestad de nieve. En realidad, este usurpador con nariz de cervecero no es otro que el buen San Nicolás, un santo al que yo quiero mucho porque es el de mi abuelo el coronel, pero que no tiene nada que ver con la Navidad, y mucho menos con la Nochebuena tropical de la América Latina”.

Finaliza el artículo con palabras muy duras afirmando que la fiesta de la Navidad “[…] es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones”. Y continúa con una premonición a modo de profecía, dado que los niños del mundo pueden terminar “[…] por creer de verdad que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos”.

Plácido, 1961, escenas finales – Dirigida por Luis G. Berlanga.

En este contexto recuerdo siempre la película que marcó mi infancia en tierras de Castilla, Plácido (Siente un pobre en su mesa, su título original), dirigida por Luis G. Berlanga y nominada al Óscar de 1962, porque me ayuda a comprender mejor los fastos navideños que nunca me supieron levantar, al igual que la música militar que cantaba Paco Ibáñez o la navidad contada por Gabriel García Márquez. En aquella película el guion no tenía desperdicio y Rafael Azcona lo sabía. Con motivo de la promoción de las ollas Cocinex, la burguesía -donde reside la clave del dinero y el buen hacer- se puede llevar a casa por una noche a grandes artistas, como el lote de “la más prometedora promesa de nuestro cine, Maruja Collado y el niño cantor Paquito Yepes”. Además, por la buena causa de “cene con un pobre”, la gente de clase media y alta puede elegir entre los ancianos del asilo o los pobres de la calle. Y se retransmite en directo una cena en la casa de la presidenta de la Comisión de Damas que es la que organiza esta campaña “de maravillosa hermandad, de magnífica caridad o de hondo significado, que une a pobres y a ricos en todos los hogares de la ciudad”. Inconmensurable. Tan real como la vida misma.

Aprovechando la dolorosa ausencia de un maestro del cine de autor, Azcona, comprometido con la vida y la muerte, con la auténtica Navidad de cualquier año, publiqué en 2008 que “hoy, pueden cambiar los actores, el decorado, incluso los pobres, y seguro que no habrá problema alguno de patrocinadores. Menos, probablemente, la nueva clase de nuevas ricas y de nuevos ricos que asola el país, en todas las proyecciones de supuesta riqueza posible, dispuestos a sentar a los nuevos pobres en sus mesas, como maravillosa y nueva hermandad, pero sin que cambie un ápice su patrimonio mental, personal, familiar y social, asentado todo en la falta de educación ciudadana y en la mayor de las pobrezas: la autosuficiencia basada en el des-conocimiento [sic]. Pero Rafael Azcona, desde donde quiera que esté, puede volver a escribir un guion utilizando el mismo discurso porque la doble moral sigue campando por sus respetos. Digo moral y no ética, porque esta última sigue, con perdón, sin saberse qué es, como gran desconocida que fundamenta todos los actos humanos, constituyéndose en el suelo firme de la vida, la solería de nuestra existencia. Berlanga y Azcona lo resumieron maravillosamente en la letra desgarradora y trucada (¿dónde estaba el censor de turno?) del villancico final de la película: en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá.

Canté este villancico en muchas navidades blancas y con noches de paz y de amor sin darme cuenta de lo que decía. García Márquez tenía razón.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

En estos momentos de turbación democrática, sigo queriendo a la Constitución como para leerla cada día

Noray en el puerto de Punta Calero (Lanzarote), con la sombra imaginaria de La isla desconocida / JA COBEÑA

Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio…

Mario Benedetti, Te quiero sin mirar atrás

Sevilla, 6 de Diciembre de 2024, Día de la Constitución en España

Un año más, pero como si fuese el ayer de la Transición en este país, me aferro a la Constitución como si fuera el noray para barcos, cuando se amarran a él para asegurar su permanencia en el puerto con todas las garantías, sobre todo para protegerlos de oleajes procelosos como los de la vida misma o en estos momentos tan cruciales para este país. Es un símbolo que me emociona siempre y los observo en mis incursiones en puertos seguros imaginarios cada vez que recalo en ellos con mi «Isla Desconocida» que, un día ya lejano, me regaló José Saramago en un cuento inolvidable.

Hoy, cuando se cumple el 46 aniversario de nuestra Constitución, vuelvo a utilizar las palabras que me quedan en mi persona de secreto y en la de todos, escritas el año pasado, también el anterior y… siempre, desde 1978, recordando este día tan especial para la convivencia en este país. La Constitución se aprobó por las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978, y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.

