Recuerdos en el 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado / 2. Verdad

Antonio Machado (Sevilla, 26 de julio de 1875 – Colliure, 22 de febrero de 1939)

Sevilla, 22/VII/2025 – 08:08 h (CET+2)

En este cuaderno digital figuran 224 artículos que tienen en su interior alguna referencia a la vida y obra de Antonio Machado, resaltando siempre su coherencia y excelente forma de expresar su maestría lingüística, experiencia vital, sentimientos y emociones por doquier. En esta segunda entrega de la serie, hay un hilo conductor manifiesto en torno a un proverbio que no olvido, “¿Tu verdad? No la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela” (Proverbios y Cantares, LXXXV), porque lo tengo presente en cada aquí y ahora, para intentar aprehender su significado más profundo. Lo escribí en los albores de la pandemia de 2020, cuando vivíamos momentos trágicos de incertidumbre y zozobra existencial.

Destaco de aquellas palabras una reflexión, que mantiene su actualidad plena a pesar del tiempo transcurrido, en la senda que nos trazó Antonio Machado respecto de la búsqueda de la verdad humana, que nunca nos debería ser ajena, siguiendo la máxima de Terencio: “Las mentiras políticas nos llevan de la mano al descubrimiento de la falta de verdad que hay casi siempre detrás de ellas, aunque ya estábamos avisados por los agoreros y tertulianos del Reino Mediático que nos embarga, porque “eso ya se sabía que iba a ser así”, a pesar de la defensa que personalmente hago siempre del principio de confianza en el Estado Democrático, que no se gobierna solo, porque no lo hace bien cualquiera, no debe ser inocente, como elemento crucial de la democracia que defiende exclusivamente el Interés General de la Ciudadanía (el IGC de la Democracia, más importante seguro que el PIB o el IPC que nos embarga)”.

Pasen y lean esta reflexión como homenaje de nuevo a Antonio Machado y a su circunstancia, sobre la importancia de la Verdad en la vida. Fue, es y será una lección inolvidable de responsabilidad existencial.

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Para buscar la verdad, cada uno debe guardar la suya

Uly Martín

Sevilla, 24/IV/2020

Llevo guardando mi verdad durante todos los años de mi existencia siguiendo el aserto de Machado: “¿Tu verdad? No la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. En tiempos de coronavirus tengo la necesidad imperiosa de conocer la verdad de lo que está pasando a través de la información verdadera, objetiva, contrastada, digna, bien transmitida y apeada de tecnicismos estadísticos que es muy difícil desentrañar cuando lo que nos ocupa es saber qué nos pude pasar ahora, mañana y el famoso día después el que todos hablan, en un mundo instalado en el desconcierto de amplio espectro.

El miércoles pasado asistí a la sesión del Congreso de los Diputados y fue frustrante escuchar a determinados representantes de los votantes pertenecientes a todas las latitudes de la derecha de este país, así como de nacionalismos exacerbados, lanzar exabruptos intolerables ante una situación en las que todos tenemos que unirnos ante el sufrimiento de enfermedad y muerte como nos asola, aunando voluntades como cantaba Quilapayún en homenaje a las víctimas de Santa María de Iquique. Sería injusto decir que todos los políticos son iguales, porque detecto perfectamente quién actúa y habla con la verdad conjunta, la tuya , la mía, la de muchos, no la suya solo, a pesar de todo. Las mentiras políticas nos llevan de la mano al descubrimiento de la falta de verdad que hay casi siempre detrás de ellas, aunque ya estábamos avisados por los agoreros y tertulianos del Reino Mediático que nos embarga, porque “eso ya se sabía que iba a ser así”, a pesar de la defensa que personalmente hago siempre del principio de confianza en el Estado Democrático, que no se gobierna solo, porque no lo hace bien cualquiera, no debe ser inocente, como elemento crucial de la democracia que defiende exclusivamente el Interés General de la Ciudadanía (el IGC de la Democracia, más importante seguro que PIB o el IPC que nos embarga).

Personalmente y como defensor con ardor guerrero de la Política que tanto ama Emilio Lledó, siguiendo a Aristóteles, en su ardiente impaciencia por difundir la verdad a toda costa a través de la palabra política, no quiero que cuando asista de nuevo a una sesión de ese Congreso citado, tenga que pensar inmediatamente en la advertencia de los títulos de crédito de muchas películas que tengo grabadas en mi persona de secreto: cualquier parecido de lo que se está hablando en esta sesión con la realidad es pura coincidencia.
He escrito muchas veces sobre la inquietante necesidad de búsqueda de la verdad política porque no es algo estático que se deba presuponer como el valor en las guerras, de cuya realidad no quiero acordarme ahora. A mí también me concierne una gran responsabilidad de protegerla, blindarla, no participando desde el sofá de mi casa, con silencios cómplices, en el Mayor Espectáculo del Mundo de la Mentira Política, en los medios cotillas de comunicación social y en las redes sociales, porque Todos los Políticos No Son Iguales. La verdad, como pasa con la realidad del campo, es para quien la trabaja. Hay que informarse, contrastar las noticias, despreciar los medios de comunicación tóxicos o tosigosos, instalados en la mediocridad de los bulos. Sabemos quiénes y cuántos son y es fácil quedarnos con sus cabeceras y siglas. Hay que denunciar la Mentira Política, bajo el eufemismo de bulos, porque se reviste de muchos disfraces de trajes de emperador que se venden al mejor postor de la indignidad política. Además, esta labor no es solo policial, es una tarea ciudadana de amplio espectro (como los antibióticos) de compromiso social para buscar conjuntamente la verdad, guardándonos cada uno la nuestra en este ejercicio urgente de responsabilidad ciudadana.

Con motivo de las elecciones generales en España en diciembre de 2015, escribí un post, “Si nos dijeran la verdad mentirían”, en el que finalizaba con una reflexión sobre la que hago hoy una operación rescate para comprobar si a través de mis palabras encuentro sentido a esta verdad que nos corroe en la película real del día a día en tiempos de coronavirus: “El problema radica también en que estamos sobrepasados por experiencias políticas pasadas, enmarcadas en mentiras que parecían en el mejor de los casos verdades a medias, muy lejos del interés general. Ahora hace falta altura de miras, sensatez extrema, diálogo donde la búsqueda de la verdad sea un esfuerzo común, guardándose cada uno la suya en aquello que no une, no toda la verdad, aunque comprendamos ahora mejor que nunca algo que experimentó en su experiencia vital el gran político canadiense Michael Ignatieff en su frustrada carrera hacia la presidencia de su nación: “Nada te va a causar más problemas en la política que decir la verdad”. Porque si no, solo nos quedará en nuestro pensamiento y sentimiento una reflexión […] que se podría convertir los próximos días en trending topic popular a todas luces: si nos dicen la verdad (algunos políticos, no todos), mentirían. Aprendiendo con humildad de la paradoja de Epiménides, cuando afirmó que todos los cretenses eran unos mentirosos, porque casualmente…, él también lo era”.

