SEVILLA, A DEBATE

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El próximo lunes 6 de febrero comienza “Sevilla, a debate’, un ciclo organizado por la asociación Iniciativa Sevilla Abierta. Participo en él en la Sesión 3 del Ciclo, que lleva por título: ¿EL PESO DE LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS LASTRA EL DINAMISMO DE LA CIUDAD?, el lunes 20 de febrero, a las 20:00 horas, en el Salón de actos de la Fundación Cruzcampo, en Sevilla. Agradezco especialmente a Juan Luis Pavón Herrera, Fundador y Director en Sevilla World, la invitación para intervenir en este ciclo, que me ha ofrecido en nombre de Iniciativa Sevilla Abierta.

Es una pregunta muy sugerente y sobre la que estoy reflexionando en estos días preparatorios para mi intervención. Animo a quien lea esta convocatoria y esté interesado en asistir, que la entrada es libre hasta completar aforo. La organización del Ciclo desea que se confirme previamente la asistencia a cualquier sesión a la que deseen acudir, con el fin de que se pueda reservar asiento, escribiendo a la dirección de correo electrónico sevillaabierta@gmail.com. Recuerdan que el aforo es de 160 sillas.

La participación en este ciclo la considero como una forma de compromiso intelectual y social con todas las personas que pensamos que Sevilla tenemos que definirla más allá de su color especial y de su estereotipo de ciudad diferente, porque todos los días debemos buscar su mejor forma de ser y estar en el mundo y que de forma tan sabia dejó abierta Manuel Machado al cantar a Andalucía y caracterizar cada provincia, excepto Sevilla.

Lo escribí en 2006 en este cuaderno digital y sigo manteniendo viva la llama de la dignidad del compromiso intelectual, sobre todo porque no quiero participar en los silencios cómplices que nos rodean por todas partes en Sevilla, Andalucía, España y más allá de nuestro país. Reproduzco y comparto a continuación aquella reflexión, para que no se me olvide… ni siquiera un momento

El compromiso intelectual

Desde que tengo uso de razón científica me he preguntado muchas veces cómo puede poner uno su inteligencia al servicio de la humanidad, de las personas y situaciones sociales que necesitan atención humana en el pleno sentido de la palabra. También me he preguntado muchas veces en qué consiste el compromiso de los intelectuales con esta misma sociedad, no optando por posiciones políticas de partido, con militancia expresa. La verdad es que no he encontrado mucha literatura sobre el particular y, normalmente, son discursos muy elaborados que no están al alcance de todos los españoles, como diría el título de crédito del NODO al que recuerdo siempre en mis tardes de Madrid, pensando en Andalucía, de la que me sacaron sin muchas contemplaciones cuando solo tenía cuatro años.

Aproximarse a una definición de libro es imposible. Cualquier definición solo recoge la forma de establecer defensas innatas para protegerse de los ataques del enemigo, que desgraciadamente suele verse en todas partes sin que realmente existan. Como llevo tiempo pensando en esta realidad, el compromiso intelectual, ahí van unas cuantas reflexiones. La primera nace de la suerte de que una persona pueda plantearse el dilema en sí mismo, sin calificar esta “suerte” como lujo afrodisíaco: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera. Desgraciadamente. La pre-programación de la preconcepción, en clave aprendida del profesor Ronald Laing, es una tabula rasa sobre la que se elabora y encuaderna el libro de instrucciones de la vida. Y por lo poco que se sabe al respecto, quedan muchos años para descifrar el código vital, el llamado código genético de cada cual, personal e intransferible, mejor que el carnet de identidad al que lo hemos asociado culturalmente por la legislación vigente, mucho más atractivo que el de da Vinci, aunque ahora sea menos comercial. Afortunadamente. La niña que ayer corría despavorida por las playas palestinas, temblándole los labios, horrorizada con lo que había pasado con familiares y amigos, acababa de grabar imágenes para toda la vida. Su compromiso intelectual será siempre un interrogante y una dialéctica entre odio y perdón. A esto nos referíamos. La conclusión es que estamos mediatizados por nuestro programa genético y por nuestro medio social en el que crecemos. Todos somos “militantes” en potencia, con y sin carnet, dependiendo de sus aprendizajes para comprometernos con la vida. Militar en vida, esa es la cuestión.

La segunda vertiente a analizar es la del compromiso. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretándola como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que llamaba uso de razón científica, nos pasamos toda la vida decidiendo. Por eso nos equivocamos, a mayor gracia de Dios, como personas que habitualmente tenemos miedo a la libertad, acudiendo al Fromm que asimilé en mi adolescencia, pero que es la mejor posibilidad que tenemos de ser nosotros mismos. Esta simbiosis de conocimiento y libertad es lo que propiciará la decisión de la respuesta ante lo que ocurre. Compromiso o diversión, en clave pascaliana. Y mi punto de vista es claro y contundente. Cuando tienes la “suerte” de conocer el dilema ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada. Por eso me aproximé siempre a ella, porque me dejaban estar sin preguntarme nada. Intuían la importancia del descubrimiento de la respuestabilidad. Había inteligencia y compromiso activo. Seguro. Pero con un concepto equivocado como paso previo: la militancia de carnet. Craso error. Antes las personas, después la militancia. No al revés, que después vienen las sorpresas y las llamadas traiciones como crónicas anunciadas.

