La guerra está talando y derribando el cedro del Líbano

Bandera oficial de Líbano

Sevilla, 2/X/2024

Las personas que hojean este cuaderno digital, que busca siempre islas desconocidas, dejando de serlo al referirme a personas y situaciones cuando salen de sí mismas, es decir, se exponen al escrutinio humano, saben que al enfrentarme a la página en blanco, en este caso a la pantalla de mi equipo digital, también en blanco, defiendo siempre con ardor guerrero el círculo virtuoso de lo que en él ya está escrito, a modo de reutilización de los grandes principios que rigen mi vida y que de una forma u otra siempre figuran en cada artículo. Agrego hoy a esta situación, además, un aviso para navegantes virtuales: si no gustan estos principios, no los cambio, porque confieso que no tengo otros.

Declaro la intencionalidad no inocente anterior, porque hace dieciocho años escribí en este cuaderno un artículo, El cedro del Líbano, que rescato hoy en su esencia, al tener una actualidad que personalmente no me agrada recuperar, es decir, preferiría no haber tenido que hacerlo. Pero la ética ciudadana me obliga a reutilizarlo, como literatura circular en mi caso. Verán por qué. Dije entonces que hacía muchos años, en pleno catolicismo apostólico y romano en este país, había leído con sumo interés un texto del libro de Ezequiel en el Antiguo Testamento (Ez 31, 1-18), que encumbraba de forma prodigiosa el cedro del Líbano, como ejemplo controvertido y alegórico del orgullo de Egipto, de cualquier mandatario mundial asimilado al Faraón del libro profético, y anunciaba cómo podía llegar el día en que el Señor Yahvéh podía castigar la maldad del Faraón asimilada a un árbol gigante y desmedido que no ha lugar frente a Él. Hoy he vuelto a leerlo, de forma pausada, para contextualizarlo en la actual guerra abierta de Israel contra el Líbano, para no andarnos por sus ramas. El texto decía así:

«¿A quién compararte en tu grandeza?
Mira: a un cedro del Líbano
de espléndido ramaje,
de fronda de amplia sombra
y de talla elevada.
Entre las nubes despuntaba su copa.
Las aguas le hicieron crecer,
el abismo le hizo subir,
derramando sus aguas
en torno a su plantación,
enviando sus acequias
a todos los árboles del campo.
Por eso su tronco superaba en altura
a todos los árboles del campo,
sus ramas se multiplicaban,
se alargaba su ramaje,
por la abundancia de agua que le hacía brotar.
En sus ramas anidaban
todos los pájaros del cielo,
bajo su fronda parían
todas las bestias del campo,
a su sombra se sentaban numerosas naciones.
Era hermoso por su talle,
por la amplitud de su ramaje
porque sus raíces se hundían
en aguas abundantes.»

Los cinco versículos finales, son un símbolo de lo que la tradición ha querido reflejar sobre la historia de esta realidad bíblica, donde todo son palabras de acogida, mestizaje, pluralidad de culturas, sintetizadas en la siguiente expresión. “Y a su sombra habitaban muchas naciones”. La realidad de hoy es terca y contumaz. Entre la cerrazón de Hezbolá y la ley del talión de Israel, con el coro guerrero a voces diferentes de Irán y sus aliados, se está destrozando segundo a segundo la convivencia pacífica de familias enteras, sobre todo niñas y niños libaneses que son los grandes sufridores de la masacre humana que todos los días está pasando y estamos viendo, en lenguaje televisivo mundial. Vemos a través de las pantallas el gran funeral mundial por el fracaso del diálogo político, sin capacidad de que la sombra del cedro los cobije más, a pesar de que la tradición les decía que se multiplicaban sus ramas, que todas las aves del cielo podían caber en su ramaje y, sobre todo, que a su sombra se podían sentar todas las niñas y niños del mundo como símbolo de una nación que solo desea la paz.

El mismo profeta, Ezequiel, interpretando la voz de Yahvéh dice en el mismo capítulo: cuidado con lo que le puede pasar al Faraón, hoy simbolizado en cualquier poder maltratador, porque los que se han refugiado en la sombra del cedro malinterpretando las palabras de Dios y de las personas, acaban “como el común de los hombres”, porque los extranjeros, los más bárbaros entre las naciones, lo han talado y derribado. Creo que así se entiende mejor el contenido de la letra del himno libanés,  que contempla esta realidad como pueblo, porque “su cedro y su orgullo, son símbolo eterno”. No se le debería olvidar a Israel, en estos delicados días, ni siquiera un momento.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad

Elogio de las bibliotecas públicas

Cartel en la Biblioteca Pública “José Manuel Lara”, en Alcalá de Guadaira (Sevilla) / JA COBEÑA

Sevilla, 1/X/2024

He visitado, recientemente, la excelente Biblioteca Pública “Editor José Manuel Lara”, rural, en Alcalá de Guadaira (Sevilla), con el objetivo de consultar una obra necesaria para un trabajo de investigación que estoy llevando a cabo. Ocupé un sitio de la misma, que me permitía contemplar un cartel con una fotografía de María Moliner y una frase suya paradigmática, que figura en el Prólogo  de Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, publicadas en Valencia en 1937, en plena guerra civil española, en el que resaltaba dos funciones primordiales de los bibliotecarios. La primera, «conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a otra distracción. La segunda cosa que necesita creer el bibliotecario es en la eficacia de su propia misión. Para valorarla, pensad tan sólo en lo que sería nuestra España si en todas las ciudades, en todos los pueblos, en las aldeas más humildes, hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros. ¡Tantas son las consecuencias que se adivinan si una tal situación llegase a ser realidad, que no es posible ni empezar a enunciarlas…!».

El tiempo dedicado a mis consultas en aquella biblioteca, estuvo iluminado constantemente por este mensaje de María Moliner, que en su contexto histórico en nuestro país cobra todavía hoy más fuerza. El Prólogo citado era en su fondo y forma una carta dirigida a los bibliotecarios rurales, «una de esas joyas de la literatura que andan escondidas en archivos casi olvidados. Su prosa sencilla y ordenada está llena de la belleza funcionalista que consigue el autor pulcro que no pretende nunca ser artista, pero que escribe a golpe de latido de su corazón, sin mediar artificio alguno y cumpliendo, además, con el precepto sagrado de respetar la inteligencia del lector, aun en los momentos más duros de la vida» (1).

Lo manifestado anteriormente se refuerza aún más en la breve y buena, por ello dos veces buena, presentación a sus Instrucciones: «Cuando el ejército insurrecto del general Franco avanza contra las milicias leales al gobierno legítimo de España, María Moliner —mujer y bibliotecaria valiente— alienta a su pacífica tropa de bibliotecarios rurales para que reafirmen su compromiso con los lectores y con los libros, porque piensa que la locura colectiva que asola a su querida España es fruto de la ignorancia y de la injusticia —también cultural— que discrimina secularmente a gran parte del pueblo. El entusiasmo de su palabra nace del ayuntamiento moral entre la ciencia posible de médico rural que María Moliner aprendió de su padre y la fe en «la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente», y su mensaje suena como un emocionante canto de confianza en el ser humano y de esperanza en medio del horror de los horrores, esa guerra absurda y fratricida que desangró a España y que marcó a una y más generaciones de españoles. María Moliner sufrió la represalia del ostracismo porque se comprometió con la República constitucional, pero su espíritu, como el de todos aquellos que lucharon por una causa justa y perdieron, no ha muerto ni morirá jamás, porque renace en el corazón de cada humilde y pacífico encargado de biblioteca que cumple su misión de ayudar al usuario despistado, o incluso al airado, a encontrar su propio mejoramiento espiritual a través de «esas ventanas maravillosas que son los libros».

