Valeria Castro, ´chiquita´ y muy grande al mismo tiempo

Sevilla, 9/XI/2023

La música es una de las grandes pasiones culturales que cuidan mi alma, porque sé que siempre es compañera en la alegría, pero también medicina para el dolor (musica laetitiae comes, medicina dolorum), incluso para comprender el sinsentido de las guerras actuales, en Palestina y Ucrania, a la que no olvido, junto a las intestinas de la política nacional cuando ésta carece de altura de miras, no inocente por cierto, tal y como lo estamos viviendo estos días en este país como consecuencia de la traída y llevada amnistía, sin que se explique bien y se comprenda su verdadero alcance democrático. En este contexto, vuelvo hoy a ella a través del descubrimiento, esa es la misión de este cuaderno digital, de una cantante ´chiquita´, debido a su nacimiento en la isla de la Palma, que así se identifica también a esta preciosa isla, muy bonita y que conozco bien, cuyo nombre, Valeria Castro (La Palma, 1999), se va a escuchar a escala internacional, próximamente, con motivo de la ceremonia de la entrega de los premios Grammy en esta ciudad, el próximo 16 de este mes, al estar nominada a uno de estos premios, concretamente el Grammy Latino a mejor canción de cantautor por ´La raíz´, canción que preside estas palabras, como homenaje a su tierra ´chiquita´, a la que nunca ha renunciado en su fondo y forma.

Así se presentaba en 2021 en una entrevista en la revista ´Vogue´, con palabras que enmarcan perfectamente su vida y su obra, respetando siempre sus raíces: ´Nací en La Palma, que es una de las islas menores de Canarias, y es también por eso mi sentimiento de pequeñita. Saber de dónde vienes, cuando se trata de un sitio pequeño, es saber también que tienes que crecer desde más abajo. Empecé estudiando en una escuela de música de allí y, si no hubiese crecido ahí, quizás mi amor por la música no sería el que es hoy. Empezar con 4 años a tocar el piano y cantar fue clave, la infancia es una etapa muy bonita para desarrollar esas pasiones y que luego duren, ojalá, siempre´.

Valeria Castro ha crecido junto a la música en sus más diversas manifestaciones, baile, guitarra, piano y canto, faceta esta última que le permitió con tan sólo 18 años, entrar a formar parte de la discográfica multinacional ‘Warner Music’, presentándose en el mundo musical con un proyecto de homenaje a canciones de las décadas de 1990 y 2000, junto a su guitarrista y violinista, Alberto Torres. Dos años más tarde, la discográfica lanzó un disco, ´Chiquita´, con seis temas entre los que destaca ‘Ay, amor’, una canción que critica la hipocresía frente a la inmigración, junto a otras composiciones que mezcla ´talento y ternura´, tal y como la ha definido a ella  Alejandro Sanz, mentor también de su meteórica carrera artística, ‘Culpa’, ‘Cómo te voy a olvidar’, ‘La corriente’, ‘Cuídate’ y ‘Guerrera’, siempre con el hilo conductor de la sororidad y su proximidad a las mujeres que sufren violencia de género y que junto a su madre y abuela, constituyen su inspiración más directa a la hora de componer y cantar sus propias canciones.

Respetando esta trayectoria vital, me ha interesado conocer la letra de la canción nominada al premio Grammy citado, La raíz, porque refleja el respeto que debemos sentir siempre por nuestras raíces humanas, con sus sentimientos y emociones, porque hay que escucharla siempre con el corazón, más fuerte que el viento, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Rafael Alberti, aplicado a los versos, en su Canción 8, recogida en Baladas y canciones del ParanáSentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón / Más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón, / Más que el viento. // El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O lo que es lo mismo: La raíz, sin corazón, no es nada. Solo una canción.

Todo se inunda y piensas que nunca
Toca la bala en tu pecho y asusta
Y todo parece que en unos meses
Sigues pensando en que igual es tu culpa

Y tú mirando a todos lados por si alguien ha llorado
Y tus ojitos tan mojados no han secado
Y tú que tanto te mereces, no todos permanecen
Y no por ello no amanece, no florece

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidándola

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidando la raíz
Cuidando la raíz
Cuidándola

Y aunque a veces llores, tienen las flores
Que tener agua aunque no sea la justa
Y es recurrente al lado de tu frente
Unos ojitos que piden disculpas

Y tú que siempre has intentado tener tanto cuidado
Con lo que estaba cerca pero no en tu mano
Y tú tendrías que ver el alma que tiene tu garganta
Que solo así se aprende a ver el mar en calma

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidándola

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidando la raíz
Cuidando la raíz
Cuidándola

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidándola

Pasó lo que tenía que pasar
Y no pienso hacer nada más
Más que quedarme aquí
Cuidando la raíz
Cuidando la raíz

Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidando la raíz (cuidando, ay cuidándola)
Cuidándola

Valeria Castro va a estar en esta ciudad, pendiente de su nominación junto a otros cantautores de mucho prestigio. No sabemos qué pasará la semana próxima, pero de lo que estoy convencido es de que a ella sólo le basta su raíz, cuidándola día a día, como siempre, su mejor premio, porque siempre ha intentado, en una adaptación personal que hago de la letra propuesta al Grammy, tener cuidado con lo que estaba cerca pero no en su mano / porque es consciente del alma que tiene su garganta / porque solo así se aprende a ver el mar en calma // Pasará lo que tenga que pasar / Sé que no piensa hacer nada más / más que quedarse cuidando… su raíz.

Con estas palabras, sólo he querido cuidar las raíces ´chiquitas´ de su vida y de su extraordinaria obra, en un mundo tan alejado de estas cuestiones. Nada más. Para lo que sirva, Valeria.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA – ISRAEL/HAMÁS, ¡Paz y Libertad!

Hay que doler de la democracia, para que llueva a cántaros

Sevilla, 11/X/2023

Cuando era joven y hacía las cosas de joven, dejando atrás las cosas de niños, en la clave que aprendí del creacionismo paulino, seguía de cerca, en una de las dos Españas, al cantor Pablo Guerrero, porque puso su alma de secreto y la de todos en una canción, A cántaros (1972), que se convirtió en un himno motivador para los que vivíamos preocupados por el presente y futuro de este país, ya en los estertores de la dictadura. De ahí una de las muestras de mi respeto casi reverencial a la memoria democrática de este territorio hispánico tan dual y cainita, en una canción emblemática para después de una guerra y un tiempo de dolor y silencios.