Una tercera cuestión en discusión se centra en el adjetivo del compromiso: intelectual y, hablando del grupo organizado o no, de los “intelectuales”. De este último grupo, líbrenos el Señor, porque suele ser el grupo humano más lejano de la sociedad sintiente, no la de papel cuché o la del destrozo personal televisivo. Un intelectual es concebido como un ser alejado de la realidad que se suele pasar muchas horas en cualquier laboratorio de la vida y de vez en cuando se asoma a la ventana del mundo para gritar eureka a los cuatro vientos, palabra que no suele afectar a muchos porque nace del egoísmo de la idolatría científica. Por eso hay que rescatar la auténtica figura de las personas inteligentes que ponen al servicio de la humanidad lejana y, sobre todo, próxima su conocimiento compartido, su capacidad para resolver problemas de todos los días, los que verdaderamente preocupan en el quehacer y “quesentir” diario (perdón por el neologismo). Cada intelectual, hemos quedado en “cada persona”, que toma conciencia de su capacidad para responder a las preguntas de la vida, desde cualquier órbita, sobre todo de interés social, tiene un compromiso escrito en su libro de instrucciones: no olvidar los orígenes descubiertos para revalorizar continuamente la capacidad de preocuparse por los demás, sobre todo los más desfavorecidos desde cualquier ámbito que se quiera analizar, porque hay mucho tajo que dignificar. Si esa militancia es independiente, otra cuestión a debatir, es solo un problema más a resolver, pero no el primero. No equivoquemos los términos, en lenguaje partidista. Porque así nos luce el pelo sobre la corteza cerebral, sede de la inteligencia, nuestro domicilio de la libertad personal, de la que afortunadamente podemos presumir todos. Todavía no es mercancía clasificada, aunque todo se andará porque ya está en el mercado mundial. Al tiempo.

Sevilla, 1/II/2017

NOTA: la imagen recuperada hoy de http://sevilla111.com/default.htm, a pesar del tiempo transcurrido desde su realización, es un símbolo de las muchas formas de ver Sevilla. Canal Sur daba la noticia en 2010, año de realización del proyecto, en los siguientes términos: “Meses de trabajo han dado como fruto la fotografía más grande del mundo. Una súper fotografía de 111 mil millones de píxeles, formada por 9.750 imágenes, tomadas a unos 60 metros de altura, desde el punto más alto de la famosa Torre Schindler en la Isla de la Cartuja. Como curiosidad, si imprimiéramos esta imagen ocuparía nada más y nada menos que 13.800 metros cuadrados, algo más que la superficie de dos campos de fútbol”.

Cuando muere un niño subsahariano…

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desgraciadamente ya no es noticia, porque llegó tarde y no permitió al mundo conocerla a tiempo de reflexionar en el acto, ni ocupar titulares de periódicos, muy enfrascados en Trump y en sus órdenes ejecutivas impresentables: “El cuerpo sin vida de un niño inmigrante de origen subsahariano de unos seis años ha sido hallado en una playa de Barbate (Cádiz) por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”. Parece como si tuviéramos integrada la muerte de los que siguen buscando un mundo diferente atravesando el mar que separa Marruecos de España. Todo parece…, que si procedía la embarcación del Cabo Espartel (Tánger), que si venían unos cinco ocupantes, que si el cadáver parece ser de un niño de cinco a siete años…, que probablemente se llamaba Samuel, hijo de Veronique, naturales de la República del Congo, que tampoco ha aparecido desde que naufragaron a mediados de este mes, muy cerca de la costa de Cádiz.

He recordado a través del nombre de este niño la historia bíblica de Samuel, como una lección en defensa de la mujer y, en el fondo, de su historia. Me refiero al relato de Elcaná y Ana, en el primer libro de Samuel, en el mal llamado Antiguo Testamento, porque podría ser actual si tuviéramos la oportunidad de leerlo con visión de género compartido. Hay un momento muy emocionante, cuando Elcaná ve a su otra mujer llorando por los rincones porque no puede tener hijos, es decir, porque no cumple su misión, lo que hoy justifica simbólicamente cualquier marginación, sin interferir la historia real de España. En un gesto sin precedentes, en el contexto social y religioso en el que vivían, dice: ¿Por qué lloras, Ana, no vale mucho más nuestro amor que muchos hijos? Y nació su hijo, Samu-el, “pedido a Dios”, en hebreo, a pesar de que un sacerdote cercano creía que estaba ebria “porque, habitualmente, no decía nada”. Elcaná fue un hombre colaborador, rompedor de barreras multiseculares, que enseña a los hombres de hoy que Ana es capaz de dejar de llorar si le damos su sitio, si saliendo de su tierra y de su parentela como Veronique puede alcanzar la ansiada felicidad humana. Sin ayuda de Dios. Con la nueva visión de los que permiten que la mujer se incorpore a la vida diaria y a un mundo mejor con igual derecho que cualquier hombre, a pesar de que algunas leyes, las costumbres, las creencias y determinados hombres se lo estén robando.

