La mariposa Apolo volará sobre el concierto de Año Nuevo

Daniel Barenboim, Salón Dorado del Musikverein (Viena) y mariposa Apolo

Sevilla, 31 de diciembre de 2021

Este año habrá una protagonista especial en el Concierto de Año Nuevo 2022, que se celebrará en el Salón Dorado del Musikverein de Viena, mañana 1 de enero de 2022, siguiendo un rito de buenas costumbres, dirigido esta vez por Daniel Barenboim, a quien tanto apreciamos en Andalucía y especialmente en esta ciudad, por su vinculación a ella en la Fundación Barenboim-Said desde su creación en 2004, cuyos fines son “promover el espíritu de paz, diálogo y reconciliación, fundamentalmente a través de la música. En ese espíritu, será un referente esencial la historia de convivencia pacífica a lo largo de los siglos en Andalucía entre las distintas culturas; promover la acción formativa en el ámbito de la música, siempre con el objetivo de la formación integral humanística; elaborar, promover, ejecutar y difundir proyectos de formación y cooperación para el desarrollo en Andalucía, en los Territorios Palestinos y en otros países de Oriente Próximo, promover la investigación y la experimentación musical y promover el intercambio de información sobre cuestiones relativas a los derechos humanos, a la lucha contra el racismo y la xenofobia garantizando el respeto a la diversidad y el pluralismo”.

Junto a Daniel Barenboim y la Filarmónica de Viena, habrá otra protagonista que no pasará desapercibida, una mariposa Apolo, autóctona en Austria, que viajará durante el concierto por los sitios que ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad en ese país y que lleva en sus alas la letra “D” final de Libertad, según explico más adelante. Asimismo, recomiendo la lectura previa de contenidos acerca del concierto de este año que ha preparado la Radiotelevisión de España (RTVE), en su página oficial, donde podrán observar hasta el último detalle de este gran acontecimiento musical, en la que el musicólogo Martín Llade nos acercará con sus comentarios a los momentos clave de este encuentro.

Según la página oficial de esta orquesta “La estrecha asociación musical de Daniel Barenboim con la Filarmónica de Viena comenzó en 1965. Después de 2009 y 2014, el concierto del 1 de enero marca la tercera vez que Daniel Barenboim dirige este prestigioso concierto”, con un programa con obras de insignes compositores como la representación habitual de la familia Strauss: Josef Strauss, Johann Strauss Jr., Joseph Hellmesberger Jr., Eduard Strauss y Carl Michael Ziehrer, que se podrán escuchar y ver en directo gracias a la retransmisión de la radiotelevisión austriaca que posibilitará la señal a más de noventa países en el mundo, con una audiencia media de 55 millones de telespectadores y un potencial de 1.000 millones.

El concierto de este año contará con la intervención habitual del Ballet Estatal de Viena, con una obra emblemática, el Vals de Las Mil y Una Noches (Johann Strauss, Jr.), en el Palacio de Schönbrunn, que conozco bien y que todavía recuerdo en mi memoria de secreto. También se podrá contemplar y escuchar otra obra, la Polca de las Ninfas, de Josef Strauss, en la Escuela Española de Equitación, que nos recordará la presencia regia de nuestro país en aquél territorio austriaco. Quizás sea el intervalo o descanso entre las dos partes del concierto la que más me ha llamado la atención en esta ocasión. Explicaré el motivo. Este año se ha querido resaltar una vez más la tríada que compone este acontecimiento musical, la Filarmónica, Viena y Austria, en definitiva, uniendo mediante imágenes y música la localización de los 12 sitios del Patrimonio de la Humanidad en Austria, al cumplirse el 30º aniversario de su adhesión al Patrimonio Cultural Mundial de la UNESCO, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que en 2022 cumplirá a su vez su 50 aniversario también. Con este motivo se ha elegido a la mariposa Apolo, una especia autóctona protegida en la actualidad, a la que acompañará por las cámaras “en su poético vuelo por los lugares del Patrimonio Mundial austríacos, conectando los 12 monumentos y paisajes naturales que han sido merecedores de este reconocimiento”: Centro histórico de Salzburgo, Palacio y Jardines de Schönbrunn, Paisaje cultural de Hallstatt-Dachstein / Salzkammergut, Ferrocarril de Semmering, Ciudad de Graz, Centro histórico y Palacio de Eggenberg, Paisaje cultural de Wachau, Centro histórico de Viena, Paisaje cultural de Fertö / Neusiedlersee, Hayedos primarios de los Cárpatos y otras regiones de Europa, Palafitos prehistóricos en el entorno de los Alpes, Fronteras del Imperio Romano / Limes del Danubio en Carnuntum-Petronell, y Grandes ciudades balnearios de Europa / Baden bei Wien, siendo estas cinco últimas localizaciones compartidas con otros países.