Recuerdo perfectamente cómo nos reuníamos grupos de jóvenes de aquella época y cantábamos al unísono las palabras de Pablo Guerrero, porque era verdad, teníamos que salir del túnel de la dictadura, tenía que llover, además a cántaros, que no era cualquier cosa en su significado más profundo. Necesitábamos que lloviera esperanza como gotas de rocío que regaran cada segundo de presente y futuro en nuestras vidas. He vuelto a escuchar hoy a Pablo Guerrero, acompañado de Luis Pastor, Lourdes Guerra, Cristina Lliso, Olga Manzano, Ismael Serrano, Olga Román, Manuel Cuesta y Álvaro Urquijo, amigos y amigas a los que me uno, porque estamos convencidos de que todavía hoy tiene que volver a llover democracia en este país, junto al agua real secuestrada por el cambio climático como una de las peores intervenciones humanas en la naturaleza, sabiendo que hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros:

Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes pero, ¿quién nos ata? Dame la mano y vamos a sentarnos bajo cualquier estatua. Que es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que llover a cántaros. Estamos amasados con libertad, muchacha, pero, ¿quién nos ata? Ten tu barro dispuesto, elegido tu sitio, preparada tu marcha. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros. Ellos seguirán dormidos en sus cuentas corrientes de seguridad. Planearán vender la vida y la muerte y la paz. ¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad? Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian que la siesta se acaba. Y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro, limpiará nuestra casa. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros.

Sigo dando vueltas a una frase que me costó trabajo comprender en su justo sentido: hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que llover a cántaros. Cincuenta y un años después de haberla escuchado por primera vez, suena en mi memoria de hipocampo, en mi persona de secreto, como si fuera ayer, aunque sigo convencido, muchos días y años después, por mi matusalénica edad, que diría Benedetti, que en estos momentos complejos en un país convulso, es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que volver a llover a cántaros. Estamos amasados con libertad, pero, ¿quién nos ata? Preparemos el barro dispuestos, elegidos nuestros sitios, donde quiera que seamos y estemos,  preparada nuestra marcha. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que volver a llover a cántaros. Ellos seguirán dormidos en sus cuentas corrientes de seguridad. Planearán vender la vida y la muerte y la paz. ¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad? Pero tú y yo, ellos, nosotros y vosotros, demócratas convencidos, sabemos que hay señales que anuncian que la siesta del conformismo se acaba. Y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro, limpiará nuestra casa, nuestro país. Hay que doler de la vida, hasta creer, que tiene que volver a llover a cántaros.

Es verdad: cada día tengo más claro que la democracia hay que dolerla, para creer que es posible que en nuestro país vuelva a llover a cántaros. Sin ese dolor, es difícil comprender qué significa ser demócrata de por vida, una creencia que facilita vivir con una ideología, no inocente, para transformar la sociedad, no sólo cambiarla. Siempre, a favor de los más débiles, de los nadies, de los que más son pero menos tienen. Su felicidad en democracia, que también es la nuestra, no se puede vender por metros, en cómodos plazos, tal y como nos lo enseñó Pablo Guerrero.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¡Bienhallado, Miguel Ríos, gracias por haber estado aquí!

Fotocomposición del concierto / JA COBEÑA

¡Buenas noches, bienvenidos / Hijos del rock and roll / Os saludan los aliados de la noche // Bienvenidos al concierto / Gracias por estar aquí / Vuestro impulso nos hará seres eléctricos!

Miguel Ríos, Bienvenidos

Sevilla, 18/IX/2023

A sus setenta y nueve años, Miguel Ríos, un trabajador de la música no inocente, cantor de profesión, que no sólo cantante (tal y como lo aprendí de Facundo Cabral, porque sabe que debe cantar como saben hacerlo los cantores, con ideología dentro, frente a los cantantes, que sólo pueden cantar), demostró el sábado pasado en esta ciudad que su forma de interpretar la vida a través del rock nunca muere. Fui al concierto que ofreció junto a su excelente banda, con motivo de su 40 aniversario sobre los escenarios, celebrando la presentación en sociedad de una banda sonora, mítica, Rock & Ríos, que sigue sonando con idéntica calidad después de cuarenta años. Cuando apareció en el escenario con su saludo multisecular, ¡Bienvenidos al concierto, gracias por estar aquí, vuestro impulso nos hará seres eléctricos!, me sonó igual que cuando lo escuché por primera vez en el antiguo estadio del Recreativo de Huelva, hace cuarenta años, saludándome en el siglo pasado como amigo de la noche. Fueron dos horas y media, ininterrumpidas, sin descanso posible, en un clima propicio para poner en funcionamiento miles de moviolas personales e intransferibles, donde cada uno, cada una, rememoró los años jóvenes de Cliff Richard también, una canción que tampoco he olvidado a pesar del tiempo transcurrido.

La verdad es que fue un reencuentro emotivo por diversas razones. El público asistente era de una edad media-alta, no nos engañemos, aunque cubiertos del tupido velo de un dicho popular: los rockeros nunca mueren. Personalmente, no me considero como tal, pero en 1983 vivíamos en este país una oleada de libertad, sin ira, libertad, que nos llevaba en volandas junto a Miguel Ríos, aunque no fuera de mi cuerda musical. Aquél recibimiento, aquella bienvenida, me sonó igual el pasado sábado, con cuarenta años más, una matusalénica edad que diría Benedetti. Miguel demostró que sigue con la misma fuerza vital e ideológicamente sin cambiarse la chaqueta, algo milagroso en los tiempos que corren, que expresó en vivo y en directo cuando le dio la vuelta a la roja –¡qué casualidad!– que había llevado a lo largo del concierto y la enseñó plagada, en el envés, de cabezas cadavéricas, mostrando cómo el tiempo pasa para todos, sin piedad, viviendo en determinados momentos sólo la espera del tiempo en el día después o en cuarenta años después que es lo mismo, tempus fugit.

Me sentí muy cerca de él cuando cantó El río, acompañada por Rocío Márquez, cantora de Huelva (otra vez Facundo Cabral), a la que admiro en mi persona de secreto por su arte inconfundible y porque tengo el honor de haber siso profesor de su padre en mis años jóvenes (de tal palo tal astilla) y ahora me devolvía sin saberlo un recordatorio a través de su hija junto a Miguel: Yo recuerdo aquel día / Que nos fuimos a bañar / Aquel agua tan fría / Y tu forma de nadar / En el río aquel / Tú y yo y el amor / Que nació de los dos. En mi caso, junto a mi compañera de singladura vital, cuarenta años después también, recordando un baño en el océano, cambiando lo que hay que cambiar, tal y como lo conté en este cuaderno digital un día ya lejano, con un título para mí inolvidable: Memoria de desván.