Todo parece…, pero la realidad es muy dura. Ocurrió el viernes pasado por la mañana y la Subdelegación del Gobierno lo comunicó ayer a la agencia Efe, es decir, dos días después del hallazgo. Parece incomprensible no haberlo difundido antes. Cuando muere un niño subsahariano o cualquier niño que huye del horror humano, muere parte de la sociedad insensible con esta dura realidad de desarraigo total, a la que hay que seguir prestando toda la atención posible.

No sabemos nada más de ese niño, ni de Veronique, su madre. Parece que venía con sus padres a buscar un mundo mejor que el que tenían de origen. Parece que buscaban cosas humanas y solo quedan preguntas por contestar. ¿Por qué ha muerto este niño y, posiblemente, su madre? Escribí sobre esta triste realidad en 2008, con motivo de la muerte en el mar de 15 sin papeles subsaharianos, entre ellos nueve niños de entre 12 meses y nueve años, cuando sus padres solo buscaban la felicidad humana, cosas humanas, en una patera [isla] desconocida, viajando hacia Andalucía…, porque probablemente en esta Comunidad está ya entreabierta alguna puerta para el compromiso de acogerlos con el calor humano que necesitan.

Todo parece…, pero lo que es cierto es que cualquier parecido con la realidad es una fatal coincidencia que nos debería obligar, desde la ética personal y colectiva, a no olvidarlo ni siquiera un momento. Cada uno, cada una, en lo que cualquier dios o lo aprendido en la vida le permita comprender y hacer para que lo que ha sucedido con Samuel no vuelva a ocurrir nunca más. Ni nada que se le parezca.

Sevilla, 30/I/2017

NOTA: la imagen de la playa El Roqueo, donde al parecer ha aparecido el cuerpo de este niño, se ha recuperado hoy paradójicamente de http://www.cadizturismo.com/playas/cadiz/el-roqueo/?set_language=en

Cerca de García Lorca…

Dedicado a María José y Marcos, a quienes tanto quiero

Tenía una deuda con García Lorca, porque nunca pude visitar la casa de verano, en Huerta de San Vicente, 6, en Granada. Estoy escribiendo estas palabras en su jardín, después de haber visitado las estancias (me encanta esta palabra) en las que García Lorca escribió, en el periodo 1926-1936, gran parte de su obra.

He visto sus pinturas, la que le regaló Alberti como recuerdo del inicio de su amistad y otras entrañables en representación breve pero con sentido histórico para quien las quiera recordar así en la memoria de todos y en la de secreto.

He estado cerca de su piano, que todos los lunes tocan para que no se apague el sonido de Federico. Me basta este detalle para recordar una visita breve, buena, que se ha convertido en dos veces buena.

Estoy recordando su preciosa mesa de escritorio, su «fábrica de versos» y he comprendido hoy mejor que nunca sus palabras de compañía eterna: «Quiero dormir un rato, un rato, un minuto, un siglo; pero que todos sepan que no he muerto» (1).

Huerta de San Vicente, 6 – Granada, 25/I/2017

(1) Gacela de la muerte oscura, en Diván del Tamarit, 1936

 

Palabras de Javier Marías

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Mientras que ordenaba libros de lectura pendiente, he encontrado en mi biblioteca unas tarjetas postales en blanco y negro con frases entresacadas de libros de Javier Marías e imágenes sugerentes de sus portadas, llevándome a una lectura que deseo compartir con las personas que suelen abrir conmigo este cuaderno de inteligencia digital. Son islas desconocidas que tienen sentido cuando se descubren también por las personas que llegan a ellas de vez en cuando. Espero que estas tarjetas postales, con su palabra y tiempo dentro, nos faciliten durante el fin de semana encontrar algún sentido a la vida. Nada más.

