Sevilla, 5/VI/2026 – 16:47 h CET (UTC+2) / Actualizado a las 19:15 h
El martes pasado se entregaron los premios del VII Concurso de Microrrelatos, organizado por el Club Santa Clara, en esta ciudad, al que me presenté con un texto bajo el título: Una fresa llamada “Dignidad”. Aunque no gané el primer premio en la categoría “Senior”, sí lo han publicado en el libreto que recopila los textos premiados y algunos más por menciones del Jurado calificador, entre los que se encuentra el mío, que agradezco en su fondo y forma.
Hoy, lo entrego a la Noosfera y, sobre todo, a quienes estaba dirigido, los miles de temporeros agrícolas, migrantes, que año tras año recogen fresas y otros frutos rojos, como muestra simbólica, nada más, de los centenares de miles que viven en situación irregular y que gracias a la legislación reciente están viviendo con ardiente impaciencia su regularización digna en nuestro país, alcanzando ya la cifra de 550.000 solicitantes. Bienvenidos sean, porque para mí no son extranjeros, sino vecinos dignos de este país, tal y como lo aprendí en su día de Eduardo Galeano: “Tu dios es judío, tu música es negra, tu coche es japonés, tu pizza es italiana, tu gas es argelino, tu café es brasileño, tu democracia es griega, tus números son árabes, tus letras son latinas. Yo soy tu vecino. ¿Y tú me llamas extranjero?” (Extranjero, en El cazador de historias).
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Una fresa llamada “Dignidad”
Fátima, Marta y Leonardo, conocían a todas las fresas por su nombre, su variedad: Camarosa, Tioga, Sabrosa, Fortuna, Ventana, Chandler, San Andreas, Oso Grande y Primoris.
A todas las trataban con un cuidado especial, cortándolas de su tallo con esmero para no dañarlas y colocarlas para ser envasadas, no perdiendo su belleza natural. Sus espaldas se resentían del esfuerzo al realizar su trabajo durante horas eternas.
Un día, al finalizar su trabajo como migrantes marroquíes, se acercaron a la nave de envasado y descubrieron un cartel con tres iniciales “DIG” , en una cinta de transporte de cajas ya preparadas para su distribución y consumo. Se acercaron para leer las etiquetas de cada envase, descubriendo el misterio de aquellas iniciales: la variedad era desconocida para ellos, “Dignidad”. Se les cayeron unas lágrimas y creyeron que lo que habían leído era sólo un sueño.
Volvieron al barracón donde vivían junto a otros compañeros y compañeras, contándoles lo ocurrido, que los esperaban para hablarles de otro sueño a punto de cumplirse: su situación personal, tan precaria como migrantes, se iba a regularizar.
Todos acordaron que a partir de ese día, las fresas se llamarían “Dignidad”, una variedad especial.
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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Que en belleza camine. Que haya belleza delante de mí y belleza detrás y debajo y encima y que todo a mi alrededor sea belleza a lo largo de un camino de belleza que en belleza acabe.
Eduardo Galeano, Quise, quiero, quisiera, del «Canto de la noche», del pueblo navajo, en El cazador de historias
Sevilla, 3/VI/2026 – 09:04 h (UTC+2)
La elección de la “hoja suelta” de hoy, como siempre, no es inocente, porque responde en mi tiempo de silencio a un contexto sociopolítico mundial que es la antítesis de la belleza. Necesito aferrarme a principios éticos que me permitan pisar el suelo firme de mi existencia, en una búsqueda constante del “principio esperanza” envuelto en la belleza de vivir despiertos, superando la ceguera de este mundo al revés.
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Camino en belleza para que todo en belleza acabe
Sevilla, 4/XII/2021
Hoy, como casi todos los días cuando me pongo a escribir sobre la página en blanco, he tomado conciencia de algo que aprendí de Eduardo Galeano leyendo su precioso libro, El cazador de historias: “Camino y en mis adentros las palabras caminan también, en busca de otras palabras, para contar las historias que ellas quieren contar. Las palabras viajan sin apuros, como las almitas peregrinas que vagan por el mundo y como algunas estrellas fugaces que a veces se dejan caer, muy lentamente, en los cielos del sur. Las palabras caminan latiendo. Y en esos días, por pura casualidad, me entero de que en lengua turca caminar y corazón tienen la misma raíz (yürümek, yürek) (1).
En la serie que dediqué este verano a Eduardo Galeano, bajo el epígrafe “El buscador de historias”, comencé esa andadura con unas palabras dedicadas a los caminantes del mundo, en las que decía que él había escrito ese libro a modo de testamento espiritual, porque “a través de innumerables historias nos entrega su alma convertida en palabras recogidas en cuatro capítulos de su vida, «Molinos de tiempo», «Los cuentos cuentan», «Prontuario» y «Quise, quiero, quisiera», que agrupan palabras sentidas y sintientes para él y para todos, en un ejemplo de su generosidad literaria y de compromiso activo a través de la palabra. El último, «Quise, quiero, quisiera», corresponde al poema navajo [que da título a estas palabras] y que escogió personalmente para abrochar su obra, con tres tiempos verbales que encierran en sí mismos toda su vida y que he elegido para abrir el largo caminar de estas líneas”.
Caminar y buscar se funden en un abrazo de la vida que me acompaña todos los días para seguir caminando el mundo en el que vivo, estoy y soy. Siento como mías las palabras de Galeano, porque en cada camino y búsqueda diaria del sentido de la vida, las palabras caminan también en mis adentros, “en busca de otras palabras, para contar las historias que ellas quieren contar”, como me ocurre ahora mismo al teclearlas y dejarlas con su vida adentro. Sé que ellas viajan sin apuros, porque caminan latiendo, sobre todo cuando ya sé que en nuestros antepasados turcos, caminar y corazón tienen la misma raíz (yürümek, yürek).
En la orilla que me encuentro en la actualidad, en la singladura que inicié hace unos días para seguir buscando islas desconocidas de esperanza, en un mundo terco que se encarga a diario de arrebatárnosla, considero que Galeano me acompaña para hacer este camino o singladura, tanto monta monta tanto, cuando pasado el ecuador de esta pandemia nos acercamos a una isla especial que suele inspirar también mi alma de secreto y, a veces, la de todos: el principio esperanza, que se inspira en el camino de la belleza que puede presentarse en la vida de cada uno cuando nos lo proponemos: Que en belleza camine. / Que haya belleza delante de mí / y belleza detrás / y debajo / y encima / y que todo a mi alrededor sea belleza / a lo largo de un camino de belleza / que en belleza acabe. Él lo cuenta de una forma especial al detallarnos la historia de la tribu Pawnee, junto al río Platte, en el relato Las Estrellas (2), del que he escogido sus palabras finales, porque representan lo que me ha sucedido a lo largo de la vida, fundamentalmente porque soy un caminante del mundo que late a través de la palabra, que nos queda y… además, es bella:
A orillas del río Platte, los indios pawnees cuentan el origen. Jamás de los jamases se cruzaban los caminos de la estrella del atardecer y la estrella del amanecer. Y quisieron conocerse. La luna, amable, las acompañó en el camino del encuentro, pero en pleno viaje las arrojó al abismo, y durante varias noches se rio a carcajadas de ese chiste. Las estrellas no se desalentaron. El deseo les dio fuerzas para trepar desde el fondo del precipicio hasta el alto cielo. Y allá arriba se abrazaron con tanta fuerza que ya no se sabía quién era quién. Y de ese abracísimo brotamos nosotros, los caminantes del mundo.
