Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio el corazón que agita su marco Cuando miro el fruto del cerebro humano; Cuando miro el bueno tan lejos del malo, Cuando miro el fondo de tus ojos claros.
Violeta Parra, Gracias a la vida
Sevilla, 3/XI/2024
Tenía este año la ilusión de acudir a la Feria del Libro en mi ciudad, respetando el lema oficial del evento, La ciudad entre los libros, en mi caso, un ciudadano andando entre casetas, sobre todo buscando una, en la que firmaba hoy su último libro, Gracias a la vida, una persona excepcional, Miguel Delibes de Castro (Valladolid, 1947), biólogo, hijo del escritor Miguel Delibes, al que he dedicado también páginas de este cuaderno digital en los últimos años, por su vida y obras de obligado reconocimiento y recuerdo.
Lo he seguido de cerca a lo largo de muchos años, por su encomiable labor en la Estación Biológica de Doñana y, en los últimos años, por su presidencia del Patronato de ese entorno privilegiado en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma, en una actitud permanente de defensa de la vida y de la naturaleza que nos ha dado tanto en ese paraje. Era casi obligado que él dedicara unas palabras, en formato libro, a la quintaesencia de la ofrenda diaria y silente que la Naturaleza hace a la especie humana.
La sinopsis oficial de la publicación, que me ha firmado hoy con palabras cargadas de afecto, no deja duda alguna para invitarnos a su lectura atenta: “¿Por qué y cómo dependemos de la naturaleza para vivir? Gracias a los microbios por nutrirnos y defendernos, y a los hongos que han inventado remedios para matarlos; gracias a los insectos por alimentar a los pájaros, controlar la vegetación y polinizar las flores, y a los murciélagos que se los comen. ¿En qué quedamos? ¿Acaso existen microbios e insectos, biodiversidad, en definitiva, buena y mala, y deberíamos cuidar la una y erradicar la otra? Aunque no lo advirtamos, las personas comemos, bebemos, respiramos y disfrutamos de una temperatura adecuada porque otros seres vivos lo hacen posible. Un enorme conjunto de pesos y contrapesos interactuando, perfectamente integrado tras muchos millones de años de evolución, mantiene la biosfera en un equilibrio dinámico idóneo para las especies que la habitan, incluida la nuestra.Un canto a la asombrosa diversidad de vida que nos rodea y a la imprescindible naturaleza de la mano de uno de los biólogos españoles más destacados.
Gracias a la vida, lleva un subtítulo dentro que no le va a la zaga: La naturaleza indispensable, por ejemplo en el extraordinario avance de fármacos para curar enfermedades crónicas. Así lo explica en el capítulo dedicado a “las malas hierbas (que nos curan…)”: ¿Quién iba a decirnos que el meliloto y sus hongos escondían el secreto de los anticoagulantes, o que los ñames iban a posibilitar el descubrimiento de la píldora anticonceptiva? ¿Quién podía imaginar, y no hemos hablado de ello, la cantidad de hallazgos relevantes para la humanidad obtenidos gracias al uso de ratones, moscas del vinagre o planarias como animales de experimentación en los laboratorios? ¿Quién puede predecir los tesoros para nuestro bienestar que aún permanecen ocultos en la biodiversidad, a veces en seres aparentemente nimios, como las arqueas de las salinas de Santa Pola en las que Francis Martínez Mojica descubrió los mecanismos que han propiciado la edición de genomas? Los seres vivos han aportado mucho a nuestra salud, pero les queda mucho por ofrecer. Solo por orientar, el profesor Jeffrey McNeely, un clásico en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), estimó que a finales de los ochenta del siglo pasado el valor comercial en los países desarrollados de las medicinas obtenidas de la naturaleza alcanzaba los 40.000 millones de dólares al año (aproximadamente 95.000 millones de hoy, a los que habría que sumar el dolor evitado y las vidas salvadas)». Maravillosas aportaciones de la Naturaleza a la vida, expuestas de forma didáctica por el biólogo Delibes.
Conocía la letra de la canción homónima al título del libro, Gracias a la vida, que Violeta Parra interpretaba como nadie y que también las recoge Miguel Delibes en el capítulo introductorio, A modo de justificación, porque el homenaje a través de sus investigaciones se lo debía a su padre, «el novelista Miguel Delibes» como lo cita en este libro, para demostrar la importancia de la biodiversidad, más allá de lo que Violeta Parra cantaba de forma sobrecogedora o lo que su padre relativizaba a la hora de compartir experiencias biológicas y literarias. En estas páginas de mi cuaderno digital, tienen un sitio especial las de la cantora chilena, que cantaba siempre porque debía cantar como compromiso social activo, que siempre recuerdo en una canción grabada en mi persona de secreto, desde que era niño, pensaba como niño y actuaba como niño, porque daba gracias a la vida por sus dos luceros, por el oído, el sonido, el abecedario, sus pies cansados, el corazón, la risa y el llanto.
Hoy, cuando contemplaba a Miguel Delibes firmando su libro, Gracias a la vida, ya «mi libro», he comprendido lo que quiere transmitir a quien lo quiera leer a través de diez capítulos, dedicados a las malas hierbas, las lombrices, los hongos, buitres, microbios, escarabajos, el fitoplancton, los murciélagos, los ostiones y las ostras, finalizando con la importancia de la existencia de los zorros. Me sobrecoge leer en sus palabras introductorias algo verdaderamente esperanzador, cuando afirma que le gustaría que «este libro pudiera entenderse como un himno a la vida, igual que la canción de Violeta Parra, aunque en este caso dirigido a la naturaleza, a la inmensidad de la vida no humana».
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
AGENCIA ESTATAL DE METEOROLOGÍA (AEMET) / Imagen de la Península Ibérica cubierta por las nubes de la DANA – Octubre 2024
Sevilla, 2/XI/2024
La historia se repite. Hace cuarenta y dos siglos que la historia humana mostraba ya su preocupación por el agua descontrolada que caía de los cielos, concretamente por el diluvio, destrozando todo lo que encuentra a su paso, intentando interpretarlo a su manera. Esta situación se muestra en la lectura atenta de la tablilla XI del llamado Poema del legendario héroe-rey Gilgamesh, en lenguaje sumero-acádico, que se utilizó como fuente de la narración del Diluvio en el libro del Génesis, porque Gilgamesh era sabio y todopoderoso, que buscaba la inmortalidad, hasta tal punto que su carta de presentación en las tablillas es esplendorosa: el que veía lo profundo. Este documento, en su versión estándar, porque su tradición oral es de bastantes siglos antes, fue hallado junto a las once tablillas restantes en la biblioteca de Asurbanipal (siglo VII a.C.), creada anteriormente por Sargón II en Nínive, la actual Mosul en Irak, en el siglo VIII a.C., aunque se acepta por los científicos actuales que siguen estudiando los textos encontrados, que en la tradición oral pesaba mucho la historia del Poema de Athanasis, la primera vez que se aborda el cansancio de los dioses en su trabajo diario para atender el mundo, transfiriendo a los humanos parte de sus poderes, hasta tal punto que los hombres, creados de arcilla y sangre, quieren ser como dioses, apareciendo separados ya como hombres y mujeres. Pero lo peor, es que no aprenden a convivir y ser mejores.
De ahí vienen las grandes inundaciones narradas por Gilgamesh, el Diluvio Universal, la construcción de un barco salvador para unos elegidos y la posterior redención calamitosa del ser humano. A partir de aquí, se narran en la interpretación citada de la tablilla XI, sucesos que propiciaron un plan secreto de algún dios, se filtra el plan y se produce una traición “divina”, se construye un barco “salvador”, de 120 codos, con seis cubiertas, se acopia toda la comida posible, se cargan “todos los seres vivos que tenía” el sabio Utnapishtim, todos sus familiares y artesanos y, finalmente, «todas las bestias y animales del campo» suben al barco, sellándose la puerta de entrada según lo indicado por el dios Shamash. A partir de aquí se produce una terrible tormenta, durando el diluvio seis días y seis noches, calmándose la tempestad el séptimo día y liberando Utnapishtim una paloma y una golondrina, volviendo ambas, pero no así un cuervo que nunca regresó. Abrieron la puerta del barco y comenzaron a salir los animales. Todos los humanos se habían convertido en barro puro, excepto Utnapishtim y su esposa. Finalmente, al héroe de esta tragedia, los dioses le otorgan la inmortalidad a él, junto a su mujer. Lo que verdaderamente enturbia el poema es que en el camino de vuelta de su búsqueda de la inmortalidad, descubierta en la narración anterior, encuentra, siguiendo instrucciones de Utnapishtim, una planta que devuelve la juventud a quien la toma, pero una serpiente se la roba y Gilgamesh vuelve a Uruk con las manos vacías, convencido de que la inmortalidad es patrimonio exclusivo de los dioses.