Libertad alada

Curiosamente no es la primera vez que cito a esta mariposa Apolo en este cuaderno digital, porque cuando lo hice la vinculé con una misión en sus alas: señalar que en ellas aparece siempre una “D”, como última letra de la palabra “LIBERTAD”, una propuesta que hice en su momento para ensalzar esta hermosa palabra: “Si uno las imágenes, no las alas disecadas, de las mariposas de la especia Metálica, de la Selva peruana y de las Guayanas, la Satúrnida de Ghana, la Noctuida negra de Venezuela, la Tigre nocturna de Boston, la Marrón de Guatemala, la Papilio de Nueva Guinea y la Apolo de Suiza, conformo con ellas la palabra LIBERTAD, porque ordenadas como acrónimo, todas ellas, enumeradas por el orden que he expuesto, nos brindan la oportunidad de leer en sus alas esta palabra mágica, libertad, a la que aspiramos alcanzar cuidando con esmero las quimeras de la dignidad. He unido las dos Metálicas, con la L y la I en sus alas; la Satúrnida, mostrándome una B hermosa; la Noctuida, son la E bien trazada; la Tigre, con una R resplandeciente; la Marrón, dibujando una T de Tierra; la Papilio, mostrando una A de asombro y, finalmente, la Apolo, con una D de decisión para volar siempre en sueños posibles. Me he paseado en ellas por el mundo, volando de norte a sur y de este a oeste, en mi mapamundi imaginario de libertad, mostrándome siempre que es urgente no faltar al respeto de la madre naturaleza, en todas y cada una de sus manifestaciones”.

Esta reflexión simbólica ronda por mi cabeza desde que el escritor Manuel Rivas me orientó una lectura urgente para almas aladas, El alfabeto alado (1), un libro precioso de Mario Satz, que descubrí por un resumen apresurado del mismo, programático para almas entusiasmadas y por el trabajo llevado a cabo por el naturalista y fotógrafo noruego Kjell Sandved: “Entre el alma humana y las mariposas existe un estrecho parentesco: lo que en una es oscilación y ascenso en las otras es aleteo y color. Aristóteles fue el primero en acuñar la palabra psique para designar ese nexo, y, tras él, poetas y pintores representaron el alma alada, frágil e inasible pero hermosa. Hoy es la fotografía la que documenta la vida de estos espléndidos insectos, cuya milagrosa existencia muestra a su vez cuán volátil y extraordinaria es la vida humana. Breves e intensos, los relatos que Mario Satz reúne en este bellísimo libro dan cuenta de las aventuras y desventuras de esas joyas aladas que han dado lugar a tantos mitos, leyendas y fábulas dignos de ser recordados”.

Libertad alada, libertad. Naturaleza libre y alada, naturaleza. Alma alada y libre, solo alma. Una vez más y en plena explosión de la sexta ola de la pandemia tendremos la oportunidad, a través de este Concierto de Año Nuevo, de experimentar en nuestra vida el gran aserto musical del barroco y del clasicismo: musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música puede ser compañera en la alegría y medicina para el dolor. Ahora, de las manos de Daniel Barenboim y de los miembros de la Filarmónica de Viena, sabiendo de antemano que sobrevolará durante el concierto la mariposa Apolo en el Salón Dorado del Musikverein en Viena, llevando en sus alas la letra “D”, la última de la palabra libertad, una “D de decisión para todos, sin excepción alguna, para que volemos siempre junto a la música en sueños libres y posibles.

(1) Satz, Mario, El alfabeto alado, 2019. Barcelona: Acantilado-Quaderns Crema.

NOTA: la imagen de cabecera es un fotomontaje de elaboración propia sobre imágenes recuperadas de la página web de la Filarmónica de Viena, excepto la de la mariposa Apolo. La de la palabra LIBERTAD, es un montaje fotográfico de elaboración propia, sobre el alfabeto alado descubierto por el naturalista y fotógrafo noruego Kjell Sandved.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

Milana bonita, dos palabras preciosas de un santo inocente

Sevilla, 28/XII/2021

No es la primera vez que recuerdo estas palabras en el día de los Santos Inocentes. La última vez fue con motivo del fallecimiento, en septiembre de este año, de Mario Camus, director de una pelicula de culto en el cine español, Los santos inocentes, que no olvido en su fondo y forma, según la obra homónima de Miguel Delibes. Me fijé también en un instrumento que formaba parte de la banda sonora de la película, el rabel, que quizás pasó desapercibido en su proyección cinematográfica, pero que simboliza el mensaje cultural que aún queda en la España olvidada y vacía. Milana bonita hizo todo lo demás a través de un santo inocente. El que quiera entender…, que entienda, en una novela y una película que, como pasa con las ideologías, nunca fueron inocentes.

Milana bonita, dos palabras para recordar a Mario Camus

Sevilla, 19/XI/2021

Ayer voló a su cielo particular Mario Camus, junto a su inseparable milana bonita, recordándonos que nos entregó un día ya lejano un regalo cinematográfico, Los santos inocentes, en el que él sabía lo que nos daba pero no lo que en verdad recibíamos, un fragmento de nuestra memoria histórica con el tiempo dentro. Aprendí a conocer nuestro triste pasado como país gracias a Miguel Delibes y a su versión llevada al cine de la mano magistral de Mario Camus.