(1) Galeano, Eduardo, El cazador de historias, 2016. Barcelona: Siglo XXI España.
(2) Galeano, Eduardo, Ibidem, p. 20.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Ayer falleció José Manuel Blecua, exdirector de la Real Academia Española de la Lengua, un guardián de las palabras de nuestro idioma, tantas veces citado en este cuaderno digital.
Hoy, quiero hacerle un pequeño homenaje porque descubrí en él un gran principio en el arte de escribir, porque al hacerlo copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado.
Le debo siempre esta lección bien aprendida, que deseo compartir de nuevo con la Noosfera, publicando hoy una hoja suelta de 2025. Nunca lo olvido en el momento de escribir, cuando me enfrento a la hoja o pantalla en blanco.
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Ningún día sin escribir, aunque sólo sea una línea
Sevilla, 17/VII/2025 – 18:05 h (CET+2)
He recordado hoy que hace tres años escribí en este cuaderno digital unas líneas que tienen una intrahistoria muy interesante y que para mí justifican por qué lo hago de esta forma hace ya veinte años, exactamente en 2005, cuando comenzaba esta apasionante aventura digital. En mi forma de entender la escritura circular, vuelvo a publicar aquella reflexión sobre la necesidad de escribir cada día, aunque sólo sea una línea (Nulla die sine línea), reforzando una vez más mi justificación de por qué lo hago, utilizando además este medio.
Si tuviera que explicar una y mil veces por qué escribo, creo que encontraría su justificación en una expresión atribuida por Plinio el Viejo al pintor Apeles de Colofón (isla de Cos, 352-308 a.C.), Nulla die sine línea, porque no pasaba día alguno sin que utilizara el pincel, aunque fuera solo para trazar una línea. Apeles era muy celoso de su trabajo y cuentan también que una vez pronunció otra frase, quizá impertinente, que tampoco he olvidado, pero que dejaba ver a través de sus pinceles su auténtica persona de secreto, Ne supra crepidam sutor judicaret: el zapatero no debe juzgar más arriba de las sandalias. ¡Valiente atrevimiento el del zapatero! Todo, porque contemplando un día una obra suya, ya había mostrado su insolencia al hacerle un comentario, a priori constructivo, sobre un fallo en el diseño de las sandalias del cuadro. Apeles, todo orgullo, corrigió el fallo. Y cuando pensó que el zapatero ya no hablaría más, ¡zás!, vuelta a empezar. Ya no solo estaba el fallo en las sandalias, dijo el humilde zapatero, sino también en la forma de las piernas pintadas en el cuadro. No sabemos si siguió opinando sobre otras zonas del cuerpo pintado por Apeles, ante su monumental enfado. Solo que le espetó la enigmática frase que después ha derivado en otra más popular: Ne supra crepidam sutor judicaret o, lo que es lo mismo hoy día, ¡zapatero, a tus zapatos!
También sé que Jean Paul Sartre, autor muy cuidado por mí durante mis años jóvenes, la citó en su autobiografía Les Mots, pero aplicada a la escritura, quizás buscando pintar palabras: “Escribo siempre. Que más podría hacer? Nulla dies sine linea. Es mi costumbre y, además, mi oficio”. Tengo que afirmar que ahora, en mi cumpledías diario y llegado a una matusalénica edad, que diría Benedetti, procuro escribir todos los días líneas con palabras, cada día unas líneas, motivado por muchas razones que ya he expuesto en diversas ocasiones en este cuaderno digital, aunque eche de menos la caligrafía que me enseñó mi querida maestra Doña Antonia a la que nunca olvido, cuando me cogía la mano derecha para rotular mi cuaderno de “diario”, a plumilla y tinta negra, con una maravillosa letra inglesa que sólo ella sabía trazar con su sabiduría infinita.
Hace once años justifiqué por primera vez por qué escribía. Repaso aquellas palabras, en un ejemplo claro de escritura circular en este cuaderno digital, porque sigo pensando lo mismo, fundamentalmente porque forma parte de mis principios y no tengo otros. Escribir todos los días, aunque sea tan solo una línea, tiene un misterio intrínseco a su razón de ser y existir, que deseo revelar en lo que me afecta personalmente a esta pregunta . ¿Por qué escribo? En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Cada vez que me enfrento a esta realidad, recuerdo algo que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).
En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que he llamado a veces “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida decidiendo. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora.
En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada pero, si le falta alma, no es nada (1): “Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo”. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar”. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión.
Después de muchos años de oficio vital, a diferencia del de Jean Paul Sartre, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel de Literatura en 2006: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”. También, porque en ese acto manifestó que escribía porque solamente modificando la realidad podía soportarla. En definitiva, lo hacía para ser feliz.
José Manuel Blecua, exdirector de la RAE, dijo en cierta ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”.
También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas…, aunque tan solo sea una línea, pero con alma.
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UCRANIA, GAZA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL
La hoja suelta que publico hoy, es la primera declaración de principios que hice el 11 de diciembre de 2005, primer día de vida digital de este cuaderno-blog, en la que me comprometí no olvidarla cada día al enfrentarme a la hoja en blanco y para que fuera siempre su hilo conductor.
Pasados veinte años de esta experiencia vital, compartida estadísticamente hasta hoy con más de dos millones y medio de lectores y lectoras, soy consciente de que estas entregas a la Noosfera han sido fiel reflejo de mi compromiso para destejer las tramas de cada día, con el objetivo de compartir este trabajo de rueca digital, en un mundo al revés, escribiendo en páginas en blanco de este cuaderno digital como si cavara un pozo con una aguja, tal y como lo aprendí de Orhan Pamuk,a través de unas palabras pronunciadas en el discurso del acto de entrega del Premio Nobel de Literatura 2006: Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla, […] escribo para ser feliz.
Gracias de nuevo, lector o lectora, gracias por haberme acompañado hasta aquí a lo largo de estos veinte años, camino ya de los veintiuno. Lejos de pararme, sigo haciendo camino al andar. Con tu quiero y mi puedo, recordando a Mario Benedetti y a Ricardo Cantalapiedra, obligatoriamente obligado a seguir comprometido con el mundo de todos (Rafael Ballesteros, dixit) y guardándome lo que entiendo por verdad, porque sigo buscándola junto a la de los demás, como homenaje personal, diario, a mi paisano Antonio Machado.
