Adán y Eva…

… no fueron expulsados. Se mudaron a otro Paraíso. Esta frase forma parte de una campaña publicitaria de una empresa que vende productos para exterior en el mundo. Rápidamente la he asociado a mi cultura clásica de creencias, en su primeras fases de necesidad y no de azar (la persona necesita creer, de acuerdo con Ferrater Mora) y he imaginado -gracias a la inteligencia creadora- una vuelta atrás en la historia del ser humano donde las primeras narraciones bíblicas pudieran imputar la soberbia humana, el pecado, no a una manzana sino a una mudanza. Entonces entenderíamos bien por qué nuestros antepasados decidieron salir a pasear desde África, hace millones de años y darse una vuelta al mundo. Vamos, mudarse de sitio. Y al final de esta microhistoria, un representante de aquellos maravillosos viajeros decide escribir al revés, desde Sevilla, lo aprendido. Lo creído con tanto esfuerzo.

Aunque siendo sincero, me entusiasma una parte del relato primero de la creación donde al crear Dios al hombre y a la mujer, la interpretación del traductor de la vida introdujo por primera vez un adverbio “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vió Dios que muy bueno. Seguro que ya se habían mudado de Paraíso.

Sevilla, 30/V/2007

Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital.

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Lo prometido es deuda. Lo aprendí en mi casa cuando descubría el mundo propio y de mis alrededores en Madrid, en el barrio de Salamanca, en el marco incomparable del discreto encanto de la burguesía. Lo asimilé a la vida ordinaria y por ello agradezco aquellos principios de urbanidad preconciliar, predemocrática, que con el paso del tiempo te compromete con la propia forma de ser y estar. Afortunadamente es una forma de alcanzar la pequeña felicidad de las pequeñas cosas.

¿Recuerdas? El 15 de abril anuncié mi voluntad de publicar en este cuaderno y para toda aquella persona que quisiera ver y leer de forma diferente a la habitual, un libro sobre la inteligencia humana, en su vertiente digital. Llegó ¡por fin! el ISBN, ardiente impaciencia, aunque en unas condiciones que trascienden el mundo anecdótico hasta casi rozar el esperpento. Soy consciente de que formo parte de una estirpe en fase de extinción y a juzgar por la funcionaria que me llamó el viernes pasado al teléfono móvil, lo que motivaba el retraso tenía una causa clara: había cometido un error, porque había puesto un “0” en la casilla de “precio” y claro, ¡cómo se me ocurre solicitar un ISBN, si un libro que lleva por nombre Inteligencia digital no va a tener precio! La respuesta estaba servida: no hay que confundir valor y precio y después de un diálogo muy jugoso, me otorgó el traído y llevado número mágico en la modalidad de “méritos” (escrito a mano sobre la casilla de “0 euros”). A la inteligencia, humana, tuya y mía, rematadamente real como los méritos que tenemos que hacer diariamente para vivir en un mundo de mercado y diseñado a veces por el enemigo.

En esta jornada de reflexión para poder llevar a cabo mañana el acto democrático por excelencia, elegir la ideología teórica y práctica que mejor representa lo que soy y quiero ser (casi nada…), con los demás miembros de la ciudad (polis) en la que crezco a diario, quiero contribuir a reforzar un bien inasible a través de este libro: una interpretación sobre la inteligencia humana, que preside todos los actos del sinvivir, malvivir o porqué no, del vivir apasionadamente con la ayuda de los sistemas y tecnologías de la información y telecomunicación, como es mi caso.

Al fin y al cabo, al entregarte esta ilusión encuadernada a través de 371 páginas, también con tipografía Garamond, me gustaría experimentar y compartir aquellas sensaciones que me sobrecogían cuando era niño y asistía al mayor espectáculo del mundo en el antiguo Circo Price, en Madrid. Sobre todo cuando anunciaron un sábado de hace muchos años aquél número de las “motos voladoras”, como las neuronas de cada una y cada uno, que en el interior de un cilindro metálico enorme (¿un cerebro?), en el centro de la pista, daban vueltas en todas direcciones, en trazados y cruces imposibles, mientras los presentaba el director de pista, con capa plateada, que decía con voz solemne y con grandes pausas: Silencio. Les presento un espectáculo maravilloso: vean y juzguen este número, donde por primera vesssss [sic] en el mundo, la palabra mieeeeedo[sic] se sustituye por intrepidésssss… [sic].

Sevilla, 26 de mayo de 2007

[NOTA] Para bajarte el libro, pulsa aquí: Inteligencia digital. Introducción a la Noosfera digital. Ocupa sólo 4.55 MB, en formato PDF. Te llevará poco tiempo la descarga. Perdón: la llegada silente…

Gracias, por haber sabido esperar.

Inteligencia digital (carta)

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Hoy han publicado en el dominical “Magazine” la carta que les envié sobre un reportaje muy sugerente del androide inmóvil, Geminoid (Magazine, 29/IV/2007), réplica de su creador, Hiroshi Ishiguro, profesor de la Universidad de Osaka, que intenta introducirlo en sociedad, porque “lo importante es la presencia no la inteligencia, pues para lograr un humanoide inteligente perfecto aún nos faltan décadas o siglos, con la tecnología a nuestro alcance”. La adjunto en un enlace a su reproducción facsímil, para no sacarla del contexto de la publicación. Sigo interesado en la tarea de la conectividad digital (crecimiento de la Noosfera) y esta publicación puede ser una muestra de ello.