La Constitución es la base de la identidad del Estado. Así lo vivo y así lo he expresado en varias ocasiones en este cuaderno digital. Es uno de mis principios políticos como ciudadano demócrata en tiempos muy modernos, de turbación, en los que siempre he creído que se pueden hacer mudanzas intelectuales. Además, si no gustan en la actualidad a muchos recién llegados a la política activa o a los pasados de rosca, que haberlos haylos, lo siento porque no tengo otros (a diferencia del gran aserto de Groucho Marx). Para ello, vuelvo a leer reflexiones mías elaboradas y dedicadas a Aristóteles en mi rincón de pensar, que nos dejó un tratado de Política con mayúsculas, gran ausente en estos tiempos de cólera independentista y desconcierto por los evidentes desajustes territoriales en este país. He vuelto a leer el libro tercero de esta magna obra, que se refiere a la relación del Estado con los ciudadanos y, más en concreto, a la teoría de los gobiernos y de la soberanía, porque recordaba que en ese texto se encontraba una frase que habría que grabar en el Congreso con letras de oro: a la Constitución es a la que debe atenderse [siempre] para resolver sobre la identidad del Estado.

No hay que despreciar el contexto en la que lo escribe: “Pero admitamos que el mismo lugar continúa siendo habitado por los mismos individuos. Entonces ¿es posible sostener, en tanto que la raza de los habitantes sea la misma, que el Estado es idéntico, a pesar de la continua alternativa de muertes y de nacimientos, lo mismo que se reconoce la identidad de los ríos y de las fuentes por más que sus ondas se renueven y corran perpetuamente? ¿O más bien debe decirse que sólo los hombres subsisten y que el Estado cambia? Si el Estado es efectivamente una especie de asociación; si es una asociación de ciudadanos que obedecen a una misma constitución, mudando esta constitución y modificándose en su forma, se sigue necesariamente, al parecer, que el Estado no queda idéntico; es como el coro que, al tener lugar sucesivamente en la comedia y en la tragedia, cambia para nosotros, por más que se componga de los mismos cantores. Esta observación se aplica igualmente a toda asociación, a todo sistema que se supone cambiado cuando la especie de combinación cambia también; sucede lo que con la armonía, en la que los mismos sonidos pueden dar lugar, ya al tono dórico, ya al tono frigio. Si esto es cierto, a la constitución es a la que debe atenderse para resolver sobre la identidad del Estado. Puede suceder por otra parte, que reciba una denominación diferente, subsistiendo los mismos individuos que le componen, o que conserve su primera denominación a pesar del cambio radical de sus individuos” (1).

Salvando lo que haya que salvar, mutatis mutandis, es impecable el análisis. Todo cambia y nada permanece (panta rei), siguiendo el adagio de Heráclito de Éfeso. Es verdad. Quienes no se adaptan a los entornos cambiantes, sufren mucho porque pierden seguridad en el quehacer y “quesentir” (perdón por el neologismo) de todos los días. En España, ante la realidad tan controvertida de Cataluña, por ejemplo, reaccionamos en su momento tarde y mal, agarrándonos a la Constitución como un clavo ardiendo, en su artículo más conflictivo, el 151, olvidando la potestad democrática del Estado cuando hay que indultar o amnistiar actos políticos complejos, en lugar de entenderla como un noray al que se deben asegurar los cabos democráticos cuando llegamos de la alta mar de los conflictos o del que hay que quitarlos para poder navegar en mares abiertos de progreso y libertad. La historia demuestra que esta realidad viene de antiguo, desde la etapa presocrática, cuando Heráclito pretendió que las personas dignas nos acostumbráramos a pensar que todo fluye y que nada permanece, como actitud vital, incluso las Constituciones, porque solo hay que pensar en una imagen preciosa: nadie se baña dos veces en el mismo río o en el mismo mar. Porque no controlamos la perpetuidad de lo que hacemos, vivimos, somos, sentimos y conocemos. Es verdad, porque si comprendiéramos estas palabras excelentes de Aristóteles en su tratado más político, pueden cambiar las asociaciones de ciudadanos (el que quiera entender que entienda), las Comunidades, la Constitución, pero hay un magma que aglutina todo, la propia Constitución, que es a la que debe atenderse siempre para resolver sobre la identidad del Estado. Aunque haya un cambio, incluso radical, de los individuos y las organizaciones en las que se integran, que son los que componen el Estado.

Finalmente, vuelvo a analizar también unas palabras esclarecedoras de lo anteriormente expuesto, que se encuentran en el referido capítulo IV del libro tercero de Política: “todas las constituciones hechas en vista del interés general, son puras, porque practican rigurosamente la justicia; y todas las que sólo tienen en cuenta el interés personal de los gobernantes, están viciadas en su base, y no son más que una corrupción de las buenas constituciones; ellas se aproximan al poder del señor sobre el esclavo, siendo así que la ciudad no es más que una asociación de hombres libres”. Dicho queda por Aristóteles hace muchos siglos y por Baltasar Gracián después: lo breve, si bueno, dos veces bueno.

