El sueño de abrir una librería

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No olvido los tres sueños de Guido Orefice, el protagonista de La vida es bella: distinguir el norte del sur (que también existe); leer a Schopenhauer, por su canto a la voluntad como motor de la dialéctica pendular de la vida y, en tercer lugar, abrir una librería. De todo hizo un arte para vivir, para enseñar a leer las señales de la vida, porque hablar es solo cosa de personas. Leer, igual de bello. Es una maravilla constatar que estamos preparados desde la preconcepción y a través del cerebro, para leer, cuando todo está conjuntado para comenzar a unir letras y grabarlas con unas determinadas formas en el cerebro. Agregando, además, sentimientos y emociones en relación con lo que nuestro cerebro lee.

Hoy he vivido una experiencia que deseo compartir en este espacio digital, porque me ha sorprendido en una ciudad que es de bares: el pasado jueves, 29 de diciembre, abrieron en Sevilla una nueva librería perteneciente a la red de La Casa del Libro (Hernando del Pulgar, 2), en el mismo lugar que hace tan solo unos meses habían cerrado otra que pertenecía a la cadena Beta. He entrado en el nuevo local decorado con los colores corporativos que la identifican rápidamente y he paseado por ella, con sensaciones mezcladas de sorpresa y gratitud. En Mayo de 2015, en mis paseos del amanecer, escribí sobre mi experiencia de aquél día al entrar en la antigua librería Beta, que traducía en palabras cargadas de sentimiento y dolor lo que experimenté como crónica de un cierre anunciado: “Esta mañana lo he comprobado de nuevo: Sevilla no es de librerías, sino de bares. Mi camino del amanecer tenía hoy un objetivo concreto: entrar en las benditas librerías de la ruta escogida que, al igual que las iglesias vacías del poema Entro Señor en tus iglesias, de Rafael Alberti, estaban llenas del arte de enhebrar palabras, pero a los presuntos compradores no se les veía por ningún sitio. Y mi corazón anonadado ha gemido durante unos minutos, en una auténtica soledad sonora”.

En este contexto, he vuelto a leer una entrevista realizada por Javier Rodríguez Marcos en 2015 a mi maestro Manuel Rivas y publicada en Babelia, recordando la primera vez que el escritor entró en una librería: “Sí, se llamaba La Poesía. Luego nos acercamos por allí. Está cerrada, pero conserva algo. Cada vez que paso por ahí pienso: “¿Por qué no me hago librero?, ¿por qué no abro La Poesía?”. Tengo una especie de culpa. En casa no había libros y le compramos uno a mi madre. Siempre se le regalaba algo para la casa —una fregona, una cafetera— y mi hermana María, que era la vanguardia, dijo que le compráramos uno porque en la niñez mi madre había leído mucho. Por casualidad. Murió mi abuela y mi abuelo se quedó con 10 hijos. Era campesino, vivía al lado de la casa rectoral y una sobrina del cura medio adoptó a mi madre, que subía al desván y se pasaba el día leyendo vidas de santos, que es lo que había, pero también estaban los poemas de Rosalía [de Castro]. El primer libro de mi vida fue oír a mi madre recitar a Rosalía. Ella era la boca de la literatura. Total, que nos fuimos a La Poesía y vimos un libro que coincidía bien con el presupuesto. Era un tocho; mucho mejor, un regalo más grande. Se titulaba Cinco mil años de historia. Mi madre lo abrió y, bueno, asomó una lágrima. Nunca tuve miedo de entrar en las librerías. Si vamos es porque hay gente con la que nos gusta estar, no solo por los libros, aunque los libros también son gente”.

Es fantástico comprobar que Sevilla puede ser algún día una ciudad “de librerías”, mejor que «de bares», por mucho que la multinacional Coca-Cola se empeñe en anunciar a los cuatro vientos que España es un país de bares: “Qué haríamos nosotros sin nuestros bares…? / ¡Si son los mejores del mundo! / Cada vez que se cierra un bar, / se pierden para siempre 100 canciones. / Se desvanecen mil “te quieros”… / y los goles por la escuadra salen / lamiendo el palo”.

Y es que no solo somos de bares. Lo he experimentado hoy con esta grata noticia hecha realidad: en Sevilla, también se abren librerías. Ahora tengo que seguir los otros dos pasos soñados por Guido Orefice, luchando por ganar tiempo al tiempo de defender la identidad del Sur frente al acoso del Norte y, finalmente, estudiar a fondo a Schopenhauer, en su famosa teoría del péndulo, que es lo que nos enseña la historia cuando queremos aprender de ella a través de los libros, cuando casi todo va y viene, como si todos los días fuéramos del timbo al tambo de la lectura que siempre, como la vida, es bella.