María Moliner, Instrucciones para el servicio de las pequeñas bibliotecas / Ali Smith, Biblioteca Pública

Lo expuesto anteriormente lo traigo a colación con motivo de la publicación en estos días de un libro, Biblioteca Pública, de la escritora escocesa Ali Smith (Inverness, 1964), cuya sinopsis oficial nos ayuda a comprender el hilo conductor de esta obra, necesario, aunque yo agregaría «imprescindible», para sobrevivir en los tiempos que corren, siempre con la ayuda de un libro al que puedo acceder en una Biblioteca Pública: “En Biblioteca pública Ali Smith vuelve a demostrar que el lenguaje es algo vivo y brillante y que la literatura nos ayuda a vivir. ¿Por qué los libros son tan poderosos? ¿Qué significa conocer a un escritor a través de sus libros? La voz única de Ali Smith nos trae una colección de historias inteligentes, unidas por la literatura y el amor por el lenguaje, y que constituye una defensa muy elocuente de las bibliotecas públicas, esos lugares de alegría, libertad, comunidad y descubrimiento. Como en el resto de sus obras, Ali Smith nos muestra en este volumen su amor por los libros y la pasión por sus autores favoritos, sosteniendo que uno puede conocer a un escritor mejor que a un amigo y que leer es pedir prestado sin culpa».

Hoy recuerdo también a la excelente escritora Irene Vallejo, a través de unas palabras suyas en el pregón que pronunció en el acto inaugural de la Feria del Libro de Zaragoza, en 2019, cuando afirmó que «Hoy hemos quitado los cerrojos a los libros y les hemos calzado zapatos cómodos. Los hemos traído a la plaza, donde nadie tiene negado el acceso. Esto no ha sucedido por arte de magia. Es la cosecha de años de educación y transformaciones sociales. En escuelas. En institutos. En universidades. En bibliotecas ciudadanas y rurales. Desde las Misiones Pedagógicas a los clubs de lectura. Desde las instituciones públicas a los dormitorios donde los niños cierran los ojos acunados por un cuento de buenas noches. Ha sido un gran esfuerzo colectivo». Esa es la auténtica proyección también de una Biblioteca Pública y Rural, por más señas, con su política abierta de préstamos posibles.

La magnífica atención profesional que recibí en ese espacio público, la Biblioteca Pública “Editor José Manuel Lara”, en Alcalá de Guadaira (Sevilla), pagado con dinero público y ofreciendo tiempo público, creo que era una aplicación al pie de la letra de lo expresado por María Moliner en su esplendoroso cartel, con fondo azul, que presidía una estantería repleta de libros, muy cerca de mi puesto de lectura. Durante el tiempo que trabajé allí sobre las páginas de un libro «prestado» temporalmente y que pertenecía a su fondo, encontré «mi propio mejoramiento espiritual a través de esas ventanas maravillosas que son los libros». Así lo deseó siempre María Moliner, trabajando para construir espacios y tiempo de paz a través de los libros y de la lectura, en tiempos del sinsentido de la guerra civil española. Es justo y necesario que le devuelva, hoy y siempre, el agradecimiento por su compromiso personal y colectivo para salvaguardar el interés general de la ciudadanía. Por tanto, ¡cuidemos hoy y siempre, con esmero, las bibliotecas públicas!

(1) Bermejo Larrea, J.I., María Moliner, el espíritu de una bibliotecaria comprometida, en Centro Virtual Cervantes. Lengua.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad

El traje nuevo del emérito

Sevilla, 28/IX/2024

Hay que tener unas tragaderas pantagruélicas y éticas para pasar por alto lo que está pasando y estamos viendo estos días, con las andanzas literarias y escarceos amorosos y económicos del emérito, íntimamente asociados desde hace ya muchos años, donde deja huellas de que en bastantes ocasiones los vicios privados reales se han refugiado y silenciado con descarada complicidad, bajo la apariencia de públicas virtudes, reales por supuesto. No es la primera vez que abordo esta realidad real, valga la redundancia, porque la analogía de lo que ha sucedido a lo largo de la vida real del emérito tiene bastante que ver con la metáfora del cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador.

La verdad es que preferiría no haber tenido que escribir hoy sobre las andanzas reales del emérito, siguiendo a Bartleby, el escribiente, pero el silencio lo interpreto en determinadas ocasiones como una complicidad que clama al cielo. Además, sigo ahora el consejo del Abate Joseph Antoine Dinouart, en El arte de callar (1): Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio (Principio 1º, necesario para callar). Este es uno de mis principios y a diferencia de Groucho Marx, si a alguien no le gusta, no tengo otros. La última vez que escribí sobre esta realidad que, en este caso, no es un cuento, fue cuando el Tribunal Supremo de este país, decidió en 2022 archivar mediante dos decretos la investigación contra el rey emérito, sobre las presuntas comisiones millonarias que cobró por su intervención en la adjudicación de las obras del AVE a La Meca, el uso de tarjetas opacas y, finalmente, por su relación con millones ocultos en la isla de Jersey, justificado por dos razones incuestionables para ese órgano judicial, la inviolabilidad y la prescripción. La primera, porque extiende todos sus efectos a todos los actos ejecutados por el Jefe del Estado, sean estos desarrollados con ocasión del ejercicio de funciones regias o al margen de estas y, la prescripción, porque se ciñe al marco temporal en el que se desarrollaron los hechos denunciados y por las fechas en que sucedieron ya han prescrito ante la Ley. Lo verdaderamente sorprendente es que el rey emérito “se fue de rositas” de esta investigación que duró cuatro años, aun cuando la propia Fiscalía reconoce que se han calificado en esta investigación, como delitos cometidos por el Jefe del Estado, los siguientes: 10 delitos fiscales, dos cohechos impropios y uno de blanqueo de capitales, es decir, una «hoja de servicios” al país que avergüenza sólo al conocerlas, no digamos cuando se entra en el detalle de lo ocurrido o cuando se recuerdan, sin ir más lejos, los sucesivos discursos de navidad en los que nos decía sin mover una pestaña que “Juntos podemos vencer problemas y dificultades si actuamos con realismo, rigor, ética y mucho esfuerzo, anteponiendo siempre el interés general sobre el particular” (¡en 2008!). Sobran comentarios.

Ahora, coinciden en el tiempo dos hechos a cual más sonrojante: primero, la publicación de fotografías y conversaciones comprometidas para la memoria histórica de la corona, por su proyección ética y política, para la democracia de este país, más allá de la crónica rosa impresentable en torno a estas vergüenzas reales y de los servicios de información e inteligencia del Estado, por los chantajes pagados con dinero público de los fondos reservados y, en segundo lugar, la publicación de sus memorias, prevista  para los primeros meses del próximo año, con un título que abre muchas preguntas, Reconciliación, que justifica por una razón que no tiene por donde cogerla: “Mi padre [Juan de Borbón, conde de Barcelona] siempre me aconsejó no escribir memorias. Los reyes no se confiesan. Menos aún en público. Sus secretos quedan enterrados en las sombras de los palacios. ¿Por qué desobedecerle hoy? ¿Por qué finalmente he cambiado de opinión? Tengo la sensación de que me están robando mi historia”, eso sí, en una editorial francesa porque aquí en España hubiera sido difícil acceder a ello en primer lugar, aunque se la quitarán de las manos las editoras españolas que compren los derechos de publicación, traducida. Creo que ambas realidades suponen una dialéctica para el pueblo soberano de este país, en la que la mejor conclusión sería, ante ambas, convencerle de que a pesar de que él se crea que va vestido con el traje de la dignidad real, la realidad real, valga otra vez la redundancia, es que va desnudo, como ha ido a lo largo de los últimos cuarenta años de democracia, como el protagonista del cuento de Andersen.