Cuarenta años después, al igual que el rotundo motivo declarado del concierto de Miguel Ríos, entoné bajito en la grada en la que lo contemplaba, una estrofa de los compases finales de El río, acompañado por Miguel y Rocío, como si fuera ayer (los corchetes son míos): Allí nada ha cambiado / Nuestro río [océano] sigue igual / Con sus aguas tan claras / Que se pierden en ese mar / En el río [océano] aquél / Tú y yo y el amor / Que nació de los dos.

¡Hasta pronto, Miguel Ríos, gracias por haber estado aquí, en Sevilla! Tu impulso nos devuelve las ganas de vivir como seres eléctricos, digitales, en un mundo nuevo, desconocido en el después de hace tan sólo cuarenta años. Tu Fundación cultural y social, con el objetivo encomiable de devolver a la sociedad aquello que la sociedad te ha dado, algo que te honra, es tu mejor estela. Por ese motivo, gracias de nuevo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

En tiempos de turbación necesitamos la autenticidad de la izquierda

Sevilla, 15/IX/2023

Frente al ideario ignaciano de la santa prudencia, siempre me ha gustado contradecirlo en este mundo al revés, defendiendo el principio de que todo cambia, siguiendo al pie de la letra la canción fantástica de Julio Numhauser (fundador de mi querido grupo Quilapayún), que la grabé en mi razón y en mi corazón, en etapas muy difíciles de este país arrasado por el virus del odio y de las dos Españas. Creo, por tanto, que se deben hacer mudanzas del alma cada vez que sea necesario, por ejemplo hoy, en nuestro actual presente: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo. En este marco ideológico he encontrado en este aquí y ahora clásico, hic et nunc, una sabia respuesta en esta película que se estrena hoy en España, El sol del futuro, dirigida por Nanni Moretti, director italiano que nos tiene acostumbrados a contemplar la vida desde una perspectiva irónica y atrevida cuando menos, con un sesgo ideológico no inocente, de izquierdas siempre.

Para salvar lo que hay que salvar de forma antecedente y no arruinar la película, acudo a la sinopsis oficial de la distribuidora en España: “Giovanni, un reconocido realizador italiano, está a punto de empezar a rodar una película política. Pero entre su matrimonio en crisis, la situación de su coproductor al borde de la bancarrota y una industria cinematográfica en pleno cambio, ¡todo parece estar en su contra! Giovanni, siempre al borde del precipicio, tendrá que volver a pensar su forma de hacer las cosas si quiere que su pequeño mundo tenga un futuro brillante”. Aquí es donde comienza la magia de este director con una larga trayectoria cinematográfica que nunca dejó indiferente a las personas que quisimos conocerlo a fondo. En esta ocasión, lo que me ha interesado es la lectura de su pasado desde la perspectiva de los setenta años, porque la historia no se hace con suposiciones…, sino con hechos, que son los verdaderos amores de nuestra vida y no solo las buenas razones, que también.

Moretti expresa en su película el dolor que siente por la pérdida de identidad de la izquierda y diferentes secuencias que he conocido de esta película así lo aseveran. Como bien se afirma en la crítica del elDiario.es, en un artículo interesante, “Moretti ha forjado una filmografía crítica con la izquierda. Suya es aquella frase mítica de “D’Alema, di algo de izquierdas” que suena en Abril mientras su protagonista ―de nuevo un álter ego de él mismo que se llama como él― ve un debate del líder de izquierda contra Berlusconi. En El sol del futuro firma una fábula que es casi una utopía comunista, llena de música italiana, donde suena Franco Battiato y donde se defiende el cine en salas ―hay bofetón a Netflix― y la responsabilidad del cineasta en cada plano que elige, en una hilarante escena donde Moretti detiene un rodaje de un joven director para debatir sobre cómo va a rodar una muerte. El cineasta presentó el filme en el pasado Festival de Cannes, y allí explicaba que creía que a la izquierda le venía bien repensar en sus principios. “Creo que algunos años en la oposición le harán bien a la izquierda en Italia, y creo que así logrará reencontrar parte de su identidad perdida. La derecha en el Gobierno se está comportando como se comporta un partido de derecha. Hace su trabajo. Lo importante es que el partido de izquierdas vuelva a ser de izquierdas”, dijo con claridad ante un reducido grupo de periodistas”.

Quien siga de cerca la lectura de las páginas de este diario digital sabe que amo a Italia sobre muchas cosas, admirando también su forma de hacer cine. Roma, como dijo Rafael Alberti admirablemente en un poema inolvidable, me entregó hace ya muchos años y mientras que viví allí, a cambio de mis penas, tanto como yo dejé para tenerla. No la olvido.

Una vez más, acudiré esta tarde para vivir su película a una sala cinematográfica, a las que tanto defiende Moretti ante las plataformas que lo invaden todo, en un guiño mordaz en esta película refiriéndose, por ejemplo, a Netflix, por la forma de producir y lanzar al consumo voraz del cine, no el suyo precisamente, que no cae en saco roto ante quien siga de cerca el guion de esta interesante película. Es la razón de por qué quiero ver a danzar a Moretti bailando la canción de Franco Battiato homónima, Quiero verte danzar, cuando decía en sus deliciosas estrofas: Yo quiero verte danzar como los Derviche Tourners (Derviches giróvagos) / que giran sobre la espina dorsal al son de los cascabeles del Kathakali / Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza, danza. / Y gira todo en torno a la estancia mientras se danza...