Es verdad, quiero a la Constitución como para seguir leyéndola cada día, cada nochecomo mi libro favorito, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio. No la olvido en uno de los marcapáginas que utilizo en el libro de mi vida. El país en general, Cataluña, País Vasco y los brotes del nacionalismo en general, a lo que deben aspirar siempre es a ser asociaciones de personas libres articulada por la Constitución, una Asociación escrita y hecha en vista exclusiva del interés general

(1) Aristóteles. Política · libro tercero. Del Estado y del ciudadano. Teoría de los gobiernos y de la soberanía. Del reinado.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La pintura que figura este año en el décimo de Navidad, es una obra incautada y protegida durante la guerra civil

Sevilla, 5/XII/2024

La Natividad, obra pictórica de Francisco de Osona (Valencia, 1465 – Valencia, 1514 y de Rodrigo de Osona (Valencia, 1440 – Valencia, 1518), que figura este año en el décimo de la lotería de Navidad, es una obra incautada y protegida durante la guerra civil, considerada en la actualidad como “huérfana”, según se detalla en la ficha técnica del Museo Nacional del Prado, actual entidad depositaria de la misma.

La obra escogida este año es un óleo sobre tabla, realizada en 1490 (Ca.), no expuesta en el Museo, en el que “la Virgen María y San José oran de rodillas junto a Jesús recién nacido, acompañados por tres ángeles que arropan al Niño. Tres pastores se asoman desde el exterior por las ruinas del portal y, al fondo, quedan representados el buey y la mula. Tanto el paisaje idílico, como las arquitecturas típicas de las ciudades del norte de Europa, la composición, los colores gris azulados utilizados y el hieratismo de las figuras con ropas de pliegues acartonados, remiten al estilo hispanoflamenco en el que inicia su formación Rodrigo y que asimila su hijo Francisco. Esta obra es compañera de La Adoración de los Magos (P2835), también conservada en las colecciones del Museo del Prado. Probablemente proceden del retablo mayor de la iglesia de Santa María de Alicante”.

La Natividad (detalle), Francisco de Osona (Valencia, 1465 – Valencia, 1514) y de Rodrigo de Osona (Valencia, 1440 – Valencia, 1518)

Para identificar su procedencia, el Museo señala lo siguiente: “Gonzalo Rodríguez, calle Serrano 100, 1º derecha, Madrid, 1937; Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, 1937; Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, 1941”. Intervinieron en la misma dos instituciones, la primera de la parte republicana y la segunda de la parte vencedora de la guerra, franquista, sin que hasta la fecha se haya podido devolver a su legítimo dueño o herederos. Así figura en la actualidad, depositado en el Museo del Prado desde 1937, con el número 19643 y desde 1941, con el número de inventario 1718 y con identificación fotográfica número 10889, que figura también en tiza en la trasera del cuadro. Hoy día figura en la Base de datos del Museo con la identificación, P02834. Es curioso verificar el documento de entrega al Museo del Prado de este cuadro, entre otros, el 13 de octubre de 1941, por parte de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional, organismo franquista por excelencia, en el que figura en el texto oficial de entrega en calidad de depósito, una frase final tachada nada inocente: «Depósito, Museo del Prado, de los objetos que a continuación se relacionan, los cuales juro por Dios y por su honor reconocer como de su absoluta propiedad«.

En este contexto, es relevante señalar que gracias a un estudio iniciado en 2022 por el Museo, esta obra figura entre las 70 que se encuentran en sus fondos procedentes de incautaciones durante la guerra civil (1936-1939), a las que se podrían sumar, tras una investigación interna, 7 medallas y 89 dibujos cuya procedencia en origen es desconocida. El resultado de este estudio se mostró en una exposición del Museo llevada a cabo en el mes de marzo del año pasado, Obras incautadas. Un proceso abierto, cuya sinopsis oficial recomiendo leer atentamente: «Desde hace tiempo el Museo del Prado viene revisando las obras de su colección procedentes de depósitos de la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico, encargada de recopilar y almacenar obras de arte de particulares e instituciones religiosas para su salvaguarda durante la Guerra Civil, o por el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, que se ocupó de la devolución de estos objetos en la posguerra. Muchos bienes culturales depositados no pudieron retornar a sus dueños porque estos no lograron acreditar la propiedad, habían fallecido, se encontraban exiliados, habían sido represaliados o simplemente eran desconocidos por no haber quedado registrados sus nombres en las actas de incautación. Por dichos motivos, parte de estos fondos huérfanos, principalmente pinturas, permanecieron en el Museo del Prado, en el de Arte Moderno o en otras instituciones museísticas. […] Los datos de procedencia, obtenidos tras la consulta de documentos de archivo o de las etiquetas y anotaciones presentes en los reversos de las piezas, han permitido trazar el periplo de estos objetos artísticos, información que el Museo del Prado pone a disposición de investigadores y ciudadanía a través de su página web».