Sevilla, 20/V/2007

Top mente

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Recuperado de http://www.cronicasdelanzarote.es/imprimir.php3?id_article=160

Me han vuelto a sobrecoger las imágenes de los cayucos, pateras y lanchas neumáticas llegando en oleadas a diversos puertos de las Islas Canarias, con un pasaje humano hacia la esperanza. Es la historia interminable y hoy sólo son una mera noticia editada en los informativos correspondientes. Está integrada en la vida ordinaria y ya no son revulsivos de la conciencia social de cada una, de cada uno y, por extensión, de la conciencia social. Son personajes anónimos. Ayer, paseaba entre sus sábanas inconsútiles, por la milla de oro de Sevilla, donde nos vendían los diferentes top del consumo: perfumes de “marca”, collares, cinturones con hebillas de “marca”, relojes, discos, películas, todo de “marca”, etcétera, etcétera… De “marca”.

Y pensé en la posible definición que les podría aportar desde la llamada sociedad del “malestar”: deberíamos sindicar a los top manta en el top mente, donde podríamos hacer una clasificación de lo que se anhela desde la inteligencia social de estos navegantes solitarios, para darnos cuenta del gran fiasco del primer mundo en un diálogo imposible:

1. Lo que importa es la marca, el producto, no la esencia del mismo. Me lo quedo.
2. Lo que vale es llevarse por precio ínfimo el conocimiento de los demás. Me lo quedo.
3. Ten cuidado con tus alrededores: la policía siempre está acechando. Como mucho, te observo. No me lo quedo.
4. Para abrirse paso hay que pertenecer a unas bandas mafiosas donde yo soy un mero eslabón de la cadena, quizá el más débil. Lo sé, pero como comprador de sueños no puedo hacer nada. No me lo quedo.
5. Todo consiste en decir: bueno, bonito y barato. Son palabras que el primer mundo entiende bien. Me las quedo…

Así, cuando esta noche los vuelva a ver junto a los palacios del consumo sé que tendré siempre una deuda con ellos. No trabajar suficientemente en recuperar segundos de credibilidad hacia la inteligencia humana que permita crear ideologías más fuertes en la solidaridad humana y en la construcción de otro mundo posible: top mente. Ya lo sé: soy un idealista y no tengo remedio. Y es posible que ante una presencia policial, todos los sufridores anónimos del top manta me demuestren de forma cruel que otro mundo es difícilmente creíble y que todo es cuestión de saber vender el honor y la dignidad a cualquier precio para alcanzar el primer puesto en el top mente de la desidia social.

Sevilla, 12/V/2007

El cerebelo: árbol de la vida

Sigo dando vueltas a la cabeza para conocer bien su estructura global. Además, estoy intentado ofrecer a la noosfera la divulgación de las estructuras propias y asociadas del cerebro, y de sus implicaciones inteligentes en clave de género. Llegamos así a otro gran protagonista de nuestra vida diaria y gran desconocido, el cerebelo (cerebellum), el cerebro pequeño, órgano responsable desde la perspectiva científica tradicional, de la coordinación motora, la postura y el equilibrio, que tiene forma de nuez, ubicada en la base del cerebro, con un peso medio de 140 gramos, siendo en realidad una lámina grande fruncida, de unos 17 cm de anchura por 120 cm de largo, cruzándose los pliegues en toda su estructura en forma de “láminas”.

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Figura 1: Cerebelo (imagen recuperada el 7 de agosto de 2006 de http://es.brainexplorer.org/brain_atlas/Brainatlas_index.shtml).

Se encuentra detrás y debajo de los hemisferios cerebrales. Consta de dos partes como el cerebro, unidas por una masa central llamada vermis. La materia blanca de su interior lo comunica con otras partes del sistema nervioso, irradiando aquella en una forma especial que recuerda las ramas de un árbol. De aquí el nombre que recibe de árbol de la vida. Consta además de una corteza cerebelar y núcleos profundos (recomiendo el acceso a la página web siguiente http://www.iqb.es/neurologia/a004.htm#cerebelo, donde se puede profundizar de forma excelente en la anatomía de este órgano). Es un procesador silencioso de información proveniente de otras áreas del cerebro, de la médula espinal y de los receptores sensoriales con el fin de indicar el tiempo exacto para realizar movimientos coordinados y suaves del sistema muscular esquelético.

Junto a los elementos descriptivos de su estructura, lo que deseo destacar en este post es su funcionalidad y aquellas características que sobresalen en las causas científicas e irrefutables que nos permiten vivir de él en el acontecer diario de cada persona. Fundamentalmente en el área del conocimiento y su aportación a lo actos inteligentes llevados a cabo por personas. Una publicación científica llevada a cabo en 2004 (1) resaltaba que “aunque el cerebelo ha sido relacionado siempre con el control y la coordinación del movimiento, en las últimas dos décadas se ha acumulado un número importante de datos que sugieren su participación en los procesos cognitivos superiores. Estas evidencias proceden de estudios anatómicos, estudios de neuroimagen funcional y estudios sobre los efectos de las lesiones cerebelosas. En este trabajo revisamos los datos más relevantes sobre la función cognitiva del cerebelo”.