NOTA: la imagen se recuperó en este blog el 5 de enero de 2016, de 

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/30/actualidad/1359573194_226490.html

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Recuerdos en el 150 aniversario del nacimiento de Antonio Machado / 1. Retrato

Antonio Machado (Sevilla, 26 de julio de 1875 – Colliure, 22 de febrero de 1939)

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Antonio Machado, versos en Retrato (Campos de Castilla), 1912.

Sevilla, 21/VII/2025 – 12:16 h (CET+2)

El próximo 26 de julio se cumple el 150 aniversario del nacimiento del poeta Antonio Machado, tan presente en este cuaderno digital. Con este motivo tan especial y pasando por el túnel del tiempo, he escogido seis reflexiones sobre su vida y obra, escritas aquí con alma en cada instante donde él estuvo presente en mi vida y como homenaje a esta celebración tan especial y necesaria para consolidar la memoria histórica y democrática de este país.

Comienzo por una aproximación a su impecable “Retrato”, con objeto de recordar quién era Antonio Machado desde un autorretrato inolvidable. Así lo viví el día que me acerqué al Palacio de Dueñas, en esta ciudad que lo vio nacer y que nunca olvidó.

Este país necesita recuperar la vida y obra de este gran poeta, porque hoy es siempre todavía para hacerlo, a la hora de recordar su nacimiento con palabras que él nos entregó hace ya muchos años en sus recordados Proverbios y Cantares (VIII). A mí me quedan.

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Necesitamos recordar hoy a Antonio Machado

Patio de los limoneros. Palacio de Dueñas. Sevilla / JA Cobeña

Sevilla, 26/VII/2021

Hoy se cumple el 146º aniversario del nacimiento en Sevilla de Antonio Machado y pienso que hoy, más que nunca, debemos recordarlo también por algo que necesitamos hacer urgentemente en nuestro país, escuchar, un verbo del que debemos conjugar el presente de indicativo completo y perpetuo antes que volver a hablar de algo sin conocimiento y, muchas veces, con una gran falta de respeto hacia los demás. Vuelvo a publicar como pequeño homenaje en este cumpledías de Machado, según la expresión tan querida por Benedetti, un artículo que escribí en 2016 después de una visita pausada al Palacio de Dueñas, donde volví a sentir el alma del poeta, sus consejos, su autorretrato, su escucha, sus soledades y su silencio. Sigo pensando que la escucha atenta entre todos debería ser una propuesta de necesidad extrema en este país tan dual y cainita. Necesitamos aprender a escuchar porque no es habitual en la vida ordinaria, sobre todo cuando nos referimos a los otros. Escuchar es saber dialogar, como nos enseñó mi admirado poeta: Para dialogar, preguntad primero; después… escuchad

Aquella tarde de abril, en Sevilla, lo leí otra vez en el cielo azul de Dueñas y puedo asegurar que no lo olvido, habiendo aprendido con el paso de los años que Machado adoraba el silencio, el suyo concretamente, porque sabía que sólo se debe dejar de callar cuando preguntando primero y escuchando después, se tiene algo que decir más valioso que el silencio. Probablemente, sea el momento mágico, como decía él, de distinguir de entre todas las voces sólo una, porque sabemos distinguir las voces de los ecos, porque no es lo mismo…, no es lo mismo.

España necesita recordar hoy a Machado

Esta tarde he estado muy cerca de Antonio Machado, en el Palacio de Dueñas. He paseado por el patio de los recuerdos de su infancia y de un huerto claro donde madura el limonero. Lo he sentido hoy muy cerca de mi persona de secreto. Fundamentalmente, porque echo de menos la asunción colectiva de un proverbio suyo sobre el diálogo, que me acompaña siempre. En ese patio lo he recuperado de mi memoria de hipocampo ante una carencia de diálogo, como problema de Estado que nos afecta a todos en momentos políticos transcendentales que estamos viviendo estos días.

La escucha atenta debería ser una propuesta de necesidad extrema en este país tan dual y cainita. Necesitamos aprender a escuchar porque no es habitual en la vida ordinaria, sobre todo a los otros. Escuchar es saber dialogar, como nos enseñó mi admirado poeta: Para dialogar, preguntad primero; después… escuchad. Esta tarde lo leí otra vez en el cielo azul de Dueñas.

Escuchar es una actitud, un proceso de educación transversal a lo largo de la vida que no se improvisa, necesariamente acompañada de la aptitud social de la escucha atenta y activa. La persona que escucha vive instalada en el respeto mutuo, dispuesta a aprender siempre porque solo sabe que no sabe nada. La vida es una caja de sorpresas y preguntas para quien escucha porque todos los días surge una posibilidad nueva de aprendizaje. Y para el diálogo es fundamental. Este país necesita declararlo como deber fundamental de carácter casi constitucional. Nos arrollamos en las vicisitudes diarias porque no dialogamos, no solemos buscar juntos la verdad de la vida, guardando cada uno la suya.

Y volvemos al arte de escuchar, elemento imprescindible para desarrollar esta habilidad nacida para consolidarse en una actitud que se ha desarrollado gracias a la inteligencia humana, que sabe distinguir oír de escuchar, que no es lo mismo. Es lo que les ocurre a los que alardean de decir a los cuatro vientos, cuando oímos algo que no nos interesa, que “por un oído me entra y por otro me sale”, como si la inteligencia humana estuviera ausente. Acabamos de negar la quintaesencia de la escucha, porque nos instalamos en el particular reino de la autosuficiencia o descalificación ajena, negando la capacidad intelectual de elaborar el proceso de escucha atenta que nos separa de estos procesos auditivos que también desarrolla el reino animal. Es un problema que estriba sencillamente en prestar siempre la necesaria atención a lo que los demás dicen, porque probablemente podríamos darnos cuenta de que lo que hasta hoy tenía patente de corso en nuestra vida ya no es así, dado que muchas veces los demás pueden pensar y decir algo mejor que nosotros. Esta actitud nos permitiría sobrevolar, a partir de ese momento, un cielo de preguntas.

Cuando salía del Palacio de Dueñas, de su patio tan querido, he recordado también una estrofa de Retrato, un poema precioso, que me ha permitido comprender mejor cómo la escucha atenta es un compromiso activo de ética pública y privada que tanto necesita este país, sobre todo su clase política en estos días de tanta ausencia de escucha y preguntas sin respuesta alguna: Desdeño las romanzas de los tenores huecos / y el coro de los grillos que cantan a la luna. / A distinguir me paro las voces de los ecos, / y escucho solamente, entre las voces, una. Y me he perdido finalmente por las calles de su querida Sevilla, haciendo como siempre su camino al andar.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2025, en el 89 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar, con las palabras que aún nos quedan, un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 89 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplia la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados. Como ejemplo a secundar, podemos aprender y reforzar la historia democrática de este país, viendo esta película a partir del próximo viernes 10 de noviembre en cines de este país, difundiéndola a los cuatro vientos para reforzar nuestra democracia, en momentos cruciales como los que estamos viviendo en la actualidad ante la próxima investidura progresista y de futuro alentador, cargado también de legítimas esperanzas. Como las que transmitió el maestro Benaiges a tantos niños y niñas de un pueblo burgalés, Bañuelos de Bureba, recordados hoy gracias a la magia del cine y de la memoria democrática. 

