Hojas sueltas / 17. La mediocridad se instala en la sociedad, protegida por el neofascismo

La rebelión de los maniquíes | Love Valencia

Lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud.

Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir.

Jorge WagensbergAforismos

Sevilla, 8/VII/2026 – 08:28 h CET (UTC+2)

Como primera declaración de principios hoy, manifiesto abiertamente que detesto la mediocridad en todas sus manifestaciones posibles. En tal sentido he escogido una “hoja suelta” de 2021, La mediocridad se ha instalado en nuestras vidas, que mantiene su valor intrínseco ante la proliferación de la mediocracia, también tratada habitualmente en este cuaderno digital.

El aforismo de Jorge Wagensberg sobre la mediocridad y sus agentes, mediocres por definición, me sobrecoge cada vez que lo leo o recuerdo: “Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”.

Estamos avisados.

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La mediocridad se ha instalado en nuestras vidas

Sevilla, 22/II/2021

Al ir del timbo al tambo en nuestra vida, algo que frecuentaba García Márquez y que cita expresamente en sus Cuentos peregrinos, nos encontramos con una frecuencia desaforada a una legión de personas mediocres que lo inundan todo por tierra, mar y aire. He escrito en reiteradas ocasiones sobre esta perversidad social y vuelvo hoy a tratarlo porque el mundo camina por derroteros mediocres, a través de determinados políticos mediocres (no todos son iguales) que gobiernan creyendo que lo están haciendo muy bien, en un acusado efecto Dunning-Kruger que supone para ellos mismos creer que lo saben todo sin tener en muchas ocasiones idea de casi nada. Es un mal endémico que hace estragos en cualquier estamento social, no sólo en la política, que acaba afectando a todos los órdenes de la vida. 

Este escalafón tan alto de la mediocridad hace que las personas que la practican en general crean que lo que hacen es siempre lo correcto, sobreestimando su conocimiento, sus habilidades y sus actitudes, en una tríada conductual que da pánico. También, tienen una incapacidad metafísica que les impide reconocer que los demás pueden hacer algo bien y, por último, son incapaces de reconocer de alguna manera que casi todo en su vida es una gran mentira y que son extremadamente insuficientes, es decir, mediocres en estado puro.

El efecto citado de Dunning-Kruger se denomina así en honor a sus descubridores, Dastin Dunning y Justin Kruger, investigadores de la Universidad de Cornell (EEUU), que publicaron un estudio al respecto en el Journal of Personality and Social Psychology, en diciembre de 1999, partiendo de una hipótesis que ya había anunciado Darwin varios siglos atrás: “la ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento”. Es verdad, porque las personas mediocres suelen ser ignorantes en casi todo lo que dicen y tocan. Los dos investigadores exponen en su trabajo científico que las personas tienden a tener puntos de vista excesivamente favorables de sus habilidades en muchos ámbitos sociales e intelectuales, porque las personas que no están calificadas en estos campos sufren una doble carga: no sólo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia es tal que les roba la capacidad metacognitiva para darse cuenta de lo que les ocurre.

La mediocridad centrada en el discurso de la ignorancia elevada a categoría suprema y omnisciente me sigue preocupando mucho y cada día que pasa y vemos lo que nos rodea, más todavía por “[…] la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia”.

Lo repito hoy hasta la saciedad: mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Me reafirmo en la siguiente actitud proactiva contra la mediocridad: busquemos la nueva linterna de Diógenes para poder encontrar personas dignas, aunque hay que tener claro que no está en los catálogos del mercado, porque no es mercancía, sino en nuestra conciencia individual y social de pertenencia a una ideología de clase, no inocente, que luche por un mundo que merezca la pena vivirlo y compartirlo de la forma más digna posible. Vuelvo a leer ahora un libro que me ayuda a comprender lo que está ocurriendo con esta plaga tan peligrosaMediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, una reflexión seria y fundamentada sobre esta plaga del siglo XXI, que se ha hecho fuerte y pretende tomar el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Su autor es Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París. El libro es recomendable para almas inquietas y que estén saturadas de la mediocridad que ha instalado sus bases en nuestros entornos más cercanos. La sinopsis del libro nos aclara su hilo conductor: “Si los de arriba no cuestionan ni imaginan nada, ¿a qué podemos aspirar? El político ambivalente afín a progresistas y conservadores; el profesor de universidad que ya no investiga, sino que rellena formularios burocráticos; el reportero que encubre los escándalos fiscales y hace ruido en la prensa amarillista o el artista revolucionario, pero subvencionado… El rigor y la exigencia han dejado paso al esquema carente de referentes que inspira esta crítica mordaz. Da igual si es el ámbito político, académico, jurídico, cultural o mediático: se mire por donde se mire, se constata el triunfo de lo mediocre. El autor analiza con un estilo ingenioso cómo las aspiraciones mediocres que invaden la sociedad no dan como resultado sino ciudadanos también mediocres”.

Todo muy medido, donde las personas somos a veces maniquíes que como el rey del cuento de Andersen vamos desnudos ante la intemperie de la mediocridad imperante, mucho más cerca de nosotros de lo que realmente pensamos. Estamos avisados.

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Hojas sueltas / 16. Egeria fue una viajera gallega muy curiosa

FRESCO POMPEYA
Fresco de Pompeya de una mujer romana antes de escribir

Como soy un tanto curiosa, quiero verlo todo

Egeria, en Itinerarium ad Loco Sancta (siglo IV d. C.)

Sevilla, 28/VI/2026 – 14:28 h CET (UTC+2)

El verano es un tiempo propicio de viajes, que nos permite hacerlos con libros a modo de buenos compañeros de aventuras y si es posible, como recomendación personal, buscando “islas desconocidas”, siguiendo al pie de la letra el cuento homónimo de José Saramago. Con tal motivo, he recordado una “hoja suelta” de este cuaderno digital, publicada en tiempos difíciles de la pandemia de 2020, porque me permitió descubrir una historia preciosa de Egeria, una viajera gallega y peregrina por más señas.

Egeria escribió una obra, Itinerarium ad Loco Sancta, a modo de guía de viaje a los llamados “lugares sagrados”, 37 folios en pergaminos, tal y como lo afirma su descubridor, el investigador José Eduardo López Pereira, catedrático de Filología Latina y autor de Viaje de Egeria. Es maravilloso constatar cómo una mujer revolucionó la forma de conocer el mundo en un siglo tan controvertido: “La importancia de estas averiguaciones es evidente. Estaríamos, posiblemente, en presencia de la primera escritora española de nombre conocido cuya obra haya llegado a nuestras manos. Y su relato, el primer libro español de viajes”.