Sevilla, 2/I/2017

NOTA: la imagen, fotograma de La vida es bella, se ha recuperado hoy de http://cinema22.canal22.org.mx/imagenes/vita_bella.jpg

La perfección imperfecta

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Exactamente es lo que busco ahora en mis horas dedicadas al clave, piano y violín. Un sueño legítimo, como todos…, cuando estudio los matices de la última obra que preparo en la actualidad: el Preludio número 20 de Chopin, de escasos compases pero de ejecución compleja, que exige mucha perfección imperfecta. Por esta razón me ha emocionado la lectura de la entrevista con el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel, publicada hoy en la edición digital del diario El País (1), que tanto añoro en su línea editorial anterior, como antesala de la experiencia extraordinaria que vamos a vivir el próximo 1 de enero en el tradicional concierto de Año Nuevo en Viena, que va a dirigir con solo treinta y cinco años y ante una legendaria orquesta.

Lo he sentido al leer una frase que resume su conducta en la vida, desde que iniciara sus primeros pasos en El Sistema, una organización que se debe conocer como contrapunto, nunca mejor dicho, de la situación social y política en Venezuela. El contexto en el que la pronunció era después de un ensayo de la Suite Escita, opus 20, de Serguéi Prokófiev, con la Filarmónica de Los Ángeles: “No se trata solamente del performance perfecto. Les estaba diciendo que quería una perfección imperfecta. El riesgo, aquel punto donde tú miras y da vértigo, donde tienes el control de todo y al mismo tiempo, no lo tienes. E inspirar a los demás. Porque, fíjate, tú técnicamente puedes conocerlo todo, pero si no inspiras al grupo no vas a hacer nada especial. Nadie quiere escuchar algo completamente limpio, perfecto, pero que no tenga ningún tipo de alma”.

Es verdad. Debemos buscar apasionadamente la perfección imperfecta de lo que hacemos a diario en todas las manifestaciones posibles de la vida. Es lo que creo que le ocurrió al Dios del Génesis, cuando sintió vértigo al crear al hombre y a la mujer, al expresar que aquello era muy bueno, porque todo lo que les antecedió en el fascinante relato de la creación, incluso la de los cielos y la tierra, solo era bueno. Exactamente, la perfección imperfecta, porque el secreto estaba en el alma con la que creó al ser humano antes de que la pareja más famosa del mundo se perdiera para siempre en el Paraíso terrenal.

Sevilla, 29/XII/2016

(1) Moreno, Javier (2016, 29 de diciembre), Gustavo Dudamel: “Incluso en el desenfreno tiene que haber precisión”. El País.com.

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.solkes.com/gustavo-dudamel-the-orchestra-director-that-makes-berlin-talk/

Los nuevos santos inocentes

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http://www.telecinco.es/_87d79eea

A lo largo de 2016 hemos conocido la tragedia de la guerra en Siria y las víctimas de la misma, con imágenes que hieren cualquier sensibilidad de los espectadores de la vida digna. Hemos llegado a estos días con la toma de conciencia de que algo grave pasa en el mundo porque muchas cosas funcionan al revés. Quizá sea la situación de Alepo la que más nos conmociona por su crueldad innecesaria. En el día que celebra la Iglesia Católica la festividad de los santos inocentes, he recordado el post que dediqué en noviembre a la tragedia de Siria, No puedo aguantarlo más, donde una niña gritaba de forma desesperada que “Mataron a todo el mundo. Mataron a todo el mundo. ¿No basta con lo que han matado hasta ahora?”.

Vuelvo a leer aquellas palabras que hoy resuenan con fuerza en una celebración que debería recordarnos a estos niños sirios como representativos de los nuevos inocentes en el mundo que permanece en estado guerra y exilio permanente, entre los que no se encuentra el Mesías Prometido que a veces buscamos desesperadamente entre los escombros de la vida que nos llega a través de imágenes no inocentes. Con responsabilidades internacionales de todo tipo, cubiertas de silencios cómplices que claman a los cielos que, paradójicamente, tanto se cantan y ensalzan en estos días.