Recomiendo hoy la lectura nueva del cuento de Andersen, si puede ser en una versión que aprecio mucho editada por el prestigioso director Steven Spielberg (2), porque es un relato hecho realidad ahora, que volverá a tener más interés si cabe cuando se plantee el regreso definitivo a España con un «traje nuevo» de emérito o escritor real, después de haberse ido «de rositas», con la ayuda de la justicia española y de otros países. Por todo lo anterior, recuerdo de nuevo el cuento de Andersen, El traje nuevo del emperador, en sus párrafos finales, donde se menciona un supuesto traje nuevo del emperador que nadie veía aunque nadie decía nada, excepto un niño, recurso que también utilizó Groucho Marx en Sopa de ganso, la sabiduría infantil sin filtro alguno, salvando lo que haya que salvar: “¡Hasta un niño de cuatro años sería capaz de entender esto!… Rápido, busque a un niño de cuatro años, a mí me parece chino“:

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; más pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

En el mes de agosto de 2020 escribí un artículo con motivo de la salida vergonzante del Rey emérito de este país, Agosto 2020 / 4. El traje nuevo del rey, en el que contaba que el Rey emérito ya no estaba en España: “Se ha ido después de haberlo consultado con su espejo. Fue una noticia de un calado excepcional porque comprometió muchas cosas, fundamentalmente la Constitución, al tocar de lleno a la Jefatura del Estado, de la que se debe esperar siempre no heroicidades sino la máxima ejemplaridad en todos los ámbitos de la vida real. Correrán ríos de tinta para analizar todo lo ocurrido, verdaderamente lamentable, pero cada uno tiene una parte en la responsabilidad de analizarlo como es debido”. Han corrido esos ríos que han ido a la mar del desencanto social y ahora escucho con gran asombro a los “tejedores espabilados” que están ya preparando un nuevo traje al rey desnudo para contrarrestar las fotografías y audios “reales”, así como su derecho legítimo para publicar sus memorias, “para que no roben su historia”.

Igualmente, recomendaría también al emérito, con el debido respeto y en relación con sus Memorias, que siguiera los pasos del Abate Joseph Antoine Dinouart, en El arte de callar, citado anteriormente: Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio (Principio 1º, necesario para callar). Al buen entendedor real, con pocas palabras basta. El emérito tiene la sensación de que “le han robado su historia” y yo me pregunto: ¿sabe, Su Majestad, lo que nos ha robado a los españoles, sus ciudadanos, que no vasallos? ¿quién roba a quién? El robo auténtico perpetrado por el emérito es muy grave, un robo a la credibilidad en democracia, la verdad de su reinado, porque la realidad real de sus trayectoria es que iba desnudo, sin traje nuevo de democracia auténtica, igual que el emperador del cuento de Andersen, con el silencio cómplice de miles de «ayudas de cámara y tejedores oficiales», que hacen caso omiso a un niño famoso, el de Groucho de cuatro años en Sopa de Ganso o al de Andersen redivivo, cuando gritaba entre la multitud:

– ¡Pero si no lleva nada el emérito! -exclamó de pronto un niño!

– ¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero!

Desgraciadamente, colorín colorado, este cuento real todavía no se ha acabado.

(1) Dinouart, A. El arte de callar. Madrid: Siruela, 2003  (4ª ed.).

(2) The Starbright Foundation (1998). El traje nuevo del emperador. Barcelona: Ediciones B.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La dignidad debe rodear siempre al último suspiro

Sevilla, 27/IX/2024

Se celebra esto días, en San Sebastián, su Festival de Cine, al que sigo siempre de cerca por mi amor al cine. Efectivamente, dentro de su gran oferta, he encontrado en él, en mi sempiterna búsqueda del sentido de la vida humana, una guía espiritual actual a través de una película, que presumo excepcional, porque su director franco-griego, Konstantinos Gavras, más conocido como Costa-Gavras, al que sigo de cerca desde hace ya muchos años, hace un cine no inocente. «Missing» fue un gran ejemplo para mí en 1982, como «Z» o «Estado de sitio», entre otras realizaciones impecables.

Me refiero hoy a El último suspiro, basada en la obra de título homónimo, “Le dernier souffle”, coescrita por el filósofo Regis Debray y el médico Claude Grange. A Costa-Gavras, gran exponente del cine comprometido y político, en el sentido primigenio de estos términos, le interesa a sus 91 años explorar la lógica del envés de la vida, es decir, la muerte, una realidad de la que huimos con frecuencia, cuando no debería ser así, porque los ciclos vitales son irrefutables.

He escrito bastantes reflexiones sobre esta realidad en este cuaderno digital, siempre desde la perspectiva de la dignidad que debe rodearla siempre. Al fin y al cabo, ¡mueren tantas realidades que están cerca de nuestras vidas! Lo que aprendemos día a día, segundo a segundo, es que la vida no es eterna y cada uno, cada una, busca como puede su mejor sentido final, nunca mejor dicho “como cada dios le da a entender”. Siempre doy la razón al filósofo en el exilio, José Ferrater Mora, un gran maestro en mi vida, cuando en su obra dedicada a la encrucijada humana (1), decía que hay cuatro caminos a escoger a lo largo de la vida: a las personas, a la naturaleza, a la sociedad o a Dios (dioses).

La elegancia ideológica de Costa-Gavras la mostró en su comparecencia en el Festival, cuando manifestó que “El cine es un espectáculo que busca generar emociones en el espectador, luego a partir de esas emociones éste puede llevar a cabo una reflexión o no, pero en todo caso el cine no está para impartir doctrina”, a lo que agregó: “Yo nunca podría rodar una película sobre algo que me resultara indiferente. Cuando he intentado hacerlo, he desistido y he abandonado el proyecto. Rodar una película es como vivir una historia de amor, hay que hacerlo hasta el final. A mis 91 años y con la muerte asomando en el horizonte es normal que a menudo me pregunte: ¿cómo acabará todo esto? ¿Cuándo llegue el momento seré presa del terror o podré acabar mis días con dignidad?”.

La sinopsis oficial es escueta, para no interferir las emociones y sentimientos del espectador: «En una suerte de diálogo filosófico, el doctor Augustin Masset y el célebre escritor Fabrice Toussaint debaten sobre la vida y la muerte… Una vorágine de encuentros en los que el médico es el guía y el escritor, su pasajero, conducido a confrontar sus propios miedos y angustias… Una danza poética en la que cada paciente es un compendio de emociones, risas y lágrimas… Un viaje al corazón palpitante de nuestras vidas».

Costa-Gavras se despidió en su comparecencia oficial de presentación de su película, dejando un mensaje aleccionador: “Buena parte de ese vivir de espaldas a la muerte está motivado por nuestra educación religiosa. Las religiones nos invitan a resignarnos ante el sufrimiento, pero sufrir es algo obsceno, no hay nada de bueno en ello. Sufrir es lo peor de la vida y del mismo modo que ya hay métodos para que las mujeres puedan parir sin sufrir, debería implementarse algo parecido en medicina paliativa […] Sea cual sea nuestro estado físico, yo creo que nunca hay que rendirse, merece la pena luchar hasta el final”.

Como los hechos de los que se trata en la película deben ser amores y no sólo buenas razones, es justo y necesario recordar que en este país se han dado pasos importantes para regular la muerte digna de las personas, así como grandes avances en cuidados paliativos. El 25 de junio de 2021 fue un día muy importante para la democracia española porque entró en vigor la Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia, aprobada por el Congreso en el mes de marzo de ese año, tres meses después de su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE). El recorrido de esta disposición fue muy largo en este país tan dual y controvertido, pero finalmente es un derecho más para la ciudadanía y un deber que hay que desarrollar todavía a través de las Comunidades Autónomas, con sus famosas “peculiaridades”, donde la política nunca es inocente. Muestra de ello es la batalla que se ha planteado desde hace tiempo por todos los sectores conservadores del país, con el objetivo de presentar recursos de inconstitucionalidad de esta norma sustantiva, que se abre paso lentamente para la consecución de sus objetivos legítimos. Sin olvidar tampoco la objeción de conciencia en el ámbito de los profesionales que rodean a la eutanasia.