Gratitud plena, siempre gratitud.
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Declaración de principios
Sevilla, un lugar de Andalucía (España), 11 de diciembre de 2005 [actualizado hoy]
Inicio una etapa nueva en la búsqueda diaria de islas desconocidas. Internet es una oportunidad preciosa para localizar lugares que permitan ser sin necesidad de tener. La metáfora usada por Saramago en su obra «El cuento de la isla desconocida», será una realidad cuando ante el fenómeno de la hoja en blanco, teniendo la oportunidad de decir algo, ésto sea diferente y sirva también para los demás. Entro por la Puerta del Compromiso (citada en el cuento). Es lo que aprendí también, hace ya muchos años, de Ítalo Calvino en su obra póstuma «Seis propuestas para el próximo milenio»: «…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial» (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Detalle de las campanas y sus melenas, en La Giralda de Sevilla
Sevilla, 22/V/2026 – 09:23 h CET (UTC+2)
Respetando el arte de callar tantas veces citado en este cuaderno digital, durante el tiempo de silencio anímico en el que vivo actualmente y del que sólo saldré cuando deba decir algo más importante que lo sustituya, he entrado en mi biblioteca, a la que llamo también mi clínica del alma, buscando a Antonio Machado y recordando su poema A un olmo seco (Campos de Castilla, CXV), escrito en Soria en la primavera de 1912, en momentos personales muy delicados por la enfermedad reciente de Leonor, su compañera tan amada y necesaria en su vida, que fallecería el 1 de agosto de ese año. Es la razón de por qué, hoy, dejo de callar aunque sólo sea por un momento.
En este poema, Machado refleja su dolor personal asimilándolo al del olmo seco, herido, en el que al contemplarlo atisba un rayo de esperanza en su vida:
Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.
Añora la ausencia, junto a él, de álamos cantores que suelen albergar ruiseñores, como nos sucede en la vida ordinaria al sentir la lejanía de personas y situaciones políticas, portadoras de buenas noticias:
No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores.
Un olmo así o una persona afectada por el rayo de la vida y por la edad, tiene muchos destinos, del que destaco uno, precioso, que me ha llamado la atención. Me refiero al verso en el que Machado escribe sobre uno de los destinos de la madera del olmo derribado, propios de su época, al poder convertirse también en melena de campana (1):
Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta;
Es una expresión muy desconocida en la actualidad, pero que encierra un mensaje esperanzador. La melena o yugo, armazón de madera [de olmo] unido a la campana que sirve para voltearla, tiene un papel transcendental en los campanarios de nuestros pueblos y ciudades porque, gracias a sus “melenas”, las campanas puedan voltear y sonar por sus propios medios manuales o mecánicos. Me ha parecido una comparación que viene ahora como anillo al dedo, porque hace falta mucha resistencia física, psíquica y social para que nuestra vida voltee y suene como una campana, aferrados solamente a la quintaesencia de nuestras personas de secreto y a la ética que fundamenta nuestras vidas y todos los actos humanos.
Recordando la melena de la campana, Machado anota también en su cartera “la gracia de su rama verdecida”, la que ya observó en su primer verso. Y me recuerda hoy algo muy importante junto a un olmo seco o a nuestras almas dolidas y dolientes: nuestros corazones pueden esperar siempre que se haga la luz y la vida en nuestra particular existencia, porque son imprescindibles para seguir viviendo. Además, en tiempos de tanta convulsión política y de silencio, las necesitamos desesperadamente, tal y como lo expresaba Machado en sus versos finales que hoy, al interrumpir el silencio, no olvido:
Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.
También, personalmente, espero otro milagro del próximo verano y del otoño que sigue, para volver a ser melena de campanas con la compañía de Machado, cuando ya en Baeza, en el Sur que siempre existió en su alma solitaria y poética, cantó de nuevo a Leonor en el otoño de su existencia, en versos que inundan el alma de sana melancolía: Los caminitos blancos / se cruzan y se alejan, / buscando los dispersos caseríos / del valle y de la sierra. / Caminos de los campos… / ¡Ay, ya no puedo caminar con ella! (Caminos, CXVIII). Sobre todo, porque la esperanza del corazón nunca debe ser olvido de nada, de nadie, de lo que tanto quieres.
(1) Melena 6.f.: yugo de la campana (se introdujo por primera vez, como 6ª acepción, en el Suplemento del Diccionario de la lengua española (Usual), Decimonovena edición, Real Academia Española, Madrid: Espasa-Calpe, 1970. Yugo 2. m. Armazón de madera unida a la campana que sirve para voltearla (REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8.1 en línea]. <https://dle.rae.es> [21/5/2026].
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Lo dije el día después de las anteriores elecciones al Parlamento de Andalucía 2022 y lo repito hoy: preferiría, como Bartleby el escribiente, no escribir hoy estas palabras. Los resultados de estas elecciones ayer, llevan a entonar una canción triste para la izquierda genérica, aunque tiene nombres y apellidos en Andalucía y todas no son iguales. El estribillo podría decir así: la izquierda desunida, siempre será vencida. Así ha sido. Se veían venir estos resultados y para los demócratas son incontestables, con un reconocimiento a la grandeza del voto y su consecuencia en las urnas, que ha llevado a un éxito sin paliativos de la derecha. Siendo esto así, creo que es necesario evaluar lo ocurrido, porque aprendí hace ya muchos años que hacerlo nos permitirá emitir juicios bien informados.
En primer lugar, el gran vencedor de estas elecciones ha sido, una vez más, el Partido Abstencionista. Según los datos provisionales a la hora de escribir y publicar este artículo, ofrecidos por la Web oficial del Gobierno Andaluz, la abstención ha sido del 35,15%, lo que suma un total de 2.287.141 personas que no han emitido su voto, sobre un total de 6.505.173 electores. Hay que relacionarlo, por ejemplo, con el vencedor en las urnas, con votos emitidos, el Partido Popular, que ha obtenido 1.735.819 votos. Ya es, desgraciadamente, un clásico popular porque en los anteriores comicios ocurrió prácticamente igual, es decir, en 2018 fue del 43,44% y en 2022, el 41,64%, un total muy preocupante de 2.656.064 personas, aunque hay que reconocer que la abstención ha bajado un 8,71% respecto de 2022, quedando en esta ocasión en un total de 2.287.141 de personas que no han emitido su voto, cifra que sigue siendo muy preocupante.