El cuadro escogido este año para ser reproducido en el décimo de lotería de Navidad, está considerado como «huérfano», pero con su intrahistoria dentro, porque no se devolvió a su legítimo dueño. Para conocer con detalle la procedencia y línea de tiempo desde la incautación hasta el momento actual, es importante leer el informe Las obras incautadas durante la guerra civil y la posguerra en los fondos del Museo del Prado, elaborado por Arturo Colorado Castellary, Catedrático y Profesor Emérito UCM, con la participación en el equipo de investigación de Alberto García Alberti e Ignacio González Panicello, donde en la página 34 se describen todos los pormenores de la incautación, reflejándose algo muy importante sobre la situación real del cuadro, dado que esta obra “fue entregada por el Sdpan [Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional] el 13/10/1941. El acta de entrega especifica título, foto y referencia del Libro 3 de la JTA [Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico] (1964), que confirma esta procedencia. No existe acta de devolución del Sdpan a nombre de Gonzalo Rodríguez”. La última frase, destacada por mí en negrita, certifica que la obra permanece «huérfana», es decir, no se ha devuelto todavía a su legítimo propietario. Una hipótesis que habría que estudiar a fondo sería la localización del segundo apellido de la persona propietaria del cuadro, porque en ese año era muy conocido un psiquiatra que vivía en Madrid, Gonzalo Rodríguez Lafora, de ideología republicana, que motivó su exilio, siendo probable que entregara a la Junta de Incautación y Protección, los dos cuadros de Francisco y Rodrigo de Osona, uno de ellos «La Natividad», ante las vicisitudes de la guerra civil, siendo difícil su devolución por su deriva republicana, motivo que en muchos casos se esgrimió por la dictadura franquista para no proceder a las devoluciones legítimas, quedando incautados en depósitos del país y ocultos para siempre. Repito, que sería una interesante hipótesis de trabajo.

Creo que al buen entendedor con pocas palabras basta para comprender la intrahistoria, no inocente por supuesto, del cuadro reproducido en el décimo de lotería de Navidad de este año. Acostumbrado en mi vida a ver siempre, si es posible, vasos medio llenos y no medio vacíos, así como a no confundir nunca, como todo necio, valor y precio, me quedo hoy con una reflexión sobre este hecho más allá del precio a pagar por cada décimo o participaciones del mismo, dado que hoy podemos disfrutar de la obra pintada en el siglo XV por un padre y un hijo, valencianos por más señas, Francisco de Osona y Rodrigo de Osona, con el valor de poder disfrutar de esta obra de pintores naturales de una región muy dañada por la DANA de octubre pasado, entregada hoy a millones de personas para que la orfandad de la obra se supla con la ilusión de millones de compradores de lotería de navidad, al contemplarla a través de 193 millones de décimos, en busca de sueños de suerte y felicidad a raudales. También, en el fondo, viviendo este hecho con una cierta sorpresa al descubrir mediante estas palabras de su intrahistoria, que nos quedan, la procedencia del cuadro, un homenaje a la transparencia de la memoria democrática sobre lo ocurrido en la guerra civil, que hoy, simbolizada en La Natividad, como obra pictórica incautada o protegida y no devuelta a su legítimo dueño, nos recuerda momentos trágicos de este país, tan dual, tan cainita, sobre algo que nunca debió ocurrir desde la perspectiva democrática. Para que no se olvide, ni siquiera en el momento de contemplar La Natividad, en los 193 millones de décimos de la lotería de Navidad editados este año. De forma simbólica, se podrá hacer, como «dueños» legítimos del cuadro, por su valor, no sólo por su precio, por la intrahistoria que lleva dentro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Un nuevo encuentro, en Sevilla, con Artemisia Gentileschi

Sevilla, 3/XII/2024

En un mercadillo solidario de libros de segunda mano, volví a encontrarme la semana pasada con la pintora barroca Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654), a través de un libro canónico de ficción sobre su vida y obra, Artemisia (Versal, 1992), escrito por Anna Banti y con un Prólogo y una traducción cuidada de Carmen Romero, filóloga y en aquel año diputada por Cádiz y esposa del presidente del Gobierno Felipe González.

Quien está cerca de la lectura de este cuaderno digital, sabe que no es la primera vez que escribo sobre esta excelente pintora, a la que he dedicado palabras especiales en torno a una obra, María Magdalena, como la melancolía, que forma parte del fondo pictórico del Museo de la Catedral de Sevilla.

Cogí el libro inmediatamente de la mesa de exposición y deposité la cantidad fijada para fines solidarios. Me detuve un momento para hojearlo y una vez más, al igual que me ha pasado en situaciones similares descritas en estas páginas, descubrí que ya había tenido un destinatario anterior a través de una dedicatoria autógrafa de la prologuista y traductora Carmen Romero. Cuando me ocurre esto, siento que no me pertenece el libro comprado, pero en esta ocasión he considerado que es un regalo de la economía circular en beneficio de los demás y, en el caso de la autora del libro y su traductora, una forma de mantener viva la dignidad de la Gentileschi, una mujer extraordinaria que sigue siendo un ejemplo a seguir a través de los siglos.