Sevilla, 28/XII/2016

“No puedo aguantarlo más…”

La he escuchado en el informativo de las 21:00 horas y no logro borrar estas palabras de mi mente. ¡Qué paradoja, en la celebración hoy del día universal del niño! Reproduzco de forma íntegra la noticia que figura en Informativos Telecinco. Merece leerlas con atención, para que nos sirva en la lucha diaria por defender la vida digna de los demás, en cualquier sitio, porque es urgente recuperar credibilidad en la solidaridad humana todos los días del año, no solo hoy, tan trágicamente irreal:

“Zona este de Alepo. El periodista Amro Halabi, de Al Jazeera, graba un reportaje en este hospital infantil, uno de los pocos que quedan en pie a este lado, aun habiendo sufrido múltiples daños por la guerra. El reportero se centra en los problemas respiratorios de un padre y sus hijos, entre lágrimas, víctimas de un ataque reciente de la aviación del régimen sirio y el ejército ruso. Situación angustiosa, hasta que la oscuridad anuncia lo peor. El centro acaba de ser bombardeado, entre los gritos y el polvo, madres y padres buscan una salida con sus hijos en brazos. A unos metros está la unidad de neonatos. Dos enfermeras tratan de recoger a los bebés de las incubadoras. Rompen en llanto y se funden en un abrazo. Instantes después se improvisa una nueva sala de atención a los prematuros, en el suelo, entre mantas. Ha ocurrido este fin de semana. Lo mismo que este bombardeo este domingo en una escuela al oeste de la ciudad, bajo control de las tropas de Al-Assad. Aquí han muerto al menos siete niños. Entre los menores supervivientes, esta niña, que confiesa ante la cámara que ya no aguanta más porque le han matado a todo el mundo “No puedo aguantarlo más. ¿Cómo podría? Mataron a todo el mundo. Mataron a todo el mundo. ¿No basta con lo que han matado hasta ahora?” En el este, otro ataque con gases tóxicos en las últimas horas, ha matado a otros cuatro niños de una misma familia. Niños conscientes de la tragedia y otros que con dos meses de vida acaban rompiendo una de sus primeras sonrisas ante su padre antes del sobresalto por una bomba cercana. Menores en una guerra, a punto de cumplir seis años, que se ha cobrado ya la vida de casi medio millón de personas, unos 12.000 de ellos niños. Con casi 8 millones y medio de menores afectados por el conflicto, tanto dentro como fuera del país”.

La verdad es que no tengo palabras para comentar algo más. Solo quedarme en el rincón de pensar qué hacer en este sinsentido que necesita atención mundial sin dilación alguna.

Sevilla, 20/XI/2016

El Niño Jesús proletario

Dedicado especialmente a los niños y las niñas de Las Tres Mil Viviendas en Sevilla, proletarios, porque he aprendido de ellos que la alegría (alalá, en caló), su alegría, es todavía posible en el mundo cantando villancicos preciosos. Todos los días, más allá de la Navidad. También, a las personas que, como me pasa a mí cuando llegan estas fechas, nos miramos a nosotros mismos y a nuestro alrededor, y nos preguntamos muchas cosas. Nada más.

Recuerdo siempre en Navidad unas páginas excelentes de las “pequeñas memorias” escritas por José Saramago (1), que vuelvo a leerlas y compartirlas con las personas que me acompañan en esta singladura digital:

“En ese tiempo, los Reyes Magos todavía no existían (o soy yo quien no se acuerda de ellos), ni existía la costumbre de montar belenes con la vaca, el buey y el resto de la compañía. Por lo menos en nuestra casa. Se dejaba por la noche el zapato (“el zapatinho”) en la chimenea, al lado de los hornillos de petróleo, y a la mañana siguiente se iba a ver lo que el Niño Jesús habría dejado. Sí, en aquel tiempo era el Niño Jesús quien bajaba por la chimenea, no se quedaba acostado en la paja, con el ombligo al aire, a la espera de que los pastores le llevasen leche y queso, porque de esto, sí, iba a necesitar para vivir, no del-oro-incienso-y-mirra de los magos, que, como se sabe, solo le trajeron amargores para la boca. El Niño Jesús de aquella época era un niño Jesús que trabajaba, que se esforzaba por ser útil a la sociedad, en fin, un proletario como tantos otros”.