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Ningún día sin escribir, aunque sólo sea una línea

Sevilla, 17/VII/2025 – 18:05 h (CET+2)

He recordado hoy que hace tres años escribí en este cuaderno digital unas líneas que tienen una intrahistoria muy interesante y que para mí justifican por qué lo hago de esta forma hace ya veinte años, exactamente en 2005, cuando comenzaba esta apasionante aventura digital. En mi forma de entender la escritura circular, vuelvo a publicar aquella reflexión sobre la necesidad de escribir cada día, aunque sólo sea una línea (Nulla die sine línea), reforzando una vez más mi justificación de por qué lo hago, utilizando además este medio.

Si tuviera que explicar una y mil veces por qué escribo, creo que encontraría su justificación en una expresión atribuida por Plinio el Viejo al pintor Apeles de Colofón (isla de Cos, 352-308 a.C.), Nulla die sine línea, porque no pasaba día alguno sin que utilizara el pincel, aunque fuera solo para trazar una línea. Apeles era muy celoso de su trabajo y cuentan también que una vez pronunció otra frase, quizá impertinente, que tampoco he olvidado, pero que dejaba ver a través de sus pinceles su auténtica persona de secreto, Ne supra crepidam sutor judicaret: el zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias. ¡Valiente atrevimiento el del zapatero! Todo, porque contemplando un día una obra suya, ya había mostrado su insolencia al hacerle un comentario, a priori constructivo, sobre un fallo en el diseño de las sandalias del cuadro. Apeles, todo orgullo, corrigió el fallo. Y cuando pensó que el zapatero ya no hablaría más, ¡zás!, vuelta a empezar. Ya no solo estaba el fallo en las sandalias, dijo el humilde zapatero, sino también en la forma de las piernas pintadas en el cuadro. No sabemos si siguió opinando sobre otras zonas del cuerpo pintado por Apeles, ante su monumental enfado. Solo que le espetó la enigmática frase que después ha derivado en otra más popular: Ne supra crepidam sutor judicaret o, lo que es lo mismo hoy día, ¡zapatero, a tus zapatos!

También sé que Jean Paul Sartre, autor muy cuidado por mí durante mis años jóvenes, la citó en su autobiografía Les Mots, pero aplicada a la escritura, quizás buscando pintar palabras: “Escribo siempre. Que más podría hacer? Nulla dies sine linea. Es mi costumbre y, además, mi oficio”. Tengo que afirmar que ahora, en mi cumpledías diario y llegado a una matusalénica edad, que diría Benedetti, procuro escribir todos los días líneas con palabras, cada día unas líneas, motivado por muchas razones que ya he expuesto en diversas ocasiones en este cuaderno digital, aunque eche de menos la caligrafía que me enseñó mi querida maestra Doña Antonia a la que nunca olvido, cuando me cogía la mano derecha para rotular mi cuaderno de “diario”, a plumilla y tinta negra, con una maravillosa letra inglesa que sólo ella sabía trazar con su sabiduría infinita.

Hace once años justifiqué por primera vez por qué escribía. Repaso aquellas palabras, en un ejemplo claro de escritura circular en este cuaderno digital, porque sigo pensando lo mismo, fundamentalmente porque forma parte de mis principios y no tengo otros. Escribir todos los días, aunque sea tan solo una línea, tiene un misterio intrínseco a su razón de ser y existir, que deseo revelar en lo que me afecta personalmente a esta pregunta . ¿Por qué escribo? En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Cada vez que me enfrento a esta realidad, recuerdo algo que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).

En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que he llamado a veces “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida decidiendo. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora.

En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada pero, si le falta alma, no es nada (1): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión.

Después de muchos años de oficio vital, a diferencia del de Jean Paul Sartre, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel de Literatura en 2006: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”. También, porque en ese acto manifestó que escribía porque solamente modificando la realidad podía soportarla. En definitiva, lo hacía para ser feliz.

José Manuel Blecua, director de la RAE, dijo en cierta ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”.

También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, aunque tan solo sea una línea, pero con alma.

(1) http://www.joseantoniocobena.com/?p=3776

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Los “expertos” en todo, siguen copiando a Groucho y Chico Marx

Groucho y Chico Marx, en unas escenas inolvidables de Una noche en la ópera (1935)

El lenguaje del poder otorga impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo universal en nombre del desarrollo y también a las grandes empresas que, en nombre de la libertad, enferman al planeta, y después le venden remedios y consuelos.

Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 15/VII/2025 – 18:20 h (CET+2)

Hace tres años, en momentos difíciles para este país, escribí las líneas que siguen, que rescato hoy actualizándolas porque no han perdido un ápice de su valor. Fundamentalmente, porque sigo de cerca los acontecimientos mundiales que nos acechan por tierra, mar y aire: las guerras de Ucrania y Gaza, trumpismo en su máximo apogeo para mayor desgracia del mundo (sobre todo para los que menos tienen), corrupción muy presente en la vida política de nuestro país, cambio climático insoportable, inflación galopante a base de aranceles descontrolados, irrupción galopante del fascismo y de la ultraderecha mundial y nacional, entre otros muchos dignos de señalar. Detecto que lo que hay detrás, en bastantes ocasiones, es un lenguaje vacío y lleno de lugares comunes por parte de los «expertos» correspondientes que se permiten hablar sobre ellos, también sobre todo lo que se mueve, algo que recogió ya Eduardo Galeano en su libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés, un libro de cabecera en mi biblioteca o clínica del alma. Bajo el epígrafe El lenguaje de los expertos internacionales, en la clase dedicada a la impunidad de los exterminadores del planeta, obviamente de la democracia, dice lo siguiente: “En el marco de la evaluación de los aportes realizados al redimensionamiento de los proyectos en curso, centraremos nuestro análisis sobre tres problemáticas fundamentales: la primera, la segunda y la tercera. Como se deduce de la experiencia de los países en desarrollo donde se han puesto en práctica algunas de las medidas que han sido objeto de consulta, la primera problemática tiene numerosos puntos de contacto con la tercera, y una y otra aparecen intrínsecamente vinculadas con la segunda, de modo que bien puede decirse que las tres problemáticas están relacionadas entre sí. La primera…” (1).

