La biblia de IKEA

El domingo leí un artículo extraordinario de Juan Cueto sobre el catálogo de IKEA en El País Semanal. Está muy bien escrito, con lenguaje lleno de guiños a la sátira, pero lo que me llamó poderosamente la atención es el dato que facilitaba sobre la edición de 2007, con una tirada multimillonaria de ejemplares, que supera hoy día al libro que alcanza más ediciones en el mundo: la Biblia. Se editan 160 millones de catálogos, como manuales de ciudadanía para las “repúblicas independientes de nuestras casas” según el eslogan de este año. Y me entró curiosidad por hojear sus páginas, en un acto de rivalidad digital por excelencia: lo visualicé por Internet, en la página Web de la firma, en línea, para mayor toma de conciencia de que pasaba a engrosar la lista de los lectores digitales del nuevo sentir “político” como ciudadano e inquilino virtual de repúblicas amuebladas por IKEA.

Indudablemente es un fenómeno humano que me entusiasma analizarlo desde una esfera de inteligencia social. Para empezar, no es baladí la fecha de publicación anual en España: septiembre de cada año, en el comienzo del curso escolar, una nueva etapa en la vida de cada uno y familiar, porque toda aquella persona que se estime conocedora y usuaria de los muebles de IKEA y que se precie de estar a la última, sabe que en agosto finaliza la validez del catálogo anterior. Está programada la tensión y el estrés está asegurado: se fabrica la necesidad de consumir bienes muebles (nunca mejor dicho), para la vida horizontal, como su sempiterno embalaje, porque la verticalidad no es válida en la república independiente de la casa de cada uno. La distribución es cosa del boca a boca. En la calle no se habla durante días de otra cosa. Todo el mundo ha visto el catálogo en televisión, pero la angustia crece por momentos porque “a mi casa todavía no ha llegado”. Y un buen día de septiembre corre la voz: “está en el portal, en el jardín, hay montones, no te preocupes porque hay muchos, no faltará uno en cada casa”.

Y comienzas a hojear la biblia de IKEA. Son 362 páginas, llenas de mensajes subliminales, como veremos más adelante, escritas (corporativamente hablando) por el espíritu del fundador, Ingvar Kamprad, cuyas iniciales, IK, unidas a las de la granja (Elmtaryd) y la aldea donde nació (Agunnaryd), EA, conforma el acrónimo IKEA, en un juego de nombre/hombre hecho a sí mismo, que nace en un ámbito rural, de familia campesina, un gran desconocido, que estimula la plasticidad de los cerebros y corazones de millones de personas en los cinco continentes. Hasta agosto de 2007, puedo “conquistar mi vida”, porque muy preocupados por mi existencia se preguntan: “¿qué está pasando en tu vida?” El mensaje de bienvenida no tiene desperdicio, como una admonición del siglo XXI: “Estás tan ocupado, siempre trabajando, corriendo de un lado a otro sin parar, que te has olvidado de lo bien que sienta estar en casa. Tu hogar está dejando de ser tu refugio. El exterior reclama más y más tu atención. Muy a menudo dedicamos nuestra energía a cosas que, en realidad, no son tan importantes para nosotros, desperdiciando oportunidades de disfrutar de las cosas que nos hacen felices. ¿Cómo has llegado hasta aquí?. La vida en realidad es algo que está ocurriendo ahora, en este momento. La calidad de vida no depende de grandes cosas, sino de ese pequeño mundo que llamamos “mi casa”. Así que vamos a crear juntos un lugar donde puedes desconectar del exterior, ser tú mismo y disfrutar de las personas y las cosas que hacen que te sientas feliz. Ha llegado el momento de vivir en un mundo real: tu casa”.

A partir de la página 4 se resaltan los “valores” tradicionales de la familia: “Pelea por estar juntos”, “Coincidir es un milagro”, todo trufado de entornos de película por conseguir, pero que de la mano de IKEA están al alcance de tu mano y de tu bolsillo: la isla familiar (1.669 euros), la mesa sociable (299 euros) y las puertas/pizarra. Avanzamos en la lectura y llega el espíritu de la república independiente. “Pelea por tu espacio, … intenta encontrar un lugar que solo te pertenezca a ti”: con los pies en alto (299 euros), en un escritorio con vistas (119 euros) y con un balneario privado. Sin que le falte un detalle a tu nueva vida. Todo muy cercano y muy al alcance de la mano. “Pelea por un buen descanso”: decídete por el confort y las ventanas estarán siempre bajo tu control (24,95 euros). “Pelea por momentos de magia”: creatividad reposada y diversión instantánea: garantizado. Con su precio, porque es mercancía, porque todo es una pelea, como la vida misma.

Todo se puede reducir a un eslogan mágico, recogido en la página 15: “una forma de pensar diferente”. Y así, durante 347 páginas más, para que nos demos cuenta que desde hace cincuenta años los creadores y creativos de IKEA “perdieron todos los tornillos” para que el transporte, el montaje y la satisfacción personal del trabajo hecho por uno mismo nos llene de orgullo al conquistar los muebles de nuestra vida, a pesar de que lo más importante, la cabeza, siga sin amueblar. Es que el espíritu de IKEA está en todo, incluso en sus tiendas/templos y en mis devociones, pero con fecha de caducidad, 31 de agosto de 2007, en esta nueva experiencia de felicidad y libertad vigiladas. Todo, por un módico precio y con consejos de un dios desconocido. Aunque Anna, la asistente virtual por Internet, siempre estará dispuesta a sacarnos de cualquier apuro existencial y a sentarse conmigo en la mesa de la contraportada del catálogo, de pino macizo, envejecido y con barniz incoloro, eso sí, siempre que pase por caja y pague 89 euros en la península ibérica. Sabré entonces que gracias a IKEA “he vuelto a conquistar mi vida” en un mercado que no me gusta y en el que para mí ¡qué quieren que les diga! está ya, desgraciadamente, casi todo vendido…

Sevilla, 5/X/2006

UniCienBlog

Es, con seguridad, una buena noticia: el 16 de noviembre de 2006 se va a celebrar en Sevilla, un evento universitario sobre blogs, ciencia, tecnología y universidad, UniCienBlog, en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática, con el objetivo de “acercar al ámbito universitario, por una parte, todo lo que no tiene cabida, ya sea por falta de espacio o de temática, en otros eventos; y por otra, todo lo que realmente nos interesa como estudiantes y miembros de la comunidad educativa”. Me adelantó su contenido mi hijo Marcos, al que debo una gran parte de la ilusión para mantener vivo el motor inmóvil del blog, como cuaderno digital al que agrego hojas los días que son diferentes a los demás, en fondo y forma.