El cine es un medio extraordinario para crear conciencia y tejido crítico social sobre muchos asuntos de la vida ordinaria. Costa-Gavras viene cumpliendo desde hace ya muchos años una función cultural y social muy importante, a través de su cine, necesario e imprescindible. Escribo hoy sobre él, a modo de pequeño homenaje y para que se consolide el derecho inalienable de cada persona, de luchar por una muerte digna en la vida y para que no se olvide, ni siquiera un momento. Muchas personas sufren también algo que olvidamos con frecuencia, los reveses en momentos transcendentales de amor y gloria, cuando les llevan paradójicamente «a morir en vida». Fundamentalmente, porque también necesitan rodearse de dignidad humana cuando se pierden las ganas de vivir a pesar de todo. Son también «últimos suspiros», porque falta la vida digna.

(1) Ferrater Mora, José, El hombre en la encrucijada, 1965. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Un lápiz deja de señalar la censura, cuando la libertad es la de todos

A minha liberdade é de todos

Sevilla, 26/IX/2024

En la singladura diaria que inicié esta mañana, he descubierto una historia preciosa que me hace recordar la importancia de proteger la democracia frente a la ignominia partidista de la extrema derecha, de las dictaduras y de la censura pura y dura. Ha sido en la lectura del excelente boletín diario y puntual de Juanlu Sánchez en elDiario.esAl día, en el que cuenta la intrahistoria de un lápiz azul que utilizaba la censura durante la dictadura de Salazar en Portugal, de la marca Viarco, modelo Olímpico 291: ”Los censores de revistas y periódicos de la dictadura de Salazar solo usaban el color azul para sus anotaciones y tachones porque, en el caso de que acabaran en imprenta por error, no salían: las máquinas solo reproducían el negro sobre blanco. Un lápiz concreto se convirtió en símbolo de la censura: el Viarco Olímpico 291. Con la llegada de la democracia, la propia marca hizo una nueva versión que llamó “mi libertad”. Lo cuenta en este hilo Jorge Corrales”.

La intrahistoria de este lápiz de la censura portuguesa, la contó con detalle el año pasado la Comisión conmemorativa del 50 aniversario del 25 de abril, en colaboración con el movimiento reivindicativo Gerador: “durante el período de la dictadura en Portugal, el país que se veía en la prensa, en los libros, en las obras de teatro, en los discos, en las películas y en tantas otras formas de expresión, estaba lejos de corresponderse con aquel en el que vivíamos. Todo pasó por la criba de la censura. En la memoria histórica de su actuación quedan las líneas azules que marcaron los extractos, frases u obras enteras cuya publicación estaba prohibida. El lápiz azul fue, durante 48 años, el instrumento elegido por la comisión de censura para visar, restringir y eliminar cualquier registro que debilitara los valores del Estado Novo”.

De ahí nació el proyecto de hacer un mural colaborativo, con especial proyección en las escuelas del país vecino: “En 2024, transformamos un símbolo de opresión en una fuente de libertad y creatividad. La Comisión Conmemorativa 50 Aniversario 25 de Abril, Gerador, el Plan Nacional de las Artes y Viarco, marca que fabricó el histórico lápiz “Olímpico 291” utilizado por la censura, se unieron en la acción “Mi libertad es la de todos”. La iniciativa comenzó con la creación de una edición especial del lápiz azul original y una invitación a cualquier persona a participar en la construcción de un mural colaborativo”. Se impulsó el proyecto entre los más jóvenes, “la importancia de la libre expresión, el movimiento colectivo y el pensamiento que involucra a toda una comunidad. En esta iniciativa participaron más de 10.000 alumnos de más de 200 centros educativos de todo el país, incluidas comunidades autónomas. Utilizando el lápiz azul de edición especial, el desafío consistía en pintar la libertad a partir de un cuadrado de papel del tamaño de un azulejo tradicional portugués. Luego, las inscripciones se digitalizaron y ahora son visibles para todos en el Muro de la Libertad. También abrimos la posibilidad de participar de forma digital a cualquier persona. Hasta mayo de 2024 estuvo disponible un mosaico digital que cualquier persona, sin límites de participación, podía llenar libremente, con su teléfono móvil, tableta o computadora, escribiendo, dibujando o tachando lo que quisiera. Las entradas fueron visibles de inmediato y ahora se encuentran entre los miles de mosaicos que componen el Mural de la Libertad”.

En este contexto he recordado inmediatamente mi experiencia personal con un lápiz de carpintero, rojo, cuya semblanza escribí en una página de este cuaderno digital en 2017, Un lápiz de carpintero, al contar que una mañana del mes de mayo de ese año, encontré en una de las aceras de esta ciudad (las que amaba Jane Jacobs) un lápiz de carpintero rojo, usado, hecho en España, de nombre “Carpintero”, en cursiva dorada, fabricado por Molin (Spain). Lo he asociado inmediatamente con el que conservo todavía sin haberle sacado punta alguna (desde el punto de visto físico, no intelectual y sentimental), que regalaban con la primera edición de un libro maravilloso de mi querido maestro Manuel Rivas, El lápiz del carpintero, una obra que ocupa un lugar preferente en las estanterías de mi biblioteca de toda la vida, en una sección que lleva por título: Libros para llevarse a una isla desconocida y desierta. Rápidamente he ido al capítulo 5 del libro y he vuelto a leer, al menos tres veces, aquellas andanzas del pintor que había conseguido un lápiz de carpintero en la cárcel de la Falcona, en Santiago de Compostela, cuando su amigo Marcial Villamor, sindicalista y carpintero, se lo regaló, un lápiz de su oficio, antes de que lo mataran los paseadores que iban de caza a aquella prisión. Ese lápiz había pasado por muchas manos obreras y comprometidas y él pudo sustituir la teja con la que habitualmente pintaba por ese lápiz maravilloso en sus resultados, que más adelante explica con lujo de detalles Manuel Rivas.

El lápiz del carpintero, Alfaguara / Carpintero, Molín

Entre el lápiz rojo de aquel carpintero, encarcelado y asesinado bajo la dictadura franquista y el de color azul de la dictadura salazarista, hay diferencias sensibles. El primero, porque es un símbolo que marcaba la libertad deseada y deseante de un país bajo la dictadura de Franco. El segundo, todo lo contrario. De ahí la importancia de esta nueva edición del lápiz azul, Olímpico 291, con su nueva leyenda: mi libertad es la de todos. Ese es el verdadero mensaje aleccionador que quiero compartir hoy con la malla pensante de la humanidad, la Noosfera según Teilhard de Chardin, hoy y siempre.


CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN
: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

 

Johann Sebastian Bach también triunfó ayer en Brandeburgo

Sevilla, 23/IX/2024

La socialdemocracia triunfó ayer, aunque por la mínima, en las elecciones de Brandeburgo (Alemania), venciendo a la ultraderecha y dando un respiro al país, asediado por un nacionalismo muy peligroso para la democracia. Es curioso pero tengo asociado este Estado federal al inconmensurable Bach, concretamente en una composición suya sublime, los Conciertos de Brandenburgo, seis obras perfectamente entrelazadas que hoy comparto con la Noosfera como símbolo de satisfacción por los resultados electorales de ayer en el Estado alemán homónimo.

Bach se sentiría orgulloso hoy porque en su vida demostró una ideología próxima a la izquierda. El pasado 24 de marzo, se cumplió el 303 aniversario de un hecho histórico: la presentación en sociedad de unos conciertos para muchos instrumentos (Six Concerts avec plusieurs instruments, en el original), compuestos en 1721 y que escucho siempre con respeto reverencial, que dedicó de forma no inocente al margrave (marqués) Christian Ludwig de Brandenburg-Schwendt (1677-1734), Su Alteza Real Mi Señor, hermano del Rey de Prusia, conocidos desde su redescubrimiento en 1849, como los Conciertos de Brandenburgo (Brandeburgo, en correcto español). Para mí es una obra sublime del barroco, de la que conservo en mi memoria de hipocampo secreto la interpretación al clave y dirección de los seis conciertos, simultáneamente, por parte de uno de los músicos que mejor comprendieron la música de Bach, Karl Richter, sobre el que he escrito en diversas ocasiones en este cuaderno digital.