Leído lo anterior en un esfuerzo de síntesis plena para hacer más accesible el conocimiento del poema de Gilgamesh, la historia anteriormente narrada tiene un parecido asombroso a la de Noé en el libro del Génesis, ante el cansancio de Dios al contemplar la corrupción y maldad humana, “el puro mal de continuo”, así como en la parte del relato que corresponde a la creación de Adán y Eva, con su “equivocación” al escuchar a la serpiente y querer ser como el dios que los creó. Visto lo anterior, sólo he pretendido utilizar la metáfora del Diluvio Universal, para intentar comprender que la naturaleza es inviolable y que el ser humano, desde siempre, ha cuidado poco la Naturaleza. Hace tan sólo cuarenta y dos siglos, la tradición oral intentó comprender por qué se producían fenómenos atmosféricos que el hombre nunca podía controlar, achacando a la responsabilidad de los dioses, a su furia desatada, la causa de todos los males de la humanidad. Pero lo cierto es que no era así, porque en el caso del poema de Gilgamesh, un dios traicionero fue el desencadenante de esos males, unido todo a un deseo irrefrenable del ser humano de alcanzar la inmortalidad, una mezcla verdaderamente explosiva.
Si volvemos al terco principio de la realidad vivida estos días con la DANA (acrónimo, Depresión Aislada en Niveles Altos) en la Comunidad valenciana, vamos conociendo este fenómeno atmosférico, en el que una masa de aire polar muy frío queda aislada y empieza a circular a altitudes muy elevadas (entre 5.000 y 9.000 metros), lejos de la influencia de la circulación de la atmósfera. Luego, al chocar con el aire más cálido y húmedo que suele haber en el mar Mediterráneo, en este caso, genera fuertes tormentas, sobre todo a finales del verano boreal y principios del otoño, cuando las temperaturas marítimas son más elevadas (1). Esta fuente informativa afirma sobre la correlación de estas DANAs frecuentes con el cambio climático que “La creciente frecuencia de las DANAs y la intensificación de las lluvias asociadas a ellas están estrechamente ligadas al cambio climático, según los expertos. El progresivo aumento de la temperatura del mar Mediterráneo facilita que se den las condiciones para que haya más energía y humedad necesarias para que se dé una DANA más potente. «Estamos viendo más fenómenos de este tipo a medida que nuestro clima se calienta», explicó el meteorólogo de la BBC Matt Taylor. «Aunque tales eventos han sucedido en el pasado, se están volviendo más habituales», señaló Taylor. El año pasado, un estudio de la Sociedad Meteorológica Estadounidense detectó un incremento de las DANAs desde la década de 1960 a escala global”.
Ante lo anterior llega ya la hora de despejar muchas preguntas: “Si las DANAs van a ser cada vez más frecuentes, ¿por qué no se preparan planes específicos de gestión de riesgos sobre este fenómeno atmosférico?, ¿por qué no se revisan los planes urbanísticos que permitieron construir viviendas y polígonos industriales sobre zonas inundables, en los años del boom del ladrillo?, ¿por qué se avisó tan tarde a la población por parte de las Autoridades de las Comunidades afectadas, aunque sí lo hizo con tiempo suficiente la Agencia Estatal de Meteorología, lo que originó que no pudieran protegerse ante tanta agua destructiva? y ¿por qué no se ha declarado ya un Plan de Emergencia Nacional ante lo sucedido? Miles de personas claman, no ante los dioses, sino ante la Autoridades que correspondan, que las atiendan inmediatamente porque hay mucho dolor acumulado ante esta tragedia, desgraciadamente con precedentes, donde ha hecho estragos, por supuesto, el poderoso caballero “don dinero”. Sabemos ahora que ya los dioses no se enfadan ni enredan en relación con diluvios más o menos universales, pero la prepotencia del ser humano es la misma, creer en la sabiduría infinita del que todo lo sabe, todo lo puede, todo lo niega, para contemplar después horrorizados las imágenes de lo sucedido estos días en Valencia, Albacete y otras localidades del País.
Hace cuarenta y dos siglos también, se sentaron las bases de otro relato unido al del Diluvio, antecedente histórico por más señas, el de la creación, con sesgos también sumero-acádicos, que he citado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital. Si lo recupero hoy es para expresar mi confianza en el ser humano, en momentos de zozobra ética como en los de esta DANA, por la solidaridad humana demostrada ante una tragedia terrible en coste de vidas humanas y sufrimiento agregado en las personas que lo han vivido, porque nuestros antepasados creyeron siempre que la creación del ser humano fue lo mejor que le pasó a la humanidad. Lo digo desde una perspectiva evolucionista, pura y dura, pero que hoy, al citarla, no quiero quitar importancia a lo que nuestros antepasados, abuelos por más señas, contaban a sus nietos y nietas sentados en sus rodillas y así durante siglos, en las orillas de los ríos Tigris y Éufrates, en la actual Irak. La interpretación de esa tradición oral de la creación, de la vida, introdujo por primera vez un adverbio, “muy” (meod, en hebreo) –no inocente- que marcó la diferencia con los demás seres vivos: y vio Dios que muy bueno (Genesis, 1, 31). Mientras que en el citado relato, las sucesivas “creaciones” eran “solo” buenas, los cielos, la tierra, las aguas, los animales, las semillas, cuando se creó al hombre y a la mujer el texto hebreo recoge literalmente: “y vio Dios que muy bueno”, dejando a las aguas algo atrás. Por algo sería. Si escribo lo anterior es para creer, en el desconcierto actual, que el ser humano es lo mejor que le ha podido ocurrir al mundo en siete días mágicos: algo muy bueno. Basta ver los miles de personas que han corrido a prestar su ayuda a los damnificados de esta DANA.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Dedicatoria firmada y dibujada por Manuel Rivas, en su libro ¿Qué me quieres, amor?, 2016
Sevilla, 30/X/2024
El jurado que ha otorgado el Premio Nacional de las Letras 2024 a Manuel Rivas (A Coruña, 1957), ha justificado con bellas palabras, su justa decisión, tomada por “la extraordinaria calidad narrativa que aúna fuerza emocional y belleza formal y por la solidez de una trayectoria versátil y coherente construida con la sensibilidad y la defensa de la memoria histórica, la responsabilidad social y la lengua gallega. Pocos autores del panorama literario español, partiendo de un compromiso firme con su lengua, han conseguido alcanzar tal reconocimiento a nivel mundial. Su obra “acompaña su activismo, con una pluma que, sin adoctrinamiento, agita conciencias, induce a la reflexión y estimula el pensamiento hacia la defensa de la pluralidad lingüística y cultural y hacia la igualdad de género. Manuel Rivas, con una voz poderosa y singular, crea literatura y, con ella, vuelve a situar la escritura gallega en el olimpo de las Letras Nacionales”.
Siempre he admirado a este escritor polifacético, gallego por más señas, militante activo de su cuna y orígenes, muy presente en este humilde cuaderno digital. Es uno de mis maestros, al que recurro con frecuencia, porque aprendo mucho de él. La última vez, ha sido preparando un viaje a Galicia, porque su método para conocer su Comunidad no lo he olvidado nunca, recogido en un libro suyo, Galicia, Galicia. Este libro es un libelo de repudio al conservacionismo gallego de viejo cuño, político incluido, Rivas explica un método para conocer su tierra que cobra hoy una especial actualidad. Nos enseña a viajar con él, porque al final, caemos siempre en lo mismo: criticamos hasta la saciedad a este turismo que nos invade, a los otros, sin caer en la cuenta de que nosotros también hacemos a veces un turismo descontrolado, por imperativo del mundo actual, acabando como turistas al uso, a veces sin sentido y viajando hacia ninguna parte. Su lectura me ayudó a comprender qué significan las herbiñas de enamorar visitando una vez en la vida San Andrés de Teixidó, siguiendo también las indicaciones de Luar na Lubre, recomendando que cada uno, cada una, al leerlo, cambiando nombres, apellidos y situaciones, se quede con el fondo de lo expuesto. Es la única forma de comprender qué significa el turismo digno y ético que tanto necesitamos recuperar en nuestro país, abandonando el rol de volantistas (conductores sempiternos) por un tiempo y escogiendo un libro como la mejor guía para iniciar el mejor viaje posible a nuestra persona de secreto.
Este Premio, tan merecido “en vida”, en un país que se caracteriza por frecuentar los panegíricos de personas ilustres de todo tipo, profesión y lugar, eso sí, una vez fallecidas, cumple uno de sus objetivos cuando se creó en 1984, en tiempos de un Ministerio de Cultura que contempló la necesidad de poner en práctica, a través de acciones concretas, el artículo 149.2 de la Constitución Española, que señala el servicio de la cultura como deber y atribución esencial del Estado, destinado a reconocer el conjunto de la obra literaria de un autor vivo escrita en cualquiera de las lenguas españolas oficiales.