En la serie que he publicado con carácter antecedente en este cuaderno digital, ya avisaba en el segundo artículo, Ideología, ideología, Ideología, que esto podría ocurrir de nuevo y que es un mal signo democrático. Decía en aquella ocasión que “Creo que ante la convocatoria de las próximas elecciones al Parlamento de Andalucía, estamos obligatoriamente obligados a votar, por diversas razones. La primera, porque la democracia se construye entre todos y la traducción inmediata para vivir en ella es formar parte activa de su configuración que, hoy por hoy, pasa por participar en procesos electorales y ser consecuentes con lo que cada uno vota. La segunda razón estriba en ejercer la responsabilidad activa de ciudadanía, porque ser responsable es la conjunción de conocimiento y libertad. Conocimiento, porque la inteligencia es el bien más preciado para vivir dignamente, entendida como la capacidad de resolver problemas en el día a día, considerando siempre que es lo más bello que tiene el ser humano. Guido Orefice o Roberto Benigni, tanto monta-monta tanto, el protagonista de La vida es bella, explicaba bien cómo podíamos ser inteligentes al soñar en proyectos: poniendo (creando) una librería, leyendo a Schopenhauer por su canto a la voluntad como motor de la vida y sabiendo distinguir el norte del sur. También, porque cuidaba de forma impecable la amistad con su amigo Ferruccio, tapicero y poeta. Hasta el último momento. Y la libertad, sin ira, libertad (¡Ay, Jarcha!), para dar respuestas a las cuestiones cotidianas en las que estamos inmersos en el acontecer diario. Esa es la dialéctica de la responsabilidad, conocimiento más libertad, entendida como respuestabilidad (perdón por el neologismo), quedando probado que se puede librar de convertirse en mercancía cuando se sabe distinguir valor y precio. En tercer lugar, porque hay que pensar en el día después de las elecciones, porque detrás del voto debe haber siempre un compromiso activo con mi voto fiado a terceros que probablemente ni conozco, a través de un papel de color blanco, alargado como la sombra ética y decente que lo protege. Es decir, tengo que mantener activo el compromiso diario de mi opción a través de la participación activa, como ciudadano o ciudadana que vive en un ámbito local concreto, en la consecución de aquellos objetivos que me han llevado a elegir una determinada opción política volcada en un programa, que nunca se debe entender como flor de un día. El éxito político, como el campo, es para quien lo trabaja y no hay que olvidar que cuando la política se entiende así, podemos ser protagonistas de la misma en mi casa, mi barrio, mi trabajo, mi ciudad, mi país o, simplemente, entre mis amigos o familia del alma. Somos, como bien decía Aristóteles, animales políticos queramos o no decirlo o sentirlo en lo más íntimo de nuestra intimidad. Lo que no se comprende es la abstención masiva, dejar pasar una ocasión mágica de la democracia, no depositando el voto, dejando que la Comunidad Autónoma de Andalucía viaje posiblemente, de nuevo, hacia ninguna parte, como si la cosa política, la res pública, no fuera cosa de todos, a pesar de lo que muchas personas piensan en la actualidad, que la política es uno de los principales problemas de este país. El Partido Abstencionista prepara ya, apasionadamente, estas elecciones en Andalucía. Estamos avisados”.
He querido reproducirlo de forma íntegra porque era un aviso para navegantes electorales y así ha ocurrido. Lo que es indudable ante los resultados obtenidos ayer en Andalucía, es que algo grave está pasando en este país y en esta Comunidad Autónoma, entre otras, cuando se está dando este espectáculo antidemocrático de la abstención, en el sentido etimológico del término «democracia», que conlleva siempre la participación en las cosas de la ciudad, porque los que alardean de que “no son políticos” y no están de acuerdo con la política tal y como está y se ejerce, tienen la posibilidad de hacerlo en blanco, pero no renunciar a un derecho fundamental, constitucional (Constitución Española, Art.23.1), de «participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal» y a un deber inherente a todo ciudadano responsable.
En segundo lugar, hay que analizar lo que ha ocurrido con la nueva derrota, sin paliativos, de la izquierda global, aunque reconociendo el buen resultado obtenido por Adelante Andalucía, por su trabajo electoral bien hecho. Ya lo experimentamos en la convocatoria a estas elecciones en 2018 y 2022, repitiéndose de nuevo la historia con lo que pasó ayer. ¿Qué pasa en la izquierda de Andalucía y con el PSOE concretamente? Hablo en presente porque creo que es necesario hacer un examen profundo de la situación actual de la denominada “izquierda” (para entendernos) y no quedarnos solo en lanzar ataques furibundos sobre todo el espectro del centro y de las derechas y su más allá, como una mal entendida defensa para justificar lo ocurrido ayer. La democracia nos enseña que hay que respetar de forma casi reverencial el resultado de las urnas. Las razones que han llevado a la derrota de la izquierda deben ser expuestas siempre de forma muy clara y de la forma más homogénea posible, impulsando sobre todo la transformación social, no solo los cambios, cuidando con esmero a los más débiles para alcanzar entre todos otro mundo posible. La fractura de la izquierda no ha hecho otra cosa en los últimos años que entorpecer con su división esta noble tarea de transformación. Así de claro y alto. Otra cosa es conformarnos con lo ocurrido y dejar que todo siga igual. Salvo error por mi parte en el rastreo técnico que he efectuado para evaluar lo ocurrido con la izquierda, creo que todavía no se ha hecho en Andalucía un examen a fondo de las circunstancias de texto y contexto en torno a las elecciones de 2018 y 2022, porque de aquellos polvos vienen hoy estos lodos de fracaso y abstención. La crisis global de la izquierda data ya de hace varios años, quizá demasiados, donde se han ignorado continuamente las señales de falta de identidad de la militancia activa y pasiva en torno al espectro de la denominada izquierda. Lo ocurrido ayer ha sido el resultado flagrante, a modo de crónica, de un desastre anunciado, por el rebosamiento de la grave fractura de la izquierda. ¿Por qué un absentismo también de la izquierda tan abrumador y lejano del derecho a votar? Creo que, fundamentalmente, porque hay una ausencia pavorosa de ideología política en general y en la izquierda en particular, lo que conlleva que no existan programas políticos acordes con la realidad social a la que el Gobierno debe servir, respetando siempre el interés general y, por supuesto, carencia clamorosa de líderes que lleven adelante estos programas, instalándose masivamente en la sociedad la “mediocracia”, el gobierno de los mediocres, que nos invade por tierra, mar y aire y a la que he dedicado bastantes artículos en este cuaderno digital.
Lo he manifestado en muchas ocasiones, con una expresión acorde con el momento actual, cuando no existe la ideología: Mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra. Si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en los que nos gobiernan. Cuando se instalan en nuestras vidas, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que un mediocre, además triste y tibio. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones.
De nuevo, acudo a mi suelo firme, a la solería ética de mi vida, a mis principios políticos aprendidos de la didáctica de la izquierda ideológica, no inocente, según Lukács, a quien profeso un gran respeto desde mis años jóvenes: “no hay ninguna ideología inocente: la actitud favorable o contraria a la razón decide, al mismo tiempo, en cuanto a la esencia de una filosofía como tal filosofía en cuanto a la misión que está llamada a cumplir en el desarrollo social. Entre otras razones, porque la razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y; por tanto, impulsándola o entorpeciéndola” (1).