1. “Nada tan tentador como entregarse a otro, aunque solo sea con la imaginación, y hacer nuestros sus problemas y sumergirnos en su existencia, que al no ser nuestra ya es más leve por eso”. En Los enamoramientos (2010).
2. “Qué desgracia saber tu nombre, aunque ya no conozca tu rostro mañana, los nombres no cambian y se quedan fijos en la memoria cuando se quedan, sin que nada ni nadie pueda arrancarlos”. En Mañana en la batalla piensa en mí (1994).
3. “Como si anunciara derretirse a la menor presión, al menor contacto, como si hasta una caricia o un beso suave se fueran a tornar violencia y ultraje”. En Mientras ellas duermen (1990).
4. “Todo en ella era expansivo, excesivo, un ser nervioso, uno de esos seres para los que no está hecho el tiempo, para los que la propia noción de tiempo y de paso es un agravio, necesitados como están de fragmentos de eternidad para cualquier cosa”. En Todas las almas (1989).
5. “Parece como si nuestro tiempo, en el que nada carece de su correspondiente imagen, se sintiera incómodo ante aquello cuya responsabilidad no puede atribuirse a un rostro”. Vidas escritas (1992).
6. “Y así en el territorio que no es verdad todo sigue pasando y pasando siempre y allí la luz no se apaga ahora, ni se apaga luego, ni quizá nunca se apague”. En Negra espalda del tiempo (1998).
7. “La lealtad ha sido por el oro ahuyentada; por oro la justicia se vende, al oro sigue la ley, y luego va la moral no escrita. Pero nada cambia”. En El siglo (1983).
8. “Pero mientras palpite la sangre en mi mano que escribe, tú y yo seremos parte de la bendita materia y aún podré hablarte”. En Faulkner y Nobokov: dos maestros (1997, 1999).
9. “Todo lo desinteresado y lo inútil, todo lo que no permite otra cosa que pasearlo y mirarlo, se mantiene vivo, a veces salvándose por milímetro de la ruina”. En Pasiones pasadas (1999).
10. “Eso es lo que fue de ella, a quien aún podía sucederle todo y le sucedió la nada en su tiempo. O quizá la espera sin esperanza”. En Donde todo ha sucedido (2005).

Espero también que consideren la decisión de llevarse alguno de estos libros a una isla desierta, aún por descubrir, si eso ocurriera alguna vez en sus vidas. Les aseguro que no es un juego de estrategia, sino mero amor a la lectura, que es bella, porque “Nada [es] tan tentador como entregarse a otro, aunque solo sea con la imaginación, y hacer nuestros sus problemas y sumergirnos en su existencia, que al no ser nuestra ya es más leve por eso”.

Sevilla, 21/I/2017

¡Preferiría no escucharle, Mr. Trump!

OFICINA EN UNA CIUDAD PEQUENA

Despacho en una ciudad pequeña. Edward Hopper, 1953.

Horas antes de la proclamación como presidente de los Estados Unidos de América, he recordarlo a Henry Melville en un relato, Bartleby, el escribiente, que me ha sonado cercano a la hora de leer las diez últimas perlas cultivadas de Donald Trump (entre otras muchas, durante la campaña lectoral), en la única rueda de prensa oficial que ha concedido desde que ganara las elecciones. Las enumero a continuación, para que se nos quiten las ganas de intentar comprender lo que no tiene por dónde cogerlo, leerlo, escucharlo, seguirlo y, lo que es peor, aplicarlo en un futuro próximo, también en nuestro país, porque todo lo americano llega finalmente, lo acogemos como hizo aquél alcalde bonachón de Bienvenido Mr. Marshall y además lo incorporamos a nuestro acervo cultural como si no pasara nada. ¡Es el dinero, idiota!, que diría un asesor presidencial avispado en otra campaña electoral americana de infeliz memoria.

Pasen y lean (1):

1. «Podría ser presidente de Estados Unidos y manejar la Organización Trump al mismo tiempo. Pero no quiero hacer eso» [Todo el mundo piensa que son insuficientes las medidas que ha tomado al respecto, en relación con la transferencia de poderes a dos de sus hijos].
2. «Creo que el responsable del ‘hackeo’ [durante la campaña electoral] fue Rusia, pero creo también que otros países nos ‘hackean’. Formaremos una defensa con grandes mentes informáticas».
3. «Vamos a construir el muro y México nos reembolsará por ello».
4. «Tenemos una relación horrible con Rusia. Si le agrado a Putin, eso es una ventaja y no una carga. Ellos nos ayudarán a combatir a Estado Islámico».
5. «Se sentirán orgullosos de lo que vamos a hacer. El Obamacare es un total y absoluto desastre».
6. «Fue un grupo de gente enferma que juntó esa porquería»[Sobre montajes de vida íntima supuestamente controlados por la inteligencia rusa].
7. «Seré el mayor productor de empleos que Dios creó».
8. «No creo que a nadie le interese mis declaraciones de impuestos».
9. «Estás despedido» [Se suele despedir así en sus encuentros, aunque esta vez se refirió a sus hijos si no gestionaban bien sus empresas]. Todo un símbolo de amabilidad y acogida.
10. Su abogada: «Estamos construyendo un muro alrededor de Donald Trump» [para que no le afecten los negocios personales y familiares…].

Sinceramente, preferiría no leerlo. Ni escucharlo. Reconozco que la lectura del relato de Herman Melville, me marcó durante una etapa de mi vida. Recuerdo en bastantes ocasiones la frase preferida de Bartleby, ante cualquier petición de su patrón: “preferiría no hacerlo”. Es muy difícil en la vida ordinaria tomar este tipo de decisiones, sin llegar al absurdo del protagonista del relato citado, pero en muchas ocasiones habría que copiarle sin temor alguno.