Además, aquí radica uno sus éxitos, porque la intención con la que se creó el premio era doble. A la vez que se reconoce la trascendencia de un autor y de la totalidad de su obra literaria, se incide -de acuerdo con el mandato constitucional- en la presencia de las lenguas españolas en la configuración de la cultura de nuestro presente y de nuestro futuro, integrada por una pluralidad de aportaciones lingüísticas que representan, cada una de ellas, una tradición literaria que forma parte de todo nuestro legado cultural.
Manuel Rivas es un maestro de la coherencia ética llevada a su forma de escribir en diferentes géneros, como periodista, poeta, novelista o columnista memorable en El País, siempre con su activismo ético dentro. Da igual el asunto que aborde, porque nunca defrauda. Se lo dije a él en una de sus visitas a Sevilla, en diciembre de 2016, para participar en una conferencia-diálogo, en el marco de los Diálogos Literarios en conmemoración de la primera circunnavegación de la Tierra, la Vuelta al Mundo de la expedición de Magallanes que completó Juan Sebastián Elcano. Cuando finalizó el encuentro, me acerqué para agradecerle lo aprendido a lo largo de los años de su lectura de compromiso activo. Le enseñé el libro que llevaba y que tanto quiero, ¿Qué me quieres, amor? Y nos lo dedicó con la maestría de los «alicientes» que tan bien conoce y que nos explicó en su intervención: la línea del horizonte que separa el mar del cielo, la luz que necesitamos siempre para iluminar cualquier viaje, con dos peces que van a en ambas direcciones porque suministran ideas en las idas y venidas de la vida, el libro abierto que escribimos a diario si nos comprometemos a defender el derecho a soñar y la unión íntima de humor y libertad, como mensaje explícito de su forma de ser en el mundo. Por cierto, libro editado por Bolboreta, mariposa en gallego, de quién aprendí el sentido de su alargada lengua, en un relato suyo precioso que no he olvidado nunca, La lengua de las mariposas. Sobre todo, para no participar en silencios cómplices en momentos cruciales de la vida, de este país, como ante la cordada de presos en los planos finales de su película homónima que tanto aprecio.
Aquél día, recibí de él un gran premio, el de su mensaje de que nos está permitido soñar, a través de un dibujo y palabras preciosas «con sentido», sus alicientes. Ayer, el país, le entregó uno muy importante, sobre todo por su coherencia ética y literaria, el Premio Nacional de las Letras, por “la extraordinaria calidad narrativa que aúna fuerza emocional y belleza formal y por la solidez de una trayectoria versátil y coherente construida con la sensibilidad y la defensa de la memoria histórica, la responsabilidad social y la lengua gallega”. ¡Mi enhorabuena más sincera, Manuel Rivas!, sobre todo porque me reafirma que otro mundo es posible con personas como tú, tan honesto y ligero de equipaje.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Ejemplar (edificativo): lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros (RAE, 1817).
Sevilla, 28/X/2024
Vivimos en un mundo en el que falta ejemplaridad pública y sobran los silencios cómplices, también en el ámbito público, por supuesto. El caso del político y politólogo Íñigo Errejón, que ha explotado como una bomba de relojería suiza en nuestras conciencias, es un botón de muestra paradigmático y la punta del iceberg en el mundo al revés de determinadas políticas institucionales y políticos profesionales o amateurs en nuestro país.
Creo que ha llegado la hora de exigir ejemplaridad pública, comenzando por abandonar los silencios cómplices de los graves errores o comisiones de delitos de los y las presuntas políticos y políticas en ejercicio, que aparecen siempre con “trajes impolutos de ética” en público, aún a sabiendas de todos los que están cerca, muy cerca, que desde hace tiempo van literalmente “desnudos de dignidad” por la vida, recordando la quintaesencia del cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador. Pero se impone l’omertá napolitana, el silencio cómplice, porque en el fondo todos tienen o tenemos algo que callar. Vicios privados, públicas virtudes, en estado puro. Se impone el “no vi, no escuché, no lo entendí así, creí que no era tan importante”. Por tanto, se conjugó el verbo “callarse” en todos tiempos posibles, sin salvar a casi nadie: “yo me callé, tú te callaste, él se calló, nosotros nos callamos, vosotros os callasteis y ellos se callaron”.
Creo que a la luz de lo que está pasando y estamos viendo, debemos hablar ya a diario de la urgente ejemplaridad universal y particular, porque falta hace. No es la primera vez que me aproximo al mundo filosófico y ético de la ejemplaridad universal, algo imprescindible en nuestro acontecer diario y a todos los niveles imaginables. Abordé esta cuestión en un artículo publicado en 2021 en este cuaderno digital, Ejemplaridad pública, ética y real, en el que hacía referencia a un libro publicado por Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965), Ejemplaridad pública, porque es un escritor y filósofo al que admiro, sabiendo que “la propuesta de perfección” a través de la llamada “ejemplaridad” es un desiderátum de cualquier persona, para sí mismos y a la hora de analizar la de los demás, porque “[…] la perfección no existe en nuestro mundo imperfecto en el modo que existe una cosa o una persona. Su modo de ser es ideal y su residencia habitual está domiciliada en la conciencia de los ciudadanos, desde donde sugiere orientaciones, ilumina la experiencia individual y moviliza el deseo” (palabras escritas por el autor en el décimo aniversario de la publicación de Ejemplaridad pública” (2009-2019)”.
Como hay que pasar de la ansiada ejemplaridad universal a la concreta de cada uno, cuento con lo aprendido en el último libro publicado por este autor, Universal concreto (1), cuya sinopsis oficial explica sucintamente el gran objetivo personal de su obra: “Universal concreto expone la filosofía de la ejemplaridad de manera integral, directa, breve y unitaria”. Es el propio autor el que expone que “Podría entenderse este libro como un discurso de contestación a las dos preguntas fundamentales que se plantea la filosofía sistemática: qué hay en el mundo, qué hacer con lo que hay. En ambos casos, la respuesta que da es la que luce en su título, dos palabras que definen la esencia del ejemplo. Un ejemplo es siempre ejemplo para alguien, un caso concreto que enuncia una regla universal válida para más casos, y es a esta duplicidad a la que llamo universal concreto. Interpreto el sintagma como universalidad sin concepto, en un sentido opuesto, por tanto, al usado en sus obras por Hegel”.
En el artículo citado de 2021, hacía una referencia expresa al Rey, a la Corona en este país, en un momento de horas muy bajas, de una falta de ejemplaridad alarmante. Ha pasado el tiempo y todo lo allí expuesto se podría aplicar en estos momentos a determinados políticos en la actualidad, con su nombres y apellidos, especialmente a los que no son precisamente ejemplares, como es el caso de Errejón, porque todos no son iguales, a pesar de los esfuerzos de la derecha de toda la vida y la extrema por salvarse siempre, debido a que ellos son “gente de bien”, frente a la izquierda global catalogada globalmente como “gente de mal”, algo que ya expliqué también en su momento en este cuaderno digital. Lo dije entonces y lo vuelvo a repetir ahora: el pueblo, una vez más, espera siempre actitudes ejemplares de sus gobernantes, aunque las actitudes propias “ejemplares” de quienes los critican sin compasión alguna, sean muchas veces harina de otro costal (que por ahí deberíamos empezar a manejar la cosa).
Porque, ¿qué significa ser ejemplar? Llama la atención que en este país no se introdujo la palabra “ejemplar” hasta el siglo XVIII, como adjetivo, con una sola palabra para definirla: edificativo, según el diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana […], tomo segundo (1767), de Esteban de Terreros y Pando, publicado en Madrid por la Viuda de Ibarra, en 1787. Ser edificativo quiere decir que una persona “conmueve y excita al seguimiento de una virtud”. Es verdad que en el lenguaje ordinario que pudieron recogerla “las autoridades académicas” del siglo XVIII, no lo hicieron en este afamado siglo y sí en un diccionario de la lengua española usual, no de autoridad en el siglo XIX, lo que nos lleva a deducir que no era algo que preocupara de verdad a la población en general, menos a las monarquías y a los poderes absolutos. Aparece por primera vez, como adjetivo, en el diccionario de la lengua castellana editado en Madrid por la Real Academia Española, (5ª edición), por la Imprenta Real (sin comentarios), en 1817. Se definía como “lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros” (imitazione dignus, ad virtutem provocans), que en principio sonaba muy bien, quizá mejor como máxima de un taco de almanaque de la época.