Es cierto que a partir de las investigaciones actuales a tal efecto, la evidencia de la participación del cerebelo en el funcionamiento de las actividades cognitivas humanas es concluyente, que su papel va más allá de la regulación del tono muscular o modulación del acto motor, de mantener una determinada postura y el equilibrio (con la información que procesa proveniente del laberinto) y de la coordinación, ajuste y corrección del juego antagonistas/agonistas del referido acto motor, aunque se reconoce que es un campo todavía por explorar y desarrollar adecuadamente: “Desde los estudios de neuroimagen se ha mostrado la activación del cerebelo en funciones tales como la generación de palabras, comprensión y procesamiento semántico, la articulación encubierta, la memoria verbal inmediata, el reconocimiento verbal y no verbal, la planificación cognitiva, imaginación motora, rotación mental, adquisición y discriminación sensorial, y atención. En el estudio de pacientes con lesiones focales se han obtenido evidencias de alteraciones en la velocidad de procesamiento, la realización de operaciones espaciales complejas y de carácter organizativo, la generación de palabras ante consignas, la planificación y flexibilidad, el razonamiento abstracto, la memoria operativa, la temporalización perceptiva y motora. Se han observado además cambios de personalidad, agramatismo [incapacidad de formar palabras idiomáticamente correctas], déficits lectores, disprosodia [dificultad para pronunciar correctamente las palabras con atenuación de la melodía del discurso (monotonía)], y dificultades para realizar cambios voluntarios rápidos y precisos en el foco atencional”.

La curiosa experiencia de la anticipación a la reacción a las auto-cosquillas refleja muy bien que el cerebelo controla el equilibrio, la homeostasis de nuestras sensaciones y emociones: los estudios llevados a cabo por Sarah-Jayne Blakemore investigadora del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres, han demostrado que el cerebelo puede predecir las sensaciones cuando las causan tus propios movimientos, pero no cuando alguna otra persona las provoca: cuando tratas de hacerte cosquillas a ti mismo, el cerebelo predice la sensación, y esta predicción se emplea para cancelar la respuesta de otras áreas cerebrales a las cosquillas. En el procesamiento de las sensaciones causadas por las cosquillas intervienen dos regiones cerebrales. El córtex somatosensorial procesa el toque y el córtex cingulado anterior procesa las sensaciones de placer. Descubrimos que ambas regiones permanecían menos activas durante las auto-cosquillas que durante las cosquillas realizadas por una tercera persona, lo cual ayuda a explicar por qué no se siente ese placentero hormigueo cuando es uno mismo quien lo provoca (2).

Por último, es necesario destacar que determinadas funciones ejecutivas y emocionales también se regulan por el cerebelo. El rol a desempeñar por la conexión sistema límbico/cerebelo es de gran importancia en determinadas manifestaciones humanas. Y una de las inteligencias múltiples analizadas por Howard Gardner, la musical, responde a este patrón científico porque la coordinación motora, con las aferencias de y hacia el sistema límbico y la corteza cerebral hacen muy comprensible la diferenciación del potencial musical que llevaba al niño Mozart a interpretar seis creaciones maravillosas cuando solo tenía cinco años (sobre todas el Minueto para piano en fa mayor (K. 1d): seis manifestaciones de un maestro del clavecín, que suman tan solo tres minutos y cincuenta y cuatro segundos, como introducción a una clase magistral de inteligencia aplicada en su tiempo y en su espacio, controlada por un procesador excelente: el cerebelo.

Sevilla, 5/V/2007

(1) Nieto Barco, A., Wollman Engeby, T. y Barroso Ribal, J. (2004). Cerebelo y procesos cognitivos. Anales de psicología, vol. 20, nº 2 (diciembre), 205-221.
(2) Blakemore, S.J. y Sirigu, A. (2003). Action prediction in the cerebellum and in the parietal lobe. Exp Brain Res (2003) 153:239–245.

El cerebro: artista invitado (guest star)

En los últimos días seguimos asistiendo al estreno de grandes novedades en la investigación del cerebro. Estoy entusiasmado con las posibilidades que se abren a diario para seguir profundizando en la investigación de la corteza cerebral, como sede demostrada de la inteligencia humana. El pasado 13 de abril saltaba a la prensa mundial (Science) una noticia para seguir asumiendo con bastante humildad nuestros orígenes inteligentes: el genoma del macaco rhesus es igual al humano en un 97,5%. La secuenciación del primate ayudará a conocer al ‘Homo sapiens’ (1). En seis años se han ganado veinticinco millones de años en la historia de la evolución de los primates, los antropopitecos (hombres-mono) hacia el ser humano. Por primera vez se sabe que ante esta revolución genómica será más fácil saber “cosas” sobre nuestros antepasados y calibrar bien el porqué de tantos interrogantes evolutivos, de los recursos cognitivos que compartimos con chimpancés y macacos (exactamente por este orden genómico) a pesar de los esfuerzos que se hicieron para que en 2001 se descifrara por primera vez el genoma humano y en 2005 el del chimpancé.

Lo verdaderamente apasionante es saber que “el interés por el genoma del macaco no reside únicamente en compararlo con los demás primates. Los científicos esperan que permita mejorar la investigación en muchas áreas de la medicina, como las neurociencias, la endocrinología y el área cardiovascular. El macaco se considera el mejor modelo animal para estudiar el sida y otras infecciones humanas e investigar nuevas vacunas, y su genoma permite hacer chips de ADN específicos para éste. Históricamente, su papel en hallar el factor Rh y en el desarrollo de la vacuna de la polio fue fundamental” (2). Por eso merecen todo nuestro respeto estos logros científicos, porque nos permiten saber que nuestros orígenes nos abren posibilidades extraordinarias para “intervenir” en sus cerebros y, de esta forma, poder conocer el porqué de la inteligencia humana, sana y enferma.