La ideología es una proyección fantástica de la inteligencia, entendida ésta como la capacidad que tiene todo ser humano para resolver problemas, gran objetivo de la política a través de programas electorales. La inteligencia que vehiculizamos a través de la ideología podemos llamarla inteligencia social o inteligencia política, porque es evidente que ésta no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja lo que está pasando en el mundo que nos rodea y cómo se reacciona ante estos momentos poselectorales donde se decide cómo se van a abordar los problemas reales y actuales en Andalucía, a través de los programas de los partidos que participen en esta legislatura, ya sea con mayoría absoluta o desde la oposición.
Por último, vuelvo a mi rincón de pensar y a intentar colaborar en el resurgimiento de la ideología de izquierda que nos permita volver a creer que unidos por la ideología común política, no seremos vencidos, porque es posible transformar la sociedad, no sólo cambiarla, estando muy cerca de los nadies de Galeano, en particular, a los que no pienso olvidar, así como de la lucha por un mundo mejor, en el que superemos este momento gris y amargo en el que la desolación y el abandono del barco de la izquierda pretenden imponerse. Lo hago porque creo que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas de Andalucía por donde pasarán las personas con ideología de izquierda que colaboren a construir una sociedad mejor, sin excluir a nadie en esta preciosa tarea.
(1) Lukács, G. (1976). El asalto a la razón. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
La ética del voto también existe, sobre todo porque un día como hoy, en el que se vota a los partidos, federaciones, coaliciones y agrupaciones de electores y electoras para elegir a los representantes legítimos al Parlamento de Andalucía, se debe hacer un homenaje al suelo firme de la vida, a la solería ética que justifica todos los actos humanos, incluso el de votar. Las estrellas de ocho puntas, tan presentes en azulejos y solerías andaluzas, como la que elegido como símbolo en la imagen de este artículo, muestran con su geometría la importancia de los edificios de base cuadrada que representan la estabilidad tanto terrenal como cósmica en la tierra, al igual que ocurre con la solería ética de la vida: “De la prolongación hacia el infinito de las líneas de esta estrella van surgiendo otras de distintos tamaños que además configuran otros cuerpos que podríamos juzgar de menor importancia, pero sin los cuales no se reproducirían periódicamente los principales” (1).
Como ocurría con los mandamientos de mi infancia, todo lo que se diga en torno a estas elecciones tan controvertidas se encierra en dos decisiones extraordinarias: el voto y el respeto al interés general cuando se lleva a cabo como derecho fundamental en este país. Siempre me ha gustado asimilar la ética a la solería de nuestras casas. Así lo aprendí del profesor López-Aranguren hace ya muchos años, cuando comparaba la ética al suelo firme que justifica todos los actos humanos a lo largo de la vida: es la “raíz de la que brotan todos los actos humanos, o todavía mejor, el suelo firme que justifica dichos actos, en definitiva, una forma de vida”. Y es verdad, porque la ética no debería estar sometida a la moda o al mercado, como una mercancía más, como sucede ahora, porque bien entendida es una actitud permanente ante la vida personal y social, pública y privada, sostenida en el tiempo que corresponda vivir a cada uno, es decir, una forma de vida.
Hace casi 43 años que publiqué un artículo en el diario ODIEL, en Huelva, que llevaba por título “Ética del Municipio” (viernes, 27 de mayo de 1983), en pleno ecuador de mi vida. Hoy, vuelvo a recuperar aquellas palabras, en un contexto diferente, pero leído entrelíneas y salvando lo que hay que salvar, es lo que desearía reafirmar de nuevo de forma sencilla, cuando estamos ya viviendo el día que glorifica y hermosea la democracia, donde como ciudadano que va a votar, con creencias y con una clara conciencia de la ética del voto, cambiaría muy poco de aquellas palabras escritas con pensamiento y sentimiento, con mucha más fuerza que el viento, en la clave de Rafael Alberti, a quien tanto leía y seguía en aquellos días, porque un voto sin pensamiento y sentimiento es eso, un voto, un papel. Estos son mis principios de la ética del voto y si no gustan, no tengo otros.
Esta nueva lectura, actualizada, va a consistir en poner en cursiva las palabras cambiadas por su necesaria actualización de texto y contexto. Nada más.
“Dicen los principios éticos más ortodoxos, que la «cosa», la plata, por ejemplo, sólo sirve cuando es para las personas. La plata en sí no es nada, porque el valor se lo ha dado el ser humano. En este caso, el voto, el «papel» que se utiliza en las papeletas sólo sirve para la persona, porque en sí tampoco vale nada. ¿A qué viene esto? Sencillo. Comenzamos una nueva etapa de Comunidad Autónoma y no vendría mal adentrarse en un mundo olvidado con frecuencia: la ética de las Autonomías.
Las bases éticas nacen en cada persona. En cualquier persona en su condición, ahora, de ciudadana. Las raíces de la conducta no son debidas en principio a unas normas establecidas, sino a la posibilidad de ser persona. Luego partimos del ser humano y su conducta. No son las manos las que votan, sino toda la persona la que vota. Y ese ciudadano deposita en un papel su persona «votando». Una persona que, en principio, confía (o debe confiar) en un programa, en unas personas, en una ideología, en un progreso, etc. Y esa persona quiere ser escuchada en su silencio, a veces, de los sin voz. Porque el silencio de la urna existe ante los ruidos propagandísticos. En pocos centímetros de papel una persona se proyecta y proyecta la sociedad. Sueña con unir muchos papeles y así, casi pegados, afirmar conjuntamente que se cree en la posibilidad de ser pueblo y ser escuchado.
El problema ético nace cuando se rompen o pierden los papeles, nunca mejor dicho. El símbolo de la papelera es el fantasma que recorre las mentes de los que votan. Y el recuerdo de ese acto debe estar presente, de forma cautelar, en las mentes de los elegidos democráticamente. Cada voto representa a una persona eligiendo y elegir es la posibilidad más seria de libertad que podemos gozar. La actitud ética del respeto al voto se constituye condición sin la cual no se puede hacer política de Estado, de la Comunidad correspondiente o del Municipio.
Otro principio ético en este contexto de elecciones al Parlamento de Andalucía es el del respeto a la razón por un sentido de responsabilidad. La razón es humana y no tiene color. Sí, por el contrario, ideología y personas. Ya ha demostrado la historia de forma suficiente que «ninguna ideología es inocente», como señaló Lukács. Y la ideología simbolizada en programas políticos ha perdido su inocencia de base. Pero eso no es «malo», para que nos entendamos. Perder la inocencia para ser responsable, es «bueno». Y ser responsable conlleva, por un lado, conocer la «cosa» política (programa, por ejemplo…), el contenido de la acción y, además, ser libre para decidir en nombre de unos votos. Conocimiento y libertad, se constituyen así en elementos imprescindibles para ejercer el sentido de responsabilidad, es decir, de «respuestabilidad» (valga la expresión) ante situaciones políticas de la Comunidad muy puntuales. Cuidar la sanidad pública, el derecho a una vivienda digna, la atención a la dependencia, arreglar una calle, poner farolas, hacer carreteras, acordarse de los nadies o estudiar los impuestos desde la perspectiva del interés general, en si no son nada, sino que conocidos que son «para cada persona», para el ciudadano, valen, en el mejor sentido de la palabra.