También sorprende que el lema “ejemplaridad”, adjetivo que recogía “la calidad de ejemplar”, no apareciera hasta la edición del diccionario de la Real Academia publicado en 1925. Estas disquisiciones sólo pretender contextualizar un hecho claro: los adjetivos “ejemplar” y “ejemplaridad” no pertenecían al lenguaje común de este país y su clamorosa ausencia en el argot académico traducía algo muy claro: estas palabras no se suponían de los reyes y gobernantes, a diferencia del valor de los soldados que eran casi siempre “ejemplares” para los demás. Entre “edificativo” y “lo que da buen ejemplo y, como tal, es digno de proponerse por dechado para la imitación a otros”, anda la cosa de lo ejemplar y la ejemplaridad asociada. Así de sencillo y así de complejo a la vez, aunque de lo que sí estamos convencidos es que lo que ha pasado en la historia en reiteradas ocasiones, con muchas Coronas, Emperadores, Jefes de Estado y Presidentes, hasta nuestros días, es que todo el mundo sabía identificar qué personajes reales o no iban desnudos -de ahí el cuento de Andersen- ante los ojos pasmados de todos los que habían escuchado que el emperador llevaba un traje nuevo en su desfile ético por el mundo (el que quiera entender que entienda), también por este país y a lo largo de los siglos. Los silencios cómplices y los miedos reverenciales hicieron el resto, a lo largo de la historia, porque ya se sabía desde antiguo que “del Rey, abajo, ninguno”.
Ya sabemos por el cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador, que los “tejedores” más próximos son los que menos ayudan a ser uno mismo, por muy perfectos que sean los reyes -al buen entendedor en este país con pocas palabras basta para comprender la extensión de este sustantivo regio a todas las clases políticas y sociales-, porque de todo hay en esa viña del Señor). En la política actual, por ejemplo. Hasta que un día cualquiera, en un momento especial, un niño, el del cuento de Andersen citado anteriormente o el de cuatro años que Groucho Marx buscaba apasionadamente para resolverle un gran problema (“¡hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“) o cualquier persona digna, da igual que sea mujer u hombre, nos desmontan todos los esquemas de la rutina diaria y salta la posibilidad de que podamos ser otros, verdaderos ciudadanos ejemplares, porque son los que de verdad denuncian a personas que suelen ir desnudas por el mundo con la obsesión de vivir la perfección apasionadamente, convencidos de que llevan incluso ropa de emperadores, Reyes o Reinas, Jefes o Jefas de Estado, Presidentes o Presidentas, Portavoces Parlamentarios como en el caso que nos ocupa hoy y así sucesivamente ante cualquier rango en las cadenas de mando en el mundo actual al revés, ropa cosida puntada a puntada por “modistos” o “tejedores” -supuestamente imparciales- que se refugian en ellos y son incapaces de decir la verdad de lo que está pasando a quienes cosen. Sobre todo, porque son profesionales de la farsa a cualquier precio y de clamorosos silencios cómplices.
En el contexto político en el que nos movemos en la actualidad, hay que empezar como Diógenes a buscar a políticos y personas ejemplares. Ya sabemos que lo “normal” es buscar el Norte De La Ejemplaridad en un mapa ético, que nos lleve a identificar y denunciar la dialéctica “vicios privados, públicas virtudes”, un nicho que cada vez ocupa más gente de todo tipo, plagado de personas mediocres con su mediocracia dentro. Además, con poder de hacer daño. Lo demás, consiste en tener cada día más claro que la ejemplaridad ética empieza por uno mismo para poder exigirla a los demás, aunque es verdad que lo que estamos viviendo en la actualidad, en relación con determinados representantes políticos y asociados (el que quiera entender, que entienda o se ubique por tanto), no es edificativo, es decir, no nos “conmueve” ni “excita al seguimiento de una virtud”. Lo que tenemos claro por ahora es que la ejemplaridad pública y ética de quienes nos gobiernan, tiene domiciliada su residencia habitual en la conciencia de los ciudadanos. Eso nos basta y es lo que nos debe preocupar, con la humildad reflejada en el famoso aserto de Terencio: nada humano me es ajeno. Lo ocurrido con Errejón, tampoco.
Vuelvo al último libro de Gomá, Universal concreto, quedándome ahora con una reflexión que emana de un planteamiento muy acertado: nos regimos por las leyes democráticas y por las costumbres, la ética consuetudinaria: “Las costumbres son imitaciones colectivas y, como todas las imitaciones, pueden tener por objeto un modelo o un ejemplo no ejemplar. En este último caso, las costumbres equivalen a un romo mimetismo que no cumple función política alguna y carece de simbolismo. Son de esta naturaleza las que practica la vulgaridad, que idolatra en masa ciertas notoriedades consagradas por los medios de comunicación como si se trataran de divinidades del Olimpo, cuando, en perspectiva filosófica, apenas son más que meros ejemplos sin ejemplaridad, que, en lugar de usar la inmensa influencia que atesoran para universalizar la ratio y favorecer el embellecimiento de la vida privada, entierran la vulgaridad triunfante en el mundo con toneladas de más vulgaridad. Las costumbres que van a tenerse en consideración en lo que sigue son de la otra clase: imitaciones colectivas de un modelo ejemplar, las llamadas buenas costumbres. No todas las costumbres son buenas, solo lo son las buenas costumbres, aquellas que con suavidad y tácito consenso contribuyen al cumplimiento de los fines políticos del Estado. Y son buenas costumbres democráticas las que promueven la socialización masiva y emancipadora del ciudadano, quien a causa de ellas tiene más fácil emprender la reforma pendiente”.
(1) Gomá Lanzón, Javier, Universal concreto, Barcelona: Taurus – Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U., 2023.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan / por hacer de un gran panal un panal honrado. / Querer gozar de los beneficios del mundo, / y ser famosos en la guerra, y vivir / con holgura, / sin grandes vicios, es vana / utopía en el cerebro asentada. / Fraude, lujo y orgullo deben vivir / mientras disfrutemos de sus beneficios.
Bernardo de Mandeville, La fábula de las abejas: o Vicios Privados, Beneficios Públicos, 1705.
Sevilla, 25/X/2024
Hace tan sólo ocho meses escribí un artículo con este título, en este cuaderno digital, que vuelvo a utilizar hoy en su quintaesencia cuando hemos conocido las últimas noticias sobre el portavoz de SUMAR en el Congreso de los Diputados, Íñigo Errejón, que le han llevado a la dimisión de la portavocía de su grupo parlamentario, abandonar el escaño y apartarse de la política de forma inmediata, todo ello expresado mediante una carta repleta de eufemismos exculpatorios, pero que escondía hechos muy graves en relación con la violencia de género, por simplificarlo ahora hasta que se conozcan más detalles. Esta situación nos lleva a una reflexión sobre la no ejemplaridad política, que he tratado ya en este cuaderno digital y que ahora retomo por la urgente, necesaria y didáctica dimisión anunciada, por la responsabilidad que un político en ejercicio tiene que respetar siempre cuando le salpican hechos irrefutables de violencia de género en este caso, aunque personalmente su trayectoria política haya sido hasta ahora «aparentemente impecable». Vicios privados, públicas virtudes, en pocas palabras. Silencios cómplices, también.
Ante lo ocurrido, hay que responder, políticamente hablando, con ejemplaridad a marchas forzadas. Hace tanto daño público lo que pasa casi a diario, que acusamos cansancio ético, porque estamos rodeados y, lo peor, se extiende como mancha de aceite la desafección política, a veces irrecuperable.
Hace catorce años escribí el post que sigue, con un título aparentemente cinematográfico, Vicios privados, públicas virtudes, aunque ya advierto, desgraciadamente, que en este caso cualquier parecido con la realidad de lo allí expuesto y hoy vivido y sentido, no es pura coincidencia. Cuando vivía en Roma, ciudad que siempre es un peligro para caminantes sensatos, vi durante muchos meses el cartel de la película con este título y no lo he olvidado. Tal cual, sobre todo cuando esta dualidad impresentable se lleva a cabo como eterno retorno en política.
El hartazgo de determinadas actitudes políticas hace estragos y mucho daño en democracia, por lo que no me resisto a seguir defendiendo a capa y espada la honradez de miles de personas que ejercen la política dignamente, aunque la condición humana, que no me es ajena, se aproxima con demasiada frecuencia a estos precipicios de indignidad. Todas las personas que ejercen la política,no son iguales. No hace falta dar nombres, porque nos hemos quedado con la cara de los que ocupan el desgraciado ranking de la indignidad. Pero necesitamos protegernos de este maremoto político con olas de corrupción que nos sobrepasan en el acontecer diario.
Vuelvo a publicar aquellas palabras, a las que no quito punto o coma de la época en que se escribió, porque es también lo que sucede en la actual, salvando lo que haya que salvar. La última frase, mezcla de enigma y desasosiego social, sigue teniendo gran valor en el momento actual: «Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Bernardo de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado«.