Hoy, la noticia se centra una vez más en nuestros antepasados conocidos como “primates”: Casi humanos y a veces más inteligentes. Más de 300 primatólogos y otros científicos evalúan las capacidades cognitivas del chimpancé. Y el artículo publicado en origen en el The New York Times, por John Noble Wilford (3), con motivo de la celebración reciente de un simposio sobre La mente del chimpancé, en el Lincoln Park Zoo de Chicago, donde se ha llegado a la conclusión de que los chimpancés tienen una “reserva cognitiva” o inteligencia subyacente que supera incluso a la humana. Se ha demostrado a través de experiencias allí expuestas, entre las que destacó de forma asombrosa la de Tetsuro Matsuzawa, un primatólogo de Kioto (Japón), que “describió a un chimpancé joven que veía cómo aparecían sucesivamente números, del uno al nueve, parpadeantes en la pantalla en posiciones aleatorias. Los números desaparecían en menos de un segundo. Donde habían aparecido los números quedaban unos cuadrados blancos. El chimpancé pulsaba los cuadrados de manera despreocupada pero rápidamente, haciendo reaparecer los números en orden ascendente: uno, dos, tres, etcétera. El ensayo se repitió varias veces con los números y los cuadrados en distintos lugares. El chimpancé, que recibió un entrenamiento durante meses acompañado de la promesa de recompensas en forma de alimento, casi nunca falló y recordó dónde habían aparecido los números. El vídeo incluye escenas de un ser humano que no supera la prueba, y rara vez recuerda más de uno o dos números, si es que recuerda alguno. “Los humanos no pueden hacerlo”, asegura Matsuzawa. “Los chimpancés son superiores al hombre en esta tarea”. Matsuzawa indica que las primeras especies humanas “perdieron la memoria inmediata y, a cambio, aprendieron simbolización, las habilidades del lenguaje. Yo lo llamo la teoría de la compensación. Si quieres una capacidad, por ejemplo, una memoria inmediata mejor, debes perder otra”.

Hace un año ya escribí un post sobre la investigación del primatólogo español Josep Call y me reafirmo en su contenido a través de las noticias anteriores: “La verdad es que de nuevo salta a la opinión pública la eterna dialéctica del creacionismo y el evolucionismo. Siempre me ha interesado sobremanera el estudio del ser humano. Soy antropólogo por vocación, aunque también ha sobrevolado sobre mi cabeza la eterna duda –más bien afirmación- del rabino jasidista Bunam de Przysucha: pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo. Estas experiencias del profesor Call me han llenado la vida de nuevo, me han pre-ocupado (el guión no es inocente) con nuevos interrogantes y me ponen sobre la mesa las eternas preguntas sobre la primera maravilla del mundo: el cerebro humano. Los humanoides, que son legión, siguen sorprendiéndonos con reacciones de comprensión inmediatamente anteriores al “salto” del lenguaje. La mano abierta, con la palma hacia arriba, es un gesto de hambre, necesidad de comer algo, en el mundo de los primates. Pero la cognición voluntaria, es decir, la decisión de cómo voy a pedir de comer es una superestructura del conocimiento que solo corresponde a la especie humana. Es más, la construcción mental de qué va a ocurrir con la comida, la decisión de comer solo o acompañado, poner la mesa, rodear de encanto personal con objetos y palabras el acto de comer es lo que nos sigue volviendo locos a los que nos gusta investigar su por qué”.

Y en el encuentro del Lincoln Park Zoo, hemos sabido que cuando a los chimpancés “se les plantearon problemas para obtener alimentos desde el otro lado de una valla, los chimpancés no sólo fueron inteligentes por sí solos y a menudo competitivos con otro ejemplar, sino que también mostraron una disposición a cooperar unos con otros para realizar el trabajo”. Algo grave ha tenido que pasar en estos millones de años transcurridos, para saber hoy que los chimpancés mayores se alejan del grupo, solos, cuando descubren que los más jóvenes se ríen de ellos porque ya no pueden saltar de un árbol a otro. Y más sobrecogedor todavía, en los datos facilitados en 2006 por el profesor Call: “Los chimpancés son muy sociales, pero los humanos se distinguen de otros primates en que son ultrasociales”. Una prueba rotunda de nuestra inteligencia social que algunas y algunos desarrollan como artistas invitadas e invitados al gran teatro del mundo.

Sevilla, 2/V/2007

(1) M.R.E. (2007, 13 de abril). El genoma del macaco rhesus es igual al humano en un 97,5%. La secuenciación del primate ayudará a conocer al ‘Homo sapiens’, El País, p. 49.
(2) M.R.E., ibídem.
(3) Wilford, J.N. (2007, 2 de mayo). Casi humanos y a veces más inteligentes. Más de 300 primatólogos y otros científicos evalúan las capacidades cognitivas del chimpancé. El País, p. 36.

Antonio Gamoneda

Solo quiero agradecerle con estas palabras breves, el hecho quizá irrelevante para el primer mundo de que un discurso en la entrega del premio Cervantes 2006 me haya devuelto ilusión por la recuperación de la identidad del compromiso, una vez más, en épocas en las que hay que establecer prioridades en el día a día. He leído con atención sus palabras, mágicas, de una sencillez extrema, rodeadas de una clave: la autenticidad de lo cotidiano vivido y sentido en la humildad de la palabra verdadera. Lo decía al final de su discurso:

“El «no saber» es natural en la creación que se desprende de la cultura de la pobreza. Es una suerte de pureza en la oscuridad del pensamiento, que podría ser anulada precisamente por el saber metódicamente adquirido. Nosotros, «los de la pobreza», no tuvimos libros, no fuimos a la universidad. Esta diferencia con los creadores cultos a partir de una situación social que pueda considerarse afortunada, no es, ni a favor ni en contra, una diferencia de grado cualitativo. Esta diferencia la procurará el talento.