Leyéndolo con atención, nos damos cuenta de que no dicen absolutamente nada, porque son palabras huecas, sin sentido alguno. Suenan igual que las que pronuncian Otis B. Driftwood (Groucho) y Tomasso (Chico), en sus respectivos papeles en “Una noche en la ópera”, en una crítica mordaz sobre la burocracia y el formalismo aparente en la sociedad contemporánea, que personalmente lo llevo hoy al contrato social, que también existe, entre los representantes de los Gobiernos más la oposición, respecto de sus votantes. El lenguaje político que nos llega en estos días del Congreso, se convierte en algo muy parecido a lo expresado por Groucho Marx en la película citada: “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato… Oiga ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como esta? La cortamos”. Ante la situación que vivimos, efectivamente, en el Congreso de los Diputados, donde sería importante que se comprometiera todo el arco político con el “estado lamentable de la nación”, acosada por los problemas internacionales de inestabilidad política por el avance de la ultraderecha política y las guerras que nos asolan, hemos visto que el método de los Hermanos Marx ha resultado infalible para el ala de la derecha y su ala ultra con siglas conocidas por todos, porque poco a poco van cortando todas las cláusulas del contrato social “firmado” en las elecciones para quedarse al final con una, la llamada por ellos “cláusula sanitaria”, después de haber leído más de ocho cláusulas que, finalmente, desaparecen con un hilo conductor que ellos mismos aceptan cuando Chico Marx dice: “Ahora en esta parte que sigue hay algo que no le gustará, a lo que responde Groucho: “Bien, su palabra es suficiente para mí”, rompiendo una vez más esa parte del contrato y diciendo con voz engolada: «Dígame, ¿la mía es suficiente para usted?», a lo que Chico Marx responde: «¡Desde luego que no!» Sobran palabras, eufemísticamente hablando, para explicar este escuálido contrato, no digamos cuando ocurre en el contrato social de la representación política y sus votantes, apoyadas por las grandes decisiones de los expertos en todo. La palabra no sirve para nada, porque no les queda cuando casi todo es corrupción y casi nadie se fía de nadie, aunque se parte de un aserto falso: todos los políticos son iguales, cuando la verdad objetiva es que no es así. Dicho sea de paso y en defensa de muchos políticos honrados.

Pero “la cosa” no acaba ahí para determinados expertos nacionales en la política, por ejemplo, que están sentados en el Congreso. Cuando ya no queda casi nada del contrato marxiano, Groucho y Chico, en sus respectivos papeles, abordan la cláusula final que es lo único que les queda del escuálido documento original:

Chico: “Espere, espere. ¿Qué es lo que dice aquí en esta línea.

Groucho: Oh, eso no es nada. Una cláusula común a todos los contratos. Solo dice.… dice… ”si se demostrase que cualquiera de las partes firmantes de este contrato no se haya en el uso de sus facultades mentales, quedará automáticamente anulado en todas sus cláusulas”.

Chico: Pero yo no sé si…

Groucho: No se preocupe, hay que tomarlo en cuenta en todo contrato. Es lo que llaman una cláusula sanitaria.

Chico: Ja, ja, ja… no me diga que ahora tenemos que vacunarnos.

Groucho: (dándole la flor del ojal de su chaqueta) Tenga, se la ha ganado por idiota.
Chico: Gracias”
.

La cláusula sanitaria es el final de esta hilarante o esperpéntica escena, como también lo es cuando el contrato social con nuestros representantes políticos se rompe, se destroza en una trituradora de corrupción, máquinas de fango y malas formas de gobernar. La contaminación política de la corrupción es de tal calibre que se corrompe casi todo, por encima de todo la inteligencia, la corrupción mental, motivo por el que es necesario estar vacunado con la ética personal y colectiva, ante la epidemia de corrupción de amplio espectro que nos embarga. No me extraña que a modo de respuesta de Chico contra la mentira y la indignidad de la falsa política: “¡no me diga que ahora tenemos que vacunarnos”, Groucho, cuando entrega la flor de su ojal, reacciona en 1935 ante la otra parte contratante igual que aquél famoso asesor de Clinton cuando en la campaña presidencial de 1992 dijo una frase que ha pasado a la posteridad: ¡Es la economía, idiota! o lo que es hoy lo mismo, ¡es la corrupción, idiotaque no te enteras! En palabras de Galeano, algo parecido: “En el marco de la evaluación de los aportes realizados al redimensionamiento de los proyectos en curso, centraremos nuestro análisis sobre tres problemáticas fundamentales: la primera, la segunda y la tercera. Como se deduce de la experiencia de los países en desarrollo donde se han puesto en práctica algunas de las medidas que han sido objeto de consulta, la primera problemática tiene numerosos puntos de contacto con la tercera, y una y otra aparecen intrínsecamente vinculadas con la segunda, de modo que bien puede decirse que las tres problemáticas están relacionadas entre sí. La primera…”.

Comprendo mejor que nunca una frase de Emilio Lledó que me marcó para siempre: “Me preocupa la corrupción mental, que un ignorante con poder determine nuestra vida, ante la que hay que vacunarse urgentemente. Sencillamente, porque no somos idiotas, ni nos conformamos con que nos entreguen una flor en plena discordia”. Creo que ha llegado el momento de entrar con un buldócer ético en la sociedad y remover los grandes planteamientos sociales en los que estamos instalados. Es necesario por tanto comenzar a hablar de legalizar nuevos contratos sociales donde la responsabilidad política del Gobierno correspondiente y de la ciudadanía tengan un papel protagonista en los cambios copernicanos y prioritarios que se tienen que abordar con urgencia ética y social. Todo lo demás es seguir normalizando lo indeseable e imposible que no beneficia a nadie. Ya lo dijo, según atribución popular, el torero El Guerra: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Sobran palabras. Sobre todo, de determinados «expertos en todo», políticos y tertulianos de turno, porque la verdad brilla en ellos por su ausencia, cuando siguiendo de nuevo a Groucho Marx lo que deberían hacer es «estar callados y parecer tontos, antes que hablar y despejar las dudas definitivamente».

(1) Galeano, Eduardo, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 2003 (9ª edición). Madrid: Siglo XXI de España Editores, p. 223.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La calidad está en caída libre: nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

Antoine de Saint-Exupéry, Lo esencial es invisible para los ojos, en El principito

Sevilla, 14/VII/2025 – 12:34 h (CET+2) / Actualizado a las 13:42 h

Ayer leí un artículo en el diario El País, El asombroso fenómeno de la calidad menguante, sintetizado en el título que he escogido hoy para compartir sentimientos y emociones en un mundo que parece diseñado por el enemigo: nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

La verdad es que es demoledor el planteamiento general de su autor, Daniel Soufi, pero lo comparto plenamente. Sobre todo en la siguiente reflexión: “La disonancia entre quienes somos y quienes fuimos se retroalimenta con el contraste —quizá más importante— entre quienes somos y quienes queremos ser. Aunque es un impulso lógico culpar a las multinacionales que maximizan sus márgenes de beneficio a costa de los consumidores, y a los gobiernos cuyos recortes asfixian unos servicios públicos ya de por sí depauperados, la lógica mercantil es irrefutable: las cosas no son peores; en gran medida, son tal como las queremos o como nos las han hecho querer. Dicho de otro modo: quienes somos de peor calidad somos nosotros”.