Portada de los Six Concerts avec plusieurs instruments, escrita en francés, compuestos por J.S. Bach y dedicados al Margrave (Marqués) de Brandenburg [sic], el 24 de marzo de 1721

Leí un artículo aleccionador en 2021, en homenaje al 300 aniversario de esta obra magna, escrito por Luis Gago en el diario El País, La audaz y perenne juventud de los Conciertos de Brandeburgo, en el que descubrí aspectos desconocidos del compositor en las palabras que escribí con tan excelso motivo: “Lo que verdaderamente me ha entusiasmado es la declaración de Gago sobre Bach en su obra cuando viene a decir que su música nunca fue inocente: “Tampoco puede pasarse por alto, en línea con la tesis de un polémico artículo de Susan McClary sobre el Bach más político aparecido en 1987, que, en el arranque mismo de la película [Crónica de Anna Magdalena Bach, 1967], el servidor (Bach) ostente una clara posición de primacía sobre su patrón (el príncipe), sobre todo teniendo en cuenta que Straub y Huillet, decididos a ofrecer una imagen del genio plenamente desromantizada y a deslizar tras la asepsia aparente de las imágenes y el guion sus posiciones políticas izquierdistas, incidirán más adelante en el incómodo sometimiento del compositor a sus superiores durante su posterior destino profesional en Leipzig, cuyas autoridades municipales jamás cobraron conciencia de la magnitud del talento de su díscolo empleado”. En aquellos días aprendí una de las obsesiones de Bach, a modo de metáfora de la vida: hacer que a través de la música, lo diferente suene mejor cuando está unido. ¡Qué mensaje tan necesario y oportuno en los tiempos políticos y bélicos actuales! Su maestría en el contrapunto no tiene límites, como ocurre en la vida de todos, de cada uno. También en la política, en el contrapunto de la polarización actual.

Sobran más palabras. Una hora, treinta y ocho minutos, cincuenta y dos segundos, te sumergen en una experiencia musical inolvidable. Los conciertos de Brandeburgo, que se pueden visualizar y sentir en el vídeo que encabeza estas palabras, fueron grabados del 1 al 10 de abril de 1970 en el Castillo Nuevo de Schleissheim (Munich), bajo la dirección de Karl Richter, probablemente uno de los mejores intérpretes de Bach que han existido. Destaco un momento mágico de Richter, entre otros muchos (más bien diría que a lo largo de todos los conciertos), dirigiendo a la orquesta Bach en posiciones casi imposibles, al simultanear la dirección con la interpretación al clave, moviendo las manos en giros indicadores de melodías preciosas interpretadas por Richter y su orquesta como solo ellos sabían hacer. Me refiero, por ejemplo, al primer movimiento del Concierto número 5, Allegro, donde se puede observar la maestría de Richter en el clave. Pasen, vean y escuchen. Creo que es un regalo de Otoño en estado puro y, concretamente una oportunidad para que nos acompañe Bach en la celebración de la victoria ayer de los socialdemócratas alemanes, que frenan de esta forma el ascenso ultra en las elecciones de Brandeburgo. Una buena noticia para democracia universal.

Concierto de Brandenburgo N.º 1 en Fa mayor BWV 1046 

Guía práctica

[00:28~] 1º. Allegro

[04:23~] 2º. Andante (en re menor)

[08:12~] 3º. Allegro

[12:53~] 4º. Menuetto; Trío I (2 oboes y fagot);
Menuetto Polacca (violines y violas); Menuetto Trío II (2 cornos y 3 oboes); Menuetto.

Concierto de Brandenburgo N.º 2 en Fa mayor BWV 1047 

[20:50~] 1º. Allegro

[26:00~] 2º. Andante (en re menor)

[29:44~] 3º. Allegro assai

Concierto de Brandenburgo N.º 3 en Sol mayor BWV 1048 

[32:35~] 1º. Allegro

[38:38~] 2º. Adagio

[39:41~] 3º. Allegro

Concierto de Brandenburgo N.º 4 en Sol mayor BWV 1049 

[45:06~] 1º. Allegro

[52:44~] 2º. Andante (en mi menor)

[56:44~] 3º. Presto

Concierto de Brandenburgo N.º 5 en Re mayor BWV 1050

[1:01:48~] 1º. Allegro

[1:11:44~] 2º. Affettuoso (en si
menor)

[1:16:38~] 3º. Allegro

Concierto de Brandeburgo N.º 6 en Simayor BWV 1051 

[1:22:00~] 1º. Moderato

[1:28:22~] 2º. Adagio ma non tanto
(en Mi♭ mayor)

[1:33:07~] 3º. Allegro

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Otoñar con muy poco ruido también se puede

Ángel González

Sevilla, 21/IX/2024

Mi escritura es circular y quien frecuenta estas páginas sabe mi aprecio por el poeta Ángel González. Estas palabras que siguen las escribo cada año y siguen manteniendo su valor cuando se acerca el otoño de 2024. Confieso que lo vivo de forma especial al recordarlo hoy de nuevo con emoción y conciencia de clase humana y solidaria con “los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados”, reconociendo que fue Eduardo Galeano quien los identificó como nadie para que marcaran mi vida olvidando nuestro olvido hacia ellos. Los recuerdo en este otoño porque estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, como son la luz, el fuego y la vida, que cuiden de ellos, de nosotros, de todos, sin dejar a nadie, a los nadies, atrás.

Cuando mañana, a las 14 horas y 44 minutos en horario peninsular (13:44 en Canarias), se igualen el día y la noche en el hemisferio norte, en una ceremonia temporal y puntual que nunca falla y que los sabios del lugar llaman equinoccio de otoño (aequinoctium,  aequus nocte, «noche igual»), las personas a las que nos gusta otoñar sentiremos una especie de aviso, porque también se puede humanizar este tiempo y su momento si somos capaces de aprehenderlo en su justo sentido. Por ejemplo, acudir prestos a compartir esta estación con el poeta Ángel González, aunque en mi caso él me acompaña siempre a lo largo del año y sus otras estaciones, siendo consciente de que estamos saliendo hoy de un verano obstinado en perpetuarse, / cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Entrando en mi clínica del alma, mi biblioteca, vuelvo a leer en las horas preparatorias del nuevo equinoccio de otoño sus poemas dedicados a los Otoños, en plural, porque existen millones de otoños, los que vive cada ser humano a su forma y manera: mi otoño, tu otoño, su otoño, nuestro otoño, vuestro otoño, el otoño de ellos, de ellas…, el otoñar de todos. De todas formas, los otoños de González me inspiran otra forma de comprender la vida y me gusta compartirlo para hacer más llevadero ese ser y estar en el mundo de todos y cada uno, otoñando la vida. Comienza su entrega de sentimientos y emociones con un poema precioso, El otoño se acerca, que vuelvo a compartir hoy:

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

Lo he manifestado en otoños anteriores y hoy, vuelvo a buscar el ángel que se llamaba luz, fuego, o vida, y no lo encuentro, rodeado de malas noticias por todas partes, en un país con desasosiego permanente desde hace ya varios años, en este otoño tan especial que sigue entrando con el ruido de los malos augurios de desastres climatológicos, guerras y economía maltrecha, estando obligatoriamente obligados a entenderlo. Al menos, podemos encontrar un ángel, en medio de tantos demonios, de apellido González. Lo agradezco una vez más, porque necesitamos momentos amables en esta azarosa vida, en este otoño en el que también estamos obligatoriamente obligados a otoñar, que es soñar de una forma diferente, para no perder para siempre ángeles que necesita este país, que necesitamos todos, con nombres preciosos y que hoy día tienen más valor que nunca: luz, fuego y vida.

Gracias, Ángel González, un otoño más, porque sé que te llamas así por los solsticios y equinoccios que alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de tu carne trepando por los siglos y los huesos (1). No te olvido.