Y me han pedido que participe en una mesa. Pondré a disposición de todo aquél que lo quiera conocer, de mi parte, todo lo que he aprendido en una experiencia corta, de diez meses, como activista de la red inteligente, de la red alternativa al conocimiento programado e institucionalizado, mediante una herramienta digital que cuida la libertad creativa y de comunicación. Hablaré del hilo conductor de mi cuaderno digital, de la inteligencia humana aún por descubrir, del estado del arte de la esfera mundial de la inteligencia conectiva, revolucionaria, de la enseñanza universitaria en las aceras de Jacobs, como sistema emergente por practicar.

En este momento todo es agradecimiento y espera. Por la invitación a un anónimo blogger, a un escritor de páginas en blanco que en clave de Calvino (Ítalo, no el otro) sigue sintiendo mucho miedo por esas palabras (posts) y páginas retadoras, y porque como decía él mismo, lo importante es que digamos algo, de una manera especial, a los demás, cuando tenemos la oportunidad –y esta lo es- de decirlo y compartirlo, cara a cara en esta ocasión, como riqueza sobrevenida en una tarde de noviembre, en un edificio donde puede tener cabida el universo científico y respetado de cada uno que, al fin y al cabo, es lo que hace Universidad.

Sevilla, 2/X/2006

Cerebro humano y cerebro de ratón

Cuando era pequeño crecí cerca de Mickey Mouse, Minnie Mouse, Pluto y Goofy. Los dibujé mil veces. Me parecían muy humanos e inteligentes, porque vivían como yo, más o menos. Además, hablaban, lloraban y amaban. Pero nunca supe que no me separaba mucho de la forma de ser de Mickey en el mundo, porque la ciencia ha alcanzado resultados muy brillantes en esta etología cerebral: ya se sabe que el 99% de los 28.000 genes humanos tiene su homólogo en el genoma del ratón. Y poco a poco nos vamos adentrando en el conocimiento aplicado del cerebro humano. Los científicos se tienen que acercar también por caminos facilitadores de la biotecnología y de las neurociencias, como es el caso del anuncio efectuado el pasado martes por el Instituto Allen de Ciencias del Cerebro, donde se confirmó que se ha completado el estudio genético del cerebro del ratón, a través de un atlas tridimensional, de utilización gratuita en Internet, en el que se muestra qué genes se activan en las neuronas en cada área del cerebro.

Paul Allen, el célebre compañero de Bill Gates y cofundador de Microsoft: “sentía mucha curiosidad por el paralelismo entre el funcionamiento del cerebro y el de los ordenadores y preguntó a los mejores especialistas cuál sería el proyecto más interesante para financiarlo. Así surgió el atlas que ahora se ha presentado. En el estudio se detalla la actividad de 21.000 genes. Los datos indican que se activa en el cerebro un 80% del número total de genes, lo que significa una proporción mucho más elevada que el 60% estimado anteriormente” (El País, 30/9/2006).  Y Allen entregó 100 millones de dólares (unos 79 millones de euros) para la creación del citado instituto en 2003. La investigación avanza también con la visión de personas que pertenecen a la élite de la riqueza individual puesta al servicio de la colectividad humana. Les profeso respeto, porque nos beneficiamos todos los sectores implicados.

He entrado en la página web del proyecto del Instituto Allen y he podido conocer con detalle el alcance del mismo a través de un video didáctico que explica de forma pormenorizada la forma de proceder en la investigación desarrollada y entregada gratuitamente a la comunidad científica. Este proyecto, junto al desarrollado sobre el mapa cerebral en formato de atlas que ya está a disposición de estudiosos, para conocer mejor las similitudes de enfermedades y éxitos humanos, comparando más de siete mil muestras tomadas entre voluntarios que han cedido su forma de ser cerebral para el beneficio de la humanidad, en los últimos diez años y facilitando un fondo de 40 billones de datos, supone un acercamiento real al complejo mundo del funcionamiento de las neuronas, su plasticidad y sus mensajes humanos. El atlas se encuentra en la Universidad de California, en el Laboratorio de Neuroimagen, donde se están llevando a cabo los avances más espectaculares en el mapeado de las funciones y estructura del cerebro, a través de algoritmos computacionales y de imagen por ordenador. El atlas resultante se ha constituido a través de mapas informatizados que muestran los planos del cableado y los circuitos de las neuronas (valga el símil), la psicología, la bioquímica y la biología molecular de las estructuras y las funciones cerebrales. Es una maravillosa y potente herramienta para descifrar los misterios del cerebro, ayudar al tratamiento de las enfermedades mentales y potenciar la digitalización de algunas formas de actuar de la inteligencia humana y animal.

También he verificado el grado de avance en el conocimiento de la corteza cerebral. Según fuentes acreditadas en 2005, IBM y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne, “durante los próximos dos años, los científicos de ambas organizaciones trabajarán a la par utilizando la enorme capacidad de cómputo de la supercomputadora eServer Blue Gene de IBM a fin de crear un modelo detallado de los circuitos de la neocorteza, la parte más grande y más compleja del cerebro humano. Ampliando el proyecto para modelar otras áreas del cerebro, los científicos esperan con el tiempo poder construir un modelo exacto y basado en computación del cerebro completo. Relativamente poco es lo que en realidad se sabe sobre el funcionamiento del cerebro. Utilizando el modelo digital, los científicos realizarán simulaciones del cerebro basadas en computación a nivel molecular, para echar luz sobre procesos internos tales como el pensamiento, la percepción y la memoria.