El Niño Jesús proletario, el Niño Jesús de Saramago, es una imagen muy próxima a la realidad de la memoria histórica del acontecimiento que ahora, paradójicamente, justifica fiestas por doquier. Vuelvo a abrir mi libro de las pequeñas memorias de Saramago por las páginas 107 y 108, buscando el final de esta microhistoria navideña del Nobel portugués. Y no me sorprende su reflexión de cierre y recuerdo de aquellos días: la ansiada presencia de los ángeles, una recreación de sus mayores, a los que nunca divisó en su cocina real, aunque los adultos que le rodeaban en aquella Nochebuena se empeñaban en demostrar que “lo sobrenatural, además de existir de verdad, lo teníamos dentro de casa”. Y Saramago niño, incluso ya mayor, aún dejándose llevar por el niño que siempre fue, nunca los vio, “ni uno como muestra”, porque el Niño Jesús que llevaba dentro estaba en otras cosas más mundanas, yendo del corazón a sus asuntos proletarios…. Los que un día, no muy lejano, atendería como compromisos sociales el Niño-Ciudadano Jesús, proletario,  que todos los días visita las Tres Mil Viviendas.

Sevilla, 24/XII/2016

(1) Saramago, J. (2008). Las pequeñas memorias. Madrid: Punto de Lectura, p. 107s.

Felicitar es una cuestión de detalles

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En el contexto de estos días, que nos permiten transitar por los barrios de la memoria, como le gustaba decir a Juan Ramón Jiménez, recuerdo siempre a las personas que aprecio y respeto como compañeras de viaje a lo largo de la vida y, sobre todo, de momentos especiales. Por esta razón, he seleccionado un post de los que he escrito durante el año en este blog, Cuestión de detalles, porque aprendí de Gabriel García Márquez a amarlos y comprenderlos a través de la palabra, para entregároslo como felicitación de Navidad, porque la vida es un recorrido que necesita contar con pequeñas experiencias que nos satisfacen en lo más íntimo de la propia intimidad, que decía San Agustín. Igualmente, es un detalle también para las personas que leen este cuaderno virtual en cualquier momento e inician conmigo una singladura muy especial: la búsqueda de islas desconocidas en la clave aprendida en “El cuento de la isla desconocida”, de Jose Saramago: si no salimos de nosotros mismos, nunca nos encontraremos. Lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento, buscando siempre puertas de compromiso más que las de regalos o peticiones sin causa.

Estas palabras no son más que un detalle al escribir en una página en blanco que me sugiere siempre decir algo especial. Suelo buscar detalles para compartir la felicidad y disfruto entregándoselos a los demás a través de la palabra escrita o hablada. Detalle, según el Diccionario de la lengua española, significa también “un pormenor, una parte o fragmento de algo”, que se asemeja a lo que llamamos verdad, que suele estar siempre atrás, en la trastienda de nuestra existencia, como me gusta recordar por una experiencia contada por uno de mis maestros, el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre unas palabras preciosas aportadas por un enfermo esquizofrénico al que había atendido tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo estuviera el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras para explicar los detalles de la vida”.

Es lo que me ha ocurrido hoy al escribir estas palabras, que afortunadamente aún nos quedan, para explicar el detalle como un rasgo de cortesía, amabilidad y afecto en cualquier momento de nuestra existencia, aunque la segunda acepción anteriormente citada me parece más sugerente: pormenor, una parte o un fragmento pequeño de la verdad que buscamos todos los días entre todos, dejando atrás la tuya y la mía, en la trastienda de la vida. Cuestión de detalles, nada más.

Un abrazo,

José Antonio Cobeña Fernández

Sevilla, 16/XII/2016

Preludio de la Navidad

Se aproximan fechas en las que el mercado se apropia de ellas de forma escandalosa, mientras que la nave del mundo real va… Hoy he conocido este anuncio de Educo y tengo que reconocer que cuando te recuerdan que uno de cada tres niños de este país pasa hambre, se remueve la conciencia personal de todos y la de secreto. Viene bien aplicar ya, en este aquí y ahora, el principio de realidad tal y como nos lo recordaba el villancico final de Plácido: en esta tierra nunca ha habido caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá, que también cantábamos en mi colegio como si a nuestro alrededor no pasara nada. Fue una película de Berlanga inolvidable, en la que destacaba aquél protagonista entrañable de la cara menos amable de la Navidad, que Educo nos recuerda ahora de otra forma en una campaña para no olvidar la realidad que nos muestra en imágenes impecables.

Creo que junto a la labor encomiable de las Organizaciones No Gubernamentales y afines, el Estado y las Comunidades Autónomas deberían tomar nota y priorizar las políticas adecuadas para que esto no ocurriera, siendo de urgencia vital la aprobación de Leyes que permitan acelerar la creación de empleo para dignificar la vida de millones de personas en este país que carecen del mínimo sustento vital y que nos lo recuerdan anuncios como los de Educo, entre otros de especial interés público.