Al fin y al cabo, muchas personas acaban mirando sin pestañear a la mujer del César.
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VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES
Un gran panal, atiborrado de abejas que vivían con lujo y comodidad, mas que gozaba fama por sus leyes y numerosos enjambres precoces, estaba considerado el gran vivero de las ciencias y la industria.
Bernardo de Mandeville (1670 (?)-1733), El panal rumoroso: o la redención de los bribones
Para los que pertenecemos a la generación en la que sabemos que todavía, en tiempo de crisis, nos queda la palabra, escribo este post como microacto solidario para romper silencios cómplices, conformistas, acerca de personas y situaciones que sufren en democracia: niños amenazados por la larga sombra de la pederastia en la Iglesia y fuera de ella, personas que ejercen la política y son honrados, porque no todos son iguales, jueces dignos como Garzón y otros muchos como él preocupados para que no pase sin pena ni gloria el dolor que perdura por los efectos de la Guerra Civil, y mujeres al borde de la muerte física, psíquica y social porque existen hombres e instituciones que no aceptan que desarrollen su inteligencia en libertad.
Desde la ventanilla del autobús 881, en Roma, veía en 1976 el cartel de la película de Miklós Jancsó que llevaba este título, Vicios privados, públicas virtudes. El cine que la proyectaba estaba a solo unos metros de la Ciudad del Vaticano (¡qué paradoja!) y, una y otra vez, la he recuperado en mi memoria de hipocampo en estos últimos días de desasosiego ético nacional e internacional, con las noticias de la pederastia en la Iglesia, la trama de corrupción Gürtel, el proceso abierto contra el juez Garzón y el azote de la violencia de género, por poner ejemplos reales. La tentación inmediata es agregarnos inmediatamente al grupo de opinión mayoritaria de este país alejado de la teoría crítica constructiva y ver siempre en los otros lo que no somos capaces de integrar como una realidad de la condición humana que hay que saber enjuiciar con frialdad para no cometer errores dogmáticos e inquisidores, y para no caer, obviamente, en el determinismo cruel del mal y del bien necesarios, propugnado ya en el siglo XVIII por Bernardo de Mandeville, en un poema “anónimo” que publicó en 1714 (1), que formaba parte de un libro titulado The Fable of the Bees: or Private Vices, Public Benefits(La fábula de las abejas: Vicios Privados, Públicos Beneficios):
… empeñados por millones en satisfacerse mutuamente la lujuria y vanidad. … Los abogados, cuyo arte se basa en crear litigios y discordar los casos, … Deliberadamente demoraban las audiencias, para echar mano a los honorarios; … Los médicos valoraban la riqueza y la fama más que la salud del paciente marchito … Y la misma Justicia, célebre por su equidad, aunque ciega, no carecía de tacto; su mano izquierda, que debía sostener la balanza, a menudo la dejaba caer, sobornada con oro … El curioso resultado es que mientras cada parte estaba llena de vicios, sin embargo todo el conjunto era un Paraíso.
Este espectáculo, al que asistimos como testigos de cargo casi siempre, al grito de los tahúres de Mandeville, «¡Dios mío, si tuviéramos un poco de honradez»!, traduce la realidad cruel de una sociedad que está tocada en su alma. No nos engañemos. Mientras que la preocupación social más extendida del triunfo a toda costa y la exigencia de la felicidad como derecho constitucional siga campando en el terreno de la violencia reactiva, porque la llamada crisis de valores, de la que todo el mundo habla pero que casi nadie concreta, no acaba de analizarse con el rigor y urgencia que necesita, es muy difícil exigir de los demás la ejemplaridad, sin que empiece la auténtica conversión por uno mismo.
Vicios privados y públicas virtudes, es una expresión que va más allá del título de una película, porque la trasciende y recoge una realidad notoria en la sociedad actual. En un Estado de derecho debemos confiar siempre en la Justicia para abordar los delitos privados y públicos. Pero la solución está también y, básicamente, en otro ámbito: en la generación de responsabilidades públicas y privadas, individuales y colectivas, basadas en dos grandes principios, el del conocimiento y el de la libertad. Conocimiento, para saber por qué ocurren las cosas, por qué debemos recurrir siempre a la inteligencia para resolver conflictos, con su gran carga de sentimientos y emociones a la que siempre está ligada. Y, por supuesto, la libertad para educarla en el sentido más pleno del término. Educación y saber ser y estar en clave de ciudadanía, son dos grandes principios que necesitan ser reforzados y blindados a marchas forzadas en nuestro país, en todos los niveles sociales posibles. De esta forma, sabremos analizar mejor, con humildad, por qué el ser humano es capaz de practicar la violencia con los niños, robar dinero público, quitar legitimidad a un juez o hacer daño a una mujer, de muchas formas, sin caer tampoco en el diseño de un mundo feliz que no existe de forma global, aunque sí individual para quien se lo propone, sin necesidad de dioses o de la fatal aceptación del mal como “semilla” necesaria del bien, volviendo a Mandeville, al intervenir esos dioses salvadores (de cualquier tipología) que citaba anteriormente, para poner orden en un mundo tan enloquecido:
Pero, ¡oh, dioses, qué consternación! ¡Cuán grande y súbito ha sido el cambio! Los tribunales quedaron ya aquel día en silencio, porque ya muy a gusto pagaban los deudores. … Quienes no tenían razón enmudecieron, … con lo cual nada podía medrar menos que los abogados en un panal honrado. … La Justicia, no siendo ya requerida su presencia, con su séquito y pompa se marchó. Abrían el séquito los herreros con cerrojos y rejas, luego los carceleros, torneros y guardianes. … Todos los ineptos, o quienes sabían que sus servicios no eran indispensables se marcharon; no había ya ocupación para tantos. … ¡Contemplad ahora el glorioso panal, y ved cómo concuerdan honradez y comercio!
Es probable que el conocimiento nos permita comprender entonces que los vicios son públicos cuando personalmente ya no sabemos vivir con nosotros mismos, porque hemos perdido el espacio privado y necesario de la virtud en un panal social que nos desborda, aceptando desgraciadamente el principio del conformismo cómplice e impresentable del manual ético de Mandeville: Dejad, pues, de quejaros: sólo los tontos se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
El martes pasado falleció en Santiago de Chile, el gran escritor Antonio Skármeta (1940-2024), al que tanto debo en el fortalecimiento de mis creencias, sobre todo en mi ideología en defensa de la democracia que defiende y respeta el interés general al servicio de la sociedad, sobre todo el de los que menos tienen, el de los nadies. Lo seguí de cerca durante el exilio y he regalado en más de una ocasión su obra excelsa, “Ardiente paciencia”, convertida más adelante en un éxito cinematográfico de gran calado internacional.
Como pequeño homenaje a su vida y obra, vuelvo a publicar hoy el artículo que escribí el año pasado, en un día previo a las elecciones generales, recordándole expresamente en un contexto delicado y esperanzador para el país, cuyos resultados permitieron formar un gobierno de coalición progresista para una nueva legislatura, con apoyo expreso de otros partidos, incluido Junts, a pesar del precio tal alto que puso a sus escaños.
Sigo hoy agradeciendo la “ardiente paciencia” que aprendí de Neruda, cuando vivo de forma impaciente los ataques furibundos al gobierno actual, legítimo a pesar de la derecha y todas sus ramificaciones ultras, pensando con Salvador Allende, al que tanto defendió Skármeta, pagándolo con el exilio, que tenemos que seguir blindando la conquista compleja en democracia, que nos permite día a día seguir caminando por las grandes avenidas de la libertad.
Si la cultura nos enseña las mejores muestras de lo que significa la interpretación de la vida diaria, sé que Antonio Skármeta lo expresó de forma maravillosa en una obra, Ardiente paciencia, adaptada más tarde en un guion impecable para una película inolvidable, El cartero (de Pablo Neruda), rodada en una playa especial de una isla de nombre Pozzo Vecchio, conocida desde entonces como Playa del cartero, situada en Procida (Nápoles), donde se rodó una de sus escenas de más intensidad humana, en la que el cartero Mario (Massimo Troisi) y Beatriz (Mariagrazia Cucinotta) se encuentran por primera vez y se enamoran, lo que le presta en efecto un halo especial.
Sé que la isla Procida sí se conoce en el mundo del turismo insular de mercado, pero para mí era completamente desconocida, al igual que las islas a las que canta Saramago en un cuento preferido por mi persona de secreto, El cuento de la isla desconocida, hilo conductor de este blog o cuaderno digital, como me gusta nombrarlo: “todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas”, aunque sea la mujer del cuento la que conoce mejor que nadie lo que de verdad quiere decir a los cuatro vientos: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”. Por ello, esta búsqueda impaciente se convierte en algo deseado y deseante, sentimiento interno que muestro tal y como lo aprendí, un día ya muy lejano, de Juan Ramón Jiménez.