En un mundo imaginario de cultura ética viajera, que también existe, “compren” hoy este billete para un viaje especial, acompañados por Egeria, una “viajera muy curiosa”. No les defraudará.

Instituto Cervantes / Egeria, la primera viajera escritora hispana

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Egeria, una viajera muy curiosa

Sevilla, 10/VII/2020

Les presento a Egeria, una gran desconocida en nuestro país. No se conservan piezas teselares ni pinturas que nos permitan reconocerla y me ha parecido interesante rescatar la imagen que preside estas palabras para representarla de la mejor forma posible, que corresponde a un fresco precioso de la ciudad de Pompeya, en el que aparece una mujer romana en una posición reflexiva e inquietante antes de escribir. En tiempos de coronavirus y cuando estamos dando los primeros pasos en la nueva normalidad veraniega, puede ser reconfortante conocer una historia apasionante, la de una mujer viajera muy curiosa, de origen gallego (de la Gallaecia), que nació y vivió en el siglo IV (d. C.) en esta provincia, una de las cinco en las que el Imperio había dividido Hispania en tiempo del emperador Diocleciano (a. 298): Lusitania, Tarraconense, Cartaginense, Bética y la propia Gallaecia.

Su espíritu aventurero lo reconocía ella misma en las primeras páginas que se han encontrado de su obra, Itinerarium ad Loco Sancta, que se descubrió en 1884 por el investigador italiano Gian Francesco Gamurrini en la Biblioteca della Confraternitá dei Laici (o de Santa María) en Arezzo (Italia), un códice en pergamino de 37 folios y escrito en latín popular tardío: “Como soy un tanto curiosa, quiero verlo todo”, a modo de declaración de intenciones dirigida en formato de carta a sus compañeras, en las que detalla hasta la saciedad todas sus andanzas: “Al parecer, la redactora escribía a unas lejanas dominae et sorores (“señoras y hermanas”) que habrían quedado muy lejos, en la patria común, a la cual ella confiaba en volver, según indicaba al final de su relato. La autora había realizado un largo periplo, desde «tierras extremas» hasta los lugares bíblicos, y describía estos a sus remotas destinatarias con una frescura y candor de lenguaje que cautivaban desde el primer momento: aquella era una obra singular” (1).

Egeria inició su viaje en Gallaecia, “[…] y tras recorrer el Sur de la Galia y el Norte de Italia, llegó a Constantinopla en el año 381 después de cruzar en barco el mar Adriático. De Constantinopla se trasladó a Jerusalén, visitando también Jericó, Belén, Nazaret y Cafarnaúm. Viajó a Egipto en el 382, donde visitó Alejandría, Tebas, el mar Rojo y el monte Sinaí. Posteriormente Egeria se desplazó a Antioquía, Edesa, Mesopotamia y Siria antes de volver a Constantinopla, donde se pierde su pista” (2).

Es una historia apasionante que recomiendo como libro iniciático de viajes en estos días especiales de estío. Es interesante conocer que «El de Egeria es el primer viaje de sacrificio y peregrinación de la historia. Antes había habido otros viajes literarios o de recreo, pero no de peregrinación». Así lo ha afirmado el catedrático de Filología Latina e investigador José Eduardo López Pereira, uno de los mayores especialistas en la figura de la peregrina gallega y traductor de su Itinerarium, que se puede conocer con detalle en la presentación que hizo de esta viajera en el I Fórum del Camino de Santiago, celebrado en Santiago de Compostela en octubre de 2015.

Si animo a conocer a Egeria es porque supone un hallazgo que debemos compartir en la Noosfera, en esta singladura a la que invito a formar parte de su tripulación virtual cada vez que nos subimos a “La Isla desconocida”, tal y como lo explicita el autor de Viaje de Egeria. Sobre todo porque es maravilloso constatar cómo una mujer revolucionó la forma de conocer el mundo en un siglo tan controvertido: “La importancia de estas averiguaciones es evidente. Estaríamos, posiblemente, en presencia de la primera escritora española de nombre conocido cuya obra haya llegado a nuestras manos. Y su relato, el primer libro español de viajes. Porque, aunque fuera redactado con otros propósitos, concretamente desde la piedad religiosa, lo cierto es que el texto de Egeria constituye un auténtico diario de ruta, que anticipa en bastantes siglos lo que algunos exploradores medievales convertirían en género literario, y no digamos los viajeros románticos, mucho después. Incluso el vehículo formal de sus observaciones y anotaciones —la forma epistolar— es un molde adoptado por escritores viajeros de todas las épocas”.

Su personalidad es apasionada y apasionante, esencialmente curiosa en el buen sentido de la palabra “curiosidad”: “cuidado y diligencia que se pone para hacer alguna cosa con perfección y hermosura” (RAE A 1729, 708,2). Lo que Egeria hizo y escribió en su cuaderno de notas sigue aportando sentido a la vida, lo que la hace más hermosa cada día. El placer de la curiosidad sabia no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas curiosas la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Utilidad de lo inútil en estado puro porque la curiosidad es sólo, a veces, un hilo de lana tratado con perfección y hermosura.

(1) Pascual, Carlos. Viaje de Egeria: El primer relato de una viajera hispana, 2017. Madrid: La Línea del Horizonte, p. 14.

(2) https://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/egeria-la-primera-peregrina-de-la-historia

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Hojas sueltas / 15. Hay cerebros ciegos al color de la vida

CEREBROS CIEGOS
El día de salida. Ammar Awad (REUTERS) – 25-03-2011

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

Ángel González, Ciegos

Sevilla, 27/VI/2026 – 12:34 h CET (UTC+2)

Hoy he escogido una “hoja suelta” publicada hace quince años, Los cerebros ciegos al color, porque no ha perdido actualidad alguna, ante el mundo gris y al revés en el que estamos instalados.

Este cuaderno digital tiene muchas páginas dedicadas a la acromatopsia, la enfermedad de los ciegos al color, declarada formalmente por un maestro en mi vida, el neurólogo Oliver Sacks, tan presente en estas páginas. Si la rescato hoy de nuevo es porque creo que también existe su vertiente ética y política, la de aquellas personas y líderes políticos que todo lo ven gris y son ciegos al color de la vida en todos sus matices posibles.

Lo dije en 2011 y lo repito hoy: la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada.

Para lo que sirva, escrito está en este cuaderno, con palabras que aún nos quedan. Vuelvo a entrar en mi clínica del alma (mi biblioteca) y leo unos versos preciosos de Ángel González:

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

¿Sordo a qué?
No al sonido:
a la música.
Abre los ojos,
oye:
nada ve,
nada escucha.

Como si al mundo entero
una nevada súbita
lo hubiese recubierto
de silencio y blancura.