Los científicos también esperan poder conocer cómo y por qué ciertos microcircuitos funcionan mal en el cerebro, como sucede en alteraciones psiquiátricas como el autismo, la esquizofrenia y la depresión”. Creo que se abren unas posibilidades que obligan a estar muy cerca de estas realidades auspiciadas por el Instituto Allen, el LONI, e IBM y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL) bajo la denominación científica de Proyecto Blue Brain (Cerebro azul).

Somos, en definitiva, más libres, porque nos conocemos mejor, a través de la verdadera causa de la salud y la enfermedad, gracias a proyectos cuya base científica nace en un pequeño ratón de la factoría Allen, que siempre estará cerca, paradojas de la vida, de la humanidad y de la genética del que conocí hace muchos años, de nombre Mickey.

Sevilla, 1/X/2006

Selam, la niña de Dikika

Ayer saltó la noticia para conocimiento de la población mundial: los restos que se encontraron en Dikika (Etiopía), en 2000, pertenecen al esqueleto de una niña, a la que se ha puesto el nombre de Selam (paz) y se confirma mediante pruebas científicas que cumpliría hoy tres millones, trescientos mil años. Es un descubrimiento extraordinario porque según manifiesta Zeresenay Alemseged, paleoantropólogo etíope del Instituto Max-Planck de Leipzig, en Alemania: “son los restos más completos jamás encontrados hasta la fecha en la familia de los australopitecos”. El esqueleto se ha montado como un puzzle humano, pieza a pieza, hueso a hueso, desde su descubrimiento en el periodo comprendido entre 2000 y 2003, faltando sólo la pelvis, la zona baja de la espalda y parte de las extremidades.

Curiosamente, Yves Coppens, descubridor de Lucy, vecina de Selam, en Dikika, refuerza la importancia de este descubrimiento porque “el mayor interés cuando se descubre un niño es que muestra mejor que un adulto los caracteres genéticos de la especie y permite observar elementos de base porque la acción del medio sobre la persona no se manifiesta todavía. Por eso, el descubrimiento es extremadamente importante. El estudio confirma el carácter bípedo y arborícola de Lucy, a través de estos dos esqueletos que, entre paréntesis, son los más completos de los australopitecos descubiertos”. Hay un gran debate científico sobre las largas extremidades superiores de la especie a la que pertenecen Lucy y Selam, facilitadoras para subir a los árboles y alimentarse, y que posiblemente estuvieran situadas en un callejón sin salida morfológico, en clave evolutiva y teilhardiana.

Por mi especial dedicación científica al estudio del cerebro, me impresiona la realidad de su capacidad craneal, analizada con técnicas de imagen, para poder calcular la fecha de su nacimiento y su base evolutiva para alcanzar el desarrollo que tiene la corteza cerebral actual. Selam, una niña de unos tres años de edad, tendría una capacidad cerebral en torno a los 300 centímetros, mientras que la de nuestra especia ronda los 1.400 centímetros cúbicos. Comenzaba a desarrollarse el cerebro. Y lo que me ha llamado la atención poderosamente, desde la anatomía de estos fósiles, ha sido el hallazgo de un hueso, el hioides (1), que es el auténtico protagonista del hallazgo, porque su función está vinculada claramente a una característica de los homínidos: el hioides permite fosilizar el aparato fonador, es decir, hay una base para localizar la génesis del lenguaje, aunque tengamos que aceptar que el grito fuera la primera seña de identidad de los australopitecus afarensis.

La noticia me ha llevado a una reflexión importante. Hace quince días, en mi trabajo actual de investigación cerebral, escribía lo siguiente: hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado (2) . Los africanos que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (3).

Se han estudiado las regiones del genoma humano, una vez establecidas las comparaciones entre los genomas de humanos, chimpancés y otros vertebrados (animales más o menos próximos en la evolución a nosotros) para identificar elementos que hayan contribuido a cambios evolutivos rápidos, que son los realmente importantes, limitándose la investigación a la zona más relevante, la denominada HAR1. Esta zona forma parte de dos genes. Uno de éstos, el HAR1F, es activo en un tipo de células nerviosas, las neuronas Cajal-Retzius, que aparecen pronto en el desarrollo embrionario (entre la siete y la 19 semana de embarazo) y juegan un papel crítico en la formación de la estructura de la corteza cerebral humana. Estas neuronas son las que liberan la proteína «reelin», que guía el crecimiento de las neuronas y la formación de conexiones entre ellas. El gen identificado (HAR1F) se expresa junto con la «reelin», que es fundamental a la hora de formar la corteza cerebral humana, lo que habla más a favor de su importancia en la evolución. En manifestaciones de David Haussler, director del Centro de Ciencia e Ingeniería Biomolecular de la Universidad de California en Santa Cruz e investigador del Instituto Médico Howard Hughes: “No sabemos qué hace, y no sabemos si interactúa con la «reelin». Pero la evidencia sugiere que este gen es importante en el desarrollo cerebral, y que es emocionante porque la corteza humana es tres veces mayor que la de nuestros predecesores (…) Algo hizo que nuestro cerebro se desarrollara mucho más y que tuviera muchas más funciones que los cerebros de otros mamíferos».

Algo tuvo que ocurrir en el nacimiento de la vida humana, trascendental y aún por descubrir, para que nuestros antepasados, a los que hoy situamos en una primera referencia, Selam, la niña de Dikika, comenzaran a caminar de forma bípeda y a desarrollar el cerebro. La gran pregunta surge al saber que junto a los fósiles de Selam y de Lucy se han encontrado también restos de hipopótamos y cocodrilos, lo que aventura pensar que Selam fue una niña feliz en un medio fértil y adecuado a sus necesidades. Algo tuvo que ocurrir, cuando sintieron la necesidad de salir de su tierra y de su parentela para buscar comida y una habitabilidad mayor. Para no amargarnos demasiado, desde el punto de vista científico y a las pruebas científicas me remito, media un tiempo impresionante entre Selam y los primeros aventureros, hace doscientos mil años, que empezaron a crear el mundo habitado. Voy a seguir de cerca este descubrimiento para enlazar estas realidades. La diferencia del cerebro no es tan evidente, si la comparamos con el paso de los millones de años. Ahí está la llave del secreto de esa niña a la que han puesto un nombre simbólico en territorio musulmán: Paz.