Sevilla, 14/XII/2016

España Inteligente (Smart Spain)

He leído y analizado con atención preferente la experiencia Smart Nation implantada en Singapur en 2014 y con tres áreas de actuación de importancia extrema: la atención a los mayores, la movilidad urbana y la seguridad de los datos. Creo que es un ejemplo a seguir -salvando lo que haya que salvar- en la implantación de políticas digitales a nivel de Estado para convertir a España en una nación inteligente y, por extensión, en Comunidades Autónomas Inteligentes, perfectamente conectadas entre sí a través de ecosistemas digitales de amplio espectro. Es una oportunidad histórica que no debe esperar más tiempo para ser considerada cuestión o problema de Estado en nuestro país, sin fisura alguna y, probablemente, donde se podría mostrar que la cohesión territorial es más posible partiendo de esta concepción de inteligencia conectada y auspiciada por el Gobierno digital correspondiente.

Es asombroso constatar cómo lo que aquí se vive como un auténtico problema, en Singapur se considera una oportunidad. Me refiero por ejemplo al envejecimiento de la población, porque son conscientes con este programa de Smart Nation que las tecnologías van a ser el gran aliado para atender la demanda imparable de servicios de salud y dependencia que esta realidad mundial inexorable necesita atender con carácter de urgencia. Y esta realidad se hace patente, obviamente, si se atiende también de forma intensiva y por inmersión digital a su contrario existencial, a la educación en todos sus niveles, dotándola de medios digitales y programas curriculares donde la programación informática sea materia troncal desde la enseñanza primaria. Razón digital: la preparación masiva en ingeniería informática y ramas afines como la bioingeniería serán piezas clave en el tratamiento del envejecimiento poblacional y en sus antecedentes laborales y profesionales, porque se podrá intervenir digitalmente de forma antecedente y no solo consecuente, como hacemos habitualmente y solo con medios atómicos.

Para que se entienda bien esta cuestión, basta un ejemplo en el campo de la salud. Una historia de salud, digitalizada y tratada como dato masivo por el servicio público correspondiente, podría ser programada para ser atendida con medios digitales en ámbitos tan necesarios como dietas, rehabilitación en casa, aviso farmacológico, calendarios vacunales, visitas médicas virtuales, que permitirían desarrollar miles de aplicaciones informáticas para ser usadas mediante el teléfono inteligente y su proyección en televisiones también dotadas de la inteligencia necesaria para interrumpir un programa cuando esté indicado tomar un medicamento o irse a descansar. Una cuestión importante y nada baladí: debería ser una política digital de Estado porque las economías y beneficios de escala serían espectaculares.

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http://www.smartnation.sg/

La tecnología informática es cara cuando solo se desarrolla por y para “exquisitos” digitales, que permite la proliferación descontrolada de chiringuitos digitales de amplio espectro, que suelen crecer como por esporas y, muchas veces, con intereses ocultos y mediocres. Cuando tiene vocación de servicio público, los costes se abaratan espectacularmente y los beneficios son extraordinariamente masivos. Es lo que diferencia una nación inteligente, Smart Nation, de otra que no lo es, porque en definitiva es una cuestión de tener muy clara la diferencia que existe entre políticas de inversión ética digital y las de gasto no controlado ni ético desde una perspectiva digital, como he abordado tantas veces en este cuaderno de inteligencia digital.

En un país tan descreído y autosuficiente como el nuestro, donde rápidamente juzgamos estas experiencias como de ciencia ficción, se debería atender el ejemplo de Singapur para extraer de él aquello que nos puede ser útil, porque “nosotros también podemos inventar” o copiar dignamente lo que hacen bien otros. Puede que con esta actitud entendamos mejor por qué nos deben preocupar los resultados del informe PISA en España y Andalucía. Singapur, es todo un ejemplo y la experiencia tan novedosa de lo que pueden hacer los niños y las niñas allí, mediante el programa Smart Nation, lo confirma. Quizá comprendamos mejor también las palabras de Tan Kok Yam, responsable gubernamental del programa Smart Nation, al querer convertir Singapur en “un lugar donde las ideas se hagan realidad en el menor tiempo posible”. Porque debería haber “prisa digital” atendida por el Gobierno correspondiente, obviamente.