La última frase es un aldabonazo en mi alma de secreto, porque la conclusión es rotunda y aleccionadora. Somos ya, como generación, de peor calidad, porque no sabemos responder a los fraudes continuos de calidad en el Gran Mercado Mundial y sus Mercancías, en la seguridad de que nada está hecho para ser querido. Solo para ser comprado.

Recuerdo ahora ante esta debacle de la calidad humana y de los millones de cosas y objetos que nos vende el Mercado, como banal mercancía, una frase de El Principito, lo esencial es invisible para los ojos, pronunciada por el zorro que se convierte en amigo del principito, al finalizar su famoso capítulo XXI:

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

—Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo.

Es un relato perfectamente válido en el contexto actual, digital por supuesto, donde la calidad superficial es casi siempre relativa o inexistente. En este sentido, la lectura de libro, No-cosas. Quiebras en el mundo de hoy, me sorprendió en su momento por su fondo y forma, sobre el que ya he escrito unas palabras de su texto y contexto, sin adelantarme a interpretaciones críticas de su contenido para respetar la lectura del mismo por parte de quienes leen estas líneas. Me refiero en concreto a un capítulo dedicado a las “cosas queridas”, “apreciadas”, de “calidad”, perdurables en el tiempo, en el que entreteje una reflexión profunda desde la perspectiva de la amistad del principito con el zorro. Este capítulo, en sí mismo, es un tratado de la amistad que va más allá de las meras apariencias y se adentra en el conocimiento del otro, perfectamente detallado en un diálogo en torno a la falta de tiempo que tienen las personas para conocer nada, porque todo se compra en la tiendas:

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

Al buen entendedor de la calidad menguante, pocas mercancías actuales bastan.

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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

España al revés / 4. Respetemos las pequeñas cosas que pueden cambiar el mundo

Sevilla, 11/VII/2025 – 08:20 h (CET+2)

Vuelvo al autor que me inspira en esta serie, Eduardo Galeano, porque frente a la grandilocuencia y las hipérboles del nuevo imperialismo mundial comandado por Trump, sigo creyendo en una reflexión suya que me lavó el alma cuando la leí: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Es verdad, también, que siempre me han conmovido los pequeños detalles que nos regala la vida a diario, porque descubro qué importantes son para dar sentido a la persona de secreto que cada uno vive en su interior.

En este contexto de elogio a las pequeñas realidades de la vida, no olvido a Groucho Marx cuando pronunció con su ironía característica y en el contexto de la crisis económica mundial de 1929, una frase que legó a la posteridad: «Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”. Tampoco a Serrat, porque me enseñó en momentos transcendentales de este país, que era conveniente valorar las pequeñas cosas en su justo sentido, aquellas […] Que nos dejó un tiempo de rosas / En un rincón, / En un papel / O en un cajón. Pero quizá sea un pájaro perdido de Tagore, el 178, el que vuele hoy alto en estos momentos difíciles para el país y me traiga una reflexión extraordinaria a la hora de compartir en casa y a través de las redes la mejor vacuna contra el desasosiego que nos causa a veces dolor: A mis amados les dejo las cosas pequeñas; las cosas grandes son para todos. Y vuelvo a Serrat:

Uno se cree
Que las mató
El tiempo y la ausencia.
Pero su tren
Vendió boleto
De ida y vuelta.

La disponibilidad digital de la que gozamos hoy día, tanto para lo divino como para lo humano, nos permite disfrutar de pequeñas cosas con recursos de siempre, de toda la vida, los rincones, los papeles, los cajones olvidados, también la radio, siempre compañera y amiga, completándola en este momento con los digitales, tales como los teléfonos inteligentes, la televisión y las redes sociales. Esta es la maravillosa realidad de Internet, una tecnología de doble uso, lo sé, pero que cuando se recurre a ella de forma racional y equitativa es extraordinariamente útil y buena, en el buen sentido de la palabra “buena”.

Son aquellas pequeñas cosas,
Que nos dejó un tiempo de rosas
En un rincón,
En un papel
O en un cajón.

Por ello, comprendo hoy mejor que nunca a Serrat, porque todo lo que nos rodea ahora en casa son aquellas pequeñas cosas que muchas veces no hemos valorado en tiempo de bonanza, de rosas. No un yate, una mansión o una fortuna, los de la metáfora de Groucho, por pequeños que fueran o fuesen. Es lo que tiene no confundir hoy, como todo necio, valor y precio.

Como un ladrón
Te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan
A su merced
Como hojas muertas
Que el viento arrastra allá o aquí,

Que te sonríen tristes y
Nos hacen que
Lloremos cuando
Nadie nos ve.

El neofascismo que nos invade por la derecha y su más allá, nos tiene ahora a su merced, obligándonos a tomar medidas de autoprotección para protegernos a nosotros mismos y a los demás, permitiéndonos solo encontrar las pequeñas cosas de cada día, que a veces acechan a través de la puerta. Solo necesitamos autoconvencernos de que con pequeñas soluciones podemos solucionar este gran problema, aunque a veces lloremos cuando nadie nos ve. Recordemos con Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”

Hablando de llanto escondido, he ido a mi biblioteca a buscar un libro para recordar cómo lloraba Antonio Machado en momentos difíciles para este país, de destierro, buscando quizá un consuelo ante tanto dolor ajeno, sin acabar de entender sus soledades, según su hermano José, un gran desconocido en la literatura española. Su lectura me ha dejado siempre vía libre en el terreno de las preguntas. Su título es real como la vida misma, Últimas soledades del poeta Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José (1). Cuenta en estas páginas que unos días antes de morir en el pueblo del destierro, le pidió una pequeña cosa, ver el mar: “Esta fue su primera y última salida. Nos encaminamos a la playa. Allí nos sentamos en una de las barcas que reposaban sobre la arena. El sol de mediodía no daba casi calor. Era en ese momento único en que se diría que el cuerpo entierra su sombra bajo los pies. […] Así permaneció absorto, silencioso, ante el constante ir y venir de las olas que, incansables, se agitaban como bajo una maldición que no las dejara reposar. Al cabo de un largo rato de contemplación me dijo señalando a una de las humildes casitas de los pescadores: “Quién pudiera vivir ahí tras una de esas ventanas, libre ya de toda preocupación” Y volvió al hotel, sumido en el más profundo silencio. Una soledad acompañada, recordando una idea de su infancia sobre ella: Sí, yo era niño y tú mi compañera. Seguro que en esta soledad sonora recordó el último verso de su retrato con alma: Y cuando llegue el día del último viaje / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar. Al leerlo otra vez con el calor que da la impecable dignidad de la que hizo gala siempre, se me han caído unas lágrimas, como le ocurría a María Celeste, el mascarón de proa preferido de Neruda, que lloraba cada vez que el calor del fuego que ardía en la chimenea de su casa, en la Isla Negra, condensaba el vapor en sus ojos de cristal. Porque ante la dignidad y la vergüenza todo llora y nada permanece insensible y quieto.

Solo son las pequeñas cosas que hoy quería contar a mis amados y amadas, a los que señalaba Tagore como especiales e imprescindibles y que a mí me dejan a diario, con señales precisas, un camino de ida y vuelta en un tiempo de espinas y rosas.