En una entrevista en 2020, con motivo de la celebración de una exposición dedicada a Artemisia en la National Gallery, en Londres, Carmen Romero explicó su admiración por Anna Banti que la llevó a traducir el libro citado, que me ha permitido un nuevo encuentro con la pintora: “Leí también algunos de sus relatos, Le donne muoiono y el último que escribió, Un grido lacerante. La Banti es una personalidad compleja porque comenzó siendo ensayista de arte y acabó en la literatura. Cuando su marido, Roberto Longhi, publicó el ensayo Gentileschi, padre e figlia en 1916 ella supo que tenía que darle una vida a Artemisia. Que el ensayo no lo había dicho todo. Y estuvo entre esos dos campos, el del arte y la literatura, pero fue una figura muy destacada en la vida intelectual de la Florencia de esos años. Y después Artemisia la hizo muy conocida y apreciada en Italia”.

Igualmente, afirmó que traducir este libro no fue por respeto a una novela histórica o un tratado artístico, sino por algo mucho más importante: “Es casi un manifiesto en defensa de Artemisia. Y creí que no podía simplemente disfrutarlo, que tenía que darlo a conocer. Me parecía que una obra que tanta relación guardaba con esa celebración de la mujer que supera todas las barreras escondía un gran tema. Y además era el barroco español, porque era el claroscuro en la pintura, que para los italianos es la herencia española y no lo era porque tiene toda la ascendencia florentina. Al final de su vida ella había vivido en Nápoles, que entonces era española, y allí murió. No podía estar desaparecida. Y la Banti había escrito un buen relato”.

Agradezco este regalo de la vida. En mi relación de lecturas pendientes estaba hasta la semana pasada este libro de Anna Banti, ensalzando la vida y obra de Artemisia Gentileschi. Es verdad que no olvido a esta artista extraordinaria y esta incorporación a mi biblioteca, a mi clínica del alma, me permite reencontrarme con ella para agradecerle su magna obra, sobre todo volver a contemplar su María Magdalena, como la melancolía, tan próxima en mi ciudad, porque con sus trazos he comprendido perfectamente qué significa la melancolía en el ocaso mundial de la democracia, que tanto afecta mi alma de secreto, en tiempos tan difíciles, modernos y convulsos, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Es lo que siento aquí, en Sevilla, cuando contemplo “su” María Magdalena, porque suenan muy bien las palabras de Neruda en ese momento mágico: Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. / Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La vida no es como en las películas, es algo mucho más difícil

Salvatore (Marco Leonardi) y Elena (Agnese Nano), en Cinema Paradiso

Sevilla, 1/XII/2024

Tres años después, he entrado de nuevo en mi filmoteca particular, eligiendo para esta ocasión “Cinema Paradiso”, que siempre me conturba y conmueve, recordando hoy que cuando era muy niño me asomaba al balcón de mi casa en Sevilla y escuchaba voces y música del cercano Cine Ideal, mi Cinema Paradiso particular, imaginándome escenas imaginarias de un niño imaginario.

Por este motivo, vuelvo a publicar hoy las reflexiones que hice en 2021 sobre la quintaesencia de esta maravillosa película, entregándolas a la malla pensante de la humanidad, a la que Teilhard de Chardin llamaba la “Noosfera”. Lo hago como acto responsable para seguir defendiendo la existencia de la vida, porque es bella, así como el compromiso vital que como ciudadanos políticos, en su sentido primigenio, se nos pide a cada uno, cada una para hacerla más amable cada día, convencido de que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil, aunque a veces, como en “Cinema Paradiso”, cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

La vida no es como en las películas, es mucho más difícil

Sevilla, 6/IX/2021

He visto de nuevo Cinema Paradiso, con un sentimiento de necesidad sobre la búsqueda de la terca realidad del amor en la vida de cada uno, viviendo muchas veces como personas ciegas al color de la vida, entendiendo que “la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil”, tal y como lo aprendí de Alfredo, un protagonista inolvidable de esta película grabada en mi filmoteca de secreto. Esa fue la razón del corazón para verla de nuevo, aunque la de la razón era también muy clara: escuchar atentamente los diálogos de la película, sus frases inolvidables que me permitieran entender bien su hilo conductor. Recordaba de visionados anteriores unas palabras de Alfredo, el proyeccionista que hablaba muchas veces a solas con Greta Garbo y Tyrone Power, “como un bobo”, en su querida cabina del Paradiso, dirigidas con profundo amor a Salvatore (Totó), su entrañable amigo: «Cada uno de nosotros debe seguir su estrella. Márchate. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo. No encuentras a quien querías encontrar. Debes ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible. Ahora estás más ciego que yo (…) Márchate. Regresa a Roma. Eres joven, el mundo es tuyo. Yo ya soy viejo. No quiero oírte más ni quiero oír hablar de ti».