Hoy, debería nacer un nuevo Bartleby, eso sí, lleno de esperanza, que nos ayudara a dar un giro copernicano sobre determinadas realidades hirientes en nuestras vidas y que nos permitiera gritar a los cuatro vientos: ¡preferiría no escucharlo! Y cambiar de canal de vida, si es posible.

Sinceramente, prefiero no comentar nada más y refugiarme junto a una de las ventanas de la vida, la de la lucha por la verdad buscada en común. En mi soledad sonora, porque escuchar y saber determinadas cosas no debería ocupar lugares dignos en el cerebro. Pero el problema radica en que cada vez me queda menos sitio…

Sevilla, 20/I/2017

(1) Es un extracto del reportaje publicado por: http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-38589166

La ciudad de las estrellas (La La Land desde España)

Los tímidos aplausos finales desde el patio de butacas rubricaban lo que habíamos visto y sentido el sábado pasado tras ver La La Land (titulada en España como La ciudad de las estrellas), una excelente película en un entorno musical adecuado y en un lugar que podría ser cualquier parte del mundo, sin tener que ocurrir exclusivamente en el Planetario de Los Ángeles. Lo sé porque conozco bien esta experiencia a nivel humano sin tener que recurrir a la magia de Hollywood, que indudablemente la tiene, porque lo que se narra en la película es tan real como la vida misma, en la dialéctica terrible de amor-desamor, triunfo-fracaso, que toda vida tiene cuando hacemos diariamente camino al andar.

La La Land es una forma de entender la vida en la ciudad de Los Ángeles. Será porque el nombre de la ciudad ya nos invita a volar, pero no: La La Land es un estado de ánimo caracterizado por expectativas poco realistas. Está aceptada esta expresión en el argot diario de esa ciudad, que ya conoce muy bien cómo se tratan los sueños en el cine. Pero cuando vemos la película dirigida por el jovencísimo Damien Chazelle, nos damos cuenta que en el cine todo se puede convertir en magia y que cuando lo unes a una banda sonora magnífica que acompaña en este caso dos vidas soñadoras, las expectativas vitales en la dialéctica amor-desamor, triunfo-fracaso, por poco reales que sean, las comprendemos perfectamente porque lo que viven es la vida misma. Así de trágico y así de sencillo.

El relato es un clásico del cine que cuenta la vida de los protagonistas de esta bella película, Mia y Sebastian, en definitiva, de cualquier persona que es singular a la hora de plantear sus proyectos de vida, tal como definía el lema singularidad el Diccionario de Autoridades en 1739, con la riqueza de nuestra forma de hablar hasta hoy: servir con el talento, no imitar otros, sino beneficiar el que ya dio el Cielo, o lo que recibimos de nuestros padres en la preciosa evolución de nuestra propia vida.. El derecho a soñar no se debe robar nunca y más cuando une a personas que son soñadoras de su propia felicidad, donde todo lo que tocan es arte…, arte de vivir. Si además le agregas una banda sonora con música que te conmueve, comprendes bien por qué se encuentran en el Cine Rialto para ver Rebeldes sin causa. Ellos ya la tenían muy clara y por ello apuestan, aunque el riesgo se traduce muchas veces en tomar decisiones que difícilmente tienen vuelta atrás. Esas decisiones que solo se pueden llevar al cine y que nos permite la ficción de vivir la vida otra vez como si nunca pasara nada, tal y como nos lo cuenta Chazelle en los últimos diez minutos de su gran película.

Cuando finalizo este artículo, he tomado conciencia de que se me ha olvidado escribir un título de crédito al principio del mismo, a modo de aviso para navegantes en busca de islas desconocidas: cualquier parecido con la realidad que refleja La La Land les aseguro que no es pura coincidencia. Véanla y ya me dirán si estoy en lo cierto.

Sevilla, 17/I/2017

Optimismo y apatía

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Un pesimista / Es sólo un optimista / Bien informado.
Mario Benedetti, Rincón de haikus

Cuando comienza el año, normalmente en la ceremonia de las uvas, hay una corriente de opinión extendida sobre listas de realidades y deseos personales, de naturaleza buena, que confeccionamos rápidamente en el fragor de las campanadas y que poco a poco se van confirmando o no en la medida que avanza el año y miramos con cierto desasosiego por el retrovisor de la vida los compromisos adquiridos. Por ejemplo, vemos que la dialéctica de la vida real se hace fuerte finalmente y en concreto, la del optimismo y la de la apatía. Estando de acuerdo con Benedetti en que ser optimista es la confirmación sublime de lo que significa ser un pesimista bien informado, se antoja ahora a pensadores de la escuela de Frankfort que serlo es una “obligación moral”, algo así como un imperativo categórico a la manera de Kant. Ser o no ser optimista, esa es la cuestión. No queda otra, porque sabemos que es lo que hay y ante eso la mayoría dice que no se puede hacer nada, siendo esta afirmación categórica un craso error. Queramos o no, hablamos también de sueños y ya sabemos que los sueños, sueños son.