Sevilla, 13/XII/2016

Por el color del Pantone

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Conservo en mi biblioteca, como oro en paño, un libro precioso que recopila un hilo conductor cromático en la obra de Juan Ramón Jiménez, que lleva un título programático: Por el cristal amarillo. Era el color preferido del poeta y casi todo lo que escribió y vivió lo inundó de amarillo en lo que él llamaba sabiamente “barrios de la memoria”. La cancela de su casa en la calle Nueva marcó su elección cromática para siempre: “[…] era de hierro y cristales blancos, azules, granas y amarillos. Por las mañanas. ¡qué alegría de colores pasados de sol en el suelo de mármol, en las paredes, en las hojas de las plantas, en mis manos, en mi cara, en mis ojos! […] Yo miraba sucesivamente todo el espectáculo, el sol, la luna, el cielo, las paredes de cal, las flores -jeranios, hortensias, azucenas, campanillas azules-, por todos los cristales, el azul, el grana, el amarillo, el blanco. El que más me atraía era el amarillo. Por el cristal amarillo todo se me aparecía cálido, vibrante, rejio, infinito […]”.

No olvido estas pálabras entrañables del poeta de Moguer, lugar que tanto quiero -con la luz dentro- y que no olvido por todo lo que me entregó en una época de mi vida. He recordado este libro porque se ha anunciado hace unos días el color oficial del año próximo, el GREENERY, declarado por Pantone (15-0343) y que marcará tendencia en todas las variantes cromáticas de la vida. Me ha llamado la atención cómo se construye todo en el ecosistema de mercado en el que estamos instalados malgré tout (a pesar de todo). Esta declaración internacional inundará de verde Greenery todo lo que se mueve en el mundo y que se ha elegido de forma no inocente, atendiendo las palabras de presentación de Leatrice Eiseman, Directora Ejecutiva del Pantone Color Institute: “Greenery irrumpe con fuerza en 2017 y nos ofrece la confianza que anhelamos en el tumultuoso contexto social y político en el que vivimos. Al satisfacer nuestro deseo creciente por re-juvenecer, re-vitalizar y unir, Greenery simboliza la re-conexión que buscamos con la naturaleza, con nosotros mismos y con un sentido más amplio de nuestras vidas”. El prefijo “re” es el que verdaderamente marcará la tendencia, poniendo color a nuestras vidas, la de todos y la de secreto. Según ellos, utilizando el plural mayestático, una re-volución de mercado en toda regla.

La mercadotecnia sabe introducir sus productos, sabiendo de antemano que nada es inocente. Así nos lo hacen creer. El color elegido para 2017 reconoce la fuerza expresiva del Greenery en todos los aspectos de nuestra vida diaria, “y lo vemos en la planificación urbana, la arquitectura, el estilo de vida y las opciones de diseño en todo el mundo. Greenery siempre ha estado en la periferia, pero ahora pasa al primer plano, y ya es un tono omnipresente en todo el mundo”. Una campaña publicitaria en toda regla que marcará tendencia cromática en el mundo de todos de cada persona.

Vuelvo a leer algunas reflexiones de Juan Ramón Jiménez en torno a su color preferido, el de su persona de secreto, muy cerca de lo que veía por el cristal amarillo de su querida cancela de la calle Nueva en Moguer: “Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Nada que ver con lo que será la revolución de Greenery en el supermercado grotesco del primer mundo, porque el negro de la realidad actual de los que sufren es el color predominante, por mucho que le pese a Pantone en su proyecto para 2017. Al final, es verdad: todo depende del color del cristal por el que se contempla la vida.

Sevilla, 12/XII/2016

DATOS PÚBLICOS MASIVOS / y 6: Urge la protección del ecosistema público digital

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Finalizo esta serie dedicada a la visión estratégica del tratamiento de los datos públicos masivos que existen en la Administración tanto a nivel estatal como autonómico, centrando hoy este análisis en la reflexión estratégica sobre la auténtica razón de existir de los datos públicos masivos: la salvaguarda del interés general en la generación y tratamiento estratégico integral e integrado de los mismos, como resultado de las políticas digitales llevadas a cabo por el Gobierno correspondiente, protegiendo el ecosistema público digital del país.