Después de este danzar en torno a lo que está ocurriendo en nuestro país, me quedo con la frase de Moretti citada anteriormente, pronunciada durante su estancia en Cannes con motivo de la presentación de su película y refiriéndose a la situación actual en su país con un gobierno de ultraderecha, que se comporta como tal: “Lo importante es que el partido de izquierdas vuelva a ser de izquierdas”, dijo con claridad ante un reducido grupo de periodistas”, algo que me suena muy bien en los momentos actuales de nuestro país, donde el futuro gobierno de coalición, amparado por más de doce millones de votantes, debería “volver “ a ser de izquierdas, aunque todo cambie en este país, sabiendo que en el alma de sus votantes hay un mensaje que no deben olvidar: no cambia mi amor / Por más lejos que me encuentre / Ni el recuerdo ni el dolor / De mi pueblo y de mi gente.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Frente al ademán impasible de la derecha, aún nos queda la Internacional

LA INTERNACIONAL, coro de Quilapayún con la Orquesta Sinfónica de Chile dirigida por Sergio Ortega

Sevilla, 13/IX/2023

Leyendo hoy un artículo de Íñigo Sáez de Ugarte en elDiario.es, Aznar, impasible el ademán, he recordado inmediatamente un artículo que publiqué en 2017, en momentos difíciles para este país, Impasible el “alemán”, cuando se estaban celebrando las primarias en el PSOE para la secretaría general del partido y en las que, finalmente, resultaría vencedor Pedro Sánchez, casualmente y no de forma inocente actual presidente “legítimo” en funciones en este país, frente a la inspiradora maestra del derrocamiento de su rival en octubre de 2016, Susana Díaz, de cuyo nombre preferiría no haberme acordado hoy, hecho sobre el que también escribí largo y tendido en este cuaderno digital en aquellos momentos de autos. Sí hay que señalar, por mucho que nos duela a los demócratas, que desde la perspectiva de unos próceres del socialismo en este país, se intenta volver hoy casi a la casilla de salida de aquellos meses en los que la izquierda socialista dio un giro copernicano hacia una supuesta moderación que, en el fondo y forma, fue algo impresentable desde una ideología digna de izquierdas, permitiendo con su abstención el gobierno de derechas, aunque la realidad de hoy es bien diferente, avalada por más de doce millones votos que han confiado en que el nuevo gobierno sea fundamentalmente “rojo”, junto a la escala cromática de la izquierda y del nacionalismo democrático  en general, y no de color azul y verde, atendiendo a los resultados de las elecciones generales del pasado mes de julio.

Además de lo anterior, la derecha hizo ayer, a través del expresidente Aznar, un anuncio apocalíptico para el que tenía un bálsamo de Fierabrás extraordinario y no menos impresentable, como podemos leer en el artículo citado: “Impasible el ademán, el expresidente pintó un panorama tétrico. Alertó sobre la defunción de España y, por tanto, exigió una respuesta en la calle a la altura de los riesgos. “Son tiempos dramáticos porque existe un riesgo cierto existencial para la continuidad de España como nación”, dijo. La ruptura de España y de sus instituciones, que la derecha lleva anunciando de forma reiterada desde hace una década, vuelve a cernirse sobre todos. ¿Hasta qué punto reclamó Aznar una especie de insurrección general contra el enemigo? Afirmó que “nadie puede quedarse al margen” en esta misión. Es lógico que pida refuerzos. Si la cosa es tan grave, no se va a solucionar con ruedas de prensa de Cuca Gamarra. “Creo que España acumula energía cívica, institucionalidad y masa crítica nacional para impedir que este proyecto de disolución nacional se consume”, continuó. Es difícil saber qué quiere decir con eso de “masa crítica nacional” si antes había mencionado la energía. Hay que confiar en que no esté pensando en una reacción en cadena nuclear […] Hay que decir de nuevo ¡basta ya! (el grito contra ETA desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco). España no puede volver y no va a volver a un sistema basado en la exclusión, en el sectarismo ni en la destrucción programada de la nación”.

Frente a ese cara al sol redivivo de la nostalgia golpista, impasible el ademán de Aznar y lo que representa en el actual Partido Popular, tiene sentido volver a citar por mi parte aquél artículo de 2017, escrito en el contexto de un giro copernicano del PSOE al recuperar Pedro Sánchez la Secretaría General del partido con todas las bendiciones democráticas que hoy se requiere para adquirir la legitimidad secuestrada, en su caso, en 2016, con apoyo explícito de las fuerzas vivas de este país, medios de comunicación incluidos como el diario “El País, conocedoras de aquella letra inconfundible del “Cara al sol” y con clamorosos y vergonzantes silencios cómplices.

Al leer el artículo citado, Impasible el “alemán”, el que quiere entender que entienda. Creo que lo dejé bastante claro en aquella ocasión y si algo debo destacar hoy es lo que señalé al finalizar aquél artículo: “Sé lo que dice la canción [la Internacional] y se puede ajustar como justicia, no ajustamiento, a la situación actual en el mundo [en nuestro país], que todavía es posible cambiarlo a pesar de los agoreros mayores del Reino de la Tibieza y de la Tristeza, [asentados en la derecha ultramontana], que existir…, existen. Hay dos estrofas que me sigue ilusionando cantarlas y vivirlas con especial ilusión, sobre todo con el coro de Quilapayún en la octava de 50 aniversario del golpe de estado en Chile, que tanto aprecio: El día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los odios que al mundo envenenan / al mundo se extinguirán // El hombre del hombre es hermano / derechos iguales tendrán / la tierra será el paraíso / patria de la humanidad. No me pasa con lo que he contado de mi canto a un “alemán” desconocido, impasible y que como la música militar nunca me supo levantar”. Tampoco hoy, por cierto, porque frente al ademán impasible de la derecha y su grito «¡basta ya!», del que se han apropiado de forma indebida y descontextualizada, no de forma inocente, para sacar a su gente a la calle, aún nos queda la palabra y el canto, en las casas y en la calle también, si hace falta, de la dignidad humana y democrática que nos ofrece la Internacional.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Con la ayuda de maestros se escribe la historia

Sevilla, 12/IX/2023

He conocido la reciente presentación mundial de la película Maestro, una biografía cinematográfica especialmente delicada de uno de mis maestros musicales, Leonard Bernstein, fundamentalmente en mis años jóvenes por la composición de la banda sonora de West Side Story, al que vamos a poder conocer mejor en una faceta humana, familiar y bisexual, profunda, con el hilo conductor de su controvertido matrimonio con la actriz costarricense-chilena, Felicia Montealegre, en una biopic en sentido estricto, con un guion compartido con Josh Singer, dirigida e interpretada magistralmente en su papel estelar por Bradley Cooper, producida por Martin Scorsese, Steven Spielberg y Todd Phillips, además del mismo Cooper. Como carta de presentación, ya se espera de ella sólo su excelencia en su proyección mundial, tal y como se ha reconocido en su reciente participación en la 80ª Mostra de Venecia, junto a otras 22 películas, a pesar de no haber obtenido los preciados galardones de este preciado Festival de Cine.