Por último, resalto el tema de llevar o no razón política, no inocente por supuesto: «La razón misma no es ni puede ser algo que flota por encima del desarrollo social, algo neutral o imparcial, sino que refleja siempre el carácter racional (o irracional) concreto de una situación social, de una tendencia del desarrollo, dándole claridad conceptual y, por tanto, impulsándola o entorpeciéndola» (2). Lo que pretende la razón política es reflejar la situación social de un Estado, una Comunidad Autónoma, una ciudad, de un pueblo; eso sí, teniendo las ideas claras, porque de lo contrario se puede llegar a estropear la construcción de un sentimiento ciudadano de crecimiento, progreso y desarrollo. Tener las ideas claras, también es punto de partida ético imprescindible en la política a ejercer después de unas elecciones como las de hoy. ¿Por qué? Sencillamente porque es búsqueda de verdad, criterio ético que, a pesar del paso del tiempo, siempre se sitúa como conquista. Y es que la verdad está en la «cosa», como decíamos al principio, en ese papel alargado con nombres y apellidos, que es mi voto”.
Solo he cambiado (en cursiva) algunas palabras para respetar la perspectiva de género y el contexto de las elecciones de hoy. En aquellos años en los que escribí el artículo de ODIEL se utilizaba siempre el vocablo “hombre”, para caracterizar una representación del ser humano. Hoy, lo cambio por “personas”. Las reflexiones que he publicado a lo largo de la serie que he escrito especialmente para estas elecciones, recogidas en un Breviario de las elecciones al Parlamento de Andalucía 2026, en la que he profundizado en bastante asuntos que conciernen a la política de esta Comunidad, son los que van dentro de mi voto, eligiendo de forma clara al partido que entiendo que se compromete con la ética política y pública en todos sus niveles, porque todos los partidos políticos no son iguales. Quien defiende el mercado puro y duro, la austeridad y abrocharse permanentemente el cinturón, defiende normalmente las mercancías en todos los niveles de la vida y la ética no suele aparecer por ningún sitio, porque compromete y mucho. Además, suele convivir mal con el capital. Es más, estoy convencido de que no se pueden diseñar programas políticos éticos, si no se conoce qué significa esa palabra en las vidas de los que los diseñan y después los representan. Y esa situación, cada voto lo debería tener en cuenta.
Ahora, solo me queda esperar con la ardiente paciencia de Neruda la jornada electoral de hoy. Nada más.
(1) García Marín, José Manuel, Azafrán, 2005. Barcelona: Roca Editorial de Libros.
(2) Lukács, G., El asalto a la razón, 1976. Barcelona: Grijalbo, pág. 5.
NOTA: La imagen representa un fragmento de solería árabe con estrella de 8 puntas más crucetas con estrella vidriada.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Imagen del MV Hondius, el barco del brote de hantavirus, a su llegada al puerto de Granadilla de Abona (Tenerife), el 10/5/2026 / RTVE
Sevilla, 12/V/2026 – 13:55 h CET (UTC+2)
Siendo un apasionado de singladuras especiales, en busca de islas desconocidas, ha saltado al noticiario mundial un barco especializado en viajes hacia este tipo de islas, MV Hondius, que he intentado conocer más a fondo en el contexto de un virus letal, llamado hantavirus. Pero creo que es justo y benéfico comenzar hoy por reconocer el éxito internacional de nuestro país, por haber finalizado felizmente la operación de evacuación y repatriación del pasaje y parte de la tripulación del barco más famoso del mundo en estos momentos, el MV Hondius, como núcleo de lo ocurrido con el virus del hantavirus en su última y accidentada travesía expedicionaria. No voy a entrar hoy en mucho detalle, porque se ha podido conocer en vivo y directo todo lo ocurrido, gracias a la televisión pública de forma manifiesta y también, lamentablemente, el comportamiento del presidente de Canarias, con unas maniobras de obstrucción permanente al operativo del desembarco del pasaje y parte de la tripulación del Hondius, que se había solicitado por la Organización Mundial de la Salud, el Gobierno central y autoridades sanitarias de nuestro país. A pesar de las trabas internas, las Naciones Unidas, la Comisión Europea, el Consejo Europeo y la OMS han elogiado a España por su papel en esta crisis. Asimismo, el Papa León XIV agradeció desde Roma, el pasado domingo, “la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias por permitir la llegada del crucero Hondius”.
Lo sucedido se conoce bien y si escribo hoy estas palabras, con alma, es para manifestar mi satisfacción por la respuesta de nuestro país a una amenaza real por un virus letal, que se conoce científicamente y que, por circunstancias sobrevenidas, ha tenido que atender en un operativo de solidaridad nacional e internacional. Igualmente, porque el nombre del barco, Hondius, recordando a un excelente cartógrafo, grabador y editor flamenco, Jodocus Hondius (Joost de Hondt, 1563–1612, su verdadero nombre), es una metáfora de memoria histórica, porque editó unos excelentes mapas de España (Mapa «Nova Hispaniae Descriptio» (c.a. 1610) y “Andalucía Andaluziae nova descriptio» (1606), que reproduzco a continuación y que hoy deberíamos agradecerle y reconocerle por su divulgación, como pequeño homenaje que nace por el significado del nombre del barco más famoso del mundo en las últimas semanas. Hay que señalar expresamente que los mapas pertenecen a la obra «Atlas sive Cosmographicae Mediationes de Fabrica mundi et fabricati figura» de Gerard Mercator, que Hondius compró y actualizó como experto cartógrafo y editor a lo largo de sus años de vida profesional.
Gracias, Jodocus Hondius, porque nos cartografiaste para que el mundo nos conociera mejor y supiera colocarnos como país y como Comunidad (por primera vez), sobre la base de lo ya cartografiado por Mercator y completado por él, en el lugar que nos corresponde estar, con una precisión encomiable. Su marca como editor, era “un perro apoyado con sus patas delanteras sobre la esfera y, sobre esta una esfera armilar, junto a la leyenda “sub Cane Vigilanti”. Hondius hacía un juego de palabras con su propio nombre, ya que hond en holandés significa perro”.