Por otra parte, vemos cómo la apatía, es decir, la incapacidad de sentir algo hacia lo o los demás, inunda la sociedad de consumo, que es la única que garantiza llevarnos a casa la supuesta felicidad con cosas, los llamados productos de la mercadotecnia, porque la cansina apatía no nos mueve ideológicamente para hacer casi nada, confundiéndonos en la noche de la tibieza social: “a mí que no me llamen”. Además, las cosas importantes no son cosas y si el movimiento ante cualquier llamamiento social se plantea alguna vez hacia la participación política como ciudadanos ejemplares, ahí sí que muchos no irán nunca, porque la mayoría social piensa que la política ya no sirve para transformar nada -todos los políticos son iguales-, sino para que unos cuantos se forren cada día más a costa del presupuesto nacional al que aportamos todos. Mejor dicho, casi todos, porque otros muchos -que son legión- todavía piensan que la contribución social mediante impuestos es cosa de otros. Otra vez: “a mí que no me llamen”. Apatía total.

Axel Honneth, director de la Escuela de Frankfort, lo manifestó en 2015 en una entrevista que recuerdo perfectamente, al abordar la apatía política: “Significa que la gente no está lo suficientemente comprometida en las prácticas democráticas. Prefiere el consumismo, la evasión; el mundo privado frente al compromiso público. Se trata de explicar la tendencia y por qué hay periodos en los que la gente deja de ser apática y se compromete. Por ejemplo, el caso Dreyfuss: todo el mundo estaba comprometido públicamente. Hubo momentos en Alemania en los que no se podía evitar el compromiso, ¿por qué hoy hay tanta apatía? Creo que tiene que ver con una frustración derivada de la creencia de que la política no tiene capacidad de transformación social. Hay un conservadurismo que parece afirmar que la política es incapaz de romper el poder del capitalismo financiero, que no hay salida” (1).

¿Existe solución? Con el bálsamo de Fierabrás no, porque no existe, aunque algunos esperan que Amazon se lo lleve algún día no lejano a casa por un puñado de dólares/euros, pero sí cambiando el chip de la responsabilidad social, que es una mezcla de respuesta (respuestabilidad, si se pudiera admitir el lema por la RAE) movida por el conocimiento libre y la ética como suelo firme que debe justificar siempre en libertad todos los actos humanos. Hay que abandonar el sofá convertido en tribuna donde se solucionan sentados todos los problemas de la sociedad y bajar a la calle, como dicen los italianos: scendere in piazza, porque la cosa pública que se ventila es muy seria.

Los pesimistas bien informados, es decir, los optimistas, sabemos que lo único que nos queda es el compromiso ético de aplicar el principio de realidad, es decir, las cosas más importantes (que no son cosas…) no son solo como son y cómo las dibujan otros, que siempre son los mismos, los apáticos de cualquier signo o color, sino como queramos que sean. Si nos movemos y participamos socialmente en el cambio “político” al que aspiramos, de tal forma que llegue a ser transformación social, dejaremos de ser voces que claman en los desiertos de la apatía social que nos invade de forma galopante, silente y manifiesta, por todas partes.

Sevilla, 15/I/2017

(1) Arroyo, Francesc (2015, 22 de abril). Axel Honneth: “El optimismo es una obligación moral”. El País.com.

NOTA: la imagen se recuperó el 14 de septiembre de 2016 de: https://cronopiolandia.wordpress.com/category/mario-benedetti/

Obama dice adiós

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http://www.voanoticias.com/embed/player/0/3671560.html?type=video

El Presidente Obama pronunció anoche su discurso de despedida presidencial en Chicago, territorio donde comenzó su carrera hacia la Casa Blanca. Creo que en los tiempos mediocres que nos rodean, es importante escuchar a Obama para apreciar la importancia de la alta política y de la visión de Estado. Necesitamos rescatar también el papel transcendental de la ética política y de la oratoria didáctica para expresar ideas y programas políticos, de tal forma que todo el mundo lo pueda comprender y asumir, más allá de los intereses personales e individuales, que siempre deben dar paso a los generales en beneficio de todos.

No quiero interpretar a Obama, solo escucharlo. En este momento de la publicación de este post, no he encontrado una versión traducida escrita del discurso de su adiós, excepto la que acompaño a estas palabras. Aunque siguiendo el dicho de que se puede «traicionar» con la traducción alguna idea de fondo (traduttore/traditore), al menos nos permite acercarnos a sus palabras con carácter inmediato. Lo necesitamos.

Sevilla, 11/I/2017

En memoria de Zygmunt Bauman

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Hemos olvidado el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho. Lo que se consume, lo que se compra “son solo sedantes morales que tranquilizan tus escrúpulos éticos”.