(1) Machado, José (1999).  Últimas soledades del poeta Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José. Madrid: Ediciones de la Torre, pág. 141s.

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¡Paz y Libertad!

España al revés / 3. La corrupción política ya la condenó Cicerón en el siglo primero antes de Cristo

Cayo Tulio Cicerón (106 – 43 a.C.)

Sevilla, 10/VII/2025 – 21:00 h (CET+2)

La corrupción fue ayer la gran protagonista de nuestro país, concretamente por la comparecencia del presidente del Gobierno, a petición propia, al objeto de informar en el Congreso de los Diputados sobre los presuntos casos de corrupción conocidos por la filtración a los medios de comunicación y a la opinión pública de investigaciones en curso. Desgraciadamente y siguiendo lo proclamado por Gonzalo de Berceo (Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino…), hay que reconocer (en roman paladino por supuesto) que la corrupción en política es más antigua que el hilo negro y quizás sea Cayo Tulio Cicerón (106 – 43 a.C.) quien mejor lo muestra a través de sus discursos conocidos como “Verrinas”, pronunciados contra Cayo [Gayo] Verres, un gobernador (pretor) romano de Sicilia, acusado de corrupción y abuso de poder. Leyendo estos discursos comprendemos ahora mejor que nunca lo manifestado por Terencio, cuando en su obra El enemigo de sí mismo, Cremes, un personaje curioso como protagonista, pronuncia una frase memorable que ha pasado a la posteridad: Hombre soy; nada humano me es ajeno (Homo sum; humani nihil a me alienum puto) o lo que es lo mismo, actualizándola a la realidad de nuestros días, la corrupción, como actitud humana, no nos es ajena tampoco.

Después de casi veintidós siglos, podemos constatar que la corrupción política sigue siendo una realidad reprobable y detestable desde todos los puntos de vista posibles. En cualquier caso y como perdura a día de hoy, desgraciadamente, es muy importante la propuesta que hizo ayer el presidente para redoblar esfuerzos nacionales para erradicarla desde la base en nuestro país, al presentar un Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción, debiéndose asumir el principio de realidad de la corrupción que acompaña al animal político (según Aristóteles) por antonomasia, al ser humano desde el principio de los tiempos.

Indiscutiblemente, la dura realidad de la corrupción política impregna todos los discursos de Cicerón referidos a Verres, destacando La primera actuación [Actio prima in Verrem], que es recomendable leer con detenimiento porque las acusaciones que figuran en él bastaron para que Verres huyese al destierro y los múltiples protectores de sus tropelías corruptas desistieran de su defensa. A pesar de su autodestierro, Cicerón completó el conjunto de sus acusaciones contra Verres, recogidas en cinco discursos en su segunda actuación [Actio secunda]: Verres pre­tor en Roma [De praetura urbana], en el que describe la vergonzosa carrera política del acusado; Verres pretor en Sicilia [De praetura Siciliensi], abordando el lamentable gobierno de Verres en la isla; Discurso sobre el trigo [Oratio frumentaria], donde se señala el comportamiento corrupto del pretor en la administración tributaria de los cereales, fundamentalmente respecto del trigo; Las estatuas [De signis], donde se describe cómo se hizo famoso por los robos de obras de arte y , finalmente, su quinto discurso, Los suplicios [De supplicio], en el que demuestra la crueldad en el trato a determinados ciudadanos romanos.

Como botón de muestra, he seleccionado unas palabras de Cicerón en estas Verrinas (1), veintidós siglos después, concretamente las que dedica a Verres para hacer una descripción de sus diferentes acciones corruptas en su trayectoria política: “Para dejar a un lado las manchas e ignominias de su juventud, su cuestura, el primer escalón de la carrera política, ¿qué otra cosa tiene en su haber a no ser a Gneo Carbón despojado por su cuestor del dinero público, el cónsul desamparado y traicionado, el ejército abandonado, la provincia arrumbada, la estrecha relación del sorteo y los lazos religiosos violados? Su legación fue la ruina de toda Asia y de Panfilia, provincias en las que saqueó multitud de casas, numerosas ciudades, todos los templos, en la ocasión en que repitió e institucionalizó contra Gneo Dolabela aquel anterior crimen suyo de cuando cuestor, cuando con sus maldades provocó el odio contra aquel del que había sido legado y procuestor, y no sólo lo abandonó en medio de los peligros, sino que lo atacó y traicionó. Su pretura urbana supuso el saqueo de los lugares sagrados y de los edificios públicos y, al mismo tiempo, en el ejercicio de su jurisdicción, la adjudicación y donación de bienes y propiedades contra lo establecido por sus antecesores». Prosigue con la auténtica realidad de su conducta corrupta durante su pretura en Sicilia: «Pero donde ha dejado los más numerosos y más graves testimonios y pruebas de todas sus culpas es en la provincia de Sicilia, a la que maltrató ése y demolió durante un trienio hasta tal punto que de ningún modo puede restituirse a su anterior estado, ya que, parece, a duras penas podrá alguna vez recobrarse en parte alguna en el transcurso de muchos años y bajo la acción de pretores honestos. Cuando ése fue pretor, los sicilianos no tuvieron ni sus propias leyes ni nuestros senadoconsultos ni el derecho
común a los humanos: cada cual tiene en Sicilia cuanto escapó al desconocimiento o sobrevivió a la saciedad de este hombre tan acaparador y desenfrenado».

No hay que olvidar tampoco que fue la aristocracia romana la que protegió a Verres hasta el final de sus días, gracias al corporativismo judicial por el estamento social al que pertenecía como pretor y por el clamor popular en su defensa judicial por parte los ciudadanos beneficiados por sus múltiples actos corruptos. Sé que adentrarse en las Verrinas no es una oferta fácil ni amable para el verano, pero no viene mal acercarse a estas lecturas aleccionadoras de la memoria histórica y democrática sobre la denuncia de la corrupción política desde que el mundo es mundo, casi desde que se separó el cielo de la tierra, dice la historia que hueca y vacía por cierto, hasta que se creó al ser humano, muy buena creación por cierto y por mucho que nos sigan sorprendiendo hoy sus debilidades históricas.

La corrupción política sabe adaptarse a los nuevos tiempos, tras tantos siglos de historia, pero siempre ha sido, es y será detestable por los daños irreparables que ocasiona al interés general de la ciudadanía. De ahí la urgente e imperiosa necesidad de contrarrestarla con ordenamiento jurídico suficiente, que la vigile de forma preventiva, administrativa y políticamente hablando. Es la gran tarea política pendiente en nuestro país por parte de todos los partidos políticos, sin excepción alguna, que conforman en la actualidad el arco parlamentario.

(1) Cicerón, Marco Tulio, Discursos I. Verrinas, Madrid: Editorial Gredos, 1990, Traducción: José María Requejo Prieto, p. 245-247.

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¡Paz y Libertad!