En el día de los santos inocentes de 2018, escribí unas palabras de homenaje a este gran director, El rabel de los santos inocentes, resaltando también un instrumento ancestral cántabro, el rabel, porque ponía música a una historia conmovedora, con la sencillez de un alma inocente y bendita como la de su intérprete, Pedro Madrid, que nunca tuvo tiempo para ver la película porque la vida le exigía estar siempre presente en sus tareas cotidianas. Hoy, vuelvo a publicar aquellas palabras, porque creo que encierran en sí mismas el mejor homenaje póstumo que puedo ofrecer a Mario Camus. No está solo, porque cerca, muy cerca, le espera impaciente Azarías, junto a su querida milana bonita.

Muchas personas recordamos la película Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus, basada en una obra homónima de Miguel Delibes, a través de una frase icónica, ¡Milana bonita!, pronunciada de forma repetida con la voz profunda e inconfundible de Paco Rabal en su papel de Azarías. Lo que no recordará casi nadie es que la banda sonora de la película está interpretada por Pedro Madrid, un rabelista de Cantabria, un músico inocente de extracción rural, que no vio la película porque estaba dedicado en cuerpo y alma a su tierra, Polaciones, y a su parentela, nada más, muy lejos del bullicio mundano.

El rabel es un instrumento de cuerda frotada, tres cuerdas concretamente, que Pedro tocaba con destreza: “Éste -y muestra el que tiene en esos momentos en sus manos- está hecho de madera de tejo. Es un árbol milenario cargado de leyendas, pero es muy difícil encontrarlo. También los hago de serval, que es un árbol sagrado de los antiguos celtas” (1). Tiene raíces árabes, el rabáb, según el diccionario de la RAE: instrumento musical pastoril, pequeño, de hechura como la del laúd y compuesto de tres cuerdas solas, que se tocan con arco y tienen un sonido muy agudo. Desde 1505 tenemos registrada la existencia de este instrumento en el diccionario de Fray Pedro de Alcalá, matizada posteriormente en el de Autoridades, en 1737: “instrumento músico pastoril, de hechura como la del laúd”.

La aportación de Pedro Madrid a la película es un símbolo del argumento de la misma, porque desprende sabiduría rural a manos llenas, es decir, la exposición desnuda de las relaciones amo-sirviente durante la posguerra en España, donde el desprecio al que menos tiene y, además, te sirve, era una seña de identidad de la burguesía cortijera de la época. Delibes escribió una denuncia social descarnada, continua, en formato de novela, con una trama en la que los santos inocentes son aquellas personas que viven con dignidad el hecho de ser diferentes, singulares, casi sin darse cuenta, casi siempre ignorados por la sociedad.

Hoy, día de los santos inocentes, he recordado la película y un instrumento humilde, el rabel, tocado con destreza por Pedro Madrid, un gran desconocido para la historia de la música en este país. Lo escucho en los títulos de crédito de la película, llevándome en volandas como la grajilla de Azarías. Es solo un homenaje a su colaboración en la historia de la literatura y el cine en este país, en un día del calendario muy especial.

(1) https://elpais.com/diario/1985/09/06/ultima/494805604_850215.html

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

En memoria de Carlos Marín

Carlos Marín, Il Divo

Sevilla, 20/XII/2021

Si se calla el cantor calla la vida
Porque la vida, la vida misma es todo un canto.
Si se calla el cantor, muere de espanto
La esperanza, la luz y la alegría.

Horacio Guarany, Si se calla el cantor, 1972

En la página web oficial de Il Divo, figuran unas palabras hermosas de sus compañeros del grupo, que recuerdan su pertenencia al mismo durante más de diecisiete años: “Con gran pesar les hacemos saber que nuestro amigo y socio Carlos Marín ha fallecido. Sus amigos, familiares y seguidores sentirán su ausencia. Nunca habrá otra voz o espíritu como Carlos. Durante 17 años, los cuatro hemos estado juntos en este increíble viaje de Il Divo, y echaremos de menos a nuestro querido amigo. Esperamos y rezamos para que su hermosa alma descanse en paz. Con amor, David, Sebastien y Urs”.

En este tiempo tan difícil e inhóspito de pandemia, la cultura y el arte de vivirla y sentirla a diario, son una cara amable, imprescindible y necesaria, para cantar permanentemente a la vida, porque nos da mucho a cambio del deber de entenderla, sabiendo que de este mundo casi todos sabemos poco, aunque “estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo” (así lo cantaban los cantores de Aguaviva, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, a los que no olvido). Cantar sentimientos envueltos en palabras y melodías, como hacía Carlos Marín con el grupo Il Divo, es una excelente misión para alegrar cada segundo de la vida de cada uno, cada una, dándole sentido.

Ayer corrió la noticia de su fallecimiento por todos los medios de comunicación del mundo, porque era muy conocido como el único intérprete español de este grupo, clasificado como barítono, consolidado ya por sus actuaciones memorables a lo largo de los años en todos los continentes. Escucho de nuevo una de las interpretaciones más recordadas, Regresa a mí, donde Carlos Marín regresa hoy junto a nosotros con su preciosa voz. Lo hará también mañana y siempre, sabiendo y asumiendo que es cierto lo que aprendí hace ya muchos años de una canción de Horacio Guarany, Si se calla el cantor, que no olvido: Si se calla el cantor calla la vida / Porque la vida, la vida misma es todo un canto. / Si se calla el cantor, muere de espanto / La esperanza, la luz y la alegría. Recuperemos ahora y siempre a Carlos y su voz cantora, que ayer perdimos, porque su música, al igual que la palabra, aún regresan a nosotros.