Según Fotogramas, en una crítica que estimo como excelente, “El guion que Cooper coescribe junto a Josh Singer –coautor también de los libretos de ‘Spotlight’ y ‘Los archivos del pentágono’– presenta a Bernstein como una figura marcada por un claroscuro existencial: un hombre tocado por el encanto personal y el talento artístico, pero atormentado por un miedo feroz a la soledad. Y lo extraordinario es que el personaje sale del paso sin ser sometido al juicio moral del cineasta, quien contempla las taras de Bernstein –su narcisismo, sus adicciones, su permanente inconformismo, su dificultad para el compromiso sentimental– como cualidades inherentes a la naturaleza humana, algo que ya afloraba en la notable ‘Ha nacido una estrella’. De hecho, la propensión del Cooper-actor a ocupar el centro no solo de las escenas sino también de los encuadres demuestra que la modestia puede no ser la cualidad más determinante de la personalidad del Cooper-cineasta. […] Transitando desde el debut de Bernstein como director de la Orquesta Sinfónica de Nueva York, el 14 de noviembre de 1943, hasta la vejez del personaje, la película ofrece un deslumbrante viaje estético por el cine americano de la segunda mitad del siglo XX. En su tramo inicial, filmado en blanco y negro, Cooper –con la colaboración del director de fotografía Matthew Libatique– homenajea la heterodoxia del clasicismo de Hollywood que tomó forma con el estreno de ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles en 1941. Entre sus suntuosos travellings, sus majestuosos besos a contraluz y sus veloces diálogos, ‘Maestro’ logra capturar el romanticismo de una era, la de la inmediata posguerra, en la que Estados Unidos navegaba entre el ardiente deseo de celebrar la vida y la imposición de un régimen patriarcal conservador. Y, por si lo anterior no fuera suficiente, en su salto a la década de 1970, la película entabla un diálogo con los cineastas del Nuevo Hollywood para explorar, cámara en mano, el arduo camino hacia la plenitud artística y la libertad sexual del protagonista”.

Una vez más, nada humano me es ajeno, según Terencio, incluso si viene de mis maestros, en este caso Leonard Bernstein, al que siempre he profesado admiración artística. El cine tampoco es ajeno en mi vida y si tuviera que preguntar en ocasiones como esta de Maestro, ¿qué es el cine?, acudiría de forma veloz a lo que manifestó en una ocasión el afamado director John Ford, que conocía muy bien a Henry James Fonda, respondiendo a un periodista ante la pregunta clásica de ¿qué es el cine?: “Es ver caminar a Henry Fonda”. Lo mismo que hoy podría afirmarse por la interpretación tan alabada de Bradley Cooper en su papel de Bernstein, al contemplar como caminaba realmente por los senderos inescrutables de la vida, con una íntima banda sonora especial, dirigida por él, preguntando qué significa el número dos en su azarosa vida junto a su querida compañera sentimental, Felicia Montealegre, cuando ya todo sonaba a despedida por la muerte de ella. Por esta vez, cualquier parecido con la realidad de la vida no será pura coincidencia. Esa es la verdadera magia del cine y su historia. Y Maestro no se queda atrás, porque en esta ocasión el cine es admirar la interpretación magistral de Bradley Cooper en el papel de Leonard Bernstein.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

Mozart admiraba a Benda

G. A. Benda, ca. 1751. Wikimmedia Commons

Sevilla, 14/VIII/2023

En un verano de Sevilla, muy particular, porque hace mucho calor como en otros muchos lugares del planeta, de forma exponencial en cuanto a las subidas del termómetro por el traído y llevado cambio climático, algo innegable a pesar de sus detractores y negacionistas de nuevo cuño político de derechas, vivimos una situación «acalorada» que muchas veces nos obliga a ir del timbo al tambo en el acontecer diario, lo que nos permite también interpretar la vida a través de la cultura. Leyendo hoy con atención reverencial la información que me ofrece semanalmente la Fundación Juan March, he descubierto algo que me ha sorprendido sobre el compositor Mozart, a quien manifiesto siempre mi respeto como maestro musical, como se puede constatar en numerosas páginas de este cuaderno digital.

Me refiero concretamente a la admiración que profesaba el maestro de Salzburgo al compositor checo Georg Anton Benda (1722–1795), que nació en Benátky nad Jizerou, cerca de Praga, muy cuidadoso del llamado estilo sentimental (Empfindsamkeit) y por sus obras melodramáticas inspiradas en sus estancias profesionales en Francia e Italia. Creo que es muy interesante conocer el círculo de amigos de Mozart para conocer cómo era él y como componía escuchando la obra excelsa de Benda. También me ha interesado conocer la vinculación de Benda con la familia Bach, en concreto con Carl Philipp Emanuel Bach, porque sus conciertos para clave «materializan una interpretación de la estética sentimental muy similar a la de Carl Philipp, que, a su vez, es heredera de la tradición clavecinística de su padre [Johann Sebastian Bach].

¿Cuándo se produjo el encuentro personal de Benda con Mozart?: «En la primavera de 1778, Benda renunció temporalmente a su cargo como máximo responsable de la actividad musical de Friedenstein a causa de la tensión que se había generado entre él y Schweitzer, el compositor titular de la Seylersche Schauspiel-Gesellschaft. Dada su nueva popularidad, Benda pensó que podría encontrar fácilmente un puesto en cualquier otro lugar y emprendió un viaje que lo llevó, primero, a Hamburgo, donde volvió a encontrarse con Carl Philipp Emanuel Bach, y, luego, a Viena. Sus obras habían sido representadas con éxito en el Burgtheater de la capital austríaca, por entonces conocido como Teutschen Nationaltheater, así que empezó a promocionarse en la ciudad. Rivalizó con Mozart en el nombramiento como compositor de óperas y singspiele nacionales, aunque ambos reconocían mutuamente su excelencia musical. El salzburgués, por ejemplo, le confesó a su padre por carta el 12 de noviembre de 1778 que sentía una profunda admiración por sus melodramas Medea y Ariadna auf Naxos«.

Recomiendo la lectura del artículo citado, Benda, el compositor admirado por Mozart, porque hay matices que conviene contextualizar plenamente para entender esta admiración mutua. Lo comentaba al principio de estas palabras, que siempre pretenden decir algo esencial: ir del timbo al tambo nos lleva, a veces, a conocer grandes obras maestras de la música clásica. En este caso la de un amigo de Mozart, porque me agrada compartir con la Noosfera este encuentro y para que lo conozca escuchando sus excelentes composiciones que, en plena canícula, nos acompañan para dar calor, también, al alma humana.