España al revés / 2. No hay que tirar la toalla, darse por vencidos o desistir de un empeño

SIEMPRE HACIA ADELANTE – DAR YASIN (AP) | 25-11-2011 – El ciclista, en medio de una espesa niebla, mira a cámara mientras no detiene su avance por una de las calles de Srinagar (India)

Sevilla, 9/VII/2025 – 13:10 h (CET+2)

“Tirar la toalla” es una locución verbal que se escucha últimamente en el espectro de la alta política de este país, por ejemplo en torno a la figura del actual presidente del Gobierno, locución que tiene muchos siglos de antigüedad y que prefiero situar su aparición en la antigua Roma, en el momento en que un gladiador ya no tenía fuerzas para continuar luchando y pedía clemencia al emperador de turno alzando una toalla o pañuelo, para que no continuara la pelea fijada en el espectáculo del día. Atravesando el túnel del tiempo, nuestro diccionario recoge una acepción de la citada locución, en el lema “toalla”, que refleja bien el sentir popular: “Darse por vencido, desistir de un empeño”.

En democracia es muy importante no olvidar nunca su gran objetivo, garantizar el cumplimiento riguroso de lo previsto, por ejemplo, en la Constitución que nos rige, para mantener la visión de que sólo tiene interés si va hacia adelante, no “tirando la toalla”, a través de programas políticos concretos dada nuestra decisión de cómo se conforma la gobernanza de este país, mediante las correspondientes elecciones y la constitución de los gobiernos que hacen viables los programas de los partidos vencedores en las urnas.

Como una muestra objetiva y real de lo expuesto anteriormente, acabo de ver y escuchar con atención la comparecencia del presidente del Gobierno, a petición propia,  al objeto de informar sobre los presuntos casos de corrupción conocidos por la filtración a los medios de comunicación y a la opinión pública de investigaciones en curso, donde he comprobado que esta locución ha estado presente en la misma en su intervención inicial, porque también estuvo en su mente “tirar la toalla” y convocar elecciones, “me planteé dimitir, pero “tirar la toalla” no es una opción”, decisión que no ha llevado a cabo, defendiendo su continuidad con un Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción, que ha expuesto en sus líneas generales. Estamos viviendo días muy difíciles de digerir en democracia, por la corrupción que ha aflorado de momento en tres personas vinculadas al Partido Socialista Obrero Español, dos de ellas cesadas de sus cargos relevantes en el mismo, nada más y nada menos que secretarios de organización del partido, y uno de ellos también, hace ya un tiempo, como Ministro, que han hecho tambalear al gobierno actual y, obviamente, a su presidente.

Siendo esto así y sin quitarle un ápice de importancia de lo sucedido, creo que junto a la continuidad del gobierno actual que se desprende hoy de las diferentes intervenciones de los responsables de los diferentes socios del actual gobierno de coalición, tenemos que desarrollar un tejido personal y social, a modo de malla pensante y “militante de democracia” en nuestro país, que llamamos Noosfera, en el que destaque por encima de otras, una característica de las personas dignas: mirar siempre hacia adelante, no tirar la toalla ante cualquier adversidad, sobre todo si perjudica al interés general, porque el mundo solo tiene interés si lo comprendemos así. Recuerdo como si fuera ayer la última frase del libro “Origen y futuro del hombre”, de Josef Vital Kopp, un homenaje a sesenta años de permanencia en algún lugar oculto de mi cerebro, después de aquella primera lectura y análisis en 1966, de meses de estudio hasta que la Autoridad competente me recomendó que no investigara tanto sobre Teilhard de Chardin, porque era una persona que había muerto como había vivido: solo, equivocado de siglo, contraviniendo las teorías de la creación, reviviendo las teorías darwinistas en una nueva interpretación de raíces dudosas acerca de la creación y la evolución de las especies, de la supervivencia humana, de la muerte y de la vida.

Desde la portada, pasando por el índice y por mis propias anotaciones, pasaron imágenes y secuencias extraordinarias para un joven de dieciocho años que había descubierto que otro mundo era posible. Y una vez más vuelvo a leer página a página al autor que interpretando a Teilhard de Chardin me llevó de la mano (creo que también de la inteligencia) a descubrir una lectura apasionante del mundo que se simboliza en la cabecera de este diario digital y que es el hilo conductor de mi vida: el mundo solo tiene interés hacia adelante (Tientsin, 1923, recogida en sus Lettres de voyage, 1923-1939). La situación creada por la corrupción última en nuestro país es muy crítica, no cabe duda alguna, pero creo que debemos parar un momento la moviola de la tristeza y abatimiento para reconsiderar actitudes personales, familiares, laborales y políticas, para enfrentarnos a una realidad incontestable, pero que debe contar con la aportación que cada una, cada uno, puede poner en su realidad propia y asociada ante cualquier tipo de corrupción, porque está arraigada en nuestro país como uno de sus pecados capitales, a mayor o menor escala, mirando siempre hacia adelante, como he querido simbolizar a lo largo de casi veinte años en este cuaderno de bitácora, como símbolo y actitud activa que aprendí hace muchos años del mensaje y del autor que da título a este blog.

Como consecuencia de lo que estamos experimentando ante la corrupción política en estos días tan difíciles de digerir a veces, ¿dónde está la receta, para comprarla o el bálsamo de Fierabrás para beberlo y curar todas las heridas actuales en el cuerpo y en la mente, en una España a veces al revés por la corrupción? Sencillamente, no existen puntos de venta de estos productos mágicos, porque la revolución de la esperanza en que vamos a salir de esta situación está en el cerebro de las personas que deciden no arredrarse ante la situación adversa y seguir mirando hacia adelante, como el ciclista de la foto, avanzando en medio de la niebla espesa, con unas luces tenues que ayudan a seguir confinados por ahora, pedaleando, viviendo, trabajando, queriendo, enfrentándose de cara a la adversidad en cualquiera de sus manifestaciones. Porque la tentación de tirar la toalla y arrojarse al mar es una situación transitoria, dejando atrás compromisos y personas que necesitan manos amigas y cerebros inteligentes que luchen día a día por vencer el miedo escénico de seguir viviendo, saliendo a cubierta para dirigir la nave del alma que todos llevamos dentro, abandonando temporalmente la contramina mental y de trabajo duro, gris, que muchas veces desarrollamos, para gritar en cubierta, a cielo abierto, que no debemos abandonar los barcos en los que cada uno está enrolado, porque las creencias merecen la pena aferrarse a ellas, en cualquiera de las cuatro vertientes que un día, también muy lejano, aprendí de un gran hombre, José Ferrater Mora, en su precioso libro El hombre en la encrucijada, que introduzco siempre en la maleta virtual de los viajes que suelo hacer en busca de islas desconocidas.