Sevilla, 22/IX/2006 

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(1) Hueso impar, simétrico, solitario, de forma parabólica (en U), situado en la parte anterior y media del cuello entre la base de la lengua y la laringe.

(2) Sreeve, J. (2006). El viaje más largo. National Geographic, Marzo, 2-15.

(3) Pollard, K.S., Salama, S.L. (2006). An RNA gene expressed during cortical development evolved rapidly in humans. Nature advance online: publicado el 16 de Agosto de 2006 (consultado on-line en la dirección: http://www.nature.com).

Las caras de la inteligencia

Ayer volví a analizar con detenimiento un cuadro de Rafael, que he contemplado muchas veces en vivo y en directo en los Museos Vaticanos, en tardes furtivas romanas y que siempre me ha sobrecogido desde cualquier ángulo que lo mirase. Se trata de “La Transfiguración”, un cuadro de encargo (no inocente) de medidas considerables: 410×279, donde me ha interesado en esta ocasión observar (al margen de la transfiguración como hecho místico superpuesto) cómo se contempla la enfermedad mental por unos ciudadanos privilegiados, en concreto la expresión de un epiléptico joven interpretada por los apóstoles, amigos de Jesús de Nazareth. He centrado la mirada en una composición de ocho rostros cargados de expresión mental y corporal ante el fenómeno de la epilepsia, la “enfermedad sagrada” según Hipócrates de Cos. Rostros próximos, caras encontradas a través de la inteligencia individual y conectiva.

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Cuatro rostros pertenecen a los apóstoles, que están muy cerca de lo que está ocurriendo en ese aquí y ahora. Si miran con detenimiento sus caras podrán comprobar cómo existen cuatro formas de aproximarse a la enfermedad sagrada. Son cuatro formas de introyectar y elaborar lo que aparece a simple vista: la visión desgarrada del joven, con los ojos en blanco y su entorno cargado de dolor e incomprensión ante lo sucedido. Veamos uno a uno. Me ha generado emociones internas la cara de desconcierto, magníficamente tratada por Rafael, de un apóstol joven. Da la impresión de intentar recoger en su policromía exacta la verdad de la incomprensión de la enfermedad mental, mirando, no viendo. Mirada profunda, directa, silenciosa. No hay palabras en ese momento. Otro apóstol, de barba canosa, que está muy cerca del anterior, refleja la comprensión de los hechos irrefutables de la vida: la enfermedad está y hay que asumirla. Arriba, aparecen dos rostros muy descriptivos. Uno se vuelve a su compañero y amigo para decirle: ¿has visto?, ¿entiendes lo que está pasando? Su compañero expresa curiosidad por mirar y comprender lo que está ocurriendo.

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Los cuatro rostros restantes, reflejan el dolor y la incomprensión. La cara del joven poseído por el demonio (así se concebía por la sociedad contemporánea, con las mismas culpabilidades que posiblemente se vivencian hoy, cambiando lo que haya que cambiar) es el espejo de su alma enferma, auténtica preocupación de la época por la maldición implícita. Su dedo indica la existencia de una posibilidad de curación. Es una mano dirigida por la inteligencia interpersonal, en un último esfuerzo por indicar la única solución posible que ha corrido por aquellos pueblos ribereños de boca en boca. Su madre y los dos ciudadanos que los rodean expresan en sus rostros la mezcla de realismo fatal y la sombra de la duda de la intervención de los amigos de Jesús que han hablado mucho de la posible curación pero no saben cómo aproximarse a ella.

Las ocho caras de la inteligencia que he comentado pueden suscitar otros muchos comentarios. Son caras de  desconcierto ante la enfermedad mental, con una elaboración personal e intransferible de cada inteligencia particular. Y la realidad social continúa reflejando estas situaciones maravillosamente “pintadas” en el cuadro de Rafael. El cerebro sigue siendo una maravillosa caja de sorpresas que ante la enfermedad de la inteligencia, en sus múltiples versiones, sigue desconcertando a casi todos, aunque admitamos la posibilidad de que la ciencia pueda transfigurar hoy lo que la religión no ha podido explicar finalmente a los seis mil millones de personas inteligentes, cada uno a su manera, que poblamos ahora, en este aquí y ahora, el planeta Tierra. Y solo porque un día muy lejano, comenzó la vida y los seres humanos empezaron a viajar a  tierras desconocidas, con la experiencia ineludible de la enfermedad mental que todavía nos cuesta trabajo explicar. Y se nos nota en la cara que pone ante el cerebro de los demás, sano y enfermo, cada inteligencia en su particular Noosfera.

Sevilla, 16/IX/2006

Wiphala

Los días previos al quinto aniversario del atentado terrorista sobre las Torres Gemelas, están siendo caldo de cultivo para los alentadores apocalípticos que conviven con nosotros mucho más cerca de lo que creemos. Y en este medio hostil, por definición, vislumbré ayer, de nuevo, la realidad de luchar constantemente, de forma celular, por la realidad que recordé el año de la toma de posesión del presidente Lula, en Brasil, cuando manifestaba en los discursos iniciáticos de su actividad  que “otro mundo es posible”. Este recuerdo vino a colación por una noticia que leí en la prensa diaria, sobre la celebración de la 1ª Bienal Internacional del Fin del Mundo, que se celebrará en la ciudad austral de Ushuaia a partir de marzo de 2007. En el acto de presentación del evento, que se llevó a cabo el martes pasado, el canciller Jorge Taiana definió así, textualmente, dicha celebración: “Pensar que otro mundo es posible desde otro mundo”. La Bienal presenta la particularidad de que conectará a los dos polos del planeta, ya que desde la ciudad argentina podrán seguirse actividades culturales desarrolladas en paralelo en Canadá y la Laponia finlandesa.