Antonio Skármeta (1940-2024)
Recuerdo también el canto a la vida ante los silencios cómplices en las dictaduras de cualquier origen que hizo Antonio Skármeta en esa película de fuerte carga ideológica, que me impactó mucho, en una adaptación muy correcta de su novela Ardiente paciencia. Mario Jiménez, el cartero preferido de Neruda, aporta a la vida su deseo de aprender del maestro lo que le enseña en el terreno de la metáfora, valora el amor con la experiencia de Beatriz y lo que supone poner el nombre de Pablo Neftalí a su hijo, en homenaje a quien le llevaba siempre puntualmente las cartas hasta que se trunca su oficio de entregas por culpa del golpe de estado de Pinochet, cuando rodean la casa del escritor, donde apoyaba su antigua bicicleta. Recurre finalmente a la transmisión oral para contarle a Neruda lo que no le puede entregar en modo texto. Una gran metáfora, que he recordado hoy cuando el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, dijo en un mitin reciente algo verdaderamente impresentable e insultante para los profesionales de Correos: “Le pido a los carteros que trabajen mañana, tarde y noche, y aunque no tengan los refuerzos suficientes que sepan que custodian algo sagrado”, seguido de un mensaje perturbador: “Les pido, con independencia de sus jefes, que repartan todos los votos”. Los profesionales de Correos no necesitan estas recomendaciones, cuando menos maliciosas, porque son profesionales de altura, a los que conozco bien por mis años de trabajo en la Administración Pública, donde siempre encontré en ese Organismo un apoyo incondicional a los servicios públicos.
De nuevo, ante la inquietud sobre lo que pueda ocurrir el próximo domingo, por los presagios de un supuesto triunfo de la alternancia política, me separo unos segundos de Neruda, cuando pronunció una frase gloriosa al finalizar su discurso en el acto de entrega del Premio Nobel: «En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres». Hoy, no disfruto de ella en su expresión paciente, sino modulada por el prefijo negativo «im», exactamente como “ardiente im-paciencia”, con el significado que a través de los siglos conocemos: intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar. Reconozco que estoy instalado en ella, en la impaciencia ardiente, en esta recta final antes del Día de la Democracia, a través del voto, el próximo 23 de julio.
Reitero alto y claro que los profesionales de Correos, en toda su extensión, no necesitan estas recomendaciones de Feijóo, porque saben lo que hacen día a día. La metáfora de Skármeta, en su ardiente paciencia, muestra qué papel pueden llegar a jugar en la vida diaria de los ciudadanos y ciudadanas de este país, dignificando esta profesión. Estas palabras simbolizan su excelente desempeño profesional, que llevarán siempre mi reconocimiento y agradecimiento expreso por su trabajo bien hecho. Estoy convencido de que llegado el caso, ¡ojalá no ocurra!, los carteros y carteras de este país emularían lo que hizo Mario con Pablo Neruda, si no pudieran entregarnos las cartas y los documentos tan esperados, transmitiéndonos de forma oral los mejores mensajes que necesitáramos recibir. Esa es la auténtica metáfora de su valía profesional. ¿Saben por qué? Porque nunca se podrá sustituir el encanto de la espera de mensajes llenos de esperanza, cargados de derechos y deberes, como en este caso la documentación para votar, entregados por manos humanas como ejemplo del mejor servicio público que debemos proteger. En el día después de las votaciones, a pesar de la mala política de algunos líderes actuales, siempre habrá personas que esperarán sin descanso a su cartero o cartera de siempre para recibir palabras que nacen del alma, metáforas, que nunca se podrán empaquetar como si fueran una triste mercancía.
Banda sonora original de El cartero, compuesta por Luis Bacalov y Oscar a la mejor banda sonora 1996.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
No te creas si te dicen que ya no sufre mi pueblo, porque aunque los pobres [andaluces] reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro.
Ricardo Cantalapiedra (la palabra entre corchetes es mía)
Sevilla, 16/X/2024
Ayer publicó la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social (EAPN), el Informe sobre el estado de la pobreza en Andalucía 2023, que recoge datos estadísticos oficiales hasta 2022. Una vez más, considero que es de sumo interés conocerlos, aunque sea de forma abreviada, porque marcan una tendencia que es necesario analizar con detalle, en el sentido de que siguen siendo muy preocupantes en términos absolutos, según se muestra a continuación. Siento una vez más que sólo nos permita hacer hoy una evaluación sumativa de lo ocurrido en 2022, casi dos años después, cuando lo verdaderamente importante sería trabajar siempre con evaluaciones formativas de las diferentes medidas del gobierno correspondiente, Estado y Comunidad Autónoma, para combatir las desigualdades sociales y la pobreza severa en nuestro país, en este aquí y ahora.
Para empezar, el porcentaje de la población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE en Andalucía, At Risk Of Poverty or social Exclusion) disminuyó hasta el 35,8%, desde el 38,7% de 2021, teniendo en cuenta que esta tasa se construye con la unión de la población que se encuentra en riesgo de pobreza, o con carencias materiales o con baja intensidad en el empleo: “Así, se define la población en riesgo de pobreza o exclusión social como aquella población que está al menos en alguna de estas tres situaciones: riesgo de pobreza, carencia material y social severa, y baja intensidad en el empleo”:
Según este informe, “El 35,8 % de la población de Andalucía, es decir, unas 3,04 millones de personas están en riesgo de pobreza y/o exclusión social en el año 2022. La cifra es 2,9 puntos porcentuales inferior a la registrada el año pasado y supone que unas 233.000 personas de la región han dejado de estar en AROPE. […] Andalucía es la comunidad autónoma con mayor población lo que, combinado con la alta tasa AROPE que registra, la sitúa como la región con más personas en AROPE y se mantiene, junto a Extremadura y Canarias, entre las tres con mayor proporción de personas en riesgo de pobreza y/o exclusión” (la negrita es mía). Asimismo, “la mejora desde 2015 tampoco es suficiente para cumplir con la contribución que tiene que realizar Andalucía para conseguir los objetivos marcados por la Agenda 2030 -reducir a la mitad la tasa AROPE que registraba en 2015- y deberían haber salido unas 240.000 personas más del riesgo de pobreza y/o exclusión social”. Desde la perspectiva de género, es importante resaltar que “el AROPE femenino llega al 37,3 %, cifra que se mantiene en 3,0 puntos porcentuales superior a la de los hombres”.
En relación con el Riesgo de Pobreza, el informe destaca que “la tasa de riesgo de pobreza (29,1 %) se mantiene entre las tres más elevadas del país, y supera en 8,7 puntos a la media nacional (20,4 %). Así, en términos absolutos en Andalucía hay 2,5 millones de personas pobres, 134.000 hombres y 128.000 mujeres menos que el año pasado”:
De nuevo, se constata que la tasa de pobreza de las mujeres es, este año, del 30%, 1,8 puntos porcentuales superior a la masculina (28,2%), así como una realidad muy preocupante: a menor edad, mayor riesgo de estar en pobreza. Prueba de ello es que la tasa de pobreza entre los hogares con menores es de 34,1%, con una diferencia de 10,9 puntos porcentuales con respecto al resto de hogares, a pesar de su reducción respecto al año anterior. Otro dato de interés en los tramos de edad opuestos, es decir, mayores, es que “de las 1.626.822 pensiones que se reciben en Andalucía, aproximadamente el 42,1%, es decir, más de dos de cada cinco, reciben una pensión cuyo importe es inferior al mínimo considerado para no ser pobre Finalmente, debe destacarse que para el 16,0 % del total, el importe de su pensión es inferior al umbral de pobreza severa (renta inferior a 480 € en 2022), y la cifra alcanza al 29,1 % en el caso de las prestaciones por viudedad. Para el 16,0 % del total, el importe de su pensión es inferior al umbral de pobreza severa (renta inferior a 480 € en 2022)”.
Otro problema que se resalta en el informe citado es de base estructural, la generación de pobreza con respecto a la vivienda en la que se habita: “En Andalucía, el 28,5 % de la población pobre tiene gastos de vivienda superiores al 40 % de su renta disponible, sin embargo, entre las personas que no lo son la cifra se reduce drásticamente hasta el 1,5 %”. Un dato relevante es que de 2020 a 2022 el gasto en vivienda en las personas en pobreza creció 11,6 puntos, es decir, un incremento del 68%, junto a otro dato que corrobora la preocupante situación actual, porque “en los últimos dos años el porcentaje de personas en hogares con menores y gasto elevado en vivienda prácticamente se ha duplicado: aumentó 5,1 puntos porcentuales, es decir, un 94,4 %”.