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Los cerebros ciegos al color

Sevilla, 26/III/2011

La foto que antecede estas líneas me ha recordado una enfermedad que estudié hace años, la acromatopsia [ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color], atraído por la lectura de un libro excelente, La isla de los ciegos al color, de Oliver Sacks, que ya presenté en noviembre de 2009, con motivo de la experiencia sentida por una foto de Erick Lessing, que comenté en un post: Nuevas sonrisas, nuevas lágrimas

Mujeres, vestidas de negro, en actitud de oración y sumisión. Todas menos una, con una gorra blanca, teléfono con cámara digital en mano, que se levanta simbólicamente, captando un mensaje de necesidad de progreso en el conocimiento, en la libertad: manifestantes contra la tiranía en Yemen. También aparece un niño, con camiseta azul, buscando algo perdido: ¿libertad? Es una imagen que sugiere muchas interpretaciones, sobre todo la que representa la necesidad de integrar la vida en todas sus capacidades cromáticas. Porque en el mundo árabe, el color siempre fue interpretado con matices de belleza, con policromías que hemos heredado en este país, por ejemplo, por las cerámicas tan maravillosamente trabajadas con las manos. 

La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises. Porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás, como reflexionaba en el post citado: la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. O para protestar, en clave religiosa, como el símbolo fotográfico de esta mujer de Yemen. Toda una lección.

NOTA: La imagen de cabecera, El día de salida, recoge la instantánea de una mujer usando su teléfono móvil para filmar a manifestantes durante una concentración que exigía la destitución del Presidente Ali Abdullah Saleh, de Yemen (Fotografía recuperada de El País, el 27 de marzo de 2011).

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Hojas sueltas / 12. Sigo esperando algo personalmente exaltante

Gabriel Celaya (Hernani, 1911- Madrid, 1991)

Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
con un pulso que golpea las tinieblas,

Gabriel Celaya, en La poesía es un arma cargada de futuro

Sevilla, 19/VI/2026 – 09:42 h CET (UTC+2)

Estoy tocando el fondo. Por esta razón, reconozco que frente al comienzo realista y pesimista del poema de Celaya, necesito ahora más que nunca y como “optimista bien informado” (Benedetti dixit), esperar siempre algo exaltante, que me conmueva, que me ofrezca algo de luz ante tanto desatino político en el ocaso de la democracia.

Necesito seguir creyendo en el compromiso social y democrático como ciudadano de este mundo al revés. Por esta razón, también, rescato hoy mi reflexión de 2024 sobre las bellas palabras de este poema de Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro, como “hoja suelta” predilecta en la escritura circular de mi cuaderno digital, trayéndola a este aquí y ahora, “hic et nunc” que decían los clásicos. Golpe a golpe y verso a verso me acoge en mi clínica del alma, mi biblioteca.

Tengo que reconocer que me reconforta hacerlo, como si fuera la primera vez que leyera este precioso poema de Celaya, tan actual, tan presente, tan necesario y tan vivo.

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Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante

Sevilla, 6/VII/2024

Hoy he vuelto a encontrarme con la poesía combativa de Gabriel Celaya, leyendo una crítica de cine escrita por Carlos Boyero, a quien sigo en esta bella proyección cultural. Precisamente, porque inicia sus palabras con una frase de un poema de Gabriel Celaya, «Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante», que resume bien hasta qué punto el hartazgo sobre lo que está pasando y estamos viendo a diario, satura nuestras almas inquietas, no conformistas. Por esta razón, abro mi cuaderno digital por la página dedicada en agosto del año pasado a este excelso poeta, a quien tanto aprecio, porque le dediqué un pequeño homenaje a uno de los poemas que más me ayudó a comprender el compromiso social en nuestro país, en los tiempos difíciles de la dictadura, «La poesía es un arma cargada de futuro», con un objetivo claro: que no se me olvide, ni siquiera un momento. Hoy, rescato lo esencial de aquellas palabras siguiendo mis pasos en la escritura circular, que también existe, trayéndola a este aquí y ahora, que decían los clásicos. Tengo que reconocer que me reconforta como si fuera la primera vez que leo este precioso poema de Celaya, tan actual, tan presente, tan necesario y tan vivo, “porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo”.

La poesía es un arma cargada de futuro, poema de Gabriel Celaya (Hernani, Guipúzcoa, 1911 – Madrid, 1991), musicalizado e interpretado por Paco Ibáñez.

Gabriel Celaya y su poesía, un arma cargada de futuro en el presente agosto

Sevilla, 8/VIII/2023

Agosto sigue muy presente en la memoria histórica y democrática de la cultura. Un ejemplo lo tenemos en Miguel Hernández, cuando impartió una conferencia en el Ateneo de Alicante, el 21 de agosto de 1937, con el título  “La poesía como un arma”, que suponía una elocuente declaración de principios: “La poesía es para mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir. La sentí, como sentí mi condición de hombre, y como hombre la conllevo, procurando a cada paso dignificarme […]. En la guerra, la escribo como un arma, y en la paz será un arma también, aunque reposada” (1). Si traigo a colación esta cita es porque hoy quiero dedicar unas palabras especiales a la poesía social de Gabriel Celaya, simbolizada en el poema La poesía es un arma cargada de futuro, publicado en 1955 (2), que se considera prototipo de ella, denostado muchas veces por algunas voces críticas, pero alabado en numerosas ocasiones por quienes se han acercado y se acercan hoy a él salvando su texto y contexto personal y social:

Cuando ya no se espera nada personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
con un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades,
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo de prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse
.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía–herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

La verdad es que sobrecoge la lectura de este poema, en un género literario que muchos consideran inútil, porque para ellos es una mera contemplación burguesa de lo que está pasando, a través de bellas palabras, pero sin mezcla de compromiso personal y social alguno, aunque personalmente comprendo muy bien y comparto abiertamente la tesis mantenida en el tiempo, que expresó de forma magistral Nuccio Ordine, sobre la utilidad de lo aparentemente inútil, a lo largo de sus obras más significativas.