Fin del mundo. Son palabras que no suelen dejar tranquilo a nadie. Pero en el fondo de la noticia capté un mensaje que me ha hecho pensar en positivo. Verás. Decía la noticia de agencia que los artistas van a “invadir” el paisaje. Además, “Frente a la bahía de Ushuaia se izarán 2.000 banderas realizadas por artistas argentinos con diferentes materiales y que tendrán como denominador común su relación con la wiphala, la bandera indígena que ha hecho famosa en todo el mundo el presidente boliviano, Evo Morales”. Y una vez más, ignorante de tantas cosas, me puse a verificar qué es la wiphala. Tengo que decir a estas alturas del análisis efectuado que las conclusiones son muy esperanzadoras. Me ha entusiasmado el concepto “wiphala” y todo lo que lo rodea. He intentado comprender bien cómo una bandera es la eclosión de un conocimiento y de unos sentimientos y emociones y no al revés. He leído con atención el significado de la bandera “wiphala”, sus cuarenta y nueve cuadros, su lección de humanidad y ciencia aplicada. Maravilloso.

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He consultado el diccionario que describe el fondo y la forma del lenguaje   “aymará”, donde aparece la voz (siempre me ha gustado denominar así a las palabras) “wiphala”: Símbolo andino que representa la pluralidad de naciones, lengua, culturas y pensamientos. Bandera. Y este hecho de pluralidad conocida y sentida me ha permitido entrar en el conocimiento de la misma. He comprendido que la Wiphala es bastante más que la bandera y el emblema de la nación Andina y de los Aymara Quishwa, es la representación de su filosofía andina y, actualmente, el símbolo de la resurrección de la cultura que fluyó de los primordiales Cuatro Estados del Tiwantinsuyo.

En la página web consultada, he aprendido que los cuarenta y nueve espacios (cuadros) utilizan los siete colores del arco iris. En el centro está atravesada por una franja de siete cuadrados blancos que simbolizan las Markas y Suyus, es decir la colectividad y la unidad en la diversidad geográfica y étnica de los Andes. Esta franja representa también al principio de la dualidad, así como la complementariedad de los opuestos, por lo tanto unión de los espacios; y así la oposición complementaria o fuerza de la dualidad, es decir: fertilidad, unión de los seres y, por consiguiente, la transformación de la naturaleza y los humanos que implica el camino vital, y la búsqueda a la que éste nos impulsa.

He conocido, por primera vez, que los cuatro lados de la Wiphala conmemoran tanto a los Cuatro Hermanos Míticos; Ayar-kachi, Ayar-uchu, Ayar-laq’a y Ayar-k’allku, quienes fueron los precursores de los Cuatro Estados originales del Tawantinsuyu, como el símbolo del calendario Cósmico de los Aymará Quishwa; las cuatro épocas del año divididas por las cuatro festividades que las conmemoran: JUYPHI-PACHA o estación fría, LAPAKA-PACHA, estación del calor, JALLU-PACH-A, estación de la lluvia, y finalmente, AWTI-PACHA o estación seca.

La simbología de los Siete Colores del Arco Iris, también son una lección de historia sentida y transmitida:
• ROJO; representa al planeta Tierra (aka-pacha) así como al conocimiento de los AMAWTAS.
• NARANJA; representa la sociedad; expresa la preservación y procreación de la especie; así como salud y los conocimientos de la medicina; también a la educación y juventud.
• AMARILLO; Energía y fuerza (ch’ama-pacha), doctrina del Pacha-kama y Pacha-mama; dualidad; leyes y normas de la práctica colectiva.
• BLANCO; representa al tiempo y a su dialéctica (jaya-pacha), transformación; el arte y el trabajo, reciprocidad.
• VERDE; Para algunos representa a la economía y la producción andina; riquezas naturales, Tierra y territorialidad, así como la flora y fauna que es también considerada un don.
• AZUL; Espacio cósmico, el infinito (araxa- pacha), es la expresión de los sistemas estelares y de los fenómenos naturales.
• VIOLETA; Expresión del pueblo y del poder comunitario; estado, organizaciones sociales, intercambio.

Para interpretar la simbología matemática de la Whipala, debemos remontarnos a la idea del calendario, el cual podemos leer de tres maneras complementarias: Verticalmente, horizontalmente y diagonalmente, lo cual conforma el AWAKU andino. La parte superior de la Wiphala se identifica con el Sol, el día y la parte de inferior con la Luna, es decir, la noche. La Wiphala permite que a través del cálculo matemático sean previstas las fechas de los equinoccios, solsticios y eclipses. En el calendario andino la “Luna anual” tiene trece meses divididos en 28 días, entretanto el “Sol anual” tiene 12 meses constituidos por 8 meses de 30 días más cuatro de 31 jornadas, lo cual al sumarse nos da un total de 364 días, más un día; el llamado JACH’A-URU o Día Grande.

Recuerdo una vez más, aquél cuento paradójico de Monterroso, El eclipse: Por mucho que el bendito fray Bartolomé Arrazola intentaba persuadir a los indígenas de una selva de Guatemala para que no le mataran: “si me matáis –les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca”, éstos lo tuvieron claro desde el principio ante un propagador de la fe y del más allá. Aquellos primeros pobladores de Guatemala, mucho antes que los conquistadores “españoles” llegados allí gracias al mar, decidieron acabar con estas monsergas del fraile, sacrificándolo en la piedra  de los ritos, comenzando inmediatamente a recitar una por una por una las infinitas fechas en que se producirían eclipses lunares y solares, demostrando que eran excelentes astrónomos, tal y como “la comunidad maya había previsto y anotado en sus códices sin la ayuda de Aristóteles”. Es decir, ya estaban allí antes de que fray Bartolomé Arrazola intentara persuadirles de la bondad de los poderes divinos traídos desde la España de Carlos V.

Ante la inteligencia demostrada por los aymará, he comprobado igualmente, que en su diccionario también se encuentran voces que han proclamado a lo largo de los siglos la experiencia maravillosa de poder ser inteligentes actuando. He obtenido algunos ejemplos: Amuyt´a (sustantivo): inteligencia; Amuyayaña (verbo): hacer reflexionar a las personas; Amuykipaña (v.): revisar, considerar; Amuynaqaña (v.): pensar mucho en algo; Amuyt´asiña (v.): recordarse, con cautela; Amuyu (s.): pensamiento, idea; Amuyuni (s.): persona que tiene idea, consciente, inteligente.