¿Qué es el ecosistema público digital? El conjunto de personas atendidas por la Administración mediante sistemas de información que se interrelacionan entre sí en economías de escala, para obtener productos adecuados que salvaguarden el interés general de la ciudadanía y su evaluación continua. Entre estos productos adecuados se encuentra el tratamiento de la información que genera esta interrelación, creando bases de datos públicos masivos, por ejemplo y a título indicativo, que no exhaustivo, en ámbitos públicos de marcado interés general como puede ser la salud, educación, servicios sociales, empleo, entre otros. Siempre con visión de Estado, no solo en localizaciones territoriales concretas, que nunca formarían parte del ecosistema público digital, como ocurre en la actualidad, con ejemplos tan evidentes como los sistemas de información de salud de Comunidades Autónomas, que no pueden interoperar entre sí y con otros sistemas propios por no existir políticas digitales al respecto, generando además un gasto público insoportable y con daños colaterales al citado ecosistema, generando un puzle digital inhumano, al no poder obtenerse información conectada y compartida que redundaría en beneficio del interés general, gran víctima de esta dejación política. Para decirlo claramente, se está incurriendo en una clarísima dejación de cumplimientos constitucionales en el funcionamiento de la Administración al respecto.

Bajando a realidades concretas y próximas, los artículos anteriores de esta serie han abordado diferentes formas de abordar esta oportunidad extraordinaria que tienen tanto el Gobierno central como los Gobiernos de las Comunidades Autónomas en este país, en sus múltiples centros de procesos de datos, donde se trata de consolidar la información derivada de sus múltiples departamentos, sin visión alguna de pertenencia al ecosistema público digital que se debería definir, construir y estructurar con visión de Estado. El problema actual radica en que al no existir política pública digital de amplio espectro, lo que resulta es la proliferación de depósitos de información, digitales por supuesto, pero sin tratamiento profesional de ecosistema público digital, por problemas serios de interoperabilidad al no haberse fijado políticas públicas digitales al respecto.

¿Qué hacer? Ya lo he manifestado por activa y por pasiva en este blog: para empezar, es urgente crear una Secretaría de Estado de Política Digital, dependiente de la Presidencia del Gobierno, que establezca una estructura a nivel de Estado que fijara una estrategia pública digital, más allá de la estrictamente necesaria para el cumplimiento de la Agenda Digital de Europa que, por supuesto, integraría, pero como una responsabilidad pública más y no exclusiva, como ocurre en la actualidad, para llevar a cabo políticas digitales en el corto, medio y largo plazo, con visión más allá de una legislatura. Todo el tiempo que pase sin abordarse esta cuestión significará una pérdida de tiempo lamentable para salvaguardar el interés general de la ciudadanía en el ámbito digital, que es a quien debe servir. Además, porque mantener esta situación es un despilfarro de dinero público que no se debería permitir por más tiempo. Lo grave no es el gasto, que no inversión, en infraestructuras digitales para mantener el desorden digital existente, sino el tiempo perdido y que difícilmente se podrá recuperar, teniendo al alcance de la mano la posibilidad que ofrece una política adecuada en el tratamiento de los datos públicos masivos, que es lo que abordo ahora con carácter especial.

El ecosistema público digital está en peligro si no se toman medidas con carácter urgente y sin más dilación. Lo he dicho en múltiples ocasiones: no confundamos gasto con inversión pública al respecto. El problema actual no es que no haya dinero público para abordar estas cuestiones, el problema real es que no hay liderazgo político para coger el toro por los cuernos de una vez y llamar a esta realidad por su nombre: dejación política en un acción tan sentida y percibida por la ciudadanía, como es la realidad digital, al estar viviendo todos en un ecosistema digital que nos ofrece posibilidades extraordinarias para construir un mundo diferente, a pesar de los detractores del mismo, que también existen. Lo que no es tolerable es contemplar que el Estado es el primer artífice de este desastre en el tratamiento de los datos públicos masivos, al no ordenar y organizar política y legalmente esta actividad, teniendo muestras en el ámbito internacional donde ya se han tomado medidas serias al respecto.

Al igual que en el cambio climático, hay que convencer a los descreídos y distraídos que no acaban de convencerse de que el establecimiento de estas políticas digitales es imprescindible para el progreso de este país, donde la economía del conocimiento que puede ofrecer el ecosistema público digital puede ser una fuerza tractora extraordinaria como primer motor inmóvil (que decía Aristóteles) para obtener resultados alentadores para la ciudadanía y empresas emergentes. Porque urge salvar el ecosistema público digital.