Es verdad, también, que la poesía no sólo es un arma de futuro, sino de presente, que puede y debe transformar la sociedad a través de la palabra, que en definitiva puede ser “útil” en el mundo actual frente al estereotipo que se le cuelga muchas veces de “inútil”. Luis García Montero, poeta y escritor al que aprecio y admiro, lo resumió perfectamente en un artículo que no olvido (3): “Por respeto a la poesía, debemos negarnos a que se convierta en una carta blanca para decir o escribir tonterías. Se puede estar en contra de la hostilidad de John Locke contra la poesía, sin caer en la trampa de despreciar lo útil. Me parece más interesante afirmar, contra los gobernadores y los buitres del negocio, que la poesía es tan útil como la ciencia o la técnica. El asunto no es superficial. Está en juego el espacio del saber democrático. El libro de Nuccio Ordine [La utilidad de lo inútil] da suficientes datos para abandonar la vieja polémica entre letras, ciencias y técnica. Es una inercia reaccionaria el desprecio de las ciencias y las letras. Conviene tenerlo claro para afirmar después que es también muy reaccionario despreciar el saber humanístico. Estamos hablando de cosas decisivas, como los programas de estudio, las universidades y la educación”. Queda claro en estos momentos tan delicados en el país, por el desprecio a la cultura y la censura galopante que ejercen las derechas, de teórico centro y ultras, autodenominadas “gentes de bien”, ante el resto, el populacho, que somos según ellos millones y, por supuesto, gente de mal: la poesía debe ser un arma para transformar el presente, que construye el mejor futuro de un país.

Entiendo así, mejor que nunca, las palabras de Celaya en el poema citado hoy como ejemplo: Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales / que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse, porque su poesía No es una poesía gota a gota pensada. / No es un bello producto. No es un fruto perfecto. / Es algo como el aire que todos respiramos / y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. / Son palabras que todos repetimos sintiendo / como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. / Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. / Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos. Así lo dejó escrito y así lo comparto, para el presente y para la posteridad, una sucesión de presentes útiles.

(1) cargada_bague_PASAVENTO_2017_V5_N2.pdf (uah.es)

(2) Celaya, Gabriel,  (1969), en Cantos íberosPoesías completas, Madrid: Aguilar, 1969.

(3) La utilidad de lo inútil por Luis García Montero (infolibre.es)

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Hojas sueltas / 9. España es hoy roja, pero mañana continuará con un fondo gris

Peter Sloterdijk – Gris. El color de la contemporaneidad

Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

Ramón de Campoamor (1817-1901), en Las dos linternas, 1846.

Sevilla, 15/VI/2026 – 09:11 h CET (UTC+2)

Por mucho que me quiera sustraer del acontecimiento del día de nuestro país, el primer partido de España en la Copa Mundial de Fútbol 2026, sigo pensando igual que cuando escribí en 2024 una “hoja suelta”, es decir, España es hoy roja, pero mañana continuará con un fondo gris.

No quiero amargar a nadie este día, pero rescato hoy lo que pienso sobre la psicología social del color, nunca inocente por supuesto, porque hay que reconocer que después del partido de hoy, nuestro país, gane o pierda, volverá a recuperar su tonalidad gris que lo caracteriza en los últimos tiempos.

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España es hoy roja, pero mañana continuará con un fondo gris

Sevilla, 14/VII/2024

La verdad es que decir que “España es hoy roja” no deja de ser una utopía temporal, de recorrido muy corto, porque hay que reconocer que después del partido final de la Eurocopa, nuestro país, gane o pierda, volverá a recuperar su tonalidad gris que lo caracteriza en los últimos tiempos. Lo cierto es que los colores no son inocentes, como tantas veces he expuesto en este cuaderno digital. Basta recordar, repasando la memoria histórica de nuestro país, que el color de la camiseta del equipo nacional nació rojo en 1920, con un león rampante en el pecho, escogido por Gonzalo Figueroa y Torres, presidente del Comité Olímpico Español (C.O.E), utilizado desde ese año con motivo de la participación en los Juegos Olímpicos en Amberes. El cambio al color azul se produjo al finalizar la guerra civil, en 1939, por el acuerdo del Consejo Nacional de Deportes por el que los jugadores sólo podían vestir camiseta azul marino y pantalón blanco, llevando en el pecho el escudo nacional con sus colores. Así fue hasta que en 1947, se cambió de nuevo por el rojo gracias a la decisión tomada por el general Moscardó, Delegado Nacional de Deportes, militar por supuesto. Queda demostrado que el color de la equipación del equipo nacional tampoco fue y es inocente.

Escribir hoy sobre esta dialéctica rojo y gris, se debe a la publicación reciente de un libro excelente, Gris. El color de la contemporaneidad (1), de Peter Sloterdijk, en el que su sinopsis nos ilumina sobre lo que está pasando y estamos viendo en esta sociedad, en el ocaso de la democracia, con el color gris de fondo, no inocente por supuesto: “A lo largo de cuatro digresiones, Sloterdijk sigue el hilo de este «no-color» desde el Génesis hasta la fotografía, desde el mito platónico de la caverna hasta Hegel, desde los fenómenos atmosféricos hasta las vanguardias de Piero Manzoni y Marcel Duchamp, y traza la historia de la humanidad a la luz de los significados simbólicos de este tono fluido y ambiguo. «Mientras no se haya pintado un gris, no se es pintor». Estas palabras de Cézanne, escribe Peter Sloterdijk, suscitan otra afirmación: mientras no se haya pensado en el gris, no se es filósofo. En un ensayo lúcido y provocador explora este tono, aparentemente el color de la indiferencia y la neutralidad, cuya presencia ha permeado la historia de la política, la filosofía y las artes, así como la mitología y la religión. Sloterdijk presenta una nueva teoría estética y filosófica sobre la relación entre la luz y la oscuridad, en la que los colores tienen una fuerza icónica innegable. Analiza aspectos tan diversos como la hegemonía del gris en la Alemania reunificada, como resultado de la mutua desilusión del reencuentro, y que marcaría a más de una generación con el «gris Merkel», o la gran cantidad de automóviles grises de alta gama, con una amplia variedad de tonos y nombres que sugieren exclusividad y privilegio. El autor afirma que la capacidad de mutabilidad del gris lo convierte en el color de nuestro tiempo, pues es símbolo de una era de indiferenciación y —nos alerta Sloterdijk— puede llevarnos hacia una neutralización moral que se opone a la celebración contemporánea de la diversidad”.

En este contexto afirmo de nuevo que, desde una perspectiva científica de la psicología del color, éste proyecta siempre un acorde cromático, entendido como la asociación del mismo a un determinado efecto, promovido siempre por el sistema límbico en el cerebro, es decir, los sentimientos y las emociones, demostrando que el color no tiene una presencia inocente en nuestras vidas: “Ningún color aparece aislado; cada color está rodeado de otros colores. En un efecto intervienen varios colores -un acorde de colores-. Un acorde cromático se compone de aquellos colores más frecuentemente asociados a un efecto particular. Los resultados de nuestra investigación ponen de manifiesto que colores iguales se relacionan siempre con sentimientos e impresiones semejantes. Por ejemplo a la algarabía y a la animación se asocian los mismos colores que a la actividad y la energía. A la fidelidad, los mismos colores que a la confianza. Un acorde cromático no es ninguna combinación accidental de colores, sino un todo inconfundible. Tan importantes como los colores aislados más nombrados son los colores asociados. El rojo con el amarillo y el naranja produce un efecto diferente al del rojo combinado con el negro o el violeta; el efecto del verde con el negro no es el mismo que el verde con el azul. El acorde cromático determina el efecto del color principal (2). Sin ir más lejos, estamos asistiendo en estos días al efecto “la Roja”, en el que el color rojo de la equipación del equipo de España, demuestra que no fue, no es, ni será inocente en la vida de centenares de miles de personas en este país.