Por ello, al finalizar la lectura del artículo y volver a leer a los cronistas del miedo del 11-F o de cualquier fecha próxima o lejana, viendo también un documental sobre Bin Laden y escuchando de fondo los vaticinios de las últimas voces profundas, he vuelto a pensar en Lula, en su otro mundo posible, en las personas que sonríen a los senegaleses de mirada perdida y en la preciosa historia de la bandera Wiphala.

Por cierto. Entre tanta búsqueda de lo desconocido, encontré unas palabras sorprendentes en lenguaje aymará: Tanta sarañani. Me impresionó su significado en esta lengua celtibérica y obligada a conocer a los indígenas aymará, que acusa tanto cansancio para narrar los desastres: iremos juntos. Me encantaría celebrar así el acontecimiento de Ushuaia, porque el fin del mundo sería mucho más relativo.

Sevilla, 9/IX/2006

Máquina para las niñas y los niños (Children´s Machine)

Vuelve otra vez Nicolás Negroponte, a quien profeso admiración, a demostrar que sigue empeñado en cumplir un compromiso anunciado hace meses: que las niñas y los niños más desfavorecidos del Universo puedan acceder a las nuevas tecnologías de la información y comunicación, a un precio simbólico y con un medio versátil y adecuado a las contingencias de la pobreza. Se trata de la “máquina para los niños” ó 2B1, verde y blanca, del tamaño de un cuaderno, que saldrá el próximo año a la venta a un precio de 140 dólares. Sigue siendo un precio muy competitivo, aunque los mal pensados dirán a los cuatro vientos que en muy pocos meses ya lo han subido de precio, al haberse anunciado como el ordenador de los 100 dólares. Será resistente, ligero y de bajo consumo y permitirá navegar por Internet mediante dos pequeñas antenas. Además, tendrá una batería que podrá ser recargada con un pedal conectado al aparato. Negroponte insiste mucho en que éste es un proyecto educativo, no un proyecto informático de portátiles. Esa es la clave. 

Estos ordenadores, que dignificarán la ignorancia que genera la pobreza, rompiendo la temida brecha digital o el nuevo analfabetismo relacional, tienen características sorprendentes. Como se detalla en la noticia aparecida en el diario El País, de hoy: “presentarán una interfaz adaptada para el uso educativo. Carecerán de disco duro para reducir el peso y el precio, aunque tendrán una pantalla TFT de 20 centímetros, con una resolución de 1200 por 900 píxeles. Incorporará una pequeña memoria de 128 megabytes de RAM y 512 megabytes de memoria flash. Contará con cámara, micrófono y altavoces integrados y tres puertos USB. Además, el 2B1 se podrá utilizar como e-book (libro electrónico). El terminal tendrá una vida estimada de cinco años (…) y contará con un teclado hermético adaptado a los caracteres tipográficos de cada país. Dos pequeñas antenas a cada lado de la pantalla permitirán el acceso a redes inalámbricas (wi-fi) con un alcance mayor al de los portátiles normales. El teclado permite una doble opción donde los chicos podrán escribir y dibujar. La clavija del micro acepta otros dispositivos caseros, de manera que el usuario podrá enchufarlo y convertir el terminal en termómetro u osciloscopio. El aparato, construido por Quanta Computers y Red Hat, será rígido, con una carcasa de plástico de dos milímetros de grosor (a diferencia de los 1,3 milímetros normales) e incorporará parachoques interiores. Además, incluirá un software de sonido (Csound), muy versátil. Las baterías no contendrán metales pesados tóxicos y permitirán recargarlo con fuentes de energía alternativas”.

Todo un reto para Negroponte, el Instituto Tecnológico de Massachussets y para todos aquellos que siguen creyendo en la bondad de las tecnologías y cómo pueden convertirse en un instrumento de liberación personal y colectiva, al generar conocimiento como fuente suprema de la libertad y responsabilidad. Comprendo mejor que nunca una frase que me acompaña desde 1986, cuando la descubrí en boca de su autor, Negroponte, donde se hace explícita la capacidad inherente a la inteligencia digital: Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital.

Sevilla, 30/VIII/2006

Pausa del natural color

Cuando comienzan las vacaciones, la primera experiencia que suelo vivir es la de entrar en situación de pausa: laboral, horaria, profesional, pero no mental y, desde luego, no existencial. Es una época extraordinaria para echar a volar la inteligencia y dejarla hacer y deshacer en el mundo de secreto que todos llevamos dentro del cerebro. Desde el 29 de julio no había tecleado una sola letra para este cuaderno, aunque puedo asegurar que en el vuelo anillado de parte de mi inteligencia, determinadas neuronas (marcadas ó anilladas virtualmente) han decidido agruparse para actuar y hacer recorridos ó vuelos muy interesantes. Pero yo había aprendido del Diccionario de Autoridades (1737) un contexto de la palabra pausa que me agrada recordar en estas circunstancias: “sabía por experiencia que le duraba poco esta pausa del natural color y desamparo de los sentidos”. Dicho y hecho.

He iniciado, por ejemplo, la tarea de recopilación de fuentes primarias y secundarias sobre la inteligencia digital. Sigo muy pendiente de aquel compromiso con la malla pensante formada por personas cercanas a Internet, que siguen ilusionadas en adquirir conocimiento sobre esa maravilla de tan poco peso físico a la que llamamos cerebro y a su expresión más humana, en todos los sentidos: la inteligencia creadora ayudada por los sistemas y tecnologías de la información y comunicación. Estoy fascinado con los avances científicos que se producen casi cada segundo vital. Me ha impresionado el estado del arte sobre el mapa cerebral en formato de atlas que ya está a disposición de estudiosos, entre los que me encuentro, para conocer mejor las similitudes de enfermedades y éxitos humanos, comparando más de siete mil muestras tomadas entre voluntarios que han cedido su forma de ser cerebral para el beneficio de la humanidad, en los últimos diez años y facilitando un fondo de 40 billones de datos. Se encuentra en la Universidad de California, en el Laboratorio de Neuroimagen, donde se están llevando a cabo los avances más espectaculares en el mapeado de las funciones y estructura del cerebro, a través de algoritmos computacionales y de imagen por ordenador. El atlas resultante se ha constituido a través de mapas informatizados que muestran los planos del cableado y los circuitos de las neuronas, la psicología, la bioquímica y la biología molecular de las estructuras y las funciones cerebrales. Es una maravillosa y potente herramienta para descifrar los misterios del cerebro, ayudar al tratamiento de las enfermedades mentales y potenciar la digitalización de algunas formas de actuar de la inteligencia humana y animal.