(1) González, Ángel. Para que yo me llame Ángel González, en Áspero mundo, 1956. Madrid: Rialp.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El filósofo Markus Gabriel propone una nueva red social: AGORA

Sevilla, 20/XI/2024

Estoy educado en escuelas presocráticas y en la historia de la filosofía clásica según Johannes Hirchsberger, es decir, mi pensamiento se ha formado en las raíces aristotélicas y platónicas por definición, que posteriormente han sido reformuladas por filósofos de todo tipo, mientras que la ciencia ponía a la filosofía en su sitio, como ocurrió con la famosa revolución copernicana y el creacionismo de Darwin, por marcar dos hitos transcendentales en la historia de la humanidad. Hay que asumir también y es mi caso, que la historia de las religiones y la de la Iglesia hizo el resto. En este contexto, tengo que confesar que al igual que hizo Diógenes, junto a su famosa linterna, busco filósofos que me ayuden a interpretar la vida en su situación actual. Esta es la razón de que hoy comente en mi singladura diaria por mares procelosos, algo importante: he vuelto a localizar a Markus Gabriel (Remagen, Alemania, 1980), un filósofo alemán de vanguardia y representante destacado del Nuevo Realismo, catedrático de epistemología, filosofía moderna y contemporánea en la Universidad de Bonn, director del Centro Internacional de Filosofía (International Center for Philosophy NRW) y del Centro para la Ciencia y el Pensamiento (Center for Science and Thought) en la Universidad de Bonn, que cuida el intercambio interdisciplinario entre la filosofía y las ciencias naturales para encontrar soluciones productivas y sostenibles a varias de las cuestiones más urgentes de nuestro tiempo.

Además, mi interés estriba en que está iluminando la salida del túnel crítico actual del tiempo que nos toca vivir, diciendo cosas tan interesantes como que “el mundo no existe”, porque existen sólo personas individuales y cosas que pasan, expuesto magistralmente en su obra  Por qué el mundo no existe (Pasado & Presente, 2015), hasta llegar a nuestros días en los que defiende la tesis de que el camino más acertado es buscar los puntos de encuentro entre realidad y ficción, donde en el momento actual la  balanza mundial sufre un gran desequilibrio “gracias” a Internet o a una proyección muy peligrosa en redes sociales: los bulos, las mentiras, las falsas noticias, porque le ética digital, por ejemplo, va siempre detrás de los acontecimientos, la realidad: “vivimos en una nueva posmodernidad porque la sociedad digital ha transformado el espacio público en una Matrix donde es imposible distinguir entre realidad y ficción”, dice Gabriel. Se da el hecho de que cuando se quieren poner finalmente las puertas al campo digital, el mundo está hecho trizas, por lo que es evidente que siempre llega tarde la solución a los problemas actuales que nos acucian.

En 2021 escribí un artículo sobre la obra que acababa de publicar, Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI, donde según la sinopsis oficial de la editora “analizaba los grandes problemas humanos de estos tiempos oscuros: la amenaza a la democracia por parte de la ultraderecha, la xenofobia, el populismo, la coerción a la libertad y al pensamiento a través de la digitalización a ultranza y la obsesión con la tecnología, el consumismo desaforado y los retos de nuestro entorno, en especial, el coronavirus y el cambio climático. Para poder enfrentarnos a ellos necesitamos recuperar los valores universales nacidos de la Ilustración, y la filosofía será una herramienta fundamental para crear una sociedad más libre y justa, capaz de desafiar a los retos del siglo XXI!”. Vuelvo a considerar, años después, el indudable interés por su lectura en tiempos oscuros y difíciles por definición, en pleno ocaso de la democracia. En este libro ya abordaba los peligros que nos acechan: “A los peligros de la crisis ecológica, así como de las nuevas guerras debidas a la potenciación del nacionalismo, que amenazan la vida de cientos de millones de personas, solo se les puede responder por medio del progreso moral. Ha llegado la hora de que el ser humano se acuerde de su capacidad moral y empiece a admitir que solo una cooperación global —que deje a un lado los egoísmos de los Estados nacionales— puede frenarnos en nuestro acercamiento cada vez más acelerado al precipicio de la historia mundial”. Y presentaba también determinadas respuestas a esta crisis galopante de valores, ofreciendo vías para alcanzar un nuevo progreso moral en el siglo XXI, entre las que destaca la detección de la nueva esclavitud humana que existe en la actualidad, el progreso y retroceso moral en tiempos de desafección democrática, los límites que tiene el economicismo, arrojando una luz sobre una posible y necesaria pandemia metafísica, porque la ética es hoy más necesaria que nunca, la ética de todos y para todos.

Ahora, días después de haberme dado de baja en “X”, he escuchado algo de Gabriel que me ha interesado sobremanera, según lo ha manifestado en una entrevista reciente: “¿por qué no producimos una nueva red, Ágora, para intercambiar ideas, como queríamos que fuera Twitter? Ahora no existe”. Esta reflexión me ha recordado algo que aprendí cuando me acerqué hace ya muchos años a la filosofía presocrática y descubrí que los atenienses, que amaban las palabras quietas y andantes, corrían todos los días hacia el Ágora porque estaban “ávidos de las últimas noticias”, que “volaban” también, aunque su primer deseo, el de los emisores de aquellas palabras fugaces, fuera andar acompañando a la ciudadanía política, en su sentido primigenio, a las personas que a través de ellas conformaban con sus actos la Ciudad, la Polis, su mundo real circundante Era un círculo saludable y perfecto, que ha perdurado a lo largo de los siglos, fundamentalmente porque era la base de la última noticia, la mejor red social que ha existido basada en la palabra y con un aliciente especial: el encuentro personal, físico, real, no virtual. De ahí les venía el temor hacia la palabra escrita frente a la tradición oral, un hecho que nos debería dar que pensar hoy día. Lo que se escribe sin sentido todos los días en las redes sociales al uso, confundiendo a la humanidad con noticias falsas por doquier, done al final no se dice nada verdadero, descubre en multitud de ocasiones que se conoce a quien las escribe, cuestión ésta no inocente en el mundo digital donde el anonimato es el rey. En este respeto del tiempo cíclico de los clásicos, de Sócrates por ejemplo, en boca de Platón, hay que estar muy atentos a lo que él decía sobre la autosuficiencia humana que desprecia el conocimiento a lo largo de los siglos: “Lo que una vez está escrito rueda de mano en mano, pasando de los que entienden la materia a aquellos para quienes no ha sido escrita la obra, sin saber, por consiguiente, ni con quién debe hablar, ni con quién debe callarse. Si un escrito se ve insultado o despreciado injustamente, tiene siempre necesidad del socorro de su padre, porque por sí mismo es incapaz de rechazar los ataques y de defenderse”. Me basta en estos momentos de radiografía permanente de lo que está pasando a nuestro alrededor, por ejemplo, referirnos a la escritura actual que aparece en las redes digitales para comprender bien el problema expuesto por Platón, porque la belleza no solo está en escribir bien lo que se pretende decir con palabras, sino en el fondo de las mismas. 

En este contexto, Markus Gabriel ha revolucionado la visión del mundo actual con su llamado “novismo”, con una proyección esencial, el Nuevo Realismo, somo señala en la entrevista citada: “El posmodernismo y grandes filósofos como Kant o Nietzsche entendían la realidad como algo incomprensible y por ello construyeron una visión del pensamiento aislado de la realidad. Eso es un daño político para la humanidad porque produce un espacio público de pura lucha: competición en vez de cooperación. Y la textura de la sociedad moderna necesita una forma de cohesión social. Tras la Revolución Francesa y la Industrial, la diferenciación del trabajo ha sido la forma de la sociedad moderna y funcionaba. Pero ahora, como dice el sociólogo Luhmann, lo que tenemos es una diferenciación de sistemas sin una visión del bien que nos una. El Nuevo Realismo quiere producir una nueva visión del bien, algo que nos una más allá del compromiso progresista contra la extrema derecha. La unión en la lucha contra los locos no es suficiente. Necesitamos un retorno a la realidad y el Nuevo Realismo es un discurso sobre los hechos. La existencia de más de dos géneros no es una construcción social, es un hecho. El cambio climático también. El Nuevo Realismo cambia la visión: ya no se trata de lucha de clases, de géneros o de intereses, sino de la cooperación de la humanidad frente a la realidad”. Esta corriente filosófica la ha desarrollado en su trilogía compuesta entre 2013 y 2018 en Por qué el mundo no existeYo no soy mi cerebro y El sentido del pensamiento.