Es verdad que todo depende del color con el que se mire la vida. No hay nada más terrible que permanecer ciegos al color, tal y como lo aprendí de Oliver Sacks en un libro suyo, La isla de los ciegos al color, que me aproximó a su investigación de cómo los pacientes aprenden a vivir con su enfermedad, la acromatopsia, hasta alcanzar un mimetismo asombroso con ella, aunque sufren ceguera del color, porque no les permite agregar color a la óptica de sus vidas. Todo se ve siempre de color gris en dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, donde se concentra esta enfermedad, que permiten “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks. Surge entonces la pregunta del doctor Sacks en su fascinante libro, cuando se refiere a la persona ciega al color: “¿nos considerarían acaso seres singulares, engañados por aspectos irrelevantes o triviales del mundo visual, o insuficientemente sensibles a su verdadera esencia visual?” (3). Esa es la cuestión a dilucidar en la niña o niño “coloreados” de azul o rosa que, todavía, algunas o algunos llevamos dentro…, porque es verdad que no depende todo del color con el que el mercado del fútbol, hoy, más allá del cristal, nos obliga casi siempre a mirar la vida. La ceguera al color democrático de cada día, seguirá mañana presente en nuestro país, en nuestras vidas.

Creo que comprendí bien el trasfondo de su libro, cuando contemplé en una ocasión una foto en blanco y negro del fotógrafo Erich Lessing en pleno rodaje de la película “Sonrisas y lágrimas”: “La vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y lágrimas permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo, en definitiva, en la filmación jamás contada. Esa es la auténtica obra maestra, el extraordinario guion que está detrás, que nos entrega Lessing con la instantánea asociada de su cámara cerebral”.

Vuelvo a leer algunas reflexiones de Juan Ramón Jiménez en torno a su color preferido, el de su persona de secreto, muy cerca de lo que veía por el cristal amarillo de su querida cancela de la calle Nueva, en Moguer: “Todo allí acababa bien; era un término como el del beso en el amor, como el de la gloria verdadera e íntima en el arte; después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”. Nada que ver con lo que será la revolución del color rojo hoy en Berlín, en la final de la Eurocopa, en el supermercado grotesco del primer mundo, porque el negro y el gris de la realidad actual de los que sufren es el color predominante, por mucho que le pese al Mundo Pantone de cada año, que intenta imponer el color de mercado en nuestras vidas. Al final, es verdad lo afirmado por Ramón de Campoamor: todo depende del color del cristal existencial no inocente por el que se contempla la vida y cómo cada uno, cada una, la siente y la vive.

(1) Sloterdijk. P., Gris. El color de la contemporaneidad, Madrid: Siruela, 2024.

(2) Heller, E., Psicología del color. Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón. Barcelona: Gustavo Gili, 2004.

(3) Sacks, O., La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, 1999, p. 22.

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Hojas sueltas / 8. Las bibliotecas pueden ser clínicas del alma

MANGUEL 1
Alberto Manguel, Mientras embalo mi biblioteca

Sevilla, 14/VI/2026 – 08:05 h CET (UTC+2)

En mi tiempo de silencio actual, entro con más frecuencia de lo habitual en mi “clínica del alma”, mi biblioteca. Vuelvo a recordar hoy al escritor Alberto Manguel, tantas veces citado en este cuaderno digital, porque él me abrió la puerta de esa antigua denominación para mi biblioteca, clínica del alma: “tal vez esa pueda ser la aspiración definitiva de una biblioteca”. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a ellas (o a la nuestra), salvando lo que haya que salvar…, como cuando vamos al médico del cuerpo o de la mente humana.

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Las bibliotecas pueden ser clínicas del alma

Sevilla, 19/VI/2018

He finalizado la lectura de un libro precioso de Alberto Manguel (1), Mientras embalo mi biblioteca, que pasa a formar parte de mis libros queridos. Sugiere muchas reflexiones de un calado excepcional, pero hoy quiero destacar una referencia concreta sobre el descubrimiento del arte de la lectura, que cobra especial relevancia en su puesto actual de director de la Biblioteca Nacional de Argentina: “El descubrimiento del arte de la lectura es íntimo, oscuro, secreto, casi imposible de explicar, semejante al enamoramiento, si me perdonan la comparación sentimental. Lo adquiere uno solo, por su cuenta, como una especie de epifanía, o tal vez por contagio, al confrontarse con otros lectores”.

La lectura es un acto de libertad intelectual que se modula a lo largo de la vida, convirtiéndose poco a poco en arte. Desde la escuela infantil y hasta los últimos días de la vida, tenemos millones de posibilidades de leer todo lo que se pone por delante para invitarnos a dar forma a unos caracteres que en sí mismo no son nada sin nuestra intervención personal e intransferible porque, aunque alguna vez leamos algunas palabras junto a alguien, lo que se graba en cada cerebro es irrepetible. Como si fuéramos bibliotecas ambulantes conteniendo siempre lecturas diferentes de textos llenos de palabras sueltas o frases que hemos acumulado en ellas a lo largo de la vida.

En ese momento transcendental de descubrir el llamado “arte de leer”, es cuando cita Alberto Manguel la visita a Egipto del historiador Diodoro Sículo, en el siglo I a.C., en la que vio, en la entrada de las ruinas de una antigua biblioteca, la siguiente inscripción: “Clínica del alma”. Es verdad y como dice el autor, “tal vez esa pueda ser la aspiración definitiva de una biblioteca”. Maravilloso, porque en tiempos de silencio ético y cultural es necesario acudir a ellas (o a la nuestra), salvando lo que haya que salvar…, como cuando vamos al médico del cuerpo o de la mente humana.

(1) Manguel, Alberto (2017). Mientras embalo mi biblioteca. Madrid: Alianza Editorial.

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Hojas sueltas / 7. Sobre el Mundial de Fútbol 2026, ¡disculpen mi ignorancia!