Su vida se vería alterada por el romance de juventud con Elena, la hija del banquero de Giancaldo (Sicilia). Salvatore seguía dando vueltas al enigma que un día, paseando su amistad con Alfredo, le planteó desde su ceguera:

– Te contaré una historia. Sólo para ti, Totó. Sentémonos un momento. Hubo una vez un rey que dio una fiesta. Las más hermosas princesas asistieron. Un soldado de la guardia real vio pasar a la hija de rey. Era la más bella de todas, e inmediatamente el soldado se enamoró. Pero, ¿qué era un simple soldado al lado de la hija de un rey? Un día el soldado se las arregló para verla y le dijo que ya no podía vivir sin estar a su lado. La princesa quedó tan impactada por la profundidad de sus sentimientos que le dijo: “Si puedes esperar por cien días y cien noches bajo mi balcón yo seré tuya”. Dicho esto, el soldado salió y esperó un día, dos… luego diez, veinte. Cada noche la princesa lo buscaba y allí estaba él, sin moverse. Siempre allí, lloviera o relampagueara. Los pájaros se le cagaban encima, las abejas se lo comían vivo, pero él no se movía. Después de 90 noches, estaba tremendamente delgado, pálido. Al pobre le resbalaban las lágrimas de los ojos. Ya no podía contenerlas. No le quedaban ni fuerzas para dormir. Mientras, la princesa seguía observándole. Y, al llegar la noche noventa y nueve… el soldado se incorporó, cogió su silla, ¡y se largó de allí!…

– Totó: ¡No me digas! ¿Al final?

– Justo al final, Totó. No me preguntes qué significa, no lo sé. Si logras descifrarlo, me lo dices.

El microrrelato El mandarín y la cortesana, de Roland Barthes, que aparece en su obra Fragmentos de un discurso amoroso (2004), es una historia que recuerda las palabras de Alfredo pero en una síntesis perfecta: “Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. «Seré tuya», dijo ella, «cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana». Pero, en la nonagésimo novena noche, el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va”.

Creo que ambas reacciones aparentemente inexplicables las aborda José Saramago muy bien en su Cuento de la isla desconocida: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

He buscado siempre respuestas a los grandes interrogantes de la vida en mi persona de secreto y de todos, en mi atlas de islas desconocidas, que es -nada más y nada menos- que el álbum de las personas que no he conocido bien en la vida aunque hayan estado presuntamente muy cerca. También, las que por una razón u otra ocuparon mi corazón por diversos motivos: “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás”. Puertas que nos muestra Saramago a modo de oportunidades, a las que podemos llamar y entrar dependiendo de nuestra actitud ante la vida: la Puerta de las Peticiones, la de los Obsequios y… la del Compromiso. Además, ese atlas de nuestras islas desconocidas, a configurar, es siempre personal e intransferible, de difícil localización por personas ajenas a nuestro barco de secreto. A menos que la mujer de la limpieza que nos presentó Saramago en su cuento acuda también en nuestra ayuda… Una gran mujer aislada hasta que desembarca en la isla de la persona que admira.

Vuelvo a escuchar frases de Alfredo y creo que descubro lo que significa salir de uno mismo para encontrar la vida y el amor que da sentido a cada día: “el progreso siempre llega tarde”, “elijo a mis amigos por su apariencia, a mis enemigos por su inteligencia. Eres demasiado inteligente para ser mi amigo”, “la vida no es como en las películas, es mucho más difícil”, “fuera de aquí, vuelve a Roma. Eres joven y el mundo es tuyo. Estoy viejo. No quiero seguir oyéndote hablar más. No vuelvas, no pienses en nosotros. No mires hacia atrás, no escribas, no cedas a la nostalgia, olvídanos. Pero si lo haces y regresas, no vengas a verme, no te dejaré entrar en mi casa, ¿lo entiendes?; tarde o temprano llega un momento en que estar callado y hablar es lo mismo; es mejor estar callado”. A Elena le da una clave existencial: “después del fuego del amor vienen cenizas, incluso el amor más grande con el tiempo se esfuma”; vuelve a dirigirse a Salvatore: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”.

Y me quedo con una frase final de Alfredo: “Ahora que he perdido la vista veo mejor”. Cerca de él, al oído, le explico cómo he entendido la parábola del soldado y la hija del rey o la del mandarín y la cortesana, y creo que le ha gustado. Yo también fui a Roma hace ya muchos años y volví a mi Giancaldo particular. Se lo comento también a Salvatore, cuando se seca las lágrimas al visionar la película con las escenas censuradas y que Alfredo había montado para él con tanto cariño. Mi película…, sigue guardada en mi caja de sueños con el convencimiento -a mi matusalénica edad- de que haga lo que haga tengo que amarlo por encima de todo, aunque sé que la vida no es como en las películas, sino algo mucho más difícil: una pertinaz espera.