En relación con otro indicador de importancia extrema en 2022, es necesario atender con urgencia la tasa de pobreza severa, medida con un umbral del 40 % de la mediana de renta nacional, esto es, el porcentaje de personas que viven en hogares con un ingreso máximo de 560 € mensuales por unidad de consumo, que en Andalucía es del 14,4 %, lo que la sitúa como la región con la cifra más elevada del país: “Tras el importante incremento del año pasado (+4,3 puntos), el valor supone un descenso de 1,5 puntos respecto a 2021. A su vez, debe destacarse la extrema situación de las personas pobres en Andalucía, en la cual cerca de la mitad de ellas están en pobreza severa. Por otra parte, a pesar de la mejora en 3,7 puntos porcentuales sobre el año 2015, que es la fecha de referencia de la nueva Agenda 2030, y en la que se registraron los valores más elevados de pobreza severa de todo el período, es, todavía, 2,8 puntos superior a la registrada en el año 2008, antes de la Gran Recesión”.
En relación con el nuevo indicador de Privación Material y Social Severa (PMSS), las tasas actuales siguen siendo muy elevadas; por ejemplo, “en 2022 era del 11,3 % -cerca de 960.000 personas- lo que la sitúa como la segunda región con mayor PMSS, solo superada por Canarias con un 11,9 %. Respecto a 2015, año base de la Agenda 2030, en 2022 se produjo un incremento de 1,7 puntos porcentuales; sin embargo, calculada con la metodología antigua, la privación material severa es más del doble de la que se registraba en el año 2008”, en la que por sexo, se observa una mayor prevalencia de la tasa femenina, que es del 11,7%, frente a la masculina que es del 10,9%, observándose también el incremento de esta tasa PMSS en el segmento NNA, niños, niñas y adolescentes (13,7%), que en el último año experimenta un aumento de 2,7 puntos, como se puede observar con detalle en el siguiente gráfico:
El documento sigue abordando los siguientes indicadores en la Comunidad, que exigen una lectura rigurosa en todos los términos y gráficos expuestos: baja intensidad de empleo, renta y desigualdad, el papel de las administraciones del Estado, género, vivienda y suministros, infancia y educación, empleo y, por último, fiscalidad. La propia característica de este artículo no permite abordar la exhaustividad de datos en este informe, por lo que recomiendo su atenta lectura, que se puede abordar por capítulos de interés particular o general, que cada persona estime oportuno. Lo expuesto anteriormente son elementos transcendentales del informe, su nudo gordiano.
Lo he manifestado en ocasiones anteriores, concretamente en 2022, en un artículo sobre pobreza y exclusión social que publiqué ese año, referido a datos de 2021, en el que escribí que conocer con datos científicos que 2.738.318 ciudadanos y ciudadanas en Andalucía, es decir un 32,3% del total de población, están viviendo la pobreza en sus vidas y, de forma más aguda, la pobreza severa, en un porcentaje del 8,1% del total, es decir, casi un millón y medio de personas, son cifras lo suficientemente elocuentes que confirman que algo no estamos haciendo bien en esta Comunidad, porque contra datos no valen argumentos. Lo que comprobamos hoy es que se ha incrementado la población con riesgo de pobreza social y exclusión severa en Andalucía y me duele escribirlo así. Lo digo una vez más: ahí están los datos anteriormente expuestos, desnudos, junto a la gran pregunta que nos compromete a todos, qué hacer en una contraescuela del mundo al revés en nuestro país, en mi Comunidad Autónoma. Personalmente, lo tengo claro: compartir datos para poder emitir juicios bien informados, porque sólo con un gobierno de Estado o Comunidad Autónoma, pre-ocupado (así, con guion) por la desigualdad actual económica, laboral y social en la población, no cualquier gobierno, porque todos no son iguales, se pueden aprobar leyes y disposiciones con urgencia para solucionar esta situación, transformando la sociedad española para avanzar en derechos y libertades que mejoren las condiciones de vida para salir de la pobreza en cualquiera de sus estadios, que afectan a millones de ciudadanos en este país, de andaluces y andaluzas también, niños y niñas sobre todo, los más desfavorecidos, los pobres severos, los nadies.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Amo el cine. En los primeros días de este mes leí una crítica de Carlos Boyero, maestro en estas artes, sobre una película dirigida por Pilar Palomero, de título enigmático, Los destellos, una adaptación de un relato de Un corazón demasiado grande, de Eider Rodríguez, que me conmovió y conturbó, algo que le pasó a él y que contaba en breves palabras: “Ocurre con determinadas y escasas películas. Al menos, a mí. Y es que te transmiten hipnosis mientras que las ves y las escuchas, pero ese alboroto emocional que te provoca, esos personajes que no hablan demasiado de sus problemas ni son impúdicos, pero con los que tienes la impresión de haberlos conocido profundamente y que te han implicado en sus tristes circunstancias, permanecen incrustados en tu memoria y en tus sentimientos”.
Al verla y sentirla anoche, reconozco que me dejó tocado, que no hundido. La sinopsis oficial según Boyero, me había orientado sobre su hilo conductor: “Palomero utiliza virtuosamente la cámara, nada que ver con el exhibicionismo, para describir lo que ocurre en el corazón de esta gente, la implicación de una cría para conseguir que su madre, alguien que dispone de una pareja sólida, la ayude en cuerpo y alma y que la despedida de este mundo de su antiguo y desolado marido (no nos cuentan que pasó entre ellos, cuáles fueron las razones del naufragio, ni falta que hace) sea lo menos solitaria posible, que el terror y la devastación física y mental se vean atenuados por la cercanía de esa hija tan fiel, dulce, natural, pragmática y amada y de una antigua esposa con la que alguna vez debió de haber existido el esplendor en la hierba”.
No mucho más que decir, sólo sentir y reflexionar para hacer el mejor camino posible al andar por esta azarosa vida que compartimos la gente de bien y que amamos el cine, convencidos de que cualquier parecido con la realidad de lo que ayer vi, no es pura coincidencia con la forma de interpretar la vida algunas personas. Eso sí, con su sentimiento dentro. Y gracias a una dirección impecable de Pilar Palomero y a interpretaciones sublimes, destacando, por orden, las de Patricia López Arnaiz, Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista, en esta película, otorgada por el jurado oficial en el último Festival de Cine de San Sebastián, la de Antonio de la Torre y el encanto personal de Marina Guerola, expresado de forma magistral en un delicado baile entre padre e hija, abrazados, al son de A tu vera, cantada por Lola Flores.
Excelente película. No se la pierdan. El día después, el que siempre amó Benedetti, voy a mi clínica del alma, mi biblioteca, para leer un capítulo de Platero y yo, la obra sublime de Juan Ramón Jiménez, dedicado a la nostalgia, en uno de los mejores destellos corales, en familia, que pude contemplar y escuchar, extasiado, en esta película:
Platero, tú nos ves, ¿verdad? ¿Verdad que ves cómo se ríe en paz, clara y fría, el agua de la noria del huerto; cuál vuelan, en la luz última, las afanosas abejas en torno del romero verde y malva, rosa y oro por el sol que aún enciende la colina?
Platero, tú nos ves, ¿verdad?
¿Verdad que ves pasar por la cuesta roja de la Fuente vieja los borriquillos de las lavanderas, cansados, cojos, tristes en la inmensa pureza que une tierra y cielo en un solo cristal de esplendor?
Platero, tú nos ves, ¿verdad?
¿Verdad que ves a los niños corriendo arrebatados entre las jaras, que tienen posadas en sus ramas sus propias flores, liviano enjambre de vagas mariposas blancas, goteadas de carmín?
Platero, tú nos ves, ¿verdad?
Platero, ¿verdad que tú nos ves? Sí, tú me ves. Y yo creo oír, sí, sí, yo oigo en el poniente despejado, endulzando todo el valle de las viñas, tu tierno rebuzno lastimero…
La vida está hecha de detalles. Al menos es lo que ha intentado reflejar Pilar Palomero en esta preciosa película: “En este caso, sentía que el guion me pedía un lenguaje diferente, que se relacionaba con estar presente, con ver, con escuchar con los sentidos. Por eso los detalles o las pequeñas cosas son tan importantes aquí, porque te conectan con la vida. Son cuestiones que a menudo no percibimos y quería ponerlas de manifiesto a través de las imágenes, sin verbalizarlas. Era un gran reto, porque me exigía un tempo diferente para los planos, para su duración”.
Salí del cine con el mismo sentimiento de Boyero expresado en su crítica: “Volveré a ver esta película. Es de verdad. Es emocionante”. Es la pura verdad que tanto necesitamos, pequeños detalles que nos hagan la vida más amable, día a día.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003 – Eduardo Galeano (Montevideo, 1940 -2015)
El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.
Eduardo Galeano, en Ser como ellos y otros artículos.