Zygmunt Bauman

El lunes pasado falleció el filósofo polaco Zygmunt Bauman, al que dediqué unas palabras en el post que publiqué el 25 de noviembre pasado, En el mismo barco, acerca de un documental del mismo título que se estrenó ese mes y que resumía en su título una idea muy brillante de Bauman: “ya estamos todos en el mismo barco, pero lo que nos falta son los remos y los motores que puedan llevar este barco en la dirección correcta”. Se refería al ecosistema social de escala mundial en el que navegamos en estos momentos casi hacia ninguna parte, con un desconcierto mayúsculo y con decisiones de corte democrático, como las elecciones últimas en Estados Unidos, donde tiembla el mundo al conocerse los resultados.

Vuelvo a publicarlo porque mantiene intacta su actualidad de fondo y forma. Es un pequeño homenaje a este filósofo muy desconocido en este país, porque al igual que se trata a la educación de la ciudadanía, se pone en solfa por los poderes del estado la educación de la filosofía, que según ellos no es necesaria para estos tiempos tan modernos. Tremendo error su desaparición paulatina del currículum educativo en este país, en todos los niveles, porque desterramos -en años que después no se recuperan- la esencia de la filosofía que nos ha transmitido la historia a través de Aristóteles, cuando la definía como la capacidad que tienen los seres humanos de admirarse de todas las cosas. Hace ya muchos años, mi profesor de filosofía lo expresaba en un griego impecable, con un sonido especial, gutural y sublime, que convertía en un momento solemne de la clase esta aproximación a la sabiduría en estado puro: jó ánzropos estín zaumáxein pánta (sic: anímese a leerlo conmigo tal cual y pronunciarlo como él). Es uno de los asertos que me acompañan todavía en muchos momentos de mi vida, en los que la curiosidad sigue siendo un motivo para la búsqueda diaria del sentido de ser y estar en el mundo, de admirarme todos los días de él.

En una sociedad que presume de estar de vuelta de todo, algunos seguimos admirándonos de lo que ocurre todos los días y no nos gusta. Afortunadamente y gracias a filósofos de la talla de Bauman, a quien hay que leer como símbolo de agradecimiento de lo mucho que ha aportado a la humanidad para seguir admirándonos, sin descanso, de todas las cosas.

Sevilla, 10/I/2017

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.fronteiras.com/entrevistas/zygmunt-bauman-a-educacao-deve-ser-pensada-durante-a-vida-inteira

En el mismo barco

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El pasado 18 de noviembre se estrenó en cines el documental In the same boat (En el mismo barco), que resume en su título una idea muy brillante del sociólogo Zygmunt Bauman: “ya estamos todos en el mismo barco, pero lo que nos falta son los remos y los motores que puedan llevar este barco en la dirección correcta”. Se refiere al ecosistema social de escala mundial en el que navegamos en estos momentos casi hacia ninguna parte, con un desconcierto mayúsculo y con decisiones de corte democrático, como las elecciones últimas en Estados Unidos, donde tiembla el mundo al conocerse los resultados.

No he visto todavía la película y es difícil emitir juicios bien informados sobre su hilo conductor, pero me resulta muy atractiva la información que dispongo sobre ella hasta este momento, aunque hay incursiones en el análisis de las aportaciones revolucionarias de la tecnología del último siglo y éste que parecen inquietantes. En tiempo de crisis siempre se ha dicho que no es conveniente hacer mudanzas, pero no estoy de acuerdo con este aserto ignaciano en situaciones tan dramáticas como las que se están experimentando a nivel mundial, con un impacto importante en este país, aunque se quiera ocultar casi a diario. Estamos viviendo en un mundo con una clamorosa ausencia de valores y, sobre todo, de ética, tal y como lo aprendí de un maestro en el pleno sentido de la palabra, el profesor López Aranguren, cuando la definía como el «suelo firme de la existencia o la razón que justifica todos los actos humanos», que tantas veces he abordado en este blog.

Estas razones nos obligan a dejar los supuestos puertos seguros y comenzar a navegar para intentar descubrir islas desconocidas que nos permitan nuevas formas de ser y estar en el mundo, que he vislumbrado como hilo conductor del documental que trato hoy de forma especial. Lo contrario es obvio y se ve venir porque navegamos en mares procelosos de corrupción y desencanto, en los que cunde el mal ejemplo de abandonar el barco metafórico de la dignidad, con la tentación de que el mundo se pare para bajarnos o arrojarnos directamente al otro mar de la presunta tranquilidad y seguridad existencial. Se constata a veces, en esa situación, que falta ya mar para acoger a todos los que se tiran a él. Lo expresaba en 2012 en este blog, en un post dedicado a los aforismos, porque en ese momento apreciaba que eran numerosas las deserciones en el barco político de aquella legislatura, siendo testigo directo del abandono apresurado de los que tenían la obligación de mantenerse en el puente de mando de la responsabilidad política que se le había encomendado, arrojándose a un mar repleto de desertores de la dignidad.