También he verificado el grado de avance en el conocimiento de la corteza cerebral. Según fuentes acreditadas en 2005, “durante los próximos dos años, los científicos de ambas organizaciones trabajarán a la par utilizando la enorme capacidad de cómputo de la supercomputadora eServer Blue Gene de IBM a fin de crear un modelo detallado de los circuitos de la neocorteza, la parte más grande y más compleja del cerebro humano. Ampliando el proyecto para modelar otras áreas del cerebro, los científicos esperan con el tiempo poder construir un modelo exacto y basado en computación del cerebro completo. Relativamente poco es lo que en realidad se sabe sobre el funcionamiento del cerebro. Utilizando el modelo digital, los científicos realizarán simulaciones del cerebro basadas en computación a nivel molecular, para echar luz sobre procesos internos tales como el pensamiento, la percepción y la memoria. Los científicos también esperan poder conocer cómo y por qué ciertos microcircuitos funcionan mal en el cerebro, como sucede en alteraciones psiquiátricas como el autismo, la esquizofrenia y la depresión”. Creo que se abren unas posibilidades que obligan a estar muy cerca de estas realidades auspiciadas por IBM y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL) bajo la denominación científica de Proyecto Blue Brain (Cerebro azul). El proyecto intentará en palabras del doctor Henry Markran, director del Laboratorio de Circuitos Neuronales integrado en el Instituto de Mente y Cerebro de la EPFL, “hacer una réplica en software de una columna de la neocorteza. La neocorteza constituye aproximadamente el 85% de la masa total del cerebro humano y se le atribuye responsabilidad por las funciones cognitivas del lenguaje, el aprendizaje, la memoria y el pensamiento complejo. Una réplica exacta de la columna de la neocorteza es el primer paso esencial para simular el cerebro completo y también brindará el enlace entre los niveles genéticos, moleculares y cognitivos de la función cerebral. En fases siguientes del proyecto, se ampliará la simulación para incluir circuitos de otras regiones del cerebro y, con el tiempo, del cerebro completo”.

En tercer lugar, asisto como espectador e investigador a la demostración científica mundial en los progresos para imitar las funciones del cerebro, destacando sobre todas el vuelco en relación con la regeneración de las neuronas, dando al traste con lo investigado hasta hace solo dos años. Se demuestra, por otra parte, que la estructura del cerebro es relativamente simple, porque a diferencia de las computadoras, cambian de manera constante sus conexiones para modificar la forma en que procesan la información: “Ahora tenemos microscopios que pueden ver conexiones individuales entre neuronas. Hemos podido determinar que el cerebro puede retraer conexiones y fabricar otras nuevas en pocos minutos”, dice el profesor de bioingeniería de la Universidad de Stanford, Kwabena Boahen. Eso permite explicar cómo unos dos kilos de neuronas, dentro de la caja mágica de un cerebro tipo humano, pueden concretar todas las operaciones vinculadas al pensamiento humano. Boahen cree que previos intentos para crear inteligencia artificial han fracasado porque los científicos no tomaron en cuenta esa extraordinaria flexibilidad del cerebro. “Con el fin de lidiar con la complejidad, necesitamos determinar cómo hacer que las cosas se conecten”, dice. Su solución es crear chips que puedan reprogramarse en respuesta a la información que reciben. Como neuronas en el cerebro, deben eliminar viejas conexiones y crear nuevas de acuerdo con las necesidades. A diferencia del cerebro, los chips no cambian sus conexiones, se basan en un itinerario para seleccionar información y decidir qué curso seguir. El primer producto del laboratorio de Boahen es un chip retinomórfico, que está siendo sometido actualmente a una serie de pruebas. El chip contiene unos seis mil fotorreceptores y cuatro mil conexiones de nervios sintéticos. Su tamaño es de una octava parte de la retina humana. Además, consume solo 0.06 vatios de energía. Una computadora digital, en contraste, usa un millón de veces más energía que un cerebro humano. “Hacer prótesis neurales requiere que igualemos la eficacia del cerebro, no solo su actuación”, dice Boahen. Un chip de ese tipo podría ser colocado dentro de un ojo en uno o dos años, dice, luego de que los ingenieros logren resolver algunos problemas, como la fabricación de una “interfaz” eficaz y una fuente compacta de energía.

En definitiva, se trata de imitar de la mejor forma posible lo que alcanzamos a ver en el laboratorio de la vida y para ello tenemos que conocer antes cómo funciona el cerebro, diagramándolo. Y eso es lo que Bruce McCormick, director y profesor emérito del Laboratorio Neurológico de la Universidad Texas A&M, espera crear usando una cámara microscópica denominada Tomografía del Tejido Cerebral. El aparato rebana tejido del cerebro de una rata usando un cuchillo de diamante, lo ilumina con un rayo láser, registra una imagen con una cámara digital y almacena los datos en un disco duro. El dispositivo puede recoger detalles aun más pequeños que los de una neurona individual. Y la información visual es luego reconstruida para crear un modelo tridimensional del cerebro. “Ahora podemos hacer la tomografía del cerebro de una rata en menos de un mes”, dice McCormick. Pero el cerebro humano es mil quinientas veces más grande que el cerebro de una rata, y contiene cien billones de conexiones. Por lo tanto, el Laboratorio Neurológico enfrenta grandes desafíos. El equipo del laboratorio requiere desarrollar programas que puedan registrar los grandes volúmenes de información visual desde todos los ángulos. La intención es completar un mapa del cerebro humano en 20 años.