Maradona

Sevilla, 11/VI/2026 – 12:21 h CET (UTC+2)

Sólo sé que no sé casi nada sobre fútbol. Aún siendo una constante irrefutable en mi azarosa vida, soy consciente de que hoy comienza a forjarse una oleada de optimismo a nivel mundial en el día que comienza la Copa Mundial de Fútbol 2026.

A modo de confesión pública sobre mi ignorancia supina sobre este deporte, rescato hoy esta “hoja suelta” de mi cuaderno digital, publicada en 2020, sobre una declaración de Jorge Luis Borges ante la pregunta de qué opinaba sobre Maradona, contestando de forma radical sobre su paisano y gran astro argentino: ¡Disculpen mi ignorancia!

De acuerdo con Eduardo Galeano, un sorprendente “mendigo del fútbol”, como se definía a sí mismo, comparto su crítica mordaz ante la deriva actual de este deporte, que se ha forjado ya para quedarse: “El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue».

Soy consciente también de que la mente humana se cerrará estos días por el Mundial de Fútbol, porque sólo se hablará de su eco a diario, eclipsando el principio de realidad de lo que está pasando y estamos viendo a diario, dónde millones de personas siguen sufriendo la indignidad humana, sin com-pasión (con guion) alguna.

Al buen entendedor, hoy, en el Día Mundial del Fútbol, con esta respuesta de Borges, asumida por mí…, basta: ¡Disculpen mi ignorancia!

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Sobre Maradona, ¡disculpen mi ignorancia!

Sevilla, 26/XI/2020

Cuentan los sabios del lugar que en cierta ocasión preguntaron a Jorge Luis Borges qué opinaba acerca de Maradona, a lo que el escritor -argentino como él- respondió: ¡Disculpen mi ignorancia! Cuando se lo contaron al jugador, hizo una jugada verbal perfecta y le devolvió la ironía de origen preguntando en qué equipo de fútbol jugaba Borges. Al escritor, todo lo relacionado con el fútbol lo sacaba de sus casillas: “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”. No llego a ese extremo de juicio, pero tengo que reconocer que el fútbol no me apasiona, aunque me asombra el seguimiento que tiene por millones de personas y el dinero que mueve, con frases de asombro vinculadas casi siempre a las cifras astronómicas derivadas de la compraventa de jugadores en los mejores mercados del mundo. Me reafirmo en el aserto de que todo necio confunde valor y precio.

Tengo que reconocer que este deporte, junto a la música militar, nunca me supo levantar. Soy respetuoso con la vida y milagros del jugador y mucho más desde que se ha conocido la ausencia a su cielo particular. No me gustan los panegíricos sobre él, que ahora se prodigan por tierra, mar y aire, donde se envuelve con palabras elogiosas su enorme capacidad para hacer magia con el balón, aunque de su auténtico persona de secreto sepamos poco. Así ha sido, hasta que un día se cruzó determinada condición humana en su vida, con el sobrenombre de adicción en sus variadas versiones, convirtiendo su figura en una máscara que escondía su verdadera condición humana, a la que siempre respeto por su base existencial y dado que nada humano me es ajeno.

Volviendo a Borges, recuerdo ahora que escribió en 1967 un cuento junto a Adolfo Bioy Casares con un título críptico, Esse est percipi (Ser es ser percibido, en Crónicas de Honorio Bustos Domecq), pero evidente en nuestros tiempos modernos y de coronavirus. He vuelto a leer un fragmento del mismo: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Reconozco que soy un espectador ignorante. Ya lo decía Hans Magnus Enszerberger, cuando hablaba de la ciudadanía “ignorante y molesta”, al referirse a las personas alejadas de las tecnologías de la información y comunicación, que no es mi caso, aunque hace ya mucho tiempo que entré -a juicio de muchas personas- en el colectivo de ovejas descarriadas de lo que está pasando y están viendo a través del fútbol: ¿No te has enterado? ¡Ha muerto Maradona!

Soy consciente de que Maradona ya no está con nosotros, en medio de estadios vacíos y ligas imposibles. Percibimos en estas horas posteriores a su fallecimiento, el gran espectáculo de su fútbol en un mundo que ya no es lo que era, porque Maradona fue una ilusión colectiva cuando los estadios representaban un género dramático, donde unos ganaban y otros perdían, con gran dolor de Borges. Ahora, todo es diferente en la nueva normalidad, pero siempre nos quedarán los sueños mágicos de Maradona en la malla pensante de la humanidad.

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Hojas sueltas / 6. Una vez más, ¡dejemos el pesimismo para tiempos mejores!

Fotocomposición / JA COBEÑA

Sevilla, 11/VI/2026 – 09:00 h CET (UTC+2)

Hoy publico una “hoja suelta” de mi cuaderno digital a la que tengo especial aprecio, porque simboliza una trazabilidad histórica personal sobre la importancia del mantenimiento de la coherencia en tiempos difíciles, así como las diferentes formas de expresar nuestro desencanto por lo que está pasando y estamos viendo.

Reitero lo manifestado en 2021: “Al intentar buscar salidas a mi asombro actual ante la continua manifestación de acciones y palabras del mundo al revés, cuando casi todo está patas arriba, he recordado palabras escritas cuando era joven y pensaba y actuaba como joven, en una etapa crucial en nuestras vidas, porque comenzábamos en este país a reconstruirlo al derecho, no al revés, a la izquierda y menos a la derecha, con la ilusión paradójica de dejar el pesimismo para tiempos mejores”.

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¡Dejemos el pesimismo para tiempos mejores!

Sevilla, 5/III/2021

Esta frase del título de las palabras de hoy, que todavía me quedan, la leí en una obra de Eduardo Galeano que suelo repasar con frecuencia: Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Cuenta el escritor uruguayo que “alguien, quién sabe quién”, la escribió al pasar, en un muro de la ciudad de Bogotá. Como alumno matriculado en esa escuela, sé que esa frase está incrustada en un capítulo que ayuda a entender ese mundo al revés que tanto sorprende a diario, de cuyo nombre quiero hoy acordarme: La contraescuela. Traición y promesa del fin del milenio.

En este contexto, he recordado que hace cuarenta y ocho años publiqué un artículo en la página de opinión de un periódico de Sevilla muy combativo en la Transición, El Correo de Andalucía (7/VIII/1977), que llevaba por título Un profeta para una pintada, que reproduzco a continuación, sobre la importancia de escribir grafitis en paredes desconocidas, a modo de páginas en blanco, sobre el desencanto existencial ante el mundo al revés, algo que traduce la expresión que encabeza hoy estas líneas.