Lo que verdaderamente me enerva es contemplar cómo se suelen liquidar estas situaciones tan transcendentales con la consabida frase de que “todos vamos en el mismo barco” y eso no es así ni lo admito con carácter general, porque todos no somos iguales: unos van en magníficos yates y otros, la mayoría, en pateras. Por esta situación de fondo y forma estoy interesado en ver este documental, para lograr identificar quien está enrolado en el barco que citan y explican, quizá con la debilidad personal que siento por escuchar las palabras del expresidente José Mujica, a quien tanto admiro.
Es probable que a este barco ético y esperanzador no suban nunca quienes no están interesados en que el mundo mejore, porque los poderes fácticos que dirigen y protegen la maquinaria de la guerra en cualquier lugar del mundo, el terrorismo de cualquier cuño, así como los vestidos de negro, deciden desde hace ya mucho tiempo el funcionamiento y los altibajos del ecosistema económico y financiero mundial, desde una torre en Manhattan, a través de portátiles y teléfonos inteligentes. Ellos viajan en barcos privados, en cruceros del mal, que no surcan nunca estos mares, para ellos procelosos. Lo que detesto también es el abandono de la lucha en situaciones difíciles, como las que estamos atravesando ahora, en las que aquellos que estaban a veces con los que deseamos estos cambios urgentes en las políticas mundiales, europeas y nacionales, se arrojan a un mar en el que cada vez hay menos sitio, porque dicen que esto no tiene remedio. Lo paradójico es que cuando se avance en la búsqueda de soluciones surcando mares diferentes que posibiliten otro mundo mejor, falte ya sitio o barco, según se mire, para recoger a los que en tiempos revueltos se tiraron al mar porque nunca quisieron buscar otras alternativas a este mundo que no nos gusta.

Una muestra de lo que expongo anteriormente, lo he encontrado en los párrafos finales del artículo publicado en El Diario.es al respecto (1): “La intervención de los expertos en el documental se completa con testimonios de gente en mitad de las calles de Rusia, España, Nigeria o Argentina, que teorizan sobre cómo sería el mundo sin trabajar, o trabajando menos. «Seríamos gordos», dicen en el continente africano. «Con dos días de fiesta a la semana, yo estaría contenta», apunta una ciudadana rusa. «Yo estoy ahora mismo en el paro y si te soy sincero, estoy como Dios», sentencia un español”. Sin comentarios.

Estas razones expuestas anteriormente son las que me animan a ver este documental y escuchar atentamente a personas tan interesantes como Zygmunt Bauman, Jose Mujica, Erik Brynjolfsson, Serge Latouche, Mauro Gallegati y Tony Atkinson, que intervienen en él con aportaciones extraordinarias y cargadas de sentido, con la apreciación de que, queramos o no, estamos todos ya en el mismo barco de la dignidad humana, «La Isla Desconocida» de Saramago quizás, en un viaje esencial para vislumbrar el destino universal que pasa por salir alguna vez de nosotros mismos.

Sevilla, 25/XI/2016

(1) Sarabia, David (2016, 11 de noviembre). “In the same boat”: remar para evitar el abismo del sistema actual. El Diario.es.

La mar de Alberti

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Rafael Alberti, Marinero en tierra

Hoy he escuchado atentamente la mar de Cádiz, que cantaba siempre Rafael Alberti siendo un marinero en tierra. La he contemplado tal y como él la vivía y sentía:

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!

También he observado con emoción la línea del horizonte en la que teóricamente se separa el mar del cielo, pero donde está el secreto de lo que hay debajo y detrás de ella. Es lo que he aprendido a valorar leyendo asiduamente a Manuel Rivas, que tantas veces la describe con palabras hermosísimas. Es una maravilla observar cómo la línea se pierde en el horizonte al llegar cerca de la catedral de Cádiz, con la misión de devolver a los que recordamos las palabras de Alberti, los valores de la tierra firme, cuando solo nos queda navegar tierra adentro con una misión posible: buscar islas desconocidas, que somos nosotros mismos cuando nos salimos de nosotros y nos contemplamos tal y como somos.

Es lo que tantas veces sigo a pie firme navegando con el cuaderno de bitácora que encontré un día en un pequeño cuento de Jose Saramago, el de la isla desconocida: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.

Grabé hoy el vídeo que acompaña estas palabras, sabiendo que la gran misión de la vida es salir de nosotros mismos para saber quiénes somos, pero volviendo siempre a tierra. Esa es la única razón para comprender el lamento de Alberti, cuando el devenir de la vida nos desentierra de la mar, porque él quería que cuando un día su voz muriera en tierra, la llevaran al nivel del mar y dejarla en la ribera. Y nombrarla capitana de un blanco bajel de guerra. ¿Saben por qué? Porque cuando se pierde la vida, el tiempo, todo lo que tiramos, como un anillo, al agua o si perdemos la voz en la maleza, lo único que nos queda… es la palabra.

Cádiz / Sevilla, 7/I/2017