Este libro puede ser un regalo con estela

CIUDADANO JESÚS (2ª edición, revisada y aumentada)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.

El realismo mágico tiene siempre el encanto dentro

Sevilla, 26/XI/2021

Gabriel García Márquez fue un maestro en mostrar el realismo mágico de su país, de la vida, siempre con su encanto dentro. Mi querido Gabo, me recuerda siempre una obligación ética al escribir palabras que se entregan a los demás, como me ocurre ahora cuando me enfrento a la página en blanco, navegando en los mares procelosos de la turbación ignaciana. Hoy, cuando retomo -no sin dificultades anímicas y cierto desencanto existencial- esta bendita y sacrosanta ob-ligación [sic, con guion], resuenan sus palabras del prólogo de Doce cuentos peregrinos con una fuerza especial: “Aquí está, listo para ser llevado a la mesa después de tanto andar del timbo al tambo peleando para sobrevivir a las perversidades de la incertidumbre”. Es verdad. Aquí están listas las palabras de hoy, para ser llevadas a tu mesa, cuando voy permanentemente de mi corazón a mis asuntos, del timbo al tambo particular, personal e intransferible. Cerebro y corazón, básicamente el cerebro, para los que nos acercamos con tanto respeto a él, que nos recuerda permanentemente su papel estelar en la vida, porque diversas estructuras cerebrales hacen posible la historia jamás contada, de vivir de forma controlada para no ir del timbo al tambo. A ser posible, a los asuntos importantes para la búsqueda de la felicidad y su encanto. Y estos días que pasan, pero que en algunas y algunos se quedan, estamos viviendo momentos trascendentales para cada persona, para la sociedad, para la ciudadanía, para las familias, para las amigas y amigos a los que queremos, para las compañeras y compañeros de trabajo, con los que estamos obligatoriamente obligados a vivir, estar y, lo más difícil, ser.

La verdad es que somos peregrinos en un camino hacia alguna parte, aunque a veces vayamos del timbo al tambo, como desorientados, para comprender lo que solo se puede alcanzar en una disciplina de silencio y de encuentro con nosotros mismos, para responder a situaciones, preguntas y fracasos humanos y sociales que no alcanzamos a entender nunca. Lleva razón Gabriel García Márquez en su prólogo: el que lea estas palabras (por qué no este cuento) sabrá qué hacer con ellas. Como me pasa a mí al escribirlas. Porque la perspectiva del tiempo es lo que permite poner cada cosa en su sitio y hacer, de vez en cuando, una parada en la posada más querida. Como peregrinos de la felicidad. Del encanto de la vida, cuando un conjunto de cualidades hacen que una cosa o una persona sea sumamente atractiva o agradable.

Mirabel, protagonista de Encanto

En este contexto, traigo a colación hoy la última película de Walt Disney Animation Studios, con un tirulo paradigmático, Encanto, un musical en toda regla que se estrena hoy en nuestro país y que “nos narra la historia de una familia extraordinaria, los Madrigal, que vive oculta en las montañas de Colombia en una casa mágica, en un pueblo vibrante de un maravilloso y hechizado lugar llamado Encanto. La magia de Encanto ha bendecido a todos los niños y niñas de la familia con un don único, desde superfuerza hasta poderes curativos. A todos menos a Mirabel. Pero cuando descubre que la magia que rodea Encanto está en peligro, Mirabel decide que ella, la única Madrigal normal y corriente, quizá sea la última esperanza de su extraordinaria familia. La película contiene nuevas canciones compuestas por el ganador de los premios Emmy®, GRAMMY® y Tony®, Lin-Manuel Miranda («Hamilton», «Vaiana»), está dirigida por Byron Howard («Zootrópolis», «Enredados») y Jared Bush (codirector de «Zootrópolis»), codirigida por Charise Castro Smith y producida por Clark Spencer y Yvett Merino”.

La historia que cuenta tiene también su encanto, en un cierto paralelismo con los Buendía, la familia que asentó García Márquez en Macondo. Todo nace en una humilde vela que otorga unos poderes especiales y protección asociada a la joven Alma, que pasan a las nuevas generaciones.  Protección y poderes que se transmitirían a las nuevas generaciones, con algo diferencial: cuando cada miembro de la familia Madrigal cumple 5 años, una ceremonia a la que asisten los vecinos del pueblo revela el don le ha sido concedido: mover objetos de gran peso, cambiar de apariencia física, sanar con la comida o escuchar cualquier sonido por lejos que se produzca, capacidades que les ayudar y proteger a sus vecinos. Todos menos Mirabel, una adolescente inquieta y siempre sonriente que ve cómo todos son diferentes… y nadie es capaz de entenderla en ciertos momentos (2). A esto hay que añadir que la casa en la que viven los madrigal también tiene poderes mágicos: “Algunas de sus puertas llevan a lugares mágicos y ella misma tiene capacidad para moverse y ayudar a sus inquilinos. Aunque todo cambiará cuando Mirabel descubra en una visión que tanto la casa como la vela que confiere poderes están a punto de ser destruida, la primera, y apagada la segunda. Algo en lo que no cree Alma, ahora una anciana venerable que cuida de su prole”.