Pero el individuo y, por tanto, el poeta, se realiza en la colectividad. Por esta indefectible circunstancia, toda poesía, aun siendo «irremediablemente subjetiva» (nos lo dice Sartre), es también siempre, en su significación última, poesía social. Puede o no llevar consigo convicciones ideológicas. Ante los poderes injustos, en los poetas de origen acomodado podrá darse la ideología solidaria; en los que se reconocen en la pobreza, será una manifestación de su vida desafortunada. Dicho más brevemente: hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza.”

Hablar en este blog desde el interior de la inteligencia digital, no es lo mismo que solidarizarse con esa forma de expresarse la persona inteligente. Ahí está la diferencia. Por ello, gracias, don Antonio, con la misma calidad y respeto que siempre profesé a mis maestros de la infancia y de la Universidad de la vida.

Sevilla, 29/IV/2007

El hipotálamo o la ciruela pequeña

Me remuevo en la silla cada vez que leo, escucho o veo las noticias de mujeres maltratadas y asesinadas. Hace tiempo comencé a trabajar en la construcción de inteligencia creadora que fortalezca el conocimiento de la mujer y de su estructura cerebral para ayudar a comprender mejor las igualdades y diferencias de género, con la ilusión de que el conocimiento del cerebro de las otras, de los otros, de lo que verdaderamente nos une a lo largo de millones de años, la inteligencia, sea una fuerza motriz para remover conciencias de género, enmarcadas en el respeto del conocimiento mutuo. Poco a poco avanzo en la anatomía del cerebro, a través del lenguaje, de la divulgación científica de las estructuras cerebrales que nos pueden hacer más libres porque comenzamos a saber y justificar por qué somos y nos comportamos de forma igual o diferente, sabiendo que el “secreto está en la masa” gris y blanca del cerebro (doscientos mil millones de posibilidades diferentes de ser y estar) cuando se asientan en determinadas estructuras.

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Figura 1: el hipotálamo: imagen recuperada el 24 de abril de 2007, de http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/esp_imagepages/19239.htm

Así llegamos hoy, en este largo camino digital, hasta el hipotálamo, situándonos –valga la metáfora- bajo la cama nupcial, la habitación reservada, que así llamábamos al tálamo. Esta estructura cerebral, en su clave etimológica pura, participa en la regulación del sistema neurovegetativo y endocrino. Es otra “tarjeta” neuronal que cuando se estropea (no funciona bien) acarrea muchísimos problemas a las personas. Y lo peor es que no existen todavía recambios de piezas originales, solo tratamientos -“reparaciones”- paliativos. El hipotálamo, del tamaño de una ciruela pequeña (seguimos en la cocina de la inteligencia…), compuesto por diversos núcleos interrelacionados entre sí, es responsable de una central química más alojada en el cerebro, en su zona central. Controla el equilibrio del agua en el cuerpo, provoca la sensación de hambre o de inapetencia, regula la temperatura corporal (sobre todo la emocional), regula el sueño, también las hormonas, casi todas las “reacciones” emocionales asociadas a conductas de hiperexcitación ó de depresión, la expresión de la libido, y lleva a feliz término el largo viaje que necesita el olfato. Una joya, en definitiva. Y nosotras y nosotros, sin saberlo.

Ante esta maravilla, esta joya de la corona cerebral, solo puedo expresar algo que nos recuerda la compra compulsiva: ¡Me los quedo! Nos los vamos a quedar, porque son dos. Además sin operaciones de mercado. Mis hipotálamos me están permitiendo hoy, mientras escribo estas líneas, controlar la eliminación de orina, me mantienen a una relativa distancia de la “sensación” de hambre o hartazgo, estoy en situación confortable desde el termómetro corporal, mantengo un estado de vigilia muy razonable, estoy experimentando sensaciones de control ante el recuerdo de lo vivido lejano, cuando hace media hora intentaba localizar páginas de mi intrahistoria en Madrid. También me llega el olor de los pétalos que ayer preparó María José en el recipiente azul de la flor del desierto. Y su calor humano.

Más cosas. Se sabe que cuando se descompensa esta maravillosa y sofisticada central se está garantizando el dolor de cabeza, la llamada cefalea en racimo, y todo lo que explicaba anteriormente como concierto armónico en mi cerebro se puede venir abajo y descomponer el estado de ánimo corporal y mental. Las uvas del dolor. Al ser una estructura muy importante del sistema límbico, del llamado “sistema nervioso emocional”, está sujeta a no perder nunca la función de alerta como termostato afectivo, regulando los sentimientos y las emociones permanentemente. Y se conecta con otra estructura interesantísima: la glándula pituitaria ó hipófisis, una glándula de la zona baja del cerebro, muy liviana (0,5 gramos), que libera muchas hormonas, una de ellas muy vinculada a la mujer: la prolactina, que tan importante papel juega en la gestación y alumbramiento. Y también hormonas esenciales en la diferenciación sexual que arranca en la gestación y que alcanza su cénit en la pubertad, donde el hipotálamo pone a cada persona en su “sitio” programado en el carné genético: la TSH, vinculada al Tiroides, la ACTH (estimulación de la corteza suprarrenal), la STH (vinculada al crecimiento), la LH, responsable de la secreción de testosterona y la ovulación, la FSH, coordinadora de la maduración del folículo ovárico y de la formación de espermatozoides, la antidiurética, reguladora de la orina y la oxitocina, que retratan la fisiología femenina en relación al útero y las mamas. Una auténtica sopa de letras pero de la que dependemos en una dieta diaria y que no podemos dar de baja en el menú de la vida humana de cada quién, de cada cual, de cada una, de cada uno.