Con esta serie, que finaliza hoy, cumplo otro sueño: llegar a ser, en un día no muy lejano, miembro del ecosistema público digital de este país, escribiendo hoy con palabras de compromiso activo que sirvan para los demás, aunque reconozco que ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, siendo consciente de que genera en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Pero son solo proposiciones, tal y como lo aprendí un día ya lejano de Pablo Milanés, porque las ideologías digitales, ya saben, tampoco son inocentes: Propongo compartir lo que es mi empeño / Y el empeño de muchos que se afanan / Propongo, en fin, tu entrega apasionada / Cual si fuera a cumplir mi último sueño.

Sevilla, 2/XII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de http://www.mintic.gov.co/portal/604/w3-propertyvalue-634.html

El tiempo, según Eduardo Mendoza

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Ayer se otorgó el Premio Cervantes 2016, máximo galardón de las letras españolas, al escritor Eduardo Mendoza. Me alegró especialmente, porque lo relacioné inmediatamente con una experiencia personal del pasado mes de septiembre, leyendo un artículo suyo de despedida en la colaboración mensual de sus publicaciones en la última página de la revista ICON (Septiembre, 2016), publicada por la editora del diario El País. Lo envié a las personas que quiero, porque estimé que abordaba una cuestión transcendental en la vida que siempre me ha llamado la atención existencial: amar el tiempo propio y el de los demás. Llevaba por título “Tiempo de despedida” (1), una reflexión preciosa sobre la forma de estar en el mundo, sentarse en él (sitz in leben), teniendo en cuenta el factor tiempo, relativizando la forma de ser cada persona en su forma de comprenderlo, sentirlo y expresarlo.

Es verdad que en bastantes ocasiones he tratado en este cuaderno digital la relación humana con el tiempo, porque me preocupa apasionadamente. Decía Mendoza en su artículo que “Si me voy es porque me gusta hacer la mudanza de tanto en tanto, sin ton ni son. Por lo demás, el tiempo es relativo. Es un lugar común, pero en el fondo, no lo creemos. Vivimos pendientes del tiempo y nos cuesta imaginar cómo sería la vida sin un calendario y sin un reloj”. Es lo que aprendí hace ya muchos años del Eclesiastés, en su maravilloso capítulo 3, que nunca olvido, porque leyéndolo con atención siempre podemos reflexionar sobre momentos cruciales del ciclo vital de cualquier persona y su entorno, en cada ecosistema temporal, sabiendo que todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: tiempo de nacer, morir, plantar, arrancar lo plantado, sanar, destruir, edificar, llorar, reír, lamentarse, danzar, lanzar piedras, recogerlas, abrazarse, separarse, buscar, perder, guardar, tirar, rasgar, coser, callar, hablar, amar, odiar, guerra y paz. Casi sin darnos tiempo para recuperarnos, aborda también una cuestión enigmática de profundo calado: “lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es”, resolviéndola con una solución teísta: “Y Dios restaura lo pasado”. ¿Qué Dios, en un mundo descreído?

Con motivo de la proclamación de este premio, he recordado también un dicho turco que me emocionó al conocer su profundo sentido: “Todo al final es como quien cava un pozo con una aguja”, donde el tiempo marca las diferencias para ser y estar en el mundo. Aprendí su significado en el universo extraordinario de la literatura que libera, leyendo el discurso que leyó Orhan Pamuk en el acto de entrega del Premio Nobel de Literatura en 2006, publicado después con un título muy sugerente, tanto como las palabras escritas en su dilatada vida: La maleta de mi padre. Es verdad que la vida de un escritor se hace poco a poco, como la de Mendoza, horadando la persona de secreto que todos llevamos dentro, aunque no todos lo descubran, es decir, cavando el pozo del alma con una aguja virtual. Esa es la razón de que existan pocos escritores que aporten al mundo sus pozos con agua, porque es su misión, no la de estar secos.

Es lo que a lo largo de su producción literaria nos ha entregado Eduardo Mendoza. Aunque haya ido muchas veces del timbo al tambo, haciendo mudanzas, como él dice, “sin ton ni son”, pero escribiendo con el alma, como lo escuché una vez en una experiencia contada por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas… Hoy, sobre la forma en que Eduardo Mendoza escribe para entender su tiempo de recibir premios.

Sevilla, 1/XII/2016

NOTA: la imagen se ha recuperado hoy de https://www-livreshebdo-fr.sargasses.biblio.msh-paris.fr/article/eduardo-mendoza-recoit-le-prix-franz-kafka-2015

(1) Sólo conservo una imagen del artículo, que adjunto, pidiendo disculpas por la dificultad probable de su lectura:

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