Con esta carta de presentación es obvio recordar al gran Gabo, que con su realismo mágico nos llevó en volandas por la vida, con su encanto a través de palabras trenzadas en frases que elevan el sentimiento de ser humanos: “Desde la aparición de la vida visible en la Tierra debieron transcurrir 380 millones de años para que una mariposa aprendiera a volar, otros 180 millones de años para fabricar una rosa sin otro compromiso que el de ser hermosa, y cuatro eras geológicas para que los seres humanos a diferencia del bisabuelo pitecántropo, fueran capaces de cantar mejor que los pájaros y de morirse de amor” (2). ¡Qué belleza de palabras! Lo demostró también en el mensaje que dedicó a los lectores de Cien Años de Soledad, que según nos contaba en un discurso pronunciado en Cartagena de Indias en 2007: “[…] son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los veinte países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa. Al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano”. O con bellas historias e imágenes de encanto en Colombia, como pretende transmitir la película que se estrena hoy. En definitiva, un homenaje implícito a sus palabras rodeadas siempre de realismo mágico.

En un mundo en el que sobrevivimos rodeados por los enemigos del alma humana, es maravilloso que la historia nos recuerde que existen la belleza, el encanto y la alegría, a modo de Tres Gracias, que podemos comprender mejor al contemplar el grupo escultórico inolvidable esculpido por Antonio Canova, que representa estas tres realidades. Hoy, yendo del timbo al tambo de mi vida, como he escrito anteriormente, recordando siempre a Gabriel García Márquez en sus cuentos peregrinos, que me recuerdan que todavía es posible descubrir el realismo mágico de la vida, con su encanto dentro.

(1) Encanto, la película musical de Disney que va a sorprender (antes de las Navidades) a toda la familia | Cine (elmundo.es)

(2) En El cataclismo de Damocles. Conferencia de Ixtapa. México, 1986. Extracto del discurso que Gabriel García Márquez pronunció el 6 de agosto de 1986, en el aniversario 41º de la bomba de Hiroshima.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Cecilia de Roma, un símbolo para Johann Sebastian Bach y Karl Richter

Sevilla, 22/XI/2021, festividad de Santa Cecilia y Día Internacional de la Música

Hoy, festividad de Santa Cecilia (Cecilia de Roma), se celebra el Día Internacional de la Música. Más de una vez me he referido en este blog a un compositor, Juan Sebastián Bach y a un intérprete del mismo, Karl Richter, que escucho y veo con bastante frecuencia, porque representan ambos la esencia de la música y su forma de expresarla. Como he recordado recientemente en estas páginas, en este año, concretamente el pasado 24 de marzo, se ha cumplido el 300º aniversario de un hecho histórico: la presentación en sociedad de unos conciertos para muchos instrumentos (Six Concerts avec plusieurs instruments, en el original), compuestos por Johann Sebastian Bach en 1721 y que escucho siempre con respeto reverencial, que dedicó de forma no inocente al margrave (marqués) Christian Ludwig de Brandenburg-Schwendt (1677-1734), Su Alteza Real Mi Señor, hermano del Rey de Prusia, conocidos desde su redescubrimiento en 1849, como los Conciertos de Brandenburgo (Brandeburgo, en correcto español). Para mí es una obra sublime del barroco, de la que conservo en mi memoria de hipocampo secreto la interpretación al clave y dirección de los seis conciertos, simultáneamente, por parte de uno de los músicos que mejor comprendieron la música de Bach, Karl Richter, sobre el que he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital.

Es verdad que estos Conciertos engrandecen la música y hoy puede ser un gran día para volver a escucharlos y sentirlos en su justa medida. Creo que sobran palabras. Una hora, treinta y ocho minutos, cincuenta y dos segundos, te sumergen en una experiencia musical inolvidable. Los conciertos, que se pueden visualizar y sentir en el vídeo que encabeza estas palabras, fueron grabados del 1 al 10 de abril de 1970 en el Castillo Nuevo de Schleissheim (Munich), bajo la dirección de Karl Richter, probablemente uno de los mejores intérpretes de Bach que han existido. Destaco un momento mágico de Richter, entre otros muchos (más bien diría que a lo largo de todos los conciertos), dirigiendo a la orquesta Bach en posiciones casi imposibles, al simultanear la dirección con la interpretación al clave, moviendo las manos en giros indicadores de melodías preciosas interpretadas por Richter y su orquesta como solo ellos sabían hacer. Me refiero, por ejemplo, al primer movimiento completo del Concierto número 5, Allegro, donde se puede observar la maestría de Richter en el clave. Pasen, vean y escuchen.

Concierto de Brandenburgo N.º 1 en Fa mayor BWV 1046

Guía práctica

[00:28~] 1º. Allegro

[04:23~] 2º. Andante (en re menor)

[08:12~] 3º. Allegro

[12:53~] 4º. Menuetto; Trío I (2 oboes y fagot);
Menuetto Polacca (violines y violas); Menuetto Trío II (2 cornos y 3 oboes); Menuetto.