Me los quedo. Sobre todo porque estas pequeñas estructuras, con el tamaño de unas ciruelas, suponen mucho en mi vida como se pueden imaginar. Aunque tenga que recordar a veces aquel chiste lacónico de Forges, en el que dibujaba a un presunto funcionario que a las 11 de la mañana vuelve a su casa y manifiesta a su mujer (esquema algo rancio de familia, por cierto) algo así, más ó menos: “me he venido del trabajo porque hoy, francamente, me encuentro bien, no sé, es una cosa que me sube y me baja… (señalando el estómago)”. Y la mujer, callaba, asombrada, ante la contradicción de cuatro hipotálamos que quizá no se entienden ni a sí mismo.

Sevilla, 24/IV/2007

Ardiente impaciencia

Sigo trabajando, con ardiente impaciencia (Neruda dixit), en las tareas preparatorias de la publicación digital de mi libro Inteligencia digital. Las cosas del “palacio” cultural van despacio porque obtener el ISBN tarda mes y medio según datos oficiales del Ministerio. Hasta allí no llega la revolución digital. Después vendrá el depósito legal y otras cuitas necesarias para dignificar la publicación con garantías para todas y todos. Pero adelanto algunas características del mismo. Las 371 páginas comprenden 1900 párrafos, 12967 líneas, 111319 palabras y 608644 caracteres. El índice recoge quince capítulos, con epígrafes sugerentes para la comprensión de su hilo conductor, entre los que destaco: cerebro humano y cerebro digital, inteligencia individual, inteligencia conectiva, inteligencia digital y habilidades sociales: la inteligencia social, ¿digitalizar la inteligencia?, inteligencia digital en el siglo XXI: Noosfera, inteligencia digital, gestación y nacimiento, inteligencia digital y escuela, inteligencia digital y sociedad, inteligencia digital y Administración Pública, y ética digital de la Noosfera.

Como la espera puede hacerse tediosa, avanzo hoy la continuación del Prólogo que ya figuraba en el post anterior (¿recuerdan: ¡continuará…!?). Acababa aquella transcripción abordando la comprensión del constructo “inteligencia digital”, con la definición del concepto “inteligencia” en el marco de su primera “aparición” en 1734, con el siguiente detalle:

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Real Academia Española (1990). Diccionario de Autoridades (Ed. facsímil). Madrid: Gredos (Orig. 1726-1739).

“y posteriormente recogidas en todas las versiones tuteladas por la Real Academia Española, hasta llegar a la última edición del Diccionario de la Lengua Española (1), del que nos interesa rescatar también las siete primeras acepciones del vocablo: capacidad de entender o comprender; capacidad de resolver problemas; conocimiento, comprensión, acto de entender; sentido en que se puede tomar una sentencia, un dicho o una expresión; habilidad, destreza y experiencia; trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí y sustancia puramente espiritual, destacando sobremanera la quinta acepción en correlación con la habilidad, destreza y experiencia (también recogida en el Diccionario Académico de Autoridades como tercera acepción, de forma excelente: inteligencia significa también destreza, habilidad y experiencia práctica de las cosas que se manejan y tratan, nacida de haberse hecho muy capaz de ella), que se desarrolla más adelante de forma extensa (Capítulo 5) y que supone la visión que fundamenta el objeto de este libro.

La palabra “digital” es la más novedosa en la realidad social actual y en el esquema de la teoría de Negroponte. Según el Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, 2001), el adjetivo “digital” (incorporado por primera vez en la edición –Manual- de 1983) también tiene una marcada importancia en el citado constructo, dado que es una cualidad referente a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que la expresan con ellos. Hasta esta edición, figuraba la siguiente definición en el Diccionario de 1992: cualidad mediante la que todas las magnitudes se traducen a números con los que una máquina –computadora electrónica- opera para realizar cálculos (2). En la acepción de Nicholas Negroponte (3), el mundo digital se concibe como el cambio de la materia por energía y del átomo por el BIT (unidad mínima de información digital que puede ser tratada por un ordenador; proviene de la contracción de la expresión binary digit (dígito binario), es decir, ancho de banda ilimitado que permita inundar de bits a las personas, fibra óptica a bajo precio, y una emisión de bits independiente de la velocidad a la que los consumamos. Ser digital proporciona mayor facilidad para acceder a la información que se desea y una información de mayor calidad: la digitalización supone una mayor cantidad de información en un espacio mas reducido, lo que se traduce en trabajo más humano, ocio, educación, etc. en contraposición a la dependencia de la burocracia más denostada por el entorno “atómico” en el que nos desenvolvemos.