“Padecemos un fenómeno alarmante: ausencia y fuga de profetas. Casi sin darnos cuenta, el mundo asiste a un espectáculo desenfrenado de comunicación de masas donde cualquier grito de denuncia es sofocado con insistencia machacona por aquellos «a quienes corresponde». Siempre queda en el aire un sector de los que tienen que callar por desgaste multisecular. He aquí la necesidad del profeta, de hombres y mujeres auténticos que hablen en lugar de otros, de los que no se erigen detentadores de todos los poderes a costa del propio ser humano, pero que conoce la vida en profundidad y grita en favor del que se siente sofocado.

Y su ausencia se nota. El grupo, el equipo, el partido, la confesión religiosa y así sucesivamente, sacrificando a menudo a los profetas, incluso a sus profetas, por un prurito de nombre, de clase, grupo o ideología compacta. Este ha sido el «milagro español» durante muchos años: fuga de cerebros, y por qué no, fuga de profetas, fuga de inteligencia y de voluntad, de corazón. Y el país lo nota.

No hace muchos días, vi una pintada en una calle céntrica de Sevilla que me recordó esta ausencia. Decía más o menos así: «A los de vida destrozada, ¿quién los reivindica?». Es verdad. Durante la última oleada electoral este grito hecho partido no se ha escuchado, porque los de «vida destrozada» comprenden un grupo amplísimo de mujeres y hombres que combaten diariamente a vida o muerte por la existencia. Es una neurosis de conflicto crónica y crítica, donde no hay tiempo para organizarse, porque la desconfianza en el propio ser humano es su mejor bandera.

Hubo ya un rabino jasidista, Bunam de Przysucha, que intuyó la dificultad de escribir algo sobre el hombre que fuera convincente y tuviera fronteras. Al calibrar la «locura» de su empresa dijo: «Pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo». Quizá sea ésta una razón metafórica inconsciente para no atender al interrogante de la pintada, porque indudablemente el parafraseado cuestiona la esencia humana y puede «amargar la existencia» a más de uno: «pensé un día reivindicar y decidí no hacerlo». Es el momento álgido: o profecía, o silencio culpable. Sin comentarios.

Afortunadamente, la ciudad va quedando más limpia. Pero, por favor, ésta pintada que no se borre. Puede ser que algún profeta se haga presente y se quede entre nosotros…”.

Al intentar buscar salidas a mi asombro actual ante la continua manifestación de acciones y palabras del mundo al revés, cuando casi todo está patas arriba, he recordado estas palabras escritas cuando era joven y pensaba y actuaba como joven, en una etapa crucial en nuestras vidas, porque comenzábamos en este país a reconstruirlo al derecho, no al revés, a la izquierda y menos a la derecha, con la ilusión paradójica de dejar el pesimismo para tiempos mejores. Les aseguro que es la palabra que me queda hoy en mi alma desconchada como la pared de la pintada, la de un pesimista que, según Benedetti, no es más que un optimista bien informado (1).

(1) Benedetti, Mario (2001). Haiku 123 en Rincón de haikus. Madrid: Visor Libros.

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Cerrado por Mundial de Fútbol 2026

Eduardo Galeano, Cerrado por fútbol

El fútbol es la única religión que no tiene ateos

Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra

Sevilla, 9/VI/2026 – 17:03 h CET (UTC+2)

El mundo al revés, tratado tantas veces en este cuaderno digital, siguiendo la estela literaria de Eduardo Galeano, vibrará en los próximos días con motivo de la celebración de la Copa Mundial de Fútbol 2026.

Siempre me ha llamado la atención la pasión de Galeano por el fútbol, sentimiento que se muestra abiertamente en una obra, Cerrado por fútbol, una recopilación de todos los textos que publicó en torno a este deporte, de la que aporto la sinopsis oficial de la editora: “Este libro reúne todos los textos que Galeano escribió sobre fútbol, la mayoría dispersos en su obra publicada, pero también varios inéditos y verdaderos hallazgos, como la crónica en la que, con sólo 23 años, llama «traidor» al Che Guevara en persona por haber adquirido en Cuba la pasión por el béisbol. Las páginas proponen un recorrido por la historia del fútbol, desde la época en que un jugador recibía una vaca por cada gol hasta el tiempo de los jugadores multimillonarios agobiados por el éxito, pasando por el relato de los diez futbolistas que se pintaron la cara de negro en solidaridad con su compañero discriminado por la hinchada; también hablan de Maradona, «el hombre que no podía vivir sin la fama que no lo dejaba vivir», y de Zidane, que en su último partido embistió a un rival y se retiró expulsado de un mundial mediocre. Eduardo Galeano creía que el fútbol expresaba «emociones colectivas», esas que generan «fiesta compartida o compartido naufragio, y existen sin dar explicaciones ni pedir disculpas». De esas pasiones habla Cerrado por fútbol”.

Es Galeano quien justifica el título paradójico de “Cerrado por fútbol”: “Cuando el Mundial comenzó́, en la puerta de mi casa colgué́ un cartel que decía: Cerrado por futbol. Cuando lo descolgué́, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido. Esa proeza me dejó frito, los músculos dolidos, la garganta rota; pero ya estoy sintiendo nostalgia”.

A modo de retrato personal de su curiosa “pasión” por el fútbol, nada mejor que leer sus palabras en el libro citado, bajo el título “Por qué escribo”: “Para empezar, una confesión: desde que era bebé, quise ser jugador de fútbol. Y fui el mejor de los mejores, el número uno, pero sólo en sueños, mientras dormía. Al despertar, no bien caminaba un par de pasos y pateaba alguna piedrita en la vereda, ya confirmaba que el fútbol no era lo mío. Estaba visto: yo no tenía más remedio que probar algún otro oficio. Intenté varios, sin suerte, hasta que por fin empecé a escribir, a ver si algo salía. Intenté, y sigo intentando, aprender a volar en la oscuridad, como los murciélagos, en estos tiempos sombríos. Intenté, y sigo intentando, asumir mi incapacidad de ser neutral y mi incapacidad de ser objetivo, quizás porque me niego a convertirme en objeto, indiferente a las pasiones humanas. Intenté, y sigo intentando, descubrir a las mujeres y a los hombres animados por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, más allá de las fronteras del tiempo y de los mapas, porque ellos son mis compatriotas y mis contemporáneos, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido. Intenté, intento, ser tan porfiado como para seguir creyendo, a pesar de todos los pesares, que nosotros, los humanitos, estamos bastante mal hechos, pero no estamos terminados. Y sigo creyendo, también, que el arcoíris humano tiene más colores y más fulgores que el arcoíris celeste, pero estamos ciegos, o más bien enceguecidos, por una larga tradición mutiladora. Y en definitiva, resumiendo, diría que escribo intentando que seamos más fuertes que el miedo al error o al castigo, a la hora de elegir en el eterno combate entre los indignos y los indignados”.