Detalle de la marca de Hondius como editor: «Sub cane Vigilanti»
Ante lo ocurrido con el Hondius y su especialidad naviera, creo que que la isla más remota por descubrir, a veces, es la que conformamos cada uno de nosotros, tal y como lo cuenta de forma admirable José Saramago en su precioso Cuento de la isla desconocida, tan querido, tan cercano, a través de una mujer admirable que aplicaba siempre el principio de realidad en su vida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…”.
Algo intuí sobre el Hondius y sus afamados viajes de expedición ártica y antártica, cuando publiqué en 2014, en este blog, un artículo, Islas conocidas, desconocidas y remotas, en el que comentaba un libro que hablaba sobre ellas, Atlas de islas remotas, de Judith Schalansky, conocidas, hasta donde había podido investigar, que personalmente necesitaba leer e investigar para reforzar la idea de que las islas desconocidas, las que conformamos cada persona en el archipiélago humano más desconocido, necesitan una edición especial, que sería maravilloso compartir en la Noosfera de miles de millones de personas que ahora vivimos en el planeta tierra. Aunque hace una reflexión sorprendente: «El paraíso es una isla. Y el infierno también». Decía entonces que “Ya me comprometí con esta aventura al iniciar la publicación de este blog, aunque he descubierto hasta ahora que sí es posible publicarlo a través de medios digitales, respetando el hilo conductor que me enseñó Saramago, en su Cuento de la isla desconocida: saber a qué puerta se llama de las ofertas reales de cada vida para descubrir el amor que lo mueve todo, pero saliendo cada uno de sí mismo para contemplar lo que hay que cambiar en cada persona de secreto para compartirlo con los demás”.
Hoy, a través de estas palabras, para mí una singladura especial, refuerzo lo que así escribí un día, no tan lejano, cuando describía la forma de acceder a esas islas tan necesarias, personales intransferibles, para descubrir lo más íntimo de la propia intimidad, para vivir con dignidad humana: «Sigo entretejiendo una telaraña digital en torno a la divulgación científica de las estructuras del cerebro humano, de la inteligencia digital, porque estoy convencido que la Noosfera es la gran aventura por descubrir en toda su potencialidad», porque […] «El viaje de la “Isla desconocida” que me regaló en el más puro anonimato su autor, José Saramago, no se me olvidará nunca. Gracias, a él, porque fueron 43 pequeñas páginas que el 10 de diciembre de 2005, cuando registré este blog, las que aparecieron como por arte de magia en mi memoria a largo plazo como abriéndose paso, hoja a hoja, para tener un sitio preferente –intercaladas– en este cuaderno de derrota, en términos marinos. Quizá fuera porque siempre he insistido en mi vida que lo importante es viajar hacia alguna parte, buscándonos a nosotros mismos y, a veces, en compañía de algunas y algunos, los más próximos y cercanos. Al fin y al cabo, tal y como finalizaba el cuento de Saramago. Su compromiso». Porque el paraíso y el infierno existen, sin lugar a dudas, en el viaje hacia alguna parte, hacia islas desconocidas, que hacemos cada día.
Al fin y al cabo somos, en la mayoría de los casos y a diario, viajeros románticos en nuestra propia vida, como decía Judith Schalansky, en su querido Atlas de islas remotas. Esas islas somos también nosotros. Y Hondius nos legó en el siglo XVII su concepción de los que significaban España y Andalucía en el mundo.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Es el tiempo del miedo […] Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. Miedo a la soledad y miedo a la multitud. Miedo a lo que fue. Miedo a lo que será. Miedo de morir. Miedo de vivir.
Eduardo Galeano, El miedo global, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.
Sevilla, 10/V/2026 – 08:22 h CET (UTC+2)
El pasado 6 de mayo, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó el Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones (Pesma-A) para el periodo 2026-2029, que “marca la hoja de ruta para mejorar el bienestar emocional de la población andaluza, prevenir los problemas de salud mental y las adicciones y garantizar una atención integral, equitativa, accesible, de calidad y centrada en las personas. El plan se centra en la atención a los problemas de salud mental en Andalucía potenciando los recursos asistenciales a nivel ambulatorio, los sistemas de hospitalización parcial y la atención domiciliaria e incluye las hospitalizaciones de pacientes en unidades hospitalarias de salud mental. Se estructura en seis líneas estratégicas, 13 objetivos estratégicos, 51 programas y 200 actuaciones concretas. En este sentido, constituye el principal instrumento de planificación de coordinación, ejecución y evaluación de las actuaciones dirigidas tanto a la promoción como a la prevención, atención, reducción de daños y de incorporación social en el ámbito de la salud mental y las adicciones, incluyendo tanto las adicciones a sustancias como las comportamentales. Se erige como el marco estratégico de referencia, orientando la actuación coordinada de todas las administraciones, entidades y servicios que inciden en el ámbito de la salud mental y las adicciones de la población andaluza”.
Hasta aquí la exposición oficial del citado Plan, que una vez más y desde la perspectiva profesional, vuelve a mostrar la deriva privatizadora del Partido Popular en relación con los servicios de la sanidad pública, además sin prudencia política alguna respecto de su publicación en plena campaña electoral a la Presidencia de la Junta de Andalucía.
En tal sentido, la Junta Directiva de la Asociación Andaluza de Profesionales de Salud Mental (AAPSM-AEN), ha difundido con fecha de 8 de mayo, unComunicadosobre este nuevo Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones de Andalucía (PESMA-A), advirtiendo que “la estructura de este documento refleja una deriva hacia la privatización de la salud mental en Andalucía, priorizando el concierto con entidades externas, en lugar del fortalecimiento de la red pública y los equipos comunitarios. Por ello, instamos a las autoridades sanitarias a una revisión urgente de estas partidas y a una apuesta real por la dotación de recursos humanos y técnicos en los equipos de salud mental, garantizando una atención pública, de calidad y basada en la evidencia científica”. Con objeto de no alterar su contenido oficial lo reproduzco literalmente a continuación, porque personalmente me siento identificado con esta Asociación, de la que he sido miembro durante más de 40 años:
COMUNICADO DE LA AAPSM SOBRE EL NUEVO PLAN ESTRATÉGICO DE SALUD MENTAL Y ADICCIONES DE ANDALUCÍA (PESMA-A)
“Tras la publicación del nuevo Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones de Andalucía (PESMA-A), la Asociación Andaluza de Profesionales de la Salud Mental (AAPSM), integrante de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN-PSM), desea manifestar su profunda preocupación y desacuerdo con los ejes presupuestarios y estratégicos presentados:
Resulta alarmante observar que, de un presupuesto inicialmente proyectado de 200 millones de euros, el documento definitivo presenta una dotación mínima para áreas críticas: apenas 2 millones para la unidad de adicciones y patología dual, y 4,9 millones para un proyecto trienal de hospitalización domiciliaria.