Lo decía de forma excelente Rafael Alberti: Sentimiento, pensamiento. / Que se escuche el corazón / Más fuertemente que el viento. / Libre y solo el corazón, / Más que el viento. / El verso sin él no es nada. / Sólo verso. O lo que es lo mismo hoy: la música sin sentimiento es eso, sólo música. Benda lo confirmó siendo fiel a su estilo sentimental, del que fue un auténtico maestro.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La amistad verdadera es como una cuerda de tres hilos, que no es fácil romper

Sevilla, 30/VII/2023

Hoy se celebra con carácter internacional el Día de la Amistad, declarado así por la Asamblea General de la ONU, el 3 de mayo de 2011, porque “nuestro mundo hace frente a muchos desafíos, crisis y fuerzas divisorias —pobreza, violencia, violaciones de los derechos humanos— que amenazan la paz, la seguridad, el desarrollo y la armonía social entre los pueblos del mundo y dentro de sí mismos. Para abordar estos problemas, es necesario atajar las causas que los provocan, fomentando y defendiendo la solidaridad, que puede manifestarse de muchas maneras, como por ejemplo, la amistad. A través de la amistad, cultivando los lazos de la camaradería y fortaleciendo la confianza, podemos contribuir a los cambios fundamentales y necesarios para alcanzar una estabilidad duradera, tejer una red de apoyo social que nos proteja a todos y generar pasión por lograr un mundo mejor, todos unidos por el bien común”.

Es también muy importante conocer sus antecedentes porque en tiempos de guerras, como en la actualidad, debemos realzar los logros de la Comunidad internacional sobre la unión de naciones en proyectos como el que se conmemora hoy: “La Asamblea General designó en 2011 el Día Internacional de la Amistad con la idea de que la amistad entre los pueblos, los países, las culturas y las personas puede inspirar iniciativas de paz y presenta una oportunidad de tender puentes entre las comunidades. Para conmemorar el Día Internacional de la Amistad, la ONU alienta a los gobiernos, las organizaciones internacionales y los grupos de la sociedad civil a celebrar eventos, actividades e iniciativas que contribuyan a los esfuerzos de la comunidad internacional para promover un diálogo entre civilizaciones, solidaridad, comprensión mutua y reconciliación. La resolución (A/RES/65/275) pone un especial énfasis en la importancia de implicar a los jóvenes y a los futuros líderes en actividades comunitarias encaminadas a fomentar la inclusión de las distintas culturas y el respeto entre ellas, promoviendo a la vez la comprensión internacional y el respeto de la diversidad. El Día Internacional de la Amistad es una iniciativa que se remonta y parte de la propuesta hecha por la UNESCO tratada y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1997 (A/RES/52/13), que definió la Cultura de Paz como un conjunto de valores, actitudes, y conductas que rechazan la violencia y procuran prevenir los conflictos, abordando las causas profundas con el objetivo de resolverlos. Dos años después se adoptaría la Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz (A/RES/53/243), la cual estableció 8 líneas de acción que las naciones, organismos y personas pueden emprender para que prevalezca una cultura de paz”.

Estoy convencido de que no se puede desarrollar una amistad en quienes no conocen qué significa en la vida, más allá de los intereses de mercado y así, escalando posiciones, no se pueden comprender los Tratados de Amistad entre naciones, cuando algunas no saben lo que significan a nivel político nacional e internacional, aunque también existen. En tiempos laicos, en los que las amistades verdaderas se forjan a lo largo de la vida, sé que se acaban bifurcando muchas veces por caminos inescrutables, como lo aprendí hace años en libros católicos, donde a las grandes preguntas de la vida la recomendación sabia del Eclesiastés no dejaba duda alguna. Era una persona muy vinculada a las asambleas humanas, a las democracias auténticas, cuando hacía tres preguntas esenciales en busca del sentido de la vida, de la felicidad para ser y estar en ella (Eclesiastés, 3, 1-22): ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él?

A día de hoy, con todo mi respeto a las teóricas grandes respuestas de la humanidad, entre las que incluyo a la ONU,  la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas, que no respondió a las cuestiones anteriores en el Libro, en su capítulo 3, porque sinceramente no lo podía hacer, sino que inicia la mejor respuesta a continuación, en el capítulo 4: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper: “más valen dos personas que una sola, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo, pues si cayeren, una levantará a la otra; pero ¡ay de la persona sola que se cae!, que no tiene quien la levante. Si dos se acuestan, tienen calor; pero la persona sola ¿cómo se calentará? Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper”. Es lo que perdura todavía hoy y desde hace ya muchos siglos en la tradición oral de abuelos a nietos, de padres a hijos, desde que se sentaban en la orilla del Tigris y Éufrates al caer la tarde, a la hora malva mágica que tanto gustaba a Gabriel García Márquez. Su autor, no lo olvidemos, tenía un nombre inconfundible ya citado, Eclesiastés, una persona de comunidad, en el capítulo 4, para que no nos dediquemos sólo a atrapar vientos buscando la ansiada felicitad, con mayor sentido aun cuando nos preocupa que sea para todos a través de la amistad, que es lo más importante.

Todo lo manifestado anteriormente me lleva a recordar hoy una canción de Joan Manuel Serrat, que cantaba también en mis años jóvenes, Decir amigo, que he vuelto a tararear hoy: Decir amigo es decir lejos y antes fue decir adiós. Y ayer y siempre lo tuyo nuestro y lo mío de los dos. Decir amigo se me figura que decir amigo es decir ternura. Dios y mi canto saben a quien nombro tanto. Se puede definir la amistad de forma más grandilocuente, incluso con ensayos enciclopédicos, pero prefiero esta sencillez de sentimientos y emociones cantadas por Serrat en referencia a esta realidad humana, que no me es ajena y que defiendo tanto. Escalarla ante las naciones es tarea de todos y ese es el fin de este día, recordarnos la importancia de la amistad como auténtico hilo conductor de las personas que habitan en las naciones que componen este loco mundo al revés en el que vivimos a diario, entre enemigos, a pesar de todo.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

La música nos acompaña en tiempos de turbación y mudanzas políticas

W. A. Mozart: Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Orquesta Sinfónica de Islandia / Oboe: Arngunnur Árnadóttir, Harpa Concert Hall – Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