Pero el autor que desde hace más de cuarenta años sigue aportando frescura a mis pensamientos y sentimientos digitales es, curiosamente, Pierre Teilhard de Chardin, geólogo, paleontólogo y sacerdote jesuita francés, nacido en 1881 en Francia y que finalizó su vida de forma bastante trágica en 1956, en Estados Unidos. En un libro recopilatorio de artículos de Tom Wolfe, El periodismo canalla y otros artículos (4), encontré en 2001 una referencia a Teilhard de Chardin (a quien debo mi interés manifiesto por el cerebro desde 1964), que tiene una actualidad y frescura sorprendentes: “Con la evolución del hombre –escribió-, se ha impuesto una nueva ley de la naturaleza: la convergencia” (…) Gracias a la tecnología, la especie del Homo sapiens, “hasta ahora desperdigada”, empezaba a unirse en un único “sistema nervioso de la humanidad”, una “membrana viva”, una “estupenda máquina pensante”, una conciencia unificada capaz de cubrir la Tierra como una “piel pensante”, o una “noosfera”, por usar el neologismo favorito de Teilhard. Pero ¿cuál era exactamente la tecnología que daría origen a esa convergencia, esa noosfera? En sus últimos años, Teilhard respondió a esta pregunta en términos bastante explícitos: la radio, la televisión, el teléfono y “esos asombrosos ordenadores electrónicos, que emiten centenares de miles de señales por segundo”. La cita es lo suficientemente expresiva de lo que Teilhard intentó transmitir a la humanidad a pesar del maltrato que sufrió por la Autoridad competente del momento, tanto científica, como ética y, por supuesto, religiosa (católica).

Quiero justificar también el subtítulo de este libro: una introducción a la Noosfera digital. Desde 1964 no he cesado en el trabajo subterráneo para descubrir la quintaesencia de la Noosfera que descubrí en la obra completa de Teilhard (del griego “nóos” inteligencia y “sfaíra” (5), esfera: conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven, de acuerdo con la definición de la Real Academia Española, aceptada desde 1984), como tercer nivel o tercera capa envolvente (piel pensante) de las otras dos que consolidan la evolución del ser humano: la geosfera y la biosfera. En esta etapa actual de investigación sobre la inteligencia digital, que deseo compartir con la malla pensante de la sociedad actual, he comprendido muchas claves que la difícil historia de España, en el siglo pasado, no permitían vislumbrar.”

No me resisto a decirlo, al finalizar el post de este día: ¡próximamente en este salón, digital por supuesto…!.

Sevilla, 21/IV/2007

(1) Real Academia Española (2001). Diccionario de la Lengua Española (22ª ed.). Madrid: Espasa.
(2) Para analizar la inclusión de los lemas informáticos, electrónicos y digitales en las sucesivas ediciones del Diccionario de la Lengua Española, es importante conocer el trabajo crítico de sinopsis realizado por José Antonio Millán (2004). Los términos informáticos en el Diccionario de la Academia. Recuperado el 31 de agosto de 2006, de http://jamillan.com/infordra1.htm.
(3) Negroponte, N. (1995). El mundo digital. Barcelona: Ediciones B., 25-35.
(4) Wolfe, T. (2001). El periodismo canalla y otros artículos. Barcelona: Ediciones B, 98s.
(5) Es muy interesante resaltar la quinta acepción de “esfera” aceptada por la Real Academia Española (RAE): “5. fig. Ámbito, espacio a que se extiende o alcanza la virtud de un agente, las facultades y cometido de una persona”, RAE (2001), Diccionario de la Lengua Española (22ª ed.). Madrid: Espasa.

Escribo, solo…

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Así comienza un haiku personal e intransferible (1). Después de un esfuerzo de seis meses de trabajo continuado y de recopilación de textos y reflexiones escritas en mi cuaderno de viaje de un ecuador pasado, finalicé en diciembre de 2006 un ensayo sobre Inteligencia digital, de 371 páginas, con el siguiente subtítulo, Introducción a la noosfera digital, que voy a poner a disposición de toda aquella persona que esté interesada en buscar las islas desconocidas del cerebro, de la inteligencia y de la conjunción de ambas realidades, como habilidad para vivir mejor, en otro mundo posible, en el sentido más profundo del constructo. Estoy en las tareas preparatorias de edición por este medio, Internet, envolviendo ya el regalo a la comunidad pensante en el entorno digital, en esta malla inteligente que trabaja día a día por tener señas de identidad propias. Estoy a la espera de obtener el identificador estándar del libro a nivel internacional, es decir, su carné de identidad (ISBN), la constitución del depósito legal del mismo y la protección de cara a que este libro se pueda copiar, distribuir y comunicar públicamente, bajo tres condiciones amparadas por la licencia de Creative Commons:

Reconocimiento. Para que se reconozcan los créditos de la obra de la manera especificada por el autor o el licenciador (pero no de una manera que sugiera que tiene su apoyo o apoyan el uso que hace de su obra).
No comercial. Para que no se pueda utilizar esta obra para fines comerciales.
Sin obras derivadas. Para que no se pueda alterar, transformar o generar una obra idéntica.

Estará editado en formato PDF y se lo podrá bajar gratuitamente cualquier persona que muestre interés por sus contenidos desde esta página principal del blog. Esta es la grandeza del uso inteligente de Internet. A modo de avance, ofrezco a continuación el comienzo del Prólogo:

“Hace doscientos mil años que la inteligencia humana comenzó su andadura por el mundo. Los últimos estudios científicos nos aportan datos reveladores y concluyentes sobre el momento histórico en que los primeros humanos modernos decidieron abandonar África y expandirse por lo que hoy conocemos como Europa y Asia. Hoy comienza a saberse que a través del ADN de determinados pueblos distribuidos por los cinco continentes, el rastro de los humanos inteligentes está cada vez más cerca de ser descifrado (2). Los africanos, que brillaban por ser magníficos cazadores-recolectores, decidieron hace 50.000 años, aproximadamente, salir de su territorio y comenzar la aventura jamás contada. Aprovechando, además, un salto cualitativo, neuronal, que permitía articular palabras y expresar sentimientos y emociones. Había nacido la corteza cerebral de los humanos modernos, de la que cada vez tenemos indicios más objetivos de su salto genético, a la luz de los últimos descubrimientos de genes diferenciadores de los primates, a través de una curiosa proteína denominada “reelin” (3).