Asimismo, nuestra asociación denuncia la asignación de 30 millones de euros destinados a la concertación de camas con hospitales privados para personas con Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). Esta medida se advierte como una contradicción técnica flagrante, dado que el propio PESMA-A reconoce (pág. 226) que la hospitalización no es la respuesta idónea para este tipo de problemática, priorizando en su lugar el abordaje psicoterapéutico, aspecto para el cual no se ha dotado partida presupuestaria alguna. Esta decisión parece responder más a intereses políticos, distanciándose de las necesidades identificadas por los grupos de trabajo que han estado involucrados en la confección del documento inicial.
Asimismo, atendiendo a los datos oficiales aportados por el Ministerio de Sanidad, Andalucía cuenta con una ratio de profesionales por cada 100 mil habitantes que se sitúa muy por debajo de la media nacional, y alejadas drásticamente de las recomendaciones europeas:
Desde la AAPSM advertimos que la estructura de este documento refleja una derivahacia la privatizaciónde la salud mental en Andalucía, priorizando el concierto con entidades externas, en lugar del fortalecimiento de la red pública y los equipos comunitarios.
Por todo ello, instamos a las autoridades sanitarias a una revisión urgente de estas partidas y a una apuesta real por la dotación de recursos humanos y técnicos en los equipos de salud mental, garantizando una atención pública, de calidad y basada en la evidencia científica.
Andalucía, a 8 de mayo de 2026.
Asociación Andaluza de Profesionales de Salud Mental (AAPSM-AEN)”.
Recomiendo la lectura atenta de este Plan, porque es la única forma de que podamos emitir juicios bien informados ante la realidad presente y futura de la salud mental en Andalucía, que nos sirvan para tejer la necesaria y urgente malla crítica social sobre una realidad tan cercana, dolorosa y desconcertante, en este mundo al revés que, desgraciadamente y a través de este documento, muestra la deriva de la privatización de la salud mental en Andalucía.
Ante lo expuesto anteriormente, ahora es tiempo de votar. No perdamos esta posibilidad de transformación de Andalucía. Nuestro voto puede blindar la sanidad pública en nuestra Comunidad, la atención debida de la salud mental comunitaria en beneficio de todos, a través del Sistema Sanitario Público de Andalucía, con dotación económica y de profesionales que responda a las necesidades actuales, perfectamente identificadas. Tenemos la palabra, tenemos el voto.
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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Eduardo Ugarte (i), Pedro Salinas (c) y Federico García Lorca (d), delante del camión de La Barraca
El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta
Federico García Lorca, en Doña Rosita la soltera, o el lenguaje de las flores (1935)
Sevilla, 3/V/2026 – 12:40 h CET (UTC+2)
Como escuchaor de mi tierra, tengo que agradecer al cantor Miguel Poveda (sabiendo que cantor es el que debe y cantante el que puede hacerlo, diferencia clave para comprender el compromiso social de los artistas, tal y como aprendí en su día de Facundo Cabral), que me recuerde siempre su pasión por la vida y obra de Federico García Lorca, concretamente su Poema del Cante Jondo, así como la necesidad de rescatar en cada aquí y ahora, su vida y obra como la mejor expresión de que olvidamos el olvido de la memoria histórica y democrática de este país.
El poeta granadino, al igual que hace ahora Miguel Poveda como artista, defendió la necesidad de las expresiones de la cultura al alcance de todos, fundamentalmente de los que menos tienen, implicándose en el proyecto de La Barraca, durante el tiempo que fue posible hasta la llegada de la guerra civil. En una entrevista del 7 de abril de 1933 en el diario La Voz, García Lorca defendió que en los momentos tan críticos como los que vivía España, el teatro tenía el deber de afrontar los problemas sociales, porque la noción del arte por el arte ya resultaba insostenible. Y con respecto a su última obra, La Casa de Bernarda Alba, manifestó algo que no deberíamos olvidar: «Ahora estoy trabajando en una nueva comedia. Ya no será como las anteriores. Ahora es una obra en la que no puedo escribir nada, ni una línea, porque se han desatado y andan por los aires la verdad y la mentira, el hambre y la poesía. Se me han escapado de las páginas. Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Ya lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena, y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: ‘¡Oh, qué barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted, el lirio que florece en la orilla.’ Y el pobre reza: ‘Tengo hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre.’ Natural. El día que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución. ¿Verdad que estoy hablando en socialista puro?”.
Querido lector, querida lectora, ¿les suenan estas palabras, en el contexto actual de nuestro país, de nuestra Comunidad? Por si quedara alguna duda sobre la ideología de Garcia Lorca, tampoco olvido lo manifestado en una entrevista en el diario madrileño El Sol, fechada en 1934, en la que el poeta expresó claramente su posición: “Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”. Se refería concretamente a los nadies de siempre, que todavía existen por doquier, a los que dedicó Eduardo Galeano hace ya bastantes años unas palabras especiales, cargadas de un profundo significado: Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:/ Que no son, aunque sean. / Que no hablan idiomas, sino dialectos. / Que no profesan religiones, sino supersticiones. / Que no hacen arte, sino artesanía. / Que no practican cultura, sino folclore. / Que no son seres humanos, sino recursos humanos. / Que no tienen cara, sino brazos. / Que no tienen nombre, sino número. / Que no figuran en la historia universal, / sino en la crónica roja de la prensa local. // Los nadies que cuestan menos que la bala que los mata.
Vemos a los nadies de hoy a diario, cerca, muy cerca, mucho más cerca de lo que creemos, en nuestro país, en nuestra Comunidad y surge la gran pregunta: ¿qué hacemos por ellos, por los migrantes, como un ejemplo paradigmático del mundo actual de nadies y que arrastra tanta hambre? Tristemente, poco, porque hay que reconocer que la Gran Revolución, con la que García Lorca soñaba, sigue sin llegar. Mientras, el hambre hace estragos, hambre de casi todo, incluso la de los hambrientos de paz que aspiran a la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Son palabras de García Lorca que nos quedan, las de un socialista puro.
Me quedo ahora escuchando la interpretación de Miguel Poveda, ensalzando un poema de García Lorca, ¡Ay!, uno de sus poemas del cante jondo, junto a la guitarra espléndida de Jesús Guerrero, con una buena letra, breve, dos veces buena. Quizás entendamos mejor que nunca la frase enunciada anteriormente, “Yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada. Y hasta la tranquilidad de la nada se les niega”:
¡Ay!
El grito deja en el viento una sombra de ciprés.
(Dejadme en este campo, llorando.)
Todo se ha roto en el mundo. No queda más que el silencio.
(Dejadme en este campo, llorando.)
El horizonte sin luz está mordido de hogueras.
(Ya os he dicho que me dejéis en este campo, llorando.)
Lo escribo, con alma, para lo que sirva en esta campaña electoral al Parlamento de Andalucía 2026, porque algunos, algunas, ¡ojalá fueron cientos de miles de andaluces y andaluzas!, soñamos con construir una Comunidad diferente, con un Gobierno diferente también: El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Palabras de Federico García Lorca, que hablaba en socialista puro.
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