Finalmente, lo que me ha llamado la atención sobremanera es su nueva conceptualización de “la filosofía del “entre”, el punto de encuentro para que se salve la polarización actual: “Todo lo que inventé hasta ahora en términos de conceptos tiene algo de nuevo: Nuevo Realismo, Nueva Ilustración, neoexistencialismo… Por eso mis estudiantes dicen que la doctrina de Gabriel es el novismo [ríe]. Pero lo que hace falta es un concepto positivo que capte la línea entre los polos de la polarización, algo que esté entre y más allá de la izquierda y de la derecha. Aún no lo tenemos. Necesitamos una política del “entre” y para eso no tenemos conceptos. Sabemos que es un “entre”, ya no es un centro. Todos los centrismos están siendo deconstruidos por las buenas razones. No hay centro. Tampoco periferia. Pero ¿qué hay? El gran desafío de la filosofía para los próximos decenios sería un concepto positivo del “entre”.

Entre los extremos hay que buscar los puntos de encuentro, el consenso, el diálogo permanente. La preposición “entre” juega un papel transcendental, porque relativiza los dogmatismos, la sinrazón, los extremismos, la búsqueda de la verdad juntos, guardándose cada uno la suya en esta travesía mundial en la que estamos instalados, mientras que descubrimos lo que nos une en la búsqueda de la línea delgada roja entre dos ideologías políticas diferentes, por ejemplo, con el nexo lógico del interés general, del bien común. Lo anteriormente expuesto da la razón a un aserto de Gabriel Markus que no he olvidado: “Vivimos en una época que necesita la filosofía”. También su expresión en un nuevo espacio digital: Ágora, porque también lo necesita.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

La democracia se debilita cuando cedemos terreno al miedo global

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.

Eduardo Galeano, El miedo global, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.

Sevilla, 17/IX/2024

Leyendo estos días con atención reverencial un libro del filósofo coreano Byung-Chul Han,  La tonalidad del pensamiento (1), que me ha parecido extraordinario en su concepción y estructura, al romper moldes del canon oficial libresco, he llegado al capítulo tercero, Sobre la esperanza, donde recuerda una cita del expresidente de EE.UU, Barack Obama, extraída del discurso de despedida de su mandato presidencial, pronunciado el 10 de enero de 2017, que no he olvidado y la rescato hoy cuando asistimos a un hecho irrefutable que me ocupa y pre-ocupa en estos momentos complejos del país: «La democracia puede debilitarse cuando cedemos ante el miedo». No es la primera vez que escribo en este cuaderno digital sobre la terca realidad del miedo en democracia, un sinsentido si nos detenemos a reflexionar de forma pausada sus razones de existir en estos momentos.

Byung-Chul Han lo afirma con convencimiento pleno: «El clima de miedo que hoy está tan extendido ahoga cualquier germen de esperanza. Con el miedo, además, se extiende un ambiente depresivo. El miedo y el resentimiento empujan a las personas hacia el populismo de derechas. Atizan el egoísmo y el odio. Erosionan la solidaridad, la amistad y la empatía. El miedo y el resentimiento contribuyen a que la sociedad en su conjunto se embrutezca. […] Los discursos del odio son también producto del miedo que, en ultimo término, pone en peligro la democracia». De ahí su referencia al expresidente Obama, que advirtió en su discurso bastantes más referencias al miedo como agente destructor de la democracia, que las traigo a colación porque no han perdido valor alguno: «Pero la protección de nuestra forma de vida requiere de más que nuestros militares. La democracia puede debilitarse cuando cedemos ante el miedo [la cursiva es mía]. Por lo tanto, al igual que, como ciudadanos, debemos permanecer vigilantes contra la agresión externa, debemos estar en guardia contra un debilitamiento de los valores que nos hacen ser quienes somos. Por eso, durante los últimos ocho años, he trabajado para darle a la lucha contra el terrorismo una firme base jurídica. Por eso hemos terminado la tortura, trabajado para cerrar Gitmo [Guantánamo, en Cuba], y reformar nuestras leyes que rigen la vigilancia para proteger la privacidad y las libertades civiles. Es por eso que rechazo la discriminación contra los estadounidenses musulmanes. Es por eso que no podemos retirarnos del combate mundial – para expandir la democracia y los derechos humanos, los derechos de la mujer, y los derechos de las personas LGBT – no importa cuán imperfectos sean nuestros esfuerzos, no importa cuán oportuno pueda parecer hacer caso omiso a esos valores. Pues la lucha contra el extremismo, la intolerancia y el sectarismo son parte de la lucha contra el autoritarismo y la agresión nacionalista. Si el alcance de la libertad y el respeto al estado de derecho se reducen en todo el mundo, la posibilidad de una guerra dentro y entre las naciones aumenta, y nuestras propias libertades eventualmente se verán amenazadas».

Veo el miedo metido en su cuerpo en muchas personas de bien que conozco, sobre todo miedo distribuido por los profesionales de esa desesperanza que difunden a capa y espada, alistados en un ejército de personas mediocres en todo lo que se mueve en nuestro país, disfrutando de un aserto terrible: cuanto peor, mejor, caiga quien caiga. Son mediocres de profesión y lo repito hoy de nuevo hasta la saciedad: lo que representan sólo es mediocridad de mediocridades, porque (casi) todo es mediocridad. El miedo que proclaman estos agoreros mayores de su reino, es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres que operan el miedo están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa, poniendo los cimientos de la mediocracia, el antónimo no inocente de la democracia en su sentido más puro, que también existe. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres, que no cedan terreno al miedo! Es probable que los mediocres y profesionales del miedo salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les pueda hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, hacedores de miedo, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna, que azuza el miedo continuamente. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social del miedo instaurado por mediocres y la mediocridad que los acompaña siempre, convirtiéndose casi sin darnos cuenta en sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos de esperanza en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Obama llevaba razón cuando afirmó que la democracia puede debilitarse cuando cedemos ante el miedo, que nos rodea continuamente. Por esta razón, confieso que tengo miedo a no comprender bien qué quiso exponer Eduardo Galeano en su declaración del miedo global (2), fundamentalmente porque en él se dice algo verdaderamente sobrecogedor y porque reconozco que lo que está pasando y estamos viendo en Ucrania, Gaza, países del Sahel en África o con la migración de menores no acompañados, que huyen de esas guerras en el continente africano, da miedo, sintetizado en uno de sus versos: Las armas tienen miedo a la falta de guerra y un corolario anterior: Los militares tienen miedo a la falta de armas, porque la realidad es que estamos viviendo en un mundo al revés presidido por el miedo interesado que muchos meten en nuestras vidas:

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la falta de armas.
Las armas tienen miedo a la falta de guerra.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones y miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura.
Al tiempo sin relojes.
Al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar.
Miedo a la soledad y miedo a la multitud.
Miedo a lo que fue.
Miedo a lo que será.
Miedo de morir.
Miedo de vivir.