Sevilla, 12/X/2024 (actualizado del original publicado el 9/X/2024)
En el contexto de la Fiesta de la Hispanidad, que sigue de fondo manifiesto, aunque ya no oficial, de la Fiesta Nacional y en pleno debate sobre si los restos depositados en la Catedral de esta ciudad, pertenecen a Cristóbal Colón, en una investigación liderada por el catedrático de Medicina Legal, en la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, vuelvo a publicar hoy un artículo mío reciente en la clave de la prudencia histórica que hay que observar en el llamado Descubrimiento de América.
Creo que sería conveniente abordar el redescubrimiento ético de la América actual, desde una perspectiva diferente desde nuestro país, con el hilo conductor de respeto reverencial a la memoria histórica y democrática de lo que verdaderamente ocurrió en aquel acontecimiento de repercusión mundialy con daños colaterales evidentes a lo largo de los siglos.Sobre todo, el papel que jugaron los poderes fácticos reales y gubernamentales de todo tipo, porque el “descubrimiento” allende los mares, no fue inocente en ningún momento.
Cuando nos aproximamos cada año a la celebración de la Fiesta Nacional de España, habiendo desaparecido en 1987 la unión anterior al Día de la Hispanidad, nuestro país debería ser muy prudente a la hora de tratar esta fiesta «nacional», rememorando épocas pasadas que no son precisamente encomiables. Sobre todo en aspectos triunfalistas y nacionalistas que nada tienen que ver con las culturas arrasadas en territorios “conquistados”, que ya estaban allí cuando llegaron nuestros antepasados en el siglo XV. Lo ocurrido recientemente con el litigio que arrastra en estos momentos la relación diplomática entre México y España, es una muestra de que deberíamos asumir las responsabilidades históricas sobre lo que allí ocurrió. Todavía resuenan en mi alma de secreto cómo se trató en este país al Papa Francisco cuando dirigió el 16 de septiembre de 2021, una carta a Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, con motivo del Bicentenario de la declaración de la Independencia del Pueblo Mexicano. La derecha cavernícola de este país, junto a la ultraderecha, se unieron en un ataque sin piedad a Francisco por lo expresado en la citada carta, donde lo único que se explicaba con detalle eran los hilos conductores de la misma: fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie.
Como es habitual en la diplomacia vaticana el lenguaje era exquisito y cuidado hasta la saciedad, la llamada “finezza vaticana”, aunque es bueno reconocer en este tiempo actual que se cometieron muchos errores durante la llamada “conquista de América”, a lo que Francisco llama “purificar la memoria”: “Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”. ¿Es malo y anticristiano o anticatólico, pedir perdón por los errores cometidos? El Rey Felipe VI debería tomar nota de la conducta de Francisco en torno a estas realidades. Además, él insistía en su misiva en que no hay que quedarse en el pasado sino frecuentar el futuro que nos llevará a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias, y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos. Para mí, nada que objetar. También, abordaba la necesaria reafirmación de valores que identifican al Pueblo mexicano, –valores por los que tanto han luchado e incluso han dado la vida muchos de vuestros antecesores– como son la independencia, la unión y la religión.
La Hispanidad y sus celebraciones deberían revisarse a fondo con este espíritu. Un ejemplo claro nos lo ofrece Eduardo Galeano, a quien tanto admiro, que lo resumió bien en unas reflexiones suyas sobre el 12 de octubre, fecha que conmemoraremos el sábado próximo con fastos de todo tipo, militares también, por supuesto, de las que entresaco tres, con un epígrafe común, Cinco siglos de prohibición del arco iris en el cielo americano, cuando él sentía en su alma de secreto que en cada cita anual del 12 de Octubre, no hay nada que celebrar:
El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.
Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.
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El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar («que deprendan fablar»). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental («mentally retarded») porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.
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Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América:
– Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: «Cierren los ojos y recen». Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.
Un ejemplo más de esta desafección sobre la celebración silenciosa o ruidosa, según se mire, de la Hispanidad, nos lo ofrece un gran escritor, Augusto Monterroso, maestro por excelencia en expresar la síntesis de la vida a través de sus palabras, a través de un relato que no olvido, El eclipse, que recojo hoy como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad:
Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.
Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación a la que se refería Francisco en la carta citada, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.
Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. Nada que celebrar hoy, por tanto, como pedía Galeano en sus bellas palabras de denuncia pública de una Hispanidad muy mal entendida. Francisco dio en 2021 una gran lección al mundo sobre lo que allí ocurrió, en México concretamente, casi un guion a seguir para reyes y gobernantes de este mundo al revés, purificando la memoria histórica de lo allí ocurrido: lo que hay que hacer con urgencia es fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México como nación, sin menospreciar nada ni a nadie. Así, con todos y cada uno de los países que forman parte de la celebración encubierta del Día de la Hispanidad, sin dejar a ningún país “conquistado” atrás.
(1) Galeano, Eduardo, Ser como ellos y otros artículos, 1992. México: Siglo XXI Editores.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
En este cuaderno digital el agua tiene un sitio muy especial, sobre todo cuando nos situamos en la simbólica amura de babor, que no de estribor (al buen entendedor con pocas palabras basta), de la carabela imaginaria rotulada en blanco con un nombre sugerente, La isla desconocida, que me susurró un día ya lejano José Saramago, en la que viajo a través del papel o pantallas digitales en blanco o lleno de palabras, con alma también, desde hace ya casi diecinueve años, surcando mares procelosos en busca de islas desconocidas.
Hoy, es una realidad la presencia del «petricor» a través del agua que viene, muy cerca de nuestras vidas y de forma amable, frente a las amenazas de lluvias torrenciales en esta sacrosanta ciudad, con avisos de alarmas permanentes. Petricor no es la marca de un perfume de lujo, ni se la espera en los próximos años. Petricor puede vincularse etimológicamente a la fusión de dos palabras griegas, piedra (πέτρα) e icor (ἰχώρ), sangre de los dioses homéricos que destilan las piedras. Petricor no está en el Diccionario de la Lengua Española, lo que no quiere decir que no sea una palabra de utilización correcta, que proviene del ámbito científico al haber sido utilizada por primera vez en 1964 por dos geólogos australianos, Isabel Joy Bear y R. G. Thomas, en un artículo publicado en la revista Nature, Nature of Argillaceous Odor (Naturaleza del olor arcilloso).
Se puede definir como el olor que se desprende del suelo mojado por una lluvia fina, lo que de forma común llamamos “olor a tierra mojada” y que proviene, según los autores citados, como “[…] de un aceite exudado por ciertas plantas durante periodos de sequía”, que fundamentalmente se absorbe en la superficie de las rocas arcillosas. Un trabajo de investigación llevado a cabo posteriormente por científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 2015, demostró mediante filmación con cámaras de última generación, cómo se introduce en el aire este olor que captamos los seres humanos. Las burbujas que se rompen en el aire son las que contienen la efervescencia de este olor que debido a sus múltiples componentes no se ha podido sintetizar y comercializar todavía, aunque una esencia parecida ya se comercializa en la India bajo el nombre de “Esencia de Lluvia”, porque la economía de mercado casi todo lo puede. No hay que olvidar que los geólogos citados anteriormente ya citaron en su artículo de 1964 que el petricor era capturado para venderse, bajo el nombre de mitti ka attar (esencia de la tierra), en Uttar Pradesh (India).
El petricor auténtico es la combinación perfecta de la naturaleza para regalarnos su aroma natural que todavía no se envasa, afortunadamente, como el resultado de unir tres componentes esenciales en el momento de la lluvia: el ozono, que nos recuerda el olor del cloro, la geosmina, lo más parecido al moho húmedo y el petricor, que es fresco, dulce y suave, emitido principalmente por las rocas arcillosas. El ozono nos envía siempre olores, obedeciendo a su etimología, también el aroma de la tierra, la geosmina y, por último, el petricor (la sangre de los dioses) que destilan las rocas arcillosas, como mensaje de la naturaleza en otoño para que no la olvidemos y sigamos salvando el planeta. Me tranquiliza saber que el petricor en estado puro no se puede envasar para beneficio de unos pocos porque la naturaleza, tan sabia, nos lo regala cada vez que llueve de forma pausada junto a nosotros, sin nada a cambio o sí: probablemente, el respeto de no convertirlo en mercancía. Esa es su grandeza y la de Einaudi intentando captar su verdadera esencia.
Tengo muy claro, al igual que Alberti, que el día que mi palabra se quede sola en la tierra, quiero que la lleven al mar que amo y que la dejen en la ribera, para que ese mar la recoja y la lleve hasta su alma secreta. Hoy, es mi mejor elogio del agua, con su petricor asociado, aprendido de Rafael Alberti, a quien tanto debo:
Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar y nombradla capitana de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada con la insignia marinera: sobre el corazón un ancla, y sobre el ancla una estrella, y sobre la estrella el viento, y sobre el viento una vela!
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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