Ray Kurzweil, un investigador de inteligencia artificial, que ha publicado recientemente un libro muy polémico, La singularidad está cerca, ha afirmado que “dentro de 30 años, posiblemente antes, tendremos todos los datos sobre el cerebro humano y estaremos en condiciones de crear sistemas que podrán emularlo”. Añade en este sentido: “se creará una inteligencia superior. Un ordenador es más rápido que el cerebro humano en algunas cosas, pero lo difícil es que tenga la riqueza, sutileza y profundidad de nuestro pensamiento. Para lograrlo será clave el software de la inteligencia, basado en la ingeniería inversa, que copia el funcionamiento del cerebro humano. Nuestros circuitos cerebrales son tridimensionales y se basan en unas complejísimas conexiones. Escaneando el cerebro podremos crear una réplica, y usando circuitos artificiales tridimensionales de nanotubos (tubos microscópicos) podremos imitar su funcionamiento y crear una inteligencia artificial avanzada. El profesor norteamericano Andreas Nowatzyk ya trabaja en un proyecto para copiar el cerebro de un ratón. Es un primer paso para lo que vendrá luego”. Para Kurzweil, “la Singularidad es un concepto que acuñó en los años 50 John Von Newmann, uno de los padres de la cibernética, para referirse al impacto que tendría el desarrollo tecnológico sobre el futuro. También es un término que en matemáticas significa infinito. En el libro hablo del cambio crucial y profundo que representará la unión de la inteligencia artificial y la humana. Será una ruptura en la historia”.

Sigo creyendo que este siglo será el siglo del cerebro y acompañadas estas investigaciones de los avances espectaculares en genómica, se conocerá con gran detalle cómo funciona el cerebro, en salud y enfermedad y, por tanto, la conducta humana, sana y enferma, aunque el carácter irrepetible de la circunstancialidad que modela las conductas de acuerdo con patrones sociales, nunca llegará a reproducirse en el laboratorio, simplemente por un principio presocrático muy radical desde el punto de vista científico y de autor conocido, Heráclito de Éfeso: nadie se baña dos veces en el mismo río…, de la vida personal e intransferible. Aunque creo firmemente que la ciencia nos permitirá cruzarlo para ir siempre hacia adelante.

Sevilla, 5/VIII/2006

La NASA reconoce la inteligencia española

A las 3.50 horas de hoy, saltaba la noticia al mundo de agencias sobre algo que nos concierne en la preocupación existencial sobre el origen de la vida: “La NASA ha encargado al Centro de Astrobiología (CAB) de Madrid la estación meteorológica con la que contará el laboratorio robotizado que enviará a Marte en el año 2009 para averiguar si el planeta rojo tuvo en el pasado condiciones para la vida y si todavía las tiene”. Y este Centro, dirigido por una persona apasionante sobre la que escribí algunas impresiones el pasado 27/V/2006, el Profesor Juan Pérez Mercader, con su mochila de conocimientos científicos al hombro, tal y como le saludé por primera vez en El Rompido (Huelva), el 25 de mayo pasado, entregará al mundo su inteligencia conectiva para desentrañar las claves de los interrogantes que nos pueden ayudar a prepararnos para lo que viene.

Entre tanta noticia de catástrofes psicológicas y sociales, donde el dolor de los débiles son siempre portada gratuita de una sociedad que cambia rápidamente de canal para que no nos amarguen la sobremesa y la tarde, porque los responsables son siempre “los otros”, noticias como la del reconocimiento al Centro de Astrobiología de Madrid son una bocanada de recuperación de la credibilidad en el ser humano, en su inteligencia creadora con proyección digital.

Solo quería agradecer al profesor Juan Pérez Mercader esta contribución. Probablemente no era la noticia del día, pero quién sabe si será la del mañana próximo, cuando determinados informes de ese laboratorio en Marte nos ayuden a desvelar que no podemos seguir viviendo y pensando como hasta este aquí y este ahora. Y el profesor Pérez Mercader nos contará con su sencillez abrumadora que cuando un día se despertó a la ciencia, la vida en Marte ya estaba allí. Como nos lo contaría Augusto Monterroso en su brevedad creadora. Porque entre las habilidades del profesor Pérez Mercader está la de escribir “cuentos científicos” para la humanidad: “érase una vez un accidente congelado en la evolución del universo”…

Sevilla, 16/VII/2006

Estrella, extraordinaria mujer

Hoy han publicado esta carta, bajo el título «Estrella Morente», en el suplemento dominical «Magazine» que edita «La Vanguardia» y que se entrega junto a varios periódicos que se publican en todo el territorio español. Como está cambiado el título y han suprimido la última frase del original, prefiero respetar el contenido exacto que envié el 18/VI/2006, sabiendo que lo publicado es fiel reflejo, prácticamente exacto, de lo que quería decir a quien lo quisiera leer. Esta es la gran maravilla del conocimiento compartido a través de Internet, como lección magistral de inteligencia digital aplicada, porque en tiempo real se puede conocer la verdad de lo sucedido…

Finalizaba su actuación en el teatro Maestranza, de Sevilla. De pronto dio un traspié por un escalón desagradecido y todo el teatro se sobrecogió por la posibilidad de caerse Estrella, porque todos la habríamos recogido en nuestros brazos para devolverla al escenario, a su firmamento, donde ella hace sentir rápido a los corazones, aunque no entiendas en toda su profundidad lo que quiere decir a cada uno al oído. Y Estrella, la hija de Enrique Morente, “la cantaora del nuevo siglo” (Magazine de 18/VI/206), continuó su cante, su baile, sin ayuda de nadie, como si no hubiera pasado nada, con la maestría aprendida de su madre, Aurora Carbonell, mujer que me pareció admirable en una entrevista entrañable de Jesús Quintero y que me permitió comprender mejor a Estrella, en su baile de tintes árabes, en su cante reivindicativo de mujer de etnia gitana que canta la dignidad de sus vidas difíciles hechas vibraciones de sentimientos y emociones de la experiencia diaria. ¡Qué gran lección!.

Teníamos una entrada de Paraíso, de un sitio muy lejano en el argot de los teatros, para comprender el compromiso que Estrella Morente, la de Aurora y Enrique, desea regalarnos -como metáfora de la vida- cada vez que se sube a un escenario, aunque una probable “caída”, sin llegar a serlo, como la de cualquiera en la vida, nos permitiera aquél día, a todos, recogerla mentalmente entre algodones.

Con mi agradecimiento a los responsables de «Magazine».

Sevilla, 9/VII/2006

Género y vida