NOTA: la música que encabeza estas palabras, es la melodía principal de la banda sonora original de la película “Cinema Paradiso”, compuesta por Ennio Morricone.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El diseño democrático de IKEA está presente estos días en el Museo Thyssen-Bornemisza


Berthe Morisot, El espejo psiqué, 1876
Óleo sobre lienzo. 65 x 54 cm
© Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

La visión de IKEA es crear un mejor día a día para la mayoría de las personas

Ingvar Kamprad, fundador de IKEA

Sevilla, 29/XI/2024

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo de Todos según figura en su eslogan, acoge desde el pasado martes y hasta el 6 de enero de 2025, una exposición temporal, IKEA y el arte del hogar. Diseño para un mejor día a día, en la que se “propone un recorrido por las salas del museo que invita al visitante a un apasionante viaje histórico y artístico. A través de una selección de obras maestras de la colección permanente, que culmina en un espacio expositivo en el que la firma sueca nos abre las puertas de su historia, reflexionaremos sobre las transformaciones estilísticas y de función que durante seis siglos han experimentado los hogares, hasta llegar a la democratización del diseño en el siglo XX, concepto del que IKEA es máximo exponente”.

La sinopsis oficial de esta exposición, resalta algo esencial para comprender su alcance: “La búsqueda de versatilidad, funcionalidad, belleza y comodidad en el hogar a lo largo de la historia, nos lleva hasta IKEA como el exponente del triunfo del planteamiento del diseño democrático. Esta idea que nació como un sueño, como una aspiración social, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se convierte en realidad en lacompañía fundada por Ingvar Kamprad mediante las cinco dimensiones esenciales en las que basa su producción: forma, función, calidad, sostenibilidad y precio bajo. Estos cinco pilares son el resultado de algunas de las ideas reflejadas en las obras del recorrido y los podremos analizar en profundidad en la propuesta que IKEA ha preparado para la Sala Rodin”.

Ingvar Kamprad, fundador de IKEA (acrónimo de las iniciales de su fundador Ingvar Kamprad (I.K.) más la primera letra de Elmtaryd y Agunnaryd, la granja y la aldea donde creció)

Para comprender el motivo de esta muestra tan sorprendente, nada mejor que leer con la atención que merece el espacio dedicado al Manifiesto del Diseño Democrático de IKEA, porque nos permite comprender la quintaesencia empresarial de esta aventura dirigida por su fundador, Ingvar Kamprad, reformulada “de una manera más pormenorizada en el libro que se presentó en la Feria del Mueble de Milán del año 1995, junto a la colección que resumía el espíritu del proyecto: la colección IKEA PS”. Creo que es de especial interés recoger en estas palabras el extracto del citado Manifiesto resaltado por el Museo: “Queremos agitar el mundo, hacerlo un lugar mejor. Y decidimos empezar creando un mejor día a día. Uno que fuera más humano, divertido, simple, práctico y bonito. Y queremos que el mayor número de personas puedan experimentar ese mejor día a día. […] Nuestra misión parece casi imposible: combinar formas atractivas con una gran función, una calidad que perdure, una producción cuya cadena de valor sea sostenible y a un precio bajo. […] Creemos firmemente que es posible integrar estas cinco dimensiones y a esto lo llamamos Diseño Democrático IKEA”.

Me ha sorprendido que de las 16 obras del fondo del Museo elegidas para esta interesante muestra pictórica, se encuentre una muy significativa, El espejo psiqué (1876), de Berthe Morisot, pintora a la que dediqué en 2021, un artículo, Berthe Morisot pintó siempre el mejor blanco de su vida, en el que analicé curiosamente esta obra, centrándome sobre todo en el espejo y en la luminosidad que aporta siempre el color blanco, tan preferido por IKEA. El Museo Thyssen analiza detalles importantes de esta obra, tales como la luz y la ventilación, que crean un ambiente especial en la habitación retratada, “el sillón de muelles de acero que seguramente pintó aquí Morisot, una de las aportaciones del momento, como también el capitoné que acentúa su aspecto mullido. Tapicería y cortinas perfectamente conjuntadas unifican la composición y contribuyen a crear la sensación de bienestar y recogimiento de una estancia, ahora sí, estrictamente privada, con la que la protagonista del cuadro parece de alguna manera mimetizarse”. Y…, el espejo de vestir o espejo psyché, estilo Imperio, que se sabe que pertenecía a Berthe Morisot: “¿acaso es ella misma la que se mira en él? Un encuentro de una mujer consigo misma, en cualquier caso, pintado por una artista, en un gesto que habla de reconocimiento y autoafirmación, así como de esa creciente necesidad de encontrar un espacio propio, en la casa y fuera de ella”.

IKEA aporta en esta exposición su visión revolucionaria de la democratización del diseño, para que las personas alcancemos la felicidad democratización cada día en el espacio en el que vivimos, estamos y somos, cumpliendo los objetivos de su Manifiesto de 1995, agitando el mundo, para hacerlo cada día un lugar mejor, “más humano, divertido, simple, práctico y bonito. Y queremos que el mayor número de personas puedan experimentar ese mejor día a día. […] Nuestra misión parece casi imposible: combinar formas atractivas con una gran función, una calidad que perdure, una producción cuya cadena de valor sea sostenible y a un precio bajo. […] Creemos firmemente que es posible integrar estas cinco dimensiones y a esto lo llamamos Diseño Democrático IKEA”. Ese es su gran éxito mundial, que perdura hoy día en un siglo muy complejo en el que, por ejemplo, la vivienda humana sufre la violencia injusta del mercado y los mercaderes, sin mezcla a veces de bien alguno.