Concierto de Brandenburgo N.º 2 en Fa mayor BWV 1047

[20:50~] 1º. Allegro

[26:00~] 2º. Andante (en re menor)

[29:44~] 3º. Allegro assai

Concierto de Brandenburgo N.º 3 en Sol mayor BWV 1048

[32:35~] 1º. Allegro

[38:38~] 2º. Adagio

[39:41~] 3º. Allegro

Concierto de Brandenburgo N.º 4 en Sol mayor BWV 1049

[45:06~] 1º. Allegro

[52:44~] 2º. Andante (en mi menor)

[56:44~] 3º. Presto

Concierto de Brandenburgo N.º 5 en Re mayor BWV 1050

[1:01:48~] 1º. Allegro

[1:11:44~] 2º. Affettuoso (en si
menor)

[1:16:38~] 3º. Allegro

Concierto de Brandenburgo N.º 6 en Si♭ mayor BWV 1051

[1:22:00~] 1º. Moderato

[1:28:22~] 2º. Adagio ma non tanto
(en Mi♭ mayor)

[1:33:07~] 3º. Allegro

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada. 

Los Conciertos de Brandeburgo, de J. S. Bach: cuando lo diferente siempre suena mejor al estar unido

Gustav Leonhardt, en el papel de J.S. Bach, en Crónica de Anna Magdalena Bach, 1967

Sevilla, 4/XI/2021

En este año, concretamente el pasado 24 de marzo, se ha cumplido el 300º aniversario de un hecho histórico: la presentación en sociedad de unos conciertos para muchos instrumentos (Six Concerts avec plusieurs instruments, en el original), compuestos por Johann Sebastian Bach en 1721 y que escucho siempre con respeto reverencial, que dedicó de forma no inocente al margrave (marqués) Christian Ludwig de Brandenburg-Schwendt (1677-1734), Su Alteza Real Mi Señor, hermano del Rey de Prusia, conocidos desde su redescubrimiento en 1849, como los Conciertos de Brandenburgo (Brandeburgo, en correcto español). Para mí es una obra sublime del barroco, de la que conservo en mi memoria de hipocampo secreto la interpretación al clave y dirección de los seis conciertos, simultáneamente, por parte de uno de los músicos que mejor comprendieron la música de Bach, Karl Richter, sobre el que he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital.

Portada de los Six Concerts avec plusieurs instruments, escrita en francés, compuestos por J.S. Bach y dedicados al Margrave (Marqués) de Brandenburg [sic], el 24 de marzo de 1721

Siendo como siempre justo y benéfico, hoy he vuelto a descubrir esta obra en sus múltiples facetas, insondables a veces, por la lectura de dos artículos que recomiendo para comprender bien esta obra inconmensurable de Bach. El primero, el que dedicó Luis Gago, recientemente, en el diario de El País a esta efeméride, con un título sugerente y aleccionador, La audaz y perenne juventud de los Conciertos de Brandeburgo, del que recojo literalmente las primeras frases por su profundo significado: “Casi al final de los espartanos títulos iniciales de la mejor película jamás realizada sobre un compositor clásico, Crónica de Anna Magdalena Bach, empieza a sonar un fragmento del primer movimiento del quinto de los conocidos como Conciertos de Brandeburgo. Sus directores, Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, anotan minuciosamente en su guion los compases exactos: 147 a 154. A continuación, en la primera escena, la cámara muestra únicamente, de espaldas, a Gustav Leonhardt, que encarna al compositor alemán y afronta, mientras el resto de los músicos guardan silencio, el extenso “solo senza Stromenti” (”compases 154 a 219″, detalla el guion) de este movimiento, un dechado de virtuosismo. Cuando concluye, el plano se abre y vemos tocar a todos los intérpretes, un grupo de siete músicos con vestuario e instrumentos de época, los nueve últimos compases del movimiento. Entre ellos se encuentra, al violonchelo, el patrón de Bach en aquel momento, el príncipe Leopold de Anhalt-Köthen, al que da vida Nikolaus Harnoncourt”, el gran Harnoncourt, el violonchelista que después pasó a ser un excelente director de orquesta, que siempre miraba al cielo durante los conciertos junto al baile armónico de sus manos, un alemán con alma austriaca que falleció en 2016 y que estudió de forma pormenorizada el contexto histórico, instrumental y musical de Bach y Mozart. Junto al Concentus Musicus Wien, tocó y dirigió obras con instrumentos del siglo XVIII, rescatados para no alterar la esencia de las partituras analizados compás a compás, frase a frase y en la partitura completa.

Atraído por estas palabras de Gago he visto la película completa, más allá de los Conciertos de Brandeburgo, con el objetivo de entrar en la vida y obra más significativa de Bach: “Se rodó en 1967 y se estrenó en Utrecht en 1968: interpretar entonces a Bach con instrumentos similares a los que utilizó el compositor era un acto auténticamente revolucionario. Muchos espectadores de la película no habían visto ni oído nunca a buen seguro nada parecido”. Fue la gran pasión de Harnoncourt a lo largo de su vida y así lo atestigua un libro que recomiendo leer para contextualizar bien su vida y obra consagrada a la música barroca y clásica: “Diálogos sobre Mozart” (1). Lo que verdaderamente me ha entusiasmado es la declaración de Gago sobre Bach en su obra cuando viene a decir que su música nunca fue inocente: “Tampoco puede pasarse por alto, en línea con la tesis de un polémico artículo de Susan McClary sobre el Bach más político aparecido en 1987, que, en el arranque mismo de la película, el servidor (Bach) ostente una clara posición de primacía sobre su patrón (el príncipe), sobre todo teniendo en cuenta que Straub y Huillet, decididos a ofrecer una imagen del genio plenamente desromantizada y a deslizar tras la asepsia aparente de las imágenes y el guion sus posiciones políticas izquierdistas, incidirán más adelante en el incómodo sometimiento del compositor a sus superiores durante su posterior destino profesional en Leipzig, cuyas autoridades municipales jamás cobraron conciencia de la magnitud del talento de su díscolo empleado”.