Sevilla, 28/VII/2023

No existe la seguridad existencial plena, porque no vivimos en una burbuja de paz imposible, situación ante la que surgen dos preguntas inquietantes: ¿qué debemos hacer y cómo debemos vivir? Este mundo al revés, que no nos gusta, es una realidad que nos acompaña a menudo en nuestro caminar diario, que es nuestro vivir, a veces, junto al desencanto. Tengo presente en esta reflexión a Max Weber, porque ayudó a sus contemporáneos a comprender qué significaba el desencantamiento del mundo o la sacralización de la razón, tal y como lo analizó en una conferencia paradigmática, La ciencia como vocación, muy actual en su fondo y forma: “La intelectualización y racionalización crecientes no significan, pues, un creciente conocimiento general de las condiciones generales de nuestra vida. Su significado es muy distinto; significan que se sabe o se cree que en cualquier momento en que se quiera se puede llegar a saber que, por tanto, no existen en torno a nuestra vida poderes ocultos o imprevisibles, sino que, por el contrario, todo puede ser dominado mediante el cálculo y la previsión. Pero esto significa el desencantamiento del mundo. A la inversa del salvaje, aún creyente en la existencia de tales poderes, nosotros no tenemos que valernos de medios que obren efectos mágicos para controlar a los espíritus. O incitarlos a la piedad. Esto es algo que se puede lograr por medio de la técnica y la previsión. He ahí, en esencia, el significado de la intelectualización”. Pero plantea una pregunta de difícil respuesta hoy día: “¿Cuál es el sentido actual de la ciencia como vocación? La respuesta más acertada es la de Tolstoi, contenida en las siguientes palabras: La ciencia carece de sentido, puesto que no tiene respuesta para las únicas cuestiones que nos importan, las de qué debemos hacer y cómo debemos vivir. Sería vano discutir el hecho de que, en realidad, la ciencia no responde a tales cuestiones. El meollo del problema está, sin embargo, en que no ofrece ninguna respuesta y en que no contribuye, en definitiva, a plantear adecuadamente tales cuestiones”.

El desencanto merodea por nuestro cerebro y pretende alojarse en él por mucho tiempo. Frente a ello, hoy nos agarramos como a un clavo ardiendo, a Dios, a la naturaleza, a la sociedad o a las personas (las creencias imprescindibles para todo ser humano, según Ferrater Mora), en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, para justificar nuestras acciones, olvidando que nuestra gran máquina de la verdad, nuestro cerebro, la sede de la inteligencia, guarda el secreto ancestral de por qué existe el bien o el mal, por qué actuamos de una forma u otra y por qué caemos en el desencanto de vivir. Maravillosa aventura para dejar de lado, definitivamente, el drama (¡con perdón!) de la serpiente malvada, tal como se recogió en las famosas diez líneas del libro del Génesis, en la tríada serpiente/Adán/Eva, que son “la quintaesencia de una religión que ha dado vueltas al mundo y ha construido patrones de conducta personal y social. Y cuando crecemos en inteligencia y creencias, descubrimos que las serpientes no hablan, pero que su cerebro permanece en el ser humano como primer cerebro, el reptiliano, “restos” de un ser anterior que conformó el cerebro actual. Convendría profundizar por qué nuestros antepasados utilizaron este relato “comprometiendo” al más astuto de los animales del campo [en un enfoque básicamente machista de la ética del cerebro humano]. Sabemos que el contexto en el que se escriben estos relatos era cananeo y que en esta cultura la serpiente reunía tres cualidades extraordinarias: “primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento. Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y tercero, transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y su vista penetrante hacía de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas. (…) (1).

Todo lo anterior me ha llevado a buscar paz interior ante tanto desconcierto, refugiarme en la música y recordar a una oboísta nacida en Islandia, Arngunnur Árnadóttir, sobre la que escribí en los primeros días de la desescalada de la pandemia, en 2020, porque la música me acompañó siempre junto a la palabra, compañera infatigable en tiempos difíciles, a través de la lectura y escritura. También, Mozart. Hoy, deseo reencontrarme con una lectura amable y esperanzadora de la vida desde Islandia, en una orquesta del Norte de Europa, de un país frío, pero con una interpretación impecable del Concierto para clarinete en La mayor, KV 622, de Mozart, en el que el segundo movimiento, Adagio, suena excelentemente bien en el clarinete de Arngunnur Árnadóttir, que citaba anteriormente, una profesora muy joven de la Orquesta Sinfónica de Islandia, bajo la dirección de Cornelius Meister. También porque me da el calor humano que tanto necesito, descubriendo una vez más el poder de la inteligencia musical de acuerdo con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, a quien tanto tiempo de investigación he dedicado en mi vida personal y profesional. Árnadóttir es también escritora y poeta, es decir, a ella también le queda la palabra.

Mozart componía estas partituras como homenaje siempre a una persona. En este caso, fue dedicada a su amigo Anton Stadler (1753-1812), compañero en la logia masónica a la que pertenecía el compositor y gran virtuoso en la orquesta de Viena por la forma de tocar el clarinete tenor (corno di bassetto), cuyo sonido se ha logrado alcanzar en los que se fabrican en la actualidad por la incorporación de llaves adicionales. Si he elegido de nuevo esta obra maravillosa de Mozart para buscar salidas en el actual valle del desencanto social, compuesta el mismo año de su fallecimiento, cuando tenía 35 años, se debe a una razón que conocí hace tiempo por una referencia de Arturo Reverter en una obra que guardo en mi maleta de libros elegidos (2), que siempre tengo preparada por lo que algún día pudiera ocurrir al viajar hacia una isla desconocida: «El corazón de la obra es el sublime Adagio […], aunque para algunos autores -Massin- lo que prevalece en definitiva es el optimismo: el músico ha salido victorioso de una lucha en la que ha debido vencer, en esta última parte de su vida, numerosos peligros de todo tipo». Toda una declaración de principios musicales.