NOTA: las imágenes se han recogido de la página web oficial del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Galeano, siempre: “Quien no debe, no es. Debo, luego existo”

Americanos, vienen a España gordos y sanos
Viva el tronío y viva un pueblo con poderío
Olé Virginia y Michigan
Y viva Texas que no está mal, […] no está mal.

Bienvenido Mr. Marshall (1953)

Sevilla, 28/XI/2024

Eduardo Galeano tenía razón al describir el poder del consumo en el mundo al revés: «En esta civilización, donde las cosas importan cada vez más y las personas cada vez menos, los fines han sido secuestrados por los medios: las cosas te compran, el automóvil te maneja, la computadora te programa, la TV te ve. Globalización, bobalización. Hasta hace algunos años, el hombre que no debía nada a nadie era un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa. Hoy, es un extraterrestre. Quien no debe, no es. Debo, luego existo». 

Mientras millones de personas de este país esperaban el sábado pasado un día particular, sin ningún color especial, para poder alimentarse con dignidad durante varias semanas, sin americanismo alguno, gracias a la solidaridad ciudadana con el Banco de Alimentos, otros millones importan una iniciativa, Black Friday (de nombre tétrico, Viernes Negro), en una respuesta compulsiva para no perder la maratón particular del consumo.

Es curioso constatar cómo el Mercado [sic] crea su propio ecosistema a nivel mundial, para crear necesidad de consumo donde no existe la necesidad realmente. El síndrome de la última versión, en tecnología o en moda lista para llevar, porque nos convencemos que lo último de lo último nos estaba esperando en la estantería correspondiente en Viernes Negro y que lo más barato hay que comprarlo con urgencia para “no ser tontos”, según el eslogan de turno, acaba haciendo estragos en las maltrechas economías de muchas familias.

Sé que estas reflexiones se pueden interpretar como una salida de tono sobre el principio de realidad de lo que está pasando y estamos viendo, pero sigo defendiendo que no es lo mismo valor que precio de lo que realmente necesitamos, como suele confundir todo necio. Además, la dignidad de la vida sencilla está por encima de las mercancías, que a toda costa intentan vendernos los nuevos Míster Marshall que merodean por nuestro país vestidos curiosamente de negro, el color del viernes que intentan justificar como necesario para ser felices. Con su tronío y poderío, porque España… ya sabemos que no es de librerías. Lo que no sé, tampoco, es si hoy día y como decía la canción de ¡Bienvenido Mr. Marshall!, o en una nueva versión, ¡Bienvenido Mr. Trump!, si seguimos recibiendo a los americanos con alegría…, en este Black Friday redivivo, obviamente sin gritar a los cuatro vientos, ¡Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía! Lo que queda claro es que la globalización nos lleva a la bobalización, porque hasta hace algunos años, las personas que no debían nada a nadie eran un virtuoso ejemplo de honestidad y vida laboriosa: “Hoy, son extraterrestres. Quien no debe, no es. Debo, luego existo”.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Eduardo Galeano nos enseñó a descubrir los mapas del alma y del tiempo

Eduardo Galeano (1940-2015)

Sevilla, 27/XI/2024

En este tiempo tan complejo en el que sobrevivimos a diario, navegando en mares procelosos de desafección y desencanto social, es importante descubrir los mapas del alma y del tiempo, porque nos pueden reconfortar en momentos difíciles. Eduardo Galeano nos ayuda en esta tarea tan noble y esperanzadora, con unas palabras preciosas que reproduzco íntegras a continuación, en este cuaderno de derrota, en lenguaje marino, pronunciadas al recibir el Premio Stig Dagerman, en Suecia, el 12 de septiembre de 2010, porque nos permiten descubrir el alma en mapas imaginarios, a modo de islas desconocidas todavía sin descubrir. Sobre todo, porque necesitamos encontrar mapas de paz interior que lleven el alma dentro:

Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser solidario y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

En aquél acto leyó también algunos relatos breves de un libro muy querido por él, también por mí, El libro de los abrazos, aunque no he podido identificar cuáles fueron. A modo de búsqueda incesante por mi ardiente impaciencia, he elegido el primero, El Mundo, porque quizá sea una tarea apasionante identificar en los mapas del alma a las personas que son “fueguito” en sus vidas, quizás en las nuestras. Veamos por qué:

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
– El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Hoy, como en ocasiones anteriores, he comprendido por qué Galeano recibió ese premio. Me he acercado de nuevo a él y me ha encendido la luz que necesito ahora para descubrir mejor los mapas de mi tiempo y de mi alma. Le estoy muy agradecido. Esa es la razón de por qué comparto ahora su palabra.

NOTA: la imagen la recuperé en 2021 de Eduardo Galeano, la voz de América Latina – Blog (edufors.com)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!