El segundo artículo al que he hecho referencia con anterioridad, en referencia a la película excelente sobre Bach, Crónica de Anna Magdalena Bach, es la crítica sobre su contenido realizada por Carlos Andrés Torres Herrera en Icónica. Pensamiento fílmico: “En Crónica de Anna Magdalena Bach (Chronik der Anna Magdalena Bach, 1967), una pareja de cineastas nos relata la vida y obra de una pareja de músicos. Danièle Huillet y Jean-Marie Straub muestran a través del cine el trabajo que Anna Magdalena Wilcke y, su esposo, Johann Sebastian Bach hicieron en la música: “Pretendemos mostrar personas atareadas en hacer música; pretendemos mostrar personas que realizan efectivamente un trabajo delante de la cámara, […] Al mostrar a músicos dedicados a su labor, la dupla Huillet- Straub no sólo “muestra” una forma de pensar y hacer música: también revelan su manera de proceder cinematográfica. Traducen a lo fílmico las ideas musicales. Encuentran en lo visual un eco de lo sonoro. Y en ese intercambio de ideas, la fuga adquiere un papel preponderante”. La fuga como una forma de expresar el contrapunto: “El contrapunto es como si una persona cantara una canción, una segunda persona otra muy diferente, y una tercera persona una melodía aún más diferente, todo esto al mismo tiempo. Resulta que todas estas canciones tan distintas entre sí, juntas suenan bien, tienen armonía. Esa fue una de las obsesiones de Bach: hacer que lo diferente suene mejor cuando está unido”. Efectivamente, ese es el gran secreto en la obra de Bach: “Podríamos decir que el primer plano secuencia es una exposición. Primero vemos a un sujeto, Johann Sebastian Bach, interpretando una virtuosa melodía en el clavecín, el Concierto de Brandenburgo no. 5. De pronto, la cámara se aleja y descubrimos que junto a él hay un conjunto de instrumentistas, el contrasujeto. La cámara nos ayuda a oponerlos e identificarlos. Los Conciertos de Brandenburgo son una forma de la fuga que se llama concerto grosso donde un conjunto pequeño de instrumentos se opone a uno grande”.

Las fugas y contrapuntos de Bach a lo largo de su obra significaron mucho en todas y cada una de sus composiciones. En los Seis Conciertos de Brandeburgo igualmente: “Las fugas son una forma de reelaborar lo pasado y lo presente. Nos fuimos y ahora que regresamos todo se vuelve diferente. ¿Por qué? Las cosas cambian o desaparecen, pero tenemos la posibilidad de reinventarlas. “Hacer la revolución es volver a colocar en su sitio cosas muy antiguas pero olvidadas”. Straub-Huillet [los directores de la película] imaginan lo que ya desapareció. No sólo la Historia sino las canciones que ya no existen. Lo único que canta Anna Magdalena Bach en la película es un aria (“Mit Freuden sei die Welt verlassen») de la que sólo se conserva el libreto, pues su música se perdió en algún momento. ¿Cómo, entonces, la puede cantar? Los músicos se dieron a la tarea de reconstruir la música a partir de otras composiciones de Bach. Gran ejercicio de imaginación y reinvención del pasado”.

Vuelvo a escuchar los Conciertos de Brandeburgo, pero en su versión inolvidable del gran maestro Karl Richter. Lo haré también, próximamente, con la edición especial que ha publicado Harmonia Mundi con instrumentos de época, interpretados por la Akademie für Alte Musik Berlin, celebrando la efeméride del tricentenario. Intervienen la violinista Isabelle Faust (con un Steiner) como solista en dos de los conciertos y Antoine Tamestit, como primera viola (con un Stradivari): “La rapidez de sus tempi recuerda a las versiones tenidas en su día (1987) por radicales y transgresoras de Musica Antiqua Köln. Superado aquel enfoque reivindicativo y aquel afán de extirpar de raíz cualquier vestigio de adherencias románticas, no muy alejados de los que alientan también en la película Crónica de Anna Magdalena Bach, su principal virtud es quizá conseguir que estas seis obras nos lleguen exultantemente jóvenes y llenas de vida, la misma que les ha permitido mantenerse tan frescas y audaces como cuando nacieron, al menos oficialmente, rodeadas de incógnitas, hace 300 años”.