Galeano fue un mendigo del fútbol: “No tengo nada de original porque, como se sabe, en mi país las maternidades hacen un ruido infernal porque todos los bebés se asoman al mundo entre las piernas de la madre gritando gol. Yo también grité gol para no ser menos y como todos quise ser jugador de fútbol”. Junto a Benedetti, hicieron gala siempre de su pertenencia al equipo Nacional de Montevideo, mostrando Galeano esta pasión desbordada y desbordante en su obra Su majestad el fútbol, publicada en 1968.

Lo que nunca cegó su pasión por el fútbol, fue su crítica mordaz ante la deriva actual de este deporte, que se ha forjado ya para quedarse: “El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue».

La mente humana se cerrará estos días por el Mundial de Fútbol, porque sólo se hablará de su eco a diario, eclipsando el principio de realidad de lo que está pasando y estamos viendo a diario, muchos sufriendo la indignidad humana sin com-pasión (con guion) alguna.

Menos mal que Galeano sólo fue el mejor jugador del mundo en sus sueños: “Siempre jugué muy bien, la verdad maravillosamente bien. Era el mejor de todos, pero sólo de noche mientras dormía”. Haber optado por ser escritor es lo que hoy agradezco, para aprender de él, siempre muy despierto, porque cuando escribía “le dolía el dolor ajeno y gozaba del ajeno placer», intentando que fuéramos “más fuertes que el miedo al error o al castigo, a la hora de elegir en el eterno combate entre los indignos y los indignados”.

Palabras de Galeano, mendigo confeso del fútbol digno, aunque siempre reconoció que este deporte “no era lo suyo”. Tampoco… “lo mío”.

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Con gratitud plena, los cumpledías de Mario Benedetti están presentes hoy en mi vida, como siempre

mario-benedetti
Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1929 – Montevideo, Uruguay, 2009)

Dedicado especialmente a todas las personas que hoy se acordarán de mí por mi cumpledías. También, a los que me acompañan sin descanso alguno, día a día y de una forma u otra, en este largo y complejo desfiladero vital.

A todos y a todas, les entrego hoy estas palabras de agradecimiento, un regalo con estela y profunda gratitud (1).

Sevilla, 7/VI/2026 – 08:14 h CET (UTC+2) / Actualizando la hoja suelta original de 7 de junio de 2021

Mi infancia son recuerdos de mi nacimiento, tal día como hoy, hace setenta y nueve años, en una calle de Sevilla, Jesús del Gran Poder, en un edificio cargado de historia (todavía en pie), porque se construyó en el siglo XIX sobre el solar que quedó al derribarse, después de la desamortización de Mendizábal, el Colegio de la Purísima Concepción regentado por los Jesuitas y que hacía esquina con la calle Becas, edificio en el que se alojaba también un cine de verano con nombre programático: Ideal.

Tengo solo vagos recuerdos de aquellos primeros años, antes de viajar a Madrid como niño del Sur, para quedarme allí durante bastante tiempo y sin volver más a esta tierra que me vio nacer. Así empezaban unos apuntes de la autobiografía que comencé a escribir en 2014, Cinema Ideal, que abandoné unos meses después porque sentí el vértigo del rabino jasidista, Bunam de Przysucha, que intuyó la dificultad de escribir algo sobre el hombre, que fuera convincente y tuviera fronteras: al calibrar la «locura» de su empresa dijo: «Pensaba escribir un libro cuyo título seria «Adán», que habría de tratar del hombre entero. Pero luego reflexioné y decidí no escribirlo». Calibré mi locura y decidí no escribirla.

Hago esta reflexión hoy porque el título que escribí en aquellos días era, en el fondo, un homenaje a una película que me ha marcado para siempre: Cinema Paradiso. Mi vida ha sido también una película sin fin, de muchos géneros en uno solo: vivir apasionadamente. Me sentí reflejado en la misma de principio a fin, por el amor al cine, porque siendo muy niño hacía mis propias películas con dibujos animados, impregnándolos en aceite que, una vez secos, los unía y pasaba por rodillos laterales de un escenario, también hecho a mano, para imprimirles movimiento a demanda. Más o menos, observando aquel descubrimiento mágico con la cara de Totó, mi querido protagonista de la película de verdad, que sigue presente en la imagen de la portada de este cuaderno digital. También, porque seguí siempre el consejo de su gran amigo Alfredo cuando decía a ese niño que amaba tanto el cine, mi alter ego, que debía salir de sí mismo para buscar islas desconocidas, las que describía extraordinariamente Jose Saramago en su cuento “La isla desconocida”. En aquella escena memorable de la estación, Alfredo, ya ciego por el incendio del cine, le dice en un susurro inolvidable a Totó: “La vida es más difícil… Márchate…, el mundo es tuyo, … no quiero oírte más, solo quiero oír hablar de ti… Hagas lo que hagas, ámalo”. Le ayudó a salir de su zona de confort y nunca he olvidado aquellas escenas ni aquellas palabras. Todo un símbolo: hagas lo que hagas, ámalo.

En este contexto de visita al alma de secreto, repasando en mi matusalénica edad lo que he hecho, amándolo, reinterpreto de nuevo el poema Como siempre, de Mario Benedetti, el día que cumplo veintiocho mil ochocientos treinta y cinco días, aplicando sus palabras en primera persona, porque así lo he leído siempre en lo más íntimo de mi propia intimidad. Es verdad, porque esta matusalénica edad no se me nota cuando en el instante en que vencen los crueles entro a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. He alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que mi manantial mane amor sin miseria.

Soy consciente de que los que me desean hoy un feliz cumpleaños es a veces injusto, porque he tenido la suerte de disfrutar de felices cumpledías, no olvidando tampoco que aunque nada me ha sido fácil en mi vida, eso mismo me ayuda hoy a afirmar mi bienaventuranza diaria.

Para mí no es novedad que mucha gente de este mundo me aprecie, pero sé distinguir muy bien quien me quiere de veras, aunque mi corazón sabe quién me quiere un poquito más que el mundo.

Son palabras que regalo a los que me felicitan por mi cumpledías diario, sintiéndome alguien especial el día que cumplo novecientos cuarenta y ocho meses, otra versión de cumpledías acumulados, entrando a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias y desarbolando los nudosos rencores.

Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Gracias por haber llegado hasta aquí en la lectura de estas palabras, que aún me quedan, tal y como aprendí de Blas de Otero. Para mí, el mejor regalo hacia ti, lector o lectora, como símbolo de mi gratitud plena.

(1) Cobeña Fernández, José Antonio (1987). La estela del regalo, en Teatro de barrio. Huelva, pág. 99.

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