Se han estudiado las regiones del genoma humano, una vez establecidas las comparaciones entre los genomas de humanos, chimpancés y otros vertebrados (animales más o menos próximos en la evolución a nosotros) para identificar elementos que hayan contribuido a cambios evolutivos rápidos, que son los realmente importantes, limitándose la investigación a la zona más relevante, la denominada HAR1. Esta zona forma parte de dos genes. Uno de éstos, el HAR1F, es activo en un tipo de células nerviosas, las neuronas Cajal-Retzius, que aparecen pronto en el desarrollo embrionario (entre la séptima y la decimonovena semana de embarazo) y juegan un papel crítico en la formación de la estructura de la corteza cerebral humana. Estas neuronas son las que liberan la proteína «reelin», que guía el crecimiento de las neuronas y la formación de conexiones entre ellas. El gen identificado (HAR1F) se expresa [sic] junto con la «reelin», que es fundamental a la hora de formar la corteza cerebral humana, lo que habla más a favor de su importancia en la evolución. En manifestaciones de David Haussler, director del Centro de Ciencia e Ingeniería Biomolecular de la Universidad de California en Santa Cruz e investigador del Instituto Médico Howard Hughes: “No sabemos qué hace, y no sabemos si interactúa con la «reelin». Pero la evidencia sugiere que este gen es importante en el desarrollo cerebral, y que es emocionante porque la corteza humana es tres veces mayor que la de nuestros predecesores (…) Algo hizo que nuestro cerebro se desarrollara mucho más y que tuviera muchas más funciones que los cerebros de otros mamíferos».

Con la humildad del investigador que acepta la evidencia científica de que poco sabemos del tiempo transcurrido, de las vivencias de nuestros antepasados, en el año 1997 tuvo lugar un acontecimiento en Europa, en un lugar pequeño de la Noosfera, en mi vida profesional, que supuso un giro copernicano en mi forma de entender y ser en el mundo. Una nueva experiencia de responsabilidad pública en la Administración pública andaluza me obligó a estudiar de nuevo las teorías organizativas y de forma especial el mundo de la informática y de las telecomunicaciones. De esta forma me aproximé a un autor que me ha llevado a enfocar la vida cerebral, integral e integrada, de forma diferente. Me refiero a Nicholas Negroponte, director del Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachussets (MTI), posiblemente muy discutido en el ámbito de los sistemas y tecnologías de la información y comunicación, pero de indudable prestigio en la visión del nuevo mundo que estaba por venir en la fecha de publicación de su libro “El mundo digital» (4) y sin descontextualizarlo de su momento oportuno.

A partir de aquella lectura he procurado aprender a aprender de la aportación personal y social de los sistemas de información y telecomunicaciones a la inteligencia humana, para transformarla en inteligencia digital. Nueve años después, aún conociendo que no son la panacea para resolver y curar todos los males existenciales y políticos, sigue teniendo una fuerza especial un mensaje que grabé en la memoria histórica personal y que debo a Negroponte, su autor: Los bits no se comen; en este sentido no pueden calmar el hambre. Los ordenadores tampoco son entes morales; no pueden resolver temas complejos como el derecho a la vida o a la muerte. Sin embargo, ser digital nos proporciona motivos para ser optimistas. Como ocurre con las fuerzas de la naturaleza, no podemos negar o interrumpir la era digital.

Explicar el constructo “inteligencia digital”, como una posibilidad más de las múltiples formas de expresarse la citada inteligencia humana, dependiendo siempre de muchos factores genéticos y contextuales, es la gran tarea a desarrollar en estas páginas. He aprendido a convivir con ambos vocablos desde todas las perspectivas científicas posibles y por ello deseo “comprender” bien y hacer accesible en este aquí y ahora, a todas las lectoras y a todos los lectores de este libro, el significado que tienen en la sociedad actual y en nuestra realidad como Estado, donde evolucionamos democráticamente como seres inteligentes. Didácticamente, el concepto “inteligencia”, de acuerdo con el Diccionario Académico de Autoridades, al que profeso gran admiración, se ha definido a lo largo de su pequeña historia a través de ocho acepciones, de gran interés para su análisis en contextos sociales declarados formalmente en el siglo XVIII (reproducidas en facsímil a continuación, figurando por primera vez en la edición de 1734:)”

Iré informando puntualmente de su disponibilidad. Espero que los trámites en los que estoy inmerso faciliten esta voluntad digital. Gracias, de antemano, por saber esperar si estás interesada ó interesado en su lectura. Recuerda: este libro no es mercancía sino un “producto” de la inteligencia compartida ó conectiva, es decir, un deber. Quizá, para ti, un derecho. Como lo prefieras, porque no es lo mismo valor que precio (Machado).

Sevilla, 15/IV/2007

(1) Escribo, solo
porque ya siento, solo
un pensamiento

(2) Shreeve, J. (2006). El viaje más largo. National Geographic, Marzo, 2-15.

(3) Pollard, K.S., Salama, S.L. (2006). An RNA gene expressed during cortical development evolved rapidly in humans. Nature advance online. Recuperado el 16 de Agosto de 2006, de http://www.nature.com.

(4) Negroponte, N. (1995). El mundo digital. Barcelona: Ediciones B. Su lectura es imprescindible para aprehender bien el concepto “digital” y su impacto en la vida ordinaria personal, social y profesional.