Los Conciertos, según la interpretación al clave y dirección de Karl Richter, que se pueden visualizar y sentir en el vídeo que encabeza estas palabras finales, fueron grabados del 1 al 10 de abril de 1970 en el Castillo Nuevo de Schleissheim (Munich). Destaco un momento mágico de Richter, entre otros muchos (más bien diría que a lo largo de todos los conciertos), dirigiendo a la orquesta Bach en posiciones casi imposibles, al simultanear la dirección con la interpretación al clave, moviendo las manos en giros indicadores de melodías preciosas interpretadas por Richter y su orquesta como solo ellos sabían hacer, en un contrapunto permanente. Me refiero, por ejemplo, al primer movimiento del Concierto número 5, Allegro, donde se puede observar la maestría de Richter en el clave. Así comienza la película de Crónica de Ana María Bach. Pasen, vean y escuchen.

(1) Harnoncourt, Nikolaus, Diálogos sobre Mozart. Reflexiones sobre la actualidad de la música, 2016. Barcelona: Acantilado.

Harmonia Mundi, Conciertos de Brandeburgo, Edición del Tricentenario

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.  

Las cartas de Mozart son el espejo de su alma musical e inquieta

Sevilla, 29/X/2021

Acudo con frecuencia a compartir con Mozart su música excelente y su azarosa vida para conocerle mejor. En este sentido, la Fundación Juan March dedica a partir de hoy y hasta el 21 de mayo de 2022, un ciclo musical bajo el título Mozart a través de sus cartas, que nos ayudarán a conocer detalles muy importantes de su azarosa vida, porque “La vida de Mozart nos es conocida, en buena medida, a través de su epistolario. Las innumerables cartas escritas por el compositor, por su padre y por otras personas de su entorno describen con detalle sus continuos viajes, sus tribulaciones más íntimas o la génesis de algunas de sus obras. Este ciclo de siete conciertos, articulados en torno a siete lugares e hitos destacados en la biografía mozartiana, presenta algunas de las creaciones más relevantes de su catálogo camerístico en combinación con la lectura de sus cartas, que iluminan el contexto compositivo y vital del compositor salzburgués”.

Además, han preparado un programa de mano excelente, que recomiendo leer íntegramente, página a página, con una introducción magnífica, Hacer público lo que fue privado: las cartas de Mozart, de Alberto Hernández Mateos, que nos da una perspectiva de sumo interés sobre las cartas originales y cruzadas de Mozart y su familia: “El epistolario mozartiano reúne un ingente número de cartas que hace posible profundizar en la vida y el pensamiento del genio de Salzburgo. Pero, si a las cartas escritas o recibidas por el propio Mozart se añaden las de su padre, Leopold, las de su hermana, Nannerl, y las de su esposa, Constanze, se obtiene un conjunto documental que permite reconstruir numerosos aspectos de la vida cotidiana, de la cultura y del modo de pensar que van más allá de las circunstancias personales o familiares de los Mozart y se extienden a cuantos habitaron en la Europa del siglo XVIII”.

El programa también presenta unas palabras del experto musicólogo, Luis Gago, como un acicate para conocer la extensa correspondencia de Mozart, unas doscientas cartas escritas entre 1756 y 1791, que nos ofrecen “una visión privilegiada de la gestación, la cronología y los estrenos de muchas de sus obras, pero su interés va mucho más allá, puesto que constituyen asimismo un testimonio de primera mano de cómo se viajaba por Europa en la segunda mitad del siglo XVIII, de cómo era acogido el compositor en las numerosas ciudades que visitó, de sus relaciones con la realeza y la aristocracia, de sus luchas profesionales para sobrevivir como músico independiente y de las circunstancias que rodearon la interpretación de su música. Su correspondencia es, además, un documento invaluable para trazar un completo perfil psicológico del autor de La flauta mágica, que se autorretrata sin pudor y con una insólita franqueza en sus juicios y en sus confesiones, de ahí que, al margen de su interés musical, aquella posea una trascendencia literaria y autobiográfica excepcional. Las cartas, en fin, arrojan mucha luz –que ha sido interpretada de maneras muy diferentes– sobre la complejísima relación del compositor con su padre, Leopold, una figura crucial en su desarrollo personal y profesional”.

En medio de tanto ruido mundano, la música de Mozart nos puede elevar temporalmente a su cielo. He elegido en estas horas de espera a la inauguración del ciclo, la primera obra que lo abrirá, Sonata en Sol mayor KV 283 (Allegro, Andante y Presto), en este caso interpretada por un joven Daniel Barenboim con su maestría pianística, aunque estaré expectante con la que esta tarde llevará a cabo Alba Ventura, al piano, con las voces en off de Carlos Hipólito, como Mozart y María Adánez, como Anna Maria Mozart, la madre del compositor. El ciclo respeta una cronología en lugares donde Mozart regaló al mundo su forma de interpretar la vida: Mannheim, 1777. Sonatas para piano; Viena, 1791. El Réquiem; Viena, 1781-1783. El triunfo del contrapunto; Viena, 1785. Diálogos con Haydn; París, 1778. Mozart desolado; Viena, 1786-1788. Tríos con piano y Londres, 1764. Junto al Bach inglés. Invito desde este cuaderno digital a seguir de cerca este ciclo de siete conciertos, leer atentamente el programa de mano de forma recurrente para asimilar lo allí expuesto y seguir disfrutando de la música del compositor salzburgués al que tanto admiro y aprecio. ¡Pasen, lean y escuchen!

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓNJosé Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte de su situación actual de persona jubilada.