Lo más trágico que dice Galeano es tener “miedo de vivir”. Es verdad que en su ocaso actual la democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. Hoy he decidido no tenerlo y escribir esta reflexión leyendo el libro de Byung-Chul Han, con palabras de esperanza que me ayudan a obviar el miedo de soñar y vivir despierto: «Sólo a través de la esperanza recuperaremos una vida que sea algo más que mera supervivencia. Sólo la esperanza amplia el horizonte de lo que tiene sentido, lo que vuelve a avivar la vida, a darle alas, a inspirarla. Sólo la esperanza nos brinda futuro». Estas son las razones de la mi razón y de mi corazón para leer su nuevo libro, El espíritu de la esperanza (3), dedicado monográficamente a la esperanza, cuya sinopsis oficial nos muestra evidentes muestras de lo que significa su visión de la esperanza en un mundo cada vez más hostil: «De la desesperación más profunda nace también la esperanza más íntima. La esperanza nos lanza hacia lo desconocido, nos pone camino de lo nuevo, de lo que jamás ha existido. Guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, crisis y pandemias: escenarios apocalípticos muy diversos nos confrontan con una inminente amenaza de hundimiento y extinción. Y mientras vamos de catástrofe en catástrofe, nuestra verdadera vida se asfixia y se ve reducida a una pura supervivencia. Sin embargo, la esperanza nos abre tiempos futuros y espacios inéditos, en los que entramos soñando. Es toda una manera de existir, que no resulta de hechos dados, sino que posibilita nuevos acontecimientos precisamente cuando más imposibles parecerían. […] En el espíritu humano anida la capacidad de hacer fecundo lo más yermo. Precisamente en los escenarios más desoladores el espíritu es capaz de remover ese viento que nos trae aires de esperanza».

(1) Byung-Chul Han, La tonalidad del pensamiento, 2024, Barcelona: Editorial Planeta.

(2) Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, 1998. Madrid: Siglo XXI Editores de España.

(3) Byung-Chul Han, El espíritu de la esperanza, 2024, Barcelona: Herder Editorial.

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Ayer fui “escuchaor” de Miguel Poveda

Miguel Poveda (i) – Antonio López Sancho, Caricatura del I Concurso de Cante Jondo, organizado por Falla y García Lorca en Granada, 1922.

A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Federico García Lorca, extracto de la presentación oficial en 1922, en Granada, del l Concurso de Cante Jondo.

Sevilla, 15/IX/2024

Una de las señas de identidad de los andaluces y andaluzas es ser escuchaores de la realidad en Andalucía, en el Mundo al Revés también. Lo he expresado en diversas ocasiones en este cuaderno digital: las personas que vivimos en Andalucía, que respetamos su identidad, es decir, su extraordinaria «superficie espiritual», que decía García Lorca, porque llevamos la luz con el tiempo dentro, como Juan Ramón Jiménez definía a Moguer, su pueblo y las personas que vivían en él, hemos aprendido a escuchar la vida de nuestro alrededor y llevarla al cante, al baile, al sentir cotidiano, el de todos los días. Luis Cernuda hizo un retrato precioso del andaluz porque somos un enigma a pesar de la luz interior que el dolor de nuestra historia no olvida, siempre con el tiempo dentro, amor desbordante, pasión en nuestra música que acompaña siempre la alegría y calma el dolor, que compartimos hasta buscar la luz con el tiempo fuera, como escuchaores y escuchaoras de todo lo que se canta con el dolor de esta tierra. Nos tratamos como hermanos, cuando a veces no sabemos si somos amigos o seres lejanos, aunque lo único que sabemos, en tiempos políticos, es que unos de otros -no inocentes- lejos estamos.

Ayer tuve la oportunidad de volver a ser escuchaor de esta tierra, del cante jondo a través del cantor, que no cantante, Miguel Poveda, dedicado a Federico García Lorca y el cante, explicado de forma sucinta en el programa del evento: “Federico García Lorca encontró en el flamenco y en los cantes populares una fuente inagotable de inspiración. Hoy es el flamenco quien encuentra en el poeta un manantial infinito en el que reflejarse y avivarse. Esta pasión de Federico por el flamenco cristalizó en dos hitos claves: la organización junto a su amigo y maestro Manuel de Falla del Concurso de Cante Jondo de Granada en 1922 y la publicación del Poema del Cante Jondo en 1931. De esta devoción correspondida entre el poeta y el flamenco nace Federico y el cante, la propuesta que Miguel Poveda presenta en la Bienal de Sevilla. Un recorrido por la constelación de voces flamencas que dejaron impronta en la vida y obra del poeta desde su infancia en la Vega de Granada hasta sus últimos días. Poveda interpreta gran parte del devocionario flamenco de Lorca. Así los cantes de Manuel Torre, Tomás Pavón, La Niña de los Peines, Antonio Chacón, La Argentinita, Niño Caracol, El Tenazas, entre otros, resonarán en la voz de Miguel Poveda. Además, sigue los rastros de figuras legendarias como Silverio Franconetti o Juan Breva, de los que Lorca dejó vivísimos retratos en sus textos. Para la ocasión, Miguel Poveda ha querido acompañarse de un elenco excepcional. El espectáculo cuenta con la colaboración especial de Las Tatas del Barrio de Santiago (La Majuma, La Yoya, Luisa Garrido y Victoria Prado), Diego del Morao, la bailaora granaína Eva Yerbabuena, la Agrupación Musical Virgen de Los Reyes y la de un jovencísimo Manuel Monje, y toda la dramaturgia de la mano del poeta Alberto Conejero”.

Poveda conoce bien el cante jondo y lo interpreta a su manera, siempre con el sentimiento dentro, la elegancia de sus manos bailando al aire que marca el compás de su cante, sin excesos, comedido, pero con una expresión de voz jonda que lleva su alma dentro. Me llamó la atención el papel de Manuel Monje, un niño jerezano que lleva el cante jondo dentro a sus doce años, que fue el guionista acertado de lo que pasaba en el escenario. La guitarra de Jesús Guerrero brilló durante todo el espectáculo. Las obras elegidas mostraron el respeto de Poveda a la historia legendaria del cante jondo y las preferencias de García Lorca: Cabal de Silverio, Retrato de Silverio Franconetti (Seguiriya), La caña de Diego Bermúdez ‘El Tenazas’, Media granaína de Chacón, Taranto y Fandango de Manuel Torre, Tientos / Tangos de Pastora, Cantiñas Lorqueñas, Petenera Bulería de Jerez, Soleares de Tomás Pavón, Juan Breva (Malagueña y Verdial de Juan Breva), Bamberas, Sevilla (Poema del Cante Jondo) y Gitano de Sevilla (Saeta), como homenaje expreso a la ciudad que le escuchaba con devoción anoche.

Ser escuchaor ayer de Miguel Poveda y de su elenco artístico, me ayudó a comprender las palabras pronunciadas hace tan solo ciento dos años, en el primer Concurso de Cante Jondo, “canto primitivo andaluz”, tal y como rezaba en el cartel promocional del evento, celebrado en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922, porque me emocioné con su cante, porque la paloma blanca del amor me picó otra vez en mi corazón maduro, porque sigo siendo amante de la tradición engarzada con el porvenir, porque estudio los libros como al que ara la tierra. También, porque asistir anoche a este espectáculo de cante jondo, es sólo una muestra de que seguiré luchando para no dejar morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Es verdad que me queda la palabra de Federico García Lorca, interpretada ahora con la dignidad de un cantor, Miguel Poveda, que debe cantarlo jondamente y sabe hacerlo. En Andalucía ha tenido siempre un sentido muy especial la palabra “escuchaor”, vinculada al flamenco, porque una cosa es cantar y tocar la guitarra, cantaores y cantaoras, así como guitarristas y, otra, escuchar, por parte de los escuchaores o escuchaoras, como le gustaba decir a Antonio Mairena: ¨[…]  la actitud experimental, la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1).

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

NOTA: En la imagen de cabecera figura, junto a la imagen actual de Miguel Poveda, el cantaor Diego el Tenazas acompañado por el guitarrista Ramón Montoya y a la izquierda, en primer plano, La Niña de los Peines. Entre los caricaturizados: Manuel de Falla, Ignacio de Zuloaga, García Lorca, Santiago Rusiñol, Andrés Segovia, Fernando de los Ríos, Miguel Cerón. Imagen y texto recuperados de El Concurso de Cante Jondo de Granada, de 1922, organizado por Falla y Lorca, en la Biblioteca Nacional – Generación del 27 – Diputación de Málaga (malaga.es)

CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!