Decía el filósofo José Ferrater Mora, durante su exilio, que necesitamos tener creencias, que no podemos vivir sin ellas, y a lo largo de las páginas de su tesis existencial demuestra que el mundo ha evolucionado hacia adelante gracias a que nuestros antepasados y muchas personas contemporáneas han tenido y tienen creencias en cuatro ámbitos, juntas o por separado da igual, de una forma u otra, da igual, pero siempre relacionadas con las Personas, la Naturaleza, Dios/dioses o la Sociedad. Así durante muchos siglos. Nos necesitamos y juntos podemos hacer camino al andar, porque hoy no quiero dejar solo en su avance al ciclista de la foto, al presidente de nuestro país, al gobierno de coalición que sustenta nuestro Estado de Bienestar, a las personas a las que quiero, a las creencias políticas que me siguen pidiendo que no abandonemos a los sin voz, a los que menos tienen, a los que llamamos torpes o nadies, a las personas pobres de todo: de espíritu y carne, a las personas que ejercen una política digna, a los que defienden que todos no somos iguales, a las personas que aun equivocándose están dispuestas a rectificar, a los que les preocupa el silencio de las minorías, a los que defendemos la sociedad del bienestar social, a los que quieren y desean dejar de estar intranquilos porque pierden ilusiones, dinero y puestos de trabajo, a los que tienen muy claro desde el punto de vista político que no es lo mismo trabajar por la defensa de derechos y deberes, que por la mera mercancía.

Porque la inteligencia humana, que nos une a todos y no está en el mercado libre, vence al miedo, a la corrupción política y en otros ámbitos, al dinero manipulado por el mercado, por muy poderoso caballero que sea. Es una maravillosa lección de la historia que han escrito las personas que hasta hoy nos han acompañado y acompañan en un largo viaje fascinante hacia alguna parte digna, iniciado desde África hace ya más de doscientos mil años. Nunca tiraron la toalla, ni se dieron por vencidos, ni desistieron de su empeño.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

España al revés / 1. El sistema condena al hambre de abrazos

Eduardo Galeano, El libro de los abrazos

Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas.

Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?

Eduardo Galeano, Extranjero, en El cazador de historias

Sevilla, 8/VII/2025 – 14:54 h (CET+2)

Cuando tomamos conciencia de que este país escuchaba ayer, casi sin inmutarse, a la diputada de Vox, Rocío de Meer, decir que unos ocho millones de migrantes deberían ser expulsados de nuestro país, incluso sus hijos nacidos en España, porque hay que proteger a la nación dado que, según el partido que representa, VOX, “tenemos el derecho a querer sobrevivir como pueblo”, se estremece el alma democrática de cualquier persona digna que comprenda el fondo del problema de la migración, jaleado ahora por lo que está haciendo el presidente Trump en Estados Unidos y por los vientos inhumanos antiinmigración que corren en Europa, sin ir más lejos. Sus palabras fueron exactamente así: “Lo que nosotros denunciamos desde el principio es que si en los años 90 el porcentaje de población extranjera en nuestro país era más o menos de entre el 1% o el 2%, hoy estamos asistiendo a millones y millones de personas que vinieron desde los años 90 hasta ahora alentados por el bipartidismo. […] Están abiertas nuestras fronteras. Por lo tanto, de 47 millones de habitantes que tiene nuestro país más o menos más de 7 millones –porque tenemos que tener en cuenta la segunda generación–, 8 millones de personas han venido de diferentes orígenes en un muy corto periodo de tiempo. […] Estamos viendo que nuestra sociedad está cambiando, que nuestras calles en muchas ocasiones no son de los españoles, que muchas plazas no pertenecen a quienes siempre pertenecieron, que la tranquilidad de muchos pueblos, barrios y plazas también ha cambiado y no es la misma”, ha agregado. Por lo tanto, todos estos millones de personas que han venido hace muy poco tiempo a nuestro país y que no se han adaptado a nuestras costumbres y en muchísimos casos además han protagonizado escenas de inseguridad en nuestros barrios y en nuestros entornos tendrán que volver a sus países”. Esto se llevaría a cabo en “un proceso extraordinariamente complejo de remigración”. Por si quedaba alguna duda, cerró su discurso con la siguiente proclama: “Nosotros apostamos por ese proceso de migración porque pensamos que hay algo más importante que preservar y que además tenemos el derecho a querer sobrevivir como pueblo”.

Ante este panorama, creo que el sistema de política internacional de derechas extremas y liberalismo en estado puro, condena a la humanidad más maltratada, los migrantes y refugiados, al hambre de abrazos que preconizaba Eduardo Galeano en una obra extraordinaria, El libro de los abrazos (1), al que acudo de nuevo en este mes de julio tan falto de ellos.

Es verdad que no es la primera vez que me refiero a esta hambre tan humana y cercana, y hoy he vuelto de nuevo a buscar refugio en sus páginas porque necesito encontrarlos de diferente manera. Creo que estamos viviendo momentos de hambre de abrazos, tal y como lo expresaba él de forma magistral en uno de sus relatos en el libro citado, concretamente en El hambre / 2:

Un sistema de desvínculo: El buey solo bien se lame. El prójimo no es tu hermano, ni tu amante. El prójimo es un competidor, un enemigo, un obstáculo a saltar o una cosa para usar. El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar: a muchos los condena al hambre de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos.

El hambre de abrazos existe desde que al mundo lo llamamos mundo, pero en este tiempo de despersonalización e individualismo digital, hemos comprobado en nuestra propia carne que necesitamos encontrar al verdadero prójimo, que no es un competidor, enemigo, obstáculo a saltar o una cosa para usar y tirar. Mucho menos si es un emigrante, un extranjero. Lo que sabemos ahora es que el sistema de política internacional de derechas y su más allá, pretende condenarnos al hambre de los abrazos verdaderos. Dicen que se ha descubierto el verdadero problema de este tiempo de separación: la tecnología digital desaforada, no inocente por cierto, nos desvincula por sus bulos y desinformación planificada incluso con inteligencia artificial, siendo la razón de nuestro sufrimiento y de por qué buscamos desesperadamente abrazos en el alma de secreto que todos tenemos, para sentir el calor que la situación actual mundial y nacional nos quita sin compasión alguna.

Finalmente, he comprendido muy bien qué significa el abrazo de la razón y el corazón, así como el del alma y el cuerpo, leyendo uno de los abrazos verbales de Galeano en este libro, tan apreciado por mí, cuando me he enfrentado a esta página en blanco: “¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón. Sabios doctores de Ética y Moral han de ser los pescadores de la costa colombiana, que inventaron la palabra sentipensante para definir el lenguaje que dice la verdad”.

Lo que he pretendido decir mediante estas palabras, que nos quedan, es lo que significan ahora los abrazos en nuestras vidas, como sentipensante de este tiempo tan difícil de interpretar. Nada más, porque el hambre de abrazos (y de besos) nos hace enfermar de amor y, como bien dice Galeano en su libro, el amor es una enfermedad contagiosa y cualquiera nos reconoce, “despabilados noche tras noche por los abrazos”, en los sueños ahora al no poder darlos y “no hay decreto del gobierno que pueda con él [el amor], ni pócima capaz de evitarlo”.   

(1) Galeano, Eduardo (1993). El libro de los abrazos. Madrid: Siglo XXI.

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