Si quieren desconectar de la información tóxica que nos invade en este tiempo de turbación, aunque tengamos que adentrarnos a veces por los valles del desencanto de la vida, escuchen conmigo este Adagio según la guía de audición que figura más adelante, porque creo que comprenderán mejor que nunca que la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor:

Guía de audición del Concierto de Clarinete en La mayor, KV 622 – Harpa Concert Hall, Reykjavík, 10 de septiembre de 2015

– Allegro 0:27

– Adagio 12:58

– Rondo (Allegro) 20:07

Es difícil añadir palabras a estos momentos mágicos. Solo el consuelo de que en el momento después, el de Benedetti cuando decía «[…] de todos modos preparamos / la boca por si vuela un beso / y si no vuela siempre queda / uno que emerge del olvido» (3), me queda otro guion que hoy quiero seguir al pie de la letra, unas palabras preciosas de Blas de Otero en su poema «En el principio», para pensar en quienes han perdido la vida en la lucha diaria por sobrevivir en este mundo al revés. Y en quienes pierden a diario la voz en la maleza, quedándose en la cunetas de los diferentes valles del desencanto que existen en la actualidad, porque me permite comprender mejor a los que sufren la sed, el hambre; también, en lo duro que es pensar que lo que creemos que es nuestro luego resulta ser nada, porque se siegan a menudo las sombras en silencio cuando en estos días de terremoto político casi a diario he abierto muchas veces los ojos para ver el rostro puro y terrible de mi patria, abriendo al mismo tiempo los labios hasta desgarrármelos pidiendo unión y donde confieso que solo he tenido el consuelo de saber que solo me queda la palabra. Y Mozart. Hoy, desde la lejana Islandia, Arngunnur Árnadóttir, localizada en islas desconocidas del consuelo humano a través de la música, que también existen.

(1) Cobeña Fernández, J.A. (2007). Estereotipo machista 4: “¡mujer tenías que ser!”

(2) Reverter, A. Mozart (discografía recomendada y obra completa comentada (2ªed.), (1999). Barcelona: Península, p. 91.

(3) Benedetti, Mario, El Después, en Biografía para encontrarme, 2011. Madrid: Alfaguara.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, ¡Paz y Libertad!

¿Qué hacer con estos resultados electorales, sin esperar milagros?

MINISTERIO DEL INTERIOR – Resultados elecciones generales 23 julio 2023

De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.

Rafael Ballesteros, en Ni yo tampoco entiendo (1975)

Sevilla, 24/VII/2023

En la política ocurre muchas veces lo que se traduce perfectamente en una locución española que se utiliza en el lenguaje coloquial: cada uno cuenta la feria como le va. Es lo que pudimos constatar anoche casi al final del recuento oficial de votos de la jornada de elecciones generales en este país, donde todos celebraban su “victoria” aunque la mayoría de los partidos en liza, como le ocurría al rey del cuento de Andersen, estaban desnudos de éxito. Es verdad que el oso de las derechas estaba perdido por los montes del olvido político de millones de votantes, lo que hizo que no se pudiera “cazar”, en sentido político, quedando la tienda de su piel cerrada por finalización del negocio, anoche, a pesar del amplio muestrario que habían utilizado para venderla los aparatos mediáticos de los partidos de las derechas, sus medios de comunicación afines y los eslóganes impresentables que habían calado como lluvia fina en bolsas de población errática. La realidad terca es que las derechas no pueden formar gobierno con los mimbres actuales, salvo conversiones paulinas, aunque es justo pensar que de todo hay en la viña del Señor y peores cosas hemos visto y sufrido ya en la política de este país.

Por otro lado, es justo señalar que el partido socialista ha obtenido un resultado positivo, a pesar de la pérdida de la mayoría obtenida en 2019, algo que me alegra y mucho, porque es cierto que no se ha hundido como esperaban las derechas cerriles y ultramontanas, a pesar del desgaste obvio de la legislatura que ahora finaliza con olvidos dolorosos de millones de personas beneficiadas del escudo social del gobierno de coalición, lo que alimenta las ilusiones de casi once millones de personas, según los datos oficiales de participación ayer, para reeditar un gobierno de coalición que, a priori, se antoja de difícil gestión, llevándonos, si finalmente se produjera un bloqueo numantino, a unas nuevas elecciones según los plazos oficiales que se aplican en estos casos. Tampoco olvido algo importante al escribir estas líneas, por su interpretación positiva desde la perspectiva electoral: el partido abstencionista ha «perdido» electores en esta convocatoria, más de dos millones de personas en relación con la convocatoria de 2019, aunque su número sigue siendo una pregunta clamorosa del por qué se sigue manteniendo una cifra tan alta, más de diez millones de electores, concretamente el 29,59% del censo total, lo que se traduce en 10.402.450 personas que siguen sin acudir a las urnas.

MINISTERIO DEL INTERIOR – Resultados elecciones generales 23 julio 2023

Ante este panorama, creo que las fuerzas progresistas de este país, ante la pregunta no inocente desde la perspectiva política de la ideología de izquierdas, ¿qué hacer?, están obligatoriamente obligadas a entenderse, porque lo que es indudable es que millones de personas le han dicho al partido popular que “así no se llega al poder”, abrazándose a una ultraderecha reaccionaria y caduca. Igualmente, se ha vuelto a dar un voto de confianza a la unión de las izquierdas para que continúe la senda de progreso en el blindaje del Estado de Bienestar, que tiene esta lectura de fondo por lo ocurrido en muchas comunidades autónomas con el equilibrio de resultados electorales en ellas, que se pueden verificar con los datos oficiales en la mano, al igual que algo simbólico, políticamente hablando, en la trayectoria independentista radical en los últimos años, por los resultados finales en Cataluña, al haber obtenido un resultado arrollador el partido socialista en las cuatro provincias que componen esta Comunidad, frente a las ínfulas independentistas, que deberían observar con lupa qué ha ocurrido con los resultados reales obtenidos en estas elecciones generales y sus futuras exigencias para apoyar el futuro gobierno de coalición.

En el día después de la emisión de mi voto, sigo recordando una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo (1975), con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final: todos, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque los votos son de los ciudadanos que votan. Pretendemos, con nuestro voto, ser dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros, a pesar de todo: […] El tema 83, la democracia, / el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón, / las hambres, el casamiento / orgánico. / De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo. Al vivir en un país en el que funciona la democracia representativa, ahora toca a los políticos tomar la responsabilidad de entenderse entre ellos. Están obligatoriamente obligados a hacerlo. La izquierda sabe que hay una palabra mágica que no hay que traicionar: unidad. Eso sí, sin esperar milagros, porque es suficiente con que la política no haga daño a nadie que es el principal milagro, terrenal y cercano, como decía mi admirado escritor Manuel Rivas en su columna del domingo electoral de 26 de mayo de 2019, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.

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UCRANIA, ¡Paz y Libertad!